Su traslado al Monumento a la Bandera
Por Miguel
Carrillo Bascary
El 27 de febrero de 1962
se cumplían 150 años del primer
izamiento de la Bandera Nacional[1].
Cinco años antes se inauguraba en Rosario el imponente Monumento que así lo recuerda.
La opinión pública estaba sensibilizada por la conciencia de estos acontecimientos.
Desde 1958 gobernaba el país el radical Arturo
Frondizi, que se caracterizaba por
una fuerte impronta institucional; intentaba promover la participación
ciudadana y postulaba un desarrollo aperturista. Sin embargo, los
enfrentamientos del pasado cercano incidían cotidianamente en su accionar, en
un marco de resentimientos, desconfianzas y apetencias autoritarias. La
situación externa tampoco era favorable y la “guerra fría” incidía en la
política local.
En este escenario, se pensó que la celebración podía ser una
base sólida para restablecer la concordia. Lo que se tradujo en un
ambicioso plan para solemnizar el magno aniversario de 1962, impulsado por Frondizi,
acompañado por el progresista intendente de Rosario, Luis Cándido Carballo y diversas entidades cívicas,
El propósito se plasmó en
el Decreto Nº1.285 del 9 de febrero de
1962[2]
(ver su texto en el Anexo 1) que estableció un feriado nacional especial para el 27 de febrero y dispuso “actos diversos tendientes a rememorar y
enaltecer la creación de la bandera nacional y la figura patricia de su creador”,
centrados en la visita del titular del Ejecutivo a la ciudad de Rosario. A este
fin se creó una comisión presidida por
Frondizi, integrada por ministros de su gabinete, el gobernador de Santa Fe
y otros altos dignatarios. Paralelamente se invitó a los titulares del
Congreso, del Poder Judicial, gobiernos de provincias, de la Iglesia y del
cuerpo diplomático a concurrir y adherir al programa previsto.
El Artículo 7º disponía un
acto de homenaje a Doña María Catalina Echevarría
de Vidal, a quien se reconocía por haber confeccionado la Bandera que le
encargara Belgrano. La ceremonia se cumplió en el Convento de San Carlos (San
Lorenzo), lugar donde descansan sus restos mortales.
Lo más significativo estaba en el Artículo 8º cuya primera parte ordenaba:
“La Bandera llamada ‘De Macha’, que se halla
en el Museo Histórico Nacional de Buenos Aires, será trasladada al Monumento a
la Bandera Nacional”.
La pieza había sido
descubierta en 1883 en la capilla del paraje de Titiri, curato de San Pedro de
Macha, Bolivia. Desde 1896 se preserva
en el Museo Histórico Nacional. Se presume que perteneció a alguna unidad
de las tropas que combatieron en el Alto Perú a las órdenes de Belgrano, aunque
no hay ningún documento que lo pruebe, por este motivo se la conoce como “bandera
de Ayohuma[3]”.
Tiene tres franjas: celeste, blanca y celeste[4].
El Decreto lo firmó el Presidente de la Nación, lo refrendaron los ministros del Interior,
Relaciones Exteriores y Culto, Educación y Defensa, acompañados por los
secretarios de Guerra, Marina y Aeronáutica. Obviamente la norma estaba dentro
de sus competencias y facultades. Hasta acá los hechos.
Un traslado frustrado
Se consagró así la decisión presidencial de trasladar aquella
pieza histórica al Altar que la Patria había levantado a su Bandera. Un
lugar lógico y digno para una de las piezas a las que más antigüedad se les
atribuye en el pasado argentino. Se esperaba que pudiera concretarse para el 20 de junio de 1962, una fecha lógica y
emblemática.
Rosario recibió la noticia con júbilo y se abocó a solemnizar el acto evocativo del 27 de
febrero de ese año, que se cumplió con todo lucimiento, como se desprende de
las crónicas de entonces. Todo lo contrario
ocurrió en ciertos ámbitos porteños vinculados con la Historia, que en voz
baja rechazaron la medida.
