sábado, 3 de enero de 2026

Símbolos del Nacimiento y la Epifanía

Una visión dinámica

Por Miguel Carrillo Bascary

En vísperas de la fiesta de la Epifanía, que recuerda la adoración del Divino Niño Jesús por los Reyes Magos venidos de Oriente hace oportuno que me refiera a su protagonismo en el armado de los pesebres navideños, que en algunos países se nombran como “belenes”.

Más allá de la subjetiva creatividad de quienes se encargan de su armado correspondería respetar la secuencia histórica con que tanto ellos, como los pastores y los ángeles se hicieron presentes en Belén.

De los Evangelios resulta que al nacimiento asistieron los ángeles, en la inmensa variedad que la tradición cristiana les reconoce. En consecuencia, las figuras que los evocan deberían ser las que están más cerca del pesebre propiamente dicho, y no solamente en el oscuro cielo invernal, también en la inmediatez, junto a María y a José.

A poco del nacimiento fueron llegando los pastores, privilegiados y humildes testigos del acontecimiento más trascendente de la Historia. Ergo, algunas de sus figuras se ubicarán en derredor de la cueva/establo, otras estarán repartidas en el espacio de la representación, quizás algunas bajando de los montes de papel ya que la tarea de pastor se cumple preponderantemente en una soledad de la que participan la majada y los fieles perros de trabajo.

En cuanto a los Reyes, la tradición los hace acompañados de camellos y, como reflejo de las caravanas que forman para cruzar las soledades desérticas, se los coloca en una línea, aun cuando se los muestra apeados.

Hasta acá no parece haber muchas novedades en lo que vengo reflexionando, pero no resisto en mi afán revisionista, por lo que me permitirá compartirles los siguientes conceptos. Les pido que no se asusten, no hay nada herético en mis consideraciones; al menos así lo creo.

La costumbre general establece el armado de los pesebres el día 8 de diciembres, me disculparán no abundar en sus entrañables detalles.

Ya me expresé al respecto en la nota “Posición de las figuras en el Pesebre de Belén[1]”, hoy exploro otra faceta que bien podrá ser tenida en cuenta, especialmente por quienes busquen acompañar a los niños en su “descubrimiento” del milagro de Belén.

Prefiero detenerme en señalar que los pesebres o belenes deberían ser dinámicos y no estáticos. El dinamismo que postulo entraña una evolución didáctica, particularmente dedicada a los pequeños.

En este caso la “aparición” de las figuras en el entorno bien podría ser paulatina, cronológica, con las licencias del caso, obviamente. De alguna manera esto se concreta cuando se difiere la colocación del Niño hasta el día de Navidad, pero también podría extenderse a los partícipes del histórico cuadro.

Así, en un primer momento se podría mostrar a María y José con el burro, llegando a la cueva. Días más tarde se posicionarían en su interior, en compañía de la vaca. Ya el día de Navidad, la colocación de Jesús en el pesebre se vería acompañada de los ángeles y los pastores. Si se quiere, para completar el panorama las figuras de los Reyes podrán verse a lo lejos o, por lo menos en su segundo plano.

En las postrimerías del tiempo navideño de los pastores cederían el primer plano a los Reyes quienes mostrarán en adoración del Niño, en relación directa con la Sagrada Familia.

Lo leído puede parecer una trivialidad, pero a poco que se reflexione, tiene su lógica y responde a la secuencia de los hechos que la fe nos ayuda a discernir. El recurso didáctico se hace patente, aunque para que cobre sentido deberán ser los padres y familiares quienes los presenten a los niños, esos seres ávidos de conocer el mundo que los espera a partir de la experiencia de aquellos que los quieren y protegen.

Banderas y escudos de los Reyes Magos

La Heráldica especulativa asigna blasones a los personajes de la Historia antigua. De esta manera, Adán, Moisés, Salomón, San José, los Santos Apóstoles, Contastino y muchos otros, hasta el mismo Jesucristo fueron investidos con estos atributos. Totalmente arbitrarios, por supuesto.

En el caso del Evangelio de San Mateo (Cap. II) se menciona a los "magos de Oriente", no se indica que fueran monarcas, pero la hermenéutica los califica como "reyes" como forma de indicar que eran personas poderosas.

