miércoles, 29 de septiembre de 2021

A 80 años de la coronación de Ntra. Sra. del Rosario

Una experiencia religiosa con dimensión histórica

 
La imagen coronada de Nuestra Señora rumbo a la Catedral

Por Miguel Carrillo Bascary 

El 5 de octubre de 1941, tuvo lugar en la ciudad la solemne coronación de la imagen histórica de Nuestra Señora del Rosario, que se veneraba desde 1773 cuando llegó especialmente encargada a Cádiz por los vecinos que se suscribieron a tal efecto. 

Este tipo de coronaciones es una práctica tradicional de la Iglesia, por la que el Sumo Pontífice señala particularmente una imagen mariana a la devoción de los fieles. La ceremonia venía siendo preparada desde un año antes, cuando el entonces Obispo de Rosario. Mons. Antonio Caggiano convocó a participar del acontecimiento. 

Se formaron numerosas comisiones y subcomisiones encargadas de los más diversos aspectos: Liturgia, invitaciones, transporte, alojamiento para el clero visitante y fieles llegados desde diversos puntos del país, hacienda, procesiones y concentraciones populares, actos públicos, música sacra, prensa, recepción de las alhajas para formar la corona, salubridad y otras. 

Programa del día de la coronación

Desde meses antes se cumplió una amplia secuencia de jornadas, novenas, conferencias y otros eventos destinados a facilitar que los fieles comprendieran la naturaleza religiosa del acto y conocieran la historia de la advocación proyectada en la vida de la comunidad de Rosario. También se concretó una gran colecta en favor de los necesitados. Respondiendo al pedido del obispo y de los organizadores, el empresariado rosarino contrató numerosos desempleados y el presidente de la Nación habilitó la construcción de la Escuela Normal Nº3. Las parroquias de toda la diócesis, cofradías, congregaciones radicadas en este ámbito, escuelas, colegios católicos y movimientos laicales se movilizaron con notable intensidad. 

Comenzando el 1º de octubre se preparó un nutridísimo programa cuyas actividades se repartieron entre la Catedral y el altar levantado ex profeso, en la plazoleta comprendida por las calles Rioja, 1º de Mayo, Córdoba y la avenida Belgrano, que por este motivo hoy se conoce como “Plaza de la Coronación”. 

 Planta del dispositivo

Toma aérea de la hoy "Plaza de la Coronación", 
adviértase la casi total falta de arbolado

Esquema del altar

Este altar monumental se ornamentó con un gran Rosario labrado en madera que hoy se preserva en el interior de la Catedral. Los espacios verdes se cubrieron con tarimas. 

El Rosario monumental, emplazamiento original y actual

También hubo concentraciones específicas para los niños, estudiantes y misas de comunión. Asimismo, fue sorprendente la movilización de los hombres y jóvenes, en una procesión nocturna que recorrió el centro de la ciudad desde plaza “San Martín” hasta la Iglesia Catedral. Cabe aclarar que por entonces la participación de los hombres era muy minoritaria en las manifestaciones públicas de naturaleza religiosa, una situación motivada por los perjuicios sociales que tendían a identificar a las prácticas piadosas como “cosa de mujeres”. 

La procesión de hombres en Córdoba y Corrientes

La ceremonia central tuvo lugar en la tarde del domingo 5 de octubre. En aquel atardecer se dotó a las imágenes de Nuestra Señora y del Divino Niño con nuevas coronas diseñadas por el Arq. José Micheletti. Fue elaborada en la joyería de Carlos M. Perret por los artesanos: Ernesto Dücher, Emilio Alcántara, Víctor Occilupo, Carlos Candia, Victorio Fassano, Miguel Caballero, Carlos Bürkle, Frida M. de Bürkle, Alberto Astrada y Silverio Pérez. Se les sumó una aureola, como forma de resaltar la pequeña imagen, que es de poco menos de un metro de alto. Para esto se contó con las donaciones de metales preciosos y joyas que entregaron unas 850 señoras de la sociedad. 

 Diagrama de la corona, el aura y el nuevo pedestal

Ante una crecida multitud calculada en 200.000 personas se  concretó la imposición de la corona, que culminó con la solemne bendición con el Santísimo Sacramento. 

En el trayecto hasta el altar los procesionantes entonaron la primera parte de un himno especialmente preparado para la ocasión y luego de la ceremonia se llevó a la imagen hasta la Catedral, mientras se cantaba la segunda parte de la composición. Hoy la feligresía la corea en las festividades marianas. 

