martes, 26 de mayo de 2026

El pañuelo blanco y la “Semana de Mayo”

Símbolo revolucionario en manos de prudente decisión

"Cabildo abierto del 22 de mayo de 1810" de Pedro Subercaseaux O.S.B. 1909, fragmento donde se distingue el perfil de Belgrano

Por Miguel Carrillo Bascary

Algunas veces, pequeños objetos de uso cotidiano alcanzar un valor simbólico que les franquean las puertas de la Historia. En su simplicidad un rectángulo de tela blanca concitó la atención de un grupo de revolucionarios decididos a todo, aunque en ello comprometieran su vida misma. Sobre esto trataremos hoy.

Corría la cuarta semana del mes de mayo de 1810. Eran tiempos complejos los que transcurrían en la ciudad de la Santísima Trinidad y puerto de Santa María de los Buenos Ayres. Nada estaba claro, las lealtades al rey flaqueaban ante las preocupantes noticias que llegaban fraccionadas y tardíamente desde la Península. En los quehaceres cotidianos la población desenvolvía su vida con su acostumbrado ritmo que, si lo contemplamos desde la distancia que nos dan más de dos siglos, nos parece bucólico, adormecido.

La gente compraba y vendía, como si nada pudiera pasar. Por contrario, ciertas reuniones se prolongaban a la luz de las velas, en afiebrados conciliábulos de preocupados actores. Las pulperías eran otros epicentros de inquietudes, que alternaban entre juegos de naipes y el vaciarse de las limetas de ginebra. Los patios domésticos veían el tránsito de la servidumbre abocada a sus tareas mientras que, en las tertulias, se intercambiaban chismes y galanterías, donde la risa fácil del cotilleo social se salpicaba con charlas en voz baja.

Algunos temían perder privilegios, si acaso, otros esperaban la oportunidad para poder alcanzarlos. Los menos, soñaban, presentían, conjeturaban avizorando cambios y un destino que abría las puertas a lo desconocido. A soto voce se formaban listas y se deshacían; se alteraban y se volvía a confeccionar. En los cuarteles se respiraban aires extraños, los rumores repercutían sobre la rígida estructura de la disciplina castrense, se comentaba que los cuerpos de gallegos, vizcaínos y catalanes habían sido desarmados. Todos estaban atentos, aunque en la superficie poco hacía presagiar lo que vendría. Las tensiones crecían.

Conocidos “alborotadores” estaban bajo vigilancia, uno de los sindicados como tales, nada menos que miembro de la Orden de Carlos III, Juan Martín de Pueyrredón, fue preso y se ordenó su deportación a España; sorprendentemente se facilitó su evasión y una mano amiga lo ocultó en su casa. Tamaño desafío causó un verdadero escándalo.

Aquellos momentos eran ciertamente confusos. No existía un liderazgo excluyente, eran muchos los que aportaban su concurso imbuidos de ideas progresistas, seguramente de diferentes perspectivas.

No se piense que aquellos hombres de 1810 eran unos improvisados. Aunque se viviera en un régimen, donde el autoritarismo trascendía de lo formal hasta penetrar en las más profundas fibras de la sociedad. Las consecuencias de las “Invasiones Inglesas” habían desarrollado una conciencia del protagonismo popular. Los patriotas estaban organizados, sumando a los peninsulares que simpatizaban con las nuevas ideas, que no eran pocos. Apuntamos acá la decisiva injerencia de la oficialidad patriota al frente de los más nutridos cuerpos milicianos.

A esto se sumaba la llamada “legión infernal”, formada por civiles de diferente condición que se reconocían como una “muchachada de resolución” o “chisperos”. Su solo apelativo señalaba que estaban preparados para actuar como un verdadero grupo de choque, se diría hoy, para catalizar las tensiones sociales conforme a los designios revolucionarios.

Sus cabezas más visibles eran Domingo French (1774-1825) y Antonio Beruti (1772-1841). a quienes se les atribuye haber distribuido cintas celestes y blancas durante la “Semana de Mayo”, como signos de su sector, lo que ya en otra nota os hemos ocupado de desmitificar[1]. Ambos distaban de ser oscuros activistas afiliados al grupo morenista, todo lo contrario. El primero, a quien algunos sindican como un simple cartero[2] y exaltado jacobino, gozaba de gran confianza en los círculos revolucionarios. Durante las "Invasiones Inglesas" fue principal colaborador de Pueyrredón en la formación de sus Húsares, Liniers lo nombró teniente coronel en 1808 y la Junto le confió organizar el nuevo regimiento “América”. Por su parte, Beruti se había doctorado como abogado en la Universidad de Salamanca, más tarde llegaría a ser segundo Jefe del Estado Mayor del “Ejército de los Andes” y a combatir en la batalla de Chacabuco, donde fue condecorado. Su mano confeccionó la nómina que fue consagrada como la Primera Junta de Gobierno.

