martes, 19 de diciembre de 2017

El Criollo, caballo nacional argentino

 

Por Miguel Carrillo Bascary

 


Overo negro

 

La reciente publicación de la Ley nacional Nº 27.414 por la que se declaró al “caballo de raza Criolla como Caballo Nacional y Patrimonio Cultural de la Argentina” destaca a la consideración nacional la importancia que tiene para todos los argentinos y, por qué no para todos los amantes de la belleza.

 

Es importante destacar que se trata de una ley ya que en muchos medios de prensa se difundió como si fuera una declaración de la Cámara de Diputados; seguidamente se explica cuál sería el origen del error.

 

 

Un trámite azaroso

 

Interesa destacar el derrotero de la norma para poner en valor su significado.

 

La ley se originó en el proyecto del senador Federico Pinedo (PRO, Ciudad de Bs. Aires) quién cuando era diputado presentó un proyecto de resolución en igual sentido (expte. 2711-D-2013). Si bien no era previsible cuestionamiento alguno a la propuesta, que finalmente no prosperó, al parecer por el solo hecho de que su autor pertenecía a la bancada opositora ya que no puede entenderse que un argentino tuviera problemas con apoyar tan justa iniciativa.

 

Ya como senador y desde el oficialismo, Pinedo insistió en su propósito; pero esta vez con forma de proyecto de ley (expte. Nº 1676- S-2016). Obtuvo media sanción del Senado el 23 de agosto del 2017 y pasó a la Cámara de Diputaos que lo sancionó como ley el día 22 de noviembre; el Poder Ejecutivo la promulgó y se publicó el 15 de diciembre.

 

 El texto legal es muy escueto:

 

“Artículo 1°.- Declarar al caballo de raza Criolla como Caballo Nacional y Patrimonio Cultural de la Argentina.
Artículo   2°.-  Comuníquese al Poder Ejecutivo nacional”.

Overo colorado pampa


Análisis de la norma

            Desde la Ciencia Jurídica podemos señalarle interesantes aspectos. En primer lugar, se trata de una ley o sea que es la expresión más alta del ordenamiento jurídico, si se excluye a la propia Constitución. Una ley es resultado de la decisión de los máximos órganos políticos del Estado (el Congreso y el Ejecutivo) lo que en clave de la democracia involucra a todos los sectores de la sociedad que participan en el acto en virtud del principio representativo.

            El sujeto de la ley es el “caballo de raza criolla”, no cualquier equino; queda implícito que se trata de la “raza criolla argentina” ya que pueden señalizarse otras razas de igual apelativo. Los criollo se caracterizan por ser descendientes de aquellos ejemplares rústicos, de uso cotidiano, que fueron traídos por los españoles a la América, por lo que pueden señalarse como tales a los de Uruguay; Perú; Chile, Paraguayo e incluso del Brasil, a los que se denominan con diferentes designaciones.

Tropilla en el corral" (Oleo de Esteban DíasAlazánTropilla (

            Interesa señalar que, en base al adagio jurídico que dice: “cuando la ley no distingue no se debe distinguir”, la declaración abarca tanto al caballo criollo de las llanuras como al de monte o al de montaña o cerrudo.

            El artículo primero contiene dos enunciados o calificaciones solemnes; se declara al “caballo de raza Criolla” como:
1) “Caballo Nacional”; o sea que privilegia al Criollo por sobre cualquier otra raza equina; y
2) “patrimonio cultural de la Argentina”; lo que expresa que Criollo está consustanciado con nuestra identidad nacional. Dicho de otra manera, lo declara como parte y característica de lo que puede llamarse “la argentinidad”.

Por lo demás la ley no consagra ningún otro mandato, en consecuencia aparentemente se limita a consagrar al Criollo. Sin embargo, el hecho que lo caracterice como “patrimonio nacional” implica varios deberes: preservar la raza; de promover sus valores e historia; difundir sus vínculos con la Historia y las tradiciones nacionales; a través de cuantas acciones oficiales y privadas fueren necesarias.

Este implícito mandato tiene como destinatarios: en primer lugar el Estado nacional; así como los gobiernos provinciales que lo integran y en segundo, a la sociedad toda tanto con respecto a los individuos, pero principalmente a las entidades intermedias, particularmente aquellas dedicadas a todo lo que se relacione con el caballo; su crianza y los deportes ecuestres.


