Su relato sobre la creación de la Bandera
Por Miguel
Carrillo Bascary
Todos los argentinos
conocen a Bartolomé Mitre (1821-1906), como una personalidad señera de la Historia nacional. Algunos saben que se cuenta entre
nuestros primeros presidentes (1862-1868) y que, como periodista, fundó el
diario “La Nación[1]”,
que a la fecha sigue siendo uno de los principales medios del continente. Muy pocos tienen
presente él rescató los acontecimientos vinculados
a la creación de nuestra Bandera. Esto solo bastaría para inscribir su nombre
en los anales del país.
Hoy Mitre es sujeto de controversias, aunque a fines del siglo XIX su palabra llegó a ser indiscutida,
hasta el punto que orientó una corriente doctrinaria que sirvió de base a la
educación pública. En su momento la
popularidad que alcanzó entre las masas llegó a ser enorme, hacia el fin de su vida cada una de sus apariciones públicas concitaba
entusiasmo inenarrable.
En lo personal, valoro el multifacético aporte de Mitre
a la construcción de la identidad nacional, pero también rechazo mucho de sus actuaciones, de lo que representó y, aún, de lo que dejó escrito
para la posteridad.
Sentada esta posición quiero
detenerme en unos pocos párrafos contenidos en su trascendente obra “Historia
de Belgrano y de la Independencia Argentina”, cuya cuarta edición que
se editó en 1887 se considera como la definitiva[2].
Desde mi humilde posición
personal “tendré el atrevimiento” de criticar y de desmentir, algunas líneas muy
significativas del relato que nos
ofreció sobre el momento en que la Bandera Nacional se izó por primera vez.
Primer tema
Mitre empieza citando el oficio que el entonces coronel Belgrano dirigió al Gobierno informándole sobre el izamiento de la enseña patria, con fecha 27 de febrero de 1812. Así, Mitre escribió:
“Siendo preciso enarbolar bandera, y no teniéndola, mandéla hacer blanca y celeste, conforme a los colores de la escarapela nacional”.
La cita es textual y su
comprensión entre comillas indica que el historiador traslada al lector el
documento referenciado. Muchos de quienes abrevan en su obra suelen repetir esas líneas en sus
escritos y alocuciones sin tener en cuenta su error. Es aquí donde mi
sentir belgraniano se rebela y me impulsa a desmentir a Mitre.
El problema radica en una expresión
que usa Mitre, quien pone en boca del prócer algo que no dijo y, para más, lo
coloca encomillado. Mitre escribe que
Belgrano usó el término “mandéla”, cuando la simple compulsa con el
original del oficio, confeccionado de puño y letra del prócer, indica que este
consignó “la mandé hacer[3]”.
Es en la segunda edición
del libro (1857-1858) que Mitre usó la expresión cuestionada y así la mantuvo
hasta la quinta. En la primera (1857) había escrito correctamente “la
mandé hacer”.
Jamás sabremos qué razón pudo
tener Mitre para hacer lo que hizo, lo cierto es que, sobre lo ocurrido ese
histórico día, Belgrano no escribió lo
que su biógrafo colocó en su obra.
Segunda cuestión
Volviendo al párrafo
cuestionado, Mitre copia del oficio que esa
bandera fue “blanca y celeste”,
tal como el prócer lo explicó, lo que es lógicamente correcto. Sin embargo, hay
no pocas opiniones que afirman ofuscadas
que ese vexilo primigenio fue “blanco y
azul”, sin que sus autores se detengan a reflexionar que contradicen
nada menos que lo escrito por Belgrano en su oficio.
Poco más adelante afirma
Mitre “Eran las seis y media de la tarde,
y en aquel momento se enarboló en ambas
baterías la bandera azul y blanca, reflejo del hermoso cielo de la patria”.
Es en la segunda edición (1859) que Mitre introdujo la referencia al azul y así lo
mantuvo hasta la quinta edición de su obra.
