sábado, 22 de agosto de 2026

No se juró la Bandera nacional el 27 de febrero de 1812

Una verdad documentada y otras precisiones

Manuel Belgrano, la Bandera primigenia y la Capilla del Rosario en 1812[1]

Por Miguel Carrillo Bascary[2]

Como ciencia social que es la Historia genera diferentes visiones sobre los acontecimientos del pasado. Esta afirmación es obviamente relativa, ya que cuando existen documentos son un dato determinante, insoslayable. Eventualmente puede discutirse la intencionalidad, las motivaciones y hasta su autoría pero, parafraseando las palabras de los Santos Evangelios, “lo escrito, escrito está[3]”.

En el presente ensayo se explica y fundamenta por qué la Bandera argentina no fue jurada el 27 de febrero de 1812. También se aborda la incógnita de si efectivamente se la bendijo. Sobre estas afirmaciones existen diferencias sustanciales en la historiografía, que no por antiguas han perdido interés ya que involucran al más antiguo de nuestros símbolos, la Bandera Nacional argentina.

Junto con muchos otros autores consideramos que, en base a documentos irrefutables, en aquél día histórico, el entonces coronel Manuel Belgrano y las tropas bajo su mando juraron “vencer a los enemigos interiores y exteriores” de la Patria para que la América del Sur fuera “el templo de la independencia, de la y unión y de la libertad[4]”. En cuanto a si se bendijo o no la Bandera Nacional no hay elementos ciertos para pronunciarse por la negativa, ni tampoco por la afirmativa, en tanto que, pudo existir una tercera opción. Por contraste, quienes sostienen la llamada “tesis rosarina[5]”, basándose en la tradición oral sobre lo ocurrido en esa fecha, postulan que se juró fidelidad a la Bandera y que, indefectiblemente, se bendijo en la ocasión. En este ensayo se fundamentará debidamente nuestra posición[6].

Desde ya que lo expuesto no desmerece esa otra de las fuentes de la disciplina, la tradición oral, aunque por su propia naturaleza esta carece de la fijeza que aportan los documentos, pues está sujeta a la forma en que se trasmite y se interprete la información original. También la memoria social o de grupo se ve influida, a veces en demasía, por la emotividad derivada de vínculos familiares, un factor que capaz de nublar los razonamientos. Además, es fácil constatar que, cuanto más lejanos son los hechos, más permeables al error son los recuerdos, la pérdida de la información real es insensible y, sobre todo, surgen tergiversaciones, aun cuando exista la mejor de la buena fe. Es imposible que la tradición escape a estas negatividades consecuentes, fruto indefectible de la mediatización que impone el tiempo transcurrido. Dígase con todo énfasis, la tradición es una eficaz herramienta para la didáctica de la Historia, pero a condición de que no sustituya a los documentos. Servirá para hilvanar un relato sobre el pretérito, sobrevolando la aridez de los documentos, pero no alcanza, ni con mucho, a la certeza que estos aportan. 

Marco histórico

Lo reduciré a sus aspectos esenciales en mérito a la brevedad de este análisis. Comenzaré por señalar que el 7 de febrero de 1812[7] llegó al poblado de la Capilla de Nuestra Señora del Rosario (hoy ciudad de Rosario) en el Pago de los Arroyos, el coronel Manuel Belgrano. Estaba al frente del Regimiento 5 de Infantería (anteriormente “Legión Patricia”[8]). Venía a cumplir una comisión encargada por el gobierno, personificado en el Primer Triunvirato, cuyo secretario era Bernardino Rivadavia, a quien reportaba el citado jefe. Ese día Belgrano tomó contacto con los pobladores y presentó a su tropa formada en la hoy plaza “25 de Mayo”.

Rosario era un villorrio erigido sin plan urbano en derredor de la antigua capilla dedicada a Nuestra Señora del Rosario, que se había construido muy sencillamente a mediados del siglo XVIII. El censo que se practicó entre fines del año 1815 y comienzos de 1816 indicó que tenía poco más de 760 avecinados, que habitaban 131 casas y ranchos, esparcidos en solo 15 manzanas. El poblado dependía política y administrativamente del Cabido de Santa Fe, a través del funcionario conocido como alcalde de hermandad, con jurisdicción en el llamado Pago de los Arroyos que abarcaba desde el río Carcarañá hasta el arroyo del Medio, límite con Bs. Aires. El párroco de la capilla debía ejercer su función pastoral en esta enorme extensión.

La presencia de Belgrano en Rosario reconocía dos objetivos declarados: guarnicionar la posición y terminar de construir un complejo de artillería (baterías) para cerrar la navegación del río Paraná a los navíos españoles surtos en Montevideo, ciudad que estaba sitiada por tropas patriotas y que, para avituallarla, saqueaban las poblaciones ribereñas. Las obras defensivas implicaban emplazar tres piezas de artillería sobre la costa rosarina y otras tres en la isla ubicada a su frente. Como Belgrano era el militar de mayor graduación en el lugar, además del Regimiento 5, se le subordinaron los efectivos de la Artillería de la Patria, que tendrían a cargo operar las piezas, una sección del regimiento de Pardos y Moreno, una fracción de la Caballería de la Patria y las milicias del Pago de los Arroyos[9].

Fiel a la frenética actividad que lo caracterizaba, Belgrano se avocó a terminar las fortificaciones iniciadas poco antes, para esto contó con la entusiasta colaboración de los rosarinos. Al llegar el caluroso jueves 27 de febrero quedó terminada la batería de la isla, la que por iniciativa del prócer se nominó “Independencia”, mientras que era inminente el final de la otra, a la que llamó “Libertad”; estos nombres son significativos porque se reflejarán en el juramento que el prócer demandó cuando presentó públicamente el vexilo. Es evidente que Belgrano capitalizó la ocasión buscando fortalecer la moral de sus subordinados, por lo que arbitró una ceremonia castrense que aprovechó para incentivar al pueblo. En la oportunidad presentó ese lábaro, al consideró “Bandera Nacional”

En este marco se considerarán los otros hechos que se analizarán. Sobre lo expuesto, como elementos de juicio, existen importantes documentos y un bagaje de tradiciones, cuyas correspondencias y divergencias se tratarán.

“Enarbolamiento de la primera bandera argentina por el general Manuel Belgrano" 
(Antonio Berni, en el Instituto Nacional Belgraniano, 1945, imagen intervenida)

Antecedentes documentales[10]

Fiel a la objetividad que aportan, compartiré cuatro comunicaciones que intercambiaron el prócer y el Triunvirato, ya que interesan especialmente a la temática:

1) Oficio de Belgrano al Gobierno, fechado el 13 de febrero de 1812[11].

Donde solicitó que se declarase una escarapela nacional que debían usar las tropas patriotas, “para que no se equivoque con la de nuestros enemigos”. De su texto no consta que el prócer haya indicado cómo debía formarse la divisa. A pesar de lo que se lee la tradición ha consagrado la equívoca afirmación de que Manuel Belgrano “creó la escarapela nacional”. Obviamente que esta concepción debe rechazarse por contradecir tanto este documento como al siguiente.



Escarapela realista. Escarapela patriota, la primigenia

2) Oficio Gobierno al Jefe del Estado Mayor del Ejército, del 18 de febrero de 1812[12], donde comunica:

a)se haya, reconozca y use la escarapela nacional de las Provincias Unidas del Río de la Plata (…) de dos colores blanco y azul celeste”; y

b) tácitamente excluye portar la roja, que desde antiguo empleaban las tropas realistas y cuyo uso continuaron las patriotas, hasta la fecha citada.

Conforme a lo ordenado la disposición se informó el día 20 por medio de una circular dirigida a todos los comandantes, entre los que obviamente estaba Belgrano. Este documento confirma que fue el Gobierno quien fijó los colores de la divisa, no Belgrano. Fuentes pictóricas[13] revelan que las primeras escarapelas tuvieron forma de cucarda, con el centro celeste y la corona blanca[14].

Francisco Ortiz de Ocampo, 
se magnifica la escarapela, que en el original está oscurecida por los años 
(Autor anónimo, Museo Histórico Nacional)

3) Oficio de Belgrano al Gobierno, fechado el 23 de febrero de 1812[15], donde informa:

a) Que “se ha puesto en ejecución la orden” sobre el uso de la escarapela. Con lo que revela haber tomado previsiones para hacer cumplir el mandato, mientras que surge implícito que ordenó descartar las divisas rojas.

