viernes, 6 de marzo de 2026

Volver a las clases: la canción “Aurora”

Así en el alta …

Durante la interpretación

Este Blog se honra en publicar[1] una nota del Dr. Juan pablo Bustos Thames que expone los antecedentes históricos de la obra, el juicio crítico del autor y sus propias vivencias.

Puede decirse que sus conceptos permiten explicar las numerosas incógnitas que despierta la composición. Un conocimiento prescindible para comprender el rol que ocupa en los rituales escolares hasta el punto que se entrelaza íntimamente con los sentires de sucesivas generaciones de argentinitos.

Mucho agradezco al autor por compartir sus reflexiones en este medio. Sin más preámbulos trascribo su colaboración. 

Volver a las clases: la historia de la canción “Aurora

por Juan Pablo Bustos Thames[2]

La traducción de la canción “Aurora” tuvo sus imperfecciones, errores de interpretación, y demás imprecisiones idiomáticas.


Durante esta semana presenciamos el regreso de los chicos a las aulas, ante el reinicio de la actividad lectiva. Quienes, durante nuestro paso por la niñez y la adolescencia, concurrimos al colegio o a la escuela en el turno de mañana, seguramente recordaremos el ritual que cumplíamos todos los días, antes de iniciar la actividad lectiva. El mismo consistía en el riguroso izamiento de la Bandera, mientras entonábamos la “canción patria” "Aurora". Esta misma ceremonia se recrea, nuevamente, a diario, a lo largo de todos los establecimientos educativos de la Patria.

En mi caso puntual, entonar esta canción, en aquel entonces, me resultaba fastidioso, tal vez motivado por el hecho de tener que amanecer tan temprano, sumado al desgano propio del estudiante, de comenzar la jornada lectiva, y a la rutina que simbolizaba el izamiento de la Bandera, mientras cantábamos esa “canción”, que nunca llegamos acabadamente a entender en su letra, y tal vez en su espíritu; pero que había que entonar igual… Pues así eran las normas del colegio…

Izamiento en la histórica escuela "Gral. Belgrano"
San Miguel de Tucumán

Debo admitir que – estimo por los motivos expuestos -, hasta había llegado a tomarle cierta antipatía a Aurora, y que la misma no me inspiraba demasiado ni tampoco me inflamaba de sentimiento Patrio. Después, concluidos los estudios secundarios, y con ellos la pesada carga matutina; vi como una especie de alivio librarme de ese ‘tormento’; y me alejé (pensaba que definitivamente) de “Aurora”.

Mi reencuentro con “Aurora” tuvo lugar bastantes años después, en ocasión de asistir a escuchar a Darío Volonté[3], un reconocido joven tenor argentino, y veterano de Malvinas. No sin cierta sorpresa advertí que, en el programa figuraba “Aurora” como cierre de la actuación del magnífico tenor.

Al principio acepté con resignación y cierta perplejidad su inclusión en el programa, y me relajé, intentando disfrutar del espectáculo. Cuando llegó el turno de entonar “Aurora”; no sé muy bien si se trató del fervor con el cual la entonó Darío, en homenaje de sus camaradas de Malvinas, o las reminiscencias de mis años estudiantiles, o el sentimiento patrio que los años transcurridos habían hecho surgir en mí; pero la cuestión es que su interpretación impactó fuerte en mi espíritu, y hasta admito que me llegó a emocionar.

Sin temor a equivocarme, creo que Darío Volonté significó mi reconciliación definitiva, hasta el día de hoy, con “Aurora”, la “canción” que, hasta ese momento, muchos pensábamos que había sido especialmente compuesta para acompañar el izamiento de la Enseña Patria.

Fue con bastante posterioridad que conocí que, en realidad, Aurora” no se trataba únicamente de una simple “canción”; sino que era el nombre de una “ópera”, que en ocasión del “Centenario”, el Gobierno Nacional había encomendado su composición, en el marco de los festejos que se iban a celebrar en 1910.

Nuestro compatriota Héctor Panizza (1875-1967) estuvo a cargo de componer la música de “Aurora”. Panizza era un prestigioso compositor que había estudiado en Milán y dirigió orquestas en la “Scala” de esa ciudad, junto con Toscanini, en el Liceo, de Barcelona, o la Ópera Cómica de París, entre otros coliseos de nivel internacional.

Héctor Panizza

El libreto (la letra) de la ópera estuvo a cargo del italiano Luigi Illica[4], que era muy famoso, ya que había sido también el autor de los textos de la mayoría de las óperas de Puccini, como lo fueron: Tosca, Madame Butterfly y La Bohème. La conclusión inmediata y paradójica de ello fue que la “ópera patria” argentina fue compuesta para ser cantada TOTALMENTE en italiano.

Como vemos, se trató de un equipo de lujo y cumplieron acabadamente su cometido. La ópera se estrenó en el Teatro Colón, de Buenos Aires, el 5 de Setiembre de 1908 y la orquesta fue dirigida por el propio maestro Héctor Panizza. En su estreno, tuvo un éxito abrumador; siendo ovacionados sus autores por el público concurrente, y obteniendo una excelente crítica en los medios de la época[5]. 

