sábado, 25 de junio de 2016

Un cuento con historia:

"El Congresista Olvidado", de Roberto Fontanarrosa


Roberto "El Negro" Fontanarrosa
en el momento de recibir inspiración para su cuento

Con notas de Miguel Carrillo Bascary

En vísperas del bicentenario de la declaración de la independencia argentina nos apartamos momentáneamente del tema de este blog para presentarles una verdadera joyita literaria, un cuento del recordado Roberto Fontanarrosa (1944 – 2007) un carismático; gran caricaturista y literato argentino, nacido en Rosario. Es el creador de “Inodoro Pereyra, el renegau”, parodia de un inefable gaucho de las pampas telúricas. “El Negro”, como se lo recuerda, nos propone seguir las complicadas aventuras de Agustín Wallaspaia, un hipotético enviado por su pueblo para asistir a las sesiones del Congreso Nacional reunido en Tucumán, que declaró la independencia el 9 de julio de 1816. La ironía se hace presente en cada línea.
Le hemos introducido mínimas referencias para que nuestros lectores que no sean de nacionalidad argentina puedan intentar entender la sutileza que encierra el texto. Confesamos que no creemos haberlo logrado, por lo que pedimos anticipadas disculpas. Para los lectores vernáculos el cuento tiene una ternura y un sabor indudable. Esperemos que les guste.
¡Sin dudas que Roberto habría celebrado la forma en que Wallaspaia se cuela en este “sesudo” blog de Vexilología e Historia!

El ya célebre Inodoro Pereyra y  el no menos mentao Mendieta Perro

A mediados de marzo de 1816, Agustín Wallaspaia, procurador de las Islas Magallánicas, recibe la boleta de convocatoria al histórico Congreso de Tucumán.

Wallaspaia, hijo de onas, no avizora, en ese momento, que sería ese mismo congreso el que, años después, cambiaría el nombre de su territorio (también llamado “Aisladas del Sur” o -con menor rigor geográfico- “Galápagos Australes”) por el actual “Tierra del Fuego”. Pero intuye que el congreso reviste gran importancia para la causa patriótica ya que es la primera vez, en décadas, que una nave criolla (el monitor “13 de Julio”, artillado al mando del grumete[1] Efraín Toscura) se arriesga hasta las peligrosas costas del Estrecho para entregar correspondencia.

Sólo se acuerda Wallaspaia de una ocasión, narrada por sus padres, cuando un chasque enviado desde Montevideo repartiera un formulario entre las tribus aborígenes solicitando opiniones sobre las bondades de un reactivador capilar hecho a base de aceite de linaza. Pero también advierte el procurador (representante) de las islas que la situación económica de la incipiente nación no es floreciente: el sobre con la convocatoria al Congreso de Tucumán estipula un requisito indispensable en su sello de lacre: “A pagar en destino”. Wallaspaia vacila. Jamás ha hecho abandono de sus rocosos promontorios natales, pero sabe que no puede falta a esa cita de honor.

Lo alientan algunos amigos con los cuales se reúne todos los días al atardecer bajo un arrayán petrificado a comentar los sucesos de la semana. Convoca a la familia y la impone del curso de los acontecimientos.

Su mujer y sus 16 hijos lo impulsan a marchar y prácticamente lo empujan a la aventura. Luego empujarán también la mula que debe transportar a Wallaspaia hasta el norte argentino cuando ésta, con la primitiva clarividencia de los animales, se niega a emprender la marcha como si supiera el largo camino que le aguarda. Y lo sabe tal vez mejor que el propio Wallaspaia, quien no tiene cabal idea acerca de su situación geográfica.

Frente a sus hijos, suele sostener que las Islas Magallánicas son las últimas estribaciones norteñas de Nueva Zelandia o se empecina en comprender un mapa chileno, donde el continente finaliza en el Río Negro, a tal punto que en más de una ocasión Wallaspaia piensa que el Estrecho de Magallanes y el Río Negro son la misma cosa[2].

Para colmo de males, el animoso patriota no puede guiarse por las estrellas, como otros viajeros. Sufre la clásica miopía de los nativos de las regiones donde el resplandor del sol sobre la nieve genera cataratas en los ojos. Para orientarse, los indios yamanes, por ejemplo, aquejados por el mismo mal, consultan con el cercano reflejo de las estrellas sobre la espejada superficie de las aguas de los lagos, hábito que ha precipitado tragedias formidables.

Pero Wallaspaia, con pragmático instinto, opta por otra clase de guía. Dentro de un odre con agua, a título de primitiva brújula, transporta un bogavante, crustáceo que todas las auroras boreales emigra hacia el Norte remontando la Corriente de Humboldt, hasta Yucatán. Allí espera la Corriente del Golfo[3] que lo deja cerca de Terranova. A Wallaspaia le basta destapar el odre y observar hacia dónde apuntan las antenas del bogavante para saber su ruta. Su morral de viajero también incluye algunos trozos de carbón y un cuero curtido de narval, para ir dibujando allí las estribaciones del terreno.

