sábado, 31 de diciembre de 2016

Las  banderas provinciales y la reforma de la Constitución argentina, en 1994

Por Miguel Carrillo Bascary



Ejemplar oficial de la Constitución reformada

El año 1994 los argentinos reformamos nuestra Constitución nacional que databa de 1853. Esto implicó una necesaria actualización a los tiempos. Tanto su convocatoria como su desarrollo estuvieron condicionados por un acuerdo político entre el entonces presidente Menem (justicialista), que buscaba ser reelecto, y el líder radical, Raúl Alfonsín. Los trabajos se desarrollaron entre marzo y agosto de 1994; en las vecinas ciudades de Santa Fe y Paraná.

La ocasión resultó muy significativa por la amplitud de los temas a considerar y por ser una oportunidad en que los argentinos pudieron avocarse a la reforma sin exclusiones políticas, cosa que no ocurrió en las anteriores reformas intentadas en 1949 y 1957.

Los comicios para convencionales se realizaron a fines de 1993. Por aquél entonces los analistas políticos auguraban que solo los dos grandes partidos nacionales, el justicialismo y el radical tendrían el protagonismo; pero en forma sorpresiva el electorado mostró que no hay nada escrito en materia de votos. Surgieron con gran fuerza nuevos actores políticos que tuvieron un rol decisivo en los debates: el MODIN (coalición filo peronista de tintes derechistas); el FREJUPO (coalición de centro-izquierda); los partidos provinciales y los liberales, que también tuvieron una representación significativa.

 
Panorámica del recinto de sesiones
(Paraninfo de la Universidad del Litoral, Santa Fe)

Una oportunidad histórica para participar

Quién esto escribe era por entonces joven profesor de Derecho Constitucional en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Rosario. Sin militancia en ningún partido era impensable ser convencional, pero como especialista en la materia presenté ocho iniciativas a consideración de la Convención reformadora. Es claro que no existía la más mínima posibilidad de que alguno fuera tratado, pero, al menos, era una forma concreta de participar democráticamente en el proceso de la nueva constitución.

Para quienes no estén en materia, cabe explicar que todo argentino puede peticionar a las autoridades en virtud de lo dispuesto por el Art. 34 de la Constitución. En el caso concreto, este derecho se concreta mediante una nota formal, presentando un proyecto junto a su fundamentación.

También debemos explicar, que era factible promover dos tipos de iniciativas:
a) los proyectos de reforma o adición de un texto a la Constitución; y
b) los proyectos de resolución; que promovían adoptar alguna decisión relativa al proceso en curso.


Un humilde aporte

Por la temática de este Blog me detendré en la iniciativa que presenté como simple particular; bajo forma de un proyecto de resolución para que las “BANDERAS PROVINCIALES, fueran colocadas en el recinto de sesiones” de la Convención Constituyente. Tuvo entrada como expediente P- Nro. 45, a las 16 horas del día 8 de julio de 1994.
 
Primer folio de nuestra presentación con sello de recepción

El proyecto es muy sencillo, pero para aquellos tiempos en que la Vexilología argentina daba sus primeros pasos su fundamentación esbozaba los principales fundamentos referidos a la historia y al significado que poseen las banderas provinciales.

Debemos explicar a nuestros lectores, que Argentina es una federación (al igual que Estados Unidos; Rusia; India; Australia o el Brasil), donde cada uno de sus estados subnacionales participa como entidad política en el gobierno central. En cambio, en los países unitarios (como lo son la mayoría en la actualidad), las provincias o departamentos constituyen meras descentralizaciones territoriales del gobierno nacional.

En 1994 se esperaban diversas reformas destinadas a fortalecer el federalismo y existía un clima muy propicio a tal efecto. Sin embargo, la realidad argentina no terminaba de aceptar que las autonomías provinciales se identificaran a sí mismas mediante el uso de banderas. De hecho, solo diez contaban con ellas; una minoría, considerando que son veintitrés.

Como constitucionalista y vexilólogo consideraba que la reforma constitucional era una ocasión inmejorable para manifestar el federalismo exhibiendo las banderas provinciales en el recinto donde sesionaba la Convención. Este era el núcleo de la iniciativa.

En la transcripción que realizamos seguidamente constan los fundamentos del pedido; se anticipaban y contestaban las previsibles objeciones; se esboza la ubicación protocolar de las enseñas locales, resaltando la preeminencia de la Bandera nacional y se explicaba cómo representar a las provincias que no contaban con emblemas propios.


El resultado

Lamentablemente para nuestra expectativa el proyecto no prosperó, aunque tuvo la gentileza de auspiciarlo el convencional Iván Cullen, sobre quién se aportan referencias más adelante.

Aún así, la iniciativa fue un aporte que me dio permitió la satisfacción de participar en la histórica ocasión de la reforma constitucional.