Algunos nombres de aquellos revolucionarios trascendieron hasta llegar a ser conocidos por el común de los argentinos de hoy. Los de otros solo pueden hallarse en los libros; los más no dejaron huellas en el sentir colectivo. En apretado conglomerado anotamos: Nicolás Rodríguez Peña, los hermanos Paso, Juan y Francisco, Mariano y Manuel Moreno, Díaz Vélez, Vieytes, Cosme Argerich y Donado. También: Viamonte, Terrada, Ocampo, Castelli, Chiclana y Belgrano. Mucho menos conocidos son: el fraile Manuel Torres, el padre Antonio Sáenz, Simón Rejas, Ignacio Ignara, Gregorio Gómez, Juan Madera, Pedro A. García, Enrique Martínez, Atanasio Gutiérrez, José Darragueira, Vicente Echevarría, el comandante Esteban Moreno y Manuel Aguirre.

Pero, detengamos nuestra vista en uno de ellos. Era un encumbrado burócrata, un universitario cultivado en Europa, de modales exquisitos, políglota, de capacidad poco común. ¡Qué digo! ¡nada común! Era alguien cuyo pensamiento había dado muestras de adelantarse a los hechos. Su posición en la administración hispana le permitía estar atento a las novedades que se filtraban desde el exterior. En la soledad de su despacho ese hombre recibió una noticia llegada a bordo de un navío: la Junta formada en Cádiz ¡había renunciado! Manuel Belgrano, que de él se trataba, anotició a los suyos y los acontecimientos se precipitaron.

Los argentinos sabemos bien lo que pasó después. En el Cabildo Abierto del 22 de mayo se proclamó como un hecho trascendental la teoría de la retroversión de la soberanía al pueblo. No se trató de una idea surgida del París de la guillotina. Devino de los claustros, de la escolástica, del pensamiento jesuita en las personas de Francisco de Victoria, de Francisco Suarez y de Domingo de Soto, entre otros. La doctrina implicó la deposición del virrey hispano y la formación del primer gobierno patrio.

Con este marco resulta buena ocasión para tratar sobre los símbolos que caracterizaron las históricas jornadas de la “Semana de Mayo” de 1810. No existió una bandera que nucleara a los revolucionarios. Desterrando la leyenda de las escarapelas celestes y blancas, hubo otros signos con los que se reconocieron los unos y los otros: se vieron cintas blancas y otras rojas, algunas de estas llevando el perfil del rey cautivo, junquillos y rebozos celestes, entre las damas, gajos de olivo y acaso algún otro. Repito, todo era confuso, hasta peligroso, muy peligroso, pero la vida continuaba. Llegado el momento de votar, 155 vecinos se pronunciaron por el cese de la autoridad virreinal, mientras que 89 lo hicieron por la contraria. El día había terminado, las tensiones amainaron, la sesión fue levantada. La decisión dio paso a nuevas tratativas sobre cómo se organizaría una junta de gobierno, a imagen de las formadas en otras regiones del Imperio.

Un testigo de los acontecimientos, Juan Manuel Beruti, (1777-1856), hermano de Antonio, funcionario, dejó escrito en sus célebres “Memorias Curiosas”[3], que el viernes 25 de mayo, luego de anunciarse su integración la junta de gobierno fue vivada por el pueblo reunido al pie del balcón del Cabildo. Desde su altura lo arengó el jefe de los “Patricios” y flamante presidente, del foro, Cornelio Saavedra (1759-1829). A continuación, Beruti destacó:

Se enarboló la bandera en el Fuerte, éste hizo salva, hubo repique general e iluminación en la ciudad (…) El contento fue general con esta elección pus fue a gusto del pueblo”.

Con esto aludió a la enseña naval hispánica, la que correspondía izar en una fortaleza que defendía a un puerto, la rojigualda decretada por Carlos III en 1785, que fue saludada con disparos de cañones, al par que el Cabildo ordenó iluminar a grasa de potro el núcleo de la ciudad, reconociendo de este modo el júbilo popular y la trascendencia del acontecimiento.

