domingo, 18 de diciembre de 2016

El trineo de Santa Claus … 
y otros transportes que usa


Por Miguel Carrillo Bascary


Con el presente continuamos tratando distintos aspectos del mito de Santa que tienen un simbolismo cultural muy significativo lo que justifica incluirlos en nuestro Blog. Esperamos que sea de vuestro interés.


Cuando los niños piensan cómo hace Santa para distribuir sus regalos a lo largo del mundo los padres pasan por verdaderas dificultades. Una primera respuesta consiste en explicar que la Nochebuena no es simultánea en las diversas latitudes del globo e intentar satisfacer la curiosidad natural de los chicos explicando que Santa usa algún vehículo mágico para trasladarse. Pensar que emplea un trineo tirado por renos es una simplificación demostrada por la historia.

Como toda persona de edad Santa Claus tiene una profunda sabiduría que a lo largo de los tiempos le ha permitido adaptarse a los tiempos, incorporando diversos tipos de vehículos para su recorrida. Vamos a dar un panorama lo más exacto posible pero adelantamos que lamentablemente no podremos agotar el tema pues la inventiva de Santa nos supera, obviamente.


En un principio

Si recordamos que el primer San Nicolás era obispo y que vivió en la antigua ciudad de Myra, Anatolia, allá por el siglo IV, es natural que usara un burro para llevar los regalos. Ese era el medio de transporte por excelencia, como prueba vemos que la Sagrada Familia usó uno de estos animales para huir de Palestina hacia Egipto cuando el rey Herodes quiso matar al “Niño Dios”. Aquí vemos una antigua imagen de Santa, ataviado con un ropaje muy propio del Medio Oriente acompañado por su burro.


Sin embargo, sabemos que los asnos no son muy confiables; a veces se empacan y no hay quién los pueda hacer andar (¡ni siquiera Santa!). Por eso, el "Papá Noel" armó un pequeño carro y tomó una cabra para que lo ayudaran en el reparto.


Cuando Santa empezó a hacerse conocer en el Norte de Europa, al principio hacía su periplo caminando sobre la nieve. Los pobladores eran escasos y todavía predominaba el paganismo.


Más tarde los pedidos aumentaron y se agenció un trineo de arrastre para facilitar su trabajo; cuando encontraba una pendiente se divertía deslizándose.


Fue entonces que sus amigos los sami (el pueblo de Laponia) que eran sus vecinos más cercanos le explicaron las bondades de los trineos que ellos usaban; a los que uncían uno o más renos, según la necesidad. Le contaron que en su origen se construía con un tronco ahuecado.


Santa quedó tan entusiasmado con este tipo de trineo que ha tenido infinidad de ellos a lo largo de los tiempos; cada uno más perfeccionado que el anterior. De aquella pareja de renos que la regalaron los sami descienden todos los que ha usado Santa.

 A medida que la fama de Santa se iba divulgando tuvo que viajar por las extensas llanuras de la taiga y de la tundra rusa. Fue entonces que cambió sus fieles renos por hermosos caballos, de esta forma pudo ir más rápido y su el trineo se transformó en una troika.


Pero cuando Santa circulaba por climas más apacibles pudo prescindir de uno de los caballos para que este no pasara tanto frío y pudiera permanecer bien abrigado en su establo.


Muchos pueblos costeros lo vieron desplazarse en diversos barcos a vela. Dicen, que incluso los feroces vikingos le prestaron uno de sus famoso dakars. Al fin y al cabo este pueblo vivía algo más al Sur que la casa de Santa. 
En una Navidad Santa tuvo que viajar a Inglaterra zarpó muy entusiasmado por la gran cantidad de regalos que podía llevar, pero la experiencia fue un fracaso. Cuando los ingleses vieron que la silueta del dakar se recortaba sobre el horizonte, huyeron despavoridos tierra adentro por que creyeron que los guerreros nórdicos llegaban para invadirlos.

 Nils Behder

También en Venecia se hizo famoso Santa y como en esta ciudad no hay calles sino canales tuvo que conseguir que le prestaran una góndola; desde entonces, en el mes de diciembre por esos hermosos canales navega cantidad de gondoleros disfrazados de “Babbo Natale” (así lo llaman a Santa) que tratan de aprovechar la oportunidad para ganar algunos euros. Los turistas conocen el truco pero gastan con gusto; ¡al fin y al cabo se aproxima Navidad! 
Aquí vemos al auténtico Santa con su góndola llena de regalos, llevando a un pequeño ayudante.