En el siglo VI, el Excerptiones Patrum Doctoribusque ("Extractos de los Padres de la Iglesia"), un conjunto de textos atribuidos falsamente a Beda, el Venerable, los caracterizó en las personas de Melchor, el anciano que ofrendó el oro, emblema se la realeza de Cristo; Gaspar, el joven que entregó el incienso, propio de la condición divina de Jesús, y Baltasar, que tenía una piel oscura, que reverenció al Divino Niño con la mirra, imagen de su condición humana y por tal motivo sujeto a la muerte. Estas referencias recogían la imagen que tenía la tríada en la concepción de aquel tiempo. Con el paso de los siglos se fue afianzando hasta llegar al presente.

El Armorial de Gelre (ca. 1370-1395 o bien 1340-1370) compuesto por Claes Heinen, heraldo de Gelre, reproduce en color 1.755 blasones. Entre ellos constan los que hipotéticamente corresponderían a los Reyes Magos.

En el Armorial de Haggenberg (impreso ca. 1466-1470), fray Johannes de Hildesheim (1320-1375), de la Orden del Carmelo, realizó una tarea similar. Basado en el trabajo de Gelre concibió las armas de los Reyes con la siguiente imagen, al par que los dotó de banderas que, en parte, se corresponden con los blasones, pero que también son incoherentes desde la perspectiva heráldica. Así, el campo de oro de Baltazar aparece en la enseña de Melchor y el gules de este se trasunta en el lábaro del anterior. Tampoco se corresponde el Sol con el moro abanderado que carga el baltazarino. 

Cumplo con mostrarles estas muy interesantes representaciones:

Gaspar, Baltazar y Melchor

Desde entonces otras obras similares mantuvieron aproximadamente estas referencias heráldicas - vexilológicas

viernes, 2 de enero de 2026

Banderas de las islas del Año Nuevo/ Parte 1

En la soledad de los mares

 Faro de la Isla Observatorio, con las banderas que le corresponden

Por Miguel Carrillo Bascary

Hace diez años publiqué en este Blog una nota sobre “Las islas de la Navidad[1]” y sus banderas. Hoy parece oportuno conocer sobre las del “Año Nuevo”. Salvo alguna involuntaria omisión les presentaré seis que llevan nombre. También les contaré algo sobre ellas y veremos qué banderas les corresponden.

Será una visita planetaria, porque la distancia entre ellas es inmensa, literalmente. Comenzaremos con aquella que me queda más cerca, aunque se trata un decir, ya que vivo a unos 3.500 km de distancia.

a) Islas "Año Nuevo", Tierra del Fuego (Argentina)

Los cartógrafos consideran que varias islas ubicadas en un entorno diferenciable de otros forman un archipiélago, aunque aquellas puedan ser de diferentes características. El problema se presenta cuando hay otras cercanas, en cuyo caso pueden surgir diferentes apreciaciones que asignan al conjunto una mayor o menor extensión que, a su vez, puede contener núcleos que reciban un nombre diferente. Esto permite entender que un archipiélago se integra con diferentes grupos insulares.

Para no caer en esta trampa semántica me referiré a las “Islas del Año Nuevo”, ubicadas en el Océano Atlántico, litoral Sur de Argentina, al Norte de la gran Isla de los Estados, que a su vez resulta inmediata de la Isla Grande del archipiélago de Tierra del Fuego, por lo que algunos consideran que hace parte.  En concreto, las “Islas del Año Nuevo” son tres: Observatorio, Goffré y Elizalde, a las que se suman los islotes Zeballos (que algunos consideran isla) y Gutiérrez.

 Is. Año Nuevo, en el globo rojo
En grande, la Isla de los Estados

Sus características físicas son refractarias a la vida humana, de hecho están despobladas, excepto por la presencia de una estación científica en la isla Observatorio, establecida en 1901[2]. En ella se instaló el faro del “Año Nuevo” que operó desde 1902[3]. Son de naturaleza rocosa, mesetiformes, con una elevación máxima de 51 m.s.n.m. Tienen costas muy quebradas, con la superficie cubierta mayormente de turba, sin más vegetación que la achaparrada y experimentan un muy crudo clima caracterizado por fuertes vientos. Su forma recuerda vagamente a una gota de agua y tiene una superficie de 4 km2, aproximadamente. La fauna propia es muy rica en aves de todo tipo, pingüinos, lobos y elefantes marinos. El conjunto insular se integra con la Isla de los Estados y otras menores.

