martes, 26 de marzo de 2024

Las matracas de Semana Santa

Costumbre olvidada

Por Miguel Carrillo Bascary

Todavía hay quienes recuerdan estos antiguos instrumentos de percusión que desde la Edad Media y hasta la década de 1960 reemplazaban a las campanas durante la Semana Santa.

Era una costumbre netamente española que por derivación cultural se extendió a Hispanoamérica, también a Portugal y el Brasil. Las normas litúrgicas posteriores al Concilio Vaticano II no las mencionan, de donde erróneamente se interpretó que fueron prohibidas, hoy han caído totalmente en desuso, más allá de que en algunos puntos se intente restablecer su empleo.

Producen un sonido a madera, crepitante, áspero, repetitivo, cuya modalización solo es posible si se disminuye la intensidad del estímulo mecánica. Para los oñidos no acostumbrados y para los niños en especial producen un impacto inocultable, perturbador.

Se considera que su sonido representa los fenómenos naturales catastróficos con que la Naturaleza se expresó inmediatamente después de fallecer Nuestro Señor Jesús en el Calvario, como las que relatan los evangelistas Marcos (cap. 15, versículo 38), Lucas (cap. 23, 44 y 45) y Mateo (cap. 27, 51), tinieblas, temblores, rocas que se quiebran, rasgado del velo del templo, apertura de tumbas y resurrección de muertos. En otras ocasiones los monaguillos se apoderaban de matracas y tablillas para sus juegos.

A la fecha la mayoría de estos dispositivos han desaparecido, están incompletas o fuera de servicio. Algunos se conservan como elementos de museo o subsisten como curiosas piezas de colección como podrás verlas y escuchar en https://www.youtube.com/watch?v=6qJnUjjYYbE tal como lo documenta el artesano Francisco Marcos Fernández.

Los especialistas discuten sobre el correcto empleo de los nombres que se asignan a estos elementos: matracas, carracas y tablillas, pero el vulgo los utiliza indistintamente.

Por tradición, durante la misa se empleaban en sustitución de las campanillas que tocan los acólitos antes de la consagración, durante la elevación y, antiguamente, también en la doxología. Asimismo, en los oficios de maitines y laudes, desde el Miércoles Santo hasta el Viernes Santo, oportunidad en que al ocultarse el cirio en el llamado “oficio de tinieblas” los fieles golpeaban los bancos y se hacía todo el ruido posible, en lo que las matracas tenían singular protagonismo. De esta manera se llegó a identificar el sonido de las matracas con los ceremoniales de Semana Santa.

El reemplazo de las campanas obedece a que se las concibe como elementos festivos, por lo que se consideraba que no cuadraba hacerlas tañer en los momentos de mayor recogimiento de la Semana de Pasión.

Un uso no litúrgico se les daba durante los “pasos” de las hermandades de penitentes que tan comunes se dan en la región. Con su sonido procuran acallar las voces de la multitud para acompañar la reflexión. Para acentuar este efecto los ejecutantes se organizan en grupos.

En algunos casos extremos, pero bastante abundante durante el período se usaban grandes dispositivos llamados “de campanario” o “de sacristía” con los que se convocaba a los fieles a la misa. Un ejemplo que podrás oír, a partir del que pertenece a la catedral de Pamplona (https://www.pinterest.es/pin/439593613604289254/)

La Lingüística indica que el termino “matraca” proviene del árabe “mitraqa”.

Las matracas más simples consisten en una lengua de madera (excepcionalmente de metal) que es golpeada por una rueda dentada, a la que se hace girar con un mando. Sobre esta base, la creatividad de cada artesano introdujo innovaciones asombrosas. Los tamaños también varían, algunos se accionan con manivelas, otros pueden llevarse caminando. Aún puede señalarse las confeccionadas con mandíbulas de burro o carnero. Cuando son de pequeño formato se emplean como cotillón en las fiestas infantiles.

Una variante son las tabletas, formadas por tablillas, que en la Antigüedad y en la Edad Media estaban obligados a usar los leprosos para anunciar su presencia y que resultaban más económicas que los cencerros y campanillas.

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