¿Y el pañuelo?

Preciso es retroceder hasta las febriles deliberaciones del 22 de mayo. En aquella brumosa y fría jornada participaron activamente algo más de 250 vecinos, mientras que, apostados en los accesos a la Plaza Mayor, efectivos de los “Patricios” controlaban celosamente a quienes pretendía acceder al Cabildo previo mostrar las invitaciones pertinentes[4].

Una cantidad indeterminada de personas, mayormente chisperos, permanecían refugiados de las inclemencias del tiempo bajo las arcadas del Cabildo y de la Recova. En la sala de sesiones y demás habitaciones capitulares se discutía, se mocionaba, se temía, se acordaba y se disentía. En algunos primaba la prudencia, en otros el temor, mientras que los exaltados abogaban por una u otra postura. Nada era seguro, todo podía pasar.

Fue entonces que aquél hombre del que habláramos, el Secretario del Consulado de Comercio y sargento mayor de la “Legión de Voluntarios Patricios”, Manuel Belgrano, un decidido patriota se mantenía en silencio, pero expectante. Respondiendo al deber común de la época, vestía su uniforme de oficial y portaba espada en su cintura, aunque en su fuero íntimo se reconocía como un profano en el arte militar[5]. Las miradas de muchos estaban puestas sobre él. Aparentando un ánimo displicente, en una de sus manos sostenía un blanco pañuelo y jugueteaba con él. Ahí, en ese pequeño cuadrángulo, quizás de fino lino bordado, estaba la clave. En esa nimia prenda de uso personal radicaba el símbolo de la revolución. Pero, leamos lo que nos dejó escrito el prócer en su “Autobiografía[6]”:

El Congreso celebrado en nuestro estado para discernir nuestra situación, y tomar un partido en aquellas circunstancias, debe servir eternamente de modelo a cuantos se celebren en todo el mundo. Allí presidió el orden; una porción de hombres estaban preparados para la señal de un pañuelo blanco, atacar a los que quisieran violentarnos: otros muchos vinieron a ofrecérseme, acaso de los demás acérrimos contrarios, después por intereses particulares; pero nada fue preciso, porque todo caminó con la mayor circunspección y decoro. ¡Ah y qué buenos augurios!”

Un pañuelo con inicial bordada, que bien pudo ser el del prócer

Estas líneas definen el protagonismo de Belgrano en aquella hora crucial, no fue un simple partícipe de aquellos conciliábulos, sino aquél al que se miraba, atentos los patriotas a su gesto, al que muchos fueron a ofrecérsele incluso, algunos de los más “acérrimos contrarios” a las nuevas ideas, pero que confiaban en su juicio personal, sabedores de sus virtudes y de la pureza de sus intenciones.

De ese pañuelo blanco dependió en un momento la historia toda del Virreinato del Río de la Plata que se extinguía, de aquella nación que nacía bajo influjo del ideal de libertad.

De haber caído ese pañuelo de las manos de Belgrano muy distinta pudo ser la historia y, con toda seguridad, el tumulto habría disuelto la reunión, la gritería y la violencia se habrían apoderado de todos y, acaso, la sangre habría corrido durante el parto político de aquella primera junta de gobierno. En Belgrano primó la prudencia, aunque seguramente no faltaba la decisión de llevar adelante lo comprometido.


Notas y referencias:

[1] CARRILLO BASCARY, Miguel. La escarapela NO ES UN SIMBOLO NACIONAL. Cuestión recurrente https://banderasargentinas.blogspot.com/2024/05/la-escarapela-no-es-un-simbolo-nacional.html

[2] En 1802 fue el primero que ocupó esta función por delegación del Cabildo.

[3] BERUTI, Juan Manuel. “Memorias Curiosas”, en Biblioteca de Mayo. Tomo IV, p. 3763. Senado de la Nación. Bs. Aires. 1966. https://digitales.bcn.gob.ar/files/textos/Biblioteca-de-mayo---Tomo-4.pdf

[4] Se habían confeccionado en la Imprenta de los Niños Expósitos. Las que se distribuyeron a los patriotas llevaban una casi invisible viñeta invertida, señal de un esperado voto positivo a la destitución del virrey.

[5] Dejó escrito sobre él mismo: “no era lo mismo vestir el uniforme de tal, que serlo (…) por mi deseo de desempeñarlo [se refiere a su función de oficial, que le fue discernida por votación de quienes serían sus propios subordinados] según correspondía, tomé con otro anhelo el estudio de la milicia y traté de adquirir algunos conocimientos de esta carrera, para mí desconocida en sus pormenores” (Ref. “Autobiografía”).

