Ejemplo de preservación y moraleja
Por Miguel Carrillo Bascary
Una inesperada y virulenta polémica concitó una decisión que debió
haberse tomado hace muchos años, demasiados. La inacción solo puede entenderse desde la miopía de las ideologías que
parecieran tornar en noche lo que debería brillar a la luz del día.
Todo gira en derredor de
una bandera histórica que, como todo
elemento patrimonial, debió ser preservada como testimonio para las futuras
generaciones de argentinos. Los colores celeste y blanco, no pueden ser
patrimonio de ningún sector, pertenecen al pueblo argentino en su conjunto.
Ningún hijo debería intentar apropiarse del sentimiento que inspira la madre
común, la Patria, simbolizada en su bandera.
Una mirada hacia atrás
Nos recuerda la crónica
que el 28 de septiembre de 1966 un
grupo de dieciocho argentinos izó ese paño en un improvisado mástil en las Islas Malvinas, ahí permaneció
flameando unas veintiséis horas, como signo visible de los derechos argentinos
a ese querido pedazo de suelo. Ante ella los activistas cantaron el Himno
nacional en la mañana del día 29, antes de entregarse a las autoridades
británicas que los rodeaban. Quienes así procedieron buscaron llamar la atención del mundo sobre la
injusta ocupación británica, justamente en momentos en que el consorte de su
reina estaba en el país participando en un torneo de polo.
La acción fue ejecutada
por militantes de tendencia ultranacionalista, en lo que se conoció como el “Operativo Cóndor”. Con los años esa
bandera, junto con otras que compartieron su suerte, fueron puestas en valor como
referencia visible de aquel evento reivindicador. Inicialmente las recibió el
gobernador de Ta. del Fuego, circunstancialmente presente en el vuelo desviado
por los complotados, luego permanecieron como elementos de prueba, a
disposición del juez federal de Ushuaia en donde se los procesó. En su
sentencia el magistrado se pronunció sobre el destino de los vexilos en los siguientes términos[1]:
“Cualquiera fuera la opinión personal del infrascripto
escapa a sus funciones el disponer sobre el destino solicitado. No pretendamos
anticiparnos al juicio de la historia. Dejemos a la posteridad lo que es de la
posteridad. Solo el tiempo que acalla las pasiones y afina las perspectivas es
el capaz de dar su fallo sereno e imparcial”.
Así fue, con el devenir de
los años las siete banderas adquirieron
un significado particular que justifica que sean debidamente preservadas.
A fines del 2012 la periodista
María Cristina Verrier, una de las promotoras del Operativo, se entrevistó con
la entonces presidente de la Nación y le entregó
las piezas que tenía en su poder, lo que se dio a conocer durante un acto cumplido
el 24 de agosto de ese año con el que se quiso reivindicar al gaucho Antonio
Rivero[2]
Fue durante el gobierno de Cristina Fernández, cuando la pieza más significativa,
la que se colocó en el improvisado mástil de hierro en cercanías de la pista
del hipódromo malvinense, se instaló en la
“Casa Rosada”, precisamente en uno de sus patios interiores, consagrado a
memorar a las Islas. Ahí en una ceremonia oficial que fue ampliamente
documentada, la entonces presidente de la Nación inauguró su emplazamiento, una gran vitrina, donde la enseña se
exhibió desplegada en vertical, detrás de un grueso cristal. Era el 2 de abril
del año 2014[3],
y desde entonces quienes transitaban por el sector pudieron verla en esa
ubicación[4].
¿Cómo son las banderas?
Sus medidas originales
indicaban un largo de 2,50 por 1,50 metros, aproximadamente. Las siete fueron confeccionadas
por la madre de María Cristina Verrier. Ninguna
tenía el Sol en su centro, esto indicaba que eran de uso civil, tal como lo mandaba la legislación por entonces vigente,
ya que las que portaban el astro se reservaban como insignias oficiales.
El biógrafo de estas enseñas, referencia al número con sus
connotaciones bíblicas, atento a que varios protagonistas del Operativo eran
católicos y devotos de Ntra. Señora de Itatí[5].
Un juicio técnico
No son pocas las banderas que testifican la historia
nacional que se conservan en los muesos, iglesias y otros lugares
significativos. La gran mayoría se referencian con la guerra por nuestra
independencia, otras con las luchas intestinas, algunas menos testimonian
acciones que se inscriben en posteriores momentos del pasado nacional. También las
hay que constituyen trofeos tomados a
tropas enemigas. Lamentablemente las deficientes
condiciones con que se conservaron por décadas han hecho mella en la
integridad de casi todas, muchas hay que se han desintegrado por acción del
tiempo y las malas condiciones de su archivo, otras tantas permanecen en estado crítico hasta el punto de su
inminente destrucción.
En un primer momento estas
banderas se exhibieron colgadas o enrolladas a sus astas. Quizás las más valiosas intentaron ser preservadas
encerrándolas en vitrinas, a la manera de los cuadros, de esta forma se
exhibieron indiscriminadamente. Doloroso es afirmar que así se mantienen,
huérfanas del cuidado necesario, sin que ninguna gestión en pro de su conservación
haya tenido eco en los últimos gobiernos.
Empero, es justo
reconocer que algunas[6]
han podido ser intervenidas en los
últimos años, revirtiendo las condiciones de su guarda y estabilizando los
daños.
Lo cierto es que cada una es un girón de nuestra historia,
bajo sus pliegues hubo argentinos que combatieron y cayeron muertos o heridos.
Otras fueron llevadas en triunfo y aclamadas a su paso. Todas merecen
conservarse.
