martes, 18 de agosto de 2026

“23 de agosto - Éxodo Jujeño", incógnita sustancial

La obra que ¿revela a su autora?

"Marcha 23 de agosto"

Por Miguel Carrillo Bascary

Entre los tesoros históricos y artísticos que guarda la provincia de Jujuy existe un gran cuadro pintado con brillantes colores que representa el más dramático momento que debió afrontar su pueblo. En el registro patrimonial se lo denomina “Marcha 23 de agosto" pero, con mayor apego histórico también se lo nombra como "23 de agosto - Éxodo Jujeño[1]".

A poco que se mire expresa emociones que evocan aquellos cruciales momentos en que, por orden del general Manuel Belgrano, los jujeños dejaron tras de sí tierra arrasada, su propia tierra, sus hogares. Fue el 29 de julio de 1812, el día en que Belgrano cerró la marcha ante la previsible represión de Tristán que marchaba a la vanguardia hispana. Con esta despoblación se intentaba restar apoyo material al implacable avance realista que se precipitaba desde la Quebrada de Humahuaca después de anegar en sangre la ciudad de Cochabamba[2]. Se trataba del mayor peligro por el que atravesó la Revolución de Mayo. La Historia prueba que se superó felizmente con el triunfo alcanzado en la batalla de Tucumán, que se libró el 24 de septiembre en las afueras de esa ciudad.

En algún momento de la década de 1940, una mente inspirada y una mano hábil concibieron plasmar aquella epopeya en un gran panel de madera que testimoniara ese inmenso sacrificio. Por un ignoto arcano no quedó registro que certificara su autoría. Se encuentra en el Museo Histórico Provincial de Jujuy “Juan Galo Lavalle” y, precisamente, se muestra en la Sala “Éxodo Jujeño”.

Imagen que consta en la ficha del Museo

Su ficha museológica[3] indica que ingresó "por donación", sin que conste el benefactor, ni la fecha del acto; mide 200 x 150 cm. En el ángulo superior izquierdo se lee "23 DE AGOSTO DE 1812".

Hay quienes dicen que no tiene autor, sino autora, y que Léonie Matthis, debería llevarse el crédito. Otro factor a su favor es que, hasta el momento, los expertos no han postulado a otro artista que acredite referencias suficientes para discutir esta atribución.

“Leonie Matthis” (Francisco Villar, 1929)[4]

Veamos lo que favorece a Matthis. Desde que conoció la provincia de Jujuy en 1920, supo pasar largas temporadas en Tilcara, a donde fue invitada por su colega José Antonio Terry, hijo (1878-1954) que residía allí[5]. Léonie quedó fascinada por el paisaje de la Quebrada de Humahuaca, por sus sombras, sus colores, su silencio y su gente. Desde entonces la familia que formaba con su esposo, Francisco Villar, hizo de la localidad su lugar de veraneo[6], al que llegaba tras alquilar un vagón completo del ferrocarril para trasladarse desde y hacia Buenos Aires, como por entonces era usual. Con el tiempo, las temporadas estivales se alargarían abarcando largos meses en que la artista pudo consagrarse a sus bocetos, telas y pineles.

En 1939 recorrió Bolivia y el Perú, lo que también inspiró muchas de sus obras, particularmente la serie "Viaje al país de los Incas". Además, se le cuentan viajes a Bariloche, Misiones, Uruguay y el Brasil, lo que expresa un enamoramiento declarado por captar con sus propios ojos los ambientes que serían materias de sus obras. A título de ejemplo se presenta la siguiente:

Conocida como “Casona en la Quebrada de Humahuaca”, 
ilustra el Cabildo del poblado de Purnamarca

Fotografía reciente [7 ] 

Hay otros factores que abonan que se atribuya a Matthis el cuadro del “Éxodo”, entre ellos su luminosidad y colorido, la perspectiva de los cerros, y la correspondencia histórica de las vestimentas. Los grandes formatos no eran desafíos para la autora, como lo evidencian muchas de sus obras más conocidas. A lo expuesto resta otro dato que podría ser capital para fundamentar la autoría, la data en que se ejecutó, esto es la década de 1940, en la que Matthis trabajó intensamente en Jujuy.