El aria principal de la ópera se conocía originariamente como “Alta en el Cielo; y tuvo un éxito tan rotundo, que los intérpretes la repetían al concluir cada actuación, a pedido del público. Esa aria, con el tiempo se transformó en la “Canción a la Bandera”, primero, y en Aurora”, después, sustrayéndole definitivamente el nombre de la ópera, a la cual pertenecía.

La ópera “Aurora” trata sobre una heroína del mismo nombre y además, simboliza el amanecer de una nueva nación; toda vez que la acción se sitúa durante Mayo de 1810, pero no en Buenos Aires, donde había tenido lugar la Revolución; sino, curiosamente en Córdoba.

En la escena se mezclan episodios épicos de lucha entre los partidarios de la Revolución y los leales al Rey Fernando VII, con un romance de fondo, en el que están involucrados: el héroe de la pieza, el patriota “Mariano”, enamorado de “Aurora”; y el padre de ésta, que encabeza el apego al orden colonial español.

En la ópera aparecen mencionados Martín Miguel de Güemes y Santiago de Liniers; que, si bien son personajes históricos, Güemes no se encontraba en Córdoba cuando tuvo lugar la Revolución de Mayo; y a Liniers se le otorga un papel marginal; cuando todos sabemos que fue uno de los principales promotores de la contrarrevolución en Córdoba.

Otra inconsistencia histórica que tiene la obra es que desata la actuación de los revolucionarios en Córdoba el mismo 25 de Mayo de 1810, en consonancia con el movimiento que se gestaba ese día en la Capital del hasta entonces Virreinato. Sin embargo, se sabe que, en realidad, la noticia de los Sucesos de Mayo llegó a Córdoba varios días después. También se sabe que no hubo, en esa época, secuelas favorables a la Revolución en la ciudad mediterránea, por el accionar realista a cargo de Liniers y el entonces gobernador español Gutiérrez de la Concha; ambos luego fusilados por órdenes de la Primera Junta.

Sin embargo, existe un error histórico más importante. La famosa canción “Aurora”, es entonada por un tenor que interpreta a Mariano, al final del segundo acto, el cual descubre en la imagen de un águila que sobrevuela en lo alto, con ambas alas azules, una clara semejanza con la Bandera Argentina; e inspirado en su ánimo guerrero, para defender los principios de la Revolución, evoca tal símil en su canto.

Ahora bien; todos sabemos que la Bandera Argentina fue creada recién en febrero de 1812; y que durante mayo de 1810 no existían ni atisbos de la misma; y mucho menos en Córdoba.

Fue tal el éxito de esta canción que la misma, con el tiempo, terminó independizándose del resto de la ópera a la cual pertenecía; y cobró vida y espíritu propio.

Durante 1943 el Gobierno Nacional encomendó a Josué Quesada y Ángel Petitta traducir la ópera al castellano, pues hasta ese momento, únicamente se interpretaba en italiano. La versión definitiva en español se estrenó el 9 de julio de 1945, en presencia del entonces presidente de la Nación, Gral. Edelmiro Farrel, junto a su vice-presidente, el entonces Coronel Juan Domingo Perón. El éxito de la misma fue tan grande que, al poco tiempo, por Decreto del Poder Ejecutivo Nacional, se consagró a la canción “Aurora” como obligatoria para todos los argentinos en edad escolar.

La traducción de la canción “Aurora” tuvo sus imperfecciones, errores de interpretación, y demás imprecisiones idiomáticas. De allí que muchos no entendiéramos muy bien el sentido de la canción. Por ejemplo:

Aurora irradial”: se tradujo mal del italiano “aureola irradiale”. El original aludía a la “aureola” que forman los rayos del sol al amanecer; similar a la “aureola” con la que se representa a los santos. Quería decir que esa aureola, irradiada por el sol, iluminaba al águila guerrera. En su traducción al castellano, se sustituyó “aureola” por “aurora”.

Punta de Flecha, el áureo rostro imita”: Se tomó del original en italiano que reza: “il rostro d’or punta de freccia appare”. En realidad, “rostro” significa “pico” en italiano; y se tradujo sin tomar en cuenta tal diferencia. Lo que en realidad este verso quiere decir es que el pico del águila, iluminado, se asemeja a la punta de una flecha, como alegoría del extremo metálico del asta que corona a nuestra Bandera.

Moharra usada a comienzos del siglo XX,
evidencia claramente la forma de pico a la que se alude

Y forma estela al purpurado cuello”: se ha tomado de la versión italiana: porpora il teso collo e forma stello”, que alude a los rayos del sol que enrojecen el tenso y alargado cuello (del águila) y forman el tallo del asta de la Bandera. Stelo”, en italiano no es “estela”, sino “tallo”, como bien lo ha señalado el escritor Juan Sasturain[6].