Algunos sostienen que el 23 de febrero se “estrenó” la escarapela, pero si se lee con detenimiento el documento no es esto lo que afirma Belgrano, sino que mandó “poner en ejecución” lo ordenado; ergo, en esa fecha no hubo tal estreno. Este se difirió para una ocasión posterior, que en definitiva fue el 27 de febrero. Es impensado que el prócer haya considerado irrelevante destacar que el primer uso de la divisa ocurrió el día 23, ya que era muy puntilloso en su correspondencia oficial.

b) También se hizo saber que la noticiaha sido del mayor regocijo” y que “ha excitado los deseos de los verdaderos hijos de la patria de otras declaraciones de vuestra excelencia que acaben de confirmar a nuestros enemigos la firma resolución en que estamos de sostener la independencia de la América”.

Obsérvese que, además de señalar la alegría general por el cambio de escarapela, dio cuenta del entusiasmo de los patriotas que entendieron que el Gobierno adelantaba el dictado de “otras declaracioneslo que expresarían la “la firme resolución (…) de sostener la independencia de la América”. Con esto, en forma velada, el prócer manifestó la singular expectativa de alcanzar una independencia que se veía cercana[16] y que ésta no se limitaría a las Provincias del Plata, sino que alcanzaría a todo el continente. Estas líneas son muy significativas, ya que planteaban un espíritu emancipador que alboreaba y su proyección continental. Es muy importante retener esto último, pues esta perspectiva aflorará en la fórmula del juramento que se pronunciará el día 27.

3) Oficio de Belgrado al Gobierno, fechado el 26 de febrero de 1812[17]. Para analizar mejor el texto habrá que descomponerlo así:

a) En los dos primeros párrafos el prócer informa sobre el avance de los trabajos en las baterías.

b) En el tercero se explaya sobre una de las “otras declaraciones” que había insinuado ya en su oficio del día 23 de febrero, lo que consigna en los siguientes términos:

Las banderas de nuestros enemigos son las que hasta ahora hemos usado, pero ya que V.E. ha determinado la escarapela nacional con que nos distinguimos de ellos y de todas las naciones, me atrevo a decir q V.E., que también se distinguieran aquellas y que en estas baterías o se viesen tremolar sino las que V.E. designe”.

De esta forma indica que, atento que haberse designado escarapela nacional para evitar confusiones durante un combate, pide al Gobierno que también establezca una bandera. Lógica pura, no olvidar que la posición de las banderas en combate resultaba esencial para determinar su desarrollo, ellas marcaban el posicionamiento de las unidades en el teatro de operaciones, señalaban el avance o la retirada, convocaban a los dispersos y animaban a los combatientes claudicantes.

Belgrano terminó incitando el proceder del Triunvirato cuando escribió: “Abajo Señor Excmo., esas señales exteriores que para nada nos han servido y con que parece que aún no hemos roto las cadenas de la esclavitud”. Como se verá esta expresión es todo un desafío, una exigencia literal, formalmente impropia de un subordinado, pero liminar en un camarada inflamado de patriotismo. Con ella Belgrano se representa como un igual ante los triunviros, una horizontalidad propia del compromiso por la revolución que los abarcaba pero que contravenía su posición funcional.

Destacó, además, la última frase del oficio, “parece que aún no hemos roto las cadenas de la esclavitud”. Vemos con esto que Belgrano da por hecho el rompimiento con la Corona, entendiendo que si se había establecido una “escarapela nacional” existía una nación que la justificaba y que, por toda lógica debía corresponderse con una “bandera nacional”, siendo ambos emblemas de la independencia, o sea, de soberanía, nada menos. ¿Quién el que se libera, se preguntará el lector? A lo que respondería el prócer - “la América”. Con esto se advertirá la coherencia con la mención al continente que Belgrano incluyó en el oficio del 23 de febrero de 1812. 

Conclusión parcial

Estos tres documentos muestran una evolución que se refleja en los símbolos lo que puede reducirse a la siguiente secuencia: Belgrano pide una “escarapela nacional” /El Gobierno la define, ordena su uso, deroga la roja y manda se circulen estas órdenes/ Belgrano recibe la comunicación y la pone en ejecución/ Belgrano pide al Gobierno que decrete una “bandera nacional”.

Se verá que el ímpetu revolucionario del prócer lo impulsará en las horas siguientes a concebir y mandar confeccionar el vexilo que demandaba, el que presentará públicamente el día siguiente, 27 de febrero, con lo que no esperó que el Triunvirato respondiera su nuevo pedido.

Análisis de la principal fuente documental

Ahora es el momento de abordar el tratamiento de las piezas más importantes para este análisis, tal como se adelantó. Son dos los documentos fundamentales a tener en cuenta para dilucidar las cuestiones a tratar. En realidad, ambas piezas conforman una unidad que se desdobla en dos elementos: a) el oficio propiamente dicho y b) la “proclama” anexa. Son los únicos que refieren los hechos de aquel histórico día, no se conoce otro. Ambos escritos son “oficiales” por estar redactados por un comandante militar en cumplimiento de órdenes recibidas y por tener como destinatario a la autoridad de la que dependía. Se considerarán separadamente, pueden verse transcriptos en el Anexo documental: 

a) Oficio de Belgrano al Gobierno, fechado el 27 de febrero de 1812, donde informa sobre los acontecimientos de ese día. Está escrito de su puño y letra, hoy se conserva en el Archivo General de la Nación[18].

En el primer párrafo: dice que son “las seis y media de la tarde”; que se disparó una salva de artillería en la batería de la “Independencia”, la que desde entonces quedó “con la dotación competente para los tres cañones que se han colocado, las municiones y la guarnición” encargada de operarla.

En el segundo: que “para entusiasmar a las tropas y estos habitantes” explica que mandó formar a las primeras, a las que arengó “en los términos de la copia que acompaño” (aludiendo así al segundo de los documentos, la “Proclama”)

En el tercero: Belgrano introduce un hecho inesperado para al Gobierno, de cuyo texto resulta que dispuso por sí mismo “enarbolar bandera”, y señala la motivación que lo llevó a ello, el simple hecho de que no contaba con ella. A posteriori señala que la mandó hacer “blanca y celeste conforme a los colores de la escarapela nacional”. En esto hay una sólida lógica, no cabía ninguna otra opción, la enseña debía reflejar a la cucarda[19]. Finalmente, agrega el prócer, que espera esto “sea de la aprobación” del Gobierno[20].

b) La “Proclama”

Está anexa al oficio. En ella consta la breve arenga que pronunció Belgrano y la fórmula del juramento que requirió a la guarnición sita en Rosario. También se descompondrá su texto para facilitar el análisis:

b. 1) Los protagonistas:

En primer lugar, según las palabras de Belgrano, son los “soldados de la Patria, lo que interesa señalar para destacar que el pueblo de Rosario no fue sumado al juramento. Queda en claro que la ceremonia del 27 de febrero consistió en un acto netamente militar, limitado a los soldados y a su comandante, los civiles no estuvieron comprendidos más que como testigos. Es importante señalarlo, ya que algunos comentadores localistas trasmiten tal error. No se discute el innegable patriotismo ni el sentido de colaboración que los rosarinos demostraron durante los trabajos en las baterías, esto resulta evidente por cuanto el prócer halló en ellos el acompañamiento suficiente para inspirarlo a levantar bandera, así lo destaca cuando los menciona en el oficio del 27 de febrero.

En segundo lugar, quien también juró en la ocasión fue el propio Belgrano. Obsérvese que en el último término de la fórmula del juramento consta: “… decid conmigo”. Esta expresión indica que el prócer juró al unísono de sus hombres, guardando una notable y perfecta horizontalidad. Él mismo dio ejemplo de compromiso al empeñar su palabra en la ocasión, lo que fue una constante durante toda su vida.

Destaco, además, que en lugar de la clásica expresión “Sí, juro” que trascendió a los siglos hasta llegar al presente, Belgrano utilizó otra: “¡Viva la Patria!” ¿Se ha pensado porqué lo hizo así? Por mi parte no lo he visto comentado por la doctrina, de manera que en el próximo párrafo intentaré responder al interrogante.

