jueves, 21 de diciembre de 2017

Una alegoría patriótica

Vicuña venciendo al León 

Una vicuña en contraste con los cerros andinos

Por Miguel Carrillo Bascary
Sobre la vicuña

Wik’uña la llamaban los incas; vicuña la denominamos nosotros y vicugna vicugna, los científicos.

Son los camélidos más pequeños de los que habitan en Sudamérica. Viven agrupados en manadas, en las soledades andinas a más de 3.200 metros sobre el nivel del mar.

Por sus características y temperamento resiste ser domesticada de manera que por esta sola razón representan a la libertad en el imaginario popular.

Su finísima lana hizo que se lo considerara un animal sagrado para los incas; hoy alcanza alto precio.

La vicuña fue considerada un elemento identitario para los patriotas peruano; en el gran escudo adoptado por San Martín es uno de sus tenantes heráldicos y en el segundo blasón ocupa el primer cuartel, lo que reafirma su importante consideración.
Primer blasón del Perú independiente

Segundo escudo peruano

Sobre el león

Por su parte el león (panthera leo) es universalmente reconocido como “rey de la selva” aunque su hábitat sean las llanuras herbosas de África y Asia. Este gran felino, carnívoro, gregario siempre está asociado al poder y a la fuerza, para algunos representa la ferocidad y la soberbia; pero también recibió calificativos positivos ya que es sinónimo de nobleza; de sacrificio; de valor.

Jurídicamente América no perteneció a España sino que fue posesión personal de la Corona de Castilla y León, a partir de que el descubrimiento protagonizado por Colón se hizo como empresa personal de Isabel. Era atributo de aquella un blasón y también de una bandera, cuartelados en gules (rojo) y plata (blanco), en el primero se carga un castillo en oro y en el segundo un león rampante. Desde la organización de los gobiernos autonómicos en España, esta enseña es la que identifica a Castilla y León.

Bandera de Castilla y León

El origen de esta bandera debe buscarse en el reinado de Fernando III que reunió las coronas de Castilla y León en el año 1230.

En el contexto de las luchas de los pueblos americanos por emanciparse de España se identificó al león como emblema del poder del Imperio, por lo que concentraba una simbología negativa, particularmente un comportamiento sanguinario.

El significado de la escultura señala de cómo el pueblo peruano con el que se identifica la vicuña domina al león hispano; una clara alegoría de la independencia que el Perú alcanzó en 1825, precisamente su data según la opinión de los expertos.

La pieza en análisis

“Vicuña que vence al león”

Es una pequeña escultura alegórica tallada en “piedra de Huamanga” pintada. Un tipo de alabastro (sulfato de calcio hidratado), volcánico, generalmente de color blanquecino, sus principales yacimientos se encuentran en el estado de Ayacucho. Se utilizaba para esculturas o para elaborar objetos decorativos. Mide 29 centímetros por 17.00, con 6,50.

Pertenece a la colección particular de Jaime Bayly Letts (Lima, 1965) prolífico escritor y poeta; popular presentador de televisión e influyente formador de opinión pública en su país.

Comentario

La imagen tiene gran expresividad, la fragilidad propia de la vicuña predomina sobre el poder y la ferocidad de un león, caracterizado con agresiva fauces.
Con la pose que adopta la vicuña expresa una completa serenidad sin perder nada de su natural ligereza. Su pata derecha la deposita sobre la cabeza del felino, aparentemente sin esfuerzo alguno, segura de su accionar. Por el contrario, el león ruge de impotencia, aplastado sobre el suelo; con el rabo entre sus cuartos traseros.

El contraste es evidente y la significación no escapa al más desprevenido observador; siempre que identifique correctamente a la vicuña y a sus características, claro está. Esto no debió ser problema para el entorno del momento.

Por detrás del camélido hay un árbol, aparentemente solo fue colocado allí por el artesano responsable de la talla para dar solidez al delicado cuello del rumiante. En este sentido, el vegetal solo tendría un sentido funcional. Sin embargo y sin que se desmienta la apreciación anterior, desde la Semiótica podríamos encontrar que alude al “árbol de la Libertad”, un símbolo divulgado desde la Revolución Francesa.

Podemos identificarlo con el árbol de la quina (Cinchona officinalis) cuya corteza permite preparar la quinina, alcaloide natural que sirve para combatir la malaria que figura en el segundo cuartel del escudo peruano.

La exquisita talla que comentamos debió ser uno de otras muchas confeccionada quizás como un presente destinado a alguna personalidad o jefe patriota. De la existencia de otra similar resulta que los artista de entonces reprodujeron el motivo (ver la que nos ofrece el “Archivo Digital de Arte Peruano” http://www.archi.pe ). Esta manifiesta un tratamiento escultórico mucho más fino pero el anterior ejemplo resulta mucho más expresivo, al menos en mi opinión personal.

“La vicuña Talla en piedra de Huamanga
Medidas: 21 x 12 x 4 ctms.

