jueves, 7 de noviembre de 2019

Se inclinan las banderas ¿Sí o no?

La Bandera Argentina no se inclina ante nada ni nadie
  


Por Miguel Carrillo Bascary


Con esta entrada quiero fundamentar, al menos en forma sintética, por qué no corresponde rendir honores con la Bandera Oficial Argentina inclinándola hacia adelante.

Esta conducta reaparece periódicamente en nuestra realidad, con lo que se afecta el debido ceremonial que merece tan alto símbolo. Particularmente vemos que este afloramiento se manifiesta en ocasión de la promesa que hacen los escolares; cuando ingresa la bandera titular de un establecimiento educativo; y hasta lo he visto, ¡mientras se entona el Himno nacional!

 

Al preguntar sobre el fundamento de esta conducta, recibo las más variadas e insospechadas respuestas, cuando no un supino silencio. La más extendida consiste en afirmar que es plásticamente más lindo, más activo. Algo poco profesional ¿No les parece?

La cultura de la imagen contribuye a difundir esta mala práctica desde diversos soportes virtuales. Así resulta de las numerosas fotografías que obran en mi archivo, donde puede verse a nuestro emblema nacional inclinado, sin que se advierta el profundo significado de la posición que poco tiene que ver con nuestras tradiciones políticas, normativas y de ceremonial.



Sobre el significado de las banderas nacionales

Para tratar el tema, lo primero que corresponde hacer consiste en reflexionar sobre el origen de las banderas que representan a los diferentes países.

La Vexilología histórica nos remite a finales del siglo XVIII, cuando comienzan a surgir los estados nacionales modernos. Los ejemplos paradigmáticos son Estados Unidos y la República Francesa, que buscaron identificarse con banderas que representaran a la soberanía que sus respectivos pueblos habían asumido durante sus procesos revolucionarios.

 
La “Old Glory” y la bandera de Francia (versión 1790 – 1794)

Apunto que, ya habían existido banderas gentilicias en las primitivas repúblicas medievales. Los ejemplos característicos podrían ser: los cantones suizos; San Marino y los estados mercantiles de las Serenísimas Génova y Venecia.
  
  
 Enseña tradicional de Génova y la de Venecia en una versión moderna

En consecuencia, si se reconoce que, en los estados democráticos, la soberanía obviamente reside en el pueblo, es lógico que esto lo expresen las banderas que adopten. A medida que otros países se iban sumando a la creciente tendencia democrática también sus banderas pasaron al elemento gentilicio del Estado. El proceso se extendió paulatinamente a las monarquías, que fueron perdiendo su carácter absoluto para adoptar formas de estados parlamentarias; en estos casos sus banderas perdieron el carácter personal que tuvieron en origen para resignificarse como imagen de los pueblos comprometidos en esta mutación.

Hasta entonces los estados que corporizaban los monarcas, utilizaron banderas que los representaban o, eventualmente a la dinastía entronada. Esto era perfectamente natural ya que la soberanía residía en el soberano, con exclusividad. Dicho de una manera más sencilla, las enseñas representaban al Rey; más aún, sus paños lo hacían presente in absentia. Reafirmando, la Vexilología define este tipo de bandera como “personal” y “dinástica”; es decir, no representaban a un estado como entidad colectiva de Derecho Público.

España es una de las más claras evidencias. El rey se representaba así mismo en “las banderas de sus ejércitos y la Real Armada”, tal como se mencionaban en la normativa. Básicamente, éstas constaban de un paño con el color de la dinastía (blanco), al que se adosaba el blasón del monarca reinante que, a su vez, incorporaba los de sus dominios, con el agregado del collar de la “Orden del Toisón de Oro”. De manera que, si adquiría un nuevo señorío, la adición se trasladaba al campo en la forma que disponían las reglas de la Heráldica. Esto indica que la bandera de un determinado rey mutaba a lo largo de su reinado conforme a la extensión territorial de su soberanía. Recordemos que, cuando en 1785 Carlos III juzgó necesario dar a su Armada y Marina nuevas banderas, se hizo preparar varios diseños.