La “Patria” es el concepto motor vigente que impulsó el pensamiento de los revolucionarios de entonces. Traigo a colación el clásico concepto atribuido a Cicerón[21] quien señaló “Patria es el lugar donde se ha nacido”, que en nuestro caso es “América”, donde vieron la luz del Sol la amplia mayoría de quienes, ya por entonces, negaban la soberanía del rey[22] y se la atribuían al pueblo. Repárese que en febrero de 1812 todavía no existía un gobierno formal. De hecho, el Triunvirato actuaba bajo la “máscara de Fernando VII”, habría que esperar hasta el 9 de julio 1816 para romper los lazos con la monarquía hispánica.

Ante esta indefinición Belgrano fue práctico, con referencia al suelo americano vivó e hizo vivar al concepto central del espíritu revolucionario. Obvio que con su “viva” expresó adhesión, aprobación. En este caso se utilizó el vivar como sinónimo del clásico “sí”, con que hoy se responde a la demanda de juramento. 

b. 2) La sumarísima arenga, se expresa por sí misma:

“En este punto hemos tenido la gloria de vestir la escarapela nacional que ha designado nuestro excelentísimo gobierno; en aquel, la batería de la Independencia, nuestras armas aumentarán las suyas (…)”

Con esta referencia Belgrano señaló la legitimidad de la escarapela, reafirmando que su lucimiento estaba fundado en una decisión del Gobierno. No se olvide que la sola visualización de la cucarda eran una novedad para la tropa y el pueblo, se imponía explicar “de donde venía” el emblema. No deja de llamar la atención que el prócer nada dijera de manera pública sobre la Bandera que mostraba por primera vez. No usurpó la potestad gubernamental diciendo que el vexilo guardaba correlato con la escarapela, guardó prudente y apropiado silencio. Se ocupó muy bien de así hacerlo. Tampoco cayó en la ingenuidad cuasi infantil de señalarse como autor intelectual del lábaro, no buscó destacarse él, se limitó a mostrarlo como objeto capital del momento y referencia material. Indudablemente que el flamear del lábaro debió intrigar y conmover a los presentes. Con esta actitud dejó librado a la subjetividad de cada uno entender que la enseña contaba con la anuencia del Gobierno. Hubo sagacidad en la actitud de Belgrano, con lo que demuestra que no era un simple, sino todo lo contrario.

b. 3) La fórmula de juramento:

“(…) juremos vencer a nuestros enemigos interiores y exteriores y la América del sur será el templo de la independencia, de la unión y de la libertad”.

Estas breves líneas son el núcleo central del tema en análisis; si se leen detenidamente se verá lo obvio: lo que se juró fue “vencer a los enemigos interiores y exteriores”, no a la Bandera. Si Belgrano hubiera querido hacerla jurar habría sido imprescindible que la menciona, vinculándola así con la decisión que expresaba el voto. No lo hizo, lo que es sumamente significativo.

Llegado a este punto es indefectible preguntarse: ¿Cómo puede afirmarse que en Rosario se juró la Enseña patria sin que la fórmula se refiriese a ella y sin que su mentor la mencionara en su arenga? Estas falencias demuestran el error de la “tesis rosarina” que sostiene que el 27 de febrero se juró el lábaro.

Ampliando: ¿de quién son esos enemigos a los que se menciona? Son enemigos de la “América del sur”, de toda ella. Es decir, del pueblo americano. Belgrano expresó así su concepción continental, en su alocución no se limitó a las Provincias Unidas del Río de la Plata. ¿Quiénes son estos enemigos? El prócer no los nombra, quedan sobreentendidos por los presentes, quienes no necesitaban que se los explicitase. Aun así, destaca Belgrano, que los hay interiores y exteriores, en este orden. Sigamos avanzando en base a interrogantes retóricos: ¿Para qué hay que vencer a esos enemigos?, ¿con que objetivo? Estas preguntas se contestan indicando: para que América sea “el templo de la independencia, de la unión y de la libertad”. Es decir, para que el pueblo americano fuera independiente, unido y libre, en definitiva, soberano, sin estar sujeto a ninguna potestad más que su propia decisión. Vemos así un directo correlato con los nombres impuestos a las baterías.

Queda en claro entonces que:

- En Rosario no se juró fidelidad a la Bandera Nacional, ni tampoco defenderla de sus enemigos, como algunos sostienen con contumacia.

Lo que se juró fue vencer a los enemigos interiores y exteriores, para que la América del Sur fuera independiente, unida y libre.

- Esto nos lleva a preguntarnos: ¿Por qué entonces se insiste en hacer decir a Belgrano lo que no dejó escrito? Queda en claro que la confusión de la “tesis rosarina” basada en la tradición contradice lo que consta en un documento elaborado por el propio Belgrano. No debería ser así, por respeto al mismísimo prócer.

c) La orden a la dotación de la batería “de la Independencia”

Belgrano termina el documento transcribiendo la directiva que impartió luego del juramento, su texto se basta por sí mismo:

Señor capitán y tropa destinada por la primera vez a la batería de la Independencia: id, posesionaos de ella y cumplid el juramento que acabáis de hacer[23]”. 

Conclusión parcial

Con lo expuesto finalizo el análisis de los documentos relativos al primer izamiento de nuestra Enseña patria, queda probado así que en Rosario no se juró la Bandera nacional el 27 de febrero de 1812, sino combatir hasta vencer a los enemigos de América[24], tanto los interiores como los exteriores. 

Cuestiones conexas

1) La bendición de la Bandera

En el oficio de Belgrano al Gobierno, fechado el 27 de febrero de 1812, nada consta sobre la bendición. Al respecto se abren dos vertientes antagónicas: a) Belgrano olvidó o consideró necesario dejar constancia en su informe; o b) no hubo bendición. Considerando el temperamento del prócer y su religiosidad, ambas hipótesis llaman poderosamente la atención.

La respuesta segura es incomprobable, la “tesis rosarina” sostiene que la Bandera indudablemente se bendijo, pero ante la ausencia de todo documento se afirma que esto de la bendición fue preservado por la tradición oral del lugar. Quienes la niegan explican que un acto de su importancia no pudo ser omitido por el prócer en su informe.

Por mi parte, me cuesta reconocer que no se haya cumplido con este acto, pero; por otra, encuentro que las Ordenanzas Militares de Carlos III, entonces vigentes, describen la ceremonia de forma extremadamente detallada y compleja, como se verá de su transcripción en el Anexo documental. De haberse concretado, su importancia hubiera demandado que el prócer la mencionara en su informe. Por lo tanto, es factible pensar que, si no lo hizo, es porque no se concretó. Tampoco constan qué razones pudo haber para no hacerlo. Belgrano no era un chapucero y menos, tratándose de cosas vinculadas a su fe y a la legitimidad que debía tener la enseña ante los ojos de sus hombres y del pueblo.

Tercera hipótesis, la formulo como una concesión al lejano recuerdo de los rosarinos de entonces, planteando que en el acto del 27 de febrero se pudieron bendecir las instalaciones de las baterías y con ella todo lo que contenían, es decir los cañones, los emplazamientos, el polvorín y demás anexos, entre los cuales se hallaría la Bandera, aunque esta no hubiera sido objeto específico del sacramental. El ritual no demanda que se bendiga objeto por objeto, para nada. Tanto entonces, como también en la actualidad, era habitual bendecir las obras que se dejaban habilitadas. Sería el caso de la batería “Independencia” y, agrego, también la “Libertad”, aunque todavía faltara para concluirla. La Iglesia Católica no requiere que la cosa a bendecir esté terminada, de hecho hasta se bendice una piedra fundamental y los cimientos de una construcción, por lo que bien se pudieron sacramentalizar ambas baterías, aunque su grado de terminación no fuera coincidente[25]. Explíquese también que el sacramental puede dispensarse desde la lejanía, es un infantilismo creer que solo actúa cuando el agua bendita que asperge el sacerdote salpica el objeto, por esto fue plenamente procedente del que el ministro lo hiciera desde la costa hacia la isla. 

2) Las Ordenanzas Militares de Carlos III

“Carlos III, cazador” (Francisco de Goya, 1786)

Este progresista monarca unificó en un gran cuerpo normativo las principales disposiciones sobre la formación y la operación táctica de sus ejércitos. Su denominación formal es más extensa, por lo que habitualmente se la simplifica como las “Reales Ordenanzas Militares de Carlos III” o similares. Rigieron en todo el vasto imperio español y su vigencia se prolonga aun en la actualidad, bien que debidamente aggiornadas. Cuando en 1810 desapareció el Virreinato del Río de la Plata, las Ordenanzas continuaron vigentes, salvo en los puntos donde la reverencia al rey resultaba incompatible con la situación revolucionaria; incluso, muchas de sus regulaciones persisten hoy incorporadas a las que se aplican a las fuerzas armadas de España y de toda América.

