sábado, 31 de enero de 2026

El color de Nuestra Bandera (Carta abierta)

Volver a mentir

Manuel Belgrano y nuestra Celeste y Blanca

Aprovechando que algunos de su ideología lo reconocen, Mario O’Donnel (a) Pacho, a quien también mencionaré en adelante como O.D., intenta dividirnos a nosotros, los argentinos, apelando a una mentira que reitera. Y lo hace sirviéndose de Nuestra Bandera[1]  cuando afirma que su matiz expresa dos modelos de país, dos ideologías y el sangriento triunfo de uno sobre el otro.

Para referirse a nuestro símbolo hay que partir del documento que acredita su aparición en la Historia, un escrito fehaciente e indubitable, que está en el Archivo General de la Nación.  Todo interesado puede leerlo para tomar conocimiento de cómo fue la primera vez se izó la Bandera Nacional. Es una comunicación oficial, el oficio que dirigió al Gobierno el coronel Manuel Belgrano, desde el poblado de la Capilla de Ntra. Sra. del Rosario. Está hecho por el Prócer, de puño y letra, quien lo suscribió con su firma. El texto es harto conocido: “Siendo preciso enarbolar Bandera, y no teniéndola la mandé hacer blanca y celeste conforme a los colores de la escarapela nacional”. Esto lo escribió el prócer, de puño y letra. De ninguna manera Belgrano escribió que “azul-celeste” ¿por qué O’Donnell insiste en falsear la Historia?

Para más, cuando Belgrano escribió al Gobierno el 18 de julio de 1812 desde Jujuy, explicó su proceder en Rosario con la siguiente expresión, también de su puño y letra: “...la batería se iba a guarnecer, no había bandera, y juzgué que sería la blanca y celeste la que nos distinguiese como la escarapela”. Otra vez usa el “celeste”, sin referirse al azul ni a la escarapela. O’Donnell no puede desconocer esto, miente cuando así lo afirma.

Tampoco tiene presente las instrucciones que el Gobierno dio para que Hipólito Bouchard recorriera el mundo en corso, donde se ordena: “Si se trabase algún combate se tremolará el pabellón de las Provincias Unidas, a saber, blanco en su centro y celeste en sus extremos al largo”.

O.D. y muchos otros insisten en tergiversar estos documentos y mancillar la profunda honestidad intelectual de Belgrano. Su falsa tesis la apoya en una misiva a un sencillo comisario de campaña, la que data de 1840 casi tres décadas después de 1812. Me pregunto ¿si Rosas consideró que en el símbolo de la Nación había un error (sea circunstancial o amañado) ¿Por qué no decretó como debía ser nuestro lábaro? Tenía en su pluma la suma del poder público (legislativo, ejecutivo y judicial), ¡nada la hubiera costado! No lo hizo, seguramente porque con recta intención estaba convencido de que su interés político no alcanzaba para manipular lo hecho por el Prócer.

O’Donnell insiste hacer decir a al Prócer lo que no dijo, cuando escribe: “La descripción de Belgrano indicaba un color azul celeste. Abunda luego en consideraciones sobre la teoría del color, con base en el ensayo de un grupo de investigadores que pretende “descubrir” el color de nuestra Bandera primigenia, analizando muestras textiles que no son de la izada en Rosario. 

En abono de su planteo O.D. menciona otras banderas históricas como las usadas por Artigas, pero olvida significativamente referir otros numerosos lábaros igualmente históricos, como el que llevó San Martín en su campaña libertadora, que son probadamente celestes y blancos. Desconoce además, que la bandera dada a la provincia de Santa Fe por el "patriarca de la Federación", Estanislao López, es desde 1822 roja, blanca y celeste"[2]

Cita también un proyecto de ley del año 2001, que no prosperó por caer en el error conceptual que esgrime y silencia otros que sostienen el uso del celeste. Soslaya que desde 2010 rige el Decreto 1650/10 que firmó la Presidenta que lo designó al frente de una entidad académica. Esta norma preceptúa el exacto matiz con que debe construirse nuestro símbolo. También él pudo promover que su mentora (que contaba con quorum propio en el Congreso) estableciera el color cerúleo que le gusta. No lo hizo, quizás por las mismas causas que tuvo Rosas en su momento.

Se considera que la Heráldica es una disciplina que se identifica con monarcas y señores feudales; afirmación que no comparto en lo personal. Llama la atención que O.D. se constituya como fiel observante de sus reglas y no reconozca que el celeste también existe en los blasones, más allá de todo principio general. Además, su posición desnuda un gravísimo e inexplicable error de conocimiento: a las banderas las estudia y las define la Vexilología, no la Heráldica, que tiene por objeto a los escudos, o sea que aquellas no tienen que seguir las leyes del blasón.

O’Donnell cae en un frecuentísimo error, cuando identifica el “celeste y blanco” como “los colores de la casa de Borbón”, ya que es una verdad basada en documentos y en una sólida tradición que el color de esta dinastía fue el blanco, y que, solo en tiempos de Carlos III, se cambió su bandera naval por la roja y gualda, ya que en alta mar sus navíos se confundían con los armados por el rey francés, del mismo linaje.