Una bandera propaganda de la libertad

La independencia del Perú en el  merchandising del período


El “kero de la bandera original del Perú”

Por Miguel Carrillo Bascary

El merchandising propone captar elementos de interés general tomados de la realidad en utensilios y otros elementos de uso cotidiano que muchas veces son totalmente efímeros.

Obviamente que el lucro preside el esfuerzo, aunque no siempre se busca la gratificación de un precio el propósito está en la captación de un público con diversos objetivos o responder a una demanda de identificación con le concepto expresado.

A quienes vivimos en el siglo XXI puede parecernos que esta técnica de comercialización es absolutamente actual o que a lo sumo data de pocas décadas atrás. Esta apreciación es absolutamente errónea ya que pueden rastrearse elementos de merchandising en diversas culturas de la Antigüedad y a lo largo de todas las épocas.

Por su interés para la temática de este Blog me interesa comentar una pieza de notable inspiración aunque lamentablemente sea de baja calidad. Por paradoja, esta última calificación es la que la destaca como un elemento destinado al uso cotidiano, por lo que evidencia la dispersión o penetración de la idea que inspira en las clases populares.

El Perú a comienzos del siglo XIX

El Virreinato del Perú tenía como base territorial el antiguo imperio Inca y las regiones aledañas extendidas a lo largo de la cadena de los Andes sobre el océano Pacífico. Cuando en el vecino virreinato del Río de la Plata se constituyó un gobierno de americanos (1810) la región el Alto Perú (aproximadamente lo que es Bolivia) quedó de hecho bajo dependencia de Lima.
Virreinato del Perú hacia 1820

En la región constituía la principal unidad política del imperio borbónico, propiedad personal de los reyes de Castilla. De conformidad todo el sistema económico y social de Sudamérica meridional le estaba subordinado y su principal fuente de riqueza era la plata extraída del Cerro Rico de Potosí.

La sociedad estratificada de la Colonia tuvo en el Perú su mayor expresión, por el número de habitantes y por las complejas relaciones sociales. Allí convivía una nobleza vernácula con otra de raíces hispanas; una oligarquía comercial con otra, minera; productores criollos; diversos pueblos originarios caracterizados por sus respectivas culturas; funcionarios menores de la Administración; soldados de fortuna y decenas de miles de esclavos de raza negra; junto a una enorme masa de mestizos.

Debido al predominio del poder español y a los intereses vinculados al mismo, el proceso de emancipación de los pueblos americanos demoró en hacerse sentir en las regiones aledañas a su capital, Lima.

Las revueltas internas fueron sofocadas en sangre y las expediciones mandadas desde Bs. Aires fracasaron en su intento de avanzar, aunque se registraran éxitos momentáneos.

El rol del Libertador

Fue la genial inspiración del general José de San Martín (nacido en Yapeyú, actual Argentina y muerto en Boulogne-sur-Mer, Francia, en 1850), quien permitió ejecutar el plan que había concebido, sabedor de que sin la caída de Lima la libertad de su Patria y la viabilidad de las otras regiones hubiera estado permanentemente amenazada.

Su estrategia fue diferente a la que se venía empleando y la ejecutó con una táctica soberbia. San Martín formó un pequeño pero entrenado ejército; férreamente disciplinado, debidamente equipado en la logística y cuidado en lo sanitario, como no se había visto en América.

José de San Martín, "Protector del Perú"

Contaba a su favor la experiencia militar recogida en sus campañas ibéricas donde alcanzó el grado de coronel. Obviamente su enorme capacidad y determinación tuvieron un rol fundamental para la empresa. Unía a ello una grandeza de espíritu que puso de manifiesto en numerosos hechos, grandes y nimios. Su desinterés económico y su desprecio a las posiciones de poder lo singularizan sobre la gran mayoría de las personalidades de América.

Con ese ejército formado por la “Provincias Unidas de Sudamérica” (hoy, la República Argentina, más algunos emigrados chilenos) San Martín cruzó los Andes y cayó sobre los realistas de Chile a los que derrotó en forma completa.

El éxito fue solo un logro instrumental, su principal objetivo era armar una expedición que debía golpear el centro del poder español, tomar Lima y establecer allí un gobierno de americano.

Para esto San Martín formó en Chile otro ejército expedicionario al que se llamó “Unido” y armó una flota para que lo transportara y avituallara durante la campaña que emprendería en el Perú.

El 8 de septiembre de 1820 se inició el desembarco en la playa de Paracas, bahía de Pisco, con lo que comenzó formalmente la guerra de liberación del territorio peruano.

No fue una campaña bélica a sangre y fuego, San Martín tenía bien en claro que su objetivo era la libertad americana y no imponer un régimen de fuerza; un perfil que no fue bien comprendido por muchos de su época y que algunos todavía le cuestionan.

El 15 de julio de 1821 San Martín hizo firmar el acta de la independencia del Perú y el 28 del mismo mes la proclamó públicamente en Lima con las siguientes palabras:

“Desde este momento el Perú es libre e independiente por la voluntad general de los pueblos y por la justicia de su causa que Dios defiende. ¡Viva la Patria!, ¡Viva la Libertad!, ¡Viva la Independencia!”