Quienes sostienen la “tesis rosarina[26]” sobre lo sucedido el 27 de febrero de 1812, manifiestan que:

De acuerdo al derecho militar y estatal imperante, la formalidad de la bendición era requisito indispensable para la creación y existencia legal de la bandera”, que “era una ceremonia única e inescindible, no podía ejecutarse en etapas sucesivas... y que, si Belgrano “dice, que mandó hacer una bandera (fue) por lo tanto bendecida y jurada”.

O sea, que estos autores dan por supuesto que si Belgrano izó la Bandera esto implicó que la mandó bendecir y jurar, lo que es el núcleo del relato de la “tesis rosarina”. La falta de razón en el pensamiento de sus cultores es evidente, ya que si se analizan los documentos habidos resulta que cuando el prócer informó al Gobierno lo ocurrido nada dijo de la bendición y que la fórmula de juramento no aludió al lábaro, sino a “vencer a los enemigos interiores y exteriores” de Sudamérica.

Entre los sostenedores de la postura localista se encuentran los colegas Jorge Tomasini Freyre y Miguel Chiarpenello[27] quienes oportunamente reclamaron del subscripto y de quienes opinan como él, que aportásemos pruebas de que Belgrano no hizo jurar ni bendecir la Bandera en Rosario. Se trata de una pretensión es absurda, ya que no se puede probar algo que no ocurrió. Son ellos los que deben comprobar que estos actos se llevaron a cabo. Por su parte, es documento indubitable que en el oficio del 27 de febrero no hay constancia ni de lo uno ni de lo otro. En consecuencia, su tesis queda privada de fundamento, aunque para evitar reconocerlo invoquen supuestas “tradiciones orales”, que eventualmente tampoco alcanzan, ya que implicaría desmentir lo que lo que mismo prócer informó al Gobierno.

En este punto corresponde centrar los hechos y, al respecto observo, que Tomasini y Chiarpenello invocan las Reales Ordenanzas de Carlos III, pero en ellas no hay ninguna disposición que mande cómo se debe confeccionar una bandera. Este cuerpo normativo solo regula el juramento de soldados reclutas y la bendición de una bandera nueva, pero de ninguna manera impone un procedimiento para crearla. No corresponde fundamentar un acto en una norma, cuando estañada dice.

Las disposiciones en concreto

Tras la imprescindible aclaración previa corresponde analizar qué disponen esas Reales Ordenanzas sobre el juramento y la bendición de banderas. Adviértase que tales constancias se refieren a dos tipos de ceremonias: a) el juramento de banderas que realiza el recluta cuando se incorpora al ejército, y b) la promesa de fidelidad cuando se presenta una nueva bandera, que concretan todos los presentes.

En uno y otro caso las prescripciones son muy precisas y solemnes, aunque en el segundo las evoluciones castrenses tienen mayor complejidad. En el contexto el término “solemnidad” implica que la ceremonia debe respetar puntillosamente lo normado como condición para su validez.

Oficiales estudiando las Ordenanzas

Algo más, las Reales Ordenanzas no prevén que se bendigan las escarapelas, como así lo afirma Tomasini[28], en todo caso estas pudieron quedar comprendidas en la eventual bendición general. Nada dice el documento disponible. Por otra parte, ni en el ejército realista, ni en el rioplatense, ni entonces, ni en la actualidad, procede la bendición de escarapelas. Sí la de uniforme y de las armas.

a) Juramento de banderas por reclutas

En las Ordenanzas, se prescribe sobre las “Revistas de Comisario[29]”, es decir cuando este funcionario inspecciona los regimientos, es la oportunidad en que los reclutas[30] deben prestar “juramento a las banderas[31]”, lo que se realiza en el marco de una formación especial con presencia de toda la unidad. Aquellos se colocaban frente al vexilo, mientras que un oficial ayudante cruza con su espada el asta, formando una cruz. Seguidamente el segundo oficial al mando los interrogaba según la fórmula sacramental expresamente prescripta, a la que respondían los reclutas. Luego, el capellán pronunciaba una admonición ritual, advirtiendo sobre las consecuencias de violar la obligación contraída. A continuación, como manifestación gestual de su compromiso, cada juramentado besaba la cruz que formaba la espada y el asta, al par que el portador de la bandera les pasaba el paño por encima[32], cumplido lo cual, el ya soldado retornaba a su posición inicial.

Esto es lo que mandó hacer aproximadamente el general Belgrano en la ceremonia del 13 de febrero de 1813 a orillas del río Pasaje, como resulta de lo informado por el prócer al Gobierno, mediante oficio de esa fecha[33]. Todos los integrantes del ejército bajo su mando debieron acercarse y besar la cruz formada por el asta y la espada. Lo que se omitió fue el paso tutelar del paño por sobre sus cabezas.

b) Promesa a la bandera que se presenta

El ritual aparece regulado en las Reales Ordenanzas, bajo el rubro “Bendición de Vanderas, y Estandartes[34] (sic). La ceremonia se realizaba para reemplazar un vexilo afectado en su integridad física, es decir, que ya había cumplido su campaña. Se concretaba en el interior de un templo, con los acompañamientos que allí se detallan. La nueva bandera se enviaba enfundada a la iglesia y el regimiento marchaba con la vieja desplegada, hasta posicionarse. Sintetizando, la que terminaba su servicio se llevaba hasta el altar mayor y, tras una acción de gracias, se la retiraba. Después se bendecía la nueva y se cantaba misa. Terminada, con la enseña posicionada ante la tropa formada, cuando el jefe exhortaba en los términos que constan en la normativa (Artículo 22 del Título, p. 435) los que se transcriben respetando la grafía original:

Señores: Todos los Oficiales, y Soldados que tenemos la honra de estár alistados baxo de estas Reales Vanderas que Dios nuestro Señor se ha dignado bendecir para protegernos de todas nuestras adversidades, y auxiliarnos particularmente contra los Enemigos del Rey, y de su Real Corona, estamos obligados á conservarlas, y defenderlas, hasta perder nuestras vidas, porque se interesa el servicio de Dios, la gloria del Rey, el crédito del Regimiento, y nuestro propio honor: y en fé, y señal de que asi lo prometemos: Batallon, preparen las armas. Apunten. Fuego”.

Obsérvese que el acatamiento era en conjunto, tácito, y que se manifestaba en forma positiva con el acto de preparar el arma y hacer fuego, sin proferir palabra alguna[35].

La Historia argentina nos revela que, formalmente, Belgrano presentó la Bandera Nacional y la hizo jurar a su ejército formado en la plaza de la ciudad de San Salvador de Jujuy, el 25 de mayo de 1812. Así lo informó al Gobierno por Oficio del 29 de mayo[36]. Esto se cumplió con todo el protocolo que merecía la ocasión, adaptando lo reglado por las Reales Ordenanzas. Entre las peculiaridades vemos que el prócer sustituyó la exhortación prevista en las Ordenanzas por una extensa arenga donde, con amplios florilegios, destacó ideas afines a las que había manifestado en Rosario el 27 de febrero. Así lo expresó:

“(…) esta gloria debemos sostenerla, de un modo digno, con la unión, la constancia y el exacto cumplimiento de nuestras obligaciones hacia Dios, hacia nuestros hermanos y hacia nosotros mismos, a fin de que la patria se goce de abrigar en su seno hijos tan beneméritos y pueda presentarlo a la posteridad como modelos que haya de tener a la vista para conservarla libre de enemigos y en el lleno de su felicidad”.

Culminó con la alocución diciendo “Jurad conmigo ejecutarlo así y en prueba repetid: “¡Viva la Patria!”, a lo que la topa respondió con otro ¡Viva la Patria!

Por contraste, la fórmula de juramento que establecen las Ordenanzas era bien distinta: “¿Juráis a Dios; y prometéis al Rey el seguir constantemente sus Banderas, defenderlas hasta perder la última gota de vuestra sangre, y no abandonar al que os esté mandando en acción de guerra, o disposición por ella?”. A lo que se respondía: “¡Sí juramos!”.

"Bendición y juramento de la Bandera Nacional en Jujuy" 
(Francisco Fortuny, ca. 1910, Complejo "Enrique Udaondo", Luján)

En conclusión, y en base a los documentos redactados por el propio Belgrano y demás circunstancias expuestas, la enorme mayoría de la doctrina entiende que la Bandera Nacional se juró por primera vez en Jujuy, el 25 de mayo de 1812. Solo disienten quienes sostienen la tradición oral que define la “tesis rosarina”.