Palpita, de cualquier forma, con ese sexto sentido del indígena, que el viaje será largo y opta por lo tanto por salir una semana antes de la fecha estipulada para el congreso: 9 de julio de 1816[4]. Viste a la salida varios capotes de piel de foca y una importante cantidad de quillangos[5] que le ha tejido su madre para protegerse del frío. Lleva en sus bolsillos, líquenes, almejas, ostras, percebes y otros bivalvos que podrá masticar por el camino, como si fuesen golosinas, cuando el hambre apriete.

Lo sigue, empecinadamente, un alebrijo[6], mamélido que desaparecería como especie a fines de siglo, similar al turón[7] canadiense pero más casero, de pelambre pobre y que emite un aullido lastimero, tal vez consciente de su inminente desaparición. Lo acompañan, además, una docena de fieles perros cimarrones, negros y atigrados, que le servirán para atenuar la soledad, pero que también harán las veces de alimento si la gravedad de la situación así lo requiere. Dos de esos bravos animales se perderán en el cruce del Estrecho de Magallanes cuando, nerviosos por el movimiento de la piragua, excitados por el rugir de los pavorosos vientos, se lanzan a las heladas aguas procurando apresar una tonina.

El cruce del desierto patagónico es duro para Wallaspaia y su extraña comitiva. Se enfrenta con un mundo desconocido y hostil y con vastedades que nunca hubiese imaginado. Cruza su marcha con multitud de ñandúes, aves corredoras que el aventurero describiría luego en un diario de viaje como “gallináceos de notable velocidad y estatura, con grandes ojos similares a los de nuestro Lihué”. Lihué no es, como se ha supuesto, un roedor característico de las islas. Lihué Wallaspaia es el más pequeño de los hijos del procurador, y su padre percibe el aguijón de la nostalgia a medida que se aleja de su hogar.

Lo que más afecta al viajero es, sin duda alguna, el viento inclemente de la Patagonia, siempre en contra. En varias ocasiones su mula se niega a continuar, enceguecida por la arenisca. Wallaspaia encuentra la solución vendándole los ojos. El artilugio surte increíble resultado. El animal, de sistema neurológico elemental, al no observar el cambio de los paisajes no advierte que está caminando. Y no se cansa.

A la altura del Río Coyle, el tenaz congresista topa con los primeros seres humanos. Son tribus diletantes de los vigorosos indios araucos, asentados en las riberas de la vía de agua desde hace décadas. “A la espera de que el viento pare”, explicarán a Wallaspaia.

El procurador viajero es bien recibido por los nativos, al punto que en un primer momento se confunde y cree haber llegado por fin al Congreso de Tucumán. Un hombre blanco, mezclado con la tribu y amancebado con una de las salvajes, lo saca de la confusión. Se trata de un descendiente de los ingleses, a quien los araucos llaman “Emichén orú pta” (“El loco de los güesos”). Su nombre verdadero es Emile Darwin, tío político de Charles Darwin, y es traumatólogo.

Darwin le comenta a Wallaspaia que está interesando a su sobrino, por vía postal, para que navegue hacia el sur americano ya que se trata de una zona muy rica en restos fósiles que el mismo Emile emplea para sus estudios médicos.

Wallaspaia comprende que Darwin trabaja a destajo en su especialidad y es allí cuando observa particulares anomalías en los araucos. Casi todos presentan distorsiones pronunciadas en sus miembros, brazos que se tuercen sobre las espaldas, piernas que se entrelazan sobre la cintura, omóplatos que se asoman exageradamente tras las orejas. Darwin explica que el viento de la región es el que provoca tales anomalías.

Me contó -escribe Wallaspaia en su diario- la extraña muerte de un cacique. El pobre hombre acostumbraba a caminar en contra del viento con el cuerpo notoriamente inclinado hacia adelante. Sólo un instante en que cesó el viento bastó para que el desdichado anciano cayese de boca partiéndose el cráneo contar una afilada piedra marmórea, propia de la región, y con la cual los naturales tallan minuciosas figurillas de venados.”

También Darwin es quien enseña a Wallaspaia el porqué de los enormes pies de los indios patagones. “Otra vez el viento es el causante -le dirá-. Sin una base realmente sólida, rodarían permanentemente por los suelos.”

Wallaspaia, a su pesar pero impelido por el deber patriótico, se apresura a seguir su camino luego de que Darwin, equivocado, lo convence de excavar en busca de huesos de mamut en un sitio que resulta ser un cementerio sagrado de los indios huiltes. Cuando alcanza las primeras estribaciones de las serranías puntanas[8], el calor comienza a apretar. Wallaspaia debe deshacerse de uno de los tapados de foca y de varios de sus quillangos. Se ha comido ya, por imperio de las circunstancias, tres de los perros, y el alebrijo dan señales inequívocas de disconformidad. Pero los animales sobrevivientes, unidos a jaurías de canes cimarrones hallados en el desierto, suman casi cien.