 Propuestas de banderas presentadas a Carlos III

De entre ello personalmente eligió dos para definir al pabellón real en los mares; en dos versiones: de guerra y de comercio. También sabemos que no se reprodujeron los originalmente propuestos, la Real Cédula que los oficializó les introdujo leves modificaciones.


La naval y la de comercio definidas en 1785

La normativa ceremonial de la época estipulaba que, cuando el rey se hacía presente ante sus ejércitos, los abanderados le rendían honores inclinando hacia adelante las enseñas que portaban; lo que evidenciaba la subordinación de las mismas a la persona del monarca. Por carácter transitivo, las banderas se abatían ante la más alta autoridad real presente; fueran virreyes; gobernadores; audiencias; cabildos; capitanes generales; reales visitadores y otros funcionarios que actuaban por delegación real, tanto en la metrópoli como en las colonias. Más aún, también se usaba inclinar las banderas ante la Eucaristía, particularmente en el curso de la procesión del “Corpus Christi”, por entenderse que el poder político venía del Altísimo y que se corporizaba en el rey.

 Revista de Felipe VI en ocasión de la “Pascua Militar” que conmemora
la reconquista de Menorca a los británicos en 1782


El Rey ante el estandarte de la Escuela Naval Militar


Napoleón saludado por las banderas de sus ejércitos

El 4to. Regimiento de la Brigada del Piamonte (1880), desfila ante el rey de Italia


En otros estados, como en Gran Bretaña, el gesto se acentuaba hasta el punto que los paños tocaban el suelo ante el paso del soberano; tradición que persiste en países cuyo pasado relacionado a esta potencia, algo más moderada. De allí que la expresión “batir las banderas”, en realidad deba expresarse como “abatir las banderas”.

King colours y estandarte del gobernador de Australia en posición dipped
  


Los “colours” de la Guardia en dos momentos de la ceremonia


Tropas de Malasia rinden honores con su bandera



Dos momentos en la secuencia de rendir honores con estandartes británicos

En la mayoría de los estados del Commonwealth y en otros de tradición británica, también se manifiesta la subordinación de las banderas militares ante el rey o funcionario que lo represente. Ocurre durante la ceremonia conocida como prensenting colours, cuando el abanderado se arrodilla ante el monarca y en esta posición recibe el lábaro. Esto expresa que las banderas son de este último y que se las confía a la unidad que combatirá por sus casusas.

 



Claro es también, que cuando un cuerpo armado resultaba derrotado se abatían sus banderas ante el general triunfante de manera que, si éste así lo quería, literalmente pasaba por sobre ellas; ya fuera a pie como a caballo. La posición era una clara demostración de derrota y de victoria, respectivamente.

 
El ejército del Zar se rinde ante Carlos XII de Suecia
luego de la batalla de Narva (1700)

 
Waterloo, rendición de las banderas del ejército de Napoleón


Banderas y estandartes del III Reich, trofeos del Ejército Rojo

Retomando el desarrollo de nuestro tema, interesa puntualizar que, según la tradición nacional argentina, es una incoherencia que la Enseña nacional se incline “rindiendo honores” o “saludando” (como también se dice) ya sea a una autoridad (por más alta que esta sea) o a una corporación, de cualquier tipo.

La Bandera Oficial de la Nación Argentina representa a su pueblo soberano, que conforma un estado democrático según lo establece su Constitución. Por esto, nuestra Bandera no se inclina ante nada ni nadie; lo que corresponde afirmar con todo énfasis.

Tampoco es válido que Ella “rinda honores” o que “salude” a la insignia de otro estado; ya que esto contradice a la igualdad jurídica entre estados uno de los principios fundamentales del Derecho Internacional acuñado a consecuencia de la Paz de Westfalia (1648).