Fue poco después, que el 29 de marzo una asonada militar depuso a
Frondizi y surgió el gobierno de facto encabezada por José María Guido
(1962-1963). Con ello desapareció la comisión de homenaje y todo el acontecer
institucional entró en crisis. La caída de Frondizi determinó la intervención
del gobierno santafesino y con esto el alejamiento del gobernador electo de
Santa Fe, Luis C. Carballo; quien desde su gestión como Intendente de Rosario había
sostenido el proyecto de traer la enseña al Monumento. En estas circunstancias la orden presidencial de trasladar el
vexilo histórico a Rosario fue diferida
para el 20 de junio de 1963, pero no fue factible concretarla. La situación
era compleja, por entonces la Dirección
del Monumento carecía de titular y la
Municipalidad de Rosario se había tenido que hacer cargo del lugar, que se
encontraba carente de presupuesto y soportaba las muestras del abandono del
gobierno nacional[5].
Disgresión. Al llegar a este punto es necesario esclarecer que
el Monumento a la Bandera es propiedad del Gobierno nacional pero su
administración y custodia las ejerce la Intendencia de la ciudad de Rosario
conforme a la cesión operada por Decreto Nº1.285/ 1962[6].
A partir de entonces desapareció toda referencia al
traslado. Pareció que las nieblas
del tiempo se hubieran engullido tan loable iniciativa.
Una amarga constatación
Fue en 1999, cuando en el
curso de mis investigaciones sobre la Enseña patria y el Monumento a la Bandera
di con el texto del Decreto Nº1.285/ 1962. Mi
sorpresa fue mayúscula, considerando su enorme trascendencia para Rosario y el
total desconocimiento que existía sobre la norma en los medios históricos
locales. Canalicé mis afanes en diversos repositorios documentales y
periodísticos, tanto de la ciudad como de la Capital Federal, con estéril
resultado.
Recurrí entonces a
personalidades que habían tenido algún protagonismo en la temática a comienzas
de los años ‘60, con negativo fruto. Lo
sucedido parecía haberse borrado de las mentes, excepto por el testimonio
de un rosarino que oportunamente había formado parte de una de las tantas comisiones
vinculadas al Monumento a la Bandera. El me compartió que Humberto Burzzio, un experto en Numismática, contador de profesión
asimilado a la Armada con el grado de almirante, miembro de la Academia
Nacional de la Historia, circunstancialmente a cargo del Museo Histórico
Nacional desde octubre de 1955, se había
negado (literalmente) a cumplir con la orden de Frondizi por considerar que
una reliquia de tal importancia debía permanecer en Bs. Aires para que pudiera
ser venerada por los argentinos “sin obligarlos a peregrinar hasta la ciudad
de Rosario para poder apreciarla” (sic). Las
autoridades locales de entonces, afines al pensamiento militar, no quisieron
generar un escándalo y optaron por un vergonzoso silencio.
Tamaña confesión de un
testigo directo, el contexto institucional de entonces y el prestigio de un
funcionario evidentemente confundido, me esclarecieron suficientemente sobre cuál
fue la razón que impidió cumplir con el traslado. En definitiva, era una muestra más del miope centralismo
empeñado en minusvalorar al interior del país y a la ciudad de Rosario, en
particular.
Al rescate del proyecto
En los años que siguieron
a 1999 profundicé mis estudios al
respecto hasta concluir que el Decreto Nº1.235/ 1962 no había sido nunca
derogado, sino que mantenía toda su vigencia, aunque se hallaba incumplido
por el simple capricho de un digno historiador devenido en equívoco y mezquino
funcionario.
En consecuencia, resultaba legítimo procurar para que se
diera cumplimiento a la norma y se hizo evidente que la tarea correspondía
a los rosarinos y a las autoridades de la Ciudad interponer todas las actuaciones
necesarias al efecto.
Así, en el año 2003, quien
esto escribe presentó sus conclusiones ante la Junta de Historia de Rosario[7] a la que me honraba de presidir. Esta entidad
civil de intensa actuación por entonces consideró mis argumentos y prestó su aval para la procedencia de
la iniciativa.
Al año siguiente se
concretó el “Encuentro Nacional Belgraniano
– Rosario 2004”. El evento fue organizado por el Instituto Belgraniano de
Rosario, del que era circunstancial secretario, y de la citada Junta. Contó con
el auspicio del Instituto Nacional
Belgraniano, lo que implicó la concurrencia de delegados de dieciséis
provincias y de la Capital Federal. Mi presentación se tituló “Destino de
una reliquia patriótica muy preciada”, donde referenciaba las investigaciones
vinculadas al decreto desobedecido.