O.D. remata sus líneas pontificando: “Es decir que cuando flamea una bandera celeste y blanca se está contradiciendo la voluntad del gran Manuel y se está festejando el sangriento triunfo de la facción centralista sobre sus hermanos federalistas”. 

De esta forma desmiente al mismísimo Prócer y transforma a nuestra Enseña patria en emblema de muerte y opresión. O lo que es similar, que cuando como argentinos ondeamos nuestra venerada Bandera celeste y blanca pisoteamos a los compatriotas que piensan diferente[3].

O’Donnel se reitera en sostener una versión de la Historia que tuerce la verdad surgida de hechos documentados ¡Basta de intentar fragmentar al pueblo argentino con estos trucos, ya tuvimos demasiadas divisiones en nuestro pasado! Siguiendo a Belgrano, bajo nuestra Celeste y blanca, caminemos hacia un futuro de paz, para todos.

Miguel Carrillo Bascary

Post scriptum: Cosme Damián Maciel López Pintado, no era vecino de Rosario, sino de Santa Fe, lugar donde nació el 27 de septiembre de 1784.


[2] Gobernaba esa provincia y fue un aliado de Rosas por coincidir con la organización de Argentina como un estado federal. En alusión a los colores nacionales, la ley que creó la bandera santafesina dice específicamente que tendrá un segmento "celeste".

[3] Olvida también O’Donnell que en tiempos de Rosas en las banderas que llevaban algunos de sus seguidores podía leerse “Federación o muerte”, “Mueran los salvajes unitarios” y cosas parecidas. Pueden verse en varios museos.

domingo, 25 de enero de 2026

La foto explicada 3

Confusión conceptual

Recinto del Concejo Deliberante, ciudad de Quilmes, prov. de Bs. Aires

Por Miguel Carrillo Bascary

A la derecha se observa el mástil donde se iza la Enseña nacional al inicio de la actividad, la que permanece al tope hasta que termina la sesión. En esto se sigue la costumbre inveterada que se registra en los cuerpos parlamentarios argentinos y de muchos otros estados.

Encuadrando el podio donde se ubica la presidencia, acompañada de sus sendos secretarios pueden verse tres banderas de sitio. Las mismas evidencian la representación simbólica del organismo y al pueblo, que eligió a los concejales.

En este punto es necesario señalar que la Constitución argentina consagra un triple estamento gubernamental: el nacional, evidenciado en la foto por la presencia de la Enseña patria, el provincial, que se traduce en la presencia del vexilo de Buenos Aires y el local, corporizado en la bandera de Quilmes. Obviamente, la Constitución marca una jerarquía entre los tres órdenes de gobierno: 1º el nacional, 2º el provincia y 3º el municipal[1] y, por lógica esto debe reflejarse en la posición de las banderas en forma imperativa.

Esto implica que el Concejo deliberante de Quilmes incumple en forma flagrante la precedencia indicada, lo que entraña una menor valoración a la insignia bonaerense.

Más que un detalle anecdótico, el hecho es un apartamiento grave del orden constitucional, incompatible con la imagen institucional del cuerpo deliberativo.

Se constata así una muy poco profesional disposición de los vexilos que debería enmendarse a la brevedad posible.

Noticia sobre la bandera de Bs. Aires

La provincia definió su diseño por medio de un concurso entre escolares.  Se oficializó por ley, en 1997. El verde representa la pujanza de los campos de la Provincia. El azul sus ríos, el Mar Argentino que baña sus costas y el cielo que la cubre. La línea roja, al federalismo y al horizonte. El amarillo, alude la fecundidad de la producción. Carga una compleja figura central compuesta por una media rueda dentada (alegoría de la industria), un Sol naciente (la gloria de la provincia) y un girasol (la producción agraria).

Referencias sobre la bandera de Quilmes

Su paño se divide en dos: el celeste del río Quilmes y el azul del cielo que cubre al partido. La letra “Q”, inicial de su nominación, asimilada a un Sol, que representa el futuro y el progreso. A la derecha del centro, la representación del rostro de un indio quilmes, primeros habitantes del municipio, y la silueta de la corbeta “25 de Mayo”, nave insignia del Almirante Guillermo Brown, que conmemora sus victorias en los combates de Quilmes (30 de julio de 1826) y de Punta de Quilmes (24 de febrero de 1827), alcanzadas sobre la escuadra naval del Brasil. El diseño resultó de un concurso entre unos 80.500 escolares del distrito. Se oficializó por ordenanza en el año 2014.


[1] Por tradición y por disposición de la constitución provincial, los municipios bonaerenses se denominan partidos.

jueves, 22 de enero de 2026

Excelente actitud de nuestro embajador

Ian Sielecki: las lecciones de un ejemplo

Embajador Ian Sielecki

Por Miguel Carrillo Bascary

Como argentino estoy orgulloso del gesto de nuestro embajador ante Francia, Ian Sielecki, en ocasión de dirigirse a la Comisión de Relaciones Exteriores de la Asamblea Nacional de ese país, quien pidió se rectificara un mapa desplegado que mostraba a las Islas Malvinas como dominio del Reino Unido. Creo que mi sentimiento es compartido por los más de 46.000.000 de connacionales. Así lo testimonia la intensa repercusión en las redes.

