Documentos y comentarios
Por Miguel Carrillo
Bascary
Corría el año de 1813 y la revolución emancipadora ya estaba
consolidada en la mayor parte de la Provincias Unidas del Río de la Plata.
La victoria del general Belgrano en la batalla de Tucumán (24 de septiembre de
1812) fue decisiva. El posterior triunfo en Salta (20 de febrero de 1813), la
reocupación de la abandonada ciudad de Jujuy (21 de marzo de 1813) y su entrada
en Potosí (19 de junio de 1813), eran otros hechos auspiciosos.
Por su parte, la institucionalización avanzaba, corporizada en la Asamblea General Constituyente que sesionaba en Bs. Aires[2], la que ya había adoptado decisiones por demás significativa, como la adopción de su escudo, una marcha patriótica, mandó retirar los escudos realistas, creó moneda y ordenó que se le prestar juramento y obediencia.
En este contexto, el 5 de mayo dictó una ley[3] que declaró “fiesta cívica” al 25 de Mayo y estableció celebrar anualmente las “Fiestas Mayas” conmemorando la formación del primer gobierno patrio. Tuvo como directo antecedente el Decreto[4] del Primer Triunvirato datado el 12 de mayo de 1812, que ordenaba celebraciones con motivo de la “libertad civil[5]” alcanzada el 25 de mayo de 1810.
Conforme a esta, en cada ciudad debía organizar las actividades pertinentes según sus criterios y posibilidades económicas. Así ocurrió en Santiago del Estero donde, conforme a la costumbre instituida desde la formación de su Cabildo, debía ser éste el que se ocupara delas fiestas. Así consta en sus “Actas Capitulares”, documentación que por estar agotada hace muchos años es difícil de conseguir. Oportunamente las publicó la Academia Nacional de la Historia[6], pero también en este caso no es sencillo consultarlas, por esta razón transcribiré los respectivos asientos.
Adelanto desde ya el interés que implica la mención de la “bandera de nuestra la libertad”, tal el término con que se hizo nombrar. Esta no era otra que la Bandera nacional izada por primera vez el 27 de febrero de 1812 por el entonces coronel Manuel Belgrano y que, pese al desagrado del Triunvirato[7], se había difundido espontáneamente. Así lo prueba la documentación que seguidamente les comparto advirtiendo que, para mayor claridad, prescindiré de las abreviaturas de uso tan común por entonces, aunque respetaré las mayúsculas puntillosamente.
Primer documento
“En la Ciudad de Santiago del Estero a
catorce días del mes de abril de mil ochocientos catorce años. Nos los
Individuos que componemos este Ilustre Ayuntamiento. Habiéndonos juntados en
esta nuestra sala Capitular a son de campanas como lo hemos de costumbre fue de
nuestra primera atención tratar sobre el modo como debemos perpetuar en nuestra
memoria el Glorioso día veinte y cinco de Mayo, y por el efecto acordamos que
ara solemnizarlo se haga un solemne paseo a caballo, sacando una Bandera por
insignia de nuestra libertad celeste y Blanca, y habiéndose pensado quien
debería de sacar esta ha querido, y ha acordado esta M. I. C. (Muy Ilustre Cabildo) hacer
este honor a el Teniente Gobernador de esta Ciudad; el que muy gustoso lo ha
admitido; dando las gracias por esta distinción con lo que se concluyó;
quedando este Ilustre Ayuntamiento con las obligaciones de costumbre con los
gastos de Misa, y sermón, y demás gastos. Y no habiendo más que tratar cerramos
el presente Acuerdo, y firmamos por Nosotros y ante Nosotros, a falta de escribano”.
(Siguen las firmas de:) Mariano Sarassa[8], Manuel Gregorio Cavallero, Manuel Santillán, Mariano Medina y Doroteo Olibera.
- Apuntes:
El asiento se hizo en el
“Libro de Acuerdos” de la citada corporación, donde consta un sumario de las
resoluciones que adoptaba el cuerpo. Son
sus protagonistas el teniente gobernador local y los cabildantes presentes,
todos vecinos de Santiago, por supuesto.
Es peculiar la mención de las campanas como medio para la convocatoria a reunión que se reunía en el “Salón de Acuerdos” del Cabildo[19], ubicado en la planta baja de la construcción. Conste que ya para entonces estaba en malas condiciones de habitabilidad, más tarde se derrumbaría a consecuencia del terremoto que sacudió la ciudad en 1817.
Obsérvese el principalísimo lugar que el Cabildo asigna
a la bandera en la celebración, esto marca una continuidad con la función
que cumplía el Pendón Real en tiempos de la Colonia, donde el lábaro
personificaba la presencia del soberano y al que el pueblo que le rendía
homenaje; al par que las autoridades y demás corporaciones cívicas que conformaban
su corte. En tal sentido, queda implñicito que la decisión reconoce en el lábaro la representación de la nación en
ciernes, como continuadora de la potestad real. Esta interpretación encuentra
visible fundamento en la mayúscula con
se escribió el término. Esto es, no se trataba de un símbolo cívico de
autonomía, sino que manifestaba la cualidad del poder público que se conoce
como soberanía, en los términos que
correspondían a la confusa situación previa a la declaración de la Independencia.