La ponencia se tradujo en
un documento que suscribió la mayoría de los congregados y que se tituló “Resolución de Rosario” (Ver Anexo 2), donde se promovía que la llamada “Bandera
de Ayohuma” (de Macha) fuera “trasladada
a la brevedad al Monumento a la Bandera” dando así cumplimiento efectivo al
Decreto Nº1.285/ 1962.
A tal fin se armaron sendas carpetas que
contenían todos los antecedentes necesarios y se enviaron a la Presidencia de
la Nación, a los titulares de ambas Cámaras del Congreso Nacional, al
gobernador de Santa Fe, a los presidentes de las cámaras de Diputados y
Senadores de la provincia, al Intendente de Rosario y al Concejo Municipal de
la ciudad. Lamentablemente las gestiones
solo obtuvieron dos ecos positivos:
a) la que tramitó ante la Cámara de
Diputados de Santa Fe, que por
unanimidad en aprobó una declaración
solemne en fecha 4 de noviembre de 2004 (expediente 13.578-2004), pero que
no se tradujo en ningún resultado. Su texto rezaba:
“La Cámara de Diputados de la Provincia, DECLARA:
La necesidad de promover ante el Gobierno Nacional, el cumplimiento del art. 8º
del Decreto Nacional Nº1.285, sancionado el 9 de febrero de 1962, publicado en
el Boletín Oficial del 15 de febrero del mismo año, por el cual se determina
que la bandera llamada “De Macha” que se halla en el Museo Histórico Nacional
de Bs. Aires sea trasladada al Monumento Nacional a la Bandera de Rosario”.
b) la que encaró el Intendente
municipal de Rosario, Ing. Miguel Lifschitz, en expediente Nº42.660- J- 2004, por la que se dispuso iniciar gestiones reclamando el
cumplimiento de aquella norma ante el Ministerio de Cultura de la Nación,
del que dependía la Comisión Nacional de Museos, Monumentos y Lugares
Históricos, y la Dirección de Patrimonio y Museos, con jurisdicción sobre el
Museo Histórico Nacional. Cabe señalar que el municipio ofrecía hacerse cargo
del traslado.
Cuando el pedido ingresó en el Ministerio de Cultura (expediente
Nº7.918-2005) tuvo un trámite muy demorado, hasta que finalmente, el Director Nacional de Patrimonio y
Museos, dictaminó diciendo que como la enseña estaba inventariada en el Museo
Histórico Nacional no podía ser cedida al Monumento a la Bandera por ningún
motivo (Nota DNPM Nº710/ 2006), sin exponer mayores fundamentos. El caso es
que el Municipio de Rosario no
solicitaba que se le cediera la reliquia en propiedad, sino que se le confiara
en comodato (préstamo gratuito), lo que de ninguna manera implica quitarla
del inventario del repositorio nacional. Además, la Intendencia destacaba que el Monumento era “monumento histórico
nacional”, declarado así por Decreto Nº1.592/ 89, por lo que el vexilo permanecería
en su ámbito y bajo custodia de la Gendarmería Nacional, librado a las centenas de miles de argentinos que
cada año visitaban el memorial.
En definitiva, los
argumentos de la repartición gubernamental recreaban los que en su momento
articulara el otrora Director del Museo Histórico. En ambos casos se esgrimió
un pretexto baladí para evitar cumplir la orden presidencial instrumentada por
el Decreto Nº1.285/ 1962.
Visto lo cual, la
Intendencia de Rosario formuló la pertinente reconsideración, insistiendo
en su pedido y ampliando sus fundamentos. En esas circunstancias ocurrió el
lamentable robo del reloj que fuera del General Manuel Belgrano lo que motivó
la intervención del Museo y un largo período en que estuvo cerrado, por lo que las
tratativas quedaron definitivamente congeladas.