Pero, además, hay un factor emotivo que la caracteriza. Se estima que una persona de su sensibilidad, dedicada en cuerpo y alma a la recreación histórica, no pudo permanecer indiferente al significado que la epopeya del Éxodo tiene para el pueblo jujeño. Cada nacido en esa provincia se reconoce heredero de las mujeres y hombres que protagonizaron ese supremo sacrificio en el altar de la Patria. Esto lo experimente quien ha tenido el privilegio de recorrer la provincia, hasta el más humilde changuito sabe contar sobre el Éxodo.

Analizando la obra

En el sector superior de la composición vemos una compleja y oscura masa de nubes, presagio del oscuro momento que protagonizaba el pueblo, principal protagonista del conjunto. Las cadenas montañosas se suceden hasta las cumbres nevadas que corresponderían al cerro del Chañi, el más alto de la provincia, con sus casi 5.900 m. s. n. m.

Existe un equilibrio entre el paisaje y el elemento popular, que se expresa con una doble dinámica, desde la altura de la izquierda y desde un plano inferior derecho, en líneas que confluyen en las figuras centrales: un militar, una mujer que carga a su bebé con un aguayo y un hombre recubierto con un poncho. Analizando las trayectorias que se observan en un segundo plano, la línea de emigrados que avanza desde la izquierda se desprende de las alturas, representando los pobladores que bajan de La Quebrada, mientras que la otra ría de pobladores proviene de la posición en que se visualiza la ciudad de Jujuy; esta dualidad señala la diversidad de origen de los protagonistas, tal como ocurrió en la histórica jornada; no es un detalle menor. El sereno dinamismo general engloba a los figurantes, al par que evidencian un claro y lento avance hacia un destino ignorado. 

El uniformado no representa al general Belgrano, como en una primera impresión podría considerarse. Hay dos razones que lo desmienten desde la perspectiva netamente histórica, la primera es que lleva barba, cosa que el prócer nunca usó; la segunda es que los testigos de la época relatan que fue la última persona que salió de la ciudad. La singularidad del militar no hace más que destacar que el neto componente civil de la masa de pobladores que se descompone entre los que visten atuendos netamente indígenas y otros, cuyas ropas revelaran un origen citadino, como la figura montada que se observa en la extrema derecha del plano, acompañando a varias carretas colmadas de mercaderías. En contraste se destaca la presencia de una llama, burros y ovejas. Otro detalle notable radica en los pañuelos del militar y de los dos hombres que le son más próximo, elementos imprescindibles para quienes debían transitar aquellas polvorientas jornadas.

Tratándose de una obra que busca representar un acontecimiento histórico, patriótico, épico, podría pensarse que debió incluirse una bandera que lo resaltara. El caso es que se trata de una ausencia plenamente justificada. Si bien el 25 de mayo de 1812 Belgrano presentó la bandera en Jujuy, a la que hizo bendecir y jurar, posteriormente recibió la orden gubernamental de no utilizarla, a lo que respondió que la desharía. En consecuencia el Éxodo se realizó sin la presencia del símbolo, que solo se volverá a ver (reconstituido en su concepto) en la ceremonia publica de la jura de obediencia a la Asamblea Constituyente que se concretó el 13 de febrero de 1813 a la vera del río Pasaje.

¿Qué pudo pasar para que no se le conozca la autoría de esa obra? Desde mi posición es un misterio, eventualmente agradecería cualquier esclarecimiento. Verdaderamente llama la atención que no haya constancias de su presentación pública, alguna noticia sobre su instalación o, al menos, cierta correspondencia. Apunto que no es extraño que en los museos históricos del país falta un completo registro de su patrimonio, tampoco que haya errores de catalogación. En los tiempos en que se formaron (1890-1960) la Museología argentina no era suficientemente prolija, afortunadamente hoy el panorama ha variado. 

