jueves, 21 de diciembre de 2017

La independencia del Perú en el  merchandising del período

Por Miguel Carrillo Bascary


El “kero de la bandera original del Perú”

El merchandising propone captar elementos de interés general tomados de la realidad en utensilios y otros elementos de uso cotidiano que muchas veces son totalmente efímeros.

Obviamente que el lucro preside el esfuerzo, aunque no siempre se busca la gratificación de un precio el propósito está en la captación de un público con diversos objetivos o responder a una demanda de identificación con le concepto expresado.

A quienes vivimos en el siglo XXI puede parecernos que esta técnica de comercialización es absolutamente actual o que a lo sumo data de pocas décadas atrás. Esta apreciación es absolutamente errónea ya que pueden rastrearse elementos de merchandising en diversas culturas de la Antigüedad y a lo largo de todas las épocas.

Por su interés para la temática de este Blog me interesa comentar una pieza de notable inspiración aunque lamentablemente sea de baja calidad. Por paradoja, esta última calificación es la que la destaca como un elemento destinado al uso cotidiano, por lo que evidencia la dispersión o penetración de la idea que inspira en las clases populares.


El Perú a comienzos del siglo XIX

El Virreinato del Perú tenía como base territorial el antiguo imperio Inca y las regiones aledañas extendidas a lo largo de la cadena de los Andes sobre el océano Pacífico. Cuando en el vecino virreinato del Río de la Plata se constituyó un gobierno de americanos (1810) la región el Alto Perú (aproximadamente lo que es Bolivia) quedó de hecho bajo dependencia de Lima.

Virreinato del Perú hacia 1820

En la región constituía la principal unidad política del imperio borbónico, propiedad personal de los reyes de Castilla. De conformidad todo el sistema económico y social de Sudamérica meridional le estaba subordinado y su principal fuente de riqueza era la plata extraída del Cerro Rico de Potosí.

La sociedad estratificada de la Colonia tuvo en el Perú su mayor expresión, por el número de habitantes y por las complejas relaciones sociales. Allí convivía una nobleza vernácula con otra de raíces hispanas; una oligarquía comercial con otra, minera; productores criollos; diversos pueblos originarios caracterizados por sus respectivas culturas; funcionarios menores de la Administración; soldados de fortuna y decenas de miles de esclavos de raza negra; junto a una enorme masa de mestizos.

Debido al predominio del poder español y a los intereses vinculados al mismo, el proceso de emancipación de los pueblos americanos demoró en hacerse sentir en las regiones aledañas a su capital, Lima.

Las revueltas internas fueron sofocadas en sangre y las expediciones mandadas desde Bs. Aires fracasaron en su intento de avanzar, aunque se registraran éxitos momentáneos.


El rol del Libertador

Fue la genial inspiración del general José de San Martín (nacido en Yapeyú, actual Argentina y muerto en Boulogne-sur-mer, Francia, en 1850), quien permitió ejecutar el plan que había concebido, sabedor de que sin la caída de Lima la libertad de su Patria y la viabilidad de las otras regiones hubiera estado permanentemente amenazada.

Su estrategia fue diferente a la que se venía empleando y la ejecutó con una táctica soberbia. San Martín formó un pequeño pero entrenado ejército; férreamente disciplinado, debidamente equipado en la logística y cuidado en lo sanitario, como no se había visto en América.

José de San Martín, "Protector del Perú"

Contaba a su favor la experiencia militar recogida en sus campañas ibéricas donde alcanzó el grado de coronel. Obviamente su enorme capacidad y determinación tuvieron un rol fundamental para la empresa. Unía a ello una grandeza de espíritu que puso de manifiesto en numerosos hechos, grandes y nimios. Su desinterés económico y su desprecio a las posiciones de poder lo singularizan sobre la gran mayoría de las personalidades de América.

Con ese ejército formado por la “Provincias Unidas de Sudamérica” (hoy, la República Argentina, más algunos emigrados chilenos) San Martín cruzó los Andes y cayó sobre los realistas de Chile a los que derrotó en forma completa.

El éxito fue solo un logro instrumental, su principal objetivo era armar una expedición que debía golpear el centro del poder español, tomar Lima y establecer allí un gobierno de americano.

Para esto San Martín formó en Chile otro ejército expedicionario al que se llamó “Unido” y armó una flota para que lo transportara y avituallara durante la campaña que emprendería en el Perú.

El 8 de septiembre de 1820 se inició el desembarco en la playa de Paracas, bahía de Pisco, con lo que comenzó formalmente la guerra de liberación del territorio peruano.

