Periplo europeo de nuestro prócer
Por Miguel Carrillo
Bascary
Esta es una nota
netamente didáctica, donde busco aproximarnos a una de las etapas menos estudiada de la vida del general Belgrano, su
misión diplomática a Londres[2].
Fiel a los dictados actuales la presentaré basándome en imágenes.
Siendo Gervasio de Posadas
Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, se juzgó
oportuno mandar una misión ante las
cortes de Londres y Madrid. Fue confiada a dos de las mentes más brillantes
de entonces. Uno era Manuel Belgrano,
quien ya había dado sobradas muestras de convicción revolucionaria y de su
capacidad para las relaciones humanas, y el otro, Bernardino (González) Rivadavia[3], hombre consustanciado con el ideario americano. Dos perfiles diferentes,
pero complementarios. Inicialmente se había dispuesto que acompañara a Belgrano
el abogado y poeta Pedro Medrano y
Cabrera (1769-1840)[4],
tal su nombre completo.
Debían buscar el reconocimiento internacional, no solo de las
Provincias Unidas, sino también de “la
América española” por parte del muy poco popular Rey Jorge III de
Inglaterra. También, procurar la emancipación de la Corona hispánica o, al menos, el goce de una amplia
autonomía y, eventualmente, plantear la coronación de un príncipe Borbón en el
trono de una monarquía constitucional que se instalaría en el Río de la Plata[5].
Además, se los facultaba para emprender similares gestiones ante los gobiernos
de Rusia, Estados Unidos, Austria y Francia.
Belgrano había redactado
un proyecto de constitución para el
hipotético “Reino Unido de la Plata, Perú y Chile[6]”,
al que se supone Rivadavia hizo algún aporte. El instrumento serviría para
encuadrar el proyecto de coronar al príncipe borbón. Disponía su Artículo 1º:
Centrándonos en Belgrano,
cabe recordar que tenía un significativo
conocimiento del medio europeo a partir de la formación universitaria que
había adquirido en España. Además, su capacidad
para las lenguas lo destacaba por el dominio del inglés, del italiano, del
francés y sus conocimientos del alemán. Sus maneras y prestancia coadyuvaban con eficacia a la misión encomendada.
Partiendo hacia Europa
Cuenta Belgrano que el 28 de diciembre de 1814 se hizo
presente en su domicilio el capitán del puerto de Bs. Aires, Martín Thompson (1777-1819)[8],
para hacerle saber que:
“(…)
el viento era bueno y el buque iba a
salir; inmediatamente me reuní a Rivadavia y pasamos a despedirnos del
Director; enseguida fuimos a bordo y allí me entregó el nominado Thompson un
pliego rotulado a Rivadavia y a mí; lo abrí y me hallé con un oficio del
Secretario Herrera[7]
que incluía otro pliego con la prevención de abrirse en Londres”.
Belgrano y Rivadavia zarparon desde Bs. Aires en la
goleta “Céfiro” (Zephir), un antiguo mercante ingles al
servicio de las Provincias Unidas. Interesa señalar que lo habían adquirido Guillermo White y Juan Larrea en 1812 y que, posteriormente, integró la flota
de las Provincias Unidas, combatiendo en Martin García y en El Buceo, a las
órdenes de Brown. A fines de 1814 fue cedida al corsario Tomás Taylor y, como primera
misión, tuvo a su cargo conducir a Rivadavia y a Belgrano hasta Río de Janeiro, a donde llegaron el 12 de
enero de 1815. La asignación de este barco a tal efecto es suficiente para
demostrar la gran importancia que
otorgaba el gobierno a la gestión diplomática.
Escala en Río de Janeiro
En el imperio portugués reinaba nominalmente María I de Braganza (la
piadosa), pero el hombre detrás del trono era el regente, su hijo Juan VI, quien la sucedería a partir de
1816. Los enviados intentaron entrevistarse con este último y con la princesa Carlota Joaquina de Borbón (hija de Carlos
IV), con quien Belgrano había mantenido relaciones epistolares oportunamente, lo que resultó infructuoso. Con esto se buscaba “hacer las gestiones oportunas con respecto a
los insurgentes de la Banda Oriental[9]”, una región que siempre estuvo en miras de Portugal.
Durante su estada en Río
los enviados mantuvieron contactos con Percy Clinton Sydney Smythe, sexto vizconde de Strangford (1780-1855), embajador ante la corte de Portugal. Tenían
el propósito de conocer sobre la posición británica en caso de que la proyectada
expedición de Morillo que se organizada en España arribara al Río de la Plata con intención de recuperar
las Indias. Es de suponer que la entrevista también pudo aportar contactos para
las conversaciones que se emprenderían en Londres, aunque el relevo de Stanford a mediados de 1815, tornarían estériles las referencias que pudo proporcionarles.
