sábado, 12 de marzo de 2016

Una cuestión de dignidad

Banderas contra el piso

 Serie: Errores de Ceremonial  


Por Miguel Carrillo Bascary

     Es un principio básico del Ceremonial universal que las banderas no deben tocar el suelo. No solo es cuestión de higiene, en el pasado las banderas conquistadas a los enemigos se arrastradas por el polvo como muestra de una derrota.


     Sin embargo, la ligereza con que se tratan las cuestiones relativas al Ceremonial hace que en demasiadas ocasiones se observe que los paños de las banderas tocan el piso; en algunas ocasiones en forma más que evidente.

     No es un error grave . . . es gravísimo.

     No solo demuestra la ineptitud del responsable del ceremonial; también indica un desprecio evidente al estado o a la institución representada en esa bandera.

     Además afecta notoriamente a la imagen de la institución que exhibe las banderas de forma tan descuidada.

 
     Esta valoración negativa se multiplican cuando se trata de banderas de ceremonias.

     Para que se comprenda la gravedad del error basta evocar varios ejemplos de diversa naturaleza:
  • Una fila torcida de militares durante una revista
  • La mala alineación de un conjunto de productos en una exposición
  • La formación irregular de una barrera durante el desarrollo de un partido de futbol
  • El desaliño de los cubiertos en una mesa formal
Cualquiera de estas situaciones despierta la crítica espontánea de los involucrados.

viernes, 11 de marzo de 2016

Belgrano marcha hacia Rosario

El coronel Belgrano rumbo a Rosario: 1812

 Un joven Manuel Belgrano, imagen que perteneció a la colección de Florian Pauke

Semblanza del relato que nos dejó el todavía coronel Manuel Belgrano sobre la marcha que realizó en hacia el poblado de Rosario, lugar donde el 27 de febrero de 1812 izó por primera vez la Bandera nacional argentina.

Por Miguel Carrillo Bascary

Más de 200 años separan a los rosarinos que vieron llegar al entonces coronel Manuel Belgrano de aquellos que hoy vivimos en esta ciudad. Fue el 7 de febrero de 1812 cuando los seiscientos vecinos de la capilla del Rosario, en el Pago de los Arroyos, recibieron a las tropas que venían a defender el Litoral del pillaje de los navíos realistas que pretendían avituallar a la sitiada ciudad de Montevideo. Ignoraban que, veinte días más tarde, aquel jefe colocaría a su pequeña aldea en la historia grande de la Patria. No sería con un glorioso hecho de armas, sino con el sencillo gesto de izar la bandera blanca y celeste que tiempo más tarde identificaría a la Nación argentina.


El Diario de  Marcha

De la pluma del propio Belgrano nos ha llegado el relato de aquellos días; son unas pocas hojas halladas en un remate, rescatadas en forma casi milagrosa por el locutor y bibliófilo Antonio Carrizo. La Academia Nacional de la Historia, a través de uno de sus miembros, Ernesto Fitte, autenticó y comentó este Diario; que el Instituto Belgraniano Nacional difunde desde 1995[1]. Dijo su entonces titular, el profesor Aníbal Luzuriaga, “son quince días inolvidables, donde nuestro héroe va anotando y rescatando para la historia los aspectos físicos, sociales, económicos y religiosos de cada etapa que recorre al frente de sus tropas; que sobrevivirán al cansancio, al calcinante sol y a la falta de agua[2].
Escrito a la luz de un candil, al terminar el día de agotador avance, el Diario nos aproxima al sentir íntimo de aquel abogado, brillante administrador y militar fogueado, que ya era Belgrano en 1812. Estas líneas revelan sus actitudes tácticas y la señalada visión estratégica que poseía.
Portada de la publicación mencionada. Primera edición 1995

Hacia el Rosario

A fines de 1811 Belgrano era absuelto de toda responsabilidad por el fracaso de la expedición al Paraguay. Reconociendo sus méritos se lo coloca al mando del cuerpo de Patricios, principal cuerpo armado del gobierno de entonces. Nuestro hombre enfrenta en solitario a la tropa próxima sublevarse instigada por una facción política. Su presencia demora el pronunciamiento pero en la noche estalla el “motín de las trenzas”[3]. El orden se restablece a precio de sangre, el ánimo de la tropa queda humillado, el resentimiento abunda. Como signo de sumisión los “Patricios” pierden las coletas que usaban como distintivo honroso y su glorioso nombre, reemplazado por el de “Regimiento Nº5”, de infantería[4].