Proclama de la independencia del Perú

Detalle central

Lo relatado fue un verdadero acto fundacional de una nueva realidad que vino a sustituir radicalmente al régimen monárquico. Aquel 15 de julio de 1821 se fundó un Estado que debió rodearse de una imaginería apropiada, comenzando por adoptar una bandera.

La primera bandera peruana

Quienes gustamos de la Vexilología conocemos bien la importancia de las banderas en los movimientos sociales y en los acontecimientos populares.

San Martín era consciente de ello, por lo que desde que inició su campaña en el Perú enarboló una bandera completamente nueva, de características únicas dentro del panorama que mostraba la Vexilología en aquellos años. Mucho es lo escrito sobre el significado de la enseña, en este punto la leyenda y el mito se entrelazan con la realidad. Igual ocurre con muchas banderas a lo largo del mundo.

Lo concreto es que San Martín dio a Perú su bandera. Al respecto, se conserva el su diseño original, dibujado en un papel (30 x 20 cmts,) y coloreada a la acuarela, presumiblemente por mano Charles Chatworthy Wood, ingeniero militar británico, pintor. Sin embargo la proclama en Lima fue presidida por una composición ligeramente diferente, centrada en el Sol. Años más tarde, sería modificada invocando diversas razones por disposición de los gobiernos locales, lo que nunca cambió fueron sus colores.
Bandera de San Martín, Huaura, 20 de diciembre de 1820. 30 x 20 cm.
(Museo Histórico Nacional, Buenos Aires)

Las ideas del nuevo gobierno prendieron rápidamente en las clases populares, lo que se evidenció en obras de teatro; ceremonias religiosas; desfiles y otras manifestaciones sociales.

Un documentado relato de la ceremonia lo aporta Lila Velasco Asenjo en http://limaenlahistoria.blogspot.com.ar/2010/07/lima-y-la-independencia-del-peru.html (2010)

El kero de la bandera

A este contexto pertenece la pieza que comentaré, se trata de un kero decorado con escenas alusivas a la independencia del Perú y la derrota del poder español. En la imagen que incia este post vemos al general San Martín que porta la bandera peruana pisando a un jefe realista vencido; por este motivo me permito particularizarlo con el título indicado.

En este análisis reconozco la inspiración que motivó la imagen de referencia, contenida en el ensayo “Los fabricantes de emblemas. Los símbolos nacionales en la transición republicana. Perú, 1820-1825, de la investigadora Natalia Majluf, capítulo del libro “Visión y símbolos. Del virreinato criollo a la república peruana”; editado por el Banco de Crédito del Perú - Ramón Mujica. Lima, 2006. (https://www.researchgate.net/publication/319324595_Los_fabricantes_de_emblemas_Los_simbolos_nacionales_en_la_transicion_republicana_Peru_1820-1825)


Un kero (se admite también la grafía “qero”) es un vaso elaborado habitualmente en madera (del quechua “kiru”, madera, material usado con preferencia, aunque también los hay de arcilla y de metal); siempre profusamente decorados con motivos abstractos (cruces; grecas; soles) o figurativos de animales dotados de simbolismo mítico (rana, puma, serpiente; camélidos; caracoles; etc.); escenas de la vida cotidiana; guerreros; y otros.

Sus formas son múltiples pero por su número la más característica consiste en un cono cuya base es la boca del recipiente, tal como el objeto que analizamos acá.

Los keros de madera se fresaban utilizando primitivos tornos accionados por palancas (similares a los empleados por los alfareros) y algunos instrumentos de corte para ir desgastando el material.

Tenían uso ceremonial por lo que a la cultura europea podría equipararse a los cálices aunque obviamente no poseían la sacralizad de estos últimos, al menos desde la perspectiva de la Liturgia católica.

Habitualmente se los empleaba para libaciones de chicha (bebida alcoholica del maíz fermentado). Como curiosidad los estudiosos indican que se fabricaban siempre en número para, en tanto que los usos sociales demandan al menos dos personas para beber. La cultura andina es muy propensa a estas libaciones ceremoniales (aún hoy) en lo que se conceptúa como “dar de beber” a la Pacha Mama (la madre Tierra).


La pieza en análisis

La referencio en forma de ficha:
·        Pertenencia: Museo Nacional de la Cultura Peruana, sito en Lima (Perú) un repositorio destinado a exhibir su desarrollo desde la más lejana antigüedad hasta el presente.
·        Materialidad: madera polícroma
·        Motivo: una figura con uniforme azul y blanco caracterizado como “un soldado patriota” que blande una bandera caracterizada en la referencia como “la patria” venciendo “al león”.
·        Datación: ca. 1820-1822 (según información consignada)


Observaciones:

El decreto del 21 de octubre de 1820 firmado por San Martín estableció la primera bandera del Perú.