[6] Publicada en Biblioteca de Mayo. Tomo II, pp. 951-1025. Senado de la Nación. Bs. Aires. 1960, https://digitales.bcn.gob.ar/files/textos/Biblioteca-de-mayo---Tomo-2.pdf

P.S.: Luciano Pezzano, erudito numismático y a quien reconozco como amigo, observa que en la obra de Subercaseuax que Belgrano “Está sentado a la derecha del padre Luis José de Chorroarín, y parcialmente cubierto por este, de brazos cruzados y mirada concentrada”, hacia la derecha del Obispo Lué al que se muestra con sotana algo morada. Los fundamentos de esta explicación puede verse in extenso en “El Reverso”. Boletín Electrónico del Centro Filatélico y Numismático San Francisco. Nº40, pp. 11-12. Junio, 2016. Bs. Aires. https://www.monedasuruguay.com/bib/rev/rev040.pdf Allí se referencia como fuente de tal asignación a la interpretación realizada por el padre Cayetano Bruno. Cumplo en dejarlo referenciado, pero hago patente mi respetuoso disenso con tan jerarquizado religioso. Para mi el rostro del “Belgrano” que señalo en la imagen que abre la nota coincide perfectamente con la fisonomía que le conocemos, tanto en su perfil como en el detalle de sus cabellos peinados hacia el frente (Referencia: los óleos ejecutados por Carbonnier, en 1815). Además, la tradición de que vestía de uniforme se conforma el atavío con que se lo observa.

sábado, 23 de mayo de 2026

The last Teams in U.S.A. en sus banderas

Futbol +Vexilología/ Parte 4

Seleccionado de Jordania
 
Selección de Uzbekistán

Por Miguel Carrillo Bascary

Terminamos hoy esta serie sobre las banderas de las naciones que debutan en el Mundial de Futbol 2026. Los interesados podrán acceder a las notas anteriores que constan al final de esta entrada.

1)- El Reino Hachemita de Jordania

Conocido por este último nombre es un estado relativamente nuevo, asentado en una tradición milenaria. Su designación podría interpretarse como el "país del Jordán", aludiendo al pequeño río que lo atraviesa, escenario fundamental en la historia bíblica y en la tradición de la cultura semita. Es una monarquía constitucional que detenta la dinastía hachemita. Está poblado por unos 13 millones de personas que mayormente hablan el árabe.

Por su ubicación geopolítica Jordania se ha visto inmersa en permanentes tensiones que definen su personalidad social, de hecho ha sido activo protagonista en los conflictos entre el mundo árabe e Israel, lo que le acarreó perder una importante porción del territorio con que inició su vida independiente. No cuenta con recursos petrolíferos significativos en comparación con otros estados de la región, pero su turismo está muy desarrollado. Los factores verdaderamente críticos son la falta de agua y el escaso suelo cultivable.

Por siglos la región estuvo dominada por el Imperio Otomano, cuando colapsó en el curso de la I Guerra Mundial se hizo evidente el protagonismo de otro imperio, el británico que se impuso por sobre el nacionalismo vernáculo que promovía la "Revolución Árabe", dos realidades que moldearon el perfil político de Medio Oriente, donde no estuvo ausente Francia.

Imperio Otomano y Reino Unido 

Bandera de la "Revuelta Árabe"

Tras la disolución otomana, la "Sociedad de las Naciones" otorgó al Reino Unido una suerte de protectorado sobre la región de Palestina que recibió el nombre de “mandato”, a cargo de un “alto comisionado”.

 

Desde 1921 una porción de ese territorio se erigió como el Emirato autónomo de Transjordania, que abarcaba desde el río Jordán hacia el Este.

Al observar la enseña nacional jordana se advierte la directa influencia del diseño que caracterizó a la Revuelta Árabe de comienzos del siglo XX. Por paradoja, su vexilo fue diseñado por el inglés Mark Sykes, en 1916. Su importancia radica en que señaló la conciencia común de este pueblo y fortaleció su designio de liberarse del poder otomano. 

Los llamados colores panárabes representan: el blanco al califato abasí, que tuvo por capital a Bagdad; el rojo al omeya, gran imperio centrado en Damasco, y el verde al fatimí o rashidun, radicado en Egipto. En tanto que el rojo evidenciaba la sangre árabe. En cuanto a la estrella blanca es imagen de la unidad del pueblo árabe. Cada una de sus puntas expresa los siete versículos de la primera sura del Corán, con lo que el vexilo indica el compromiso de Jordania con la fe islámica y su patrimonio cultural. También las siete colinas sobre las que se construyó Amán, la capital jordana.