La ópera en sí culmina cuando “Mariano”, el héroe patriota cordobés, es apresado y llevado ante “Don Ignacio”, padre de “Aurora”, y líder contrarrevolucionario en Córdoba. “Aurora” lo reconoce y se angustia gravemente. Un consejo de guerra condena a muerte a “Mariano” por traición al Rey.

La noche antes de la ejecución, “Aurora” visita a “Mariano”, en su celda y ambos se confiesan sus sentimientos de amor, lamentando su desdichado y fatal destino.

De imprevisto, los amantes consiguen escapar. Sin embargo, los centinelas los sorprenden y disparan. “Aurora” cae herida de muerte. Por los disparos, acuden don Ignacio y varios oficiales. La heroína, moribunda, yace en el suelo y alcanza a divisar el alba que va iluminando el día que nace. Al ver elevarse el Sol radiante, simbolizando la libertad, “Aurora” exclama: “Mirad, es la Aurora. Dios la escribe en el cielo con el sol y en la tierra con su sangre”, y expira en brazos de “Mariano”.


[1] Originalmente se difundió en el medio Derecha  Diario:https://derechadiario.com.ar/opinion/volver-clases-historia-cancion-aurora

[2] Referencias sobre el autor en: https://www.linkedin.com/in/juan-pablo-bustos-thames-a0554466/ Destaca su protagonismo en el programa de TV Contame una Historia, sus numerosos libros históricos y su amplia actividad como divulgador histórico.

[3] Nació en Bs. Aires en 1963. Es un tenor lírico de nivel internacional. Ha cantado en los principales ambientes del mundo. En su juventud era maquinista naval en el crucero A.R.A. Gral. Belgrano hundido por un submarino británico durante la Guerra de las Malvinas (1982).

[4] Nacido en cercanías de Piacenza, Emilia-Romaña, en 1857 y fallecido en Colombarone, Italia, en 1919. Famosísimo libretista al quien se deben óperas que figuran en los mejores repertorios.

[5] Se estrenó el 5 de septiembre de 1908, bajo la batuta del autor, con un elenco encabezado por la soprano María Farnetti, el tenor Amadeo Bassi y el barítono Titta Ruffo.

[6] Nació en González Chaves, provincia de Bs. Aires en 1945. Escritor, periodista, guionista de historietas y conductor de TV, en el 2020 fue nombrado director de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno que ejerció hasta el 2023.

jueves, 5 de marzo de 2026

Güemes - Tarde, pero en Justicia

Una merecido reconocimiento

 

Martín M. de Güemes[1]

Por Miguel Carrillo Bascary

Siempre hay que recordar los favores recibidos y olvidar los favores que hicimos”. Así reza un dicho popular.

El precepto moral de estas palabras debería inspirar nuestro sentimiento hacia muchos de los argentinos que forjaron nuestra Patria. Algunos trascendieron en las páginas de la Historia. Los más, fueron olvidados. Los argentinos de hoy somos deudores; todos, en alto grado.

En los primeros tiempos de la nacionalidad, cuando la Libertad debía conquistarse cada día a sangre y fuego fueron muchos los olvidados. Más tarde, cuando el país se desangró en salvajes luchas fraticidas también fueron muchos, demasiados, los que vertieron su sangre por el frío acero de la lanza, la espada o el plomo de la metralla. También fueron muchos ¡ay! los que vieron segadas sus vidas por el puñal asesino. ¡Si tan solo fuera la muerte! ¡Lo peor, es el olvido!

La Parca no plantea necesidades. Pero tras cada caído hubo familias, padres ancianos, viudas desoladas, hijos pequeños, la pobreza golpeando a las puertas de sus hogares. ¡Cómo si el vacío afectivo no fuera ya bastante!

En aquellas épocas las urgencias eran cotidianas, los recursos siempre deficitarios. Nada alcanzaba para siquiera paliar tanta falta. Pero, así se construyó la Patria. Héroes que mendigaron el reconocimiento de sus servicios, el reintegro de los gastos en los que ofrendaron sus patrimonios personales.

Por lo conocido, quizás el mejor ejemplo sea el del brigadier general Manuel Belgrano. Con esto, está todo dicho. Abundaré al respecto en un futuro informe, pero hoy expondré un caso en particular, igualmente grave que implicó a los herederos del general Martín Miguel de Güemes.

Cuando promediaba el siglo XIX, ya organizado el país en el marco de la tan añorada Constitución, los gobiernos intentaron reparar las vergüenzas del olvido con tardías leyes que procuraron establecer alguna forma de justicia, aunque la tardanza se contara por generaciones

En ocasiones fue un monumento para ejemplo de los jóvenes; en otras, la reivindicación política o un solemne funeral cívico, cuando los restos llevaban años inhumados. Nada fue suficiente; era tarde. Los hijos, los nietos, de aquellos sacrificados en el altar de la Historia padecían graves necesidades.

Nada agregaremos aquí a los merecimientos del general Güemes y a las estrecheces económicas por las que pasaron sus descendientes, pero puede dar algún alivio conocer la ley que emitió el Congreso Nacional el 24 de septiembre de 1879, precisamente cuando se recordaba un nuevo aniversario del gran triunfo de Belgrano en Tucumán. 