Fue en la “Gaceta del Gobierno”, No. 22, tomo segundo, del sábado 16 de marzo de 1822, que se publicó el decreto que modificó la composición de la anterior. estableciendo que sus franjas fueran horizontales y portara en el centro un Sol; lo firmaba el titular del Ejecutivo, Bernardo de Torre y Tagle. De hecho era similar a la empleada por la República Argentina, reemplazando el celeste por el rojo. Sería por pocos meses, ya que el Congreso sancionó una ley el 25 de febrero de 1825 que dispuso la actual composición, en franjas verticales.

Esto es lo que dice la Historia, en tal sentido podría verificarse la datación enunciada aunque no hay seguridad de que el kero haya podido ser elaborado con posterioridad a las mutaciones sufridas por la bandera oficial.

En contraste con los numerosos keros conservados en museos y colecciones particulares de todo el mundo, el que observamos presenta una decoración muy tosca, donde la madera parece haber sido burilada con el extremo de un cuchillo de dimensión inapropiada. El artesano apeló a líneas muy básicas, como si tuviera urgencia de terminar el trabajo.

El mismo torneado es muy poco cuidado, sobre el mismo se observan los relieves irregulares dejados por la acción del torno usado, particularmente en su base.

La madera con que fue confeccionado es de baja calidad, hasta el punto que el torneado dejó al descubierto un nudo o fisura.

La coloración asignada también es muy limitada; se iluminaron las figuras empleando los pigmentos básicos: azul, rojo, negro y blanco.

En cuanto al “león”, es una alusión directa del poder colonial. Recordemos aquí algunos de los versos del Himno nacional argentino compuesto en 1813:

     “Se levanta a la faz de la tierra/ Una nueva y gloriosa Nación: /Coronada su sien de laureles /Y a su planta rendido un león”

          “Buenos Aires se pone a la frente/ De los pueblos de la ínclita Unión/ Y con brazos robustos desgarran/ Al ibérico altivo león”

El problema es que en el kero analizado ese león no existe. Lo que pisa el uniformado de azul y blanco es la cabeza de otro uniformado, que viste chaqueta roja y pantalón blanco, atuendo que predominaba entre los realistas. Literalmente, en la imagen, el triunfador “hace morder el polvo de la derrota” a su enemigo.

Cuestiono la caracterización de que sea “un soldado”. Entiendo que es el mismísimo San Martín, en base a varias consideraciones:
·        La figura evidentemente pertenece a un “jefe militar”, así resulta del uso de largas botas de caballería y del sombrero elástico que porta; todo lo asimila a la imagen que la iconografía guarda del general San Martín.
·        Refuerza lo anterior que porta la bandera original, que dispuso el mismo; la asociación del portador con esa divisa exime de mayores consideraciones. Podemos decir que la bandera remite al creador y este caracteriza a la enseña.
·        Para más, el gesto dominador sobre su vencido potencia la interpretación realizada. Si se tratara de “un soldado” el acto de reputarlo vencedor sobre el poderío español sería desproporcionado.

Conclusión

Históricamente la pieza es muy interesando, por que relata un momento de exaltación popular fácilmente ubicable en la Historia.

Su confección es muy tosca, lo reiteramos y su decoración absolutamente básica, aunque muy expresiva.

Lo expuesto permitiría aventurar que el artesano que la confeccionó quiso aprovechar la efervescencia popular con motivo de la proclamación de la independencia peruana para vender su producto, razón que avalaría la alusión al merchandising que contiene el título de este post.

martes, 19 de diciembre de 2017

Un equipo emblema de nacionalidad

El Criollo, caballo nacional argentino 


Overo negro

 

Por Miguel Carrillo Bascary


La reciente publicación de la Ley nacional Nº 27.414 por la que se declaró al “caballo de raza Criolla como Caballo Nacional y Patrimonio Cultural de la Argentina” destaca a la consideración nacional la importancia que tiene para todos los argentinos y, por qué no para todos los amantes de la belleza.

 

Es importante destacar que se trata de una ley ya que en muchos medios de prensa se difundió como si fuera una declaración de la Cámara de Diputados; seguidamente se explica cuál sería el origen del error.

 

Un trámite azaroso

 

Interesa destacar el derrotero de la norma para poner en valor su significado.

 

La ley se originó en el proyecto del senador Federico Pinedo (PRO, Ciudad de Bs. Aires) quién cuando era diputado presentó un proyecto de resolución en igual sentido (expte. 2711-D-2013). Si bien no era previsible cuestionamiento alguno a la propuesta, que finalmente no prosperó, al parecer por el solo hecho de que su autor pertenecía a la bancada opositora ya que no puede entenderse que un argentino tuviera problemas con apoyar tan justa iniciativa.

 

Ya como senador y desde el oficialismo, Pinedo insistió en su propósito; pero esta vez con forma de proyecto de ley (expte. Nº 1676- S-2016). Obtuvo media sanción del Senado el 23 de agosto del 2017 y pasó a la Cámara de Diputaos que lo sancionó como ley el día 22 de noviembre; el Poder Ejecutivo la promulgó y se publicó el 15 de diciembre.