Cuando años más tarde, el suscripto
ganó por concurso el cargo de subdirector general del Monumento a la Bandera, intenté
replantear el traslado de la histórica pieza. Más tarde, ya como director
general subrogante, insistí con el proyecto con vistas a concretarlo para el
bicentenario de la Revolución de
Mayo (2010) y reiteré lo propio en 2012, cuando se aproximaban los doscientos
años de la creación de la Bandera. Lamentablemente las gestiones municipales
implicadas no siguieron el camino señalado por su antecesor, el Ing. Lifschitz.
Paralelamente, actuando en conjunto, el Instituto Belgraniano de
Rosario y la Junta de Historia de Rosario, con el apoyo del Instituto Nacional
Belgraniano se intentaron interesar a los legisladores por Santa Fe ante el
Congreso Nacional para que presentaran un proyecto de ley ordenando que se cumpliera
el Art. 8º del Decreto Nº1.285/1962. Todo
fue en vano, ninguno de los 19 diputados y los tres senadores se sensibilizaron al respecto.
Otros precedentes
Hay dos precedentes
válidos sobre vexilos históricos restituidos
en propiedad a la provincia de San Juan pese a estar
en el patrimonio del Museo Histórico Nacional. Esto desmiente totalmente la
validez de la excusa argüida por el Director Nacional de Patrimonio cuando se
negó a cumplir el traspaso de la reliquia histórica al Monumento a la Bandera
de Rosario.
La Ley Nº25.298
(2000)[8]
ordenó ceder la enseña del Regimiento de Talavera, en beneficio de San Juan. Había
sido tomada en la batalla de Chacabuco y enviada a esa provincia por orden del
general San Martín.
La Ley Nº26.676
(2011)[9]
mandó hacer lo propio con la llamada “bandera ciudadana” o “de Cabot” que
encabezó la columna del Ejército de los Andes que partió desde San Juan para
libertar a Chile.
En ambos casos, reitero, estaban inventariadas en el Museo Histórico
Nacional desde que éste se formó a fines del siglo XIX. Vemos así que el
pueblo de San Juan no cejó en su cometido
reivindicador y sucesivamente logró plasmar en los hechos el federalismo
llevado al ámbito de la cultura. Un axioma muchas veces declamado, pero que
sigue ofreciendo férrea resistencia en ciertos sectores.
Los méritos de Rosario
El pueblo de Rosario ha demostrado con creces merecer el
alto honor de guardar el Monumento Nacional a la Bandera, por cuya
construcción bregó por varias generaciones.
Cuando luego de ser inaugurado cayó en el olvido del
Gobierno nacional la Intendencia
rosarina se hizo cargo de su mantenimiento hasta que esto se le reconoció formalmente
en 1963, desde entonces la ciudad ha demostrado ser digna de la tarea.
En su interior se preservan enseñas nacionales de alto valor histórico, entre ellas: la que flameó en la sede de la
Gobernación en Malvinas durante 1982, la que ondeó en el Polo Sur en 1965, la
que flameó en la Plaza de Mayo, cuando en 1938 se celebró por primera vez el
“día de la Bandera” y otras muchas otras. Todas
ellas están depositadas en comodato en el Monumento a la Bandera, sin que
nada obste a tal forma de cesión. Lo mismo debería ocurrir con la enseña de
Macha/ Ayohuma si se cumple con el Decreto de 1962.
Una nueva oportunidad
En los últimos días se
anunció que en seno del Concejo Municipal de Rosario se había presentado un proyecto de ordenanza promoviendo la
entrega de la bandera de Macha que guarda el Museo Histórico Nacional desde
1896 para que fuera trasladada al Monumento Nacional a la Bandera[10].
En este sentido formulo votos para que
la iniciativa sea coronada por el éxito, desde todo punto de vista sería
favorable para los intereses del pueblo de Rosario e implicará una reivindicación del derecho a contar con este vestigio
histórico que surgió en la ya lejana fecha del año 1962.
Con estas líneas quiero realizar mi aporte, poniendo en
conocimiento del Concejo Municipal de Rosario y de la civilidad los
antecedentes que integran en esta comunicación. En cuya referencia destaco muy particularmente la existencia
y plena vigencia de lo ordenado por el Artículo
8º del Decreto nacional Nº1.285/ 1962.