Una mula que pudo ser la de Wallaspaia, observar el gesto de cansancio por soportar a su aventurero usuario

Ya ha soportado un incómodo encuentro con carabineros chilenos[9], cuando la mula, quizás por el hecho de caminar a ciegas, equivocó el camino cruzando a Chile por el sendero de Coquimbo. Los soldados trasandinos solicitaron los papeles de Wallaspaia, requisando el mapa que fuera elaborando a mano alzada por el camino y los certificados de vacuna de todos y cada uno de los perros. Wallaspaia, con la intuición del hombre insular, comprende que lo uniformados desean dinero. Los conforma con chucherías, collares, algunos quillangos que le quedan, perlas madréporas que han crecido dentro de las caparazones de las ostras que guardara para comer durante el viaje y un puñado de doblones de oro de la vieja nominación monetaria hallados entre los restos del naufragio de un galeón portugués.

Ya en Santa Rosa de Calamuchita (provincia de Córdoba), el destino le reserva otra prueba difícil. Consulta a unos lugareños cuál es la manera de llegar al Tucumán. Nadie lo sabe. Algunos, incluso, jamás han oído nombrar esa ciudad. Por último, lo conducen hasta el intendente del lugar, don Nazareno Prevosti. Éste le indica que debe seguir hacia el Norte, pero le incauta la mula, expresándole que se trata de una animal imprescindible para el turismo, fenómeno que se está dando asiduamente en la zona. Wallaspaia deberá continuar su rumbo, caminando. Lugareños se conduelen de su suerte y le regalan ojotas, chinelas y alpargatas trenzadas con tallos de poleo, sensén y peperina.

En ese punto del viaje el aspecto de Agustín Wallaspaia es en verdad extraño. Semicubierto su cuerpo robusto por un capote de piel de foca, ha ido aligerando su abrigo con la llegada del verano norteño y apenas cubre sus zonas pudendas con un taparrabo que no es otra cosa que el mapa que confeccionara durante el trayecto. Luce tatuajes azules sobre sus pantorrillas, con motivos religiosos australes, que asemejan soquetes tres cuartos, y protege sus pies con las ojotas recibidas. Está barbudo y no huele bien. Tal vez por esta última razón, muchos de sus mejores perros de caza, de olfato finísimo, lo han abandonado cruzando los llanos de San Luis. El alebrijo tampoco es ya de la partida, perdido en Pampa del Acha.

Llega por fin a La Rioja, y se ve envuelto en una lucha fratricida. Son cinco hermanos de la familia Llanos que combaten contra sus otros ocho hermanos por el dominio de la cocina de la casa solariega, el baño y la pieza de estar. El mayor de ellos, Gumersindo, tras degollar a dos tías, ha hecho prisionera a la madre y amenaza con prender fuego un viejo recinto donde se acumulan lanares. El menos de ellos impresiona a Wallaspaia vivamente. Tiene sólo tres años pero el brillo de su mirada revela al niño de determinación, valor y bravura inquebrantable.

Se llama Facundo[10] y con el tiempo se le concederá como “El Tigre de los Llanos”. Es Facundo quien facilita la huida de Wallaspaia en medio del tiroteo que se origina en una cena familiar, de la que el congresista participa como trashumante invitado.
Solo y sin cabalgadura, con abnegación ejemplar, Wallaspaia arremete la última parte del prolongado itinerario. Virgilio Cardoso, gobernador de Tinogasta, le ha confiscado todos los perros, aduciendo que los necesita para sus famosas riñas de gallos. Perros contra gallos, curioso enfrentamiento que hace las delicias de los catamarqueños.

Wallaspaia se enfrenta ahora con los salares santiagueños. “Su visión -escribirá después- trastornó mis sentidos y me llenó de aflicción. Ignorante de su existencia, al ver desde lejos esas inmensas planicies blancas por la sal, creí hallarme de nuevo frente a las nieves y los hielos australes. Me atormentaba repitiéndome una y mil veces que había estado dando vueltas en círculos, regresando a mi casa sin haber conseguido llegar ni remotamente al Congreso.” Comprende en forma dolorosa, sin embargo, que la sal no es la nieve cuando la pisa y el salitre es un puñal en sus pies llagados.

Llega a La Banda[11] en un grito. Un cura de un convento jesuita en Termas de Río Hondo, conmovido, le regala una vicuña[12] para que lo traslade hasta el Jardín de la República. Heroico, ciclópeo y asimismo anónimo, Agustín Wallaspaia llega por fin a Tucumán el 18 de febrero de 1819, tres años después de que finalizara el Congreso.