Por la noche, el Gobierno de la Provincia homenajeó a los visitantes con un concierto en el Teatro “El Círculo”, que brindó la Orquesta Estable del Teatro “Colón”. 

En forma complementaria se preparó una “Exposición de Arte Religioso Retrospectivo” en el Museo Histórico Provincial, primera en su tipo en la ciudad, que puso de relieve las raíces indígenas e hispánicas de esta vertiente del intelecto. Ahí se mostraron centenares de piezas de notable factura, muchas de ellas de antigua data, la mayor parte existentes en manos privadas. 

 El director del Museo, Dr. Julio Mar recibe a los prelados, al inaugurarse 
la Exposición, a su derecha Mons. Caggiano, 
en el centro el Nuncio Apostólico

Otro aspecto señalado fue la restitución a la ciudad de la histórica bandera que perteneció al Batallón “1º de Santa Fe”, que estuvo formado mayormente por rosarinos, quienes combatieron con gran bizarría en la Guerra de la Triple Alianza. Precisamente, el 22 de septiembre de 1866, al subteniente Mariano Grandoli fue muerto en el frente de batalla cuando hacía ondear el paño para animar el asalto a la fortaleza de Curupaytí. La pieza había tenido una azarosa trayectoria. Hoy se encuentra en el Museo Histórico Provincial de Rosario. Sobre esta historia prepararé una nota específica en un futuro próximo. 

El cardenal Copello bendice la histórica enseña, tinta con la sangre 
del heroico abanderado Grandoli

Para documentar lo actuado la Comisión organizadora hizo imprimir una completa crónica, de 226 páginas, cuya portada se muestra.

 El libro de la Coronación

 En definitiva 

La coronación fue un acontecimiento que quedó marcado a fuego en la memoria de la ciudad, no solo los fieles católicos participaron en ella. En el acto central estuvieron presentes el entonces presidente de la Nación, Ramón Castillo, el Nuncio Apostólico (delegado papal), el cardenal primado de la Argentina, el gobernador de la provincia, el intendente municipal, 17 obispos y arzobispos, otras autoridades y personalidades del ámbito civil.

lunes, 27 de septiembre de 2021

Crónicas del Monumento a la Bandera/ 5: Guido y sus cóndores crípticos

El ave continental en la semiótica del Arquitecto Guido

Andel Guido y sus cóndores

Por Miguel Carrillo Bascary 

El arquitecto Ángel Guido (Rosario, 1896 – Bs. Aires, 1960), quien concibió el Monumento Nacional a la Bandera erigido en Rosario, se distinguió de entre los profesionales de su generación en una forma tal que no resulta posible resumirla en este brevísimo espacio. Podrá abundarse sobre su vida y obra en numerosas fuentes al alcance de los interesados. 

Hoy centraré el análisis en el símbolo heráldico con que manifiesta la unidad soberana de las naciones del continente. Un aspecto pasado por alto por quienes han descripto la “Galería de Honor de las Banderas de América” (1), donde se emplaza. 

Guido, un profeta de la síntesis 

Para circunstanciar este comentario basta señalar que Guido fue uno de los más destacados exponentes del movimiento que a comienzos del siglo XX intentó rescatar el aporte cultural de España a la realizad de Latinoamérica, lo que evidenció en el campo de las Artes. Guido se reconocía como discípulo ideológico del historiador y literato Ricardo Rojas (Tucumán, 1882 – Bs. Aires, 1957), quien expuso su pensamiento en la materia en la que podemos considerar su obra paradigmática, "Eurindia" (1924).

Ricardo Rojas y la portada de su célebre obra 

En esta misma línea, a lo largo de su vida Guido abogó por alcanzar una síntesis entre el sustrato cultural aborigen americano y el aporte hispano. Volcó su pensamiento en cuatro esculturas que forman la serie de “Las Américas”, emplazadas en el Propileo del Monumento a la Bandera , ciudad de Rosario.


"Américas" en el Propileo del Monumento a la Bandera (1957)

También en el artístico cofre que contiene el libro de visitantes ilustres al Monumento, que obra en la “Galería de las Banderas” (que trataré en otro momento), en la escenografía que esbozó Guido para el drama teatral "Ollantay" (1939), escrito por Rojas y, por caso, en sus numerosas obras, de las que cito algunas:


1925 - Fusión hispano-indígena en la Arquitectura Colonial

1930 - Eurindia en el Arte Hispanoamericano

1933 - El Arte hispanoamericano

1940 - Redescubrimiento de América en el Arte

1942 - Estimativa moderna de la Pintura Colonial

1950 - Catálogo Exposición de Arte Religioso Retrospectivo

1950 - Latindia, renacimiento latino en América

1956 - La arquitectura mestiza en las riberas del Titicaca

1957 - Galería de Honor de las Banderas de América

Escenografía para el Acto I de "Ollantay"

