Ante el apremio: soluciones “heroicas”
Por Miguel Carrillo
Bascary
Un suceso
recientemente tratado[1]
justifica abordar esta temática donde expondré algunos criterios que considero
acertados y que podrían orientar el accionar a los responsables de Ceremonial,
organizadores de eventos y similares.
La praxis del Ceremonial
de los símbolos no está exenta de avatares
que dan lugar a estas circunstancias complejas que demandan una intervención urgente. Quienes operan su
técnica se ven precisados a actuar, imperiosamente lo que, a veces, derivan en
opciones. Algunas pueden ser mejores que otras y ciertamente las hay inaceptables.
Al respecto es impensado
que haya reglas precisas que aporten soluciones para toda circunstancia
excepcional, pero pueden señalarse algunos puntos que ayuden. Advierto que
algunas de las soluciones que describiré generarán polémica, particularmente en aquellos más apegados a los formalismos.
Al igual que un cirujano en el campo de batalla, puede ocurrir que, para salvar
la vida de un herido se prescindan de ciertas facetas de la terapia que serían
insoslayables en situación de normalidad.
Uno de los protagonistas de
estas emergencias puede ser el viento, no olvidemos que en esencia las banderas son dispositivos aerodinámicos
de naturaleza textil. Esto demanda la necesidad de cumplir un procedimiento de armado del vexilo o de su izarlo de tal manera
que se minimicen las consecuencias
indeseadas. Veamos:
Caso 1).- Ya
iniciada la ceremonia un golpe de aire desprende la corbata en forma total o
parcial ¿Cómo proceder?
Desde ya que el abanderado
debe permanecer impertérrito, eventualmente será un tercero o un escolta quien colabore y
recupere el elemento desprendido, pero corresponderá que solo este último proceda a fijarlo nuevamente. Si el desprendimiento es parcial, también debe ser éste quien lo solucione; eso si habrá que esperar el momento oportuno, nunca interrumpir la marcha del abanderado para poder hacerlo.
Caso 2).- Más
complejo será si el viento corta o desata alguna de las cintillas. El abanderado
permanecerá impasible en su posición, mientras que el escolta intentará subsanar el
inconveniente con la debida prudencia. Se advierte que podría necesitarse que el portador colabore con
la operación, inclinando levemente el asta, pero solo si no hubiera otra opción.
Caso 3).- Minutos
antes de comenzar el acto un descuido hace que la bandera se manche con alguna sustancia. No existe posibilidad de reemplazar el paño y, obviamente, la misma
debe presentarse al inicio del acto. La solución más obvia sería omitir su uso,
pero esto implicaría una alteración sustancial del ritual cívico, la presencia o
no del lábaro no es un “detalle menor”, todo lo contrario. El simbolismo propio
de la bandera le aporta un rol esencial, no cabe omitir su presencia. Entonces, ¿cómo
proceder?
En los minutos disponibles
cabrá que intentar reducir el daño en la manera que fuera posible. Aún cuando la mancha consecuente sea muy evidente no hay más opción que presentar el símbolo en la ceremonia.
Sí, como se lee, lo importante es concretarlo, aunque no exhiba un estado impoluto.
¿Seguro? ¡Sí, absolutamente!
La cuestión no terminará
aquí, como el manchado seguramente será muy visible, se impone que al público presente se le explique lo ocurrido y las razones
de este proceder, antes de que se produzca el ingreso de la bandera. Esta
prevención debería estar a cargo del responsable
del dispositivo y no mediatizarla confiando la tarea al locutor, por lo que
en el ámbito escolar correspondería que fuera un alto directivo del
establecimiento.
Caso 4).-
Instantes antes de un acto se constata que el paño de la enseña que se va a izar muestra
un gran desgarro, pero si no puede reemplazarse, queda en claro que la ceremonia demanda el izamiento
¿Cómo actuar entonces?
Es imprescindible reparar
el daño, lo que dependerá de su magnitud y del tiempo disponible. Si así fuera
un adecuado zurcido permitiría
superar de momento la cuestión; de no serlo cabría aplicar un parche[2], aunque el celeste del añadido
no sea idéntico. De no disponerse, la dramática situación podría salvarse optando
por uno coser un segmento blanco (lo que en principio siempre será factible de
conseguir) nunca de otro color, ya que esto desnaturalizaría totalmente el aspecto.
Ahora, supongamos que se
carece de tiempo para realizar estos trabajos de costura. Ante la urgencia podría superarse la
situación apelando a grampas metálicas
abrochadas, aunque pueda parecer muy desprolijo, se preservará mejor la dignidad del símbolo que izándolo con un desgarro evidente.