Fotografía de la Casa de Tucumán tomada en 1868 

La histórica “Casa de Tucumán”[13] lógicamente está cerrada. Wallaspaia duda. Es de mañana y la gente que pasa frente a la venerable morada lo observa con curiosidad y desconfianza.

El congresista sureño prueba algunos alfeñiques, dulce de cayote, mamón y garrapiñada. Luego alquila un cuarto en una posada y duerme una siesta. Por último, compra una escarapela patria a un vendedor callejero y, sin más nada que hacer, emprende el regreso a su tierra.

El histórico salón donde se proclamó la independencia
La no menos histórica galería donde Wallaspaia pudo tomarse unos mates y comerse unos gaznates con las niñas que allí vemos 

Los historiadores pierden su rastro en los polvorientos guadales sanjuaninos, a mediados de septiembre de 1824.

Fue el más noble, el más tenaz, el más lejano”, diría de él, años después, don Bernardino Rivadavia[14].


Notas 
[1]  Como se sabe el grumete es el habitante más ínfimo de un navío
[2] El autor juega con la tradicional posición chilena de reclamar para sí gran parte de la Patagonia
[3] La Corriente de Humboldt es propia del Pacífico y es obvio que la Corriente del Golfo se desarrolla en el Atlántico Norte, por lo que su mención es una hipérbole para aludir a un imposible.
[4] El congreso se reunió el 24 de marzo de 1816 y declaró la independencia el 9 de julio del mismo año.
[5] Capa de piel característica de las culturas aborígenes.
[6] Por lo que hemos podido averiguar sería un sustantivo ad hoc, que remite a una artesanía con forma de animal fabuloso. Agradeceremos si alguien nos saca del error
[7] Especie de hurón (familia de los mustélidos) 
[8] Provincia de San Luis, en el centro de la Argentina. 
[9] Evidente anacronismo ya que los Carabineros se constituyeron en 1927. El autor los cita atento a su extremado celo en el cumplimiento del deber, que resulta particularmente molesto a tantos argentinos acostumbrado a un trato digamos … más laxo por parte de sus fuerzas policiales.
[10] Facundo Quiroga fue un renombrado caudillo riojano, el prototipo de “la barbarie” para los liberales porteños; un héroe de la autonomía provincial y del federalismo para sus seguidores.
[11] Ciudad de la provincia de Santiago del Estero.
[12] Otro absurdo, las vicuñas no habitan la zona y son caméllidos tan ariscos y frágiles que ni siquiera pueden servir para llevar ligeras cargas.
[13] Así se denomina la casa donde se proclamó la independencia. El 17 de enero de 1817 el Congreso se trasladó a Bs. Aires donde sesionó hasta febrero de 1820.
[14] Primer presidente argentino, de ideología unitaria e intereses netamente porteños

“La bandera blanca y celeste" ... de Miguel Scenna, agradeciendo el trabajo de Alejandro Pomar

Publicación de regalo / Gift magazine


Oficio donde Belgrano informa al Triunvirato que ha creado la bandera


El blog “Heráldica Argentina” que administra desde hace seis años Alejandro Pomar, proporciona una excelente información sobre la temática y en ocasiones incursiona en asuntos de Vexilología. Lo seguimos desde hace un par de años y podemos recomendarlo, calurosamente.

Además de presentar esta copiosa fuente que sin dudas valorarán positivamente, hoy queremos referenciar una publicación a la que podrán acceder desde el link http://heraldicaargentina.blogspot.com.ar/2015_02_01_archive.html

Se trata de un artículo que Miguel Angel Scenna escribió para la difundida revista “Todo es Historia” (Nº 14, junio de 1968), que por entonces dirigía Felix Luna. El texto se titula “LA BANDERA BLANCA Y CELESTE …”, aludiendo a la descripción que hizo Belgrano al Triunvirato, cuando le relató su creación. Como por sus cuarenta y ocho años antigüedad es muy poco probable conseguirla, Pomar se tomó el trabajo de escanearla e incorporarla a su blog. Son 17 páginas imperdibles.



Subjetivamente no podemos suscribir todas las conclusiones de Scenna, pues disentimos; también constatamos que se deslizan algunas imprecisiones históricas, pero el material tiene mucho valor para los vexilólogos. Cada uno sacará sus propias conclusiones.

lunes, 20 de junio de 2016

Recreación histórica

Volvamos a vivirlo: el Primer Izamiento de la Bandera nacional argentina


Por Miguel Carrillo Bascary
Introducción

En el campamento de “El Plumerillo” un herrero forja una lanza sobre el yunque, mientras que el “Ejército de Los Andes” se prepara para libertar Chile y Perú. En la “Plaza de Mayo”, Beresford rinde su espada ante el pueblo de Bs. Aires, reconquistador. Los Granaderos de San Martín lanzan otra vez su fulminante carga, en el “Campo de la Gloria” de San Lorenzo. En la lejana Chubut los galeses desembarcan; comienzan a cumplir sus sueños de libertad y confraternizan con los vernáculos tehuelches. Y todo, en pleno siglo XXI.
Estas son algunas de las tantas “recreaciones históricas” que año tras año se representan en diversos lugares de nuestro país, actualizando vívidamente acontecimientos de nuestro rico pasado común.