El mundo conoce el conflicto generado el 3 de enero de 1833 por la ilegítima ocupación británica de ese archipiélago, que derivó en la guerra de 1982. No me extenderé al respecto.

El ejemplo

Para aquellos que no hayan tenido oportunidad de conocer el hecho, copio en negrita sus palabras, para esto me permito trascribir lo sustancial, tal como resulta del portal INFOBAE[1]:

“Al iniciar a dar sus palabras, Sielecki remarcó un error sobre el mapa que tenía a su espalda, donde casualmente estaba sobre el territorio argentino. “Lamentablemente debo señalarle un pequeño inconveniente, Señor Presidente, que en realidad es un gran problema para mi país”, señaló en el inicio de su discurso.  

Acabo de notar que estoy sentado frente a un mapa que muestra a las Islas Malvinas, como si fueran parte del Reino Unido. Esto supone un gran problema en distintos niveles, incluso jurídicos, porque no puedo, como representante del Estado argentino, hablar libremente ante ese mapa”, apuntó.

Y continuó: “Sería como legitimar una situación que constituye una vulneración, una agresión a la soberanía de mi país, a la dignidad misma de la Nación Argentina y, sobre todo, una violación flagrante del derecho internacional” (…) “No sé si existe alguna forma de cubrir ese mapa durante mi intervención, de alguna manera, pidió antes de continuar con su palabra (…) A su demanda, esa parte del mapa fue ocultada con una nota adhesiva amarilla, lo que permitió el comienzo de la audición consagrada a su país”. 

Un auxiliar proceda a tapar la inoportuna leyenda

Mi propósito por destacar que la firme posición de Sielecki muestra hasta qué punto y de qué manera deben comportarse los funcionarios argentinos y también todos los compatriotas que enfrenten una situación similar.

No me refiero en caso de un evento cumplido ante un alto foro político como la Assemblée Nationale, sino en cualquier otra situación similar donde se afecte la identidad nacional o los derechos de nuestro país. Me refiero a: congresos, presentaciones, ferias y exposiciones internacionales, recepciones, eventos culturales, deportivos, artísticos y similares. En fin, en toda circunstancia.

La actitud del joven embajador sobresale porque lo hizo sin estridencias, sin escándalos, pero con toda firmeza y hasta con valentía, hasta el punto de condicionar su presencia y participación mientras no se superara la causa motivante. No hubo sobreactuación que pudiera calificarse de chauvinista.

En lo particular, atendiendo a la temática de este Blog, corresponderá imitar a Sielecki:

- cuando nuestra Bandera nacional se presente públicamente con un diseño apartado de lo que dispone la normativa (Decreto Nº1.650/ 2010) o en condiciones inadecuadas y, por sobre todo, 

- cuando no se guarde el orden de precedencia que marca el protocolo internacional de los vexilos.

Con verdadera vergüenza recuerdo ocasiones en que algunos/as altos funcionarios nacionales, pertenecientes a otras gestiones, pasaron por alto la postergación de nuestro más antiguo símbolo nacional, admitiendo tácitamente que fuera postergado por las banderas de otros estados.

Las lecciones

Más allá de las ya relatadas palabras del embajador argentino hay otras circunstancias que permite capitalizar el acontecimiento. Las puntualizará porque resultan de muy especial interés para los profesionales del Ceremonial, las Relaciones Públicas y la Organización de Eventos.

Sielecki lo hizo antes de comenzar su exposición, condicionando su participación a que se remediara la observación. Tuvo la sutileza de advertir el "detalle", una atenta actitud. 

Propuso una forma superadora, cuando sugirió que se cubriera la leyenda del caso. Con gran razonabilidad planteó que fuera “durante su intervención”, para no avanzar desmedidamente sobre la organización. Sus dichos fueron un verdadero “puente de plata” que dio pie para superar el conflicto planteado.

Esto permitió que la autoridad anfitriona, dispusiera intervenir con altura diplomática mandando cubrir circunstancialmente la cuestionable leyenda. Esto también debe remarcarse, la noblesse oblige.

¿Qué hubiera pasado si no hubiera ocurrido?

La respuesta es clarísima, el embajador se habría retirado, lo que hubiera cubierto de escarnio al anfitrión,  generando un incidente diplomático no desdeñable que habría dejado muy mal parada a la Asamblea Nacional de Francia, no solo ante el Estado argentino, también ante el resto de la comunidad internacional. En suma, habría sido un gesto de flagrante descortesía.

En síntesis

- La conducta de Ian Sielecki deja muchas enseñanzas y también la que adoptó la Asamblea Nacional de Francia, cuando supo aceptar la observación planteada. 

- Bien haremos los bienintencionados al capitalizar la experiencia.

Adenda: Sielecki  hizo honor a la representación oficial que le confió el Presidente de la Nación cuando pidió acuerdo político para designarlo. Me permito recomendar escuchar su exposición cuando defendió su nominación ante la Comisión de Acuerdos del Senado, el 21 de marzo del año 2024, son solo nueve minutos: https://www.youtube.com/watch?v=dy_i8LbKKoo.               Vale la pena.

miércoles, 21 de enero de 2026

¿Un extranjero puede arriar la Bandera Argentina?