 Escenografía para el Acto II 

Rasgos de su esencia 

Guido elaboró su impronta personal con que muchos arquitectos referencian sus construcciones, tomando como base una figura astral que tanto puede interpretarse como un Sol, elemento que predomina en las culturas andinas, o también, como la llamada “estrella tartésica”, que a su vez remite a una de las civilizaciones prehispánicas más antiguas, si se recuerda que Tartessos floreció en la Península Ibérica, en la cuenca del Guadalquivir y sobre la costa del Atlántico. Una dualidad coincidente.

  Detalle de la Torre en el Monumento a la Bandera (Rosario)
 

Se interprete como se interprete, el emblema que adoptó Guido justifica un estudio particular que tengo en curso y que eventualmente verá la luz en este Blog. 

El otro de los símbolos recurrentes en la trayectoria profesional de Guido es el cóndor. El vultur gryphus, tal su nombre latinizado en las taxonomías biológicas, kuntur en lengua quechua, ave mítica que corporiza la libertad y la majestuosidad implicada en sus interminables planeos sobre los picos andinos. Esta ave sobrevuela muchas de las producciones de Guido, desde una altura en que a veces se manifiesta y en otras, donde solo puede adivinarse en los contextos (2). 

El genial arquitecto deposita en el ave dos valores: la libertad y la soberanía de las naciones de América. 

De águilas y cóndores 

Como un ejercicio plástico y conceptual Guido concibió el emblema de “su” cóndor como un ave mayestática, adjetivado por diversos atributos a los que me referiré.

Guido lo presenta siguiendo los cánones con que la Heráldica adopta para las águilas, directos “parientes” del cóndor andino. En este breve ensayo utilizaré la terminología específica de esa disciplina, por ser lo técnicamente adecuado. 

En Semiótica el águila es el ave que predomina en la cultura europea y aún en la asiática, hasta el punto que se la reconoce como la “reina de las aves”.

En la Mitología romana el águila era el animal de Júpiter, en ella se visibilizaba al dios y al poder que emanaba de él; por esto fue el emblema de las legiones de Roma desde los tiempos de la república.


Aquila legionaria, reconstrucción moderna

Como símbolo militar se difundió a partir de mandato del cónsul Cayo Mario (157-86 a. C.), se la solía representa con los rayos jupiterianos entre sus garras. En su variante bicéfala identifico al Imperio Bizantino, más tarde a Rusia y varias dinastías eslavas. También a los pueblos germánicos, a partir de Carlomagno. Numerosos linajes europeos la incorporaron a sus blasones, Polonia, por ejemplo, y no olvidar que fue el animal totémico que eligió Napoleón, que la incorporó como tope de las astas de banderas de ceremonia de Francia, lo que copió Estados Unidos. 


Un águila napoleónica y otra de uso en Estados Unidos

Las referencias con que la Heráldica alude al águila, casi en su totalidad, se aplican al cóndor, ave sudamericana por excelencia, señor de las alturas, dominador de los Andes, su hábitat natural. 

El cóndor de Guido se describe en Heráldica como aplastado, explanado o pasmado, ya que carece de todo relieve, excepto tres órdenes de plumas que muestran solo sus perímetros. La figura presenta sus alas abiertas, pero plegadas en su medio, en posición de levantar vuelo, en forma explanada o pasmada (sin relieve), con la cabeza erguida, girada y el pico cerrado, al par que sus patas engarradas anteceden a la cola (timón).

En dos de las producciones del arquitecto se observan sus patas engarradas que anteceden a la cola (timón) y se presentan en tensión, semiabiertas, en aproximadamente en 30 grados con respecto al eje de simetría, insinuando que esto ha roto las cadenas que las sujetaban, mientras que las plumas de la cola se desparraman en abanico. En otras figuras garras y patas quedan ocultas por algunas cintas, como se explicará más adelante. En Heráldica, queda supuesto, salvo indicación en contrario, que el esmalte (color) del ave es el sable (negro). En los tres que coloreó Guido resaltan el pico, el ojo, el collar y el perfil de las alas, que van en plata. 

Los cuatro cóndores de Guido 

El artista nos muestra “su cóndor mítico” en cuatro versiones:


A) La primera, en la portada de uno de sus libros, “Latindia” (1950)


Portada de la obra

 B) La segunda, se corresponde con las dos composiciones idénticas instaladas como ornamento alegórico de la unidad continental en cada uno de los brazos de la “Galería de Honor de las Banderas de América”, bajo el Propileo (3).