 

 El texto legal es muy escueto:

 

“Artículo 1°.- Declarar al caballo de raza Criolla como Caballo Nacional y Patrimonio Cultural de la Argentina.
Artículo   2°.-  Comuníquese al Poder Ejecutivo nacional”.

Overo colorado pampa

Análisis de la norma

            Desde la Ciencia Jurídica podemos señalarle interesantes aspectos. En primer lugar, se trata de una ley o sea que es la expresión más alta del ordenamiento jurídico, si se excluye a la propia Constitución. Una ley es resultado de la decisión de los máximos órganos políticos del Estado (el Congreso y el Ejecutivo) lo que en clave de la democracia involucra a todos los sectores de la sociedad que participan en el acto en virtud del principio representativo.

            El sujeto de la ley es el “caballo de raza criolla”, no cualquier equino; queda implícito que se trata de la “raza criolla argentina” ya que pueden señalizarse otras razas de igual apelativo. Los criollo se caracterizan por ser descendientes de aquellos ejemplares rústicos, de uso cotidiano, que fueron traídos por los españoles a la América, por lo que pueden señalarse como tales a los de Uruguay; Perú; Chile, Paraguayo e incluso del Brasil, a los que se denominan con diferentes designaciones.

Tropilla en el corral" (Oleo de Esteban Díaz Alazán)

            Interesa señalar que, en base al adagio jurídico que dice: “cuando la ley no distingue no se debe distinguir”, la declaración abarca tanto al caballo criollo de las llanuras como al de monte o al de montaña o cerrudo.

            El artículo primero contiene dos enunciados o calificaciones solemnes; se declara al “caballo de raza Criolla” como:
1) “Caballo Nacional”; o sea que privilegia al Criollo por sobre cualquier otra raza equina; y
2) “patrimonio cultural de la Argentina”; lo que expresa que Criollo está consustanciado con nuestra identidad nacional. Dicho de otra manera, lo declara como parte y característica de lo que puede llamarse “la argentinidad”.
Por lo demás la ley no consagra ningún otro mandato, en consecuencia aparentemente se limita a consagrar al Criollo. Sin embargo, el hecho que lo caracterice como “patrimonio nacional” implica varios deberes: preservar la raza; de promover sus valores e historia; difundir sus vínculos con la Historia y las tradiciones nacionales; a través de cuantas acciones oficiales y privadas fueren necesarias.

Este implícito mandato tiene como destinatarios: en primer lugar el Estado nacional; así como los gobiernos provinciales que lo integran y en segundo, a la sociedad toda tanto con respecto a los individuos, pero principalmente a las entidades intermedias, particularmente aquellas dedicadas a todo lo que se relacione con el caballo; su crianza y los deportes ecuestres.

Un juicio de valor

¿Hacía falta esta ley?, respondo enfáticamente: indudablemente que no. El Criollo está tan adentrado en nuestra entidad de argentinos que no se precisaba ley alguna. Sin embargo, que la misma se haya dictado tiene una importancia real, desmintiendo a quienes peyorativamente la consideran un acto banal.

La democracia se expresa a través de leyes, nada más ni nada menos, por ende, que el Congreso Nacional, con el concurso del Poder Ejecutivo hayan sancionado esta norma formaliza el reconocimiento que el pueblo argentino le asignara al caballo criollo, desde antiguo.

Una metáfora de nuestra cotidianeidad quizás explique mejor el párrafo anterior: No es necesario que un padre o una madre besen a su hijo por las noches y le digan que lo quieren, pero no hay dudas que si así lo hacen ese gesto y esas palabras tienen un valor inconmensurable. Lo mismo pasa con le ley que tratamos, nada más, ni nada menos.

En consecuencia corresponde aplaudir la aprobación de esta ley, sin duda alguna.

Motivación


         Sería imposible comprender la cultura y la historia de nuestro pueblo prescindiendo de que el caballo fue principal paradigma de la vida de los gauchos. A caballo se alcanzó la independencia nacional; a caballo se impulsó el desarrollo económico y el conocimiento de cada rincón del país, excepto la Antártida; las islas Georgias y Sándwich (1). Aún hoy es un elemento vigente, fundamental, de aquello que podríamos llamar “el ser argentino”.

 

(1) También las Malvinas fueron hogar de los criollos e incluso resistieron allí luego del despojo británico, aún cuando los argentinos fueran expulsados.

 

Es sabido que los primeros equinos llegaron a la región del río de la Plata en el siglo XVI con el adelantado Pedro de Mendoza que fundó por primera vez a Bs. Aires. Con su destrucción quedaron libres para reproducirse en las pampas en cantidades inconcebibles desarrollándose una raza autóctona que se dio en llamar “criolla”.

 

La mixtura con otras foráneas casi produjo la desaparición de los criollos pero la oportuna intervención del criador doctor Emilio Solanet y otros hacendados permitió rescatar la raza del peligro. Ellos fundaron en 1923 la “Asociación de Criadores de Caballos Criollos Argentinos” que fijó el estándar de la raza a partir de tropillas patagónicas. Sirva esta mención como humilde homenaje.