 

¿Qué son las recreaciones históricas?

Su práctica nació en Europa y hoy hacen verdadero furor entre los herederos de aquellos que protagonizaron los hechos representados. Además, son un irresistible imán turístico, como lo demuestra la “Carrera del Palio”, en Siena (Italia) que por varios días moviliza la economía de la ciudad. Desde el Viejo Mundo se extendieron al Japón y luego a Norteamérica.
Estas recreaciones sintetizan la espectacularidad de una cuidada puesta en escena y la investigación histórica, para reproducir los personajes, el vestuario, la coreografía, los diálogos y el ambiente, que existía cuando ocurrió el hecho original.



¿Cómo concretarlas?

         La idea es muy simple, pero tiene una enorme fuerza. Consiste en recrear las condiciones físicas y sociales en que tuvo lugar un hecho de alto significado de la historia de un pueblo. Se concreta en los lugares naturales donde ocurrió, cuando ello es posible; caso contrario, se puede adecuar algún ámbito de sus cercanías.
Los participantes se cuentan por decenas; frecuentemente, por cientos. La inmensa mayoría son personas comunes que abandonan circunstancialmente sus ocupaciones y participan voluntariamente. Todos ellos llegan a un grado de compromiso ejemplar, hasta el punto que los organizadores se ven forzados a rechazar la gran cantidad de candidatos deseosos de sumarse. Unos pocos actores profesionales o vocacionales asumen los principales papeles, solo los imprescindibles.

        A lo largo del año y a manera de las scolas do samba obreros, profesionales, amas de casas, desocupados, niños y ancianos en diversos grupos ensayan sus roles en algunas pocas ocasiones. En nuestro país hay importantes grupos de recreación histórica que aportan importantes referencias para que Rosario encare una realización similar. Días antes de la fecha histórica se reúnen en un ensayo general y luego tienen la gran posibilidad de lucirse ante toda la comunidad. Sus trajes, armas y equipos son confeccionados por ellos mismos, siguiendo escrupulosamente los detalles propios de la época señalados por los investigadores. Quién no tiene dinero recibe la ayuda de instituciones o personas pudientes que colaboran de esta manera con el proyecto general. Estos últimos también aportan para la escenografía, que es de mínimo costo y que se amortiza con los años.
           Las autoridades brindan las autorizaciones necesarias para usar el espacio público, la seguridad, los equipos de sonido y aquellos elementos necesarios para comodidad del público; también se encargan de la promoción, pues este tipo de eventos interesa a la localidad en su conjunto. Siempre será factible interesar a sponsors del sector privado.
          El director y su equipo son factores fundamentales y también suelen ser del lugar. Sobre ellos recae la principal responsabilidad del proyecto. En caso de ser profesionales es usual que reduzcan sus honorarios al mínimo, viéndose compensados por la nombradía que implica llevar a cabo la puesta en escena y la posibilidad de identificarse con la comunidad, lo que les abre otras propuestas profesionales. 

         Así planteadas las recreaciones históricas son experiencias verdaderamente plurales y hondamente comunitarias, donde sus protagonistas evidencian con legítimo orgullo ser dignos herederos de sus ancestros.

¿Por qué no en Rosario?

Rosario tiene la honra de ser el lugar de la creación de la Enseña patria y de su primer izamiento ¡Nada menos! Las características del hecho, la protagónica presencia del pueblo rosarino, la intervención de aquél gran hombre que fue el general Belgrano, lo que identifica a Rosario como “Cuna de la Bandera”. Todos los rosarinos se ven reflejados en esta condición.
Convencidos del enorme acierto que sería la recreación histórica de ese primer flameo de nuestra Bandera la Junta de Historia de Rosario llevó adelante la investigación que ha permitido diseñar la representación identificar a los personajes; reconstruir con detalle los diálogos, los usos y costumbres, la indumentaria y el ambiente de aquel 27 de febrero de 1812; hasta la música militar que se ejecutó en ese entonces. La representación podría repetirse los días 20 de Junio, en forma complementaria al acto oficial tradicional.
De concretarse esta propuesta se podrá vivenciar la historia, con todos sus aspectos épicos, pero también con la humanidad de los pequeños detalles de la vida cotidiana de aquél lejano tiempo.
Así, los argentinos nos veremos transportados al sencillo caserío del Rosario, que en su humildad dio marco a uno de los acontecimientos señeros del pasado argentino.



