sábado, 24 de diciembre de 2016

Posición de las figuras en el Pesebre de Belén 

Por Miguel Carrillo Bascary

 



En este día 24 de diciembre muchas familias a lo largo del mundo arman el pesebre de Belén en sus casas preparándose para celebrar la Nochebuena. Esta es una tradición minoritaria porque la gran mayoría lo hace el 8 de diciembre, festividad de la inmaculada concepción de María, de donde la madre de Jesús (que es también nuestra), asume la advocación de “la Inmaculada Concepción”.

 

Respondiendo a una consulta de último momento intentaremos evacuarla describiendo las razones que determinan la posición de los elementos que componen la imagen idealizada de aquél “santo Pesebre”. Por razones de tiempo dejaremos para otro momento analizar con cierto desarrollo el significado de cada figura.



El Niño en el pesebre

 

Como es natural el personaje principal es el “Niño Dios”, que según las Sagradas Escrituras nació en un pesebre. Es importante distinguir aquí, que el “pesebre” es el lugar donde se coloca el forraje para los animales, adminículo que ofició de improvisada “cuna” para el “Recién Nacido”; solo por extensión llamamos “pesebre” al recinto que albergó a la Sagrada Familia en la noche de Belén. En su origen se habría tratado de una gruta o saliente rocoso (alero), acondicionado para generar un ámbito que permitiera resguardar del frío, la noche, lluvia o nieve a los animales y a sus pastores. En consecuencia, el término “pesebre” nos indica una simple estructura de madera, con capacidad para contener el heno (una suerte de caja abierta); allí fue colocado Jesús. Este pesebre se coloca en el centro de la escena, naturalmente.

 

Obviamente que lo importante no es el “pesebre”, sino su contenido, el mismo “Divino Niño”, que por lo general se representa apenas cubierto por un pañal; sonriendo y con sus bracitos abiertos, como recibiendo a quienes se acercan a Él. En los belenes más antiguos, que solían ser más apegados a las convenciones de cada época, el Niño aparece vestido, pero siempre con sencillez.


 

Su Madre

 

Como en todo nacimiento, el segundo protagonista es la madre. Por eso en los belenes destaca la Virgen María, generalmente contemplando al Niño, inclinada hacia Él, en silenciosa adoración del Salvador. Esto se enfatiza en su posición, de rodillas; lo que ciertamente no condice con una reciente parturienta, pero que expresa la actitud de María como ser humano que privilegia contemplar a la divinidad por sobre las propias demandas de su condición física.

 

¿Ahora bien, dónde se coloca María con respecto al pesebre? La tradición indica que a su izquierda. Intentaremos explicar por qué. Desde ya que llama la atención su lugar porque, si la Virgen es el segundo protagonista en importancia, lo lógico sería que estuviera a la derecha del personaje principal, pues este es el lugar de honor, tal como lo reconoce el protocolo universal desde la Antigüedad clásica. La explicación está en la colocación del tercer elemento, como veremos. María lleva su manto cubriendo su cabeza, un gesto universal de modestia por el que cede el protagonismo materno al recién nacido.


Otro detalle de interés es explicar por qué en aquellas manifestaciones donde la Virgen carga al Niño, lo hace con el brazo izquierdo. También aquí apelamos a la lógica representativa simbólica propia de la Antigüedad; de esta manera el bebé queda sobre el corazón de la madre y escucha su latir, rememorando el privilegiado resguardo en que se hallaba en el vientre; además, si se considera que la mayoría de las personas son diestras, es adecuado que la madre mantenga esta extremidad libre y cargue al pequeño con la izquierda.


San José

 

Como padre aparente del Niño, es también con lógica el tercer protagonista del Pesebre. Generalmente está de pie y a la derecha. Esto tenía una explicación muy válida a los ojos de nuestros antepasados que poseían un sentido muy vivencial de las posturas simbólicas; una percepción de la realidad conceptual que está muy lejos de nuestra comprensión de hombres y mujeres del siglo XXI.

 

Si observamos bien la imagen esencial del Pesebre que todos tenemos, José no solo está de pie, sino que se apoya en su bastón de peregrino que sostiene con la mano derecha. Esto obliga a remontarnos un poco más. Las Escrituras informan que José (con María) debió viajar hasta Belén por ser esta localidad donde debía empadronarse conforme al decreto del emperador de Roma. Esto implicó un viaje y en este menester era usual llevar un bastón o cayado de fuerte madera para ayudarse en la marcha, especialmente en terrenos montañosos como los que rodean a Belén (localidad ubicada a unos 2.300 metros sobre el nivel del mar). El bastón servía con múltiples propósitos; si se clavaba en el suelo y sobre él se extendía un manto podía formar una improvisada tienda que ayudara a soportar el frío nocturno o el calcinante sol del mediodía en regiones desprovistas de arbolado. También era útil como palanca, para remover algún pedrusco que obstaculizara la senda por donde se transitaba; como improvisada arma para enfrentar a algunos de los malhechores que acechaban a los viajeros o para alejar a la perrada que se abalanzaba sobre los extraños cuando estos se acercaban a un lugar poblado.