El 23 de febrero Belgrano cumple con la orden de marchar hacia Rosario. La tropa avanza a pie; los oficiales en unos pocos caballos; su jefe en carruaje[5]. Dieciséis carretas tiradas por bueyes cargan las municiones, el equipo accesorio y algunos alimentos; mas tarde trasladarán, también, a los soldados cuyos pies se cubren de llagas por la dura caminata y el calzado inapropiado.
           Belgrano comprende que es necesario fortalecer el espíritu militar de sus hombres. En cada alto del camino aprovecha para afianzar la disciplina y la capacidad de combate. El 26 de enero la expedición oye misa; y consta que el 29 y el 30 todos rezan el Santo Rosario. Es factible que también lo hicieran en otras oportunidades pues Belgrano cultivaba esta práctica piadosa y la hacía extensiva a sus tropas.
         Las notas de Belgrano marcan las etapas recorridas; hilvanando el viejo camino de postas que corría a la vera del río Paraná a partir de la ciudad de Buenos Aires: San José de Flores; Morón; Escobar; Luján; Areco; Arrecifes; Fontezuelas y Arroyo Seco; última posta antes de llegar al núcleo poblada llamado “Capilla del Rosario”. 
            El relato mantiene una constante, apuntada también por muchos viajeros de la época: la monotonía y soledad de la pampa cubierta por extensos cardales que en ocasiones llegan a los hombros de los infantes; la falta casi total de abrevaderos, con la resultante de una sed abrasadora alimentada por el Sol canicular de enero e incrementada por el polvo levantado por los pies de unos ochocientos soldados.

La llegada

Diagrama estimativo del recorrido de Belgrano al ingresar a Rosario, elaborado por el autor y publicado por primera vez en la portada del diario “La Capital”, edición del 20 de junio de 2006 
(se autoriza su reproducción, con la debida cita)

Es el 7 de febrero de 1812 en las inmediaciones de la posta a cargo de María Gómez, pago de Arroyo Seco. Para mitigar los efectos del calor, al salir la Luna, a eso de la una y media de la mañana, la expedición reinicia su avance. A poco vadea el cañadón del arroyo Saladillo. Allí Belgrano manda que la tropa se forme en columna y que marche "a banderas desplegadas[6]para elevar el espíritu marcial de sus hombres y alentar a los pobladores que esperaban encontrar.

Anoticiados por un piquete avanzado, los rosarinos salen al camino a recibir a su ilustre visitante (a quién bien recordaban de su paso hacia el Paraguay, en septiembre de 1810 y de una posterior estada en 1811[7]). Dice la tradición que la comitiva formada por el comandante de la milicia local, el capitán Pedro Moreno, el Alcalde de Hermandad (Alexo Grandoli) y algunos vecinos encontró a la columna en el paraje que hoy coincidiría con la esquina de las calles Alem[8] y Virasoro (ciudad de Rosario). Existía allí la llamada “posta del Rosario” consignada a cargo de Gregorio Aguirre. Se acepta que en este lugar Belgrano dejó el carruaje donde venía y montó a caballo para encabezar la marcha de su regimiento.
La hueste continuó el avance siguiendo la traza de la actual calle Buenos Aires (antiguo "camino real". A eso de las once y treinta de la mañana irrumpió en la humilde plaza Mayor[9] del poblado (se trataba de un espacio abierto, sin árboles ni ornatos, atravesado diagonalmente por la huella que unía las actuales calles Buenos Aires y Santa Fe, prolongaciones naturales de los caminos hacia estas ciudades). Quedaba encuadrada por la primitiva capilla[10] donde se veneraba a la Virgen del Rosario, su pequeño cementerio aledaño, unas pocas casas de adobe[11] y mayoría de ranchos.