Recinto de sesiones del antiguo edificio del Congreso

La norma dispuso:

“Artículo 1º.- Autorízase al Poder Ejecutivo para mandar abonar a los herederos del General Martín M. de Güemes la cantidad de once mil trescientos setenta y siete pesos noventa y seis centavos fuertes que se adeudan a este Jefe por sueldos devengados durante la Guerra de la Independencia.

Artículo 2º.- El pago a que se refiere el artículo anterior, se verificará de los fondos públicos nacionales, creados por Ley de 25 de Octubre de 1876”

Firmaban la comunicación al Poder Ejecutivo: Mariano Acosta, presidente del Senado y Delfín Gallo, titular de la Cámara de Diputados. Tras ellos lo hicieron representantes de todas las provincias. Correspondió al presidente Nicolás Avellaneda estampar su firma al cúmplase de tan justa, aunque tardía ley. Refrendó el acto su ministro, el general Julio A. Roca

¡Habían pasado 58 años! 

¡Desgraciados los pueblos que olvidan! ¡Benditos los pueblos que recuerdan a sus mártires y héroes!

[1] Fuente de la imagen: https://www.argentina.gob.ar/sites/default/files/fotografia-de-retrato-de-guemes.jpg

miércoles, 4 de marzo de 2026

Visita conmemorativa a la Catedral de Rosario

Una actividad novedosa

Durante la visita, crucero del templo

Como parte de las actividades organizadas por el Centro de Estudios Belgranianos de Rosario el pasado 28 de febrero se conmemoró un nuevo aniversario de la creación de la Bandera Nacional mediante una inédita visita especial al templo más antiguo de la ciudad.

La actual basílica menor, santuario, parroquia y catedral de Rosario se habilitó formalmente en el año 1910 luego de haberse iniciado su construcción en 1882. Sustituyó así a la primitiva capilla erigida a mediados del siglo XVIII, en cuyo derredor se formó la ciudad y a un templo posterior que se consagró en 1836.

Desde 1773 se venera en el lugar a la imagen histórica de Ntra. Señora del Rosario que se construyó en Cádiz y que desde entonces veneraron las sucesivas generaciones de rosarinas. Unos 250 vecinos la recibieron ese 3 de mayo, es la misma imagen ante la que oró el general Belgrano en las repetidas ocasiones que pasó por el poblado, constituyéndose así en el único elemento material que se conserva del Rosario que vio izar por primera vez la Bandera Nacional. Por todas estas razones en el año 1997 fue reconocido como “monumento histórico nacional”.

La actividad fue protagonizada por el Dr. Miguel Carrillo Bascary y se cumplió con la asistencia de casi 200 personas que colmaron la nave del templo. Cabe señalar que fue la primera oportunidad en que se desarrolló la experiencia en la que se expusieron las especialísimas circunstancias que unen al prócer, con esta la advocación mariana y el pueblo de Rosario.

El Dr. Carrillo durante la recorrida

Así, el Dr. Carrillo Bascary relacionó la profunda religiosidad que el prócer manifestó a lo largo de su vida, el origen mariano del celeste y blanco con que nació la Enseña patria, la realidad social que presentaba el poblado en 1812 y el protagonismo de diversas personas en el hecho histórico que implicó el primer izamiento. Paralelamente, fue explicando el simbolismo encerrado en las diversas partes del templo y algunos detalles sobre su arquitectura como fruto de la experiencia social del pueblo que lo levantó. Durante el recorrido el expositor fue asistido por la Srta. Daiana Paciaroni, quien también integra el Centro de Estudios.

Corresponde agradecer, muy especialmente, la disponibilidad que evidenció el rector de Catedral, el presbítero Osvaldo Macerola, y la comunidad parroquial que permitieron desarrollar el evento.

En el curso de la mañana la movilera Agostina Meneghetti, del Canal RTS "Televisión Santafesina", se hizo presente en la Catedral y, junto al Dr. Carrillo, recorrió el camarín que guarda a la histórica imagen, el interior del templo y se detuvo en particular ante el vitral que representa el primer izamiento de la enseña patria. El programa fue conducido por Danisa Primo, la entrevista puede verse enhttps://www.youtube.com/watch?v=bkI9w50Rs3U

La oportunidad es propicia para referenciar que la parroquia ofrece un servicio de acompañamiento y guía para grupos de peregrinos que deseen concurrir a conocer y venerar a la histórica imagen. Para requerirlo basta comunicarse con suficiente anticipación con Secretaría parroquial, lunes: de 17:00 a 19:00 hs.; martes a viernes: de 9:30 a 11:30 hs. y de 17:00 a 19:00 hs. Tel. 0341-4210988. Correo: iglesiacatedralderosario@gmail.com Mayores referencias en https://catedralderosario.org.ar/

martes, 3 de marzo de 2026

Panel: “Rosario, cuna de la Bandera”

 Honrando a la Patria

Los expositores 

Celebrando un nuevo aniversario de la creación de la Bandera Nacional el Centro de Estudios Belgranianos de Rosario protagonizó el panel “Rosario, cuna de la Bandera”.

