Una visión dinámica
Por Miguel Carrillo
Bascary
En vísperas de la fiesta de la Epifanía, que recuerda la
adoración del Divino Niño Jesús por los Reyes Magos venidos de Oriente hace
oportuno que me refiera a su protagonismo en el armado de los pesebres
navideños, que en algunos países se nombran como “belenes”.
Más allá de la subjetiva
creatividad de quienes se encargan de su armado correspondería respetar la secuencia histórica con que tanto
ellos, como los pastores y los ángeles se hicieron presentes en Belén.
De los Evangelios resulta
que al nacimiento asistieron los ángeles,
en la inmensa variedad que la tradición cristiana les reconoce. En
consecuencia, las figuras que los evocan deberían ser las que están más cerca
del pesebre propiamente dicho, y no solamente en el oscuro cielo invernal,
también en la inmediatez, junto a María y a José.
A poco del nacimiento
fueron llegando los pastores, privilegiados
y humildes testigos del acontecimiento más trascendente de la Historia. Ergo, algunas
de sus figuras se ubicarán en derredor de la cueva/establo, otras estarán repartidas
en el espacio de la representación, quizás algunas bajando de los montes de
papel ya que la tarea de pastor se cumple preponderantemente en una soledad de
la que participan la majada y los fieles perros de trabajo.
En cuanto a los Reyes, la tradición los hace acompañados de camellos y,
como reflejo de las caravanas que forman para cruzar las soledades desérticas,
se los coloca en una línea, aun cuando se los muestra apeados.
Hasta acá no parece haber
muchas novedades en lo que vengo reflexionando, pero no resisto en mi afán revisionista, por lo que me permitirá
compartirles los siguientes conceptos. Les pido que no se asusten, no hay nada
herético en mis consideraciones; al menos así lo creo.
La costumbre general establece el armado de los
pesebres el día 8 de diciembres, me
disculparán no abundar en sus entrañables detalles.
Ya me expresé al
respecto en la nota “Posición de las
figuras en el Pesebre de Belén[1]”,
hoy exploro otra faceta que bien podrá ser tenida en cuenta, especialmente por
quienes busquen acompañar a los niños en su “descubrimiento” del milagro de Belén.
Prefiero detenerme en
señalar que los pesebres o belenes deberían
ser dinámicos y no estáticos. El dinamismo que postulo entraña una evolución didáctica, particularmente
dedicada a los pequeños.
En este caso la “aparición”
de las figuras en el entorno bien podría ser paulatina, cronológica, con las licencias del caso, obviamente. De alguna
manera esto se concreta cuando se difiere la colocación del Niño hasta el día de Navidad, pero también podría
extenderse a los partícipes del histórico cuadro.
Así, en un primer momento se podría mostrar a María y José con el burro,
llegando a la cueva. Días más tarde se posicionarían en su interior, en
compañía de la vaca. Ya el día de
Navidad, la colocación de Jesús en el pesebre se vería acompañada de los
ángeles y los pastores. Si se quiere, para completar el panorama las figuras de los Reyes podrán verse a lo
lejos o, por lo menos en su segundo
plano.
En las postrimerías del
tiempo navideño de los pastores cederían
el primer plano a los Reyes quienes mostrarán en adoración del Niño, en
relación directa con la Sagrada Familia.
Lo leído puede parecer una trivialidad, pero a poco que se reflexione, tiene su lógica y responde a la secuencia de los hechos que la fe nos ayuda a discernir. El recurso didáctico se hace patente, aunque para que cobre sentido deberán ser los padres y familiares quienes los presenten a los niños, esos seres ávidos de conocer el mundo que los espera a partir de la experiencia de aquellos que los quieren y protegen.
Banderas y escudos de los Reyes Magos
La Heráldica especulativa asigna blasones a los personajes de la Historia antigua. De esta manera, Adán, Moisés, Salomón, San José, los Santos Apóstoles, Contastino y muchos otros, hasta el mismo Jesucristo fueron investidos con estos atributos. Totalmente arbitrarios, por supuesto.
En el caso del Evangelio de San Mateo (Cap. II) se menciona a los "magos de Oriente", no se indica que fueran monarcas, pero la hermenéutica los califica como "reyes" como forma de indicar que eran personas poderosas.
En el siglo VI, el Excerptiones
Patrum Doctoribusque ("Extractos de los Padres de la Iglesia"), un conjunto
de textos atribuidos falsamente a Beda, el Venerable, los caracterizó en las personas de Melchor, el anciano que ofrendó
el oro, emblema se la realeza de Cristo; Gaspar,
el joven que entregó el incienso, propio de la condición divina de Jesús, y Baltasar, que tenía una piel oscura,
que reverenció al Divino Niño con la mirra, imagen de su condición humana y por
tal motivo sujeto a la muerte. Estas referencias recogían la imagen que tenía la
tríada en la concepción de aquel tiempo. Con el paso de los siglos se
fue afianzando hasta llegar al presente.
El Armorial de Gelre (ca. 1370-1395 o bien 1340-1370)
compuesto por Claes Heinen, heraldo de Gelre, reproduce en color 1.755 blasones.
Entre ellos constan los que hipotéticamente corresponderían a los Reyes Magos.
En el Armorial de Haggenberg (impreso ca. 1466-1470), fray Johannes de Hildesheim (1320-1375), de la Orden del Carmelo, realizó una tarea similar. Basado en el trabajo de Gelre concibió las armas de los Reyes con la siguiente imagen, al par que los dotó de banderas que, en parte, se corresponden con los blasones, pero que también son incoherentes desde la perspectiva heráldica. Así, el campo de oro de Baltazar aparece en la enseña de Melchor y el gules de este se trasunta en el lábaro del anterior. Tampoco se corresponde el Sol con el moro abanderado que carga el baltazarino.
Cumplo con mostrarles estas muy interesantes representaciones:




























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