jueves, 2 de julio de 2026

La Bandera nacional en Santiago del Estero (1814)

Documentos y comentarios

Cabildo de Santiago del Estero hacia 1810. Reconstrucción del Dr. Oreste Di Lullo [1], según documentos recopilados. Dibujo: Luis G. B. Garay

Por Miguel Carrillo Bascary

Corría el año de 1813 y la revolución emancipadora ya estaba consolidada en la mayor parte de la Provincias Unidas del Río de la Plata. La victoria del general Belgrano en la batalla de Tucumán (24 de septiembre de 1812) fue decisiva. El posterior triunfo en Salta (20 de febrero de 1813), la reocupación de la abandonada ciudad de Jujuy (21 de marzo de 1813) y su entrada en Potosí (19 de junio de 1813), eran otros hechos auspiciosos.

Por su parte, la institucionalización avanzaba, corporizada en la Asamblea General Constituyente que sesionaba en Bs. Aires[2], la que ya había adoptado decisiones por demás significativa, como la adopción de su escudo, una marcha patriótica, mandó retirar los escudos realistas, creó moneda y ordenó que se le prestar juramento y obediencia.  

En este contexto, el 5 de mayo dictó una ley[3]  que declaró “fiesta cívica” al 25 de Mayo y estableció celebrar anualmente las “Fiestas Mayas” conmemorando la formación del primer gobierno patrio. Tuvo como directo antecedente el Decreto[4] del Primer Triunvirato datado el 12 de mayo de 1812, que ordenaba celebraciones con motivo de la “libertad civil[5] alcanzada el 25 de mayo de 1810.

Conforme a esta, en cada ciudad debía organizar las actividades pertinentes según sus criterios y posibilidades económicas. Así ocurrió en Santiago del Estero donde, conforme a la costumbre instituida desde la formación de su Cabildo, debía ser éste el que se ocupara delas fiestas. Así consta en sus “Actas Capitulares”, documentación que por estar agotada hace muchos años es difícil de conseguir. Oportunamente las publicó la Academia Nacional de la Historia[6], pero también en este caso no es sencillo consultarlas, por esta razón transcribiré los respectivos asientos.

Adelanto desde ya el interés que implica la mención de la “bandera de nuestra la libertad”, tal el término con que se hizo nombrar. Esta no era otra que la Bandera nacional izada por primera vez el 27 de febrero de 1812 por el entonces coronel Manuel Belgrano y que, pese al desagrado del Triunvirato[7], se había difundido espontáneamente. Así lo prueba la documentación que seguidamente les comparto advirtiendo que, para mayor claridad, prescindiré de las abreviaturas de uso tan común por entonces, aunque respetaré las mayúsculas puntillosamente.

Primer documento

“En la Ciudad de Santiago del Estero a catorce días del mes de abril de mil ochocientos catorce años. Nos los Individuos que componemos este Ilustre Ayuntamiento. Habiéndonos juntados en esta nuestra sala Capitular a son de campanas como lo hemos de costumbre fue de nuestra primera atención tratar sobre el modo como debemos perpetuar en nuestra memoria el Glorioso día veinte y cinco de Mayo, y por el efecto acordamos que ara solemnizarlo se haga un solemne paseo a caballo, sacando una Bandera por insignia de nuestra libertad celeste y Blanca, y habiéndose pensado quien debería de sacar esta ha querido, y ha acordado esta M. I. C. (Muy Ilustre Cabildo) hacer este honor a el Teniente Gobernador de esta Ciudad; el que muy gustoso lo ha admitido; dando las gracias por esta distinción con lo que se concluyó; quedando este Ilustre Ayuntamiento con las obligaciones de costumbre con los gastos de Misa, y sermón, y demás gastos. Y no habiendo más que tratar cerramos el presente Acuerdo, y firmamos por Nosotros y ante Nosotros, a falta de escribano”.

(Siguen las firmas de:) Mariano Sarassa[8], Manuel Gregorio Cavallero, Manuel Santillán, Mariano Medina y Doroteo Olibera.

- Apuntes:

El asiento se hizo en el “Libro de Acuerdos” de la citada corporación, donde consta un sumario de las resoluciones que adoptaba el cuerpo. Son sus protagonistas el teniente gobernador local y los cabildantes presentes, todos vecinos de Santiago, por supuesto.

Es peculiar la mención de las campanas como medio para la convocatoria a reunión que se reunía en el “Salón de Acuerdos” del Cabildo[19], ubicado en la planta baja de la construcción. Conste que ya para entonces estaba en malas condiciones de habitabilidad, más tarde se derrumbaría a consecuencia del terremoto que sacudió la ciudad en 1817.