Respuesta a una reiterada preocupación

Por Miguel Carrillo Bascary

Esta nota intentará responder la pregunta del título. Con esto cumpliré con lo pedido por varios seguidores de este Blog. También abordaré otras cuestiones conexas.

Dimensión normativa

a) A nivel nacional

La legislación internacional y el derecho consuetudinario conceptúan que la bandera representa al pueblo de una Nación y al gobierno que surge de él, con lo que el vexilo es imagen de soberanía.

En la normativa argentina no hay ninguna prohibición para que un extranjero ice o arríe la Bandera Oficial de la Nación. Tampoco se le prohíbe portar su versión de ceremonia. Este silencio puede generar cierta incomodidad en algunas personas particularmente susceptibles.

Para resolver el interrogante del título, no es necesario rebuscar en la legislación que vale una u otra opción. Sin dudar, basta tener presente una disposición de nuestra Constitución, que está contenida en la última parte su Artículo 19:

“… Ningún habitante de la Nación será obligado a hacer lo que no manda la ley, ni privado de lo que ella no prohíbe”.

La cita expresa un aspecto básico de lo que se conoce como “principio de legalidad”, elemento esencial del Estado de Derecho que rige en los estados democráticos a nivel universal. Disposiciones de similar tenor obran en sus respectivas constituciones. Para más, infinidad de tratados de derecho internacional contienen enunciados idénticos. También vemos este precepto en las constituciones de las provincias argentinas[1].

En consecuencia, la respuesta a la pregunta del título es absolutamente positiva, con lo que cualquier extranjero puede proceder al arrío ceremonial de la Bandera nacional argentina, ya sea en nuestro territorio como fuera de él. También podrá izarla y aún, portar su versión de ceremonia en calidad de abanderado.

A nivel nacional no hay ninguna norma que regule de manera general el punto de nuestro particular interés. Desde que se reformó el sistema educativo nacional la materia fue implícitamente delegada a las provincias y a la Ciudad Autónoma de Bs. Aires (CABA), por lo que resulta pertinente analizar este nivel.

b) El principio aplicado en provincias

La legislación de provincias  que se refiere específicamente al ceremonial de la Bandera, es concordante, como ejemplo puede citarse la  Ley de la provincia de Bs. Aires Nº14.438[2], que se transcribe:

Artículo 8 […]  h) Ninguna persona puede ser discriminada o privada del honor de ser abanderados, escoltas o responsables del izamiento, conducción o arriada de la Bandera Nacional por razones de nacionalidad, de origen, religión, raza, características físicas o condición social”.

El precepto es absolutamente claro. La expresión “ninguna persona” no da lugar a opción, de manera que la condición de extranjero no entraña limitación alguna para izar, arriar o portar la Bandera Nacional. Tampoco para escoltarla[3]. 

Observaciones históricas

Como ya se dijo, a nivel planetario, es una verdad fuera de toda duda, que en las banderas de un país se corporiza al pueblo y a su estado, respectivamente. Su bandera es símbolo de soberanía y donde flamee indica la posesión del espacio (excepto cuando lo haga en carácter de vexilo visitante).

El drama de la guerra pone en crisis las soberanías de los beligerantes. Eventualmente, cuando las fuerzas de un estado avasallan a otro, se arría la bandera de este último y se reemplaza por la del vencedor.

Por analogía, se entiende como un agravio abatir su bandera y para izar otra. Esta ofensa se extiende a toda la nación del primero, aunque la acción no ocurra en un marco bélico.

Lo expuesto da lugar a ceremonias específicas que corresponde mencionar para ejemplo:

- Cuando en la antigüedad, el representante de un estado llegaba a una tierra determinada, solía plantar bandera y reclamarla como propiedad de su monarca, aunque existieran poblaciones nativas, ignorantes del significado de la ceremonia o inermes ante el poder del invasor.

- En caso de guerra, cuando un ejército conquista una posición enemiga, coloca su bandera, como señal de triunfo y desde entonces comienzan a regir ahí las leyes del victorioso por parte de la autoridad de ocupación.

- Si en virtud de una convención internacional un determinado territorio, pasa a depender de otro estado, se arría la enseña del primero para izar la del segundo.

- Al contrario, cuando un territorio obtiene su independencia, la autoridad de la potencia colonial, arría su bandera y en su lugar se iza la del novel estado.

La costumbre internacional

Además de las normas, los usos y costumbres son fuente de Derecho, tanto a nivel local como internacional[4]. En lo que se reflejan los principios comentados

No puedo aseverar que en alguna nación extranjera quizás exista una disposición que expresamente prohíba que un extranjero arríe, porte o ice una bandera soberana. En su caso agradeceré que se me informe para estudiar la coyuntura. Mientras tanto me atendré a lo consignado en este breve panorama.