Emblema de la institución con su lema: “Nuestra Raza”

 

La hazaña que logró Aimé Tschiffely,  suizo, docente y aventurero, de unir Bs. Aires con Nueva York montando a dos criollos en 1928, mostró al mundo las bondades de la raza.

 

Tschiffely montando a “Mancha” llegaron a N. York el 20 de septiembre de 1928

 

Fundamentos de la ley


Por el interés que suscitará su lectura y para caracterizar mejor al Criollo, reproducimos los argumentos dados por el autor del proyecto file:///C:/Documents%20and%20Settings/usuario/Mis%20documentos/Downloads/S1676-16PL.pdf: 


“En tiempos prehistóricos había caballos en América, aunque cuando se produjo la conquista española, tanto en México como en Perú el animal era desconocido por los pueblos originarios. Los caballos traídos de España eran animales de trabajo, seguramente con sangre andaluza y del norte de África (de raza Bereber) y tal vez con algo de árabe, dada la conquista musulmana en la península ibérica.
Algunos de esos caballos dieron lugar a razas de extrema elegancia como la de paso, en la costa del Perú, de caballos ambladores, que adelantan en la marcha la mano y la pata del mismo lado.
En el territorio argentino, especialmente en la Patagonia y en las pampas del sur, los caballos españoles dejados por Pedro de Mendoza desarrollaron características propias y no me atrevo a descartar o a afirmar que hayan existido o no cruzas con algunos caballos autóctonos.
Lo cierto es que durante la colonia y la independencia los caballos argentinos se pusieron la Patria al hombro o, más literalmente, al lomo.
Luego de la organización nacional empezaron a ingresar al país otras razas británicas de mayor porte y velocidad, que fueron desplazando a los caballos criollos. Por eso es que fue de extraordinaria importancia la iniciativa de don Emilio Solanet y otros criadores, de irse a la Patagonia a negociar con jefes de las etnias tehuelches la compra de manadas, que luego llevaron andando al Sur de la provincia de Buenos Aires.
En 1923, a partir del impulso que dio Solanet al mantenimiento de la raza con la travesía que realizó el profesor irlandés Aimé Tschifelly en los caballos criollos, Mancha y Gato, desde Buenos Aires hasta Nueva York, se fundó la “Asociación de Criadores de Caballos Criollos”.
La Asociación, cuyo objetivo primordial ha sido la difusión y el fomento de la cría de la raza Criolla, elaboró un estándar de la misma que ha permitido la selección y difusión del caballo criollo, logrando de tal forma recuperar el prestigio de la raza y constituyéndose en celosa titular de los registros genealógicos, lo que tuvo como fin “…salvar, ya a punto de desaparecer, esta raza autóctona”.
El caballo es importante para la Argentina. El arquetipo argentino del gaucho no sería tal sin caballo y gracias a eso formamos una cultura ecuestre, que como todas las de su tipo en el mundo, tiene ciertas características propias y comunes, como las tienen desde los mongoles, hasta los árabes o los americanos. Espíritu de libertad, respeto, humildad, vida en naturaleza, orgullo, suficiencia, dignidad, son algunas de esas características de los pueblos de a caballo.
Por eso, que nuestra Nación otorgue protección legal a nuestra raza caballar, tiene la relevancia de la preservación de lo propio, con características de patrimonio común, y de la conservación de una biodiversidad única, que se da en el ámbito de nuestro continente”. 

Pareja de criollos compitiendo en una paleteada

 

Una mayor extensión tuvieron los fundamentos que acompañaron al primitivo proyecto de declaración, que también reproducimos tomado de http://www.hcdn.gob.ar/proyectos/textoCompleto.jsp?exp=2711-D-2013&tipo=DECLARACION:

“El Caballo Criollo desciende del caballo español, que fuera traído por los conquistadores, y fue el único que ingreso según consta en los manuscritos de la época. Según consta en distintos documentos históricos, fue quien acompañó a los próceres desde la gesta de Mayo y en toda la campaña emancipadora.
Foto de época (ca. 1920/ 1930)

