viernes, 8 de marzo de 2024

El poncho y el Ceremonial

Su vigencia intemporal 

Gauchos de Yala, provincia de Jujuy

Por Miguel Carrillo Bascary

Los artículos que últimamente escribí sobre los ponchos provinciales motivaron que varias personas me consultaran sobre el uso de esta prenda.

Obviamente que su significado como elemento cultural entraña diversas implicancias que se trasuntan en el ceremonial social. Si bien el poncho está presente en muchas culturas, es en América donde alcanza particular relevancia hasta el punto que su origen modestamente rural ha trascendido hasta la actualidad más allá de las enormes transformaciones que definen su evolución. En realidad, es una prenda práctica, muy sencilla, sobre la que vale la pena hacer varias puntualizaciones, ya que los avances de la globalización amenazan con desnaturalizarla.

Representantes de la Federación Gaucha de Jujuy en una ceremonia oficial

Gauchos con ponchos salteños

En Argentina el poncho es sinónimo del gaucho, ícono cultural reconocido por todos. Hoy su uso persiste en diversas circunstancias, particularmente en el interior del país. Esta aceptación no obsta a ciertas afirmaciones, que no por obvias, son inoportunas. Quizás lo primero a señalar es que se trata de una prenda que emplean tanto los hombres como las mujeres y, aun, de niños.

Para los lectores que no sean americanos cabe señalar que es una prenda tejida (originalmente en telar manual), más larga que ancha, con un corte central (boca) por donde se inserta la cabeza, de tal forma que cubre la mayor parte del cuerpo dejando los brazos en libertad. La naturaleza de las fibras empleadas es vastísima[1]: lana, seda, vegetales y aún el cuero. Si la temperatura no lo amerita, el usuario suele plegarlo sobre su hombro izquierdo, posición que permite echarle mano con toda naturalidad, aunque los zurdos lo llevan acomodado en su derecha. Un detalle de elegancia, requiere que en estos casos el poncho se doble cuidadosamente, se considera un descuido portarlo de cualquier modo.

El dirigente socialista Alfredo Palacios (1880-1965)
con su poncho descuidadamente colocado

Se admite que poncho vaya echado hacia atrás, tanto en forma completa (con lo que se asimila a una capa) como parcial, caso en que la practicidad demanda dejar cubierto el brazo inhábil y libre el que mejor se use.

Un tradicionalista tucumano ataviado con el poncho de su provincia

Con el brazo izquierdo descubierto

El poncho se usa en cualquier tipo de circunstancia y sobre todo tipo de vestimenta, tanto tradicional como de vanguardia, de hecho, muchos grandes diseñadores lo incluyen en sus colecciones, bien que como una fantasía étnica.

Yendo a lo habitual es factible lucirlo con traje, ropa sport y aún sobre el uniforme (si la reglamentación castrense lo habilita, como ocurrió en el pasado). Obvio que solo un snob lo revestiría sobre un smoking o similar.

Hay algunas tacitas prohibiciones que rigen el uso del poncho. Aunque a la folklorista Soledad Pastorutti, pueda resultarle indiferente, esta prenda no se revolea, excepto se emplee en los arreos, lo que indica poco aprecio por ella, ya que en la operación se cubrirá de polvo y se arriesgará su integridad.

"La Sole" y su clásico gesto coreográfico

Tampoco se coloca con la boca atravesada, en paralelo con los hombros (excepto en Chile, donde la costumbre campera determina una confección particular, a lo huaso[2]).

Poncho de un huaso chileno, con boca horizontal

No debe confundirse al poncho con el chiripá, aunque en algunos espectáculos coreográficos “para gringos” sea bastante habitual.

Entre los tradicionalistas el poncho es parte esencial de su vestimenta para desfiles y presentaciones. Es proverbial que así se luzca en todo el interior argentino.

