Alternativas prácticas y correctas
Cuestionable presentación del dispositivo de Ceremonial
Por Miguel Carrillo
Bascary
El armado de dispositivos de Ceremonial plantea numerosos desafíos, particularmente
cuando participan banderas y, más aún, cuando debe estar presente la Nacional,
bien sea de Argentina o de cualquier otro estado.
Hoy aportaré estrategias que no solo son válidas desde la técnica del Ceremonial,
sino que también poseen potencialidades positivas y particulares.
El principio es que las banderas de un estado (sean nacionales como subnacionales[1]) marcan presencia. ¿De quién? De los pueblos a los que representan y de los gobiernos que se han dado en virtud de la representatividad democrática.
Por ende, las banderas se mostrarán: enarboladas en mástiles (si es una enseña de izar), en manos de un portador o bien, bajo la forma conocida como “de sitio”, esto es, la versión “de ceremonia”, colocada sobre un pie soporte[2]. Estas son las posiciones que el Ceremonial de Occidente señala como las correctas.
En consecuencia, se infringe este principio básico si al
vexilo se lo muestra en las condiciones siguientes:
- extendido sobre una pared (generalmente será en la que da marco a la mesa de autoridades o el telón del fondo de un escenario o espacio que hace las veces de):
- recubriendo la mesa destinada a las autoridades y, eventualmente, a los expositores;
- cubriendo el basamento de una escultura, un ambón o atril, destinado al maestro de ceremonia, locutor o expositores;
- en la pared del proscenio[3], también llamado “del foso” o “muro frontal”;
- o bien, ocultando: un trofeo, placa votiva, un busto, una escultura o instalación, para ser retirada cuando en el momento oportuno se muestre a los presentes.
No soy amigo de difundir
prácticas desde la dogmática, considero que es
imprescindible explicar las razones que justifican la existencia de los preceptos aplicables, con
particular referencia al tema de hoy.
La explicación reside en
que los ceremonialistas, en particular, y los organizadores de eventos, en
general, deben respetar la naturaleza de
este tipo de vexilos, o sea, tener presente que representan a las naciones
y a sus gobiernos. ¡Nada menos!
Si se los emplea en las
posiciones preindicadas se estará utilizando a esos pueblos y naciones para funciones decorativas, que no
corresponden a su alta significancia. Abundando, se los instrumentaliza y se
los utiliza para algo a lo que no están destinados, en definitiva: se los cosifica.
En consecuencia, si se quiere ornamentar el ambiente se impone recurrir
a otros elementos y dar a las banderas
el lugar que se merecen, no otro. Esto es, las “banderas” deben estar presentes como "banderas". ¡Nada más, ni
nada menos!
Elementos auxiliares
Entonces, ¿con qué herramientas cuentan el
ceremonialista y el organizador de eventos? La respuesta es: ¡son muchas!
Todo está en el arte y en la originalidad para disponerlas.
Entre ellas: colocar un bouquet formado
con flores con los colores de la bandera ¿Qué las celestes son difíciles de
conseguir? No importa, el día anterior se consiguen blancas y se coloca en el
agua anilina azul, con lo que se
obtendrá el celeste apetecible. Para dar volumen al conjunto, sin que encarezca
con el uso de flores la solución está en el follaje, lo que otorga amplias posibilidades.
Otro recurso, quizás el que otorga más potencialidad es utilizar los colores nacionales en forma de banderola o de escarapelones, sin Sol en el caso de Argentina o con un círculo amarillo que lo sugiera. Lo apuntado es particularmente útil para grandes superficies.
Para recubrir una placa que se presentará durante una ceremonia lo adecuado
será emplear un lienzo (blanco preferentemente) y colocarle cintitas con los
colores argentinos, de las que se servirán las autoridades para mostrarla. Tratándose de un bulto, estatua o
instalación, se podrá emplear un gran moño con iguales colores.