A la luz del documento fechado el 27 de febrero Belgrano creó una bandera nacional, a partir de la escarapela dispuesta por el Gobierno y prescindió de hacerla bendecir y jurar, ya que de haberlo concretado es elemental que lo hubiera informado. No es lógico, ni explicable, que el prócer omitiera en su informe hechos de tamaña importancia.

Como se vio también, el procedimiento de bendecir una nueva bandera implicaba un ritual complejo que, en un villorrio como era Rosario estaban lejos de poder satisfacerse.

Así, en los términos de las Reales Ordenanzas de Carlos III, lo cumplido en Rosario no se adecuaba a las prescripciones de un juramento de reclutas, ni tampoco al reconocimiento que implicaba bendecir una nueva bandera como la que presentó Belgrano en Rosario. Esto indica que en la ceremonia cumplida el prócer no aplicó lo que establecían las Ordenanzas, ni para el juramento de banderas, ni para una eventual bendición del vexilo. Nada obsta esta realidad a los justos pergaminos que puede evidenciar Rosario como “cuna de la Bandera nacional”, lema que la caracteriza.

Se ha probado, Belgrano no hizo jurar la Bandera en Rosario, lo que se explica, si se considera que carecía de los elementos materiales para realizar la ceremonia en la forma prescripta por las Ordenanzas.

Por lo tanto, es incontrastable que fue el 25 de mayo de 1812, en la ciudad de San Salvador de Jujuy, cuando el general Manuel Belgrano hizo bendecir y jurar por primera vez la Bandera nacional que había creado en Rosario. 

Conclusión

-  Los únicos documentos que se conservan sobre lo ocurrido en el poblado de la Capilla de Ntra. Señora del Rosario, el 27 de febrero de 1812, son: el oficio que el entonces coronel Manuel Belgrano elevó a consideración del Gobierno, y la proclama donde consta fórmula del juramento que se prestó.

- La tradición oral propia de la localidad, tiene su significación, pero no puede modificar las constancias documentadas. Pretender lo contrario sería desmentir a lo que el prócer dejó escrito de su puño y letra, un total despropósito.

-  De esos documentos surge que: en aquella jornada estival, Manuel Belgrano presentó un vexilo al que llamó “bandera nacional”, que había mandado a confeccionar en colores “blanco y celeste conforme a los colores de la escarapela nacional”, tales sus propias palabras. Consta también que lo hizo para "entusiasmar a la tropa y a los habitantes" del lugar. Esto lo informó al Gobierno mediante el oficio que lleva su firma autógrafa, expedido en la fecha indicada.

-  En la ocasión el prócer juró e hizo a jurar a sus hombres según la fórmula que consta en la proclama anexa al oficio, esto es: “Juremos vencer a nuestros enemigos interiores y exteriores y la América del sur será el templo de la independencia, de la unión y de la libertad”.

-  El texto es claro, no da lugar a dudas, de manera que entonces no se juró fidelidad a la Bandera, menos aún morir por ella.

-  En cuanto a si el lábaro fue bendecido en la oportunidad, no hay registro alguno. Un acto de tanta trascendencia no pudo ser olvidado por Belgrano en su informe oficial, además las condiciones de Rosario no permitían cumplir con el complejo ritual previsto por las Ordenanzas vigentes. Eventualmente, considerando la sincera religiosidad del prócer, se formula como hipótesis que la Bandera pudo sacramentalizarse cuando se bendijeron las fortificaciones, en cuyo mástil estaba izada.

"Bendición de la Bandera la ciudad de Jujuy" 
(Luis de Servi, 1912, Catedral de Jujuy)

ANEXO DOCUMENTAL

1) Oficio del coronel Belgrano al Gobierno, datado en Rosario, el 27 de febrero de 1812. (Fuente primaria: A. G. N. Sala X, 44-8-29)

“Excelentísimo señor:

En este momento que son las seis y media de la tarde se ha hecho la salva en la batería de la Independencia y queda con la dotación competente para los tres cañones que se han colocado, las municiones y la guarnición.

He dispuesto para entusiasmar las tropas y estos habitantes que se formasen todas aquellas y les hablé en los términos de la copia que acompaño.

Siendo preciso enarbolar bandera y no teniéndola, la mandé hacer blanca y celeste conforme a los colores de la escarapela nacional; espero que sea de la aprobación de Vuestra Excelencia.

Dios guarde a Vuestra Excelencia muchos años. Rosario, 27 de febrero de 1812.

Excelentísimo señor.

Manuel Belgrano [Rubricado]

Excelentísimo Gobierno Superior de las

Provincias del Río de la Plata”. 

1 bis) [Proclama] (Fuente primaria: A. G. N. Sala X, 44-8-29)

Soldados de la Patria: En este punto hemos tenido la gloria de vestir la escarapela nacional que ha designado nuestro Excelentísimo Gobierno: en aquel, la Batería de la Independencia, nuestras armas aumentaron las suyas; y juremos vencer a nuestros enemigos interiores y exteriores y la América del Sud será el templo de la Independencia, de la unión y de la libertad.

En fe de que así lo juráis, decid conmigo ¡Viva la Patria!

Concluido.

Señor Capitán y tropa destinada por primera vez a la Batería de la Independencia; id, posesionaos de ella y cumplid el juramento que acabáis de hacer”. 

2) “Ordenanzas de Su Majestad para el Régimen, Disciplina, Subordinación y Servicios de sus Exercitos” (Reales Ordenanzas Militares de Carlos III), 1768.

Carátula de la edición de 1768

Nota: Trascripción paleográfica de los Títulos Noveno y Décimo, del Tratado III, Tomo I. Los números en azul indican el paginado de la edición original.

(p. 414)                                   TITULO NOVENO.

REVISTAS DE COMISARIO.

ARTICULO PRIMERO.

Para la Revista de Comisario, deberá estar formado el Regimiento en el órden de Batalla por estatura, con anticipación de la hora, que el Governador, ò Comandante de las Armas huviere señalado en la orden general para dicho acto; á fin de que, antes de empezarle, haya tiempo suficiente (sin retardar el prevenido) para tomar á los Reclutas que hayan entrado en el Regimiento, desde la Revista anterior, el juramento de fidelidad á las Vanderas, en la forma siguiente.

2. Sin variar la posicion de Armas presentadas, en que para recibir las Vanderas están los Batallones, conducirá un Ayudante á presencia de las Vanderas del primero (luego que hayan tomado su lugar) las Reclutas hechas desde la Revista antecedente, y las formará en una, ò mas filas, (p. 415) segun fuere su numero, con el frente á las Vanderas; y à la derecha de esta gente, se pondrá con espada en mano el Ayudante.

3. El Sargento-Mayor (tomando antes el permiso del Coronel) se colocará al lado derecho de la Vandera Coronela con espada en mano, y el Capellan del primer Batallon à su inmediacion, fuera de la linea de Oficiales, dando ambos el costado izquierdo al Batallon.

4. El Sargento-Mayor inmediatamente pondrá su espada horizontal sobre la hasta de la Vandera Coronela, de modo que forme la Cruz sobre que cada Recluta ha de jurar, y dirá en voz alta, mirando á los Reclutas.

¿Jurais á Dios; y prometeis al Rey el seguir constantemente sus Vanderas, defenderlas hasta perder la ultima gota de vuestra sangre, y no abandonar al que os esté mandando en accion de Guerra, ò disposicion por ella?

Responderán todos: Sí juramos: entonces dirá en voz alta el Capellan.

Por obligacion de mi Ministerio ruego á Dios, que á cada uno le ayude, si cumple lo que jura; y si no, se lo demande. (p. 416)

5. Succesivamente pasará cada Recluta por su orden à besar la Cruz; y concluido este acto, desfilarán por delante de la Vandera Coronela, haciendo el Subteniente que la lleve la demonstracion de pasarla por encima de los Reclutados, en señal de protegerlos, y admitirlos.

6. Concluido este acto, y presentados el Oficial Interventor, y el Comisario, se dirigirá el Sargento Mayor al primero, tomando antes la orden del Coronel, para prevenirle que ván à desfilar los Batallones; (…)

(p. 427)                                      TITULO DECIMO

BENDICION DE VANDERAS,

y Estandartes.

