¿Se aplaude?
Por Miguel Carrillo
Bascary
En el curso de las
ceremonias con que se conmemoran diversos acontecimientos históricos, los asistentes
acompañan con su aplauso los diversos
segmentos en los que puede dividirse. Así ocurre, por ejemplo, con el ingreso
de la bandera y su izamiento, la presentación de las autoridades, las alocuciones
de las personas designadas, los cuadros de baile, etc. etc.
Hoy me quiero referir a una
de estas manifestaciones. En Argentina, como en muchos otros países se incorpora
en la dinámica de los actos oficiales una invocación
religiosa por la cual, un ministro de culto, un presbítero, en nombre de la comunidad, se dirige a Dios pidiendo
por la Patria, para que asista a los dirigentes en su gestión de gobierno, pidiendo
por las necesidades comunes y, por, sobre todo, como un gesto de agradecimiento
que ese mismo pueblo tributa a la memoria de los protagonistas del hecho
histórico al que se conmemora.
A su finalización surge la
duda ¿se aplaude o no esta invocación
religiosa?
La respuesta es negativa. Las oraciones dirigidas a Dios no se aplauden, se
acompañan en respetuoso silencio,
sea que los partícipes pertenezcan o no a la religión de quien las pronuncia.
La adhesión a las palabras del caso,
en vez de un aplauso, se expresa mediante una sola palabra, el “amén” con que tradicionalmente se
cierran las oraciones cristianas.
Esta palabra proviene del
antiguo hebreo y manifiesta un concepto de aprobación, equivalente en español al
“así sea”, “en verdad” y similares.
De una forma u otra se ha extendido a lenguas de muchas culturas, manteniendo fonética
similar, cuando no idéntica.
Por ende, lo que
corresponderá es que, quienes participen de un acto oficial, acompañen el fin
de las palabras del sacerdote con un enfático
“amén”, sin aplausos.
Se espera que este “amén” lo pronuncien todos, aún las personas que no sean religiosas, ya que carece de toda connotación confesional. Nada más sencillo, nada más justo.
Por similares razones, tampoco es adecuado aplaudir cuando un sacerdote o ministro religioso imparte una bendición.


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