La Isla Observatorio. Se atribuye a James Cook haberla avista en 1775. De hecho, siempre se consideró parte de los dominios hispanos y quedó comprendida en el Virreinato del Río de la Plata. Con la independencia argentina se reconoció su pertenencia al territorio de la provincia de Bs. Aires,   aunque también Mendoza alegó derechos[4]. Cuando el país reorganizó su división política en 1862[5] pasó a depender directamente del gobierno nacional, lo que se convalidó en 1881[6]. La evolución normativa es compleja, por lo que lo simplificaré en esta ocasión.

En aquellos años actuaba el pionero y gran navegante Luis Piedra Buena (1833-1853), quien intento la explotación comercial de diversos recursos en la región, al par que demostró gran solidaridad con las numerosas víctimas que dejaban los naufragios en esas peligrosas aguas. También fue un celoso custodio de la soberanía argentina, razón por la que el Gobierno intentó premiarlo entregándole en propiedad la Isla de los Estados y otros territorios aledaños. Tras su fallecimiento, el Estado nacional la compró a sus herederos[7]. Entre 1936 y 1937 otros decretos nacionales[8] reservaron toda esta extensión insular como “unidad de conservación oceánica”, al cuidado del Ministerio de Marina, aunque administrativamente se pusieron bajo la jurisdicción de la gobernación de Tierra del Fuego. Mediante el Decreto Nº2.149/ 1990[9], pasó a ser “reserva natural estricta” y ese mismo año se creó la provincia de “Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur[10]”. El inciso 7, del Artículo 54 de su Constitución declaró a “la Isla de los Estados, Isla de Año Nuevo e islotes adyacentes como reserva provincial ecológica, histórica y turística”.

La biodiversidad y el peligro de alteración del sistema ecológico llevó a que en 2016[11]  se creara “…la Reserva Natural Silvestre Isla de los Estados y Archipiélago de Año Nuevo”, sobre el territorio conformado por la Isla de los Estados, la isla Observatorio, el Islote Elizalde, la Isla Zeballos, la Isla Goffré, El Islote Gutiérrez e islotes adyacentes, bajo el régimen previsto en el Decreto N° 453/94”. Ya el Decreto provincial Nº469/ 1991[12] había declarado al archipiélago como área de reserva natural.

La Isla Goffré recibió este nombre en homenaje al alférez de fragata Alberto Goffré, (nacido en Mendoza en 1902) pionero de la aviación hidronaval, perteneció a la dotación del ARA San Luis que integró la Comisión Hidrográfica que actuó en la zona en el verano 1933/1934 y falleció al año siguiente en cumplimiento de su deber.

La Isla Zeballos se llama así en reconocimiento de Dr. Estanislao Zeballos (1854-1923), hombre público nacido en Rosario, que fundó y fue primer presidente del “Instituto Geográfico Argentino” (1879).

El islote Elizalde, evoca al capitán Juan José de Elizalde y Uztáriz[13], comandante de la expedición que cumplió en la zona la corbeta “San Pío” (1790-1791).

Sobre el islote Gutiérrez no tenga precisiones sobre las razones de su nombre, pero entiendo que recuerda al coronel Antonio Gutiérrez, comandante de las fuerzas de infantería de marina de la expedición al mando de Juan Ignacio de Madariaga, que desalojó a los ingleses que ocupaban ilegalmente las islas Malvinas, en 1770.

Los interesados en conocer más sobre el grupo de islas de Año Nuevo, tendrán la posibilidad de acceder al excelente libro que en el 2019 publicó el profesor Juan Pablo Bello bajo el nombre “La Isla Observatorio. La primera puerta a la Antártida” que ofrece on-line a título gratuito el “Museo Marítimo de Ushuaia[14]”.