Experiencia previa

En el año 2008 la Municipalidad de Rosario concretó una experiencia embrionara pero de sumo interés para concretar la recreación del Primer Izamiento. Fueron unos 125 participantes, con la sumatoria de la banda del Regimiento “Patricios”. A su finalización los miembros de una entidad gaucha protagonizaron una inédita carrera de sortijas frente al mismísimo Monumento a la Bandera.
Lamentablemente el evento no mantuvo continuidad.
 

Una advertencia final

La recreación histórica no es una representación teatralizada, donde el director puede tomarse marcadas licencias para transmitir su peculiar visión de los acontecimientos. En una recreación lo histórico es primordial que el aspecto teatral se subordina netamente a las circunstancias históricas resultantes de una investigación serie; de no ser así el evento pierde su misma esencia.


Nota: las fotografías corresponden a la primera reconstrucción histórica de la creación de la Bandera nacional, concretada en el año 2008. 


miércoles, 15 de junio de 2016

El “paso di corsa dei Bersalieri"

Banderas a la carrera


Dedicamos este post a nuestros lectores de origen italiano diseminados por todo el orbe. ¡Tante grazie!

Por Miguel Carrillo Bascary

Abanderado y escoltas de la bandera de los Bersaglieri

       La costumbre universal indica que durante un desfile los portadores de banderas hacen su paso en forma solemne, pausada, con serena dignidad.
       Esta es la actitud lógica, natural. Ninguna dignidad se presenta en público a la carrera, lo hace con solemnidad para que todos puedan apreciar que domina la situación y también para que el pueblo lo vea y lo reconozca.
       Podría decirse que los abanderados asumen el comportamiento cuasi religioso de quienes participan de las ceremonias litúrgicas.

       Sin embargo, siempre hay una excepción. Hay abanderados que desfilan corriendo, portando su bandera con no menos solemnidad y orgullo.

       Se trata de los Bersaglieri (sing.: “tirador certero”) cuerpo militar que fue creado formalmente el 18 de julio de 1836 por el Carlos Alberto rey de Cerdeña y duque del Piemote y Saboya (1792 – 1849)

Blasón dinástico de Carlos de Saboya


Bandera de Saboya (1848 – 1851)

El bautismo de fuego de los Bersaglieri fue en la batalla de Goito (8 e abril de 1848), durante la primera guerra por la independencia de Italia donde las tropas de Carlos se opusieron a las de Austria. El encuentro quedo sin resolución, pero en conclusión las fuerzas piamontesas obtuvieron mayor rédito, lo que perite considerarlas victoriosas.

En Goito la novel unidad de los Bersaglieri probó su valor y capacidad, hasta el punto de fundar una tradición de efectividad que les ha permitido subsistir hasta el presente, pese a los enormes cambios en la bélica.

Batalla de Goito

El mentor de los Bersaglieri fue el entonces capitán Alessandro Ferrero della Marmora (1799 – 1855) que en 1831 había propuesto formar un cuerpo de tropas ligeras de gran operatividad táctica, caracterizado por la velocidad de su accionar, con capacidad para operar a la vanguardia, a menudo cumpliendo roles de guía y exploración. En 1835 pudo presentar su iniciativa ante el Rey que al año siguiente autorizó la formación de la unidad.

La primera compañía de los Bersaglieri se presentó en público durante el desfile celebrado en Turín el 1º de julio de 1836. Para destacarse realizó su marcha con un paso rápido; acompasado y coordinado, que luego será conocido como “il paso di corsa” (el paso a la carrera), cosa que impresionó muy favorablemente al rey. La frecuencia de la pisada indica 130 pasos por minuto que ejecuta la totalidad de los efectivos comprometidos, desde el último recluta hasta el más alto de los oficiales; incluidos los músicos y, por supuesto el abanderado y sus escoltas.

 Cuando en la actualidad desfilan los ex – bersaglieri también lo hacen a “paso di corsa”,
aunque en traje de paisanos.

Sin embargo en aquella primera ocasión los Bersaglieri no llevaban bandera pues la misma solo correspondía a las unidades a nivel de regimiento, que no lo eran. Los servicios aquilatados a lo largo de los años permitieron que por decreto fechado el 7 de junio de 1938 se les autorizara a portar bandera, bien que es de menores dimensiones, para favorecer el paso a la carrera.

Desde Goito los Bersaglieri se han distinguido en numerosísimas acciones concretadas en diversas guerras y en todo tipo de terreno. En la I Guerra Mundial reforzaron su movilidad empleando bicicletas y motocicletas. Durante la II Guerra Mundial se desempeñaron en varios frentes, siempre en forma superlativa; suele citarse como ejemplo que por su intervención en el frente de África, bajo comando de Erwin Rommel, tuvieron una actuación tan destacada que este famoso mariscal alemán manifestó:

“El soldado alemán ha asombrado al mundo; pero el soldado italiano ha asombrado al soldado alemán”.