Quienes nos dedicamos a la
Vexilología hemos sido instruidos por los especialistas en la conservación de
textiles sobre cuál es la forma en que
deben conservarse como piezas testimoniales del pasado argentino.
De más está decir que, aún
el más noble de los textiles está expuesto dramáticamente a la acción de distintos
factores que los van degradando con
cada día que pasa. La luz solar, los cambios de temperatura, particularmente
aquellos que implican una amplitud térmica significativa, la acción de
microrganismos e insectos, la polución de sus detritos, la proliferación de
hongos, los procesos químicos que se dan entre las fibras, todo conspira contra
su integridad.
La acción mecánica sobre el entramado también es otra condición muy
negativa para los textiles, particularmente cuando se los exhibe en vertical ya
que su propio peso tracciona por
efecto de la gravedad.
Señalado lo expuesto, cabe
recordar los consejos destinados a
minimizar tan negativas circunstancias. Se sugiere mostrar la pieza en posición horizontal o, al menos, con una
inclinación mínima. Es imprescindible que el espacio contenedor sea lo más ascéptico
y hermético posible, de forma que pueda mantenerse a una temperatura y humedad constante.
La bandera jamás deberá recibir la luz
del Sol, por ser extremadamente agresiva. Mientras que la iluminación artificial
será la mínima posible, previendo que permanezca en la oscuridad cuando no se
exhiba al público.
El caso en concreto
Con la debida reserva de mi fuente de información
puedo aseverar que, desde el año 2014, voces técnicamente calificadas señalaron
la inadecuada forma en que se mostraban estas banderas, particularmente la instalada en el Patio Islas Malvinas
de casa Rosada. Las observaciones fueron desoídas y con ello el deterioro no
hizo más que acentuarse.
Es evidente que las
condiciones con que se mostró la histórica bandera durante diez años y diez
meses no cumplía con las demandas técnicas adecuadas para preservar la pieza. Por
esto, merece el aplauso la decisión de
removerla para poder realizarle la intervención paliativa que sea necesaria
para que, posteriormente, se exhiba en un lugar donde la tela no siga
sufriendo.
Así lo explicó el vocero presidencial[7] respondiendo a las voces que, por cuestiones
ideológicas cuestionaron el retiro de la reliquia como si fuera poco menos que
un destrato para con dicha bandera.
Así las cosas, llama la
atención que por más de una década la ideología haya impedido advertir que ni
esa, ni ninguna otra bandera histórica, debió haberse mostrado en la forma en
que así se hizo.
Informe oficial
En su intervención, el vocero oficial se refirió al informe técnico que elaboró el Museo que reza:
“La bandera presentaba numerosos deterioros, roturas, decoloración, faltantes, deshilachados, suciedad general, así como dobleces que se efectuaron al adaptar el tamaño del textil a la vitrina donde estaba”. Por otro lado, agregó el funcionario “había un documento que acompañaba a la bandera se encontraba con un alto grado de deterioro como rigidez, faltantes, rajaduras, decoloración, etcétera. Todos estos fueron producidos - según el análisis que hizo el propio Museo - por la sobreexposición a la luz solar directa, cambios de temperatura y por la fuerza que realiza el textil al exponerse de forma vertical como estaba, o como estuvo parte del tiempo allí, en el Patio Malvinas”.
Conclusión/ Moraleja:
Es de esperar que este incidente sirva para hacer tomar conciencia y que aquella bandera que lo originó sea cabeza a un proyecto que comprometa al Gobierno nacional en preservar las numerosas banderas históricas que se atesoran en el país, de manera que se las muestre bajo condiciones técnicamente correctas.
Al menos aquellas que sean de mayor
trascendencia, ya que todas son de importancia...y son muchas.
[1] López López, Carlos. Siete
banderas, siete destinos: el Operativo Cóndor y la reafirmación de la soberanía
argentina en las Islas Malvinas. Imprenta del Congreso de la Nación. Buenos
Aires. 2020, p. 43. https://icn.gob.ar/public/publicaciones/7_Banderas/7-banderas.pdf.
[2] Era empleado del gobernador argentino en Malvinas cuando la usurpación
británica. Sus panegiristas lo presentan como un patriota, decidido opositor a
los ilegítimos ocupantes, otros afirman que sus acciones no tuvieron más que
objetivos personales.
[3] Para lectores no argentinos: es la fecha de 1982 en que se concretó
la reocupación de Malvinas por fuerzas argentinas y que se extendería hasta el
10 de junio de ese mismo año en lo que la historia conoce como “Gesta o Guerra
de Malvinas”.
[4] Por decisión presidencial, las otras banderas se distribuyeron en
diversos lugares del país: en el “Salón de los Pasos Perdidos” del Congreso
Nacional, en las basílicas de Luján (provincia de Bs. Aires) y de Itatí
(provincia de Corrientes), en el Museo del Bicentenario (subsuelo de la Casa Rosada),
en el Museo de las Islas Malvinas (ciudad de Bs. Aires) y la restante se
instaló en el mausoleo dedicado al ex presidente Kirchner, en Río Gallegos
(provincia de Santa Cruz). Para ampliar la información recomiendo consultar: Las siete banderas del Operativo Cóndor
de Tomás Aguerre en: https://cenital.com/las-siete-banderas-del-operativo-condor/.
[5] Esto justificaría que una de las piezas fuera posteriormente derivada al santuario de esta advocación.
[6] Citamos de entre ellas: la llamada bandera de Ayohuma, en el Museo
Histórico Nacional, la Bandera Nacional de la Libertad Civil (Jujuy), la
Bandera Ciudadana (San Juan) y la insignia del Ejército de los Andes (Mendoza)
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