También sobre esto corresponde hacer un señalamiento a lo escrito por Mitre. Efectivamente, recordemos que Belgrano dejó escrito que la bandera fue “blanca y celeste”, entonces ¿por qué Mitre usó la palabra azul en la forma señalada?
El interrogante cuestiona, más aún cuando en 1878 se planteó la polémica que lo enfrentó con el historiador uruguayo Clemente L. Fregeiro (1853-1923), quien sostuvo el uso del azul. Mitre sostenía que el color de la Enseña nacional[4], fue en sustancia, del color del cielo y blanco. Consideraba que los contemporáneos a su creación usaban los términos "azul", "celeste" y "azul-celeste", en forma indistinta. Sostenía que esta tonalidad deriva de la banda de la Orden de Carlos III, la que tomó los colores con que el arte asignaba a la advocación mariana de la Inmaculada Concepción. Lo fundamentó en el decreto del Triunvirato del 18 de febrero de 1812, que estableció la escarapela nacional con los colores "blanco y azul celeste", lo que referenció Belgrano en su oficio al Gobierno datado el 27 de febrero de ese año. También esgrimió como prueba iconográfica el retrato que el belga Jean-Baptiste Madou representó al general San Martín en Bruselas (1827-1828). Allí se lo observa rodeado por una bandera claramente celeste, blanco y celeste.
El pensamiento de Mitre se clarifica permitiendo responder por la razón de referirse al azul. Eso ocurre si se lee al completo la oración que expresa:
"Eran las seis y media de la tarde, y en aquel momento se enarboló en ambas baterías la bandera azul y blanca, reflejo del hermoso cielo de la patria".
De esta manera Mitre expone que la mención el azul se corresponde con el "hermoso cielo", es decir, el "celeste", que le es propio.
Tercer ítem
Hay otro punto que genera dudas en la obra de Mitre. Es cuando indica que el vexilo se “enarboló en ambas baterías”. La crítica posterior ha concluido que en ningún documento consta que el izamiento se haya hecho en conjunto, en paralelo[5]. Siendo Mitre quien enseñó a los argentinos que para escribir Historia hay que basarse primordialmente en los documentos, resulta extraño que caiga en una suposición como aquella en la que incurrió.
Terminando
Como se verá, me he permitido, me he atrevido, a cuestionar a Mitre. Lo hice consciente de que mi una osadía, que algunos podrán considerarla como un acto rayano en la soberbia. Más allá de las críticas que intenten descalificar mi posición, tengo la más absoluta tranquilidad de conciencia pues me baso en la pluma y en la firma de dos grandes hombres de la Historia argentina, por supuesto que el uno es mayor que el otro. El primero es capital ejemplo de estadista. Su biógrafo es dueño de los méritos que ganó en vida, pero también de sus contradicciones.
En este punto estoy convencido de que, como polemista de ley, Mitre no habría objetado que un oscuro blogista, como el que esto escribe, pusiera de relieve estas tres inconsistencias de su relato sobre el gran día en que la Bandera Nacional flameó por primera vez contra el cielo de la patria.
[1] Su primera edición salió a la
calle el 4 de enero de 1870, Bartolomé Mitre fue su director.
[2] En 1902 vio la luz su quinta
edición, que también estuvo bajo la supervisión de su autor, quien fallecería poco más tarde.
[3] El oficio de Belgrano al
Gobierno, fechado el 27 de febrero de 1812, datado en Rosario, es el mismo que tuvo
Mitre en sus manos. Hoy se preserva en el Archivo General de la Nación, División
Nacional, Sección Gobierno, Guerra, Ejército del Norte - 1812 (X.3-10-3).
[4] Lo expuso en la edición del diario "La Nación" del 3 de mayo de 1878.
[5] Lo que sí se discutió por muchos años es si el izamiento se concretó en una o en la otra de las fortificaciones. En la actualidad, la crítica histórica ha llegado a determinar, a partir del propio relato que hizo el prócer, que el mástil donde flameó por primera vez la Bandera Nacional se erigió en la batería "Libertad", sita en la costa ocupada por el poblado de Rosario.



No hay comentarios:
Publicar un comentario