En la eventualidad de considerar a Léonie Matthis como autora de “23 de agosto - Éxodo Jujeño" la inquietud que motiva la ausencia de reconocimiento hace perfectamente aplicable el juicio que sobre ella formuló la fina percepción de la experta Georgina Gluzman[8] [9] (Bs. Aires -1984):

Su nombre [el de Matthis] no está directamente asociado al vasto corpus de obra de tema histórico que produjo. La difusión de su obra a niveles masivos se dio mediante la reproducción en manuales escolares, particularmente aquellos publicados por la editorial Kapelusz, que pusieron a generaciones de argentinos en contacto con las imágenes producidas por la artista, pero sin reforzar una idea autoral, sino presentándolas como testimonios visuales supuestamente objetivos y de origen incierto. En otras palabras, Matthis es una artista con un enorme impacto, pero su reconocimiento quedó diluido en el proceso de masificación: sus imágenes son muy conocidas y han moldeado la percepción de la historia para muchos, pero la persona detrás de esas imágenes (así como su historia y su método de trabajo) permanece en gran medida desconocida para el público general”.

Hoy la imagen de “23 de agosto” goza de un conocimiento bastante generalizado, al menos en el ámbito de la Historia Argentina. La imagen en comentario se usa a menudo en afiches, flyers e impresos alegóricos a la efeméride.

Así, vemos que en el año 2012 el Correo Argentino tomó esta imagen para rendir digno homenaje al Éxodo con el sello postal que emitió al cumplirse dos siglos del acontecimiento. Fue una edición única de 500.000 ejemplares, con un valor de $2,50, siendo sus medidas 4 x 3,4 cts. Formó una serie conmemorativa con el sello que recuerda el triunfo patriota en la batalla de Tucumán (24 de septiembre del mismo año).

“Batalla de Tucumán (Rafael del Villar)

Conclusión

-  En breves palabras queda referenciada y descripta la obra catalogada como “Marcha 23 de agosto".

-  En cuanto a su autoría, entiendo en lo personal que sería Leonie Matthis y que corresponde reproducir los términos con que se refirió a ella la Doctora Georgina Gluzman.

-  Considero también que, si se consideran los elementos fácticos existentes, correspondería tributar a la artista el mínimo reconocimiento de que esta obra se exhiba y referencie indicando “Autor anónimo, muy posiblemente Leonie Matthis” o, por qué no, Atribuido a Leonie Matthis, sería justicia.

-  Eventualmente cabría que algún investigador abordara la tarea de explorar los archivos que dejó Mattihs, con el objetivo en encontrar alguna referencia que permita justificar dicha autoría. 

-  También correspondería confiar a uno o más expertos en Arte dictaminar sobre los aspectos técnicos que fueran pertienentes para confirmar o descartar la hipótesis.

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Para conocer más sobre la eventual autora y analizar algunas expresiones de su obra puede verse “El pueblo llano declara la independencia argentina. Notable visión de Léonie Matthishttps://banderasargentinas.blogspot.com/2026/07/el-pueblo-llano-declara-la.html


[1] Así consta en la ficha de registro, Museo "Juan Galo Lavalle". Un mundo para todos; coordinación de Patricia Maddonni. Ministerio de Educación de la Nación. Bs. Aires. 2ª ed. 2012, p. 16. https://bnm.me.gov.ar/giga1/documentos/EL006936.pdf?utm_source=chatgpt.com

[2] Convencionalmente se data al Éxodo el 23 de agosto de 1812, aunque de hecho comenzó varias semanas antes y culminó cuando, una vez que la columna llegó a la ciudad de Tucumán, se dio la batalla de este nombre el 24 de septiembre. La reconquista y reocupación de Jujuy ocurrió el 21 de marzo de 1813. Sobre la denominación puede verse: Carrillo Bascary, Miguel. El primero en llamarlo “Éxodo”. Las pruebas al canto. https://banderasargentinas.blogspot.com/2025/08/el-primero-en-llamarlo-exodo.html

[3] Se agradece al Museo Histórico Provincial "Juan Galo Lavalle" poder contar con la copia de la ficha respectiva, que lleva por número de inventario MHP /2022 / 0510. La obra se expone con un marco de madera pintado en verde.