Con referencia a la isla Observatorio se identifican dos banderas: la de Argentina y la que corresponde a la provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, aprobada en 1999. (Ver foto superior)

2) Isla “Año Nuevo”, California (Estados Unidos)


A más de 7.000 km en línea recta de la Observatorio se encuentra otra isla “Año Nuevo”, hoy convertida en un parque y reserva natural ubicado en el condado de San Mateo, California, a unos 90 km al Sur de la ciudad de San Francisco. La zona fue reconocida por el español Sebastián Vizcaíno que avistó la península homónima y a la isla cercana el día 1º de año de 1603. Su capellán, el presbítero Antonio de la Ascensión, nominó a estas tierras con esta referencia. Por este motivo el apelativo de la isla es “Año Nuevo”, en castellano, y no “New Year”. La habita una gran población de elefantes marinos y pingüinos, por lo que entre los siglos XVII y XIX fue intensamente visitada por cazadores que prácticamente diezmaron la colonia de pinnípedos.

Debido a la peligrosidad del litoral[15], el servicio de guardacostas instaló hasta cuatro silbatos de niebla que operaban manualmente el personal asignado. En 1890 se sustituyó con un faro[16], el que se abandonó en 1948 por razones de costo. Lo reemplazó una boya automatizada.

Las instalaciones en 1953

Como residencia para los servidores en 1902 se construyó la casa de madera que aún puede verse, totalmente abandonada, y que con el tiempo se transformó en fuente de leyendas. También se construyó un muelle, un pequeño tranvía que lo unía con las habitaciones, y dependencias menores. La acción de los pinnípedos fue un constante problema, ya que invadían y destrozaban los espacios aledaños. California compró la isla en 1955 y de inmediata la destinó a reserva natural. En la década de 1960 las instalaciones fueron paulatinamente depredadas por visitantes agresivos, mientras que el clima contribuyó a su deterioro. Los restos del faro fueron derribados por el gobierno en el año 1976.

Su aterrador aspecto en fecha reciente

Desde 1985 se transformó en una de las mayores colonias de elefantes marinos del hemisferio Norte, por lo que recibe un muy controlado número de visitantes y constantes expediciones zoológicas. Administra el área la Universidad de California. En realidad, la reserva comprende la cercana península del mismo nombre, con lo que en total abarca unas 1.600 hectáreas. Hasta mediados del siglo XVIII la isla estuvo unida a la costa continental, pero la formación de un canal por obra de las fuertes mareas rompió el istmo.

La isla “Año Nuevo” tiene una superficie de algo inferior a cuatro hectáreas. Es de estructura rocosa, cuenta con una escasa elevación, otrora estaba cubierta de pastizales, pero la gran erosión que experimenta está cambiando esta fisonomía.

Con referencia a ella se identifican tres banderas: la de los Estados Unidos; la de California, que comenzó a verse en 1890 y que se oficializó en 1911; a la que se suma la del Condado de San Mateo, esta tiene un formato típico de muchas unidades políticas de ese país, con su “sello de armas”, equivalente a su escudo local, aplicado sobre un paño liso, en este caso de color blanco.

3) “New Year Islands”, Alaska (E. Unidos)



El conjunto de este nombre está en la desembocadura de la Bahía Drier, en el Pasaje de la Isla Knight (que se encuentra al Oeste) y la desembocadura del Estrecho del Principe William. Las ínsulas son elevaciones rocosas, fruto de la erosión glacial, cubiertas de bosques, a unos 89 km al Este- Noreste de la pequeña ciudad de Seward (unos 2.000 hab.) Este grupo insular, cuyo principal elemento es la cercana isla Knight, incluye ocho islotes y más de una docena de arrecifes. Originalmente la habitaron culturas originarias. Desde 1907 es parte de la reserva natural del Bosque Nacional Chugach.