Abanderado y escolta de los Bersaglieri Cascos Azules

La tradición de los Bersaglieri prolonga su vigencia hoy, bajo la forma de infantería mecanizada. También han integrado diversas fuerzas de Cascos Azules de la ONU.


Es proverbial el desempeño de la fanfarria pedestre de los Bersaglieri, caracterizada por su composición de instrumentos de viento que cumple su función, también a la carrera, a despecho del enorme esfuerzo que exige mantener el aliento mientras ejecutan los aires marciales. En su origen la fanfarria se formaba por la sumatoria de los 13 trompetas de cada compañía del batallón. La incorporación de otros instrumentos de viento fue muy posterior.

           Para quienes gusten apreciar el paso de la fanfarria Bersaglieri pueden copiar en su navegador los siguientes links a fin de reproducir varias piezas de audio y video que les encantará:
 Sombrero; emblema y escarapela de la unidad

Los Bersaglieri adoptaron como divisa de su uniforme un vistoso plumaje de urogallo, que adorna su sombrero de ala ancha.

Seguidamente una panorámica de algunos de sus uniformes.

 Siglo XIX

Segunda Guerra Mundial

En la actualidad

sábado, 11 de junio de 2016

Una consulta sobre práctica

Solución factible para tres banderas y dos mástiles

Problemas de Ceremonial (Serie)


Por Miguel  Carrillo  Bascary

Una consulta de nuestros amigos del Instituto Belgraniano de la ciudad de General Belgrano (provincia de Bs. Aires, Argentina) nos motivó para colgar este post.

Es indudable que el reconocimiento de la “Bandera Nacional de la Libertad Civil” como nuevo símbolo nacional argentino, bien que de carácter histórico, genera nuevas situaciones que merecen estudio y, si es factible, dejar sentado un criterio superador.

Contra la que suele pensarse ni el Ceremonial ni el Protocolo no son disciplinas férreas refractarias al cambio. Todo lo contrario, ambas manifiestan una elasticidad notable resultado del pragmatismo con que corresponde tratar toda nueva situación; ya que entre los objetivos de ambas se encuentra facilitar las relaciones sociales en una comunidad organizada.

Aclaramos que en la República Argentina no existe una norma general que regule en detalle el Ceremonial de los símbolos patrios, como estado federal que es la reglamentación es parcial y aún divergente si consideramos a sus diversas jurisdicciones (provincias). En consecuencia, para evacuar la cuestión aplicamos las pautas legales vigentes a nivel nacional; las costumbres vexilológicas internacionales y la experiencia práctica aquilatada armonizadas como elementos de un sistema conceptual y fáctico.

Planteo de la cuestión

Nos cuenta, la profesora Marina Marincovich, presidente de la entidad mencionada, que en la plaza principal de su ciudad existen dos mástiles donde habitualmente se izaban la Bandera oficial de la Nación y la que representa a la provincia de Bs. Aires. 

 La profesora Marincovich

Al aproximarse el 25 de mayo, fecha en que, además de la formación del primer gobierno patrio (1810), se recuerda la presentación de la “Bandera Nacional de la Libertad Civil” ante el pueblo de Jujuy (1812), era lógico que la comunidad de General Belgrano quisiera izar el nuevo emblema en los actos que se proyectaban.

En concreto: había dos mástiles idénticos, de gran porte y tres banderas a colocar.
La duda que motivó la consulta podía enunciarse con el siguiente interrogante:

¿Cómo distribuirlas en los mástiles sin afectar la debida precedencia?

Lo que nos llevó a discernir otras dos cuestiones:

¿En qué mástil va la bandera histórica nacional?
¿Dónde corresponde izar la bonaerense?

Para responderla establecimos dos supuestos básicos:
a) la Bandera Nacional debe ir en el mástil más jerarquizado, es decir, el derecho (pues, recordemos que son idénticos);
b) en uno de los mástiles hay que izar dos paños, una solución que es mayoritaria a nivel internacional y que si bien gana cada día más adeptos, encuentra cerrada oposición entre las opiniones más conservadoras.
En cuanto al primer ítem: como en la plaza de General Belgrano ambos mástiles son iguales, la Bandera Oficial de la Nación irá en el derecho (Si, eventualmente fueran de diverso porte o jerarquía la Enseña principal deberá colocarse en el más destacado, cualquiera sea su posición relativa)

En cuanto al segundo: de acuerdo al orden protocolar dispuesto por la Ley Nº 27.134 que trata de la “Bandera Nacional de la Libertad Civil”, ésta cede ante la Oficial de la Nación pero tiene precedencia sobre la enseña provincial; de manera que la colocación será:
1º la Oficial de la Nación;
2ª. la enseña histórica nacional y
3º. la provincial.