Estuvo a cargo del Prof. Juan Pablo Bello y del Dr. Miguel Carrillo Bascary, quienes brindaron un panorama socio-histórico sobre la realidad del Pago de los Arroyos y del pequeño poblado de la Capilla de Ntra. Sra. del Rosario, cuando el entonces coronel Manuel Belgrano llegó al lugar con la misión de levantar un complejo de baterías artilladas. Fue oportunidad para resaltar la presencia de diversas personas del lugar que de diversas maneras se vinculan con el histórico acontecimiento. El Dr. Carrillo se explayó sobre los documentos que permiten reconstruir lo sucedido y, en particular, trató sobre las circunstancias que rodearon la elaboración material de la enseña primigenia.

La reunión se concretó gracias a la generosidad del Instituto de la Tradición “Martín Fierro”, al igual que hace tres años, cuando en su mismo local tuvo lugar la primera actividad del Centro. Su actual presidente, el Doctor Sergio Monserrat dio la bienvenida a los presentes y seguidamente se dio paso a las disertaciones. La Locutora Denise Cardozo hizo las presentaciones y dio dinámica al evento.

La presencia de más de noventa personas destacan el gran interés que despertó la realización. A manera de agradecimiento a los concurrentes, el Centro de Estudios sorteó de láminas del prócer, bibliografía belgraniana y tres banderas de izar, lo que dio lugar a momentos de expectación y alegría.

Parte de los asistentes

Finalmente, los asistentes degustaron las célebres empanadas que suele ofrecer la institución anfitriona, en un ambiente de franca camaradería.

Equipo de organización
Al fondo: Daiana Paciaroni, Jorge Araya, Marisa García, Gustavo Romero y Juan Pablo Bello
Al medio: Carina Di Chiara, Denise Cardozo, Liliana Pereyra y Miguel Carrillo. Sentadas: Verónica Galli y María Isabel Abalerón

EN HORAS DE LA MAÑANA:

Varios miembros del Centro de Estudios estuvieron participando del acto oficial que conmemoró el fasto, especialmente invitados por la Intendencia de Rosario, que organizó la ceremonia, la que se concretó según su tradicional perfil. Fue con el grandioso marco del Monumento Nacional a la Bandera, en el preciso lugar donde la misma se izó el 27 de febrero de 1812.

Al fondo: Daiana Paciaroni, Miguel Carrillo y Gustavo Romero
Al frente: Liliana Pereyra y Carina Di Chiara

Seguidamente el Dr. Miguel Carrillo Bascary concurrió al Canal TELEFÉ como invitado al programa especial, que condujo Sonia Marchesi con la participación de su equipo. Asimismo se atendieron numerosas solicitudes de radios locales y de otros lugares del país.

En el estudio de TELEFÉ

lunes, 2 de marzo de 2026

Apertura de sesiones del Congreso

Notas de ceremonial

Por Miguel Carrillo Bascary

La Asamblea Legislativa que reúne a la Cámara de Diputados y al Senado de la Nación Argentina, para escuchar el informe del titular del Poder Ejecutivo y dar por iniciadas las sesiones del período legislativo 2026, suele aportar interesantes novedades desde la perspectiva del ceremonial.

En razón de sus dimensiones el ámbito se concreta en el recinto de sesiones de Diputados, al que se adosan sitiales para permitir la participación de los 72 senadores, que vienen a sumarse a las 257 bancas de los miembros de la Cámara anfitriona. Sobre el frontis se acondicionan otras localidades destinadas a recibir a los miembros de la Corte Suprema de Justicia, los ministros del Ejecutivo, varios gobernadores de provincias, el jefe de gobierno de la Ciudad Autónoma de Bs. Aires, embajadores, jefes de los estados mayores de las Fuerzas Armadas, de Seguridad y otros altos funcionarios. Mientras que en los numerosos balcones se ocupan con invitados de protocolo.

La cabecera se reserva a los titulares de ambas cámaras, a la derecha se ubica la vicepresidenta, que oficia al frente del Senado y a la izquierda el presidente de la Cámara baja. Mientras que el Presidente de la Nación ocupa la tribuna central, que ostenta una talla del Escudo argentino como carácter distintivo.

A los ojos profanos puede parecer que el conjunto de funcionarios que acabo de reseñar son las personas que ocupan el lugar de mayor importancia en la solemne oportunidad. Desde una óptica formal, es así en lo que corresponde distinguir el debido orden de precedencias.

Sin embargo, y un análisis ontológico permite identificar a otro actor, el principal, origen de los órganos de gobierno pre mencionados.

¿De quién se trata? Lisa y llanamente del pueblo de la Nación Argentina, ya que el estado es de raíz democrática. Ergo, el titular de la soberanía, cualidad esencial del estado, es ese mismo pueblo que, en virtud del principio de representación, elecciones mediante, se corporiza en los funcionarios que dan forma al gobierno, conforme a los dictados de la Constitución Nacional.