[4]  En algunas publicaciones se cataloga equívocamente a la obra como un “autorretrato”.

[5] Terry tenía su casa y taller en Tilcara, donde residió entre 1911 y 1936. Ya antes de su fallecimiento se había convertido en el “Museo Regional de Pintura José Antonio Terry” que es hoy una de las atracciones de la localidad.

[6] Posteriormente en los veranos la familia se trasladó a la muy turística Mar del Plata.

[7] Fue construido hacia 1850, hoy es un centro cultural.

[8] Léonie Matthis (1883-1952): nuevas aproximaciones a una trayectoria artística transnacional. https://www.researchgate.net/publication/408144764_Leonie_Matthis_1883-1952_nuevas_aproximaciones_a_una_trayectoria_artistica_transnacional

[9] Nació en la ciudad de Bs. Aires, 1984. Es doctora en Historia y Teoría de las Artes, y licenciada. Se desempeña como docente en la Universidad de Buenos Aires y la Univ. de San Andrés. También es investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas. 

lunes, 17 de agosto de 2026

El dormitorio del Gral. San Martín

Avatares sobre una bandera

 "Muerte del General San Martín" (autor anónimo)

Por Miguel Carrillo Bascary

Creo que coincidiremos que la identificación del general José de San Martín con la nacionalidad argentina es un hecho incontrastable.

Igualmente, estimo que acertaremos al afirmar que la Bandera nacional no puede usarse en otra posición que aquellas que habilita el Ceremonial, por ende, no cabe que su paño se emplee para revestir estrados ni tribunas, tampoco como tapizado o mantel, ni que se la fije a la pared de una habitación.

Pero para todo hay excepciones, si esto no implica infringir el debido respeto. Una de ellas sería disponer el vexilo sobre el lecho donde el Libertador exhaló su último suspiro, tal como se verifica en la Casa-Museo de Boulogne-sur-Mer. En principio, esta es una práctica emotiva, que no plantea mayor cuestionamiento, pero no está exenta de condiciones.

El antecedente más remoto se inspira en la composición pictórica de autor anónimo conocida como “Muerte de San Martín”. Se habría ejecutado a fines del siglo XIX y se encuentra en la “Celda de San Martín”, en el convento de Santo Domingo, provincia de San Juan. Allí se recrean los instantes posteriores a su fallecimiento, donde el prócer aparece recubierto por una bandera, mientras su hija y nieta oran por su alma.

Como reflejo, en la réplica del dormitorio del prócer montada en la Casa-Museo, se acostumbra disponer un ejemplar de enseña nacional, como manifestación alegórica a su cuerpo mortal. De tal suerte que la escena del cuadro pareciera repetirse, con lo que los visitantes se integran como partícipes en el velatorio de ese gran hombre.

La idea es esa y no está mal, pero … el cuestionamiento surge de la posición en que se coloca al vexilo, algo que a lo largo del tiempo ha registrado variantes. Algunas de estas posiciones son impropias, ya que cambian el sentido del hecho que se intenta recrear. Para fundamentar lo expuesto corresponde analizar varias fotografías:

a) Tomas realizadas en la Casa-Museo de Boulogne-sur-Mer:

Foto 1 – Como se ve la bandera está atravesada sobre la cama, en forma parecida a la que presenta la imagen que abre esta breve nota.

Foto 2 – En esta oportunidad se optó por extender el lábaro sobre el lecho, como si fuera un cobertor. Con esto se le asigna una condición utilitaria que no condice con la majestad que debería asegurársele. Para mal de males, obsérvese línea blanca, sobre la almohada (señalada con flecha amarilla) que corresponde a la vaina del vexilo, esto desnuda que ¡el paño se muestra por su revés!, algo francamente irreverente

Foto 3 – Finalmente, el vexilo aparece de tal manera que inapelablemente sugiere ser un inapropiado cobertor, lo que acentúa lo inadecuado de esta posición. Algo más, es inaceptable que se use un ejemplar cuyo Sol no es el que exige la reglamentación desde que se dictó el Decreto Nº1.650/ 2010.