Frente al resto de los pobladores reunidos. Belgrano se esfuerza en dar una buena impresión: ordena que sus hombres se formen en la plaza y dispone que las banderas se depositen con la debida solemnidad en la casa que se le ofrece para residencia[12]. Según las costumbres de entonces habrá arengado a sus hombres y estimulado el patriotismo de los lugareños invitándolos a colaborar en las obras defensivas que debía establecer. Terminado el acto y como faltaban comodidades suficientes en el pueblo la tropa acampó en cuarenta tiendas de lona, bajo una tupida arboleda que algunos dicen se ubicaba en la costa, hacia el Sur. Las municiones y demás enseres se guardaron en otras construcciones del pueblo[13]. Belgrano no perdió tiempo, de inmediato se avocó a las tareas necesarias para hacer adelantar la construcción de las baterías de cañones sobre el río Paraná, necesarias para disuadir los desembarcos a saco de los realistas. Una posterior misiva de Belgrano cuenta que al día siguiente de su llegada se desató una fortísima tormenta de verano que alivió a sus cansados efectivos pero arrastró sus carpas hacia el río.

El relato autógrafo se corta en la tarde de aquel 7 de febrero. Es indudable que la febril actividad a que se vio obligado para cumplir su cometido restó al prócer aún los breves momentos que dedicaba al diario de la expedición.

Días históricos

Lo que ocurrió más tarde nos resulta más conocido: el 13 de febrero Belgrano escribió al Triunvirato solicitando que se creara una "escarapela nacional"; el 18 se emitió el decreto respectivo. Pocos días más tarde se conoció la noticia en Rosario y, se estima, que Belgrano habrá solicitado a las matronas rosarinas que cosieran las primeras escarapelas[14] de la Patria. 
        El 27 de febrero las tropas acantonadas lucieron las nuevas divisas; con seguridad que muchos rosarinos también las llevarían al pecho, exteriorizando los sentimientos que los animaban.  Ese mismo día,  veinte días más tarde de aquella, su tercera llegada al Rosario, el coronel Manuel Belgrano dispuso el primer izamiento de la que sería nuestra Enseña nacional. Cuenta la tradición mayoritaria que María Catalina tuvo el impensado privilegio de confeccionarla con sus propias manos de mujer.

La historia argentina siempre lamentará aquel exceso de trabajo que impidió a Belgrano continuar con su relato y que nos privó de conocer de su propio puño y letra los pormenores del día grande de Rosario, aquél en que por primera vez tremoló el pabellón blanco y celeste sobre la terrosa barranca “de las ceibas”[15], mientras que el Sol, aún ausente de aquel paño[16], avanzaba hacia su ocaso recortando la sencilla silueta de la capilla de Nuestra Señora del Rosario, evidencia de la fuerza espiritual que núcleo a ese pequeño poblado.

Observación: ya anciano, Antonio Carrizo se desprendió del valioso manuscrito que fue comprado por la "Fundación para la Democracia Internacional", institución con asiento en la ciudad de Rosario, con el objetivo de exponerlo en el "Museo de la Democracia" que se encuentra en formación.