Por si los inconvenientes fueran pocos Belgrano y Rivadavia fueron enterados de
que el 3 de enero de 1815 había sucedido a Posadas, Carlos María de Alvear. Si bien les ratificó los poderes, la
relación ya no sería la misma que con el anterior Director. Paralelamente, Alvear comisionó al siniestro personaje
que era Manuel J. García, con la misión de solicitar el protectorado
británico sobre el Río de la Plata.
Belgrano y Rivadavia partieron desde Río de Janeiro el 16 de marzo de 1815, lo hicieron en un barco correo inglés (packet ship).
Estadía en Inglaterra
Tras casi dos meses de navegaciones llegaron al puerto de Falmouth[10] (Cornualles), el 7 de mayo de 1815, sin que se hubiera registrado incidencia notable en el cruce del océano Atlántico. Entre las primeras noticias que recabaron estaba la de Napoleón había vuelto a enseñorearse del gobierno de Francia y sobre las deliberaciones del Congreso de Viena que había comenzado a sesionar el 1º de noviembre de 1814, lo que los embargó de preocupaciones.
Desde allí viajaron en coche hasta Londres a donde arribaron el día 14 y se alojaron inicialmente en la elegante zona del West End.
Inmediatamente tomaron contacto con Manuel de Sarratea (1774-1849) que los había precedido en la comisión y que se encontraba en Inglaterra desde enero de 1814.
Son bien conocidos los detalles sobre la actuación de este trío de rioplatenses y, particularmente, la nefasta intervención del conde de Cabarrús[11], por lo que no abundaré al respecto.
En algún momento de su
estada en Londres Belgrano recibió como
presente de Jorge III el célebre reloj que lo acompañaría hasta el crítico
momento en que lo entregó a su médico, Joseph
James Redhead, en compensación por haberlo atendido durante su última
enfermedad[12].
En este ínterin, tanto Belgrano como Rivadavia, juzgaron pertinente hacerse retratar, una aparente veleidad que sufragaron con sus peculios personales, lo que pareció adecuado para mostrarse como hombres de mundo enviados por un gobierno lejano, pero de elevado nivel cultural. Para esto contrataron a Françoise Carbonnier, a cuyas resultas nos han quedado tres obras, una de ellas es la que abre esta nota, la segunda es el muy conocido óleo que se encuentra en el Museo de Artes de Olavarría y la siguiente la que corresponde a Rivadavia, abundaré en una próxima ocasión.
En cuanto a lo económico, ya antes de partir el Gobierno había advertido a sus
enviados que en razón de la “tan apretada
situación del erario” público, solo podrían disponer de $20.000, a razón de
$10.000 por cada semestre[14].
El presupuesto original había sido de $24.000[15].
Aparentemente los gastos que implicó la misión en Londres fueron mayores a los
previstos ya que en su correspondencia Belgrano manifestó que, tanto Rivadavia[16]
como él, habían debido adelantar algunos
recursos. Para más, la gestión de Cabarrus se caracterizó por su irregular
rendición de cuentas, lo que disgustó
justificadamente a Belgrano, según resulta de la numerosa documentación
donde se ventiló este tema.
Como significativa novedad, el 10 de julio de 1814 el Director Supremo interino, José Ignacio Álvarez Thomas (1787-1857), despachó un oficio a sus representantes, ordenándoles su regreso debido a los cambios políticos que implicó el retorno de Napoleón al poder. Más aún, las decisiones del Congreso de Viena habían generado un clima contrario a las aspiraciones de las naciones americanas ya que se fortalecieron alianzas entre las dinastías del Viejo Continente.
Conociendo el temperamento de Belgrano no debió sentir pena por abandonar los fríos y oscuros días de la Londres de 1815, ni los tan peculiares convencionalismos británicos.
El prócer embarcó en Londres con destino a Bs. Aires entre el 15 y el 16 de noviembre de 1815, no se conoce
en qué medio lo hizo. Seguidamente se dedicó a componer el informe de su gestión en Europa, con la escrupulosidad que lo caracterizaba.
Su borrador lleva fecha del 3 de febrero de 1816[17],
por lo que su presentación se habrá concretado días más tarde. Es de suponer que, cuando finalmente llegó, desembarcó utilizando el particular método que vio en 1816 Emeric Essex Vidal y que volcó en sus posteriores ilustraciones.