La experiencia fue muy interesante para Santa por eso que cuando tuvo que repartir sus regalos en zonas isleñas o no hay buenos caminos dejó a sus renos en casa y usó una piragua cuyo manejo resultó ser más complicado que la góndola.


Con el tiempo Santa consiguió una lancha para transportarse por las regiones acuíferas.


Con el avance tecnológico su vieja lancha presentó algunos problemas y por eso en los últimos tiempos Santa pide ayuda a unos amigos que tienen un moderno crucero inflable, el mismo con el que lo vemos pasear junto a sus gnomos.


Los holandeses siempre fueron raros. Su país está lleno de canales que deben cruzarse constantemente, a pesar de esto a su “Sinter Klass” no lo conciben sino a caballo, blanco por supuesto. Con él recorre las casas de los niños. La leyenda dice que en los lugares donde pisa el equino al año siguiente se obtienen los mejores tulipanes.


Las demandas de celeridad del reparto de presentes preocupaba a “Sinter Klass” fue entonces que con un sortilegio su blanco caballo aprendió a volar. Los griegos, cuya economía estaba pasando un muy mal momento (como todos sabemos) se llegaron hasta Santa para intentar cobrarle “derechos de autor” diciendo que ellos habían inventado a Pegaso y que por eso “algo” debían recibir en compensación. Con gran habilidad Santa (a quién los griegos llaman Άι Βασίλης) prometió solemnemente que “el próximo año” les pagaría regalías. Los griegos se fueron muy contentos, pero como el “próximo año” siempre está por llegar … Como Santa, además de pícaro es muy bueno, en recuerdo del hermoso Pegaso cuando pasa por Grecia todos los años da a sus aguas el más puro color azul; de esta manera muchos turistas visitan el país y con ello dan trabajo a los griegos.


Ya en el siglo XIX la mecanización iba avanzando y en Europa el tren hacía furor. Todos y todas se movilizaban por tren. Los rieles se extendieron por todo el mundo y Santa consideró que no podía permanecer indiferente, además el “caballo de hierro” (como lo bautizaron los pieles rojas) tenía una capacidad de carga extraordinaria, por lo que nuestro amigo pensó que había resuelto todos sus problemas de logística.


Santa lo usó algunos años, pero cuando se enteró que el humo contaminaba la atmósfera y que se cortaban muchos árboles para producir carbón donde no existía este mineral, resolvió volver a sus renos.

Pero antes experimentó con un novísimo medio de transporte, el globo aerostático. Acá lo vemos haciéndolo:


A fines de ese siglo la bicicleta se popularizó en forma extraordinaria. Todos andaban bicicletas. Como Santa tiene sus añitos no se animaba a probarla, pero varios chicos lo convencieron y de aquél episodio nos ha quedado esta imagen.


El experimento no dio muchos resultados pero Santa se quedó con las ganas. Muchos años más tarde se volvió loco con un nuevo tipo de bicicleta y resolvió hacer otra experiencia.


Alguien descubrió que colocando un motor a las bicicletas se transformaban en motos. Santa también quiso probar una, pero la capacidad de carga era muy escasa y por eso abandonó la idea.


Otro “alguien” inventó el “coche sin caballos”, que con el tiempo conocimos como “automóvil” (o auto, simplemente). El aparato se transformó en un ícono cultural, fundamental para la cultura humana. La acelerada evolución del vehículo le abrió a Santa un mundo nuevo.

Su primer auto estaba impulsado por un motor eléctrico y corría a la impresionante velocidad de 35 kilómetros por hora. ¡Mamá Claus estaba muy preocupada!


Años más tarde un norteamericano inventó la “producción en línea” con lo que los autos se difundieron extraordinariamente. Mediante una hábil política de marketing Santa recibió en su casa un flamante “Modelo T” (no decimos la marca para no hacer publicidad gratuitamente).


Santa siempre guardó este coche defendiéndolo de Mama Claus que cada noche de Año Nuevo, le preguntaba “si al fin iba a deshacerse de ese cacharro”. Durante un verano, muchos años más tarde, cuando la fábrica de juguetes todavía tenía estaba de vacaciones, Santa resolvió restaurarlo. Con varios gnomos amigos pusieron la mecánica “a nuevo” y lo pintaron de un alegre amarillo. Para recordar los buenos tiempos, la Navidad siguiente Santa lo usó en algunos repartos.