Eventualmente podría admitirse que el paño se posicione tal como se observa en la Foto 1, nunca como aparece en las fotografías 2 y 3.

b) Toma obtenida en el Museo Histórico Nacional,

En la reconstrucción de la habitación se optó por la fidelidad histórica, sin agregar ninguna bandera, lo que evita incurrir en innovaciones que puedan generar sentimientos encontrados.

En lo personal

Considero que la autoridad que corresponde debería instruir específicamente al conservador de la Casa-Museo sobre lo inapropiado de exhibir la Bandera nacional sobre la réplica del lecho en que falleció en general San Martín, y que, para patentizar la solemnidad del ambiente debería mostrarse como ejemplar de sitio al lado de la cabecera.

Esta es la forma en que se muestra en la “Celda de San Martín” del Convento de Santo Domingo, donde la tradición conserva que descansó el Libertador durante su estancia en esa ciudad. De esta manera la presencia del pueblo de la Nación, corporizado en el vexilo, se manifiesta en un lugar tan caro a los sentimientos de argentinidad. Esto, reitero, no da lugar a posiciones opinables. Igualmente, debe tenerse la precaución de que el ejemplar tenga el diseño reglamentado, no ocurre así en este caso, ya que su sol no lo es.

En definitiva, anticipándome a alguna crítica a mi posición, estimo que, tratándose de honrar la memoria del General José de San Martín, no existen cuestiones de detalles.

Argentina NO TIENE “bandera mayor”

Polémica sin sustancia

Por Miguel Carrillo Bascary

La distinción de 1816

El 20 de julio de 1816[1] las recién independizadas Provincias Unidas de América del Sur establecieron la que entonces se calificó como su “bandera menor”. De esta manera se consagró como tal a la de tres franjas horizontales por muchos años caracterizó al país. Traté sobre ella en “La bandera celeste y blanca del Congreso (1816). Interpretación jurídica-vexilológica[2]”, estudio al que remito. Hoy el objetivo se enuncia en el título ya que motiva esta nota la recurrencia con que ciertos sedicentes expertos insisten, equívocamente, en señalar que nuestra “bandera mayor” se aprobó en 1818, cuando se le incorporó el Sol por ley del mismo Congreso.

Recordemos, que esa norma estipuló:

“… será su peculiar distintivo la bandera, celeste y blanca de que se ha usado hasta el presente y se usará en lo sucesivo exclusivamente en los ejércitos, buques y fortalezas en clase de bandera menor, ínterin decretada al término de las presentes discusiones la forma de gobierno más conveniente al territorio, se fijen conforme a ella los jeroglíficos de la bandera nacional mayor”.

Varias eran las formas de estado en debate. La opción oscilaba entre una república, ya fuera de tipo unitaria o federal; mientras que, desde una perspectiva más conservadora, también se promovía una monarquía constitucional, ya fuera de origen europeo o americano.

¿A qué se aludió con el término “bandera mayor”?

La Vexilología Histórica resuelve el interrogante. En aquellas primeras décadas del siglo XIX se denominaban así las banderas cargadas con el escudo oficial del Estado o con el blasón del monarca reinante. Estas aplicaciones no eran simples elementos decorativos, sino que expresaban los atributos de la soberanía a la que corporizaban. En este tipo de vexilos se expresaba su extensión territorial, la forma en que se organizaba su gobierno, la eventual dinastía reinante o elementos de carácter republicano.

Por esta razón los vexilos de la época se confeccionaban con telas preciosas, profusamente labradas con el aditamento de metales preciosos, ya que debían evidenciar el poder soberano que las justificaba, en síntesis, tenían un alto costo. Por esta razón, a nuestros ojos modernos, se presentan muy complejas, sobrecargadas, barrocas.

Estandarte real (Francia, 1643-1790)

Con el avance de la Vexilografía y la Vexilonomia estas características se fueron difuminando en el tiempo y hoy este tipo de banderas solo subsiste en una muy menor proporción de las que forman el concierto de las naciones.