Es verdad que ésta recién ocurrirá en 1816, pero su ejercicio era prácticamente
un hecho atento la acción de gobierno que venía protagonizando la Asamblea.
En cuanto a la descripción de la enseña lamentablemente
no se hizo constar, aunque queda en claro su definido color “celeste y Blanca” (nada de azul, ni de
azul-celeste). Lo asentado tampoco permite intuir si llevaba alguna carga en el
paño, aunque en su caso no había ningún motivo para expresarlo.
Esto implicaría que la Bandera bien pudo ser de solo dos franjas, tal como aparecerá en 1815 en el célebre óleo del prócer que le pintó en cuerpo presente Françoise Carbonnier durante su misión diplomática en Londres (1815). También resulta muy significativo que se la describa como cuenta Juan Manuel Beruti[10], quien después de informar que se había dado orden de retirar “todos los escudos de las armas de Castilla que estaban expuestos” y su reemplazo por “el gran escudo de la nación de las Provincias Unidas del Río de la Plata” lo vincula con la bandera, tal como se verá en la transcripción compendiada que sigue:
“(…) las manos
juntas significa (sic) la unión de
las provincias, y el gorro sobre el palo de la libertad, las orlas de oliva los
triunfos y victorias adquiridas, y los campos celeste y blanco nuestra
bandera nacional. El diseño aunque toscamente es el siguiente: (aquí el
autor acompaña el dibujo, realizado a pluma)
La descripción prefiguraría el uso de una bandera
compuesta por dos franjas o segmentos en horizontal, celeste el superior y
blanco el inferior. Así describen otros autores al vexilo que se usó entre
1812 y julio de 1816, cuando el Congreso reunido en Tucumán estableció la
bandera de las Provincias Unidas de Sudamérica.
Más allá de estas incógnitas y de la que plantea quién o quienes pudieron confeccionarla, la pieza fue el primer ejemplar de Bandera Nacional propio de Santiago del Estero.
Otro aspecto significativo
es el uso del verbo “sacar”, con
referencia al lábaro. En principio permitiría entender que ya se usaba y
que en la ocasión se debía mostrar recorriendo el ejido, como demostración de
poder sobre el territorio de la ciudad. Sin embargo, esto es errado, como se
verá en los comentarios que realizo al segundo documento.
Sobre la persona designada para portar el símbolo,
el Cabildo eligió al que resultaba lógico, el teniente gobernador, principal
autoridad local. Recuérdese que en octubre de 1814 el Director Supremo Gervasio
de Posadas había creado la Gobernación de Tucumán, poniendo bajo su dependencia
las ciudades de Santiago y Catamarca (1814). Aunque en el documento no se lo
nombra, se trataba de Mariano Sarasa[11]
cuya firma encabeza las rúbricas del documento. En la sesión de referencia
estuvo presente y aceptó la comisión ofrecida, “muy gustoso” y “dando las gracias por esta distinción” (sic).
Esto evidencia que fue el primer abanderado oficial que tuvo Santiago
del Estero, una gloria que debería ser explícita en la memoria de
todos los santiagueños.
El citado había
adherido a la revolución desde el primer momento. El 15 de julio de 1812 fue electo
como diputado por Santiago a la Asamblea que debía constituirse en 1813, pero
declinó la comisión por falta de recursos ya que no existía presupuesto para
atender su manutención. El 11 de enero de 1813[12]
se lo nombró teniente gobernador de Santiago, cesó el 11 de noviembre de 1815.
En 1814 fue reconocido con el grado de sargento mayor.
Otro detalle, que bien se
podría pasar por alto, es lo del “Caballo”, que en el texto
transcripto figura con mayúscula. También acá vemos la jerarquía que se otorgaba
al paseo del símbolo, ya que la usanza demandaba que fuera un ejemplar
soberbio, particularmente entero (no castrado) y por esto, muy brioso adecuado
para exhibirlo en los desfiles. Esto trasmitía una imagen que intentaré describir: el animal corporizaba la fuerza y
los caprichos que demostraba el pueblo, mientras que el portador representaba la
autoridad (antes el Rey), quien debía llevar el vexilo con la mayor prestancia
y lucimiento posible, por lo que debía ser muy buen jinete para dominar al montado.
Faltaría aludir a los “gastos
de costumbre” que se mencionan. Acordes a la tradición consistían en la
“misa y sermón”, como se indica, pero
también la colocación de arcos festivos en las calles, el pago a algún orfeón
para que aportara su música, iluminación (aunque esta mayormente corría por
cuenta de los vecinos), refrigerio público, fuegos artificiales y populares
(palo enjabonado, como ejemplo), aseo y arreglos en la vía pública, de manera
que presentara un “aspecto decente”, etc.