Finaliza así esta somera crónica que, de alguna manera nos acerca a los meses en que Belgrano debió cambió su agitada vida en las Provincias Unidas por los no menos días que debió pasar en Londres.
[1] El navío ilustrado es el HMS Wellesly en 1815, similar al que pudo utilizar Belgrano desde Río de Janeiro a Inglaterra.
[2] Las instrucciones recibidas, así como otros numerosos documentos sobre la
misión diplomática de 1815 fueron reproducidos en: Documentos para la Historia del general Manuel Belgrano. Inst.
Nacional Belgraniano. Bs. Aires. 2018. Tomo VIII, pp. 98-102; 115-120; 117 y
122. https://cdi.mecon.gob.ar/bases/docelec/inb/mb4.pdf
[3] Su padre era Benito González Ribadabia (1747-1816), abogado de la
Real Audiencia de Bs. Aires y su madre María Josepha Rivadavia Rivadeneyra
(1755-1786). Otras referencias sobre su nombre: el bautismo consta en el libro
respectivo, asentado el 21 de mayo de 1780 (https://www.geneanet.org/media/public/libro-de-bautismos-9248380) Cuando contrajo matrimonio fue bajo el nombre de Bernardino de la Trinidad
González de Rivadavia, como figura en el libro de Casamientos: Libro 7, Año 1809 (14 de diciembre), fo. 18 vta., de la
parroquia de Ntra. Sra. de la Merced
[4] Desempeñó importantes funciones, entre ellas la de primer presidente
del Congreso General reunido en Tucumán. Se destacó por su verba y oratoria. En
algunas referencias se cita su segundo apellido como “de la Plaza”, el que
correspondía a su abuela paterna, de todas maneras, la historiografía lo
menciona como “Medrano”, a secas.
[5] Las instrucciones que recibieron los enviados constan en Documentos, … Tomo VIII, pp. 485-497. https://cdi.mecon.gob.ar/bases/docelec/inb/mb4.pdf
[6] Documentos …; Tomo VIII, p. 336.
[7] Si bien la descripción del blasón, define el primer cuartel como "azur", en la recreación se optó por representarla en celeste, por correspondencia con la bandera y para que contraste mejor con el escudete cargado de lises.
[8]Se trataba del esposo de Mariquita Sánchez. Había combatido en las
Invasiones Inglesas y al producirse la revolución de Mayo se contó entre los
patriotas. Por su condición de marino cumplió funciones como primer capitán del
puerto bonaerense. Más tarde fue enviado a los E. Unidos en misión diplomática,
falleció en alta mar, cuando regresaba.
[9] Su nombre era Nicolás de Herrera (1774–1833) y su cargo el de Secretario
de Estado y de Gobierno. Abogado, doctorado en Madrid, operador del alvearismo,
finalmente se puso al servicio de Portugal. En los círculos políticos se lo
conocía como “el sublime intrigante”, lo que lo pinta entero.
[10] Documentos …; Tomo VIII, pp. 131, 138, 168 y 566
[11] Desembocadura del río Fal, de donde viene el nombre del puerto.
[12] Domingo Vicente Cabarrús Galabert (1774-1842)
[13] Fue donado al Museo Histórico Nacional por Carlos Vega Belgrano,
nieto del prócer, el 29 de agosto de 1901. Allí permaneció exhibido hasta su
infausto robo ocurrido el 2 de julio de 2007. No se conoce quien lo fabricó,
pero por sus características era de un elevado precio, como contenía el
monograma de Belgrano, grabado implicaba una considerable atención de parte de
la Corte.
[14] El retrato permaneció en la familia del prócer, a su muerte le correspondió a su hijo Martín Rivadavia del Pino. En 1910, Isabel Crespo, esposa de su nieto, Martín Rivadavia Villagrán (quien fuera ministro de Marina del presidente Roca) la donó al Museo Histórico Nacional.
[15] Oficio del Gobierno a Belgrano y Rivadavia, del 7 de diciembre de 1814.
Documentos …; Tomo VIII, p. 112.
[16] Véase la Consulta del Director a su Consejo de Estado, fechada el 13 de
septiembre de 1814. Documentos …; Tomo
VIII, pp. 80-83.
[17] Rivadavia poseía una fortuna regular, no olvidar que había casado con
Juana del Pino y Vera Mujica, hija del ex virrey del Río de la Plata, Joaquín
del Pino.
[18] Se conoce el borrador del informe del prócer que el interesado podrá leer en Documentos …, Tomo VIII, pp. 485-497.




















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