La cuestión en 1818

Volviendo al caso argentino, como bien lo remarcó el Congreso en su Decreto del 25 de julio de ese año, el ordenamiento político del estado debía resolverse al aprobarse la constitución que debía dictarse. Sabemos que distintos factores lo postergaron.

Se llegó así al 9 de enero de 1818, cuando el Director Supremo  Juan Martín de Pueyrredón, pidió al Congreso que resolviera “… la distinción que estime oportuna en el uso de banderas de este estado, ordenándose cuáles serán las que debían tremolarse en las plazas, fuertes buques de guerra del estado, y cuales en los mercantes de la misma nación”. Explicó su motivación consignando: “… pues en el día es sola una de la que se usan unos y otros, causando equivocaciones perjudiciales”.

No era una cuestión menor ya que, en la navegación de aquel tiempo, las banderas eran imprescindibles para identificar las embarcaciones. Así, los vexilos de carácter oficial[3] utilizaban formas específicas, mientras las que hacían el comercio empleaban otro. Generalmente había cierta relación en sus diseños, pero las diferencias resultaban suficientes para caracterizar a las naves de conformidad al Derecho Internacional. Cualquier confusión podía ocasionar incidentes potencialmente graves, con daños o pérdida de naves y vidas humanas.

Esto explica la solicitud de Pueyrredón al Congreso, que era la autoridad competente en tan significativa cuestión. Si se analiza el texto de su comunicación el Director Supremo no pedía adoptar una “bandera mayor”, esto estaba fuera de su competencia.

Lamentablemente hay algunos autores que atribuyen a Pueyrredón haber iniciado el proceso para definir la “bandera mayor”. Así, algunos criterios extremosos, por calificar de alguna manera su irreflexivo razonamiento, afirman que la enseña aprobada en 1818 es “¡la bandera de Pueyrredón!”.

El Congreso se tomó unas semanas para resolver y recién lo hizo el 25 de febrero de 1818 en los siguientes términos:

Que sirviendo para toda bandera nacional los dos colores blanco y azul en el modo y forma hasta ahora acostumbrados, sea distintivo peculiar de la bandera de guerra un sol pintado en medio de ella”.

No estableció cómo debía dibujarse el Sol, con lo que se dio paso a una enorme variedad[4]. Veamos algunos ejemplos:

Si se relee la orden soberana dictada se verá que, con toda claridad, se fijó la “bandera de guerra”, no la “bandera mayor” de las Provincias Unidas.

La distinción entre ambos vexilos es verdaderamente significativa. Queda en claro que, de conformidad al pedido del Director Supremo, la “bandera de guerra” es la que debía “tremolarse en las plazas, fuertes y buques de guerra del estado”. Desde lo formal, la norma no extendió este uso al ejército, pero en la práctica así ocurrió y, con cierta liberalidad, ya que abundaron las que sumaron el Escudo nacional en su reverso. Decenas de estas piezas pueden verse en los museos.

La evolución de las denominaciones

El Congreso, reitero, nada dispuso entonces sobre la “bandera mayor”, por la sencilla razón de que todavía no se había sancionado la constitución que recién se aprobaría el 22 de abril de 1819 bajo la forma de una república unitaria, la que al no obtener el beneplácito de las provincias quedó sin aprobación. El posterior intento, ocurrido en 1826, tuvo una suerte similar. Finalmente, recién el 1º de mayo de 1853 se adoptó la Constitución que aún nos rige y que estableció la forma federal de estado y un gobierno republicado. Recién entonces quedó franco el camino para que el Congreso creara la “bandera mayor”, por no ocurrió así. Se continuó usando la “bandera menor” aprobada en 1816 en carácter de “bandera mercante”, mientras que la “de guerra” (con Sol), definida en 1818, mantuvo este carácter[5] pero insensiblemente adoptó también el de “bandera oficial”, esto es la reservada para uso en las oficinas, vehículos y espacios públicos del Estado nacional.