 

Esta última función es la que podemos asignar al cayado de San José, quien como lo explican las Escrituras fue puesto por Dios como sustento material del Niño y su Madre; no solo para proveerlos en sus necesidades físicas; también como custodio de la familia. En consecuencia, San José está de pie, como signo de atención, una posición que potencialmente facilitaba defender a su familia con la mayor presteza. Podemos decir así que José “esta de guardia”; atento al recién nacido pero en actitud vigilante ante los visitantes que en lo humano eran para él perfectos desconocidos, cuyas buenas intenciones no cabía suponer; más aún en un entorno solitario como era el paraje que circundaba a la cueva. Por otra parte San José suele colocarse algo más adelantado con respecto a María y al Niño, conoceremos esta razón cuando analicemos el próximo párrafo.

 

Lo visto hasta aquí en principio, esto no nos explica el por qué de la ubicación de José. Siguiendo nuestra línea argumental, se coloca a la derecha pues es la posición desde donde una persona que sea diestra puede cubrir con mayor eficacia las necesidades de una hipotética defensa ante un agresor que accede desde el exterior. Precisamente, que el Carpintero esté algo más adelantado con respecto al Niño y más cercano al exterior de la cueva, facilita la acción defensiva en caso de alguna hipotética necesidad. La sutileza de la observación nada dice a la humanidad actual, pero en las duras condiciones de supervivencia que encarnaban nuestros antepasados, la posición de José resultaba absolutamente obvia y natural.

 

 

El buey y el burro

 

Son otros partícipes destacados del sagrado evento. Estos animales representan a la Naturaleza, como parte de la Creación y poseen profundo significado en el mensaje evangélico, un aspecto que obviamos tratar en este ensayo, pues demandaría mucha extensión. Por ahora nos circunscribiremos solo al objeto de la pregunta ¿dónde se colocan?


 

La tradición nos remite a una realidad física absolutamente realista: como mamíferos de sangre caliente la presencia de dos animales de su volumen constituye una importante fuente de calor que seguramente sería muy bien apreciada en las precarias condiciones que afrontaba la “Sagrada Familia” en el frío nocturnal de un invierno en zona de montañas. Más aún si consideramos que el aliento animal insufla aire algo más templado sobre el espacio donde se halla un recién nacido. Además, siempre siguiendo a la tradición, los cuadrúpedos estaban en la cueva con anterioridad a la llegada de tan especiales los huéspedes; por esto, lo usual es que el buey y el asno aparezcan por detrás del pesebre.

Hasta aquí algo hemos avanzado, sin embargo, ¿dónde colocamos al buey dónde al asno?; queda claro que su posición puede ser indistinta.


 

Los ángeles

 

Ya considerando la posición relativa de los otros protagonistas del Nacimiento las siguientes imágenes corresponderán a los ángeles, seres espirituales que según las Escrituras fueron los primeros en reconocer la divinidad de Dios en los tiempos de la Creación del Universo. La multitud de ángeles adora al Niño reconociendo en Él la culminación de la promesa de salvación que hizo Dios a los hombres. Como son por naturaleza inmaterial los ángeles se distribuyen en derredor de Jesús, como “volando” casi compitiendo con María y José, pero cediéndoles el protagonismo debido a su inmediatez con la encarnación de Jesús en la naturaleza humana. Podrían hacerse muchos comentarios sobre las implicancias teológicas de la presencia angélica en tan significativo momento de la Historia.

 

La doctrina cristiana reconoce la existencia de diversas categorías angélicas; por esto sus representaciones implica que en los belenes veamos variadas formas de representarlos humanizándolos como ángeles-niños y hasta como guerreros de edad mayor e importante contextura física. Entre los ángeles no suele faltar quién empuña una trompeta, en alusión a la proclamación del Nacimiento; en quien algunos ven al arcángel Gabriel.

 

En conclusión, los ángeles ocuparán diversos espacios del Pesebre, resaltando su condición espiritual con el uso alas y de vestiduras blancas, doradas y efectos brillantes.

 

 

Los pastores de Belén


 

Es el segundo conjunto de personas que participaron de aquella primera adoración a Jesús. Siempre se presentan en grupo, caracterizando a la Humanidad, particularmente a los más sencillos y humildes que el Mensaje evangélico señala como los más proclives a reconocer la Divinidad de Jesús y la validez de su salvación. Por esta razón los pastores se distribuyen también en forma aleatoria con sus espaldas hacia el exterior de la cueva; admitiéndose que algunos puedan hallarse más cerca del Niño, en cuyo caso se representan arrodillados, adorándolo; mientras que otros, en una posición relativa más alejada, pueden encontrarse a pie, como llegando. En la convenciones de los belenes, lo usual es que los pastores se nos presenten  de diversas edades, destacando algún anciano y otros casi niños; de esta forma se abarcan los diversos estadios de la vida humana.

 

Podemos apuntar una sutileza cuya apreciación es desconocida para nuestra mentalidad siglo XXI; los pastores cuando se muestras con solo una rodilla en tierra deberían representarse hincando la derecha; esta es la posición que tradicionalmente corresponde como señal de reverencia a la divinidad; por esto, cuando los súbditos hacían (y todavía lo hacen) una genuflexión ante los reyes cristianos, lo concretaban doblando su extremidad derecha.