Las islas New Year de Alaska no cuentan con una bandera particular debido a su escasísima población permanente (menos de 40 personas), pero, por su ubicación, se referencia con la de Estados Unidos y la del estado de Alaska (creada en 1927), que se muestra seguidamente:

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Nota: En el hemisferio Oriental existen otros tres grupos de islas del Año Nuevo, me referiré a ellas en unos pocos días más estén atentos, a su publicación. (Esta nota continuará)


[2] Declarada como “monumento histórico nacional” por Decreto Nº64/ 1999; https://www.argentina.gob.ar/normativa/nacional/55843/texto

[3] De esta manera sustituyó al faro de “San Juan de Salvamento” o “del Fin del Mundo”, ubicado en la Isla de los Estados, que se había inaugurado en 1884.

[4] Efectivamente, Mendoza, hoy totalmente mediterránea, se arrogó por límite el Océano Atlántico en la ley del 7 de octubre de 1834.

[7] Ley Nº8.940 (1912);

[8] El Decreto Nº78.029/  1936 y el Nº 104.169/  1937.

[13] Nacido en Suasti, Navarra, en 1759 y fallecido en México, 1804.

[14] https://static1.squarespace.com/static/5af237831aef1d2dc3807031/t/61e967ad174f6b606f7dba61/1642686404984/LA+ISLA+OBSERVATORIO+-+JUAN+PABLO+BELLO.pdf Bello también es autor de “Islas de San Pedro, las mal llamadas Georgias del Sur” (Ed. Dunken, Bs. Aires, 2022)

[15] Se registraron naufragios en 1853, 1865 y 1866.

[16] Los amantes de los faros podrán encontrar mayor información en https://www.parks.ca.gov/pages/22491/files/ano_nuevo_light_%20station_report_june_2005.pdf

lunes, 29 de diciembre de 2025

Fimbriado o fileteado

Válido, pero con prudencia

Por Miguel Carrillo Bascary 

Uno de los recursos a disposición del diseño de banderas (Vexilografía) es el fimbriado, al que también se denomina fileteado o delineado.

La técnica consiste en intercalar una línea de determinado color entre dos superficies, de manera que se contrasten ambos elementos. Mediante el fimbriado se crea un contorno que obtiene el resultado.

En latín el término “fimbria” indica un “fleco”, de manera que “fimbriatus” podría traducirse al español como “con flecos”, lo cual sugiere que se tratará de un trazo fino. En esto se diferencia de la “bordura”, vocablo de uso en Heráldica, cuyo ancho relativo es mucho mayor, hasta el punto que en ocasiones admite la carga con muebles.

Lo usual es que el fimbriado sea simple, pero eventualmente podría ser doble, con lo que se conseguirá un mayor realce. Verbigracia, la enseña de Vanueatu, en amarillo y negro.

Tanto en Heráldica como en Vexilografía, el fimbriado se emplea para destacar las cargas sobre el campo o el paño, respectivamente. Particularmente cuando son del mismo color que el fondo o cuando ambos no contrastan entre sí. Como ejemplo puede citarse al Sol de la bandera argentina, que se delinea en castaño.

El fimbriado es un recurso muy usado para las representaciones gráficas, pero que, para los textiles existen dificultades técnicas, por lo general se concreta mediante un denso bordado, con un ancho de varios centímetrosUn problema significativo es el mayor coste que implica, por esta razón se desaconseja para las banderas de izar, salvo que sea estrictamente necesario.

Un buen ejemplo de fimbriado lo aportan la bandera de Guyana y las estrellas de la  de Nueva Zelanda. También lo llevan los escudos inscriptos en los pabellones de Croacia, Eslovaquia y Eslovenia.

 

Con ciertos reparos podrían sumarse los lábaros representativos de: Kenia, Corea del Norte, Salomón, Santo Tomé, Trinidad y Tobago, Suriname, Tanzania, Botsuana, Namibia, Costa Rica, Gambia, Jamaica, San Cristóbal y Esuatini.

Kenia

Algunas publicaciones dan a la Union Flag como ejemplo de fimbriado, lo cual es un error, ya que solo lo es en apariencia, por cuanto el blanco es el saltire de la “cruz de San Andrés” y que también se corresponde con el paño blanco de la bandera inglesa.

Subjetivamente tampoco creo que pueda calificarse como fimbriada a la cruz de la bandera de Islandia, menos aún a las de Noruega, Sudáfrica, Costa Rica y Jamaica, especialmente en razón de que su ancho es relativamente mayor al fileteado propiamente dicho.