Notas y referencias

[1] http://manuelbelgrano.gov.ar/seccion-biblioteca/diario-de-marcha-del-coronel-belgrano-a-rosario-y-diario-militar-del-exto-auxiliador-del-peru/
[2] “Diario de Marcha”, Introducción. INB, 1995. Luzuriaga es presidente del Inst. Nacional Belgraniano.
[3] Se ha probado que el motín fue alentado por la fracción saavedrista y el deán Funes.
[4] El nombre de “Patricios” sería restablecido el 20 de julio de 1812, a pedido de Belgrano.
[5] El mismo que utilizará poco después para ir hacia el Norte. Hoy se preserva en el Museo de Luján.
[6] Se trataban de las antiguas banderas españolas, que aún empleaban las tropas patrias. La “coronela”, roja con el blasón real y la “miliciana”, blanca con la “cruz de Borgoña” (formando una X, "souter"), también roja.
[7] Fue en ocasión de la misión diplomática que Belgrano cumplió en Paraguay, junto a su amigo, vecino de Rosario, Vicente Anastasio Echeverría, cuyos restos descansan en nuestra iglesia Catedral.
[8] Durante muchos años se llamó “Belgrano”, quizás recordando la tradición de la llegada del prócer. La ordenanza Nº 7 de 1899 designó con el nombre del creador de la Bandera a la avenida que hoy lo honra.
[9] Así la denomina Belgrano en su “Diario”.
[10] Era la construida en 1801 (se mantendría hasta 1834), reemplazando a la primitiva, de 1762.
[11] El padrón levantado en 1815 (dado a conocer en 1816) dice que existían solo 16 casas con techo de tejas; sobre un total de 131; distribuidas muy irregularmente.
[12] El historiador Wladimir Mikielievich consideraba que Belgrano se hospedó en la casa de Catalina Echevarría de Vidal, que estaba sobre la calle hoy llamada “Córdoba”. Otro estudioso rosarino, Carlos Giannone estima que pudo ser en casa del doctor Vicente A. Echeverría, sobre la actual calle “Bs. Aires”.
[13] Quizás en el depósito que fuera del comerciante Pedro Tuella, padre adoptivo de Catalina y Vicente Echevarría..
[14] Por entonces las escarapelas eran mucho más grandes que las actuales; tendrían unos cinco centímetros de diámetro; lo que permitía que fueran identificadas durante el combate cuerpo a cuerpo. En su origen tuvieron el centro celeste y la corona blanca, como lo atestigua la iconografía de la época.
[15] Coincidente hoy con el emplazamiento del Monumento Nacional a la Bandera. La barranca tenía más de 20 metros de alto, a sus pies se hallaba el “bajo de los sauces”, terreno indudable en época estival.
[16] Recién en 1818 el Congreso General dispondrá que el Sol figure en la Bandera.

Historia de las banderas de Groenlandia (Parte III)

Cuando  una bandera argentina pudo ser la de Groenlandia 

Estampilla conmemorativo los quince años de la oficialización 

de la bandera de Groenlandia


Por Miguel Carrillo Bascary 

 

Culminamos nuestros comentarios sobre la más boreal de las banderas, la de Groenlandia. Es indudable que su original diseño ha impactado en la consideración genera, particularmente entre aquellos que cultivamos la Vexilología. A su vez, la Cruz Nórdica también a generado propuestas relativas a Groenlandia; al igual que el oso polar, inscripto en su escudo de armas.

 

La “Erfalasorput”: inspiradora del Arte:

Mark Eischeidtes arquitecto de formación pero también se define como “artista del paisaje”. Desarrolla su carrera profesional y docente en los Estados unidos (Berkley University) y en Escosia (Edhinbourg College). Entre sus antecedentes posee: maestría en Bellas Artes en el Espacio de Arte + Naturaleza, de la Escuela de Arte de Edimburgo (2010); maestría en Arquitectura del Paisaje de la Universidad de Berkeley (2000) y una licenciatura en Ciencias de la Tierra Aplicada, de la Universidad de Stanford (1994). Su área de investigación se centra en la historia, la teoría, la crítica y la estética del siglo XX y la arquitectura del paisaje del siglo XXI.

 

Mark Eischeidt

 Inspirado por la bandera de Groenlandia en el año 2010 desarrolló un curioso proyecto que concretó durante su estadía en el tercer distrito más poblado de la isla, Ilulissat; ubicado en la costa Oeste

 

Vista de la ciudad de Ilulissat


 A partir de un minucioso relevamiento fotográfico Mark plasmó los colores que el paisaje le presentaba a lo largo de diversas horas del día a partir de diversas perspectivas, que plasmó en dos series de serigrafías basadas en la bandera. En la serie del Mar, la franja superior es el cielo y la interior el mar; el semicírculo superior el afloramiento de un iceberg y el inferior su porción sumergida. En la serie de la Tierra, la franja superior alude al cielo y la inferior al afloramiento de las rocas que forman el suelo; el semicírculo superior un edificio y el inferior sus cimientos. He aquí el conjunto:





           Mayores referencias en: http://www.inglebygallery.com/edition/erfalasorput/

 

La “Erfalasorpu” como modelo vexilológico:



Es imposible no tener presente la bandera oficial de Groenlandia, la  Erfalasorpu” cuando se observa la adoptada por el pueblo sami (letón) cuyo diseño data de 1986.