Un juicio de valor

¿Hacía falta esta ley?, respondo enfáticamente: indudablemente que no. El Criollo está tan adentrado en nuestra entidad de argentinos que no se precisaba ley alguna. Sin embargo, que la misma se haya dictado tiene una importancia real, desmintiendo a quienes peyorativamente la consideran un acto banal.

La democracia se expresa a través de leyes, nada más ni nada menos, por ende, que el Congreso Nacional, con el concurso del Poder Ejecutivo hayan sancionado esta norma formaliza el reconocimiento que el pueblo argentino le asignara al caballo criollo, desde antiguo.

Una metáfora de nuestra cotidianeidad quizás explique mejor el párrafo anterior: No es necesario que un padre o una madre besen a su hijo por las noches y le digan que lo quieren, pero no hay dudas que si así lo hacen ese gesto y esas palabras tienen un valor inconmensurable.

Lo mismo pasa con le ley que tratamos, nada más, ni nada menos.

En consecuencia corresponde aplaudir la aprobación de esta ley, sin duda alguna.


Motivación

         Sería imposible comprender la cultura y la historia de nuestro pueblo prescindiendo de que el caballo fue principal paradigma de la vida de los gauchos. A caballo se alcanzó la independencia nacional; a caballo se impulsó el desarrollo económico y el conocimiento de cada rincón del país, excepto la Antártida; las islas Georgias y Sándwich (1). Aún hoy es un elemento vigente, fundamental, de aquello que podríamos llamar “el ser argentino”.

 

(1) También las Malvinas fueron hogar de los criollos e incluso resistieron allí luego del despojo británico, aún cuando los argentinos fueran expulsados.

 

Es sabido que los primeros equinos llegaron a la región del río de la Plata en el siglo XVI con el adelantado Pedro de Mendoza que fundó por primera vez a Bs. Aires. Con su destrucción quedaron libres para reproducirse en las pampas en cantidades inconcebibles desarrollándose una raza autóctona que se dio en llamar “criolla”.

 

La mixtura con otras foráneas casi produjo la desaparición de los criollos pero la oportuna intervención del criador doctor Emilio Solanet y otros hacendados permitió rescatar la raza del peligro. Ellos fundaron en 1923 la “Asociación de Criadores de Caballos Criollos Argentinos” que fijó el estándar de la raza a partir de tropillas patagónicas. Sirva esta mención como humilde homenaje.

 

Emblema de la institución con su lema: “Nuestra Raza”

 

La hazaña que logró Aimé Tschiffely,  suizo, docente y aventurero, de unir Bs. Aires con Nueva York montando a dos criollos en 1928, mostró al mundo las bondades de la raza.

 

Tschiffely montando a “Mancha” llegaron a N. York el 20 de septiembre de 1928

 

 

Fundamentos de la ley

Por el interés que suscitará su lectura y para caracterizar mejor al Criollo, reproducimos los argumentos dados por el autor del proyecto file:///C:/Documents%20and%20Settings/usuario/Mis%20documentos/Downloads/S1676-16PL.pdf: 