El Decreto Ley Nº10.302/ 1944 consagró este último calificativo cuando en su artículo 2º estipuló:

La Bandera oficial de la Nación es la bandera con sol aprobada por el “Congreso Nacional de Tucumán” reunido en Buenos Aires el 25 de febrero de 1818”. Se formará según lo resuelto por el mismo Congreso el 20 de julio de 1816, con los colores "celeste y blanco" con que el General Belgrano, creó el 27 de febrero de 1812, la primera enseña patria. Los colores estarán distribuidos en tres fajas horizontales, de igual tamaño, dos de ellas celeste y una blanca en el medio. Se reproducirá en el centro de la faja blanca, de la bandera oficial, el Sol figurado de la moneda de oro de ocho escudos y de la de plata de ocho reales que se encuentra grabado en la primera moneda argentina, por ley de la Soberana Asamblea General Constituyente de 13 de abril de 1813, con los treinta y dos rayos flamígeros y rectos colocados alternativamente y en la misma posición que se observa en esas monedas. El color del Sol será el amarillo oro”.

Bandera oficial de la Nación impresa desde 1944 en las Libretas de Enrolamiento que identificaban a los varones

Originalmente solo podían emplearla las entidades definidas en el Artículo 3º: “el Gobierno Federal, los Gobiernos de Provincias y Gobernaciones”. Recién en 1985, cuando se aprobó la Ley Nº23.208 se extendió a “los particulares” el derecho a usarla. Más adelante, el Decreto Nº1.650/ 2010 especificó sus caracteres con rigurosidad técnica.

En cuanto a la “bandera de guerra”, como su nombre lo sugiere, es de naturaleza militar. La llevan los elementos a la que corresponda custodiarla, tiene los mismos colores y disposición de sus partes que la Bandera Oficial de la Nación y, por sobre el Sol, lleva bordada la inscripción de la Fuerza (Ejército, Armada o Aeronáutica) en un arco convexo; mientras que, por debajo del astro, se incorpora un arco cóncavo con “la denominación orgánica del elemento, seguida cuando corresponda, de la designación especial que la distinga, teniendo en cuenta, en cada caso, que la abreviatura se ajuste a la prescripción reglamentaria vigente[6].”, según lo prevén las regulaciones castrenses.

Bandera de guerra de la V Brigada Aérea[7]

Recapitulando:

1816 – Se definió la “bandera menor” para todo uso, se difirió fijar “la mayor”, hasta que se adoptara una constitución que esclareciera qué cargas debía llevar.

1818 – Se creó la “bandera de guerra” (con Sol) para plazas, fuertes y buques de guerra del estado” y se extendió de hecho para uso del Ejército. La bandera sin Sol la siguieron empleando los particulares y las embarcaciones civiles, un uso que justifica que se la llame “mercante”.

1853 – La Constitución Nacional definió la forma de Estado. Nada dispuso sobre la “bandera mayor”. Subsistieron los usos anteriormente definidos.

1944 – Se definió la “Bandera oficial de la Nación”, esto es la que anteriormente se denominaba “de guerra”. La bandera sin Sol la continuaron empleando los particulares y las embarcaciones civiles (“bandera mercante”).

1985 – El uso de la “Bandera oficial de la Nación” se generalizó, con lo que su empleo se autorizó a los particulares.

Ergo, el Estado argentino no posee, ni nunca tuvo una “bandera mayor”. Queda justificado así que resulta un error expresar y, más aún, pontificar, que tiene este carácter la que lleva el Sol.

Eso sí, resulta inadmisible que la Bandera argentina con Sol se la "bandera de Pueyrredón".


[1] Recuérdese que ese día se adoptó la resolución y que cinco días después se aprobó el decreto que la formalizó.

[3] Tanto las que eran parte de la Armada o las que cumplían servicios civiles, pero de carácter oficial.

[4] Imágenes recopiladas por Francisco Gregoric. Al respecto Hace 200 años se colocó el Sol en la bandera argentina. http://banderasargentinas.blogspot.com/2018/02/hace-200-anos-se-coloco-el-sol-enla.html

[5] Las reglamentaciones castrenses se ocuparon de afianzar el modelo que contenía soles en ambas caras del vexilo. También se apunta una excepción, que resultó del decreto del 7 de abril de 1887, cuando el presidente Roca autorizó su empleo al Yacht Club Argentino, lo que persistió hasta que la Ley Nº23.208 subsumió este privilegio en las pautas generales para el uso de nuestro pabellón.