La propuesta se anticipó así casi diez años a la decisión del Senado nacional, que en su momento dispuso colocar las banderas provinciales en la antesala de su recinto de sesiones, el “Salón Azul” del Congreso argentino. Como todavía algunas provincias no se habían dado banderas fueron representadas por paños blancos, con sus respectivos escudos bordados en su centro; tal como lo promoviéramos en 1994.

                                          Banderas provinciales en la antesala del Senado nacional
                                    Se observa la enseña de Río Negro (blanca con el escudo local)



Post scriptum

Al iniciarse el proceso reformador vio la luz un libro de mi autoría denominado “Reforma Constitucional- Ley Nº24.309. Esquemas y cuadros sinópticos”. En él sintetizábamos el proceso que llevó a la reforma y se analizaba en forma sinóptica el complejo tenor de la ley que declaró la necesidad de tales mutaciones. El doctor Iván Cullen tuvo la gentileza de prologarlo.
  


Tuve también oportunidad de presentar otros proyectos que reseño en forma sumaria:

a) Iniciativas de reformas:

1. Incorporar como anexo a la Constitución los principales tratados sobre Derechos Humanos (Expte. P- Nº29- 1994). Identificábamos a tal efecto: la “Declaración Universal de Derechos Humanos”; los “Pactos Internacionales de Derechos Humanos Civiles y Políticos” y de “Derechos Económicos, Sociales y Culturales”; la “Declaración Americana de Derechos Humanos”; la “Convención sobre los Derechos del Niño” y la “Convención contra la Discriminación de la Mujer”. Una iniciativa surgida de las comisiones de trabajo dispuso incorporar estos instrumentos y otros más en la Constitución nacional, bajo la forma del inciso 22 al artículo 75.

2. Establecer la preponderancia de los principios y convenios sobre Derecho Humanitario, por sobre las normas internas; en ocasión de estados de excepción; en particular los llamados “Convenios de Ginebra” y sus protocolos accesorios (Exte. P- Nº30 – 1994). Esto no ocurrió pero la reforma implicó la preeminencia de los tratados constitucionalizados por sobre el derecho interno en toda situación (artículo 75, inciso 22)

3. Fijar el principio de autonomía institucional como requisito del régimen municipal (Expte. P- Nº31 -1994). Un texto muy parecido fue sancionado como art. 123 de la nueva Constitución.

4. Reconocer la integridad cultural de las poblaciones indígenas (Expte. P- Nº42 – 1994). Promovíamos un extenso artículo destinado a tal efecto, dentro de las atribuciones del Congreso. Un articulado general bastante similar fue sancionado como inciso 17 del actual artículo 75 de la nueva Constitución.

5. Reconocer la plenitud del dominio de derecho público a las provincias sobre sus respectivos territorios, incluyendo su porción sumergida; áreas marinas y recursos naturales. (Expte. P- 43- 1994). Un texto similar, de carácter más general aparece en el último párrafo del actual artículo 124.

6. Incorporar con propósito didáctico los instrumentos de Derechos Humanos de mayor amplitud, en toda edición de la Constitución reformada (Expte. P- Nº56- 1994), para que la población viera facilitado su conocimiento.

b) Iniciativa de resolución

7. Postulábamos reafirmar las libertades comunales, base de las autonomía política y cuna de la democracia, en forma simbólica mediante la instalación en el recinto de sesiones de la campana del histórico Cabildo (ayuntamiento) de Santa fe (databa de 1770) cuyo tañido solemne se haría escuchar en diversos momentos de los trabajos de la Convención. (Expte. P- Nº44- 1994)

Histórica campana del Cabildo santafesino
(exhibida hoy en la Legislatura)


Las banderas provinciales en el recinto

Para quienes tengo un poco más de tiempo para dedicar a este Blog transcribo aquél proyecto:


NOTA DE PRESENTACIÓN Y FUNDAMENTOS DEL PROYECTO


Señor Presidente de la Honrable
CONVENCION CONSTITUYENTE
Su Despacho

Con carácter de petición de particular presento un proyecto de resolución destinado a DAR REPRESENTACIÓN DEL FEDERALISMO EN EL RECINTO DE DEBATES MEDIANTE LA INCORPORACIOON DE LAS BANDERAS PROVINCIALES FLANQUEANDO A LA BANDERA NACIONAL que, estimo, ha de ser cabalmente comprendido y aprobado por los señores convencionales, por cuanto posee el hondo y emotivo significado de reafirmación de nuestra forma de estado. Uno de los objetivos de este proceso reformador es afianzar el federalismo, así lo ha declarado el Congreso en la ley de convocatoria y lo han reiterado distintas manifestaciones del quehacer político e institucional.
Creo en la fuerza de los símbolos. La Historia argentina es suficiente demostración de que un breve gesto puede precipitar procesos sociales de magnitud hasta entonces apenas sospechados. En este sentido la iniciativa destacará en el recinto de deliberaciones de esta Honorable corporación, la necesidad de reafirmar el federalismo como verdadero norte de esta Convención.