Puede hablarse de pseudo fimbriado cuando este solo destaca dos superficies y no contornea a una figura. La enseña de Mozambique podría definirse como ejemplo, ya que se aplica para separar sus franjas y no para destacar un elemento cargado. Otro caso es el de Uzbekistán.

En la imagen que abre esta nota puede verse uno de los proyectos presentados para definir la eventual bandera de Canadá, en 1946. Ahí se verá que los tramos rojos de la Union Flag, previstos para el cantón, se confunden con el paño, mientras que la hoja de arce que lo carga lleva un fimbriado muy delicado que permite destacarla netamente.

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Como queda explicado, solo corresponde utilizar el fimbriado cuando la calidad técnica del diseño lo demande, obvio que también cuando razones históricas lo justifican, cuando sea haga necesario para destacar un blasón aplicado u otro diseño que se cargue sobre el paño-bandera.

sábado, 27 de diciembre de 2025

Banderas en la Heráldica

Consideraciones diferenciadas

Gran escudo de España, mediados del siglo XIX 

Por Miguel Carrillo Bascary

La Heráldica cuenta con un desarrollo que hace siglos supo conocer su edad dorada, pero que continúa vigente a despecho de la modernidad. En cuanto a la Vexilología, nace convencionalmente a fines de la década de 1950 y su explosivo desarrollo indica que todavía está lejos de alcanzar su mayor potencial. No puede establecerse una división tajante entre ambas disciplinas, aunque, de hecho, así lo planteen ciertos doctrinarios pretendidamente puristas. Si bien los vexilos fueron indudablemente anteriores que los escudos, la sistematización de la disciplina que los estudia es muy anterior

Los vínculos entre ambas disciplinas son innegables y, en la actualidad, ambas se influyen mutuamente. Valga como ejemplo que la Vexilología reconoce que existen las “banderas heráldicas” cuyo diseño, si no copian, se basan sustancialmente en blasones. También son muchos los vexilos que cargan escudos, muebles y otras figuras heráldicas como principal elemento de su diseño. Desde una perspectiva histórica, que ubicamos en la Baja Edad Media, las banderas fueron netamente heráldicas y esta característica prácticamente se mantuvo hasta comienzos del siglo XIX, cuando surgieron las que identifican a los estados nacionales.

Un buen ejemplo es la del estado de Maryland (E. Unidos), que reproduce fielmente el blasón de George Calvert (1580-1632), primer barón de Baltimore y fundador de la colonia. Se comenzó a usar como enseña extraoficial en 1880 y se oficializó en 1904, aunque en origen era de paño azul cargado con el escudo, mantelado y con tenantes. Más tarde, el lábaro se simplificó y adoptó la forma más conocida Está cuartelado con los colores de los Calvert, lores de Baltimore, y  los de Crossland, linaje materno de Cecil Calvert (1605-1675), hijo del propietario original. En ocasiones se representa con tenantes y en otras con dos leopardos como soportes. 

Bandera del estado de Maryland

Gran escudo

Escudo en estilo moderno

Lo que contrasta es que, para la Heráldica, las banderas y estandartes son elementos menores, hasta el punto que se los clasifica entre los ornamentos de los blasones, ya que van por fuera, acompañándolos.

Una observación, puede caracterizarse a los estandartes como aquellos vexilos que emplean las caballerías[1], en tanto que “banderas” son todos los que se emplean en otro tipo de circunstancias, con excepción del término “pabellón”, que en la Náutica se reserva para el vexilo que acredita la nacionalidad o estado. Existen otros ornamentos a los que se aplican similares reglas, como las banderolas, pendones y gallardetes, por caso.

También toman forma de cargas, pero casi siempre como parte de un mueble[2], no como elemento autónomo. Veamos algunos ejemplos de blasones cívicos españoles que incorporan banderas:

Diversas banderas de ciudades españolas (Francisco Piferrer)

La colocación externa de vexilos se manifiesta en forma diversa. Generalizando, se observa en España, Alemania y en Italia, también en Francia, con la peculiaridad que además se los ve en posición de cimeras, particularmente como referencia a los cargos desempeñados. En Inglaterra, Flandes y en Borgoña mayormente aparecen referidos a tenantes y soportes[3]. Más adelante se incorporan imágenes que amplían este panorama.

