domingo, 18 de octubre de 2026

¿Dos abanderadas para una sola bandera?

Caso raro … y muy difícil

Por Miguel Carrillo Bascary

Me llegó una consulta sobre una muy peculiar situación, que me resultó muy interesante. Del pertinente diálogo con quien la formuló surgió una solución que considero válido compartir.

Prolegómenos

Es obvio que, ser abanderado en un establecimiento educativo tiene grandes implicancias, para su comunidad y, por supuesto, para los candidatos al honor, lo que abarca a sus respectivas familias. La decisión sobre los méritos de los alumnos implicados es de alta responsabilidad para la Dirección, en la que también se comprometen otros actores institucionales; más aún si se considera que siendo un colegio secundario se pone en juego un quinquenio de esfuerzos de cada implicado. Lograr ser designado entraña una significativa vivencia personal, pero si esto no ocurre, los factores emotivos pueden definir niveles de drama.

Para los lectores que no sean argentinos, interesará saber que, en el país, el abanderado es acompañado por dos escoltas.

Las reglamentaciones vigentes para estas designaciones siempre utilizan el singular para referirse al abanderado y se estructuran a partir de bases objetivas: el rendimiento escolar, la asistencia a clases, la antigüedad en el establecimiento y la existencia o no de sanciones, pero, a veces se suman factores que demandan una evaluación subjetiva y, por lo tanto, sumamente delicados. Entre ellos: la actividad extracurricular, la empatía con sus compañeros, una actitud de liderazgo y/o de servicio, etc.

En el caso concreto existían dos alumnas de excelente desempeño que, por esas cosas de la vida estaban equiparadas en todos los rubros concretos. En cuanto a los otros presentaban aspectos diferenciados, pero que se compensaban entre sí. La decisión era poco menos que insoluble y se aproximaba el acto de investidura que debía cumplirse durante la ceremonia con que finalizaba el año lectivo. La expectativa era grande y el problema conocido, es más, las opiniones estaban divididas. Puede decirse, que cada candidata contaba con sus apoyos, tanto en el alumnado como entre las familias, hasta el punto que podría calificarse como crítico. No quiero extenderme en mayores consideraciones, iré directamente a la manera que, en conjunto con la Directora del colegio, acordamos más plausible proceder.

Ante lo excepcional de la situación se imponía una solución de igual calificativo, que no implicara favorecer a ninguna de las protagonistas ni generara conflictos en el resto de la comunidad educativa.

Esto implicó una enorme prudencia en la Directora quien citó a su despacho a las niñas, a sus progenitores y a otros miembros del equipo directivo. Ocioso es decir lo difícil del momento. Ella explicó la decisión y dejó bien en claro que el caso meritaba un alto grado de alteridad entre las involucradas. De hecho, en principio no resultaba posible que hubiera dos abanderadas por ser una sola la Enseña Nacional, pero igualmente se dispuso que la designación fuera plural. Me interesa señalar que las reglamentaciones no prohíben expresamente la solución que se adoptó. Por implicar un acto administrativo, comprendido en las competencias de la Dirección, la decisión debía ser formal, lo que demandó una muy cuidadosa redacción de la resolución en la que se sustanciaron los hechos y donde se explicitaron suficientemente las motivaciones. En la parte dispositiva se nombró a las dos alumnas como abanderadas para el siguiente periodo lectivo, citándolas en el orden que resultaba de la precedencia alfabética de sus apellidos, lo que también se explicitó.

En forma complementaria se previó que ambas serían investidas en la misma ceremonia y que se alternarían en el desempeño de la función, de esta manera el establecimiento tendría dos abanderadas durante el año lectivo adveniente. Seguidamente se practicó un sorteo mediante una moneda que determinó quien sería investida en primer orden durante el acto del fin de curso y quien lo sería en el segundo, pero en la instancia, ambas estarían destacadas en forma equilibrada frente a la comunidad educativa. Por las implicancias comunitarias del caso la Dirección solicitó la pertinente reserva a los involucrados, hasta que la decisión se anunciara en el acto de fin de curso.

El uso de una moneda puede parecer primitiva, pero reconoce precedentes en el Derecho argentino, en tanto que el sorteo es lo que procede cuando se registra empate en la elección popular para un cargo político.

La solución material

Lo previsto se concretó mediante el siguiente procedimiento. Llegado el momento oportuno, en el estrado se hallaba la escuadra saliente que debía entregar la bandera que habían presentado en las ceremonias del año. El silencio era espeso. Quien oficiaba de maestra de ceremonia enunció la identidad de las candidatas y de aquellas a las que correspondía ser escoltas (sobre cuyo orden no existía duda alguna). Seguidamente la Directora del colegio se dirigió a la comunidad educativa para explicar la situación planteada, destacando los méritos personales de cada aspirante, la dificultad de determinaba la materia y la resolución adoptada, con sus respectivas consideraciones.

En esta circunstancia, se hizo subir a las dos seleccionadas (en primer lugar, quien había salido favorecida en el sorteo, a quien menciono como “Candidata A”) precediendo a las dos escoltas. Seguidamente la Directora invistió a la Candidata “A” y a las escoltas, mientras la “Candidata B” se ubicaba entre la primera y las segundas. La Directora saludó con un beso a las dos abanderadas, mientras se daban los aplausos y las fotografías, en cuyo transcurso la “Abanderada B” evitó tapar con su cuerpo a las escoltas. Luego, la “Abanderada A” depositó la insignia en el pie que se hallaba en el lugar y las cuatro alumnas descendieron. La ceremonia continuó como estaba prevista. Ya en el llano, la “Abanderada A” entregó reservadamente el tahalí a la Vicedirectora.

En el momento adecuado, próximo ya a la finalización del acto, las cuatro integrantes de la nueva escuadra accedieron por segunda vez al estrado. Esta vez la “Abanderada B” lo hizo en primer término, seguida por la “Abanderada A” y las dos escoltas. Posicionadas las cuatro ante la Bandera, la Vicedirectora entregó el tahalí a la Titular del colegio, quien invistió a la “Abanderada B”, mientras que la “Abanderada A” quedaba ubicada entre la anterior y las escoltas. Nuevamente fue el momento de la emoción y las fotografías. Acto seguido, se produjo el retiro del vexilo portada por la “Abanderada B”, que precedía a la “A” y las escoltas, por su orden.

Ciertamente que esto implicó una coreografía compleja, diferente a la habitual, pero inspirada cabalmente en el sentido de justicia que honró a todos los implicados. Cada una de las abanderadas tuvo su momento de lucimiento y ambas, alcanzaron un mismo protagonismo para satisfacción general.

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