El traslado de tal bandera
al Monumento que recuerda el primer izamiento será una justa y oportuna reivindicación de la identificación de Rosario con
el más antiguo de nuestros símbolos nacionales, también la prevalencia del principio de legalidad evidenciado en la norma
incumplida por el simple capricho de un
funcionario que buscó erigirse como arbitrario juez de la vigencia de un
decreto emanado de un presidente constitucional.
Quede en claro sí, que no puede atribuirse que esta bandera haya sido creada por Belgrano y, mucho menos aún, que se trate de la izada en Rosario el 27 de febrero de 1812.
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Anexo 1: Decreto Nº1.285/ 1962
Bs. Aires, 9 de
febrero de 1962
VISTO:
Que el día 27 de febrero próximo se cumplirá el centésimo quincuagésimo
aniversario de la Bandera Nacional creada por el general Don Manuel Belgrano en
la ciudad de Rosario y en el lugar en que actualmente se erige el Monumento
Nacional a la Bandera; y
CONSIDERANDO:
Que tal circunstancia es propicia para que se exterioricen adecuadamente el
respeto y la adhesión de los argentinos al más preciado de los símbolos de la
nacionalidad y expresa al mismo tiempo nuestro emocionado reconocimiento hacia
el prócer que en un sublime arranque de patriótica inspiración le dio la vida
perdurable y lo entregó a la República como guía y custodia de sus gloriosos
destinos,
El
Presidente de la Nación Argentina, DECRETA
Art. 1º.-
Declárase feriado nacional el día 27 de febrero del año en curso.
Art. 2º.- A
partir de ese día y hasta el 27 de febrero de 1963, se realizarán actos
diversos, de carácter especial tendientes a rememorar y enaltecer la creación
de la Bandera nacional y la figura patricia de su creador.
Art. 3º.-
Constitúyese con el objeto de proyectar y coordinar dichos actos, una comisión
nacional presidida por el ministro del Interior e integrada por los ministros
de Educación y Justicia y Defensa Nacional los secretarios de estado de Guerra,
Marina e Aeronáutica, el gobernador de la provincia de Santa Fe, el Cardenal
arzobispo de Buenos Aires y el presidente de la Junta Nacional Belgraniana de
Rosario[11].
Art. 4º.- Sin
perjuicio del programa que en tal sentido proponga la Comisión nacional, el día
27 de febrero próximo se celebrará en la ciudad de Rosario frente al Monumento
a la Bandera, un acto de homenaje al Pabellón nacional y a su creador, con la
presencia del Presidente de la Nación, ministros y secretarios de Estado.
Art. 5º.-
Invítese a las autoridades integrantes de los poderes legislativo y judicial de
la Nación, autoridades provinciales, autoridades eclesiásticas y miembros del
cuerpo diplomático extranjero, para que concurran y adhieran a dicho homenaje.
Art. 6º.- El
Ministro de Defensa Nacional coordinará con los secretarios de Estado de las
Fuerzas Armadas, la participación de efectivos dependientes de dichas
secretarías en el acto de referencia.
Art. 7º.- El
mismo día 27 de febrero del corriente año, con la presencia de las mismas
autoridades e invitados y rendición de honores militares se realizará en el
Convento de San Carlos un homenaje a doña María Catalina Etcheverría (sic) de Vidal, quién confeccionó y bordó la
Bandera de Belgrano y cuyos restos descansan en la Iglesia de dicho Convento.
Art. 8º.- La Bandera llamada “De Macha”, que se halla en
el Museo Histórico Nacional de Buenos Aires, será trasladada al Monumento a la
Bandera nacional y por conducto del
Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, se solicitará del gobierno de
Bolivia, la entrega de la otra Bandera, también denominada “De Macha” que se
encuentra depositada en el Instituto Geográfico de Sucre, a fin de que sea
igualmente guardada en el Monumento a la Bandera nacional.
Art. 9º.- El
presente decreto será refrendado por los ministros del Interior; Relaciones
Exteriores y Culto; Educación y Justicia y Defensa Nacional y firmado por los
secretarios de Guerra, Marina y Aeronáutica.
Art. 10.-
Comuníquese, etc.