Sin embargo …

Al menos en Argentina hay cierta prevención sobre la participación de extranjeros en los manejos de su Bandera. Esto llega a tal punto que existe una tesis que niega a un extranjero que arríe, ice o porte la Bandera Nacional. Este entendimiento tiene un origen incomprobable, pero a todas luces es contrario a la normativa vigente e implica una injusta discriminación, con lo que cualquier prohibición es decididamente inconstitucional.

Lo curioso es que  la idea de que un extranjero jamás, en ninguna circunstancia y bajo ninguna causa, puede arriar la Bandera nacional está muy generalizada. Empero, se admite que pueda izarla. Estas apreciaciones conforman una suerte de leyenda urbana, sin ninguna base normativa, tal como quedó explicado.

Por eso, algunas personas dotadas de una sensibilidad emotiva muy especial, con toda buena fe, no ven con buenos ojos que un extranjero arríe nuestra Enseña patria. Nada puede objetarse sobre sus íntimos sentimientos, pero no cuentan con razón válida. 

En definitiva, los responsables del armado de un dispositivo de Ceremonial deben estar muy atentos para no hacerse eco de tan capciosa idea y, por sobre todo, no deben transigir a ninguna pretensión en contrario del recto principio.

Nota. En una próxima oportunidad me referiré específicamente a la portación de la Bandera argentina de ceremonia por parte de un extranjero.


[1] La República Argentina es un estado federal formado por provincias y una ciudad autónoma, Bs. Aires. Todas ellas dictan sus constituciones enmarcadas en lo que dispone la nacional (Art. º5 C.N.)

[3] Las pautas del Ceremonial argentino determinan dos escoltas para su bandera de ceremonia.

[4] En el caso de Argentina esto consta en el art. 1º del Código Civil. Ocurre algo similar en los otros estados que adscriben al sistema llamado “continental”, mientras que en los que organizan su sistema jurídico en base al common law, la vigencia de las pautas consuetudinarias tienen un valor superlativo de por sí.

viernes, 16 de enero de 2026

Banderas como armas ideológicas y herramientas sector

Normativa y realidad social en los ámbitos internacional y argentino

Posición ideal en un dispositivo ceremonial, en Argentina
Banderas de estados soberanos: en el extremo derecho, Argentina, a su izquierda: Francia, 
En mástil desplazado: posición de otros vexilos que no representa soberanías,
en el caso se muestra una de las banderas de la Paz

Por Miguel Carrillo Bascary

Con la humildad que entrañan sus paños, las banderas también son parte de los conflictos que afligen a nuestra realidad. Ellas tienen funciones pasivas y dinámicas. Su ondear cuenta con el potencial de exacerbar pasiones, encuadrar demandas y expresar sentimientos de todo tipo. En el contexto apropiado catalizan tensiones, alumbran esperanzas y, con su presencia, tanto marcan el protagonismo de las masas como la decisión de un líder.

La era de la comunicación que nos define multiplica el protagonismo sociológico de las banderas. En sus manifestaciones más recientes se observa una tendencia marcada que parece haberse desarrollado en Europa y que se difunde a nivel planetario.

Parte de un afán por “visibilizar” todo tipo de demandas. Algunas son muy justas y razonables, otras tantas cuestionables y también hay muchas francamente inaceptables por sus caracteres agresivos o antidemocráticos. Si a esto se suma un amplio abanico de ideologías, de ismos y la actuación de vociferantes minorías de todo tipo, se precipita un caos de intereses manifestados en las banderas.

En virtud de las redes y de la televisión, en focar con la cámara un espacio determinado o una multitud en los que se advierten banderas proyecta su significado a millones de observadores de todo el planeta, con lo que el significado de estos vexilos en correlato que muestra la imagen tiene un impacto innegable, absolutamente evidente.

Para más, el evento trasciende a la dimensión del presente y queda literalmente “en la nube”, como innegable testimonio para quien sepa buscarlo o para quien se lo encuentre en un inocente navegar, aunque hayan pasado décadas.

En la consideración de los unos y los otros, los paños se suman, se izan, se denigran, se presentan, se cancelan, se reivindican, se inventan y se restablecen. También predican, acusan, muestran, celebran y condenan, en un ritmo cacofónico de pasiones, intereses, ingenuidades y loables propósitos, plasmando en una suerte de arco iris de vexilos.

En ciertos estados el fenómeno alcanza rangos críticos[1], en otros campea la indiferencia, y en muchos más esta pluralidad rechaza, entusiasma, compromete y hasta escandaliza.

A priori, pareciera que hay una extendida anomia pero, con un poco de formación específica y algo de profesionalismo, se puede observar que existen normas que regulan el Ceremonial de las banderas, aunque las realidades sean muy diversas. Obvio que estas pautas no se aplican a las manifestaciones sociales espontáneas, pero en los ámbitos gubernamentales, corporativos y educacionales, la normativa existe. Podrá ser rígida, laxa, indiferente, tolerante o amistosa, elemental o muy elaborada, pero de ella dimana el mandato a los órganos de control de hacerla aplicar. Hay para todos los gustos, conforme a las tradiciones de cada país y de cada nación.

No abundaré más, entiendo que el lector conoce de lo que escribo, lo que me ahorra fatigarlo con más lectura de encuadre.