¿Dónde se visualiza la presencia de este pueblo? En este punto la alusión al verbo del interrogante llevará al lector a buscar la respuesta observando detenidamente la imagen que abre esta nota. Algunos encontrarán al plural protagonista al instante, muchos otros no atinarán con la solución. La mayoría quizás no lo adviertan adecuadamente y, al dilucidarse la cuestión, quedarán pasmados, lo cuál debería ser motivo de preocupación.

En realidad, la respuesta es harto evidente y radica en la Bandera Nacional que ondea en lo alto del mástil ceremonial ubicado a la derecha del recibo, el lugar de honor. Es Ella, la que representa al pueblo argentino, al soberano.  Por esta misma razón, cada vez que las cámaras inician sus sesiones se procede al izamiento de la enseña patria, mudo testigo de la presencia del pueblo y base fundamental de la autoridad que transitoriamente ha cedido a los funcionarios que la ejercen. 

Detalle de la ubicación del vexilo

En suma, la Bandera nacional no es un mero elemento ornamental, tiene el significado esencial sobre el que acabo de explayarme.

Los grandes lienzos celestes y blancos, no son banderas por lo que se admite que se usen para resaltar la cabecera y los laterales del recinto.

Otra vista del recinto

Otro detalle a destacar es la presencia de dos miembros del Regimiento de Granaderos a Caballo General San Martín, cuerpo histórico del Ejército Argentino y unidad custodia del presidente de la Nación. Además de evidenciar esta condición señalan que las Fuerzas Armadas son también parte del pueblo en el marco de la Constitución Nacional. Otros efectivos se ubicaron en el acceso del palacio del Congreso y en dependencias interiores, todos ellos con uniforme de gala.

En este rápido repaso nos faltaría señalar un atributo que señala la autoridad del presidente de la Nación, la banda que lo distingue. Su uso fue dispuesto por la Asamblea General Constituyente en el Estatuto Provisorio de 1814 y desde entonces caracteriza al titular del Ejecutivo, aunque hubo períodos en que no se utilizó. Su estructura actual fue dispuesta por el artículo 4º del Decreto Nº10.302/ 1944, con la modificación de la borla en que termina, según lo ordenado por el Decreto Nº459/ 1984, consta de los colores nacionales en la misma disposición que la Bandera Nacional y con su Sol en el centro. En el caso, el presidente Milei se colocó la banda y asió el bastón de mando, recién cuando ingresó al recinto. La banda la llevó por sobre el traje, al contrario de cuando antiguamente los presidentes empleaban levita.

El Presidente ante la Asamblea

Los cánones de la Etiqueta indican que en ocasiones solemnes como lo es la Asamblea Legislativa, los asistentes deberían concurrir con vestimentas adecuadas. Sin embargo, hace décadas que tan elemental precepto social ha desaparecido. En concordancia, si el presidente revistió un traje oscuro, con su correspondiente chaleco, camisa blanca y corbata azul claro, los asistentes varones deberían hacerlo de igual forma, pero en la ocasión fue dable observar legisladores que llevaron ambos, tanto oscuros como grises, algunos tenían la camisa abierta, otros lo hicieron con remeras de cuello redondo bajo el saco. También se vio a diputados y senadores con solo una camisa o con camisetas sin cuello. En algún caso llevaron corbatas, pero tenían desprendido el primer botón de la camisa.

En cuanto a las presencias femeninas, reinó una amplia variedad de atuendos y para todos los gustos. En su mayoría fueron formales y sobrios, negros, blancos y de tonos rojizos, pero apagados, aunque no faltaron aquellos con que sus portadoras parecieron querer destacarse por sus vivos colores, los rojos fueron varios y sumamente notorios. Predominaron los hombros recubiertos, aunque también pudieron verse en forma contraria. En lo que se vio coincidencia absoluta fue en los cuidados peinados.

Obviamente que los altos jefes militares concurrieron con sus respectivos uniformes de reglamento.

Una cosa me llamó la atención, aunque el detalle puede parecer menor, la ausencia de escarapelas, tanto en el oficialismo como entre los opositores.

Finalmente, hubo otra ausencia que me llamó la atención, la que verdaderamente me molestó. No se vio a la Bandera Nacional de la Libertad Civil, cuarto símbolo patrio, histórico, reconocida como tal en el año 2015 por la Ley Nº27.134, emblema belgraniano, representativo del estado de derecho que luce en el recinto del senado desde hace varios años. En la oportunidad el presidente del Instituto Nacional Belgraniano, Lic. Manuel Belgrano, entregó un ejemplar de ceremonia a cada una de las cámaras. Inmediatamente fueron colocados en los respectivos recintos, a la izquierda de sus presidencias, mientras que a su derecha se dispuso a la enseña patria, según el protocolo. Fue al inicio de las sesiones del año 2025 cuando se advirtió que faltaba en la Cámara Baja, se practicaron averiguaciones  y se detectó que la ausencia databa de, al menos, ¡tres años! El caso es que la situación persiste, dolorosa e inexplicablemente. 