“En tiempos prehistóricos había caballos en América, aunque cuando se produjo la conquista española, tanto en México como en Perú el animal era desconocido por los pueblos originarios. Los caballos traídos de España eran animales de trabajo, seguramente con sangre andaluza y del norte de África (de raza Bereber) y tal vez con algo de árabe, dada la conquista musulmana en la península ibérica.
Algunos de esos caballos dieron lugar a razas de extrema elegancia como la de paso, en la costa del Perú, de caballos ambladores, que adelantan en la marcha la mano y la pata del mismo lado.
En el territorio argentino, especialmente en la Patagonia y en las pampas del sur, los caballos españoles dejados por Pedro de Mendoza desarrollaron características propias y no me atrevo a descartar o a afirmar que hayan existido o no cruzas con algunos caballos autóctonos.
Lo cierto es que durante la colonia y la independencia los caballos argentinos se pusieron la Patria al hombro o, más literalmente, al lomo.
Luego de la organización nacional empezaron a ingresar al país otras razas británicas de mayor porte y velocidad, que fueron desplazando a los caballos criollos. Por eso es que fue de extraordinaria importancia la iniciativa de don Emilio Solanet y otros criadores, de irse a la Patagonia a negociar con jefes de las etnias tehuelches la compra de manadas, que luego llevaron andando al Sur de la provincia de Buenos Aires.
En 1923, a partir del impulso que dio Solanet al mantenimiento de la raza con la travesía que realizó el profesor irlandés Aimé Tschifelly en los caballos criollos, Mancha y Gato, desde Buenos Aires hasta Nueva York, se fundó la “Asociación de Criadores de Caballos Criollos”.
La Asociación, cuyo objetivo primordial ha sido la difusión y el fomento de la cría de la raza Criolla, elaboró un estándar de la misma que ha permitido la selección y difusión del caballo criollo, logrando de tal forma recuperar el prestigio de la raza y constituyéndose en celosa titular de los registros genealógicos, lo que tuvo como fin “…salvar, ya a punto de desaparecer, esta raza autóctona”.
El caballo es importante para la Argentina. El arquetipo argentino del gaucho no sería tal sin caballo y gracias a eso formamos una cultura ecuestre, que como todas las de su tipo en el mundo, tiene ciertas características propias y comunes, como las tienen desde los mongoles, hasta los árabes o los americanos. Espíritu de libertad, respeto, humildad, vida en naturaleza, orgullo, suficiencia, dignidad, son algunas de esas características de los pueblos de a caballo.
Por eso, que nuestra Nación otorgue protección legal a nuestra raza caballar, tiene la relevancia de la preservación de lo propio, con características de patrimonio común, y de la conservación de una biodiversidad única, que se da en el ámbito de nuestro continente”.

 

Pareja de criollos compitiendo en una paleteada

 

Una mayor extensión tuvieron los fundamentos que acompañaron al primitivo proyecto de declaración, que también reproducimos tomado de http://www.hcdn.gob.ar/proyectos/textoCompleto.jsp?exp=2711-D-2013&tipo=DECLARACION:

“El Caballo Criollo desciende del caballo español, que fuera traído por los conquistadores, y fue el único que ingreso según consta en los manuscritos de la época. Según consta en distintos documentos históricos, fue quien acompañó a los próceres desde la gesta de Mayo y en toda la campaña emancipadora.
Foto de época (ca. 1920/ 1930)

Esto fue reconocido por diversos protagonistas de la época, como el general Carlos de Alvear ministro de la Confederación ante Washington, que le dijo al ministro Arana el 27 de octubre de 1838 al preguntar EEUU si soportaría la Confederación Argentina una invasión de Francia, respondió, "que serían destruidas por la caballería ya que por la topografía podían hostigar impunemente al enemigo, una caballería numerosa ágil, atrevida que por su frugalidad y robustez en soportar todo género de privaciones se debería considerar como la primera caballería del mundo. Que en sus campañas en España contra Francia conoció las caballerías de Francia, España e Inglaterra y que ninguna de ellas podrá compararse con la Argentina." (Raza Criolla, N° 32 pag. 4 a 12).
El 21 septiembre de 1950, el presidente de la Nación Juan Domingo Perón, decía, con motivo de la donación de cien caballos criollos para montar el escuadrón “Riobamba” [N.E.: del célebre regimiento de Granaderos del Libertador], "no solo compromete mi más íntimo agradecimiento, sino inspira un motivo para la justiciera recordación, de esta noble raza, a los cuales confió el Gran Capitán D. José de San Martín la conducción del Ejército de los Andes."
En aquella ocasión, el presidente Perón afirmó también: "he estampado en el libro del Regimiento que guarda los recuerdos de las visitas, la historia breve y sintética de un Caballo Criollo que, puede decirse, está en la Legión de los Héroes que formaron el Regimiento”.
[N. E. evidentemente falta aquí un párrafo que debió haberse escrito] Ese mismo caballo criollo, "Decano" de pelo colorado, se incorporó en 1813 al Regimiento de Granaderos a Caballo e hizo toda la campaña de los Andes y del Perú. Participó en las batallas de Sipe-sipe y Chacabuco, en donde fue herido de bala. Intervino en Cancha Rayada, Bio Bío y Maipú, volvió a la estancia de origen del teniente Miguel Cajaraville, en la provincia de Buenos Aires, para morir en 1825". (Raza Criolla, N° 99, pág. 66 y Justo P. Sáenz, Antología Sanmartiniana, páginas 646 y 647).[N.E.: Referencias originalmente volcadas en la obra “Episodios de la Guerra de la Independencia” del coronel Mauel de Olazábal; pag. 26]
 El criollo como caballo de guerra fue monta de los célebres Granaderos