El cóndor, "Galería de las Banderas de América"

 

C) Una tercera, en la portada y en el interior de otro libro de Guido, "Monumento Nacional a la Bandera - Galería de Honor de las Banderas de América" que se editó en papel ilustración, en junio de 1957, cuando se inauguró el memorial.


Portada del libro

D) Finalmente, una cuarta, también en la portada y en el interior, de la misma obra, pero en la edición impresa en rústica.


Portada de la publicación 

Entre ellas hay sutiles diferencias a las que me referiré en detalle pues cada una lo merece, como lectores sabrán apreciar las cambiantes perspectivas. 

Versión “A” - En la primera imagen las garras del animal, quedan ocultas por cintas que llevan los colores propios de las tres vertientes o herencia culturales que definen el título de la publicación: Italia y Francia, a derecha ya la izquierda; España, en la del centro (en que las tres franjas son de igual ancho), y el celeste y blanco representativo de la Nación argentina, que también compone un pasador, que cierra el trio. En el pecho el ave carga un lucero de ocho puntas, con rayos alternados, en donde predominan los mayores.

 

Versión “B” - En la segunda, el cuerpo del cóndor está flanqueado por una cartela pronunciadamente cóncava, de plata, con letras de oro, donde puede leerse respectivamente: “OCÉANO PACÍFICO” y “OCÉANO ATLÁNTICO”. En forma convexa lucen dos cintas formadas por las banderas de las naciones soberanas que por entonces conformaban América. En la cinta derecha, obran las banderas de: Bolivia, Brasil, Colombia, Costa Rica, Cuba y Chile; en su brazo izquierdo: las de Ecuador, Estados Unidos, El Salvador, Haití, Honduras y México. En la segunda cinta y en la misma forma se encuentran las de: Nicaragua, Panamá, Paraguay y Perú. Completan la secuencia las enseñas de: Rep. Dominicana, Uruguay y Venezuela. Las tres quedan reunidas por un pasador con los colores argentinos, en vertical. Hay acá una licencia pictórica que constituye otro de los misterios del Monumento, una bandera trifranja azul, blanca y azul, que no se corresponde con nación alguna, entiendo que su inclusión fue un arbitrio para mantener la correspondencia numérica, se apeló a dicha forma entendiendo que el observador poco atento la confundiría con las insignias de los estados centroamericanos que se le parecen. Otra licencia radica en el subido azul de algunos detalles de las banderas. El lucero que carga el ave en su pecho es de oro. No se observan las garras.


Versión “C” - En cuanto a la tercera variante de la figura, pareciera ser la más rica en cuanto a expresión simbólica. Han desaparecido las referencias oceánicas y en lugar de las cartelas que las contenía aparece una primera cinta compuesta por las banderas señaladas en la versión “B. La tercera cinta lleva los colores argentinos, al igual que el pasador que reúne a las tres blondas. Esta vez se advierten las garras, que se cierran sobre las cintas, sosteniéndolas y con sus cañas engrilladas rompe una cadena de sable de siete eslabones, roto el central, con lo que evidencia la libertad alcanzada por las naciones representadas. En un segundo plano se advierten tres plumas de la cola. El lucero pectoral es de plata. 

Versión “D” - La cuarta y última representación es monocroma, de fondo ocre con la figura recortada en plata (blanco). El cóndor es casi idéntico al modelo “C”, con algunos caracteres diferenciadores. A cada lado del cuerpo hay dos cartelas, que llevan por leyendas: “OCÉANO PACÍFICO” y “OCÉANO ATLÁNTICO”. Las garras se observan netamente, sujetadas por grillos, unidos entre sí por una cadena de cinco eslabones, donde el central está roto, evidenciando la libertad adquirida por los pueblos del continente. En el pecho el lucero de oro tiene de ocho rayos alternando, largos y cortos. Por sobre la cabeza del ave, luce la leyenda “AMÉRICA”, en letras flotantes, enceradas por dos luceros de ocho rayos idénticos, en forma de estrella tartésica. 

Referencia generales 

Podemos encontrar varias: 

1.- América cóndorforme. A partir del contexto expresado en el Monumento a la Bandera, el cóndor es una neta representación del continente americano, encuadrado por ambos océanos y muestra las banderas de sus estados soberanos, aunque con un predominio de los colores argentinos, lo que podría justificarse por el privilegio de la localía. 