 

 

Las ovejas

 

Acompañando a los pastores, como una certificación de su ocupación laboral, hallamos a las ovejas que se distribuyen también en forma aleatoria.



No suele faltar que un pastor lleve un cordero como ofrenda al “Divino Niño”; bien sea entre sus brazos o sobre sus hombros. Este cordero tiene un significado teológico muy obvio y al mismo tiempo muy complejo pues anticipa que ese mismo Niño será más tarde considerado el “Cordero de Dios”, víctima inocente del sacrificio de la Cruz, acto concreto donde se consumó la salvación del género humano.



         También suele verse un perro pastor; infaltable ayuda para el hombre en estas tareas. 

 

Los Reyes Magos

 

Son otros personajes, casi infaltables en los pesebre de Belén; en número de tres según refiere la tradición. Se nos presentan ataviados con ricos mantos y coronados, atributos propios de su condición. Cada uno lleva un presente, señalando su tributo a la divinidad del Niño. Ellos suelen aparecer en la periferia de la escena, señalando así que llegaron un tiempo después del Nacimiento, como relatan los Evangelios.


A veces son acompañados por diversos servidores (personajes prescindibles en el sentir general, pero figurantes en los grandes belenes). Es mucho más común encontrar sus camellos y hasta por algún caballo; medios de locomoción que cabe atribuir a los Reyes en el contexto histórico – geográfico de la época.

 

 

Otros seres

 

Con esta referencia aludimos tanto a humanos como a animales y hasta diversos seres mitológicos. Entre los primeros encontramos aldeanos; particularmente niños y algún soldado romano, por supuesto. En los grandes pesebres pueden aparecer: la profetisa Ana; Simeón; San Juan Bautista y hasta el rey Herodes. Todos ellos se ubican en posiciones periféricas respecto al pesebre.


También puede presentarse al “caganer [1]o “caganger”, cuyo origen se disputan diversas regiones de España; éste se coloca en un lugar apartado de la escena; habitualmente detrás de una peña; árbol o matorral; pero en otras representaciones se encuentra en un sitio ostensible, como contraste; generalmente cuando el personaje se caracteriza en alguna figura popular o cuando se identifica como un político.

                                                         Diego Maradona


Tratándose de animales, la variedad es pasmosa. Pueden ser domésticos o salvajes, acordes a las diferentes regiones del mundo. En algunos casos serán muy realistas, hasta el punto se presentarse en situaciones de una fiera cazando a una presa o bien; en una actitud mucho más acorde a la paz que inspira la Navidad, veremos a un león, junto a un ternero o a un águila posada al lado de un conejo; otra posición muy realista en el contexto de un pesebre de campo son las ratas y ratones; por lo general se los observa con una actitud despreocupada, curiosa respecto al Niño, pero en posiciones rastreras o semiocultos. En otros pesebres la caracterización de estos animales será absolutamente ingenua.


 

En algunos pesebres más recientes suele incluirse a Santa Claus.

 

 

Dinámica

 

En las tradiciones puede hallarse una particular dinámica en la “aparición” de las figuras del Pesebre. Lo usual es que se arme sin la presencia del Niño y que éste solo se coloque con el primer minuto del día 25 de diciembre. En algunas familias la tarea se confía al más pequeño vástago; en otras al patriarca de la casa o a la mujer que más recientemente haya sido madre; en algunas más, el Niño aparece “milagrosamente” en un descuido de los niños.

 

Puede advertirse también otra etapa. Los Reyes “llegan” recién en la noche del 6 de enero; pero como las urgencias actuales precipitan los tiempos la tendencia es presentar a estos visitantes en la misma Nochebuena o, a lo sumo, se los hace visibles en la mañana del día de Navidad. En la Antigüedad los pesebres se dejaban armados durante todo el lapso en que la Liturgia de la Iglesia católica celebraba el “tiempo de Navidad”, aproximadamente hasta comienzos del mes de febrero, pero ahora suelen desarmarse el 7 de enero, transcurrida la fecha de Reyes … o cuando la familia emprende sus vacaciones a comienzos de este mes.

 

Es así que en la fiesta de Reyes estos adquieren precedencia en el lugar frente al Niño; por lo que, en muchos casos, los pastores quedan relegados o directamente “desaparecen”.

 

 


Conclusión

 

Sabemos que la primera recreación de aquel primer belén fue inspiración de San Francisco y que se concretó en el año 1233. Desde entonces ha evolucionado de acuerdo a los tiempos, las culturas y la infinita creatividad humana. Así será por los siglos de los siglos hasta la segunda venida de ese Niño convertido ya en Salvador universal.

 

Mientras tanto, la representación del primer Pesebre seguirá siendo plural, con más o con menos protagonistas y figuras secundarias; tanto sea en una o en otra posición; pero…; en lo personal, nos conformaríamos con haber explicado someramente cuál debe ser la posición de cada uno en nuestro Pesebre de Navidad.







[i] Una persona con los pantalones bajos en posición de defecar.

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