Dice el profesor Aimé Tschiffely, "hasta hoy sus descendientes, los criollos conservan caracteres heredados de las sangres estampadoras del caballo español del siglo XVI. Quiero recordar a la memoria de las guerras y luchas civiles, en varias partes del continente sudamericano, cuando masas considerables de caballería compuesta por caballos criollos, efectuaron largas marchas con velocidades increíbles. En el curso de estas campañas, marcharon sin herraduras, comiendo lo que encontraban a su paso por los campos, las sierras y los montes, sin abrigos de mantas ni más veterinarios que los soldados. Sin querer darme bombo como dicen los rioplatenses, tengo que referirme a los dos caballos que me acompañaron. El Gato y Mancha, los que me llevaron de Buenos Aires a Nueva York, una distancia de 18.000 km. Durante el curso de este "raid" cruzaron llanuras, selvas, ríos y montañas, a veces con excesiva agua o demasiada sed, con fríos o calores rigurosos. Tengo que agregar a esta mala alimentación, lluvias, alturas de más de 5.000 metros, mortificaciones como picadura de mosquitos, jejenes y murciélagos vampiros. Sin embargo, ambos animales terminaron este largo viaje en tan buenas condiciones, que asombraron a todos los que los vieron llegar a la meta."

“Gato y Mancha” (óleo de Luis Cordiviola)


En su libro "Una excursión a los indios ranqueles", el general Lucio V. Mansilla escribe: "De todos lados asomaban indios, al gran galope siempre, sin cuidarse de los obstáculos naturales del terreno, donde caballos educados como los ingleses hubiesen caído postrados de fatiga a los diez minutos, por vigorosos que hubieran sido. Subían rápido a la cumbre de los médanos de movediza arena y bajaban con la celeridad del rayo; se perdían entre los montecillos de chañar, apareciendo al punto, se hundían en las blandas sinuosidades y se le exige".
En su libro de 1904 "Trepando los Andes", el italiano Clemente Onelli describe la tropilla que utilizó. "¿Caballos Finos?, lindos para sacarle fotografías, pero para el campo denme el caballo Criollo, de músculos de acero, de garrones de fierro, de pecho de bronce, sobrio como el anacoreta, templado a los cierzos y los soles pampeanos y que hoy anda 20 leguas y mañana también y que pasado mañana, en un último empuje, rematará las 30 leguas que faltan a la jornada que se le exige".
Algunos caballos de nuestros próceres quedaron en los documentos de las batallas libertadoras o de las luchas internas, como los que pertenecieron al Libertador D. José de San Martín, quién además fue criador; ese espléndido bayo que cayó en San Lorenzo en el fragor del combate, arrastrando en su caía al ilustre jefe y futuro libertador de medio continente, un alazán tostado de cola corta tusado y un zaino negro coludo de abundante crin los cuales montaba mientras organizaba el Ejército de los Andes (Gral. Jerónimo Espejo en El Paso de los Andes, pág. 35 y 91), su adversario en Maipo, el general en jefe Osorio montaba un blanco que quedó muerto en el campo de la acción (Memorias del Cnel. Manuel A. Pueyrredón, pág.24).