En abril de 1928 el emirato de Transjordania definió su bandera, explicitando que el chevrón rojo manifestaba la dinastía hachemita.

Apenas finalizada la II Guerra Mundial, en 1946, se erigió el Reino Hachemita de Jordania, con referencia a esta dinastía, que afirma descender directamente del profeta Mahoma a través de una de los clanes que integraban la tribu de Quraish, radicada en La Meca, y a la que pertenecía al profeta. 

Entre los mese de febrero y agosto de 1958 se registró la brevísima unión entre los reinos de Jordania y de Irak, tomando como referencia el vínculo familiar entre los monarcas, por lo que se presentaron al mundo como “Federación Hachemita” o “Federación Árabe de Irak y Jordania”. Con esto se intentó articular un polo hachemita contrastante con la formación de la República Árabe Unida que habían formado Egipto y Siria. El derrocamiento del rey de Irak extinguió este propósito. Durante este período ambos paises se manifestaron con la siguiente bandera:

Jordania y el futbol

El deporte se difundió gracias a la influencia británica. El equipo nacional se formó en 1953. Su principal logro es la Copa asiática del 2004. En la actualidad Jordania ocupa el puesto sesenta y tres en el ranking FIFA, superando a Jamaica, Finlandia, Islandia y China, países que ya cuentan con experiencia mundialista y con un desarrollo de este deporte aparentemente superior. Esto define la importancia del logro de clasificar al Mundial 2026 que protagonizó el equipo jordano a los que se llama “los valientes” o “los bravos” (Al-Nashama).

2)- Uzbekistán (la tierra de los uzbekos)


El país cuenta con unos treinta y seis millones de habitantes. Su capital es Taskent. Se asienta en una región mediterránea del Asia central, en la “ruta de la seda” donde han confluido varias culturas a lo largo de los siglos. En el siglo XVI la conquistaron los nómadas uzbekos, de habla turca, que en el siglo XIX quedaron bajo la égida del Imperio ruso

Con la disgregación del régimen zarista se formaron decenas de estados, entre ellos la República Socialista Soviética Uzbekistán (1924) que se expresó con una de las típicas banderas que afloraron por entonces, caracterizadas por el rojo de la revolución comunista soviética.

Desde 1929 se transformó en la República Socialista Soviética de Uzbekistán que adoptó sucesivamente banderas que reconocen la misma pauta de diseño.

 


Desde 1952 se buscó plasmar la identidad cultural uzbeka incorporando el celeste en una faja central, al mismo tiempo que se reforzaba la ideología comunista-soviética con la carga de la hoz, el martillo y la estrella roja.

En 1991 el régimen soviético cayó y Uzbekistán recobró su identidad política y cultural como una democracia que otorga un fuerte predominio al ejecutivo, de tal forma que puede caracterizarse como una república formal a cargo de un primer ministro. La minería, el gas y el algodón son los pilares de una economía muy centralizada. El estado es laico, pero predomina el Islam.

Adoptó su actual bandera en 1991 que se caracteriza por tres franjas. La celeste, se remonta al estandarte del gran rey Tamerlán (1336-1405) que reflejaría a los cielos y a la vitalidad del agua. El blanco alude a la paz, la justicia y a la principal producción agrícola, el algodón; mientras que el verde es imagen de la naturaleza y la fertilidad. El fimbriado rojo representa la fuerza vital de su pueblo. Carga la medialuna creciente, simbolizando el renacimiento de su pueblo y la impronta cultural islámica. Mientras que las doce estrellas manifestarían una pluralidad de conceptos: los meses del año, los signos zoodicales y el número de provincias.

El futbol en Uzbekistán

Con la independencia se formó la federación que promueve este deporte en el territorio (1992). Su seleccionado es conocido como “los lobos blancos”. Cuyo principal logro fue imponerse en los Juegos Asiáticos de 1994 y en la Copa de Naciones del Asia de 2025. Uzbekistán se ubica como el quincuagésimo país del ranking FIFA, por lo que supera a seleccionados que ya tienen experiencia mundialista como Islandia, Sudáfrica y Arabia Saudita.