2.- Dos aves míticas. Desde la Heráldica, Guido planteó un paralelismo entre el cóndor andino y el “Águila Española”, también llamada “de San Juan Evangelista” que se caracteriza por llevar un halo o aura (3). Es una nueva apelación a la síntesis simbólica entre las herencias culturales de Europa y América.

 
Bandera de España, 1945 / 1977

3.- La estrella de ocho ángulos. En la variante “D” del cóndor de Guido se advierten dos estrellas de ocho puntas, que es la representación común de la figura en la antigua Heráldica española. Su diseño implica la superposición simétrica de dos cuadrados, concéntricos, uno en losange (girado), con lo que determina las ocho direcciones principales de la rosa de los vientos, elemento imprescindible para los navegantes y por ende para Colón, expresión del encuentro de dos mundos ocurrido en 1492. La equivalencia de los ángulos que determinan los lados de ambos cuadrados alude al equilibrio cósmico, al intercambio perfecto. A la figura también se la denomina “estrella tartésica” o “gadeiro” (4) como se explicó, fue muy usada en el arte mudéjar, por lo que también remite al aporte cultural arábigo, propio de la herencia española. Como vemos este particular tipo de estrella que Guido tomó como su impronta y plasmó en diversos sectores del Monumento, constituye una nueva referencia a la síntesis cultural que proclama Guido.

4.- El lucero. Guido emplea en su alegoría una estrella solitaria con cuatro brazos alargados y otros tantos más cortos y la planta en el pecho de sus cóndores. Ocupa la posición del corazón, con todo lo que esto implica. En Heráldica se identifica este diseño con el Lucero (la estrella del alba y del anochecer, o sea el planeta Venus), el objeto más luminoso en el cielo nocturno y por ende punto de atracción indudable entre observadores distantes entre sí. "Waraq koyllur" se la menciona en lengua quechua.  Guido toma esta figura para plantar sobre el pecho del cóndor. Convencionalmente las estrellas se representan en plata, que es la forma con que Guido lo hace en las versiones “A” y “C” de sus cóndores, mientras que en los modelos “B” y “D”, son de oro (amarillo); nada explica esta dicotomía. Agrego al respecto que uno de los atributos que la Heráldica asigna a las estrellas y, particularmente, al Lucero es el de la eternidad y, a su vez constituye punto guía para los navegantes, ubicada en el pecho del ave podría interpretarse que Guido planteó el Lucero como señal de que las naciones de América reconocen el profundo significado cultural del cóndor como guía de su transcurso en la Historia planetaria. Asevera esta entelequia que las culturas de Europa occidental identifican a Venus con la advocación mariana de Stella Maris, guía de los marinos. 

El simbolismo usual de la estrella remite al espíritu y a lo eterno. Por estar representada en forma destacada sobre el cóndor es admisible que indique su divinización, lo que se corresponde con el carácter que los pueblos andinos daban al ave. 

Todo esto contribuye a señalar que el cóndor marcado por el lucero es un elemento de síntesis entre Europa y América, justamente la concepción inspiradora del pensamiento Guido. La correspondencia queda encubierta por la referencia del ave con lo andino, pero si se ahonda en la entelequia de sus elementos, el propósito de Guido queda de manifiesto. Este ser y no ser es otro elemento críptico contenido en el Monumento a la Bandera. 

5.- Las cintas formadas por banderas, constituyen un claro mensaje de igualdad en la diversidad, pero también implica la unidad, manifestada bajo la aparente inocencia de un ornamento. Guido apeló a una figura dinámica, como es la cinta, no a un esquema rígido. La única rigidez que se observa en este elemento es el ordenamiento alfabético de las naciones, un principio protocolar de carácter universal. En la variante “A” se suman las citas representativas de España, la nación más cercana a los estados americanos, pero también los colores de Francia y de Italia, precisamente porque la alegoría busca plasmar a Eurindia. En las variantes “B” y “D” Guido prefirió emplear el elemento como forma de señalar la posición geográfica de América, mientras que en la variante “C” subrayó el protagonismo de las naciones libres del continente, lo que se justifica en el contexto con que el ave esta emplaza, en la “Galería de Honor de las Banderas de América”. 

6.- Los grillos y las cadenas. En las variantes “C” y “D” las garras rompen las cadenas que retenían al cóndor impidiéndole emprender el vuelo. La explicación es por demás clara. Los atributos aluden al sometimiento de los pueblos de América que alcanzan la libertad rompiendo el vínculo de vasallaje. También se justifica esta representación en el contexto de las variantes donde encontramos esta representación, la “Galería de honor de las Banderas de América”, donde Guido quiso representar el ideal americanista con los símbolos de los estados libres del continente. En esta composición Guido trasciende su afán de mostrar la síntesis entre las culturas europeas y americanas y opta por resaltar los vínculos simbólicos entre los estos soberanos hermanados en su pertenencia continental y en el común ideal de libertad para alcanzar el vuelo de sus respectivos desarrollos. Esto nos señala que las variantes “C” y “D”, que son imágenes simbólicas más precisamente centradas en la continentalidad. 

