lunes, 2 de marzo de 2026

Apertura de sesiones del Congreso

Notas de ceremonial

Por Miguel Carrillo Bascary

La Asamblea Legislativa que reúne a la Cámara de Diputados y al Senado de la Nación Argentina, para escuchar el informe del titular del Poder Ejecutivo y dar por iniciadas las sesiones del período legislativo 2026, suele aportar interesantes novedades desde la perspectiva del ceremonial.

En razón de sus dimensiones el ámbito se concreta en el recinto de sesiones de Diputados, al que se adosan sitiales para permitir la participación de los 72 senadores, que vienen a sumarse a las 257 bancas de los miembros de la Cámara anfitriona. Sobre el frontis se acondicionan otras localidades destinadas a recibir a los miembros de la Corte Suprema de Justicia, los ministros del Ejecutivo, varios gobernadores de provincias, el jefe de gobierno de la Ciudad Autónoma de Bs. Aires, embajadores, jefes de los estados mayores de las Fuerzas Armadas, de Seguridad y otros altos funcionarios. Mientras que en los numerosos balcones se ocupan con invitados de protocolo.

La cabecera se reserva a los titulares de ambas cámaras, a la derecha se ubica la vicepresidenta, que oficia al frente del Senado y a la izquierda el presidente de la Cámara baja. Mientras que el Presidente de la Nación ocupa la tribuna central, que ostenta una talla del Escudo argentino como carácter distintivo.

A los ojos profanos puede parecer que el conjunto de funcionarios que acabo de reseñar son las personas que ocupan el lugar de mayor importancia en la solemne oportunidad. Desde una óptica formal, es así en lo que corresponde distinguir el debido orden de precedencias.

Sin embargo, y un análisis ontológico permite identificar a otro actor, el principal, origen de los órganos de gobierno pre mencionados.

¿De quién se trata? Lisa y llanamente del pueblo de la Nación Argentina, ya que el estado es de raíz democrática. Ergo, el titular de la soberanía, cualidad esencial del estado, es ese mismo pueblo que, en virtud del principio de representación, elecciones mediante, se corporiza en los funcionarios que dan forma al gobierno, conforme a los dictados de la Constitución Nacional.

¿Dónde se visualiza la presencia de este pueblo? En este punto la alusión al verbo del interrogante llevará al lector a buscar la respuesta observando detenidamente la imagen que abre esta nota. Algunos encontrarán al plural protagonista al instante, muchos otros no atinarán con la solución. La mayoría quizás no lo adviertan adecuadamente y, al dilucidarse la cuestión, quedarán pasmados, lo cuál debería ser motivo de preocupación.

En realidad, la respuesta es harto evidente y radica en la Bandera Nacional que ondea en lo alto del mástil ceremonial ubicado a la derecha del recibo, el lugar de honor. Es Ella, la que representa al pueblo argentino, al soberano.  Por esta misma razón, cada vez que las cámaras inician sus sesiones se procede al izamiento de la enseña patria, mudo testigo de la presencia del pueblo y base fundamental de la autoridad que transitoriamente ha cedido a los funcionarios que la ejercen. 

Detalle de la ubicación del vexilo

En suma, la Bandera nacional no es un mero elemento ornamental, tiene el significado esencial sobre el que acabo de explayarme.

Los grandes lienzos celestes y blancos, no son banderas por lo que se admite que se usen para resaltar la cabecera y los laterales del recinto.

Otra vista del recinto

Otro detalle a destacar es la presencia de dos miembros del Regimiento de Granaderos a Caballo General San Martín, cuerpo histórico del Ejército Argentino y unidad custodia del presidente de la Nación. Además de evidenciar esta condición señalan que las Fuerzas Armadas son también parte del pueblo en el marco de la Constitución Nacional. Otros efectivos se ubicaron en el acceso del palacio del Congreso y en dependencias interiores, todos ellos con uniforme de gala.

En este rápido repaso nos faltaría señalar un atributo que señala la autoridad del presidente de la Nación, la banda que lo distingue. Su uso fue dispuesto por la Asamblea General Constituyente en el Estatuto Provisorio de 1814 y desde entonces caracteriza al titular del Ejecutivo, aunque hubo períodos en que no se utilizó. Su estructura actual fue dispuesta por el artículo 4º del Decreto Nº10.302/ 1944, con la modificación de la borla en que termina, según lo ordenado por el Decreto Nº459/ 1984, consta de los colores nacionales en la misma disposición que la Bandera Nacional y con su Sol en el centro. En el caso, el presidente Milei se colocó la banda y asió el bastón de mando, recién cuando ingresó al recinto. La banda la llevó por sobre el traje, al contrario de cuando antiguamente los presidentes empleaban levita.

El Presidente ante la Asamblea

Los cánones de la Etiqueta indican que en ocasiones solemnes como lo es la Asamblea Legislativa, los asistentes deberían concurrir con vestimentas adecuadas. Sin embargo, hace décadas que tan elemental precepto social ha desaparecido. En concordancia, si el presidente revistió un traje oscuro, con su correspondiente chaleco, camisa blanca y corbata azul claro, los asistentes varones deberían hacerlo de igual forma, pero en la ocasión fue dable observar legisladores que llevaron ambos, tanto oscuros como grises, algunos tenían la camisa abierta, otros lo hicieron con remeras de cuello redondo bajo el saco. También se vio a diputados y senadores con solo una camisa o con camisetas sin cuello. En algún caso llevaron corbatas, pero tenían desprendido el primer botón de la camisa.

En cuanto a las presencias femeninas, reinó una amplia variedad de atuendos y para todos los gustos. En su mayoría fueron formales y sobrios, negros, blancos y de tonos rojizos, pero apagados, aunque no faltaron aquellos con que sus portadoras parecieron querer destacarse por sus vivos colores, los rojos fueron varios y sumamente notorios. Predominaron los hombros recubiertos, aunque también pudieron verse en forma contraria. En lo que se vio coincidencia absoluta fue en los cuidados peinados.

Obviamente que los altos jefes militares concurrieron con sus respectivos uniformes de reglamento.

Una cosa me llamó la atención, aunque el detalle puede parecer menor, la ausencia de escarapelas, tanto en el oficialismo como entre los opositores.

Finalmente, hubo otra ausencia que me llamó la atención, la que verdaderamente me molestó. No se vio a la Bandera Nacional de la Libertad Civil, cuarto símbolo patrio, histórico, reconocida como tal en el año 2015 por la Ley Nº27.134, emblema belgraniano, representativo del estado de derecho que luce en el recinto del senado desde hace varios años. En la oportunidad el presidente del Instituto Nacional Belgraniano, Lic. Manuel Belgrano, entregó un ejemplar de ceremonia a cada una de las cámaras. Inmediatamente fueron colocados en los respectivos recintos, a la izquierda de sus presidencias, mientras que a su derecha se dispuso a la enseña patria, según el protocolo. Fue al inicio de las sesiones del año 2025 cuando se advirtió que faltaba en la Cámara Baja, se practicaron averiguaciones  y se detectó que la ausencia databa de, al menos, ¡tres años! El caso es que la situación persiste, dolorosa e inexplicablemente. 

¡Debería remediarse!

La bandera histórica en la presidencia del Senado


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