No fue una campaña bélica a sangre y fuego, San Martín tenía bien en claro que su objetivo era la libertad americana y no imponer un régimen de fuerza; un perfil que no fue bien comprendido por muchos de su época y que algunos todavía le cuestionan.

El 15 de julio de 1821 San Martín hizo firmar el acta de la independencia del Perú y el 28 del mismo mes la proclamó públicamente en Lima con las siguientes palabras:

“Desde este momento el Perú es libre e independiente por la voluntad general de los pueblos y por la justicia de su causa que Dios defiende. ¡Viva la Patria!, ¡Viva la Libertad!, ¡Viva la Independencia!”

Proclama de la independencia del Perú

Detalle central

Lo relatado fue un verdadero acto fundacional de una nueva realidad que vino a sustituir radicalmente al régimen monárquico. Aquel 15 de julio de 1821 se fundó un Estado que debió rodearse de una imaginería apropiada, comenzando por adoptar una bandera.


La primera bandera peruana

Quienes gustamos de la Vexilología conocemos bien la importancia de las banderas en los movimientos sociales y en los acontecimientos populares.

San Martín era conciente de ello, por lo que desde que inició su campaña en el Perú enarboló una bandera completamente nueva, de características únicas dentro del panorama que mostraba la Vexilología en aquellos años. Mucho es lo escrito sobre el significado de la enseña, en este punto la leyenda y el mito se entrelazan con la realidad. Igual ocurre con muchas banderas a lo largo del mundo.

Lo concreto es que San Martín dio a Perú su bandera. Al respecto, se conserva el su diseño original, dibujado en un papel (30 x 20 cmts,) y coloreada a la acuarela, presumiblemente por mano Charles Chatworthy Wood, ingeniero militar británico, pintor. Sin embargo la proclama en Lima fue presidida por una composición ligeramente diferente, centrada en el Sol. Años más tarde, sería modificada invocando diversas razones por disposición de los gobiernos locales, lo que nunca cambió fueron sus colores.


Bandera de San Martín, Huaura, 20 de diciembre de 1820. 30 x 20 cm.
(Museo Histórico Nacional, Buenos Aires)

Las ideas del nuevo gobierno prendieron rápidamente en las clases populares, lo que se evidenció en obras de teatro; ceremonias religiosas; desfiles y otras manifestaciones sociales.

Un documentado relato de la ceremonia lo aporta Lila Velasco Asenjo en http://limaenlahistoria.blogspot.com.ar/2010/07/lima-y-la-independencia-del-peru.html (2010)


El kero de la bandera

A este contexto pertenece la pieza que comentaré, se trata de un kero decorado con escenas alusivas a la independencia del Perú y la derrota del poder español. En la imagen que incia este post vemos al general San Martín que porta la bandera peruana pisando a un jefe realista vencido; por este motivo me permito particularizarlo con el título indicado.

En este análisis reconozco la inspiración que motivó la imagen de referencia, contenida en el ensayo “Los fabricantes de emblemas. Los símbolos nacionales en la transición republicana. Perú, 1820-1825, de la investigadora Natalia Majluf, capítulo del libro “Visión y símbolos. Del virreinato criollo a la república peruana”; editado por el Banco de Crédito del Perú - Ramón Mujica. Lima, 2006. (https://www.researchgate.net/publication/319324595_Los_fabricantes_de_emblemas_Los_simbolos_nacionales_en_la_transicion_republicana_Peru_1820-1825)


Un kero (se admite también la grafía “qero”) es un vaso elaborado habitualmente en madera (del quechua “kiru”, madera, material usado con preferencia, aunque también los hay de arcilla y de metal); siempre profusamente decorados con motivos abstractos (cruces; grecas; soles) o figurativos de animales dotados de simbolismo mítico (rana, puma, serpiente; camélidos; caracoles; etc.); escenas de la vida cotidiana; guerreros; y otros.

Sus formas son múltiples pero por su número la más característica consiste en un cono cuya base es la boca del recipiente, tal como el objeto que analizamos acá.

Los keros de madera se fresaban utilizando primitivos tornos accionados por palancas (similares a los empleados por los alfareros) y algunos instrumentos de corte para ir desgastando el material.

Tenían uso ceremonial por lo que a la cultura europea podría equipararse a los cálices aunque obviamente no poseían la sacralizad de estos últimos, al menos desde la perspectiva de la Liturgia católica.