Caso 5).- Si por
alguna razón uno de los
escoltas no dispone de la banda que debiera caracterizarlo, esto puede disimularse disponiendo
que prescinda de ella quien sí la tiene. Siempre será preferible mostrar simetría
entre ambos escoltas, que no exponer la irregularidad, ya que ello afectará con mayor entidad la imagen institucional. Jamás puede
improvisarse apelando a un trozo de “cinta argentina” de buen ancho, ya que la
diferencia con quien use la banda reglamentaria será muy evidente. Eventualmente,
podría apelarse a la cinta, pero para ambos
escoltas.
Caso 6).- El lado
del vuelo es el que más sufre por desgaste del textil cuando flamea, con lo que es
muy factible que se deshilache. De no poder reemplazarse el paño es imperioso presentarlo en las mejores
condiciones posibles. En las campañas militares del pasado se solucionaba
recortando con cuidado el sector y realizándole un dobladillo, aunque las
dimensiones del paño disminuyeran en su largo.
Como esta reparación puede demandar cierto tiempo, de existir la
necesidad de presentar la bandera en forma inmediata, resultará factible cortar
con cuidado los hilos más extensos y realizar
el dobladillo pegándolo con un cemento de contacto u otro adhesivo fuerte (eventualmente con grampas metálicas).
Esta situación de emergencia podría salvar circunstancialmente el problema, aunque el procedimiento sea evidentemente muy torpe.
La foto en análisis
Según se me informó, el intenso viento cortó las cintillas
de la “bandera de los Veteranos de Malvinas”, por lo que resultó imposible colocar
el paño en el asta en la forma reglamentaria. Se optó por fijarlo por el lado
superior, con lo que el vexilo debió desfilar en una ceremonia oficial en una
posición inédita, que en mucho lo privó
de su identidad, ya que sus
elementos se presentaron confusos a los ojos del público presente.
En lo personal y, sin
desmedro de la dignidad del símbolo, jamás hubiera fijado el textil al asta en
la forma que ocurrió. ¿Cómo proceder en
consecuencia?
Entiendo que pudo
superarse el evento mediante una solución de emergencia, si con el debido
cuidado, se practicaba una incisión en
el textil, aproximadamente en el lugar que corresponde al nacimiento de las
cintillas faltantes, con lo que se hubiera generando un improvisado ojal. Por ahí se pasaría las cintas que suplieran a
las faltantes. Claro que este muy poco canónico proceder pudo haber pasado desapercibido
al público, con lo que se hubiera evitado invertir el vexilo.
Obvio que algún purista podría descalificar el procedimiento
por considerar que se está interviniendo físicamente al lábaro, pero a tan razonable
critica cabe contrastarla afirmando la necesidad de actuar rápidamente y con
energía, aun apelando a procedimientos atípicos que permitan superar el momento. Aunque a algunos suene a "sacrilegio".
Convengamos que la situación fue verdaderamente dramática y absolutamente excepcional.
Reitero, como criterio general que, si las “reparaciones” son muy evidentes,
corresponderá que el titular del establecimiento o el funcionario responsable conducir la ceremonia, explique estas circunstancias a los presentes.
Otras referencias
Como una forma de
minimizar estos problemas también pueden darse algunas pautas orientadoras, todas ellas basadas en su razonabilidad:
- Trasladar las banderas de
ceremonia apelando a su respectiva funda, es lo que corresponde a la dignidad del símbolo y a su mayor protección.
- La mejor forma de
preservar los paños de ceremonia es colocándolos enastados, en vertical, sobre su pie soporte y dentro de una vitrina con buen cierre, para minimizar el ingreso
de cualquier vector o factor contaminante. En cuanto a los de izar, se
guardarán prolijamente encanastados[3], dentro de un cofre especialmente preparado
al efecto[4]. En ambos casos se adicionará algún tipo de producto insecticida y antimicótico.
- Luego de cada uso
ceremonial, hay que revisar la pieza
para detectar cualquier anomalía, lo que permitirá solucionarla con
tranquilidad.
- Si las condiciones
higiénicas que presenta no son las debidas, las banderas deben lavarse; es un errro, muy extendido, que esté
prohibido hacerlo[5], no existe ninguna norma que lo establezca.
- Una particular
recomendación es que los paños tienen
que presentarse sin pliegues marcados, para levitarlos solo se requiere un oportuno
planchado[6] [7]
- La corbata merece las mismas consideraciones que los paños.
Si se observa el punto con detenimiento se verá cuanto descuido pesa sobre estos
elementos.
- Aún en la comodidad que implica
el destino de origen, instantes previos
a la concreción de la ceremonia, habrá que revisar la bandera para constatar
que todo esté en orden y, de no ser así, poder actuar en consecuencia. En el
caso de ejemplares de ceremonia esto ocurrirá durante su armado, entre
bambalinas del lugar afectado al acto.
- Es muy importante que los abanderados y escoltas sean capacitados
en el cuidado, armado, traslado y deposito de las piezas a su cargo. Esta responsabilidad corresponde a los titulares de los establecimientos escolares o de la institución a la que corresponda presentar el símbolo.