Los cargos capitulares eran: alcalde de primer voto (quien presidía las
sesiones en ausencia del teniente de gobernador), alcalde de segundo voto y
regidores, que correspondían al Alférez, el Alguacil Mayor, el Defensor de
Menores y el Fiel Ejecutor. Las designaciones eran anuales. Corresponde señalar
que, en el caso, también Finalmente, destaco que la expresión de que los
presentes firman “por Nos, y ante Nos a
falta de Escribano”, señala justamente la ausencia de este funcionario
convocado para dar fe de lo actuado. Obviamente señala la legitimidad que investía el cuerpo del Cabildo, hasta el punto de
poder certificar sus propias actas, sin intervención de notario alguno.
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Segundo asiento
“En la Ciudad de Santiago del Estero a
veinte y un día del mes de abril de mil ochocientos catorce. Nos los individuos
que componemos este Ilustre Ayuntamiento. Habiéndonos juntado en esta nuestra
Sala Capitular a son de campanas como lo hemos de costumbre (…)
En segundo lugar tratamos el que por la función del
veinte y cinco de Mayo corra nuestro Regidor Alguacil Mayor con todo lo que sea
peculiar a la Iglesia en los gastos, y demás que ocurra.
En tercer lugar, cometimos a nuestro Regidor defensor
de Menores corra con la hechura de la Bandera que se ha de hacer para sacar el
día de la función del veinte y cinco de Mayo. Y no habiendo más que tratar
cerramos el presente acuerdo y firmamos por Nos, y ante Nos a falta de
Escribano.
(Firman) Manuel Gregorio Cavallero, Manuel
Santillán, Manuel Ximenes de Paz, Mariano Medina y Doroteo Olivera”
- Apuntes:
Lo primero a destacar es
la fecha consignada, 21 de mayo, faltando
escasos cuatro días hasta el fasto. Recién entonces el Cabildo avanza con
lo esperable para concretar la ceremonia.
Así, el Cabildo encarga al Alguacil Mayor la organización
del festejo y al defensor de Menores, que se ocupe de la “hechura de la bandera que se ha de hacer para sacar el día de la
función”. Esto es muy significativo porque esclarece que no existía y
que debía preverse con toda premura para poder contar con ella. También en esta
a provisión se menciona al vexilo con
mayúscula, lo que ratifica nuestro comentario previo.
Concluyendo
- Con lo expuesto creo cumplido el propósito de
divulgar estos documentos poniéndolos on
line y de manera accesible.
- Los comentarios vertidos, revelan interesantísimas
implicancias en lo que hace a la ceremonia, teñida de la pompa tradicional,
bien que, con un significado renovado, acorde a la situación política de la
hora. También se señalaron los valores representados en la naturaleza y el
color de la bandera referenciada.
- Finalmente se destaca la figura de Mariano Sarasa, como primer abanderado oficial de Santiago del Estero.
[1] Nacido en 1898 y fallecido en 1983. Médico, investigador histórico y
del folclore local. Fundador de la Junta de Estudios Históricos de Santiago del
Estero, del Museo Histórico (1941), de la Escuela Santiagueña de Artes
Populares y del Instituto de Lingüística y Arqueología, dependiente de la
Universidad de Tucumán (1953). Entre 1944 y 1945 fue Intendente Municipal de
Santiago.
[2] Abrió sus sesiones el 31 de enero de 1813, en la ciudad de Bs. Aires.
[3] Registro Oficial de la
República Argentina. Edición oficial. Bs. Aires.
1879. Tomo I, p. 211.
[4] R. O. R. A. Tomo I, p. 167
[5] Recordemos que a su influjo Belgrano creará la “Bandera Nacional de la
Libertad Civil”, que en el 2015 fue reconocida como “símbolo patrio histórico”
por medio de la Ley Nº27.134 (https://servicios.infoleg.gob.ar/infolegInternet/anexos/245000-249999/247735/norma.htm)
[6] Actas Capitulares de
Santiago del Estero. Academia Nacional de la
Historia. Tomo VI. Buenos Aires. 1951, pp. 467-468.
[7] Oficio del Gobierno al Coronel Belgrano, datado en Bs. Aires el 3 de
marzo de 1812.
[8] Teniente gobernador de Santiago del Estero, los nombrados seguidamente
son miembros del Cabildo.
[9] Se había construido a mediados del siglo XVIII, en la esquina de las
actuales calles Libertad y Tucumán.
[10] “Memorias Curiosas”.
Biblioteca de Mayo. Bs. Aires. Tomo IV - Diarios y Crónicas, p. 200 del
escrito y p. 3.846, del tomo.
[11] En el acta transcripta figura con doble “s”, pero la bibliografía lo
referencia con una sola. También aparece escrito como “Zaraza”.
[12] Por un conflicto que mantuvo con el Cabildo este logró su transitorio reemplazo, primero por José Manuel Terán (3 de junio al 2 de julio, 1814) y después, por José Domingo Fernández (2 de julio al 3 de agosto, 1814). https://es.scribd.com/document/520839566/Revista-Del-Archivo-de-Santiago-Del-Este#content=query:sarasa,pageNum:357,indexOnPage:0,bestMatch:false ) p. 357.



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