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Otras notas de la serie:

jueves, 21 de mayo de 2026

Banderas de Santa Cruz / Segunda parte

Antecedentes y conclusiones

Santa Cruz de la Sierra, plaza principal

Por Miguel Carrillo Bascary

Leíamos en una nota anterior que el actual Departamento de Santa Cruz (Bolivia) reafirma su identidad mediante varios vexilos[1]. Hoy interesa particularizarlos. Dos son los que analizaremos.

1) - La celeste y blanca que portó el general Warnes

El Pari”, obra de Carlos Cirbrián

Este guerrero de la independencia americana la empleó en la región de Santa Cruz de la Sierra, que por entonces integraba las Provincias Unidas. En 1813, luego de obtener la victoria de Salta, el general rioplatense Manuel Belgrano, en su condición de capitán general del Alto Perú, designó al entonces coronel (general post mortem) José Ignacio Warnes (1770-1816) para administrar la región con el objetivo de coadyuvar al esfuerzo de guerra en curso y posibilitar el autogobierno de su pueblo.

En lo que ciertos historiadores llaman la “republiqueta de Santa Cruz” gobernó Warnes hasta la más cruenta de las batallas del período, “El Pari” (21 de noviembre de 1816)[2]. El nefasto resultado significó el fin de su gobierno, le acarreó la muerte y provocó la dispersión patriota, con lo que se restableció el régimen hispánico hasta su definitiva derrota en Ayacucho, el 9 de diciembre de 1824.


Era natural que Warnes identificara su accionar con la bandera que empleaba el ejército patriota, blanca y celeste en dos paños horizontales o, eventualmente, celeste y blanca, con igual disposición. De hecho, también hay quienes interpretan que pudo tener dos franjas celestes a los lados y una central blanca. Lamentablemente no se ha conservado algún ejemplar que lo constate con la debida seguridad.

2) - La enseña de 1935

El proceso que llevó a la independencia de los antiguos dominios de la Corona de Castilla determinó el deslinde de sus territorios conforme al principio del uti possidetis iuris de 1810. En gran medida esto bastó, pero hubo zonas en donde la falta de precisión de las antiguas jurisdicciones hispanas incubaron conflictos de límites de gravedad, de los que ningún país sudamericano quedó al margen.

Uno de ellos llevó a la sangrienta “Guerra del Chaco” que enfrentó a Bolivia con Paraguay, entre el 9 de septiembre de 1932 y el 12 de junio de 1935. Esta gran región está comprendida por los ríos Teuco, Pilcomayo, Paraguay y Parapetí, es particularmente rica en ganadería, maderas, petróleo y otros recursos.

La guerra finalizó tras arduas gestiones de Estados Unidos y otros países americanos, a cuyas resultas se firmó el Tratado de Bs. Aires, celebrado en 1938. Se concretó bajo la acción diplomática del argentino Carlos Saavedra Lamas, lo que le mereció obtener el premio Nobel de la Paz. En definitiva, la conflagración determinó más de 100.000 fallecidos, además de ocasionar enfermedades y discapacidades a una cantidad muy superior de combatientes y de civiles involucrados, que debieron arrastrar durante todas sus vidas.

Durante su desarrollo afloraron ciertas aspiraciones segregacionistas de la región de Santa Cruz, determinadas por las complejas características del conflicto, algunas de ellas se asentaron en razones históricas y sociológicas[3]. Paraguay se comprometió activamente en este proceso. Agravó la situación que el gobierno boliviano, sometió a los cruceños a medidas draconianas, obligando a que muchos abandonaran sus hogares y haciendas. El fenómeno del caso se contrabalanceó con el surgimiento de una tendencia integracionista de Santa Cruz con Bolivia.

El 21 de mayo de 1935 varios miles de prisioneros de guerra de origen cruceño que estaban retenidos en Paraguay proclamaron en Asunción la independencia de Santa Cruz de la Sierra y nombraron como presidente del nuevo estado al Dr. Cástulo Chávez (1887-1947), ex rector de la universidad de esa región. En la oportunidad se bendijo y juró la bandera que la identificaría. La ocasión se eligió porque ese día de 1595 se relocalizó la población fundada por Ñuflo de Chaves en el lugar que hoy ocupa la ciudad de Santa Cruz de la Sierra.

El erudito historiador argentino Enrique de Gandía[4] cita lo ocurrido en la ocasión. Lo hace en su libro “Historia de Santa Cruz de la Sierra. Una nueva república en Sud América[5]”, donde describe al vexilo de esta manera:

“(…) se compone de tres franjas horizontales, la de arriba verde, la del medio blanca y la inferior roja. Hacia el lado del esta lleva un triángulo azul con una estrella blanca en el centro”.