Esto fue reconocido por diversos protagonistas de la época, como el general Carlos de Alvear ministro de la Confederación ante Washington, que le dijo al ministro Arana el 27 de octubre de 1838 al preguntar EEUU si soportaría la Confederación Argentina una invasión de Francia, respondió, "que serían destruidas por la caballería ya que por la topografía podían hostigar impunemente al enemigo, una caballería numerosa ágil, atrevida que por su frugalidad y robustez en soportar todo género de privaciones se debería considerar como la primera caballería del mundo. Que en sus campañas en España contra Francia conoció las caballerías de Francia, España e Inglaterra y que ninguna de ellas podrá compararse con la Argentina." (Raza Criolla, N° 32 pag. 4 a 12).
El 21 septiembre de 1950, el presidente de la Nación Juan Domingo Perón, decía, con motivo de la donación de cien caballos criollos para montar el escuadrón “Riobamba” [N.E.: del célebre regimiento de Granaderos del Libertador], "no solo compromete mi más íntimo agradecimiento, sino inspira un motivo para la justiciera recordación, de esta noble raza, a los cuales confió el Gran Capitán D. José de San Martín la conducción del Ejército de los Andes."
En aquella ocasión, el presidente Perón afirmó también: "he estampado en el libro del Regimiento que guarda los recuerdos de las visitas, la historia breve y sintética de un Caballo Criollo que, puede decirse, está en la Legión de los Héroes que formaron el Regimiento”.
[N. E. evidentemente falta aquí un párrafo que debió haberse escrito] Ese mismo caballo criollo, "Decano" de pelo colorado, se incorporó en 1813 al Regimiento de Granaderos a Caballo e hizo toda la campaña de los Andes y del Perú. Participó en las batallas de Sipe-sipe y Chacabuco, en donde fue herido de bala. Intervino en Cancha Rayada, Bio Bío y Maipú, volvió a la estancia de origen del teniente Miguel Cajaraville, en la provincia de Buenos Aires, para morir en 1825". (Raza Criolla, N° 99, pág. 66 y Justo P. Sáenz, Antología Sanmartiniana, páginas 646 y 647).[N.E.: Referencias originalmente volcadas en la obra “Episodios de la Guerra de la Independencia” del coronel Mauel de Olazábal; pag. 26]
 El criollo como caballo de guerra fue monta de los célebres Granaderos

Dice el profesor Aimé Tschiffely, "hasta hoy sus descendientes, los criollos conservan caracteres heredados de las sangres estampadoras del caballo español del siglo XVI. Quiero recordar a la memoria de las guerras y luchas civiles, en varias partes del continente sudamericano, cuando masas considerables de caballería compuesta por caballos criollos, efectuaron largas marchas con velocidades increíbles. En el curso de estas campañas, marcharon sin herraduras, comiendo lo que encontraban a su paso por los campos, las sierras y los montes, sin abrigos de mantas ni más veterinarios que los soldados. Sin querer darme bombo como dicen los rioplatenses, tengo que referirme a los dos caballos que me acompañaron. El Gato y Mancha, los que me llevaron de Buenos Aires a Nueva York, una distancia de 18.000 km. Durante el curso de este "raid" cruzaron llanuras, selvas, ríos y montañas, a veces con excesiva agua o demasiada sed, con fríos o calores rigurosos. Tengo que agregar a esta mala alimentación, lluvias, alturas de más de 5.000 metros, mortificaciones como picadura de mosquitos, jejenes y murciélagos vampiros. Sin embargo, ambos animales terminaron este largo viaje en tan buenas condiciones, que asombraron a todos los que los vieron llegar a la meta."

“Gato y Mancha” (óleo de Luis Cordiviola)


En su libro "Una excursión a los indios ranqueles", el general Lucio V. Mansilla escribe: "De todos lados asomaban indios, al gran galope siempre, sin cuidarse de los obstáculos naturales del terreno, donde caballos educados como los ingleses hubiesen caído postrados de fatiga a los diez minutos, por vigorosos que hubieran sido. Subían rápido a la cumbre de los médanos de movediza arena y bajaban con la celeridad del rayo; se perdían entre los montecillos de chañar, apareciendo al punto, se hundían en las blandas sinuosidades y se le exige".
En su libro de 1904 "Trepando los Andes", el italiano Clemente Onelli describe la tropilla que utilizó. "¿Caballos Finos?, lindos para sacarle fotografías, pero para el campo denme el caballo Criollo, de músculos de acero, de garrones de fierro, de pecho de bronce, sobrio como el anacoreta, templado a los cierzos y los soles pampeanos y que hoy anda 20 leguas y mañana también y que pasado mañana, en un último empuje, rematará las 30 leguas que faltan a la jornada que se le exige".
Algunos caballos de nuestros próceres quedaron en los documentos de las batallas libertadoras o de las luchas internas, como los que pertenecieron al Libertador D. José de San Martín, quién además fue criador; ese espléndido bayo que cayó en San Lorenzo en el fragor del combate, arrastrando en su caía al ilustre jefe y futuro libertador de medio continente, un alazán tostado de cola corta tusado y un zaino negro coludo de abundante crin los cuales montaba mientras organizaba el Ejército de los Andes (Gral. Jerónimo Espejo en El Paso de los Andes, pág. 35 y 91), su adversario en Maipo, el general en jefe Osorio montaba un blanco que quedó muerto en el campo de la acción (Memorias del Cnel. Manuel A. Pueyrredón, pág.24).
Un criollo en el monte salteño (Öleo de Eleodoro Marengo) 
Asimismo, se conocen dos caballos que pertenecieron al ilustre general Manuel Belgrano: el rosillo que montó el día de la batalla de Tucumán y que, al decir del general José M. Paz, era manso y de paso (Memorias, tomo 1, pág. 24) y el otro un hermoso blanco que después se lo regalo al joven sargento Mariano Gómez por su hazaña en Tambo Nuevo (Memorias del Gral. Gregorio Araoz de Lamadrid, editorial América, Madrid, págs. 47 y 63 a 65).
El general Gregorio Aráoz de Lamadrid, en la batalla de Ciudadela, montó un moro que al decir de él, era el mejor que había tenido en su vida, esto era mucho, cuando lo afirma un guerrero incansable y que en esa batalla el animal confirmó la opinión que su dueño tenía (Lamadrid, Memorias …; tomo II, pag. 64).
Facundo Quiroga también poseyó un moro, un bayo overo que montó en la batalla de La Tablada, el oscuro a quien llamaba el Piojo y por último el castaño overo con el cual pudo ponerse a salvo en la derrota de Oncativo (Lamadrid, Memorias, tomo I, pag. 43).
El restaurador de las leyes, brigadier general Juan Manuel de Rosas, comentó desde su exilio, "el mejor caballo que tuve y tendré es el que me regaló D. Claudio Stegman, era bayo del Entre Ríos" (Carlos Ibarguren, en Juan Manuel de Rosas, pag. 452).
De nuestros hermanos los indios, sabemos que sus cabalgaduras eran excelentes, pero la de los caciques por su jerarquía eran extraordinarios, como el de Ramón el Platero que tenía un bayo famoso por su bella conformación (El Caballo,  Nº 104 pag. 48), así como su cuñado Bustos tenía un overo negro (Mansilla, tomo I, pag. 54) y su hermano Juan José Catriel, un bayo cabos negros (Antonio del Valle, Recordando el Pasado, tomo I, pag. 315), Pincen al caer prisionero fugaba con su hijito en un zaino que fue su caballo de pelea perseguido por el general Villegas (Morales Guiñazú en Primitivos Habitantes de Mendoza, pag. 171).
“Capitanejo en su overo” (Oleo de Rodolfo Ramos)
Como hemos visto, es innumerable la cantidad de documentación (Raza Criolla, N°99, páginas 64 a 71) que demuestran que el caballo criollo es parte indisoluble de la historia de nuestra Patria y que su participación en ella ocurrió no porque fuera el mejor, si no por ser el único que existía.
“El rastreador” (Oleo de Aldo Chiappe)