Concluyendo:


- Los cóndores de Guido son mucho más que elementos ornamentales, entiendo que constituyen una verdadera secuencia de ejercicios con que explora una forma se expresar la síntesis entre las culturas de Europa y América.

 

- Aunque se presenten como elementos menores en la rica simbología relacionada con el Monumento Nacional a la Bandera, los cóndores de Guido son portadores de un complejo mensaje críptico, como queda explicado.

 

-  En  contraposición a la aparente ingenuidad del diseño expresan un lenguaje simbólico muy rico, que no ha sido objeto de atención y que, por lo tanto me interesó destacar para conocimiento general. 

Notas

1.- Ni siquiera menciona al cóndor de Guido el opúsculo de Carlos de Sanctis, El Monumento de “La Patria a su Bandera en el Rosario” (1957), considerado la explicación canónica del simbolismo del memorial.

2.- “Nido del cóndor”, llama Guido al picacho de la Torre del Monumento a la Bandera.

3.- Fueron elaboradas en madera pintada por el maquetista habitual de Guido, Rubén Chamorro, como lo testimonia una plaqueta. Están aplicadas sobre paño rojo y enmarcadas con varillas doradas. Lucían originalmente en cada brazo de la “Galería de Honor”, a manera de cierre ornamental de las sucesivas vitrinas que contienen las enseñas de los estados americanos. Sin embargo, desde hace unos 12 años la alegoría ubicada al terminar el recorrido quedó oculta tras una vitrina donde se exhiben los recuerdos que se venden a quienes visitan el lugar. Un fragmento de la “Carta de Jamaica” (1815), grabado en una plaqueta de bronce al pie del cóndor, expresa el ideal bolivariano de la unidad continental.

4.- El águila fue desde de antiguo el atributo personal del Cuarto Evangelista, lo que justifica el halo, símbolo de santidad; aunque en algunas representaciones heráldicas también se la encuentra sin él. Corresponde referenciar que fue el ave que adoptó Isabel, la Católica, desde 1468, y que revalidó en la alianza matrimonial con Fernando de Aragón al tiempo de su coronación, ocurrida en 1474. Más adelante Carlos I de España y V de Alemania sustituyó el águila isabelina por su variante, la imperial, derivada de la descendencia romano-germánica del monarca, como sucesor de Carlomagno quien la tomó como emblema dinástico. Durante la tiranía de Franco la rapaz aureolada fue restablecida entre los símbolos de España, con la adición de las flechas y el yugo, asidos en sus garras, atributos que había retomado la Falange.

5.- A la estrella tartésica se la llama también gadeiro o “estrella de Gadeira” aludiendo a la denominación que Platón usó en su relato de la “Atlántida” para designar a los habitantes de Gades (región que correspondería a la actual Cádiz), justamente el área en donde se desarrolló la civilización de Tartessos. Además, está difundida en el arte árabe, en donde se la designa como “estrella de Abedharram”, primer califa del Al-Ándalus, desde donde irradió en manifestaciones artísticas de esta vertiente cultural en toda la cuenca mediterránea, como se ve particularmente en la Alhambra. Precisamente por esta causa es símbolo del nacionalismo de Andalucía. Esta particular estrella, encerrada en un círculo, se usa como marca gráfica del fin de los capítulos del Corán, representaría al paraíso rodeado por ocho montañas. Incluso puede hallársela en la cultura hindú. La simpleza de la figura favoreció su aparición en culturas muy distintas, como queda expresado. 

domingo, 19 de septiembre de 2021

Banderas de circunstancias y sus enseñanzas

Los casos de Moscú, Barcelona y Lillehammer


Por Miguel Carrillo Bascary

I.- Moscú (1980), las banderas "neutrales" 

En ese año de Juegos Olímpicos los conflictos internacionales pudieron más que los ideales enunciados por Pierre de Cuvertin. La Unión Soviética había invadido Afganistán, en el mes de diciembre de 1979, en contravención con los principios vigentes en el Derecho Internacional y la secuela de violencia inevitable en toda guerra. Por paradoja correspondía que los J.J.O.O. se disputaran en Moscú. Estados Unidos, presidido entonces por Jimmy Carter, dispuso boicotear la celebración y, como protesta, prohibió la participación de sus atletas.