Según toda evidencia las banderas ubicadas por fuera de los blasones indican: pertenencia a un linaje, referencias a trofeos obtenidos en batalla o a plazas tomadas, al origen territorial, a la cantidad de heridas o distinciones recibidas, al ejercicio de comandos o de cargos honoríficos, y también pueden interpretarse como evidencia de las unidades o de los ejércitos en los que se ha servido. Estas remisiones se concretaban respecto del protagonista y, en principio, no resultaban trasmisible a los descendientes.

Los blasones de los virreyes del Río de la Plata son buenos ejemplos. Se muestras dos:

Pedro Antonio de Cevallos, virrey del Río de la Plata (1777–1778) 

Escudo de Armas de Santiago de Liniers, Conde de Bs. Aires y virrey del Río de la Plata (1807-1809), rodeado de las banderas conquistadas a los británicos en 1806 (diseño recreado)

Piferrer[4] también señala la existencia de banderas que son simples soportes de otro elemento simbólico, por ejemplo cuando el paño ostenta una letra que compone o remite a una divisa.

Ampliando la óptica se ofrecen otros ejemplos de diversas épocas:


Primitivo blasón de la ciudad de Córdoba (Argentina) al tiempo de su fundación, 1573, que en la actualidad es el de la provincia homónima, ya que con el tiempo la jurisdicción asignada por el fundador devino dicho estado. (versión no oficial) [5]


Escudo del municipio de Córdoba, 
ratificado en 1995 por su carta orgánica[6] 

Confederación Argentina, circa 1840, con banderolas alusivas a sus entonces 14 provincias

Provincia de Catamarca (Argentina), 1922

Escudo real de Canadá (1921/1923), vigente en la actualidad

Nueva Zelanda (1911/1956) vigente en la actualidad

Gran escudo del reino de Bélgica, con las banderas de sus provincias

Ciudad de Copenhague, Dinamarca

Gran escudo del ducado de Sajonia-Meiningen

Brandemburgo, Alemania

Escocia
 
Reino de Prusia (1873-1918)

[1] Los cuales tienen forma cuadrada o aproximada a esta figura, bien sea con farpas o sin ellas.

[2] Muebles son todos los elementos que se colocan sobre el campo de un blasón, pero no deben confundirse con sus particiones, ni con las piezas heráldicas.

[3] GARCÍA CARRAFFA, Arturo y Alberto. Enciclopedia Heráldica y Genealógica Hispanoamericana. Tomo I, p. 170. Madrid. 1920. https://www.raicesreinovalencia.com/sala/Biblioteca/Enciclopedia_Her_ldica-_Hermanos_Garc_a_Carraffa.pdf

[4] PIFERRER, Francisco. Tratado de heráldica y blasón, p. 173. 1858. https://archive.org/details/bub_gb_A61AAAAAcAAJ/page/n71/mode/2up?q=banderas.

[5] “Artículo 5. El Escudo, símbolo que identifica a la Ciudad desde su fundación, es de uso obligatorio en toda documentación, papeles oficiales, sellos, vehículos afectados al uso público y en el frente de los edificios municipales. Su descripción es: en campo de oro, un castillo redondo de piedra de su color, con una sola torre y sin almenas, sobre dos ríos caudales de azul oscuro y, a cada lado del castillo, tres banderas nacionales de dos puntas. A manera de timbre, una bandera nacional de dos puntas, asta de oro, cuyo hierro de color natural surge del interior del escudo y se apoya en la torre del castillo. A los fines del primer párrafo puede utilizarse sin emplear colores”. https://es.wikisource.org/wiki/Carta_Org%C3%A1nica_Municipal_de_la_Ciudad_de_C%C3%B3rdoba_(Argentina)

[6] Mayores referencias sobre el escudo de Córdoba en la nota "La Ciudad y su escudo" que Prudencio BUSTOS ARGAÑARAS publicó en el diario La Voz del Interior (Córdoba, el 30 de octubre de 1996).