¡Debería remediarse!

La bandera histórica en la presidencia del Senado


martes, 24 de febrero de 2026

Salvar la vida al tocar una bandera

Una costumbre ancestral

Por Miguel Carrillo Bascary

En tiempos donde la ley del talión imperaba se desarrolló la institución del asilo que se manifiesta en todas las culturas.

Originariamente, si el perseguido por un crimen, llegaba hasta un santuario podía aspirar a preservar su vida y hasta alcanzar el perdón al colocarse al amparo de los dioses. Esta actitud de confiarse a la divinidad era un acto de fe que el resto de la comunidad debía tolerar, por respeto a los dioses, aunque esto ocasionara que el “ojo por ojo” quedara insatisfecho. Obvio que la intervención divina se personificaba en la casta sacerdotal y que se concretaba en el espacio destinado al culto.

Esta universal costumbre tuvo diversas formas, muchas veces implicaba que el reo debía permanecer en el recinto sagrado, en otras bastaba que lo pisara o que tocara en forma pública algún objeto religioso. En ocasiones el asilo era por tiempo determinado y, en otras, perpetuo.

Por esto las costumbres de la guerra hicieron intocables los templos (junto con sus dependencias) y que se preservara la vida de quienes se refugiaban en él. Por esta razón era habitual que la población civil y los heridos se aglomeraban en estos lugares, particularmente si las defensas estaban por ceder y era factible augurar el saqueo de la población. Aun así, la historia mundial está plagada de episodios donde los así refugiados hallaban horrenda muerte cuando los agresores resolvía pegar fuego a los templos.

La evolución de la institución a la luz de la Ciencia Jurídica a veces exigía determinadas condiciones para que procediera el asilo, por ejemplo: que no se tratara de crímenes particularmente aberrantes, ni que implicara al regicidio ni los sacrilegios. Con los siglos evolucionó hasta lo que hoy se conoce como el “asilo territorial”, que se distingue del “diplomático”, que se concede en razón de la función que cumplen las personas de esta condición. En la actualidad el asilo es considerado un derecho humano básico.

Se podría desarrollar mucho la historia lo que abarca este tipo de asilo, pero no es parte de la especificidad de este Blog, particularmente dedicado a la Vexilología y al Ceremonial. Me avocaré entonces a esta particular faceta.

Ciertas culturas habilitaban el asilo por el solo hecho de tocar o besar un altar, el sepulcro de un santo, la vestidura de un rey, del sumo sacerdote o una reliquia venerada. Hasta tiempos relativamente recientes también fue posible obtener una protección muy similar al asilo cuando el convicto de un delito militar se abrazaba las banderas de su regimiento.

Corresponde explicar lo expuesto. Los vexilos siempre se consideraron objetos sagrados, emblemas de la protección de Dios para con los que combatían bajo ellos. Lo que también explica que se bendijeran, que se guardaran en las iglesias y que cuando se salía en campaña se preservaran en un recinto especial, como el principia, en los campamentos romanos. Esto es también el origen del ceremonial propio de las banderas, aunque con los siglos esta relación se fue mediatizado hasta casi ser olvidada.

Como objetos consagrados, las banderas también se consideraban imágenes divinas y hasta corporizaban la presencia de los dioses. Esta es la razón por la que se reconocía a los vexilos la propiedad de eximir de pena en determinadas circunstancias.

Una anécdota que nos relata Samuel Haigh lo ilustrará de manera suficiente. Este viajero inglés recorrió el territorio sudamericano en repetidas ocasiones, de cuyas resultas escribió un relato testimonial que es muy rico en estampas costumbrista, hasta el punto que cautiva el interés del lector en forma señalada. Se los recomiendo. Según fue costumbre en el siglo XIX al llegar 1831 Haigh publicó en Londres la versión completa de su “Bosquejos de Buenos Aires, Chile y Perú”, que mucho más tarde tradujo al español Carlos Aldao. En su capítulo XV cuenta sobre su visita a la ciudad de Arequipa, histórica ciudad del Sur del Perú, lugar donde se desarrolla el sucedido.

Nos cuenta que el 28 de octubre, festividad dedicada a Simón Bolívar en su condición de libertador, se cumplió con grandes ceremonias populares. Una de ellas implicaba el paso de un retrato del venezolano, adornado de laureles, mientras la guarnición formaba de parada y el vecindario daba rienda suelta a su entusiasmo. Una ceremonia muy similar a la que ocurría en tiempos de la colonia y que implicaba el recorrido del estandarte real en cada onomástico del soberano reinante. Así, cuando el retrato llegó frente a la cárcel un soldado negro, condenado a muerte, se desprendió de sus custodios y se abalanzó sobre el cuadro al que abrazó ante la sorpresa de todos, mientras gritaba “¡Estoy salvo!”.