Sesenta y cinco estados adhirieron a la medida: Albania, Alemania, R.F., Antigua y Barbuda, Antillas Neerlandesas, Arabia Saudita, Argentina, Bahamas, Bangladés, Barbados, Bahréin, Belice, Bermudas, Bolivia, Canadá, Chad, Chile, China,  Corea del Sur, Costa de Marfil, Egipto, El Salvador, Emiratos Árabes Unidos, Estados Unidos, Filipinas, Fidji, Gabón, Gambia, Ghana, Haití, Honduras, Hong Kong, Indonesia, Irán, Islas Caimán, Islas Vírgenes de Estados Unidos, Israel, Japón, Kenia, Liechtenstein, Malasia, Malawi, Marruecos, Mauricio, Mauritania, Mónaco, Níger, Noruega, Pakistán, Panamá, Papúa-Nueva Guinea, Paraguay, República Centroafricana, Singapur, Somalia, Suazilandia, Sudán, Surinam, Qatar, Tailandia, Táipei, Togo, Túnez, Turquía, Uruguay y Zaire. Liberia retiró su delegación luego de la ceremonia inaugural. 

Por su parte los comités olímpicos de varios países dispusieron que sus representativos se identificaran con el pabellón de los cinco anillos, para señalar que el espíritu de los Juegos no debía mancillarse con las disputas políticas, aunque este gesto no pudo ocultar que era una sutil forma de adherir a la condena contra la U.R.S.S. Este fue el caso de: Andorra, Australia, Bélgica, Dinamarca, Francia, Inglaterra, Irlanda, Italia, Japón, Luxemburgo, Países Bajos, Puerto Rico, Suiza y San Marino.

Otros comités olímpicos occidentales autorizaron la participación de sus atletas, pero en la tradicional ceremonia inaugural no presentaron sus banderas, sino que desfilaron con otras, concebidas ex –profeso, como tácita adhesión al repudio por la ocupación soviética.


La exigua delegación oceánica, en Moscú - 1980

Nueva Zelanda adhirió formalmente al boicot, decisión que acató su “Comité Olímpico”, sin embargo, un grupo de atletas consideraron tomar parte. Como no contaron con autorización para usar la bandera olímpica, se presentaron bajo una nueva divisa, que sumaba al tradicional color negro propio de los representativos neozelandeses la hoja de helecho plateado (silver fern) y los anillos olímpicos, en una composición monocroma que se había diseñado poco antes con propósito de marketing. La participación fue mínima, solo un penltlatonista y tres canotistas, ninguno obtuvo medalla.

 

Los atletas de Portugal concurrieron amparados por una curiosa bandera que llevaba los colores olímpicos con la adición el escusón que campea en el escudo nacional, cuyo simbolismo remite a los cinco reyes musulmanes que el rey Alfonso Enríquez derrotó en la batalla de Ourique (1139), en celeste. Once atletas formaron la delegación, compitieron en Atletismo, Box, Gimnasia, Halterofilia, Judo y Natación, sin que pudieran conseguir medallas.    


En cuanto a España, los registros que he consultado difieren. Algunos consignan que los 156 atletas peninsulares se identificaron con la bandera olímpica, otros que lo hicieron bajo la enseña del Comité Olímpico Español. Compartieron en 16 especialidades y obtuvieron una medalla de oro (vela), tres de plata y una de bronce. Se agradecerá toda referencia que esclarezca la cuestión. Correcciones: ver Adenda, por favor.

II. Barcelona, 1992. La bandera del diamante

Desfile inaugural en Barcelona, 1992 

Una compleja situación ocurrió en ocasión de los Juegos a realizarse en esta ciudad. El gobierno de Sudáfrica se encaminaba a un cambio drástico en que se eliminaba el apartheid y se concedía ciudadanía a los habitantes no blancos, que en 1994 darían lugar a una nueva era política, con la elección de Nelson Mandela. Desde 1960, la nación estaba marginada del movimiento olímpico a consecuencia de su política de segregación racial. Identificar a la delegación con la todavía vigente bandera adoptada en 1928 que había aclarado sus colores en 1982.

 República Sudafricana, 1982 - 1994 

Todavía estaba lejana la adopción de la nueva enseña, que ocurrió en 1994. En la delegación participaron 96 deportistas que debía competir en 19 deportes. Demostrando el cambio de paradigma, el portador de la bandera fue el maratonista Jan Tau. Sudáfrica obtuvo solo dos medallas de plata, en Atletismo (10.000 m femenino) y tenis (doble masculino).