Obsérvese el principalísimo lugar que el Cabildo asigna a la bandera en la celebración, esto marca una continuidad con la función que cumplía el Pendón Real en tiempos de la Colonia, donde el lábaro personificaba la presencia del soberano y al que el pueblo que le rendía homenaje; al par que las autoridades y demás corporaciones cívicas que conformaban su corte. En tal sentido, queda implñicito que la decisión reconoce en el lábaro la representación de la nación en ciernes, como continuadora de la potestad real. Esta interpretación encuentra visible fundamento en la mayúscula con se escribió el término. Esto es, no se trataba de un símbolo cívico de autonomía, sino que manifestaba la cualidad del poder público que se conoce como soberanía, en los términos que correspondían a la confusa situación previa a la declaración de la Independencia. Es verdad que ésta recién ocurrirá en 1816, pero su ejercicio era prácticamente un hecho atento la acción de gobierno que venía protagonizando la Asamblea.

En cuanto a la descripción de la enseña lamentablemente no se hizo constar, aunque queda en claro su definido color “celeste y Blanca” (nada de azul, ni de azul-celeste). Lo asentado tampoco permite intuir si llevaba alguna carga en el paño, aunque en su caso no había ningún motivo para expresarlo.

Esto implicaría que la Bandera bien pudo ser de solo dos franjas, tal como aparecerá en 1815 en el célebre óleo del prócer que le pintó en cuerpo presente Françoise Carbonnier durante su misión diplomática en Londres (1815). También resulta muy significativo que se la describa como cuenta Juan Manuel Beruti[10], quien después de informar que se había dado orden de retirar “todos los escudos de las armas de Castilla que estaban expuestos” y su reemplazo por “el gran escudo de la nación de las Provincias Unidas del Río de la Plata” lo vincula con la bandera, tal como se verá en la transcripción compendiada que sigue:

(…) las manos juntas significa (sic) la unión de las provincias, y el gorro sobre el palo de la libertad, las orlas de oliva los triunfos y victorias adquiridas, y los campos celeste y blanco nuestra bandera nacional. El diseño aunque toscamente es el siguiente: (aquí el autor acompaña el dibujo, realizado a pluma)

Imagen tomada del original, delineado por J. M. Beruti
Imagen coloreada de conformidad

La descripción prefiguraría el uso de una bandera compuesta por dos franjas o segmentos en horizontal, celeste el superior y blanco el inferior. Así describen otros autores al vexilo que se usó entre 1812 y julio de 1816, cuando el Congreso reunido en Tucumán estableció la bandera de las Provincias Unidas de Sudamérica.

Más allá de estas incógnitas y de la que plantea quién o quienes pudieron confeccionarla, la pieza fue el primer ejemplar de Bandera Nacional propio de Santiago del Estero.

Otro aspecto significativo es el uso del verbo “sacar”, con referencia al lábaro. En principio permitiría entender que ya se usaba y que en la ocasión se debía mostrar recorriendo el ejido, como demostración de poder sobre el territorio de la ciudad. Sin embargo, esto es errado, como se verá en los comentarios que realizo al segundo documento.

Sobre la persona designada para portar el símbolo, el Cabildo eligió al que resultaba lógico, el teniente gobernador, principal autoridad local. Recuérdese que en octubre de 1814 el Director Supremo Gervasio de Posadas había creado la Gobernación de Tucumán, poniendo bajo su dependencia las ciudades de Santiago y Catamarca (1814). Aunque en el documento no se lo nombra, se trataba de Mariano Sarasa[11] cuya firma encabeza las rúbricas del documento. En la sesión de referencia estuvo presente y aceptó la comisión ofrecida, “muy gustoso” y “dando las gracias por esta distinción” (sic).

Esto evidencia que fue el primer abanderado oficial que tuvo Santiago del Estero, una gloria que debería ser explícita en la memoria de todos los santiagueños.

El citado había adherido a la revolución desde el primer momento. El 15 de julio de 1812 fue electo como diputado por Santiago a la Asamblea que debía constituirse en 1813, pero declinó la comisión por falta de recursos ya que no existía presupuesto para atender su manutención. El 11 de enero de 1813[12] se lo nombró teniente gobernador de Santiago, cesó el 11 de noviembre de 1815. En 1814 fue reconocido con el grado de sargento mayor.

Otro detalle, que bien se podría pasar por alto, es lo del “Caballo”, que en el texto transcripto figura con mayúscula. También acá vemos la jerarquía que se otorgaba al paseo del símbolo, ya que la usanza demandaba que fuera un ejemplar soberbio, particularmente entero (no castrado) y por esto, muy brioso adecuado para exhibirlo en los desfiles. Esto trasmitía una imagen que intentaré describir: el animal corporizaba la fuerza y los caprichos que demostraba el pueblo, mientras que el portador representaba la autoridad (antes el Rey), quien debía llevar el vexilo con la mayor prestancia y lucimiento posible, por lo que debía ser muy buen jinete para dominar al montado.

Faltaría aludir a los “gastos de costumbre” que se mencionan. Acordes a la tradición consistían en la “misa y sermón”, como se indica, pero también la colocación de arcos festivos en las calles, el pago a algún orfeón para que aportara su música, iluminación (aunque esta mayormente corría por cuenta de los vecinos), refrigerio público, fuegos artificiales y populares (palo enjabonado, como ejemplo), aseo y arreglos en la vía pública, de manera que presentara un “aspecto decente”, etc.