Habitualmente se los empleaba para libaciones de chicha (bebida alcoholica del maíz fermentado). Como curiosidad los estudiosos indican que se fabricaban siempre en número para, en tanto que los usos sociales demandan al menos dos personas para beber. La cultura andina es muy propensa a estas libaciones ceremoniales (aún hoy) en lo que se conceptúa como “dar de beber” a la Pacha Mama (la madre Tierra).


La pieza en análisis

La referencio en forma de ficha:
·        Pertenencia: Museo Nacional de la Cultura Peruana, sito en Lima (Perú) un repositorio destinado a exhibir su desarrollo desde la más lejana antigüedad hasta el presente.
·        Materialidad: madera polícroma
·        Motivo: una figura con uniforme azul y blanco caracterizado como “un soldado patriota” que blande una bandera caracterizada en la referencia como “la patria” venciendo “al león”.
·        Datación: ca. 1820-1822 (según información consignada)


Observaciones:

El decreto del 21 de octubre de 1820 firmado por San Martín estableció la primera bandera del Perú.

Fue en la “Gaceta del Gobierno”, No. 22, tomo segundo, del sábado 16 de marzo de 1822, que se publicó el decreto que modificó la composición de la anterior. estableciendo que sus franjas fueran horizontales y portara en el centro un Sol; lo firmaba el titular del Ejecutivo, Bernardo de Torre y Tagle. De hecho era similar a la empleada por la República Argentina, reemplazando el celeste por el rojo. Sería por pocos meses, ya que el Congreso sancionó una ley el 25 de febrero de 1825 que dispuso la actual composición, en franjas verticales.

Esto es lo que dice la Historia, en tal sentido podría verificarse la datación enunciada aunque no hay seguridad de que el kero haya podido ser elaborado con posterioridad a las mutaciones sufridas por la bandera oficial.

En contraste con los numerosos keros conservados en museos y colecciones particulares de todo el mundo, el que observamos presenta una decoración muy tosca, donde la madera parece haber sido burilada con el extremo de un cuchillo de dimensión inapropiada. El artesano apeló a líneas muy básicas, como si tuviera urgencia de terminar el trabajo.

El mismo torneado es muy poco cuidado, sobre el mismo se observan los relieves irregulares dejados por la acción del torno usado, particularmente en su base.

La madera con que fue confeccionado es de baja calidad, hasta el punto que el torneado dejó al descubierto un nudo o fisura.

La coloración asignada también es muy limitada; se iluminaron las figuras empleando los pigmentos básicos: azul, rojo, negro y blanco.

En cuanto al “león”, es una alusión directa del poder colonial. Recordemos aquí algunos de los versos del Himno nacional argentino compuesto en 1813:

     “Se levanta a la faz de la tierra/ Una nueva y gloriosa Nación: /Coronada su sien de laureles /Y a su planta rendido un león”

          “Buenos Aires se pone a la frente/ De los pueblos de la ínclita Unión/ Y con brazos robustos desgarran/ Al ibérico altivo león”

El problema es que en el kero analizado ese león no existe. Lo que pisa el uniformado de azul y blanco es la cabeza de otro uniformado, que viste chaqueta roja y pantalón blanco, atuendo que predominaba entre los realistas. Literalmente, en la imagen, el triunfador “hace morder el polvo de la derrota” a su enemigo.

Cuestiono la caracterización de que sea “un soldado”. Entiendo que es el mismísimo San Martín, en base a varias consideraciones:
·        La figura evidentemente pertenece a un “jefe militar”, así resulta del uso de largas botas de caballería y del sombrero elástico que porta; todo lo asimila a la imagen que la iconografía guarda del general San Martín.
·        Refuerza lo anterior que porta la bandera original, que dispuso el mismo; la asociación del portador con esa divisa exime de mayores consideraciones. Podemos decir que la bandera remite al creador y este caracteriza a la enseña.
·        Para más, el gesto dominador sobre su vencido potencia la interpretación realizada. Si se tratara de “un soldado” el acto de reputarlo vencedor sobre el poderío español sería desproporcionado.


Conclusión

Históricamente la pieza es muy interesando, por que relata un momento de exaltación popular fácilmente ubicable en la Historia.

Su confección es muy tosca, lo reiteramos y su decoración absolutamente básica, aunque muy expresiva.


Lo expuesto permitiría aventurar que el artesano que la confeccionó quiso aprovechar la efervescencia popular con motivo de la proclamación de la independencia peruana para vender su producto, razón que avalaría la alusión al merchandising que contiene el título de este post.

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