Por supuesto que el poncho es un emblema de identidad, de jerarquía social y de pertenencia a un partido o cualquier otro grupo. Es imposible no recordar que tras el triunfo patriota en la batalla de Salta (20 de febrero de 1813) el poncho celeste y blanco del teniente coronel del batallón de Castas, destacado a la vanguardia, José Superí, sirvió de improvisada bandera que se mostró desde el campanario de la iglesia de la Merced haciendo saber al general Belgrano que la plaza estaba tomada.

En la guerra por la Independencia los ponchos patrios,[3] de azules oscuros, con forro rojo sirvieron para uniformar a las tropas patriotas desde 1810. Durante las luchas civiles en Argentina, los de color rojo eran típicos de los federales, mientras que los celeste o verdes, referenciaban al bando unitario.

Por su alto precio, los elaborados en lana de vicuña, identificaron a los caciques, terratenientes y funcionarios, más tarde se hicieron tradicionales atributos muchos presidentes y hombres de la política, lo que persiste hasta la actualidad. Puede pensarse que es una manifestación de empatía para con las clases populares, aunque otros entiendan que solo expresan un culto genuino por las tradiciones vernáculas. Los ponchos de vicuña son considerados un regalo protocolar que implica una alta distinción para quien lo recibe.

 Juan M. Urtubey, con la banda de gobernador de Salta
 y el típico poncho de su provincia

El expresidente Perón, emponchado

El dirigente radical Ricardo Balbín y el expresidente Arturo Illia

En tiempos fríos hay quienes lo pliegan y colocan sobre sus espaldas, a la manera de un chal, con lo que proporciona un abrigo localizado, de esta manera es una excelente cubierta en caso de lluvia.

El expresidente Raúl Alfonsín con el poncho 
que le regaló Juan C. Altuna, intendente de Cdro. Rivadavia, en 1993

También los de color blanco o “natural” cumplieron el propósito de distinguir a sus usuarios, como ejemplo se cuentan algunos que usaron San Martín y Urquiza.

Poncho que el Libertadro recibió de los pehuenches en 1816
Hoy en el Museo Histório Nacional[4] 

Lo que resulta indudable es que el poncho resalta la presencia de su portador en un grupo humano. Obviamente su calidad, textura, colores y diseños deben ser armoniosos para contribuir a la valoración social del usuario.

Las decoraciones permitían los orígenes geográficos de quien lo llevaba, costumbre que se perdió pero que en las últimas décadas se está recobrando, como resulta de la serie de notas que se vienen publicando en este Blog.

Paisano con poncho pampa (dibujo de Tito Saubidet)

Entre los pueblos originarios las características del tejido, su diseño y colores permitía distinguir entre las etnias; más aún, algunas de las figuras que decoraban los ponchos expresaba el quantum de la riqueza de su poseedor. Acá interesa rescatar lo que nos cuenta el inefable Lucio V. Mansilla en su célebre obra “Una excursión a los indios ranqueles”, cuyos apuntes, se reunieron en dos tomos publicados en 1870. Ahí refiere que, al despedirse del cacique Mariano Rosas[5], ocurrió lo siguiente:

Iba a salir del toldo; me llamó y sacándose el poncho pampa que tenía puesto, me dijo, dándomelo. -Tome, hermano, úselo en mi nombre, es hecho por mi mujer principal. Acepté el obsequio que tenía una gran significación y se lo devolví, dándole yo mi poncho de goma. Al recibirlo, me dijo: -Si alguna vez no hay paces, mis indios no lo han de matar, hermano, viéndole ese poncho. -Hermano (le contesté): si algún día no hay paces y nos encontramos por ahí, lo he de sacar a usted por esa prenda. La gran significación que el poncho de Mariano Rosas tenía, no era que pudiera servirme de escudo en un peligro, sino que el poncho tejido por la mujer principal[6], es entre los indios un gaje de amor, es como el anillo nupcial entre los cristianos. Cuando salí del toldo y me vieron con el poncho del cacique, una expresión de sorpresa se pintó en todas las fisonomías”.