Un criollo en el monte salteño (Öleo de Eleodoro Marengo) 
Asimismo, se conocen dos caballos que pertenecieron al ilustre general Manuel Belgrano: el rosillo que montó el día de la batalla de Tucumán y que, al decir del general José M. Paz, era manso y de paso (Memorias, tomo 1, pág. 24) y el otro un hermoso blanco que después se lo regalo al joven sargento Mariano Gómez por su hazaña en Tambo Nuevo (Memorias del Gral. Gregorio Araoz de Lamadrid, editorial América, Madrid, págs. 47 y 63 a 65).
El general Gregorio Aráoz de Lamadrid, en la batalla de Ciudadela, montó un moro que al decir de él, era el mejor que había tenido en su vida, esto era mucho, cuando lo afirma un guerrero incansable y que en esa batalla el animal confirmó la opinión que su dueño tenía (Lamadrid, Memorias …; tomo II, pag. 64).
Facundo Quiroga también poseyó un moro, un bayo overo que montó en la batalla de La Tablada, el oscuro a quien llamaba el Piojo y por último el castaño overo con el cual pudo ponerse a salvo en la derrota de Oncativo (Lamadrid, Memorias, tomo I, pag. 43).
El restaurador de las leyes, brigadier general Juan Manuel de Rosas, comentó desde su exilio, "el mejor caballo que tuve y tendré es el que me regaló D. Claudio Stegman, era bayo del Entre Ríos" (Carlos Ibarguren, en Juan Manuel de Rosas, pag. 452).
De nuestros hermanos los indios, sabemos que sus cabalgaduras eran excelentes, pero la de los caciques por su jerarquía eran extraordinarios, como el de Ramón el Platero que tenía un bayo famoso por su bella conformación (El Caballo,  Nº 104 pag. 48), así como su cuñado Bustos tenía un overo negro (Mansilla, tomo I, pag. 54) y su hermano Juan José Catriel, un bayo cabos negros (Antonio del Valle, Recordando el Pasado, tomo I, pag. 315), Pincen al caer prisionero fugaba con su hijito en un zaino que fue su caballo de pelea perseguido por el general Villegas (Morales Guiñazú en Primitivos Habitantes de Mendoza, pag. 171).
“Capitanejo en su overo” (Oleo de Rodolfo Ramos)
Como hemos visto, es innumerable la cantidad de documentación (Raza Criolla, N°99, páginas 64 a 71) que demuestran que el caballo criollo es parte indisoluble de la historia de nuestra Patria y que su participación en ella ocurrió no porque fuera el mejor, si no por ser el único que existía.
“El rastreador” (Oleo de Aldo Chiappe)

Asimismo, los países miembros de la “Federación de Criadores de Caballos Criollos” han declarado al criollo como el caballo Nacional, reconociéndolo como parte de su patrimonio cultural intangible de su historia. Uruguay ha reconocido al caballo criollo como parte de su patrimonio cultural, reconociendo su papel en los periodos de lucha por la independencia y la consolidación nacional y en el desarrollo económico y social. Chile, por su parte, por medio del Decreto Supremo N° 531, reconoció como "deber constitucional del estado tutelar aquellas especies que son propias y características del medio natural chileno, como también aquellas cuyo desarrollo hacia su conformación morfológica y funcional son el resultado de una sostenida trayectoria de selección propia, por obra emprendida a través de generaciones de criadores nacionales, como es el caso de la especie Equus caballus, a través de la raza denominada "Caballo de Pura Raza Chilena".
La Argentina no escapa a la historia sudamericana y en reconocimiento al caballo criollo en la Historia nacional, en la cultura de nuestros paisanos y nuestros pueblos originarios, en el trabajo de recuperación llevado adelante por la “Asociación de Criadores de Caballos Criollos” desde 1923, celosa titular de los registros genealógicos de la raza como queda demostrado en la intervención del senador Durand el 7 de junio de 1950 en el despacho de la “Comisión de Presupuesto” donde dice, "un grupo fundó en el año 1923 la Asociación de Criadores de Caballos Criollos, con el objeto de salvar, ya a punto de desaparecer esta raza autóctona, luchando denodadamente con la apatía de los poderes públicos y la incomprensión en general que no apreciaban y ridiculizaban la obra y los fines que perseguía. Pese a todas las dificultades la Asociación gestionó y obtuvo tras denodada lucha la apertura de los registros genealógicos y la aprobación del standard de la raza".(Raza Criolla, N° 31, pág. 67), incorporando a la selección y depuración morfológica, las pruebas funcionales con vacunos, entre ellas las paleteadas, que hacen al acerbo cultural histórico del trabajo rural de antaño”.

Una visión fugaz
Para referenciar adecuadamente lo escrito me permitiré sumar una serie de fotografías que ilustran al ya célebre Criollo y que nos muestran algunos de sus pelajes, uno de los temas favoritos de las conversaciones que mantenían los gauchos a la lumbre del fogón nocturno o cuando las pulperías los reunían al caer la tarde.

En este sentido debo confesar mi debilidad personal por las capas de fantasía aunque en la realidad cotidiana, como sabemos, son la excepción. Consigno el nombre de sus pelajes conforme la usanza del Norte, mis pagos originarios; los entendidos sureños sabrán admitir algunas diferencias, propias de nuestra rica diversidad.

Tuco

Rosillo

Zaino oscuro

Tostado

Overo colorado

Alazán

Moro overo

Oscuro azabache

Colorado tostado

Lobuno

Bayo negro empedrado

Tordillo blanco


Moro empedrado

Encerado

Bayo amarillo ruano


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