Notas de ceremonial
Por Miguel Carrillo
Bascary
La Asamblea Legislativa que reúne a la Cámara de Diputados y al Senado
de la Nación Argentina, para escuchar el informe del titular del Poder Ejecutivo
y dar por iniciadas las sesiones del período legislativo 2026, suele aportar interesantes novedades desde la
perspectiva del ceremonial.
En razón de sus
dimensiones el ámbito se concreta en el recinto
de sesiones de Diputados, al que se adosan sitiales para permitir la
participación de los 72 senadores, que vienen a sumarse a las 257 bancas de los
miembros de la Cámara anfitriona. Sobre el frontis
se acondicionan otras localidades destinadas a recibir a los miembros de la
Corte Suprema de Justicia, los ministros del Ejecutivo, varios gobernadores de
provincias, el jefe de gobierno de la Ciudad Autónoma de Bs. Aires, embajadores,
jefes de los estados mayores de las Fuerzas Armadas, de Seguridad y otros altos
funcionarios. Mientras que en los numerosos balcones se ocupan con invitados de protocolo.
La cabecera se reserva a los titulares de ambas cámaras, a la derecha
se ubica la vicepresidenta, que oficia al frente del Senado y a la izquierda el
presidente de la Cámara baja. Mientras que el
Presidente de la Nación ocupa la tribuna central, que ostenta una talla del
Escudo argentino como carácter distintivo.
A los ojos profanos puede parecer que el conjunto de funcionarios que
acabo de reseñar son las personas que ocupan el lugar de mayor importancia en
la solemne oportunidad. Desde una óptica formal, es así en lo que corresponde
distinguir el debido orden de
precedencias.
Sin embargo, y un análisis ontológico permite identificar
a otro actor, el principal, origen de los órganos de gobierno pre mencionados.
¿De quién se trata? Lisa y llanamente del pueblo de la Nación Argentina, ya que el estado es de raíz
democrática. Ergo, el titular de la soberanía,
cualidad esencial del estado, es ese mismo pueblo que, en virtud del principio
de representación, elecciones mediante, se corporiza en los funcionarios que dan
forma al gobierno, conforme a los dictados de la Constitución Nacional.
¿Dónde se visualiza la presencia de este pueblo? En este punto la alusión al verbo del interrogante
llevará al lector a buscar la respuesta observando
detenidamente la imagen que abre esta nota. Algunos encontrarán al plural protagonista al instante, muchos
otros no atinarán con la solución. La mayoría quizás no lo adviertan adecuadamente
y, al dilucidarse la cuestión, quedarán pasmados, lo cuál debería ser motivo de
preocupación.
En realidad, la respuesta es harto evidente y radica en la Bandera Nacional que ondea en lo alto del mástil ceremonial ubicado a la derecha del recibo, el lugar de honor. Es Ella, la que representa al pueblo argentino, al soberano. Por esta misma razón, cada vez que las cámaras inician sus sesiones se procede al izamiento de la enseña patria, mudo testigo de la presencia del pueblo y base fundamental de la autoridad que transitoriamente ha cedido a los funcionarios que la ejercen.
En suma, la Bandera nacional no es un mero elemento ornamental,
tiene el significado esencial sobre el que acabo de explayarme.
Los grandes lienzos celestes y blancos, no son
banderas por lo que se admite que
se usen para resaltar la cabecera y los laterales del recinto.
Otro detalle a destacar es
la presencia de dos miembros del Regimiento
de Granaderos a Caballo General San Martín, cuerpo histórico del Ejército
Argentino y unidad custodia del presidente de la Nación. Además de evidenciar
esta condición señalan que las Fuerzas
Armadas son también parte del pueblo en el marco de la Constitución Nacional.
Otros efectivos se ubicaron en el acceso del palacio del Congreso y en
dependencias interiores, todos ellos con uniforme de gala.
En este rápido repaso nos
faltaría señalar un atributo que señala
la autoridad del presidente de la Nación, la banda que lo distingue. Su uso
fue dispuesto por la Asamblea General Constituyente en el Estatuto Provisorio
de 1814 y desde entonces caracteriza al titular del Ejecutivo, aunque hubo períodos
en que no se utilizó. Su estructura
actual fue dispuesta por el artículo 4º del Decreto Nº10.302/ 1944, con la modificación
de la borla en que termina, según lo ordenado por el Decreto Nº459/ 1984, consta
de los colores nacionales en la misma disposición que la Bandera Nacional y con
su Sol en el centro. En el caso, el
presidente Milei se colocó la banda y asió el bastón de mando, recién cuando
ingresó al recinto. La banda la llevó por sobre el traje, al contrario de cuando
antiguamente los presidentes empleaban levita.
Los cánones de la Etiqueta indican que en ocasiones solemnes como lo es la
Asamblea Legislativa, los asistentes deberían concurrir con vestimentas
adecuadas. Sin embargo, hace décadas que tan elemental precepto social ha
desaparecido. En concordancia, si el
presidente revistió un traje oscuro, con su correspondiente chaleco, camisa
blanca y corbata azul claro, los asistentes varones deberían hacerlo de igual
forma, pero en la ocasión fue dable observar legisladores que llevaron ambos, tanto
oscuros como grises, algunos tenían la camisa abierta, otros lo hicieron con
remeras de cuello redondo bajo el saco. También se vio a diputados y senadores
con solo una camisa o con camisetas sin cuello. En algún caso llevaron
corbatas, pero tenían desprendido el primer botón de la camisa.
En cuanto a las presencias femeninas, reinó una amplia variedad de atuendos y para
todos los gustos. En su mayoría fueron formales y sobrios, negros, blancos y de
tonos rojizos, pero apagados, aunque no faltaron aquellos con que sus
portadoras parecieron querer destacarse por sus vivos colores, los rojos fueron varios y sumamente
notorios. Predominaron los hombros recubiertos, aunque también pudieron
verse en forma contraria. En lo que se vio coincidencia absoluta fue en los
cuidados peinados.
Obviamente que los altos jefes militares concurrieron con sus
respectivos uniformes de reglamento.
Una cosa me llamó la
atención, aunque el detalle puede parecer menor, la ausencia de escarapelas, tanto en el oficialismo como entre los opositores.
Finalmente, hubo otra ausencia que me llamó la atención, la que verdaderamente me molestó. No se vio a la Bandera Nacional de la Libertad Civil, cuarto símbolo patrio, histórico, reconocida como tal en el año 2015 por la Ley Nº27.134, emblema belgraniano, representativo del estado de derecho que luce en el recinto del senado desde hace varios años. En la oportunidad el presidente del Instituto Nacional Belgraniano, Lic. Manuel Belgrano, entregó un ejemplar de ceremonia a cada una de las cámaras. Inmediatamente fueron colocados en los respectivos recintos, a la izquierda de sus presidencias, mientras que a su derecha se dispuso a la enseña patria, según el protocolo. Fue al inicio de las sesiones del año 2025 cuando se advirtió que faltaba en la Cámara Baja, se practicaron averiguaciones y se detectó que la ausencia databa de, al menos, ¡tres años! El caso es que la situación persiste, dolorosa e inexplicablemente.
¡Debería remediarse!