Asimismo, los países miembros de la “Federación de Criadores de Caballos Criollos” han declarado al criollo como el caballo Nacional, reconociéndolo como parte de su patrimonio cultural intangible de su historia. Uruguay ha reconocido al caballo criollo como parte de su patrimonio cultural, reconociendo su papel en los periodos de lucha por la independencia y la consolidación nacional y en el desarrollo económico y social. Chile, por su parte, por medio del Decreto Supremo N° 531, reconoció como "deber constitucional del estado tutelar aquellas especies que son propias y características del medio natural chileno, como también aquellas cuyo desarrollo hacia su conformación morfológica y funcional son el resultado de una sostenida trayectoria de selección propia, por obra emprendida a través de generaciones de criadores nacionales, como es el caso de la especie Equus caballus, a través de la raza denominada "Caballo de Pura Raza Chilena".
La Argentina no escapa a la historia sudamericana y en reconocimiento al caballo criollo en la Historia nacional, en la cultura de nuestros paisanos y nuestros pueblos originarios, en el trabajo de recuperación llevado adelante por la “Asociación de Criadores de Caballos Criollos” desde 1923, celosa titular de los registros genealógicos de la raza como queda demostrado en la intervención del senador Durand el 7 de junio de 1950 en el despacho de la “Comisión de Presupuesto” donde dice, "un grupo fundó en el año 1923 la Asociación de Criadores de Caballos Criollos, con el objeto de salvar, ya a punto de desaparecer esta raza autóctona, luchando denodadamente con la apatía de los poderes públicos y la incomprensión en general que no apreciaban y ridiculizaban la obra y los fines que perseguía. Pese a todas las dificultades la Asociación gestionó y obtuvo tras denodada lucha la apertura de los registros genealógicos y la aprobación del standard de la raza".(Raza Criolla, N° 31, pág. 67), incorporando a la selección y depuración morfológica, las pruebas funcionales con vacunos, entre ellas las paleteadas, que hacen al acerbo cultural histórico del trabajo rural de antaño”.

Una visión fugaz
Para referenciar adecuadamente lo escrito me permitiré sumar una serie de fotografías que ilustran al ya célebre Criollo y que nos muestran algunos de sus pelajes, uno de los temas favoritos de las conversaciones que mantenían los gauchos a la lumbre del fogón nocturno o cuando las pulperías los reunían al caer la tarde.

En este sentido debo confesar mi debilidad personal por las capas de fantasía aunque en la realidad cotidiana, como sabemos, son la excepción. Consigno el nombre de sus pelajes conforme la usanza del Norte, mis pagos originarios; los entendidos sureños sabrán admitir algunas diferencias, propias de nuestra rica diversidad.
Tuco

Rosillo

Zaino oscuro

Tostado

Overo colorado

Alazán

Moro overo

Oscuro azabache

Colorado tostado

Lobuno

Bayo negro empedrado

Tordillo blanco


Moro empedrado

Encerado

Bayo amarillo ruano