viernes, 2 de octubre de 2026

La amada sin rostro del Gral. Belgrano

María de los Dolores Helguero Liendo (1798-1861)


Por Miguel Carrillo Bascary

No es mi propósito exponer referencias sobre la vida de quien fuera la madre de la hija del general Manuel Belgrano, seguramente su amor más profundo. La segunda de los seis hijos de Victoriano Helguero y Rodríguez casado con María Manuela Liendo y Carrizo). Me limitaré a tratar las numerosas mistificaciones que existen sobre su aspecto físico, una tarea imposible de acabar, ya que periódicamente surgen nuevas.

Como lo dije en otra nota, es indudable la curiosidad general por conocer el rostro de quien enamoró perdidamente al gran patricio en los últimos años de su intensa vida. El problema radica en que no se le conoce ningún retrato. A despecho de esta realidad algunos comunicadores desaprensivos y, también, ciertos historiadores poco serios le asignan diversos rostros con los que ilustran sus elaboraciones. Este breve trabajo demuestra que apelan a cualquier retrato que se les antoje, con absoluta falta de responsabilidad, considerando que el público que las consume es proclive pasar por alto la verdad histórica y que aceptará cualquier rostro en el entendimiento que se trata de la joven tucumana.

1).- Es bastante común que se asigne a María de los Dolores el retrato de su hija, Manuela Mónica del Corazón Belgrano y Helguero, cuyo original se debería al célebre Prilidiano Pueyrredón (1823-1870). El óleo está en poder de una de sus descendientes, Casiana (Dolores) Belgrano. Es innegable su serena belleza, la elegancia que emana a despecho de la sobriedad de su vestir, la profundidad de su mirada que contrasta con su piel diáfana.

Esta obra fue reproducida por otros artistas cambiando su fondo por uno de tonalidad celeste o reduciendo el formato a un medio plano.

2).- Otros autores toman el muy armónico rostro de la noble bávara Caroline Dorothea Lizius (1824-1908), considerada "la mujer más bella de Múnich". Sobre ella me extendí oportunamente en nota que llevó por título “Belgrano y la soprano a quién no amó[1]”. A todo efecto remito a su lectura. El retrato le hace los debidos honores a su hermosura, quizás por esto parece ser el preferido para caracterizar a la amada por el prócer. 

3).- También se le asigna un aspecto que, en realidad, corresponde a la princesa Carlota Joaquina Teresa Cayetana de Borbón y Borbón[2] (1775-1830). Existen numerosos retratos de Carlota Joaquina, pero son dos los que algunas fuentes eligen para representar a María de los Dolores Helguero. Ambos son muy conocidos y exponen los inconfundibles rasgos físicos que caracterizan a su familia:

El primero es de autor anónimo y se habría concretado entre 1808 y 1820, pertenece al patrimonio del “Palacio Nacional de Ajuda” (Lisboa). La princesa muestra su condición real, tanto en la púrpura de su vestido estilo Imperio, como en sus joyas. En su cabeza sostiene una diadema neoclásica ornamentada con una miniatura que, presumiblemente correspondería a su hijo más querido, Miguel. De una gruesa cadena de oro pende un camafeo con el rostro de su esposo Joao VI de Portugal. Sobre su pecho se observa la insignia de la Orden de la Cruz Estrellada[3]. Estos atributos proclaman a los cuatro vientos que la retratada nunca podría ser asociada con María Dolores, “detalles” que señalan la supina ignorancia de quienes plantean la correspondencia indicada.

Al segundo lo plasmó el artista portugués Domingos Sequeira (1768-1837), presumiblemente entre 1802 y 1806. Se encuentra en el “Museo de Arte de Sao Paulo”. La retratada se muestra alhajada con importantes joyas y cubierta con una capa escarlata forrada de arminios, detalles que de por sí, indican a una persona de la realeza, impensados en una tucumana de principios el siglo XIX. Además, ostenta la banda de gran maestre de la “Real Orden de las Damas Nobles de Santa Isabel[4]”. Sin embargo, todos estos oropeles no parecen arredrar a quienes la presentan como María de los Dolores Helguero.

4).- También hay quienes que adjudican a Dolores Helguero el semblante de Delfina María Luisa de Vedia Pérez (1819–1882), esposa del ex presidente argentino general Bartolomé Mitre e hija del general Pedro Nicolás de Vedia. La imagen se formó a partir de un daguerrotipo de 1854 que se preserva en el Museo “Mitre” (Ciudad de Bs. Aires). Su distinguido rostro, en donde destaca una amplia frente, denota resolución y belleza, atributos que sin dudas podrían haber capturado el concepto de Manuel Belgrano. Sin embargo, la forma del peinado y la amplitud de su vestido no corresponden a la década transcurrida entre 1810 y 1820 en que se dio la relación entre Dolores y Manuel, antes bien, la sitúa unos treinta años más tarde. Tampoco lo tuvieron en cuenta los mistificadores que pretenden que la retratada sea María Dolores Helguero.

Lo curioso es que la misma toma sirve –según otros- para “identificar” a Manuela Robustiana Ortiz de Rozas y Ezcurra, conocida como “Manuelita Rosas” (1817-1898). Otro despropósito.

e).- Finalmente, existe una imagen de muy pobre calidad que algunos consideran que es María Dolores Helguero, a la que, para hacerla más digerible a los ojos actuales, se le superpuso un abanico de encaje y se le agregó un rodete[5]. 

En realidad, se trata de María Andrea Zenarruza[6] (1795–1877), casada en 1820 con el coronel Francisco Solano María Antonio Alberto Pérez de Uriondo, salteña que integró la red de espías al servicio del Gral. Belgrano cuando este comandaba el Ejército Auxiliador del Perú. 

Otros autores indican que sería una composición digital realizada en base a retratos de María Josefa Ezcurra o, con menor probabilidad, de la hija del prócer, Manuela Mónica Belgrano. Estas especulaciones distan de ser atendibles. La toma original en blanco y negro, lógicamente, se encuentra en el Archivo General de la Nación.

Imagen tratada con IA

En conclusión:

-   No existe ninguna imagen legítima de María Dolores Helguero. Como dije en otra oportunidad, el deseo de contar con el retrato de quien hizo padre de una niña al general Belgrano es, sin dudas, legítimo.

-   Pero ocurre que la aspiración no puede justificarse sustituir la identidad de la dama en tan burdas formas como las que expone esta breve nota.

-   Es necesario asegurar a la referenciada un mínimo derecho a la identidad, más aún tratándose de quién fue en vida. Entiendo que debería ser una actitud de respeto para con el prócer.



[2] Primogénita del rey Carlos IV y de María Luisa de Parma, hermana de Fernando VII y madre de otro monarca, Pedro I de Braganza, quien proclamó la independencia de Brasil en 1822

[3] La creó la Emperatriz Leonor de Gonzaga, viuda del emperador Fernando III del Sacro Imperio Romano Germánico y la aprobó su sucesor, Leopoldo I, en 1688, es una orden exclusiva para damas, lo que refiere los vínculos entre la portadora y la dinastía de Augsburgo. Es equivalente a la “Orden del Toisón de Oro”.

[4] Fue creada por Carlota Joaquina en 1801 con autorización de su esposo, Juan VI de Portugal, quien la confirmó en 1804.

[5] Esta imagen se empleó en la portada del libro “Dolores Helguero y Manuel Belgrano. Entre el ideal patriótico y el amor”, de Hernán Nemi. Ed. Planeta. Bs. Aires, 1999.

[6] De Palacios y Uriondo; a quien algunos llaman Andrea Zenarruza.