Caso raro … y muy difícil
Por Miguel
Carrillo Bascary
Me llegó una consulta sobre una muy peculiar situación, que me resultó muy interesante.
Del pertinente diálogo con quien la formuló surgió una solución que considero válido compartir.
Prolegómenos
Es obvio que, ser abanderado en un establecimiento educativo
tiene grandes implicancias, para su
comunidad y, por supuesto, para los candidatos al honor, lo que abarca a sus respectivas
familias. La decisión sobre los méritos de los alumnos implicados es de alta responsabilidad para la Dirección,
en la que también se comprometen otros actores institucionales; más aún si se
considera que siendo un colegio secundario se pone en juego un quinquenio de
esfuerzos de cada implicado. Lograr ser designado entraña una significativa vivencia personal, pero
si esto no ocurre, los factores emotivos pueden definir niveles de drama.
Para los lectores que
no sean argentinos, interesará saber que, en el país, el abanderado es acompañado por dos escoltas.
Las reglamentaciones vigentes para estas designaciones siempre utilizan
el singular para referirse al abanderado y se estructuran a partir de bases objetivas: el rendimiento escolar,
la asistencia a clases, la antigüedad en el establecimiento y la existencia o
no de sanciones, pero, a veces se suman factores
que demandan una evaluación subjetiva y, por lo tanto, sumamente delicados.
Entre ellos: la actividad extracurricular, la empatía con sus compañeros, una
actitud de liderazgo y/o de servicio, etc.
En el caso concreto
existían dos alumnas de excelente
desempeño que, por esas cosas de la vida estaban equiparadas en todos los
rubros concretos. En cuanto a los otros presentaban aspectos diferenciados,
pero que se compensaban entre sí. La
decisión era poco menos que insoluble y se aproximaba el acto de
investidura que debía cumplirse durante la ceremonia con que finalizaba el año
lectivo. La expectativa era grande y el problema conocido, es más, las
opiniones estaban divididas. Puede decirse, que cada candidata contaba con sus
apoyos, tanto en el alumnado como entre las familias, hasta el punto que podría
calificarse como crítico. No quiero extenderme en mayores consideraciones, iré
directamente a la manera que, en conjunto con la Directora del colegio, acordamos
más plausible proceder.
Ante lo excepcional de la situación se imponía una solución de igual
calificativo, que no implicara favorecer a ninguna de las protagonistas ni
generara conflictos en el resto de la comunidad educativa.
Esto implicó una enorme prudencia en la Directora quien
citó a su despacho a las niñas, a sus progenitores y a otros miembros del
equipo directivo. Ocioso es decir lo difícil del momento. Ella explicó la
decisión y dejó bien en claro que el caso meritaba un alto grado de alteridad entre
las involucradas. De hecho, en principio no
resultaba posible que hubiera dos abanderadas por ser una sola la Enseña
Nacional, pero igualmente se dispuso que la
designación fuera plural. Me interesa señalar que las reglamentaciones no prohíben
expresamente la solución que se adoptó. Por implicar un acto administrativo,
comprendido en las competencias de la Dirección, la decisión debía ser formal, lo que demandó una muy cuidadosa
redacción de la resolución en la que se sustanciaron los hechos y donde se
explicitaron suficientemente las motivaciones. En la parte dispositiva se nombró
a las dos alumnas como abanderadas para el siguiente periodo lectivo,
citándolas en el orden que resultaba de la precedencia alfabética de sus
apellidos, lo que también se explicitó.
En forma complementaria se previó que ambas serían investidas en la
misma ceremonia y que se alternarían en el desempeño de la función, de esta
manera el establecimiento tendría dos abanderadas durante el año lectivo
adveniente. Seguidamente se practicó un sorteo
mediante una moneda que determinó quien sería investida en primer orden
durante el acto del fin de curso y quien lo sería en el segundo, pero en la
instancia, ambas estarían destacadas en forma equilibrada frente a la comunidad
educativa. Por las implicancias comunitarias del caso la Dirección solicitó la pertinente
reserva a los involucrados, hasta que la decisión se anunciara en el acto de
fin de curso.
El uso de una moneda
puede parecer primitiva, pero reconoce
precedentes en el Derecho argentino, en tanto que el sorteo es lo que
procede cuando se registra empate en la elección popular para un cargo
político.
La solución material
Lo previsto se concretó mediante el siguiente
procedimiento. Llegado el momento oportuno, en el estrado se hallaba la
escuadra saliente que debía entregar la bandera que habían presentado en las
ceremonias del año. El silencio era espeso. Quien oficiaba de maestra de
ceremonia enunció la identidad de las
candidatas y de aquellas a las que correspondía ser escoltas (sobre cuyo
orden no existía duda alguna). Seguidamente la Directora del colegio se dirigió
a la comunidad educativa para explicar
la situación planteada, destacando los méritos personales de cada
aspirante, la dificultad de determinaba la materia y la resolución adoptada,
con sus respectivas consideraciones.
En esta circunstancia, se
hizo subir a las dos seleccionadas (en primer lugar, quien había salido
favorecida en el sorteo, a quien menciono como “Candidata A”) precediendo a las
dos escoltas. Seguidamente la Directora invistió
a la Candidata “A” y a las escoltas, mientras la “Candidata B” se ubicaba
entre la primera y las segundas. La Directora saludó con un beso a las dos
abanderadas, mientras se daban los aplausos y las fotografías, en cuyo
transcurso la “Abanderada B” evitó tapar con su cuerpo a las escoltas. Luego,
la “Abanderada A” depositó la insignia en el pie que se hallaba en el lugar y
las cuatro alumnas descendieron. La ceremonia continuó como estaba prevista. Ya
en el llano, la “Abanderada A” entregó reservadamente el tahalí a la
Vicedirectora.
En el momento adecuado, próximo
ya a la finalización del acto, las cuatro integrantes de la nueva escuadra
accedieron por segunda vez al estrado. Esta vez la “Abanderada B” lo hizo en primer
término, seguida por la “Abanderada A” y las dos escoltas. Posicionadas las
cuatro ante la Bandera, la Vicedirectora entregó el tahalí a la Titular del colegio,
quien invistió a la “Abanderada B”, mientras
que la “Abanderada A” quedaba ubicada entre la anterior y las escoltas.
Nuevamente fue el momento de la emoción y las fotografías. Acto seguido, se
produjo el retiro del vexilo portada
por la “Abanderada B”, que precedía a la “A” y las escoltas, por su orden.
Ciertamente que esto implicó
una coreografía compleja, diferente
a la habitual, pero inspirada cabalmente en el sentido de justicia que honró a todos los implicados. Cada una de
las abanderadas tuvo su momento de lucimiento y ambas, alcanzaron un mismo protagonismo para satisfacción
general.

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