Sobre el significado de estos colores de Gandía sigue a Raúl del Pozo Cano[6] y explica:

El verde simboliza la rica y variada vegetación que cubre el territorio del estado cruceño, así como la esperanza que abriga en el futuro esplendor de su destino. El blanco encarna la pureza de su raza hispana y el espíritu altivo y sin dobleces de sus hijos. El rojo representa el valor y la sangre derramada por los mismos en la noble demanda libertaria. El triángulo azul con una estrella en el centro simboliza la libertad irradiando, triunfante, en la plenitud limpia del cielo cruceño, exaltado en una de sus estrofas de su himno de paz que dice: “Bajo el cielo más puro de América. ¡Y en la tierra de Ñuflo de Chaves- Libertad…! Van cantando las cabes- De su veste ostentando el primor”.

Las circunstancias en que se proclamó este grito de libertad son suficientes para advertir lo limitado del gesto ante el Derecho Internacional Público.

En la extensa historia de Santa Cruz el pronunciamiento de 1935 fue un suspiro y no alteró el devenir, pero para quienes estudiamos la Vexilología, las referencias vertidas sirven de marco para explicar la bandera que se adoptó en la oportunidad. Bien lo vale.

Conclusiones

-  El conjunto de las dos notas referidas a las banderas vinculadas con la historia de Santa Cruz demuestra y explica en base a la normativa dictada, de qué manera se manifestó la identidad de su pueblo a lo largo de más de dos siglos.

-  Expone, además, la irregular trayectoria de la enseña del patujú que se extendió más allá de los límites cruceños. Al respecto se hace evidente la necesidad de contar con un modelo patrón adecuadamente definido por la Vexilonomia. 


[1] Carrillo Bascary, Miguel. Banderas de Santa Cruz/ Primera partehttps://banderasargentinas.blogspot.com/2026/05/banderas-de-santa-cruz-bolivia.html

[2] En sintéticos términos la presentación de Nino Gandarilla Guardia constituye una excelente aproximación al hecho histórico. La Batalla de “El Pari”. https://cd1.eju.tv/wp-content/uploads/2016/11/Batalla-del-Pari.pdf

[3] A quien le interese la temática puede resultarle un punto de aproximación Pruden, Hernán. “Santa Cruz de la Sierra: de campañas separatistas y proyectos integracionistas, entre las postrimerías y la posguerra del Chaco (1935-1939)” en revista Res Gesta Nº54, Bs. Aires. 2018. Pontificia Universidad Católica Argentina de Bs. Aires. https://repositorio.uca.edu.ar/bitstream/123456789/5810/1/santa-cruz-sierra-campanas-separatistas.pdf

[4] Bs. Aires, 1906- Bs. Aires 2000. Miembro de las academias nacionales de la Historia, Cs. Morales y Políticas, Geografía y de Ciencias (1987). Miembro de la Real Academia de la Historia de Madrid. Estuvo entre quienes fundaron el Instituto Nacional Sanmartiniano y primer presidente del Instituto Nacional Belgraniano.

[5] Talleres L. J. Rosso. Buenos Aires. 1935. 266 pág. Donde hace un muy completo aporte sobre la temática, que abarca desde los primitivos pobladores, la fundación de Santa Cruz, su evolución administrativa, sus recursos, educación y luchas políticas por los derechos de sus habitantes

[6] “Santa Cruz de la Sierra”. Asunción, 1935, pp. 79/80.

lunes, 18 de mayo de 2026

Bandera de Macha "A": su registro museológico

El D.N.I. de una pieza histórica

Anverso de la ficha

Desde que la ciudad de Rosario pidió trasladar al Monumento a la Bandera la enseña “de Macha A” o “de Ayohuma” que se guarda desde 1896 en el Museo Histórico Nacional (Bs. Aires) se han agitado las aguas sobre la temática. 

Esta breve comunicación es poner a disposición de los interesados la ficha museológica con que se registró la pieza. Nada más, ni nada menos.

Destaco que a la “bandera de Macha A”, para diferenciarlo de aquel que se descubrió en el mismo lugar que el que tratamos y que se encuentra en el Museo “Casa de la Libertad” en Sucre (Bolivia), al que se conoce como “Macha B”.