Siendo mi real animo, que proceda precisamente (según se ha practicado siempre) al uso de las Vanderas, y Estandartes de mis Tropas, la ceremonia de su solemne bendicion, se observarán en este acto las formalidades siguientes.

ARTICULO PRIMERO.

Con anticipación, y á la sordina, se enviarán dentro de sus fundas las Vanderas, ó Estandartes nuevos á la Iglesia donde deban bendecirse, al cuidado de un Alferez, conducidas por Cabos, ó Soldados.

            2. Al Capellan del Regimiento se encargará por el Coronel, ó el que mandare el Cuerpo, la disposición de que en la Iglesia esté prevenido todo lo que, para celebridad de la función sea necesario; y quando sea la hora proporcionada, marchará el (p. 428) Regimiento desde sus Quarteles en buen orden con sus Vanderas viejas desplegadas hasta la inmediacion de la Iglesia, donde formará en Parada, ó en el modo que el terreno lo permita.

            3. De una, y otra Compañía de Granaderos se hará un pequeño Destacamento que, al cargo de un Subalterno, marchará acompañado de un Tambor, con las Armas afianzadas hasta llegar cada Destacamento al centro de su respectivo Batallon, en el que se le incorporarán á cada uno de ellos sus Vanderas, y ambos continuarán con ellas su Marcha hasta el centro de todo el Regimiento, en cuyo caso se adelantará formando un destacamento los Granaderos de uno, y otro Batallon, hasta la distancia de diez pasos, precedidos de un Ayudante, con el Tambor Mayor, y los sencillos que sobraran, después de dexar seis en cada Batallon.

            4. A excepción del Sargento Mayor, del Capitán mas moderno de cada Batallon, con un Subalterno por Compañía, y la mitad de los Sargentos, que deben mantenerse con el Regimiento, y las dos terceras partes de los Soldados; todos los demás Oficiales, (p. 429) y Tropa deberán asistir en la Iglesia de la función, á cuyo fin vendrán desde el Quartel nombrados los que deban entrar en ella, y quedar afuera.

            5. Advertidos yá por este anticipado aviso, unos y otros, y apostado delante del centro el Destacamento de Granaderos con las Vanderas, dará el Mayor la voz siguiente, previniendo antes á los Granaderos de Vanderas, que no se habla con ellos: Batallones, presenten las Armas; primera fila, y Señores Oficiales nombrados para marchar con ella, Armas á tierra.

            Primera fila, quatro pasos á su frente,*márchen.

            Los que han marchado, *á derecha, é izquierda, á desfilar por el centro*, marchen.

NOTA

            A la voz de derecha, é izquierda, giran como corresponde cada mitad de la primera fila; y a la voz de centro deberán dar de frente á la puerta de la Iglesia los dos Soldados de cada mitad de aquella misma fila, que hacen centro, para desfilar de: á quatro á la voz de marchen, siguiéndoles (p. 430) el resto de las filas con el mismo movimiento.

6. Al tiempo que esta fila, con los Oficiales nombrados, marche para desfilar por el centro, como está explicado, se mandará á los Alfereces que llevan las Vanderas, que pasen a la cabeza del Destacamento de Granaderos; y el Tambor Mayor, con todos los Tambores, (á excepción de los seis que han de quedar en el Regimiento) se pondrá delante de él, y siguiendo el Ayudante que debe conducirle, hará que toquen Tropa, quando éste se lo mande.

7. La marcha de la primera fila, y Oficiales (á la Iglesia) se executará siguiendo este orden: primero el Coronel, Teniente Coronel, y Capitanes: á estos seguirá el Ayudante con la Tropa de Vanderas: detrás de los Granaderos, que las escoltan, irán los Subalternos, y sucesivamente los Soldados, desfilando por el centro, como está dicho; y últimamente cerrarán la marcha los Sargentos.

8. La segunda, y tercera fila se mantendrán con las Armas presentadas: los Oficiales destinados en ellas subsistirán en (p. 431) sus puestos; y los Tambores que han de quedar, tocarán Marcha, hasta que se hayan perdido de vista las Vanderas: en cuyo caso mandará el Sargento Mayor poner Armas á tierra, y apostar las Centinelas que convenga.

9. Conforme vayan entrando en la Iglesia los Tambores, se quedarán, ó dexarán sus Caxas, de la parte de á fuera, y los Sargentos se mantendrán junto á la puerta en la parte interior, para cuidar de que los Soldados se acomoden en el mejor modo posible, y que se observen el silencio, y veneración que corresponde.

10. Quando las Vanderas lleguen a la puerta de la Iglesia, dispondrá el Ayudante, que el Destacamento de Granaderos se forme en dos alas con sus Virretinas quitadas, y marche, despejándoles el paso hasta el Presbyterio, y después le aspostará de modo, que no permita, que persona alguna (que no sea de las destinadas al ceremonial de la función, ó combidada para ella) pueda subir, ni mezclarse á embarazarla.

11. En la puerta de la Iglesia estarán los Capellanes del Regimiento, para recibir al Coronel, ó Comandante de él, y las Vanderas, y pasarán con ellas hasta el Altar Mayor.

12. Luego que hayan llegado á aquel parage, se arrodillará el Coronel, ó el que mande, y demás Oficiales, y Soldados; los Alfereces rendirán las (p. 432) Vanderas, y uno de los Capellanes dirá la Oración señalada para dar gracias á Dios de haverlas preservado su Divina Providencia para su mayor gloria, y honor de mis Reales Armas.

13. Concluida la Oracion, se pondrán en las fundas, y se retirarán a la Sacristia entregándolas á los Cabos de Esquadra para que acompañadas de un Oficial Subalterno, se conduzcan después á la Casa del Coronel, ó Comandante en la misma forma que las nuevas, y allí se desharán, inutilizando absolutamente el uso de ellas.

14. Retiradas las viejas, y puestos al lado del Evangelio los quatro Subtenientes de Vanderas en ala, con las nuevas desplegadas, las entregarán (cuando se presente el Capellan del Cuerpo, ó la persona Elesiastica combidada para bendecirlas) al Coronel, Teniente Coronel, y los dos Capitanes mas antiguos, siguiendo el mismo orden en los casos de mandar el Cuerpo el (p.433) Teniente Coronel, y Sargento Mayor, quienes las presentarán al oficiante para que las bendiga, según el Ritual, y Oraciones señaladas por la Iglesia; en cuyo tiempo estarán todos de rodillas, y con la mayor devoción, y reverencia.

15. Luego que el Oficiante haya concluido la expresada ceremonia, bolverán á entregarse de las Vanderas los Alfereces; y si se huviere de cantar la Misa, se empezará inmediatamente.

16. Desde el principio del Evangelio hasta el fin de él, se mantendrán en pìe con la Espada desembaynada los oficiales en demostración de estár dispuestos á defender con sus Armas la Fé Catholica, y sus Vanderas, y aguaradarán para sacarla, y embaynarla á que lo execute el Coronel, ó Comandante del Regimiento.

17. Desde el Sanctus se ha de poner toda la Tropa de rodillas, y también los Granaderos; y desde la elevación de la Hostia, hasta concluida la Comunion de ambas especies, han de tener rendidos los Fusiles, y los Alfereces las Vanderas.

18. Concluida la Misa, se mandará que el Tambor de Orden toque la Llamada, y (p. 434) luego los demás Tambores, que quedaran en el Batallon ejecutarán lo mismo, á cuya señal tanto los Oficiales, y Tropa, que quedaran con las Armas, como los que de una, y otra clase estuvieren en la Iglesia acudirán á sus puestos respectivos en los Batallones, y se pondrán en disposición de tomar las Armas de fuego.

19. Apenas se presente en su puesto el Coronel, ó Comandante, mandará el Sargento Mayor, ó Ayudante, que el Regimiento levante las Armas, y se mantendrá descansando sobre ellas, hasta que se avisten las Vanderas.

20. Estas, (que saldrán de la Iglesia conducidas por un Ayudante, acompañadas de todos los Tambores que llevarán las viejas, y escoltadas por el Destacamento de Granaderos, tocando la Tropa, con la Bayoneta armada) marcharán (según práctica) á colocarse en el centro de sus respectivos Batallones, que las recibirán con las Armas presentadas, y batiendo Marcha.

21. Luego que las Vanderas hayan tomado su lugar, y los Granaderos reincorporándose en sus Compañias, hará el Coronel, ó Comandante la siguiente exortacion (p. 435) en voz inteligible, y alta, precediendo un redoble largo, que sirva de señal para observar silencio.