 Delegación sudafricana en Barcelona 1992

Sudáfrica usó en Barcelona una “bandera provisional o interina” de paño blanco, clásico del olimpismo, que carga los clásicos anillos sobre un perfil representativo de un diamante grisado tallado, aludiendo a la minería, principal riqueza del país, y tres “destellos” en azul (la lluvia y el mar), el rojo (la tierra) y el verde (la agricultura). El diseño original que preparó una consultora local  incorporaba la leyenda "SUDÁFRICA" escrito en gris, debajo del emblema, pero en la versión definitiva se anuló. 

La adopción fe controversial. Su diseño va a contramano de las pautas que define la Vexilología ya que su simbolismo no es  claro y, además, anfractuoso, tampoco incorporaba algún elemento tradicional, como sí pudo ser la gacela (springok) que se usaba como representativo del país en el rugby, al parecer el dominio que los blancos tenían en este deporte fue la razón de su no consideración.

            

Springbok al natural y la estilización empleada en el rugby

III. Lillehammer, Noruega (1994)


Imagen de Dean Thomas/ FOTW

En los Juegos de Invierno celebrados en la oportunidad, los dos atletas sudafricanos que compitieron se identificaron con otra bandera ad-oc, autorizada por la "Confederación Deportiva Sudafricana y Comité Olímpico" (South African Sports Confederation and Olympic Committee, SASCOC), donde se mantiene el blanco como fondo, cargando un escudete integrado por el nombre del país, en jefe, los anillos olímpicos y dos gajos de laureles, en cuyo diseño predomina el verde. Solo compitieron dos sudafricanos que no alcanzaron medalla alguna.

Sin embargo el logo de SASCOC adoptado en 1991, que incorpora la flor nacional, el protea rey (protea cynaroides), cuando se lo usa como bandera adopta la forma siguiente:

Imagen de Bruce Berry/FOTW 

Enseñanzas

Más allá de la recopilación informada cada uno de los casos tratados dejan enseñanzas que corresponde capitalizar tanto desde la Vexilología como del Ceremonial.

  • El de Moscú manifiesta varios criterios para encubrir una posición política y, al mismo tiempo, cómo es factible soslayar el protocolo de banderas aún en una realidad donde la tradición es tan fuerte como la que ejemplifican los Juegos Olímpicos.
  • El Sudáfrica en Barcelona, expone que ninguna empresa consultora de diseño puede reemplazar a un vexilólogo. El emblema acuñado, además de prescindir de la tradición cultural local, constituye una producción fría, que se asimila a un logo o marca de fábrica. Desafortunado intento.
  • En cuanto el de  Lillehammer y a la eventual enseña usada en Barcelona por el C. O. de España, señalan la necesidad de que toda entidad, además de contar con un logo o isotipo que la identifique debería prever la necesidad contar con una bandera, en tanto los vexilos tienen amplio uso en el mundo del deporte, aunque lo propio puede decirse respecto de entidades que se desenvuelvan en otra actividad. Son numerosísimos los casos en que los logos se aplican sin más sobre paños de colores enteros, sin reparar en su despropósito con respecto a los cánones de la Vexilología.

ADENDA

Corresponde agradecer a varios amigos del grupo Vexilología-Vexillology, Luis Mi Arias y Francisco Manuel García,  que respondieron al interrogante planteado respecto de la bandera con la que desfiló la delegación de España, que en definitiva fue la insignia del Comité Olímpico de ese país, como lo certifica la foto que sigue:


Luis Mi precisa que el emblema del C.O. Español lleva un reborde y acompaña la imagen del caso, como se verá con esta adición el logo gana en definición y presencia:

Además, Luis Mi Arias y José Ramón Mariscal Zhuckov, observan que algunos de los países boicoteadores (no todos) estuvieron presentes en la ceremonia inaugural con una cartela que llevaban sus nombres, seguida de la bandera olímpica. La televisión tomó un brevísimo plano de los mismos, b uscando disimular la ausencia de atletas del país, pero en algunos casos la televisación permite apreciar esta falta. Los interesados pueden ver la ceremonia desde:  https://olympics.com/en/video/opening-ceremony-moscow-1980

Por mi parte, luego de ojear el video aporto otra referencia de interés para los ceremonialistas, al pasar frente al palco oficial, las delegaciones de Islandia y Suecia, inclinaron sus banderas, lo que indicaría una costumbre particular en esos estados. La verdad es que no tuve paciencia para verificar si el gesto se repitió en otros casos de países de cultura escandinava.