Los cargos capitulares eran: alcalde de primer voto (quien presidía las sesiones en ausencia del teniente de gobernador), alcalde de segundo voto y regidores, que correspondían al Alférez, el Alguacil Mayor, el Defensor de Menores y el Fiel Ejecutor. Las designaciones eran anuales. Corresponde señalar que, en el caso, también Finalmente, destaco que la expresión de que los presentes firman “por Nos, y ante Nos a falta de Escribano”, señala justamente la ausencia de este funcionario convocado para dar fe de lo actuado. Obviamente señala la legitimidad que investía el cuerpo del Cabildo, hasta el punto de poder certificar sus propias actas, sin intervención de notario alguno.

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Segundo asiento

“En la Ciudad de Santiago del Estero a veinte y un día del mes de abril de mil ochocientos catorce. Nos los individuos que componemos este Ilustre Ayuntamiento. Habiéndonos juntado en esta nuestra Sala Capitular a son de campanas como lo hemos de costumbre (…)

En segundo lugar tratamos el que por la función del veinte y cinco de Mayo corra nuestro Regidor Alguacil Mayor con todo lo que sea peculiar a la Iglesia en los gastos, y demás que ocurra.

En tercer lugar, cometimos a nuestro Regidor defensor de Menores corra con la hechura de la Bandera que se ha de hacer para sacar el día de la función del veinte y cinco de Mayo. Y no habiendo más que tratar cerramos el presente acuerdo y firmamos por Nos, y ante Nos a falta de Escribano.

(Firman) Manuel Gregorio Cavallero, Manuel Santillán, Manuel Ximenes de Paz, Mariano Medina y Doroteo Olivera”

- Apuntes:

Lo primero a destacar es la fecha consignada, 21 de mayo, faltando escasos cuatro días hasta el fasto. Recién entonces el Cabildo avanza con lo esperable para concretar la ceremonia.

Así, el Cabildo encarga al Alguacil Mayor la organización del festejo y al defensor de Menores, que se ocupe de la “hechura de la bandera que se ha de hacer para sacar el día de la función. Esto es muy significativo porque esclarece que no existía y que debía preverse con toda premura para poder contar con ella. También en esta a provisión se menciona al vexilo con mayúscula, lo que ratifica nuestro comentario previo.

Concluyendo

- Con lo expuesto creo cumplido el propósito de divulgar estos documentos poniéndolos on line y de manera accesible.

- Los comentarios vertidos, revelan interesantísimas implicancias en lo que hace a la ceremonia, teñida de la pompa tradicional, bien que, con un significado renovado, acorde a la situación política de la hora. También se señalaron los valores representados en la naturaleza y el color de la bandera referenciada.

- Finalmente se destaca la figura de Mariano Sarasa, como primer abanderado oficial de Santiago del Estero.


Notas y referencias:

[1] Nacido en 1898 y fallecido en 1983. Médico, investigador histórico y del folclore local. Fundador de la Junta de Estudios Históricos de Santiago del Estero, del Museo Histórico (1941), de la Escuela Santiagueña de Artes Populares y del Instituto de Lingüística y Arqueología, dependiente de la Universidad de Tucumán (1953). Entre 1944 y 1945 fue Intendente Municipal de Santiago.

[2] Abrió sus sesiones el 31 de enero de 1813, en la ciudad de Bs. Aires.

[3] Registro Oficial de la República Argentina. Edición oficial. Bs. Aires. 1879. Tomo I, p. 211.

[4] R. O. R. A. Tomo I, p. 167

[5] Recordemos que a su influjo Belgrano creará la “Bandera Nacional de la Libertad Civil”, que en el 2015 fue reconocida como “símbolo patrio histórico” por medio de la Ley Nº27.134 (https://servicios.infoleg.gob.ar/infolegInternet/anexos/245000-249999/247735/norma.htm)

[6] Actas Capitulares de Santiago del Estero. Academia Nacional de la Historia. Tomo VI. Buenos Aires. 1951, pp. 467-468.

[7] Oficio del Gobierno al Coronel Belgrano, datado en Bs. Aires el 3 de marzo de 1812.

[8] Teniente gobernador de Santiago del Estero, los nombrados seguidamente son miembros del Cabildo.

[9] Se había construido a mediados del siglo XVIII, en la esquina de las actuales calles Libertad y Tucumán.

[10] “Memorias Curiosas”. Biblioteca de Mayo. Bs. Aires. Tomo IV - Diarios y Crónicas, p. 200 del escrito y p. 3.846, del tomo.

[11] En el acta transcripta figura con doble “s”, pero la bibliografía lo referencia con una sola. También aparece escrito como “Zaraza”.

[12] Por un conflicto que mantuvo con el Cabildo este logró su transitorio reemplazo, primero por José Manuel Terán (3 de junio al 2 de julio, 1814) y después, por José Domingo Fernández (2 de julio al 3 de agosto, 1814). https://es.scribd.com/document/520839566/Revista-Del-Archivo-de-Santiago-Del-Este#content=query:sarasa,pageNum:357,indexOnPage:0,bestMatch:false ) p. 357.

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