También es toda una incoherencia que un ejemplar de la Bandera nacional “salude” a otra de su misma especie. La razón es obvia, nadie se saluda a sí mismo. Si un ejemplar, repito, se inclina ante otro semejante implica que el pueblo argentino representado por el primero se abate ante ese mismo pueblo corporizado por el segundo. De esta manera la incoherencia queda en evidencia.


La normativa vigente

Lo expuesto hasta este punto puede parecer una elucubración doctrinaria subjetiva de quién esto escribe, pero seguidamente interesa presentar el texto de una norma nacional que justifica la posición que sostengo y que vengo tratando de difundir desde hace años como forma de esclarecer el error que implica abatir nuestra Enseña.

Me refiero al Decreto Nº31.026 del año 1933; más precisamente datado el 7 de noviembre de ese año, el que fue publicado en el Boletín Oficial de la República del 13 de ese mes.

“Art. 1º.- Queda prohibido a los particulares, asociaciones o cualquier otra entidad usar de la bandera nacional para rendir honores”.

En los “considerandos” que sustentan el precepto se consignó entonces:

“Que uno de los más encumbrados honores que pueda tributarse es el homenaje con la bandera y que no existe ley o decreto que faculte a los particulares, corporaciones, sociedades o cualquier otra persona o entidad a realizarlo, ya sea inclinando la bandera en señal de saludo” (hasta aquí lo pertinente) 

Queda así fundamentado en una norma concreta la prohibición de inclinar la Bandera nacional como forma de rendir honores o saludar como expresión de lo que se expresa.


Normativa provincial

Lamentablemente hay algunas leyes provinciales que sin tomar en cuenta al citado decreto de 1933 ha incluido al dipping entre sus preceptos. Es obvio que la práctica resulta reñida con una norma superior, como es aquella que emanó oportunamente del Gobierno nacional. Estas legislaciones deberían adecuarse, necesariamente, sin perjuicio de que si así lo disponen esos gobiernos pueda subsistir la práctica exclusivamente con respecto a las enseñas provinciales.


Posición de honor

En el Ceremonial nacional la posición de más alto honor en que puede colocarse una bandera es “en la cuja”, la que se ubica a la derecha del portador.


Físicamente es la que otorga mayor posibilidad de resaltar la presencia de una enseña en el marco de una ceremonia, ya sea en marcha o estática. Implica enaltecer (colocar en lo más alto) al pueblo soberano al que representa el paño. Además, es manifestación visible de la liturgia cívica, ya que la bandera se constituye como un vínculo entre la Patria (objetivizada en el suelo) y la trascendencia, a la que naturalmente aspira ese pueblo como dueño y protagonista de su propio destino.

La guardia del gobernador de Santa F “Dragones del Brigadier López”
Desfilan vistiendo uniforme de época, bandera en cuja

Así lo consagra expresamente la normativa y la tradición.

Seguidamente se muestra de qué manera reciben las banderas de las escuelas invitadas a la que representa al establecimiento huésped:


Observaciones

Lo dicho aquí no se extiendo a las costumbres del mar; en este tan particular ámbito físico las costumbres internacionales definen desde antiguo otras modalidades ceremoniales que admiten y regulan las expresiones de amistad o de hostilidad por medio de banderas.

En el ámbito militar; fuerzas de seguridad y policiales, la prohibición de inclinar las banderas (ya sea en marcha o en parada) solo rige para a la bandera de guerra y, por extensión a las de carácter histórico que tienen autorizadas ciertas unidades. Ante la eventualidad de que existiera costumbre de inclinarlas o que, incluso, lo autorice algún reglamento militar o de una fuerza de seguridad, desde ya me permito señalar que esta norma será inaplicable por inconstitucionalidad. Fundamentando esta manifestación destaco que, el Decreto Nº31.026/ 1933 es una norma de carácter nacional; mientras que los reglamentos aludidos son aprobados por resoluciones ministeriales y/o directivas de mandos militares; por lo que tienen inferior jerarquía que el citado decreto.