22. Señores: Todos los Oficiales, y Soldados que tenemos la honra de estár alistados baxo de estas Reales Vanderas que Dios nuestro Señor se ha dignado bendecir para protegernos de todas nuestras adversidades, y auxiliarnos particularmente contra los Enemigos del Rey, y de su Real Corona, estamos obligados á conservarlas, y defenderlas, hasta perder nuestras vidas, porque se interesa el servicio de Dios, la gloria del Rey, el crédito del Regimiento, y nuestro propio honor: y en fé, y señal de que asi lo prometemos: Batallon, *preparen las armas. Apunten. Fuego.

23. Executada la descarga, mandará al Regimiento poner Armas al hombro, y que formado en Columna, se retire con la formalidad correspondiente á sus Quarteles.

24. Los regimientos de Cavalleria, y Dragones executarán, pie á tierra esta función, adaptando, á la bendición de sus Estandartes, lo prevenido para las Vanderas, con la diferencia que pida la distinción de su pie, y servicio.

NOTA

La exhortación inserta en el Art. 22 podrá leerla el Coronel, ó Comandante respecto de que no han de variarse sus palabras.”

------------------------- 

ANEXO DOCTRINARIO REFERENCIAL

Notas referidas a la temática contenidas en este Blog:

Juramento ¿a la bandera o a la Asamblea? Una cuestión resuelta https://banderasargentinas.blogspot.com/2026/06/juramento-la-bandera-o-la-asamblea.html

Precisiones documentadas sobre la Bandera Nacional Argentina https://banderasargentinas.blogspot.com/2022/02/precisiones-documentadas-sobre-la.html

El color de Nuestra Bandera (Carta abierta) Volver a mentir https://banderasargentinas.blogspot.com/2026/01/el-color-de-nuestra-bandera-carta.html

La creación de la Bandera nacional argentina. Puntualizaciones; errores; dudas y certezas http://banderasargentinas.blogspot.com/2017/01/la-creacion-de-la-bandera-nacional.html

Cuatro hipótesis sin respuesta sobre el diseño original de la Bandera nacional argentina (Parte I) http://banderasargentinas.blogspot.com/2016/02/cuatro-hipotesis-sin-respuesta-sobreel.html (Parte II y final) http://banderasargentinas.blogspot.com/2016/02/cuatro-hipotesis-sin-respuesta-sobreel_26.html

Las ocho banderas de Belgrano. Ideales hechos banderas http://banderasargentinas.blogspot.com/2020/06/las-8-banderas-de-belgrano.html

María Catalina. Las seis caras de la mujer que cosió la Bandera http://banderasargentinas.blogspot.com/2021/03/maria-catalina-realidad-y-fantasia.html

Nuestras banderas nacionales, precisiones necesarias http://banderasargentinas.blogspot.com/2021/07/nuestras-banderas-nacionales.html

Origen de la Bandera Argentina https://banderasargentinas.blogspot.com/2016/02/cuatro-hipotesis-sin-respuesta-sobreel.html y http://banderasargentinas.blogspot.com/2016/02/cuatro-hipotesis-sin-respuesta-sobreel_26.html

“Creación de la Bandera”, Catedral de Rosario. Una postal histórica en un notable vitral https://banderasargentinas.blogspot.com/2023/06/creacion-de-la-bandera-catedral-de.html

La Inmaculada Concepción y el juramento que prestó Belgrano https://banderasargentinas.blogspot.com/2023/12/la-inmaculada-concepcion-y-el-juramento.html

María Catalina, Victoriana, Josefa y la Bandera. Blancas ¿y oscuras? manos de mujer https://banderasargentinas.blogspot.com/2025/07/maria-catalina-victoriana-josefa-y-la.html

Una mujer y la Bandera Nacional de Argentina. Nomenclatura urbana y memoria comunitaria https://banderasargentinas.blogspot.com/2023/03/una-mujer-y-la-bandera-nacional-de.html

Bibliografía

ÁLVAREZ, Agustín. Historia de Rosario (1689-1939). UNR Editora – Municipalidad de Rosario. Rosario. 1998

BALMACEDA, Daniel. Belgrano, el gran patriota argentino. Sudamericana. Bs. Aires. 2019.

BELGRANO, Manuel. Diario de Marcha del Cnl. Belgrano a Rosario. Centro de Estudios Belgranianos de Rosario. 2da. edición. Rosario. 2025

BELGRANO, Mario. Historia de Belgrano. Espasa-Calpe. Bs. Aires. 1944

BRIENZA, Hernán. Éxodo jujeño. Aguilar. Bs. Aires. 2012

CANTER, Juan “El Año XIII, las Asambleas Generales y la revolución del 8 de octubre”, en Historia de la Nación Argentina. Academia Nacional de la Historia. Bs. Aires. 2ª. Ed. 1941. Tomo V, Segunda Sección. p. 466.

CARRASCO, Gabriel. Los colores de la Bandera Argentina, contribución para el estudio y la solución del problema. Imprenta de Juan Alsina. Bs. Aires. 1907, p. 3.

CARRILLO BASCARY, Miguel. “Blanco y cielo, la bandera de Sudamérica; nuestra Bandera”. En Belgrano. Elissalde, Roberto, compilador. Bolsa de Comercio de Rosario. Rosario. 2012, pp. 95-107.

CHIARPENELLO, Miguel y TOMASINI FREYRE, Jorge. “La creación militar de la primera Bandera Nacional. Comentario acerca de la declaración del Instituto Belgraniano de Rosario”, en Revista de Historia de Rosario. Nº51. Junta de Historia de Rosario. Rosario. 2020, pp. 104-134.

CORVALÁN MENDILAHARZU, Dardo. “Los símbolos patrios”. En Historia de la Nación Argentina. Academia Nacional de la Historia. 1942. Tomo VI, parte 1, pp. 243-347.

DE MARCO, Miguel. Belgrano, artífice de la Nación. Ed. Emece. Bs. Aires. 2012.

DE MARCO (h.), Miguel. La creación de la bandera, lo que debe saberse. Junta Provincial de Estudios Históricos de la Prov. de Santa Fe. Santa Fe. Conicet. http://www.bicentenario.santafe-conicet.gov.ar/descarga.php?id=1

       - La tradición mitrista en la identidad histórica de Rosario. Políticos, catedráticos e historiadores en la exaltación de la creación de la Bandera Nacional y la construcción del Monumento alusivo (1857-1962). CONICET. 2009. https://ri.conicet.gov.ar/bitstream/handle/11336/113254/CONICET_Digital_Nro.c78fe15d-423c-4431-916d-ba58e277b2bf_A.pdf?sequence=2

DIB, Matías. Ideario Belgraniano. Instituto Nacional Belgraniano y ots. Bs. Aires. 2019.

FERRO, Carlos. Historia de la Bandera Argentina. Ed. De Palma. 1991.

FITTE, Ernesto. La Bandera de la Independencia. Instituto “Emilio Ravignani”. Bs. Aires. 1967.

GIMÉNEZ, Ovidio. Vida, obra y época de Manuel Belgrano. Academia Argentina de Historia – Ed. Ciudad Argentina. Bs. Aires. 1999.

GRENNI, Lui. Belgrano. Los sueños de una revolución silenciada. Inst. Belgraniano de Jujuy. Jujuy. 2013.

MARFANY, Roberto. "Origen de la bandera argentina", en Boletín de la Academia Nacional de la Historia. Volumen 1981/1982. Nros. 44/45. Academia Nacional de la Historia. Bs. Aires , pp. 91-106).

MARTURET, Carlos M. Manuel Belgrano. Brigadier general de los ejércitos de la Patria. Ed. del autor. Bs. Aires. 2023.

                                - Manuel Belgrano y la creación de la Escarapela y Bandera Nacionales. La Revolución de Mayo adquiere forma simbólica. https://www.colegiomilitar.mil.ar/rediu/pdf/ReDiU_2255_art6-Manuel%20Belgrano%20y%20la%20creacion%20de%20la%20escarapela%20y%20bandera.pdf

MINUTOLO DE ORSI, Cristina. Manuel Belgrano, 1812. Instituto Nacional Belgraniano. Bs. Aires. 2016.

MITRE, Bartolomé. Historia de Belgrano y de la independencia argentina. Tomo II. Jackson. Bs. Aires. 1887.