Cundo se quiera destacar un atril o ambón, o para acompañar a un expositor, la solución
ideal será apelar a las prácticas banderitas de mesa. Este recurso tiene grandes potencialidades ya que,
según sea la nacionalidad u origen de quien haga uso de la palabra, se puede cambiar instantes
antes que comience a dirigirse a los presentes. Claro que esto supone contar con una variedad adecuada
a las nacionalidades u orígenes provinciales de los citados, pero sin dudas que
esta delicadeza hablará muy bien del profesionalismo de los organizadores. Prevengo
que se habrá de instruir adecuadamente a
los auxiliares encargados de la tarea, ya que un error puede hacerse muy
notable e, incluso, molestar a los expositores, particularmente si son
funcionarios políticos. Si los exponentes
comparten origen se empleará una banderita nacional para todos. Lo expuesto
es particularmente útil ya que en tomas y
fotografías de medio plano la pequeña bandera se lucirá, mientras que la
tradicional “de sitio” se aparecerá en forma parcial.
Para revestir ambones,
atriles y los frontis de las mesas –escritorio destinadas a expositores y
autoridades, demás de los colores nacionales, se imponen telas de tonos adecuados (grises, azules, bordó, negros, blancos), los restantes
podrán considerarse con prudencia.
Las banderas de mesa también servirán para señalar las nacionalidades u orígenes de las personalidades que ocupen las ubicaciones más destacadas, sea sobre un escenario o durante una cena o almuerzo, además, su policromía les otorga singular calidez y evidencia la multiplicidad de los presentes[4]. También sirven para expresar amistad o cooperación entre naciones.
No olvidemos tampoco la instalación de escudos, logos y otros tipos
de aplicaciones que se prestan excepcionalmente bien para las posiciones
fijas en un escenario (ambones, atriles, mesas, fondos de escenarios o en la pared
del proscenio, en cuyo caso se colocarán centrados. Estos elementos tanto
pueden ser los que identifican al organizador, a la ciudad o provincia (estado
subnacional) o país anfitrión. Sí, efectivamente, los usos del Ceremonial autorizan servirse de escudos gubernamentales
con estos fines. Es tradición que las banderas deben tratarse con mucha mayor
solemnidad que estos últimos[5].
Cuando la ocasión no es rigurosamente formal puede recurrirse a los globos
y cintas ¡Sí, nunca estarán de más!
Sin dudas que otro recurso de amplísimo espectro es la iluminación. Hoy la tecnología ofrece sorprendentes variables que el organizador profesional debe conocer en detalle. La tecnología LED aporta líneas de luminarias muy pequeñas de gran potencial que, por si fuera poco, pueden variar de colores de acuerdo al desarrollo de la ceremonia.
El respeto de estas pautas resulta elemental para fortalecer la imagen institucional que trasmiten la entidad organización y los participantes, también habla mucho sobre el profesionalismo de los encargados de la organización.
Como vemos, los sucedáneos son muchos, pero una cosa debe quedar bien en claro: las banderas se usan como banderas, no como elementos decorativos. Clarito ¿no?
Notas:
[1] Provincias, en Argentina.
[2] Recordar que es insoslayable que las banderas se muestren en perfectas condiciones de limpieza, correctamente armadas (mediante el uso de expansores ocultos entre sus pliegues), en astas y con pies soportes reglamentarios e idénticos entre sí, y con sus paños planchados, de manera que no se adviertan arrugas ni dobleces.
[3] Es la estructura física que delimita el borde delantero del proscenio y cae verticalmente hacia el foso destinado a la orquesta en los teatros o al nivel de las butacas para los espectadores.
[4] Puede ampliarse al respecto en CARRILLO BASCARY, Miguel. Banderas de mesa y escritorios. Un recurso
valioso https://banderasargentinas.blogspot.com/2024/01/banderas-de-mesa-y-escritorios.html
[5] Incluso es habitual ver escudos nacionales tallados en testeros, en respaldos de asientos y otros lugares donde la imagen de una bandera sería francamente inaceptable.



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