Veamos el caso argentino

Esa suerte de guerra de guerrillas que se libra en el ceremonial de las banderas también se manifiesta en mi país. Se libra, en menor o en mayor medida, según las peculiaridades culturales de cada región de su extenso territorio.

El marco normativo general en Argentina es mínimamente suficiente, pero sus muchos silencios y la complejidad que implica su forma federal de estado, contribuye a una extendida confusión que reviste cierto carácter anarquico alimentado por el desconocimiento de muchos de quienes tienen responsabilidad en la materia. 

Por caso, la temática hace décadas que desapareció de la mayoría de las currículas destinadas a quienes se forman como docentes. ocurre, también que a muchos funcionarios les “molesta” el más sencillo protocolo. Ultimamente, en el afán de “reducir el aparato estatal” se eliminan las oficinas de Ceremonial o se las esteriliza incluyéndolas en las que se ocupan de las “Relaciones Públicas”. El resulta es lógico: la improvisación reina, mejor dicho, impera, con lo que la imagen institucional del funcionario o de la institución caen, estrepitosamente. Por lógica también se afecta la cohesión social y la identidad general.

Volvamos a la dimensión normativa. Destacaba que la República Argentina es una federación, lo que implica que existe un gobierno nacional y veintitrés de provincias (que gozan de un amplio margen de autonomía), a esto se agrega el que corresponde a la ciudad de Bs. Aires, también autónoma. Entre tantas unidades políticas debe coordinarse el sistema de Ceremonial. Parece demasiado ¿no?

La legislación sobre los símbolos nacionales, es en principio de competencia nacional. Sin embargo, como en este nivel falta una norma sistémica, suficientemente desarrollada, aparecen numerosos vacíos y también disposiciones ya anacrónicas. Los gobiernos locales intentan llenarlos con leyes, decretos y resoluciones propios, lo que complica grandemente la situación. Incluso, hay veces en que inadvertidamente se usurpan funciones nacionales, con lo que se hace factible que surjan disposiciones contradictorias.

Reitero, falta en Argentina una norma sistémica sobre el ceremonial de los símbolos nacionales, la que debería abarcar la mayor cantidad posible de situaciones. En ella tendría que articularse en forma coherente lo atinente a los emblemas de cada una de sus ¡veinticuatro jurisdicciones! A esto se agrega que, por razones de índole política, no faltan gobiernos locales reacios a cooperar, aun cuando sea en una materia tan aséptica como los símbolos nacionales, donde debería imperar un desinteresado y pacífico consenso.

De izamientos y exhibiciones

Después de un período histórico que se caracterizó por continuas crisis de institucionalidad, Argentina retomó su constitucionalidad a fines del año 1983. Se dio entonces un reverdecer del federalismo, que venía diluyéndose por políticas centralistas desde fines del siglo XIX.

Desde el año 1985[2] las provincias comenzaron a darse banderas, como una forma de reivindicar sus identidades. Cuando erminó de completarse el proceso[3], se observó que la forma en que estos símbolos son percibidos por sus pueblos no es unívoca. Hay algunas provincias donde sus enseñas particulares tienen amplia vigencia, en otras se observa un decidido esfuerzo por lograr que arraiguen en los usos sociales, con suerte dispar, y en algunas, la indiferencia de sus habitantes es patente.

Paralelamente se asiste a un fenómeno similar a nivel de ciudades y comunas. Son literalmente cientos las que han resuelto darse banderas, particularmente en la última década; tendencia que sigue en aumento[4], mientras que en otras apenas tiene relevancia[5].

Al respecto, en la Ciudad de Bs. Aires y su conurbano, en las zonas urbanas de Santa Fe, Mendoza, Córdoba, y en otros lugares puntuales reina un sentimiento cosmopolita que minimiza el rol de las enseñas locales. En el resto del país, el respeto por los símbolos y por su ceremonial es mucho más acentuado, aunque multiforme. En esta dimensión pueden señalarse algunos fenómenos particulares, lo que paso a señalar.

En el Noroeste, con ramificaciones varios otros sectores del país, se observa la penetración de la wiphala en el marco de reivindicaciones de los pueblos originarios. Esto se repite en el Oeste patagónico, con eje en la wenufoye mapuche y otros vexilos similares.

Mientras que en diversas regiones los movimientos cooperativistas, ecologistas y los vinculados con la paz, con un destacado activismo se corporizan en sus vexilos.

La Iglesia Católica, a partir del gran número de establecimientos educativos de su dependencia torna tradicional el empleo de la denominada "enseña papal"[6].

Existe también una activa tendencia que se expone con los muy diversos vexilos “del orgullo[7]” Además, quienes se reconocen como herederos de las tradiciones de la inmigración, hacen amplio uso de las banderas de sus abuelos. A esto se suma la costumbre de que las escuelas con nombres de países amigos incorporen sus respectivos pabellones en actos y ceremonias.

Tampoco falta ocasiones, donde las instituciones civiles (clubes deportivos, entidades de servicio, asociaciones, etc.) consideran pertinente izar o presentar sus emblemas.