Ordenanzas de Su Majestad para el régimen, disciplina y subordinación y servicio de sus ejércitos. Tomo III. Secretaría del Despacho Universal de la Guerra. Madrid. 1768.

PALOMBO, Guillermo y ESPINOZA, Valentín. Historia de la Bandera Argentina. Instituto Bonaerense de Numismática. Bs. Aires. 1999.

PIGNA, Felipe. Manuel Belgrano, el hombre del bicentenario. Planeta. 2016.

QUARTARUOLO, V. Mario. "Forma y destino de la primera bandera". en Revista Historia. Nº45. Bs. Aires. 1966, pp. 49-74.

ROSENKRANTZ, Eduardo. La Bandera de la Patria. Ed. Grito Sagrado. Bs. Aires. 1988.

TOMASINI FREYRE, Jorge. Creación, bendición y jura de la primera Bandera Nacional. Teoría y tradiciones rosarinas. Edición no tradicional. Rosario, sin data.


Notas y referencias:

[1] El croquis está basado en el que elaboró oportunamente el historiador Wladimir Mikielievich, intervenido por el autor de esta nota. El cuadro de Belgrano obra en el despacho del Intendente Municipal de Rosario, no consta su autoría fehaciente.

[2] Consultor en Vexilología y Ceremonial oficial. Miembro de número del Instituto Belgraniano de la República Argentina (Instituto Nacional Belgraniano). Fundador del Centro de Estudios Belgranianos de Rosario, del Instituto Belgraniano de Rosario y de la Junta de Historia de Rosario. Produce el blog: www.banderasargentinas.blogspot.com. Correo: mcarrillobascary@gmail.com

[3] Palabras de Poncio Pilatos, cuando los sacerdotes le pidieron que quitara el titulus, de la Cruz de Cristo, en el que rezaba “Jesús, nazareno, rey de los judíos”, como justificativo de su ejecución (Evangelio de San Juan, capítulo 19, versículo 22).

[4] Tal el texto de la proclama anexa al oficio que el prócer cursó al Gobierno con fecha 27 de febrero de 1812.

[5] Entre los que se cuentan los Dres. Jorge Tomasini Freyre y Miguel A. Chiarpenello. “La creación militar de la primera Bandera Nacional. Comentario acerca de la declaración del Instituto Belgraniano de Rosario”, en Revista de Historia de Rosario. Nº51. Junta de Historia de Rosario. Rosario. 2020, pp. 104-134. Donde los autores amplían los fundamentos de su posición y la de otros miembros del Instituto Belgraniano de Rosario que se concretó oportunamente en el dictamen emitido por la entidad, con la disidencia del autor quien la amplía en el presente ensayo.

[6] Los textos en cursiva son extractos de los documentos que se citan.

[7] Esta fecha resulta del excepcional documento conocido como “Diario de Marcha del Cnl. Belgrano a Rosario”, donde el prócer detalla su avance desde Bs. Aires, día por día, con lujo de detalles y que escribe de su puño y letra.

[8] Recordemos que la unidad había sido degradada a consecuencia del “Motín de las Trenzas”, que protagonizó en noviembre de 1811.

[9] En la ceremonia que se cumplió el 27 de febrero de 1812, se sumó un contingente del regimiento “Granaderos de Fernando VII” (conocidos informalmente como “de Terrada”, en recuerdo de su primer jefe), que se hallaban accidentalmente en Rosario, en tránsito fluvial hacia una posición río arriba.

[10] Todos ellos se conservan en el Archivo General de la Nación, División Nacional, Sección Gobierno, Bandera y escarapela, 1812 (X. 44-8-29).

[11] Dib, Matías. Ideario Belgraniano. Instituto Nacional Belgraniano y ots. Bs. Aires. 2019, p. 282. https://bnm.me.gov.ar/giga1/libros/ideario-belgrano-dib.pdf

[12] Dib, M. Ob. cit. p. 284.

[13] La más difundida es el retrato del coronel Francisco Ortiz de Ocampo que se preserva en el Museo Histórico Nacional.

[14] Puede ampliarse en Carrillo Bascary, Miguel. Historia y grandeza de la escarapela argentina https://banderasargentinas.blogspot.com/2019/05/historia-y-grandeza-de-la-escarapela.html

[15] Dib, M. Ob. cit. p. 284.

[16] Tan inminente que se trasuntó en los nombres que impuso a las baterías: “Libertad y “de la Independencia”.

[17] Dib, M. Ob. cit., p. 284.

[18] También en el AGN, División Nacional, Sec. Gobierno, Bandera y escarapela, 1812 (X. 44-8-29). Reproducido en Dib, M. Ob. cit., p. 286

[19] Carrillo Bascary, Miguel. “Blanco y cielo, la bandera de Sudamérica; nuestra Bandera”. En Belgrano. Elissalde, Roberto, compilador. Bolsa de Comercio de Rosario. Rosario. 2012, pp. 95-107. Donde se formula la “tesis de la representación de la bandera a partir de desplegar la escarapela”. Y en Precisiones documentadas sobre la Bandera Nacional Argentina https://banderasargentinas.blogspot.com/2022/02/precisiones-documentadas-sobre-la.html

[20] Sabemos que no fue así. Rivadavia fulminó lo actuado por Belgrano con respecto a la Bandera “blanca y celeste enarbolada” ya que en su entender exponía los afanes independentistas de la revolución lo que parecía contrario a la situación política internacional. Además, le mandó que izara la enseña que se empleada en la Fortaleza de Bs. Aires (Oficio de Rivadavia a Belgrano, del 3 de marzo de 1812)

[21] Marco Tulio Cicerón (106 a C.-43 a C.), cónsul de Roma, filósofo y político.

[22] En virtud del principio de retroversión de la soberanía al pueblo que se invocó para habilitar la deposición del virrey en el Cabildo abierto del 22 de mayo de 1810.

[23] Esto aclara que en la batería “Independencia” no había dotación el día 27 de febrero por la tarde, y que el prócer dio orden a una sección predeterminada, que estaba al mando de un capitán, para que luego del juramento, atravesara el río y fuera a posesionarse de la fortificación. A lo sumo, cabe admitir, que pudo haber una reducida guardia en el lugar. El envío de la dotación con posterioridad al juramento es irrebatible.

[24] Coincide en esto el académico de la Historia, Dr. Miguel de Marco (h.), rosarino, en La creación de la bandera, lo que debe saberse. Junta Provincial de Estudios Históricos de la Provincia de Santa Fe http://www.bicentenario.santafe-conicet.gov.ar/descarga.php?id=1 

[25] La Iglesia Católica no demanda que lo que se bendice esté al alcance del agua bendita. El sacerdote bien pudo asperger las instalaciones que lo rodeaban y, simbólicamente, hacer el gesto pertinente proyectando su bendición hacia las que estaban en la isla.

[26] Tomasini Freyre, J. y Chiarpenello, M. Ob. cit., pp. 118-119.

[27] Tomasini Freyre, J. y Chiarpenello, M. Ob. cit., p. 119.

[28] Tomasini Freyre, Jorge. Creación, bendición y jura de la primera Bandera Nacional. Teoría y tradiciones rosarinas. Edición no tradicional. Rosario, sin data.

[29] En el Tomo I, Tratado III, Título Noveno (pp. 414-416).

[30] Un “recluta” es un enlistado que debe realizar o completar su instrucción como tal, la que termina con el juramento a la bandera que corresponda, con lo cual se perfecciona su status de militar.

[31] Se usa el plural ya que, además de la bandera coronela, se presentaban las que caracterizaban a las subunidades.

[32] Se trata de un gesto de protección señalando que el Rey, representado en la bandera, velaría por su soldado.

[33] Dib, M. Ob. cit. p. 214.

[34] En el Tomo I, Tratado III, Título Décimo, de las Ordenanzas, pp. 436. Corresponde advertir sobre el uso del término “estandartes”, estos vexilos son los empleados por las unidades de caballería en reemplazo de una bandera, ya que son de menores dimensiones, lo que facilita su transporte cuando el abanderado monta.

[35] Se verá que en la actualidad esta fórmula se descompone y la referencia al “servir a la Patria” es la respuesta al paradigma de “Subordinación y valor” con que los jefes reclaman a su tropa.

[36] Dib, M. Ob. cit. pp. 288-289.

[37] Imagen basada en la obra de Luis de Servi, ca. 1910.

No hay comentarios:

Publicar un comentario