 H. Cademartori

Ya en los años ’50 Santa quiso tener un hot-road y le pidió al excelente style-man argentino, Héctor Cademartori (ex revista “Corsa”) que le diseñara un nuevo look para su querido coche. Fue entonces que “Papá Noel” dejó de comer galletas de jengibre y se aficionó a las donas.

 H. Cademartori

Fueron muchísimos los autos que ha tenido Santa. En la década de 1930, el mismo señor que le había regalado el “Modelo T” le facilitó un camión de reparto que dio a Santa muchas satisfacciones.


En la siguiente imagen lo vemos haciendo un alto en su camino, a mediados de la década de 1940. Este coche era mucho más veloz y confortable.


A mediados de la década de 1950 Santa consiguió una “casa rodante” con la que recorrió muchísimos kilómetros en su gratísima tarea anual.


En regiones muy alejadas, donde los caminos se cubren de una gruesa capa de hielo y nieve Santa usa este engendro, mezcla de trineo y de poderoso camión impulsado por un doble tren de tracción.


Con los años para llegar a los niños que viven en regiones arenosas, Santa acondicionó un dune buggy


En cambio, para distribuir regalos en algunos countries muy exclusivos Santa cuenta con un carrito de golf.


Pero volvamos unos años más atrás. Cuando Santa aprendió a conducir su primer auto surgió un problema inesperado; se aficionó mucho a la velocidad, como lo demuestra la siguiente imagen.


La velocidad se transformó en la segunda pasión de Santa. ¡Obvio que la primera es hacer felices a los niños”. Acá lo vemos conduciendo su “Santas’s Little Helper Special” en acelerada carrera con uno de sus amigos.


Santa ha desarrollado sus habilidades automovilísticas en diversos tipos de terrenos; con máquinas cada vez más sofisticadas y poderosas. Incluso ha llegado a correr el famosísimo “Rally de Montecarlo”.


También hizo una exitosa experiencia en los famosos óvalos peraltados del NASCAR . . .


Cuando unos locos de apellido Wright inventaron el avión, el aparato fue usado por Santa en la Navidad del año siguiente (1904) se llamaba “Kitty Hawk


A medida que el “aeroplano” se fue desarrollando Santa y sus ayudantes lo emplearon asiduamente para llegar hasta las diversas regiones más alejadas.


Una variante empleada en la década de 1930 fueron los dirigibles o zeppelines.


Más adelante, la propulsión a reacción facilitó el trabajo de Santa a quien vemos piloteando este poderoso jet.


Claro que para llegar a lugares inaccesibles Santa  emplea un helicóptero.
  

Cuando fue necesario asistir a los niños refugiados del Tercer Mundo a consecuencia de diversas calamidades, Santa solicitó la colaboración de la USAF que le facilitó un avión Hércules. 
Estamos seguros que el mejor regalo para estos chicos sería la paz y un desarrollo humano armónico y sostenible, pero ¡ni siquiera Santa no puede dar todo lo que se le pide! En estos "casos imposibles" Santa tiene una receta, rezar al “Niño Dios” y vivir conforme a sus enseñanzas.



Santa Claus no ha permanecido al margen de la lucha ideológica que sacudió al mundo durante la llamada “Guerra Fría” prueba de ello es la poco “sutil” alusión que surge de la siguiente imagen.
Por aquellos años la desaparecida Unión Soviética lideraba la “carrera espacial”. Para demostrar su superioridad sobre los yankees, el Kremlin anticipó que en el futuro Santa contrataría sus servicios para cumplir su tarea navideña. Aquí vemos en una postal de propaganda a un vehículo espacial soviético (por supuesto) conducido por un astronauta de esta nacionalidad y Santa como especialísimo pasajero.

  
Más allá de las disputas políticas, Santa está decidido a mantenerse al día con la innovación tecnológica. Se sabe que ha probando varias naves en el más absoluto secreto. Nuestros informantes nos aportan las siguientes imágenes como prueba de su habilidad de espías y de los futuros pasos de Santa Claus en su eterna labor a favor de lo niños.

 

¡Como vemos, a Santa no lo asusta ni la variedad ni la naturaleza de los vehículos que se le atribuyen!
  

Al terminar este largo informe, cuya confección nos ocupó largos meses, surge una conclusión evidente que resiste toda manipulación; pese a los adelantos de la tecnología, la imagen con la que se despide de nosotros demuestra que . . .


¡Santa Claus sigue prefiriendo su clásico trineo!





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