No olvidemos que, en el 2015 se reconoció con toda justicia, a la “Bandera Nacional de la Libertad Civil, con el carácter de “símbolo patrio histórico”, cuyo empleo es facultativo, pero que por su propia naturaleza su empleo se extiende, cada vez en mayor medida.

Des todo esto deriva una verdadera inflación vexilológica, que banaliza la trascendencia implicada en los símbolos, hasta el punto de que algunas de sus manifestaciones lleguen al absurdo[8].

Afortunadamente hay un sentimiento pleno, entusiasta y generalizado en todos los estamentos populares y a nivel gubernamental que destaca la identificación con la Bandera Oficial de la Nación “la celeste y blanca”. Posiblemente su afloramiento más notorio se dio durante los festejos por la consagración del seleccionado argentino como campeón mundial de futbol, donde toda la geografía argentina se cubrió espontáneamente con sus colores.

En este análisis no puede soslayarse un factor económico que condiciona la forma en que se muestran las banderas, particularmente en los espacios públicos y en los establecimientos gubernamentales, entre los que se incluye a los dedicados a la educación. Me refiero a la disposición de mástiles.

Ocurre que en la generalidad de estos ámbitos hay un solo palo, que resulta escaso ante el extendido uso de las banderas Nacional, provincial y la que corresponde a la ciudad o comuna; a la que eventualmente se sumaría la “Bandera Nacional de la Libertad Civil”. También existe una lógica expectativa de los sectores interesados para que en determinadas situaciones se muestren los vexilos a los que me refería anteriormente. En algunos casos, la presión en tal sentido pone en compromiso a las autoridades. De esto resulta que hay pluralidad de banderas para una muy escasa cantidad de mástiles y se llega a lo dramático cuando solo hay uno. Queda planteado el dilema.

Acá es donde anidan potenciales entuertos, fácilmente perceptibles aun entre observadores no especializados. Las pautas del Ceremonial nacional reservan ese único mástil a la Enseña patria, a la que eventualmente se pueden adicionar, la provincial y la municipal (véase la imagen que abre esta nota). Jamás debe admitirse que se sumen aquellas que no tengan carácter oficial. Si a esto se suma que no hay una educación de nivel adecuado en materia del Protocolo vexilológico, se obtiene una potencial “tormenta perfecta”, que en no pocos casos aflora en tensiones y conflictos. Algunos son de gravedad, hasta el punto que las redes informan periódicamente sobre hechos violentos.

En este punto concreto, el aumento del número de mástiles, es un factor superador, pero muchas veces no es factible por no adecuarse a la arquitectura del lugar, aunque razones de costo pueden diferir la provisión. Aún así el conocimiento del sistema de precedencias resulta indispensable.

Sería principio de solución, reitero, dictar una normativa nacional clara, suficientemente amplia y detallada, lo que hasta ahora permanecería fuera de la atención de los legisladores.

En este punto se hace necesario recordar que el Instituto Nacional Belgraniano, entidad gubernamental dotada de autonomía académica, tuvo entre sus competencias asesorar al ámbito gubernamental y aún a los particulares en todo lo referido a los símbolos patrios y su ceremonial[9]. En este marco preparó un ambicioso proyecto de ley que sistematizaba esta temática. La labor de preparación fue ímproba y comprometió el aporte de un núcleo de expertos de alto nivel. Una vez presentado a consideración de ambas cámaras del Congreso Nacional era de esperar un rápido tratamiento, así lo hacía esperar su perfil técnico y lo pacífico de su materia. Lamentablemente no ocurrió, el proyecto nunca fue tratado en las comisiones a las que se derivó para estudio y con el correr del tiempo la iniciativa caducó.

A comienzos del año 2025, el Instituto fue iníqcuamente disuelto por decreto del Gobierno nacional en el marco de lo que se conoce como “achicamiento del Estado”. Esto determinó que quienes se venían desempeñando en el mismo, en forma totalmente ad honorem resolvieran formar una nueva entidad, el Instituto Belgraniano de la República Argentina, ya de carácter privado, cuya personería jurídica acaba de ser concedida, como manera de dar continuidad a su alto cometido. Entre sus cometidos, seguramente estará insistir en esta gestión.

Hago constar que ante el Congreso se registran otros proyectos de similar tenor al expuesto, de muy variados orígenes, pero todos son de menor desarrollo al previamente referenciado.

Responsables y responsabilidades

Si se observa la actuación del Congreso Nacional en los últimos años se verificará que su labor es cuantitativamente muy escasa y, por lo general, limitada a temas de alto interés político. En este marco las regulaciones dictadas sobre aspectos vinculados a la identidad nacional han sido ínfimas. Algo inexplicable, por cuanto la temática no debería plantear disyuntivas, por más acérrimas que sean las pujas parlamentarias.

Claro que existe una excepción, cuando por el Congreso Nacional, con la unanimidad en ambas cámaras sancionó la Ley Nº27.134[10] que en 1995 reconoció como símbolo patrio histórico a la “Bandera Nacional de la Libertad Civil” que el general Manuel Belgrano entregó al pueblo jujeño como testimonio de su desempeño en las batallas de Tucumán, de Salta y en el Éxodo de 1812.