En consecuencia, cabe preguntarnos:  
¿Dónde va la bandera de la provincia de Buenos Aires?

Miembros del Instituto Belgraniano ante los mástiles de su localidad

Consideraciones

Contra lo deseable, cualquier respuesta que aventuremos puede ser criticada. Las diversas tendencias en Ceremonial y Protocolo pueden argumentar en contra de cada solución.
Como nos consideramos fundamentalistas del pragmatismo y tampoco nos comprometemos incondicionalmente con alguna de las escuelas vigentes, para responder estimamos que corresponde explicar algunos hechos que graficamos mediante los siguientes esquemas:


En el primer diagrama validamos la primacía que corresponde a la Nacional que irá en el mástil derecho y lucirá en solitario, bien destacada. La “Bandera de la Libertad Civil” presidirá el segundo mástil y la provincial se le subordinará. Esta solución nos permite izar los tres paños al unísono o bien, hacerlo en forma consecutiva (1 : 2+3)


El segundo esquema expresa un orden alterno, extremo y rígido. La Nacional goza de primacía y por ello mantiene la posición de privilegio, en el segundo mástil se ubica la que le sigue en orden, y la tercera se copla a la primera.

Sin embargo como en disposición la “bandera de la Libertad” queda sola se destaca ópticamente por sobre la Nacional, algo que no es aceptable. En conclusión, este posicionamiento evidencia una negatividad evidente.

Otro factor negativo es que, si izamos las enseñas de cada mástil en forma consecutiva, el diagrama estático oculta un hecho que descalifica a esta disposición, pues cuando asciende la Nacional, esta arrastra a la provincial que precede así a la enseña histórica. Para que así no ocurra habría que izar al unísono las banderas que ocupan ambos mástiles.


La posición ilustrada en tercer término, consagra aparentemente la precedencia de ambas banderas nacionales, ya que se les asigna el mástil derecho, pero al flamear en soledad la provincial flamea con mayor limpieza, destacándose por sobre las otras dos, lo que le asigna el efecto de ser principal, algo incompatible con el orden legal.

Conclusión

A falta de reglamentación específica los esquemas 1 y 3 son factibles desde el ceremonial vexilológico, aunque personalmente nos inclinamos decididamente por la solución “1”, por las razones expuestas.

¿Con qué orden se realizan los izamientos?

Nuestra experiencia nos sugiere hacerlo en forma simultánea, con la previsión de que se debe coordinar la operación para que la Bandera Oficial llegue al tope un instante antes de la/s que se eleva/n en el segundo mástil izquierdo.

Al respecto, queda fuera de toda duda que la principal autoridad presente debe ocuparse de izar la Bandera Nacional, mientras que el izamiento en el izquierdo debería quedar a cargo de la segunda autoridad presente en grado de de significación. (Ejemplos: si se encuentra el Presidente de la Nación y el Gobernador de la Provincia; el primero se ocupará del mástil derecho y el segundo del izquierdo. Nada obsta a que otros funcionarios los acompañen, pero siempre respetando la distribución protocolar.

Aún así también es factible adoptar otro dispositivo:
a)      sería factible que las autoridades de primer orden /en nuestro ejemplo el presidente y los funcionarios nacionales que lo acompañen actúen sobre el mástil derecho y que el gobernador y su comitiva hagan lo propio sobre el segundo:
b)      eventualmente sería igualmente válido disponer que las autoridades políticas operen y acompañen el izamiento en el mástil derecho y que se ocupen del restante los representantes de los sectores cívicos no oficiales.

El principio o criterio definido
En consecuencia, cuando se deban colocar tres banderas y solo se disponga de dos mástiles, lo reflexionado hasta aquí nos permite definir las siguientes reglas:

I.                     La bandera de mayor jerarquía irá en el mástil principal (o en el de la derecha si ambos son iguales), en solitario
II.                  Las otras se ubicarán en el mástil restante, según su respectiva preeminencia
III.                La experiencia indica recomendar el izamiento simultáneo; además: acorta el desarrollo del acto; evita desplazamientos a las autoridades; da mayor participación a los diferentes protagonistas de la ceremonia.

Aplicación a otros casos

El criterio sentado nos servirá también para definir la colocación de banderas con diferente naturaleza en los siguientes casos:

a) Bandera nacional / Bandera provincial (o departamental, para los países de régimen unitario)  / Bandera municipal o comunal

b) Bandera nacional / Bandera provincial (o departamental, para los países de régimen unitario) / Bandera institucional

Aplicación en el caso consultado:
  
Plaza de la ciudad de General Belgrano, el 25de mayo del 2016

Como vemos en la fotografía, la Municipalidad de la ciudad de General Belgrano, aceptó la sugerencia del Instituto Belgraniano local, acorde al criterio que le proporcionáramos.