En concordancia, entiendo que la prohibición dispuesta por el decreto citano no alcanza a los estandartes y demás emblemas que emplean estas fuerzas para identificar a sus mandos; institutos; unidades operacionales; compañías y demás.

El estandarte de la 101 División Aerotransportada se presenta inclinada; las nacionales, no

Considero también que, la Bandera Nacional de la Libertad Civil”, reconocida por la Ley Nº 27.134 como “símbolo nacional histórico” se asimila al de la Celeste y blanca en cuanto atañe a su ceremonial, precisamente por compartir su carácter de “nacional”, ya que ambas representan a la Nación argentina.

 Obsérvese la bandera histórica del Regimiento 3 de Infantería
Alzada en la cuja al igual que las banderas de guerra a las que acompaña

Como una excepción que confirma la regla hay estados donde sus banderas se inclinan en demostración de honor y gratitud de los pueblos para con los caídos en combate.
 Acá se presenta el caso de Letonia

Otro ejemplo es Bélgica donde los reglamentos disponen el saludo con la enseña nacional, para el rey y la familia real; a un jefe de estado extranjero; lábaros militares; durante la ejecución de un himno nacional y frente a la tumba del Soldado desconocido (Fuente: https://www.nsb-fnc.be/fr/directives-pour-le-porte-drapeau-fnc-nsb)

Como un reflejo de su pasado monárquico, la enseña tricolor de Italia y su jefe de estado se inclinan, rindiéndose honores al unísono.


En Francia, procede inclinar la bandera nacional (rappel) ante el presidente de la República; otras banderas y estandartes militares; y durante el toque de silencio en ceremonias luctuosas o que impliquen homenaje a militares caídos en defensa de la Patria (Fuente: http://www.asor70.fr/uploads/reglementation-porte-drapeaux.pdf)

Honores al presidente F. Holland

Veamos otros ejemplos:





El abatimiento de una bandera es una posición mecánicamente crítica, ya que con su asta opera como una verdadera palanca. El peso del conjunto tiende al desequilibrio, lo que demanda que el abanderado extreme la fuerza necesaria para sostenerlo. Decididamente, es una posición sumamente incómoda. Por esta razón, un abanderado cuyo físico no lo ayude o que sea de pequeña edad quedará más propenso a un desmanejo que podría ocasionar la caída al suelo de la pieza o que ésta toque el suelo, como mínimo. En su caso, mi experiencia personal revela este esfuerzo en el rictus de sus rostros, que así lo expresa.

Incómoda posición para el pequeño abanderado

 Un conjunto de banderas inclinadas, durante la interpretación del Himno Nacional.
Observar el esfuerzo que hace el primer niño, ubicado a la izquierda


Banderas en la cuja, mientras se interpreta el Himno Nacional

La única excepción a la prohibición del dipping que encuentro justificada por razones únicamente prácticas, es la condecoración de una bandera; para esto es imprescindible que el abanderado la incline hasta que la autoridad encargada de la operación le resulta materialmente factible fijar la presea a la corbata.

Condecorando una bandera de la Prefectura Naval

Condecorando a la bandera de guerra del Reg. de Caballería de Exploración 3
“Coraceros General Pacheco” (2013)

Detalle de la operación (Foto: Fundación Soldados)

Conclusión

Queda así explicada lo que atañe al significado del abatimiento; dipping; saludo o rendición de honores con banderas

Queda fundamentado en la normativa vigente y en la tradición nacional del Ceremonial la improcedencia de esta posición en ámbitos de la República Argentina.

2 comentarios:

  1. Estimado Profesor: muchas gracias por publicar este artículo. tuve el honor de recibir su atención a este tema en una consulta en privado que le hiciera llegar y me fue sumamente útil. Saludos cordiales

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  2. Espero que te haya sido de utilidad. Valoro muchísimo las consultas que recibo ya que ellas permiten analizar la realidad, más allá de los encuadres teóricos. De tal manera, puede decirse que tanto puede llegar a valer la consulta como el eventual comentario. Cordiales saludos.

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