El poncho de Mariano Rosas regaló a Mansilla, 
hoy en el Museo Histórico Nacional

En los desplazamientos a caballo, cuando el jinete no revestía su poncho, podía llevarlo doblado, inserto entre los pellones o, pero si era necesario galopar cabía colocarlo sobre el cubre pellón, a manera de elemento superior del recado. No faltaban tampoco los que preferían extenderlo por delante, cubriendo la cabeza de la silla y cayendo a los costados, esto permitía cortar los vientos de frente y se abrigaban las piernas.

Con el poncho por delante (dibujo de Eleodoro Marengo, 1970)

Otras funciones

Además de ser una prenda de vestir, históricamente el poncho admitió otras funciones, la más obvia es la de servir como manta del gaucho, tanto si lo usaba como cobertor en medio de la pampa como cuando disponía de un catre o cama. De faltar colchón, lo que no era raro, se extendía el poncho sobre los tientos de las camas, buscando cierta comodidad. 

Ocasionalmente oficiaba de paño o “carpeta”, para el juego de naipes y como elemento separador de ambientes, particularmente cuando se intentaba dar alguna privacidad a una dama o familia, ya que los ranchos no solían contar con habitaciones diferenciadas. Asimismo, podía hacer las veces de puerta o postigo, sobre todo para rechazar la lluvia impulsada por los vientos durante una tormenta. Ante las inclemencias del tiempo era factible improvisar con el poncho y unas ramas una suerte de toldo, para tratar de mantener un fuego encendido o de proteger a un niño o mujer de las precipitaciones. Si acaso era necesario portar alguna carga, a falta de cosa mejor, no era extraño darle forma de alforja. Lo que nunca se admitió, jamás, es usar del poncho como mantel de una mesa.

La tradición y la literatura nos informan que supo servir como pseudo escudo, cuando en un duelo el gaucho lo enrollaba sobre su antebrazo inhábil, sirviéndose de él para atajar o desviar las estocadas de su oponente. En la emergencia de un combate el gaucho solía desplegar su poncho para intentar desorientar momentáneamente a su rival, entorpecer sus movimientos y hasta lo llegaba a extender sobre el piso procurando hacerlo tropezar.

En suma

  • Usar poncho es una manifestación de la cultura tradicional, una suerte de alegato contra la globalización, en todos sus sentidos.
  • Salvo en circunstancias sumamente formales el pocho es una prenda aceptada en la mayor parte de las circunstancias sociales.
  • Su uso es positivamente valorado por el sentir mayoritario de los argentinos, constituye un elemento identificador que, más allá de todo subjetivismo, debe llevarse acorde al buen gusto y con la debida prestancia.



[1] La bibliografía señala ponchos confeccionados en: lana de vicuña (la más apreciada), alpaca, llama, guanaco, chinchilla y oveja, también con algodón, lino, seda e hilados industriales. Hasta hubo un tiempo que en el Noreste los pueblos wichi y qom emplearon la fibra de bromelia. En zonas montuosas se utiliza el cuero (Ref.: https://carlosraulrisso-escritor.blogspot.com/2016/07/poncho-de-cuero.html) Es común que se apele a mixturas, con excelentes resultados. Se cuentan también ponchos con entrelazado de hilos de oro o plata.

[3] Quizás en forma impropia, se aplica el término “poncho patrio” a los confeccionados en color celeste con aplicaciones en blanco, pero esto es una caracterización muy reciente.

[5] Pertenecía al clan de los Painé, hacia 1858 llegó a ser cacique principal de la confederación ranquelina. Había sido criado como ahijado del gobernador de Bs. Aires, Juan Manuel de Rosas, quien le otorgó su apellido.

[6] Se la identifica como Trepai Main o Tripaiman Carripilun, a quien también se le asigna el nombre cristiano de Petrona Carripilun (https://www.laarena.com.ar/caldenia/la-coleccion-de-ponchos-del-museo-historico-nacional-2023108900)

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