El Lic. Manuel Belgrano entrega un ejemplar del vexilo al 
presidente de la Corte Suprema de Justicia, Dr. Horacio Rosati

El más inexperto de los analistas políticos podría responder al interrogante que inquiere las razones de tal omisión de tratamiento, explicando que ninguna bancada quiere apoyar y/o promover el trámite de iniciativas de leyes vinculadas al sentir nacional que hayan tenido origen en otra. Con total miopía de miras parecen creer que, ante la opinión publica, los impulsores de la iniciativa “son más argentinos” que ellos. Es una cruda realidad. 

En esta dimensión de celos y afán de protagonismo, la lógica sería que los eventuales proyectos fueran presentados y sostenidos por un conjunto de legislares de diversos bloques entre los que, sería ideal, que se encontraran sus más notorios exponentes.

Como argentinos tenemos que asumir nuestras propias responsabilidades, las personales, las sectoriales y las comunes que plantean tan amarga realidad. Lo peor es que al llegar las Fiestas Patrias, en las conmemoraciones históricas y cuando surgen ciertos acontecimientos sensibles, nuestra dirigencia se desgarra las vestiduras y peroran sobre: “argentinidad”, “soberanía”, “identidad nacional”, “conciencia social” y tantos otros términos, que a los oídos del pueblo suenan grandilocuentes y vacíos.

Es muy doloroso decirlo, pero si se mira la historia argentina, la realidad referenciada plantea que ningún sector político, económico o social está libre de estos pecados. Parafraseando al evangelista San Juan[11], ninguno actor político tiene legitimidad moral para “tirar la primera piedra”. Escrito esto, corresponde proceder al respecto.

Corresponde que las iniciativas fueran multilaterales, para coincidir en los grandes objetivos y proceder coordinadamente, sin mezquindades, con un decidido accionar, articulado con eficacia y eficiencia.

La situación en otros sistemas

La problemática expuesta con relación a la Argentina es básicamente común a otros estados federales[12]. Algunos cuentan con regulaciones orgánicas que aventan muchos cuestionamientos, otros no.

En cambio, en la mayoría de los países del mundo, que cuentan con formas estatales unitarias[13], la cuestión es infinitamente más sencilla. Solo basta que el parlamento de cada uno, en conjunto con los ejecutivos, dicte una norma marco a la que indefectiblemente deben ajustarse los estados subnacionales y las fuerzas de la civilidad.

Concluyendo

- Se hace evidente que la llave de este verdadero galimatías está en la voluntad política gubernamental que, lleve a que Argentina dicte una norma sistémica, la base de todo accionar futuro, con particular involucramiento de la docencia, de los ceremonialistas, organizadores de eventos y de los comunicadores.

- En el ínterin la proliferación de banderas que acompañan a la Nacional continuará como potencial punto de conflictos dando lugar a verdaderas acciones de güerillas en pos de ocupar los mástiles.


Notas:

[1] Uno de ellos se refleja en estados Unidos con el uso de las llamadas “banderas confederadas”. Otro tanto ocurre en España, con numerosísimas expresiones, particularmente la Ikurriña, la Senyera, la LGBT+ y otras. También en aquellos estados donde hay minorías postergadas. Como ejemplos, alcanza.

[2] Esa suerte de guerra de guerrillas que se libra en el ceremonial de las banderas también se manifiesta en Argentina, en menor o en mayor medida, según las peculiaridades culturales de cada región. La adopción de banderas provinciales empezó en 1985, cuando Santiago del Estero estableció la propia.

[3] Ocurrió en el año 2014, cuando Córdoba definió su lábaro particular.

[4] Cito los casos de: Córdoba, Santa Fe, Misiones y Bs. Aires, principalmente.

[5] Tucumán, Jujuy y Formosa.

[6] Véase en este Blog una serie de siete notas sobre la enseña pontificia; http://banderasargentinas.blogspot.com/2022/10/bandera-papal-de-la-santa-sede-o-del.html

[7] En lo personal registro unos 120 vexilos que encuadran bajo esta deenominación.

[8] Tengo presente la oportunidad en que un director de escuela de una alejada zona norteña me consultó muy preocupado. En un acto debía presentar cuatro banderas, con sus respectivos abanderados y escoltas y en su establecimiento ¡solo había quince alumnos!

[9] Decreto Nº1.435/ 1992; https://servicios.infoleg.gob.ar/infolegInternet/anexos/5000-9999/9846/norma.htm

[11] Juan, 8,1-11. Jesús y la mujer adúltera.

[12] Entre ellos, además de Argentina, pueden citarse: Estados Unidos, Canadá, México, Brasil, Alemania, Austria, Suiza, India, Australia, Bélgica, Malasia y Rusia. También seria Venezuela, pero el totalitarismo que a la fecha la aherroja impide sumarla al grupo.

[13] Cabe apuntar que algunos estados desentralizan el poder sobre una base territorial pero bajo el sistema de regiones. También en ellos se recrea el potencial de conflictos que se apunta para los de estructura federal. Los casos más significativos en donde se observa inestabilidades expresadas en materia vexilológica son los de España e Italia.