Firman: Arturo Frondizi (Presidente de la Nación), Vítolo, Cárcano, Mac Kay y Villar (ministros), Fraga, Rojas y Clement (secretarios de Estado)
Anexo 2: Resolución de Rosario
Notas y referencias:
[1] Para los
lectores extranjeros: la Bandera argentina se izó por primera vez en el poblado
de Rosario, el 25 de febrero de 1812. Se oficializó con su actual diseño de tres franjas el 20 de julio de 1816 y el 25 de febrero de 1818 se le agregó el Sol. La tonalidad exacta de sus colores y el diseño del astro se fijaron bajo rígidas pautas técnicas (Normas IRAM) mediante el Decreto Nº1.650/ 2010.
[2] Publicado en
el Boletín Oficial de la Rep. Argentina, del 15 de febrero
de 1962.
[3] La batalla de
Ayohuma se libró el 14 de noviembre de 1813 en el Alto Perú (Bolivia) entre las
fuerzas patriotas al mando de Belgrano y las realistas, comandadas por Joaquín
de la Pezuela. La derrota del primero significó el fin de la segunda expedición del
Ejército Auxiliador del Perú.
[4] No han faltado quienes consideran que Belgrano mandó esconderla allí aunque quienes así piensan pasan por alto que fue el mismo prócer quien desmiente esta tesis atento a que en dos documentos: la “Proclama a los Pueblos del Perú”, datada en Tucumán el 25 de febrero de 1814 y en la carta a San Martín fechada en Santiago del Estero, 6 de abril de 1814, dejó reseñado que en las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma preservó la bandera de su ejército. Por su parte, testigos de aquellos hechos certifican que el General la mantuvo en sus manos agitándola sobre una lomada, expuesto a las balas enemigas, mientras reunía a los dispersos, cuando finalizaban los combates. Esto prueba suficientemente que el vexilo no fue mandado a esconder en la capilla de Titiri, sino que se preservó. Más tarde, el 24 de septiembre de 1816 Belgrano lo entregó en ofrenda a Ntra. Sra. de la Merced, patrona del Ejército, y dotó a la fuerza de una nueva insignia, acorde al diseño que en julio de ese año había consagrado el Congreso como bandera de guerra de las Provincias Unidas de Sudamérica. Otra de las banderas descubiertas en Titiri, también llamada "de Macha" compuesta de tres franjas, blanca, celeste y blanca, se guarda en el Museo "Casa de la Libertad", en Sucre. Cabe señalar que en la oportunidad se descubrieron otras dos banderas, ambas azules y rojas, según consta en el "Acta de Colquechaca" (10 de septiembre de 1885), pese a esta constancia en la historiografía desaparece toda referencia a ellas. Más referencias en Carrillo Bascary, Miguel. Las cuatro banderas de Macha, https://banderasargentinas.blogspot.com/2024/11/las-cuatro-banderas-de-macha.html
[5] El arquitecto Ángel Guido
fue nombrado director del Monumento el 10 de abril de 1959 (Decreto Nº3.017) y
murió el 19 de mayo de 1960, desde entonces el cargo quedó vacante. El Gobierno
nacional confió el Monumento a la Intendencia de Rosario por Decreto Nº374/
1963.
[6] Véase: Carrillo
Bascary, Miguel. ¿De quién es el
Monumento a la Bandera? En https://banderasargentinas.blogspot.com/2021/04/de-quien-es-el-monumento-la-bandera.html
[7] En 1988 la
Junta había sido reconocida por Ordenanza Nº4.473 como entidad asesora de la
Municipalidad de Rosario en todo lo que se refiriera a la historia de la ciudad.
[9] https://www.saij.gob.ar/26676-nacional-restitucion-al-gobierno-san-juan-bandera-ciudadana-capitaneo-iv-division-ejercito-andes-lns0005675-2011-04-13/123456789-0abc-defg-g57-65000scanyel
[10] https://www.lacapital.com.ar/la-ciudad/piden-trasladar-rosario-una-las-banderas-macha-exhibirla-el-monumento-n10257549.html
Hasta el momento de escribir estas líneas no he tenido oportunidad de conocer
su texto íntegro, por lo que podría carecer de algún dato de importancia, pero
en lo sustancial no variaría el panorama.
[11] Denominación que parecería referenciar al Instituto Belgraniano.




















































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