[6] Estas inscripciones serán bordadas en oro y las letras tendrán seis centímetros de altura”. Según lo complementa la normativa.

[7] Imagen basada en la elaborada por Francisco Gregoric para la obra Las banderas de los argentinos, de Juan Peña y José Luis Alonso. Bs. Aires. 2009.

jueves, 13 de agosto de 2026

Detalles que no son detalles …

si hablamos de Ceremonial

Por Miguel Carrillo Bascary

Lamentablemente resulta demasiado usual que cuando se monta un dispositivo de Ceremonial se incurra en acciones u omisiones equívocas. Puede parecer una cuestión de detalle, pero tales sucedidos hablan de un pobre conocimiento de pautas mínimas que no deberían existir.

Todo esto afecta la imagen institucional de las entidades implicadas y, obviamente, del poco profesionalismo de aquellos que se presentan como “expertos” y que tienen a su cargo el acto.

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Caso 1 (foto superior)

Una entidad tradicionalista de la provincia de Jujuy se apresta a izar ambas banderas nacionales. La actitud que merece aplauso, particularmente si se considera el significado que la Bandera Nacional de la Libertad Civil tiene para la provincia.

La foto señala que esta última carece del diseño y el formato que ordenan tanto la Ley nacional Nº27.134 (2015) como la ley provincia Nº5.772 (2013).

Nota: entre ambos paños se evidencia una Bandera Nacional de la Libertad Civil de ceremonia que, esta sí, es la reglamentaria. 

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Caso 2

La fotografía recortada que se presenta corresponde a una conferencia realizada en la provincia de Bs. Aires. Más abajo se detallas los problemas detectados:

1) El alto del asta donde se observa el vexilo institucional es considerablemente más alto que el que sostiene la Bandera Nacional. Evidentemente el problema está en el píe soporte que no cumple los requerimientos fijados por el Decreto Nº1.650/ 2010. Un grave error de protocolo ya que enaltece a la enseña privada y desmerece al símbolo patrio.

2) ¿No había forma de que el calefactor en forma de torre pudiera ubicarse en otro lugar? De esta manera compite con las banderas, minimizándolas. También otro error de bulto en el armado del dispositivo.

3) El mantel es demasiado corto, expone de forma poco elegante los pies de los disertantes.

4) ¡La mesa! ¿No había mejor lugar que colocarla como se ve? Se constituye en una verdadera muralla que subordina a las banderas. Soy poco amigo de calificar con gruesos adjetivos, pero … ¡queda espantoso! 

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Caso 3

Esta imagen me la manda una amiga de Tucumán. Parece sencillo: en el armado se invirtió el orden de precedencias. Al optar por un dispositivo donde los vexilos van a la extrema derecha del espacio frontal las enseñas deben disponerse al revés de como están.

Pero hay más: obsérvese que la bandera de la Paz es de mayor largo que las otras, si se la compara particularmente con la Nacional de la Libertad Civil se advertirá como esta última queda disminuida

¿Resta otra cosa? Sí: adviértanse los paños, se notan dobleces y arrugas ¡Un planchado urgente, por favor!

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Caso 4

En una escuela de la provincia de Santiago del Estero era de esperar que la enseña local cumpliera con las especificaciones legales, pero no ocurrió así. Obsérvese que en vez de la Cruz de Santiago que debe cargarse sobre el Sol se presentó un extraño símbolo que apenas se le parece. Esto contrasta con la carga reglamentaria que permite ver, con toda claridad, el símbolo cruciforme que dispone la ley. No se debió permitir.

Más info:

Carrillo Bascary, Miguel- No todo uso reprochable es un agravio a los símbolos nacionales. https://banderasargentinas.blogspot.com/2023/03/inscripciones-izamientos-y-otros-hechos.html

                                                 - Problemas de Ceremonial: inscripciones en banderas https://banderasargentinas.blogspot.com/2018/11/problemas-de-ceremonial-inscripciones.html