Haig explica esta actitud con las siguientes palabras:

Se le ocurrió esto y quizás por la regla del ejército que (estipula que) cuando un soldado va al sitio del suplicio, si consigue tomar la bandera de su regimiento, se le perdona”.

Esto evidencia que todavía en las postrimerías de la década de 1820, aún en la tropa, curtida por la cultura de la guerra durante las campañas por la Independencia, estaba vigente el concepto del asilo en la forma en que lo vengo relatando. En la desesperación el convicto se jugó el albur de abrazar el retrato de Bolívar especulando que su acto podría concederle la gracia de la vida, aunque no fuera precisamente la bandera de la unidad bajo la que revistaba hasta el momento previo a ser llevado al paredón. Quien así impetraba públicamente por su salvación despertó la simpatía de varios de los presentes, según informa el viajero, pero todo fue en vano.

Cumplo en informar que no he podido dar con ninguna norma que trate al respecto lo que me hace pensar que se trató de una costumbre inveterada extendida entre los hombres de armas de diversas naciones.

Para no dejar al lector con la inquietud sobre la suerte del moreno vale apuntar que estaba como centinela en dependencias de la Aduana, cuando se le acercó un capitán y le manifestó que debía retirar unas mercaderías que le pertenecían, entregándole unos pesos por la “atención”. Lo cierto es que el tentador retiró varios bultos, aunque poco más tarde se descubrió que no eran suyos, por lo que fue sumariamente procesado por un consejo de guerra, en compañía de su poco atento cómplice. Una semana más tarde los dos fueron pasados por las armas, lo que Haig relata cumplidamente.

La ejecución fue en la plaza, a las 8 horas de la mañana, con los 3.000 hombres de guarnición formados, mientras dos bandas de música se turnaban con sus sones, poco antes de que la campana de la Catedral comenzara a tocar a muerto. Trajeron al oficial prácticamente desmayado por la situación, mientras que nuestro especial protagonista se mantenía en calma y con una muy especial dignidad, erguido en sus casi dos metros de altura. En el poster momento se lo oyó decir en alta voz dirigiéndose a todos los presentes:

            Tengo 26 años de edad y estuve diez en el regimiento de rifleros. Nunca cometí ningún crimen fuera del presente por el que perderé la vida. He desafiado a la muerte en el campo de batalla y ahora no temo mirarla de frente. El único pesar que siento es verme obligado a morir en compañía del cobarde y bellaco que me ha acarreado esta desgracia”.

Seguidamente, permaneció a pie firme, posición en la que afrontó los disparos del pelotón y cayó muerto.

En al acto las bandas tocaron un aire alegre” (sic)

lunes, 23 de febrero de 2026

Respeto mutuo, sobre todo

Un abrazo de argentinos, al pie de nuestra Bandera

Es sabido que las fiestas de Carnaval muestran sinceras expresiones populares pero que algunas de ellas no resultan apropiadas. Mediando las debidas consideraciones entre las partes y la buena fe de todos es factible que las cosas se corrijan.

Como ejemplo de lo dicho vemos la foto que encabeza esta nota, donde la popular comparsa “Yeroqui Porá” (Bailar lindo), que participó en la primera noche de Carnaval en la ciudad de Esquina (provincia de Corrientes),

En la oportunidad el guion versaba sobre una antigua embarcación que recorrió los mares trayendo inmigrantes y que remontó el Paraná hasta llegar al puerto de Corrientes, donde, con los años terminó sus días.

Uno de los cuadros consistió en mostrar a los bailarines ataviados con vestimenta gaucha, mientras que su abanderada portaba una Bandera Nacional de ceremonia, munida del tahalí correspondiente. Con ella en la mano bailó durante la pasada al ritmo de la música escogida, con buena acogida de la gente.

Hasta ahí todo bien, pero si se reflexiona un poco no es la forma ni el lugar para presentar al más antiguo de nuestros símbolos nacionales.

En esta circunstancia el Dr. Fernando Quevedo, miembro de número del Inst. Belgraniano de la República Argentina y titular de la Asociación Belgraniana de esquina reparó en la situación tomó contacto con los responsables del conjunto artístico, a quienes les hizo presente la observación que le merecía tan inusual presentación de nuestra Enseña patria. La linda gente de la “Yeroqui Porá”, entendió perfectamente y la cosa se corrigió en la siguiente presentación ya que en vez del ejemplar de ceremonia se mostraron los colores nacionales (sin sol), debidamente enastados.

Valga este caso entonces como demostración de mutua consideración a las particulares visiones de diversos grupos de la sociedad que nos demuestra que por arriba de todo está el respeto por nuestro símbolo nacional.

M.C.B

Nota para tener en cuenta

Nuestra Bandera debe mostrarse cumpliendo las pautas normativas y las que señala la costumbre que indican debe llevarse al paso y en las posiciones prescriptas por el Protocolo. Para otras demostraciones, las artísticas entre ellas, lo correcto es emplear los colores nacionales en forma de bandera, sin el Sol, por supuesto.