Bandera de Macha "A" 
(también denominada "de Macha I" o de "Ayohuma")

Bandera de Macha "B" 
(también llamada "de Macha II" o "de Sucre")

La imagen que abre esta nota corresponde al anverso de su legajo, F Nº3.060, que se transcribe seguidamente:

Carpeta: 2.413.-

Fecha de entrega: Junio 24 de 1896.

OBJETO: “BANDERA ARGENTINA que perteneció al Ejército al Mando del General Manuel Belgrano, hizo la campaña del Alto Perú, el año 1813”.

Medidas: 1,54 x 2,24 mts.

DESCRIPCION: De seda con los colores nacionales, dispuestos en tres bandas. Cristal y marco de madera oscura.

Firmas: (hay 3, la primera corresponde a Alfredo González Garaño[1], las otras son ilegibles*)

Nota del autor: La calificación de haber pertenecido al ejército al mando de Belgrano no implica un juicio histórico certificativo, sino referencial. Tiene el solo efecto de hacer constar el carácter que se le asignó a la pieza de manera especulativa, ya que no existe prueba documental alguna que la certifique.

En el reverso se lee:

Número de Registro: 1100

DOCUMENTOS AUTENTICATORIOS: No hay antecedentes. Libro de Donaciones III (1892), Nº134.

Registro antiguo fo. 61, Nº553.

Registro nuevo Libro I, folio 256, Nº1.100.

Expuesta: “Sala de los Símbolos Nacionales”. Completamente deteriorada y descolorida por la acción del tiempo. 

En un folio complementario consta que fue recibida por donación del Gobierno de Bolivia el 24 de junio de 1896, la que corresponde al “Acta de entrega” o protocolo, fechado el 23 de mayo del mismo año, suscripto por el Ministro de Relaciones Exteriores de Bolivia, Dr. Emeterio Cano, y el Encargado de Negocios argentino ante ese país, el Dr. Alberto Blancas.

Otros datos

La pieza se expuso hasta 1995 en la Sala "Símbolos Nacionales" del Museo Histórico Nacional, en posición vertical contenida por un marco vidriado elaborado en 1916 por la firma "Mody y Cía.", especializada en este tipo de trabajos. es "de roble, con respaldo de pino de 1/3 de pulgada, cepillado y machihembrado con travesaños",. según consta en un asiento de la carpeta museológica. El paño se mostraba en posición vertical, lo cual no es técnicamente adecuado para exhibir textiles antiguos.

Planta del Museo (fracción) y Sala de "Símbolos Nacionales", en amarillo



Aspecto que presentaba en 1991, se le había quitado el marco y ocupaba gran parte de la pared de la Sala "Símbolos Nacionales", el marco quedaba parcialmente oculto por la superestructura azul

Antigua fotografía que revela las líneas de tensión que mostraba 
la pieza a consecuencia de la posición vertical con la que se mostraba

Posteriormente la bandera se exhibió en el contexto que resulta de la siguiente fotografía tomada en el 2007 (lamentablemente desenfocada):

Desde el año 2009, el vexilo debidamente estabilizado y preparado luce en una capsula contenedora dotada de condiciones especiales que asegura su conservación. Los trabajos estuvieron a cargo del equipo formado por las Licenciadas Patricia Lissa y María Pía Tamborini, con la participación de Sol Barcalde, Laura Solazzi e Ivana Rigacci[2].


Detalle al microscopio de un sector del celeste de la pieza. 
Observar que se la trama es bicolor (celeste y blanca)

Cumplo en referenciar que la significativa documentación que forma el legajo me fue facilitada por el entonces director del Museo, el Dr. José Antonio Pérez Gollán[3] (Nota del 17 de diciembre 2009)


Notas y referencias:

[1] Bs. Aires, 1886- Bs. Aires, 1969. Miembro de la Academia Nacional de Bellas Artes desde 1936. Coleccionista, bibliófilo y activo gestor cultural.

[3] Nació en Córdoba, 1937. falleció en Bs. Aires, 2014. Se graduó en la Univ. de Córdoba y se especializó en Arqueología. Revistó en el CONICET. Fue profesor titular en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Dirigió el Museo Etnográfico "Juan Bautista Ambrosetti", desde 1987 a 2005 en que pasó a conducir el Museo Histórico Nacional, cargo que desempeñó hasta el 2012.

(*) Al decir del amigo Roberto Colimodio la segunda firma corresponde a "Enrique Vidal" y la segunda podría ser la de "Ricardo Zabala", por cuanto los tres aparecer identificando otras piezas de la colección.