El concepto contenido en el diseño de la bandera de Groenlandia permite replicarlo en otras enseñas de diversos países. Un ejemplo lo vemos en la divisa de la hipotética nación integrada de Canáda-Groenlandia; que se muestra en dos variantes: (www.reddit.com/r/vexillology/comments/3ob6bq/october_2015_contest_voting_thread



Otras variantes: 


En la web “The Voice of Vexillologist” vemos la hipotética enseña de la isla sub antártica de Hearst, construida bajo evidente inspiración de la bandera de Groenlandia, sumando la constelación Octans.


En Wikipedia encontramos una bandera similar a la de Groenlandia pero representada en color verde, acorde al nombre de esta nación.



 Muy similar a la anterior es la atribuida a la cibernación de Vinland (nombre dado a la isla de Terranova (Canadá) por los colonos vikingos. Fuente: https://althistory.fandom.com/wiki/Vinland_(Grandfather_Empires)


Bandera del "Reino del Ártico" (Artic Kingdom) una hipotética nación (Fuente: Wikipedia)  

Otra variante, esta vez en azul la tomamos de: http://imgur.com/b3tZJmB/ y  www.misleddit.com 


También hallamos en la misma web otra bandera ficticia de Groenlandia, donde el blanco fue reemplazado por un azul oscuro “propio del cielo invernal” y se cargó su vuelo con una “foca pía” o “de Groenlandia” (harp seal) 

Esta atractiva bandera corresponde desde el año 2008 a la cibernación de Sunset, desarrollada como una especie de juego entre un matrimonio y su hija pequeña. Su “territorio” se ubica en la región de Scania (Suecia)


 

Un logrado diseño es el ensayo vexilológico que se denomina “bandera de Antípodas”, por el que se otorga una bandera a dos naciones o reciones ubicadas en puntos extremos del planeta. En este caso corresponde a Groenlandia/ Antártida. Se dio a conocer en el año 2013 en el siempre interesante blog “The voice of Vexilologý; Flags & Heraldy”. Para su diseño se tomó la actual bandera de Groenlandia y la que fue atribuida al Continente Antártico por Whitney Smith, en 1978:


(Zeljko Heimer / FOTW)

 

        Steven Anderson promueve rediseñar la bandera de Groenlandia con la siguiente creación (https://www.flickr.com/photos/82202517@N00/4419240411):

También vemos la influencia de la  en la enseña de la ficticia “Federación de Africa Oriental”, que posee fuerte impacto visual:


 

La Cruz Nordica “per Semper”:

Con referencia a Groenlandia, la influencia de la cruz de San Olaf, también llamada "nórdica" o "escandinava", posee influencia innegable. Prueba de ello son las siguientes propuestas de las muchas que podemos hallar en Internet:

 

(Fred/FOTW)

Como ejemplo se presenta esta fotografía que correspondería a una de las iniciativas de bandera groenlandesa presentada durante la década de 1970.



En el cantón vemos al oso polar del escudo groenlandés, el paño de subido azul alude al océano que circunda a la isla; fue propuesta por el seudónimo “Doroshands”.



 En Wikipedia puede verse esta otra reelaboración que conjuga los diseños propuestos oportunamente por Achen y Anderson.


Estas enseñas corresponderían a la nación ficticia formada por la unión de Groenlandia e Islandia eedit.com. Ambas fueron tomadas de: https://www.reddit.com/r/vexillology/comments/3ob6bq/october_2015_contest_voting_thread/


Otro ejercicio de diseño también basado en la hipotética integración Islandia con Groenlandia.


El Ursus Maritimus



El oso contenido como atributo central del escudo oficial de Groenlandia nos permite considerar el siguiente diseño que guarda una reminiscencia conceptual con la bandera oficial de esta nación. En i.imgur.com/FuyLceY.png lo se designa como la “bandera del oso nadador”. 

 

            Mucho más lograda es la bandera propuesta para la cibernación “República Federal de Groenlandia”: http://cybernations.wikia.com/wiki/Greenland

Finalmente:
            Presentamos otros diseños propuestos como bandera de Groenlandia, dados a conocer por Marcus Schmöger a partir de su publicación en el peródico Atuagagdliut/ Gronlandsposten: