Una merecido reconocimiento
Martín M. de Güemes[1]
Por Miguel Carrillo Bascary
“Siempre
hay que recordar los favores recibidos y olvidar los favores que hicimos”.
Así reza un dicho popular.
El
precepto moral de estas palabras debería inspirar nuestro sentimiento hacia
muchos de los argentinos que forjaron nuestra Patria. Algunos trascendieron en
las páginas de la Historia. Los más, fueron olvidados. Los argentinos de hoy
somos deudores; todos, en alto grado.
En
los primeros tiempos de la nacionalidad, cuando la Libertad debía conquistarse
cada día a sangre y fuego fueron muchos los olvidados. Más tarde, cuando el
país se desangró en salvajes luchas fraticidas también fueron muchos,
demasiados, los que vertieron su sangre por el frío acero de la lanza, la
espada o el plomo de la metralla. También fueron muchos ¡ay! los que vieron
segadas sus vidas por el puñal asesino. ¡Si tan solo fuera la muerte! ¡Lo peor,
es el olvido!
La
Parca no plantea necesidades. Pero tras cada caído hubo familias, padres
ancianos, viudas desoladas, hijos pequeños, la pobreza golpeando a las puertas
de sus hogares. ¡Cómo si el vacío afectivo no fuera ya bastante!
En
aquellas épocas las urgencias eran cotidianas, los recursos siempre deficitarios.
Nada alcanzaba para siquiera paliar tanta falta. Pero, así se construyó la
Patria. Héroes que mendigaron el reconocimiento de sus servicios, el reintegro
de los gastos en los que ofrendaron sus patrimonios personales.
Por
lo conocido, quizás el mejor ejemplo sea el del brigadier general Manuel Belgrano.
Con esto, está todo dicho. Abundaré al respecto en un futuro informe, pero hoy
expondré un caso en particular, igualmente grave que implicó a los herederos
del general Martín Miguel de Güemes.
Cuando
promediaba el siglo XIX, ya organizado el país en el marco de la tan añorada
Constitución, los gobiernos intentaron reparar las vergüenzas del olvido con tardías
leyes que procuraron establecer alguna forma de justicia, aunque la tardanza se
contara por generaciones
En
ocasiones fue un monumento para ejemplo de los jóvenes; en otras, la
reivindicación política o un solemne funeral cívico, cuando los restos llevaban
años inhumados. Nada fue suficiente; era tarde. Los hijos, los nietos, de
aquellos sacrificados en el altar de la Historia padecían graves necesidades.
Nada agregaremos aquí a los merecimientos del general Güemes y a las estrecheces económicas por las que pasaron sus descendientes, pero puede dar algún alivio conocer la ley que emitió el Congreso Nacional el 24 de septiembre de 1879, precisamente cuando se recordaba un nuevo aniversario del gran triunfo de Belgrano en Tucumán.
La norma dispuso:
“Artículo 1º.- Autorízase al Poder Ejecutivo para
mandar abonar a los herederos del General Martín M. de Güemes la cantidad de
once mil trescientos setenta y siete pesos noventa y seis centavos fuertes que
se adeudan a este Jefe por sueldos devengados durante la Guerra de la
Independencia.
Artículo 2º.- El pago a que se refiere el artículo
anterior, se verificará de los fondos públicos nacionales, creados por Ley de
25 de Octubre de 1876”
Firmaban la comunicación al Poder Ejecutivo: Mariano Acosta, presidente del Senado y Delfín Gallo, titular de la Cámara de Diputados. Tras ellos lo hicieron representantes de todas las provincias. Correspondió al presidente Nicolás Avellaneda estampar su firma al cúmplase de tan justa, aunque tardía ley. Refrendó el acto su ministro, el general Julio A. Roca
¡Habían pasado 58 años!
¡Desgraciados los pueblos que olvidan! ¡Benditos los pueblos
que recuerdan a sus mártires y héroes!
[1] Fuente de la imagen: https://www.argentina.gob.ar/sites/default/files/fotografia-de-retrato-de-guemes.jpg
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