Abundando en su fundamentación. No puede entenderse el fenómeno que representan las banderas provinciales sin referirnos a la Bandera nacional, ella es como la madre que nuclear en sí misma a toda la familia argentina. La Bandera argentina concentra en derredor a las insignias que sucesivamente se han dado o reconocido ya: Santa Fe; Entre Ríos; Buenos Aires; Corrientes; Formosa; La Rioja; Mendoza; Misiones; Neuquén; Santiago del Estero y las que pueden adoptar las restantes. Todas tienen similares derechos; esta igualdad fue proclamada al reunirse bajo la forma federal de Estado adoptada por los constituyentes en 1853.
Nuestra Bandera nacional es una e inmarcesible, pero no por ello impide los legítimos derechos de los pueblos provinciales a enarbolar sus propias divisas como símbolo de la autonomía que les reconoce la piedra fundacional del estado argentino, aquél “Pacto Federal” subscripto un 4 de enero de 1831, que cuajara entre 1853 y 1860 cuando la Constitución organizó definitivamente el país.
Nuestra Bandera nacional, como buena madre sabe permitir y hasta alentar la riqueza que implica la unidad en la diversidad, esto es: la libre expresión de los localismos provinciales en todo cuando no aliente un germen de división.
A ciertas voces que pudieran plantear, infundadamente, que las banderas provinciales enarboladas en la primera mitad del siglo pasado y que recientemente han restablecido algunas provincias son antítesis de la unidad nacional, puede contestárseles anticipadamente: quiénes así piensan yerran desde la base, pues evidencian un desconocimiento supino de la Historia argentina; ni el más disoluto caudillo llegó a considerar la posibilidad de negar la nacionalizad argentina, en su particular forma de entender la política y más allá de la miopía causada por sus propios defectos, magnificados por la soberbia ilustrada de sus antagonistas, tuvieron el completo convencimiento de ser argentinos y de dirigir los destinos de una provincia que conformaba la inescindible identidad nacional. En esto mucho tendrían que aprender ciertos personajes de nuestros días.
Estas banderas no fueron creadas como insignias para contradecir a la unidad nacional, los caudillos que las empuñaron resistieron las más hábiles tentaciones que les acercaron personeros de potencias europeas; baste recordar las formas en que se intentó convencer a Artigas o a varios de los gobernadores mesopotámicos de erigir estados títeres al servicio de los intereses foráneos, la cerrada negativa fue la respuesta, siempre. Ello está perfectamente documentado en la historiografía.
En suma, las banderas provinciales de aquella primera mitad del siglo XIX nunca intentaron reemplazar al lábaro belgraniano erigido como emblema de la Nación argentina. En ningún momento provincia alguna intentó la secesión, pese a las graves circunstancias que afligieron a la Patria. El apartamiento de Bs. Aires fue solo transitorio. Más aún, en cada pacto interprovincial que antecedió a la sanción de la Constitución y en cada constitución local que estos pueblos se dieron desde 1820, siempre se dejó en claro la indisoluble unidad de la Nación argentina (aún a despacho del nombre metafórico de “república” que algunas provincias adoptaron en ciertos momentos de este período).
Desde el reverdecer de la democracia, en el ya histórico diciembre de 1983, varias provincias rescataron el significado de sus banderas históricas. Siguiendo este ejemplo, en una secuencia que legitima el procedimiento, algunas que contaban con la fortuna de tener una bandera tradicional adoptaron diseños novedosos que sintetizaron sus autonomías. Para mayor fundamentación puede consultarse nuestro trabajo “Banderas provinciales; evidencias de un renovado federalismo”, publicado en la colección jurídica “El Derecho”, editorial homónima, Tomo 130, pág. 980; 1989.
Estas banderas provinciales que hoy ondean enmarcadas por el cielo argentino, simplemente obedecen al deseo de sus pueblos de tener a la vista, día a día, un símbolo que los inspire y fortalezca en la empresa de rescatar los valores autóctonos, de lograr la propia identidad social, de cimentar su futuro particular en la reflexión de sus procesos históricos.
Los escudos provinciales no pueden cumplir el mismo objeto que atribuimos a las banderas; ellos son estáticos por naturaleza, aparecen a los ojos del pueblo demasiado fríos y con un diseño críptico evidente. Recordemos que en definitiva, son sellos elaborados por peritos; están sustentados en las reglas intemporales de la Heráldica y por ende, permanece en un cierto aislamiento de las vivencias populares.
Al contrario, por alguna razón inscripta en la profunda sicología social a lo largo de los siglos, las banderas siempre suscitaron seguimiento de los pueblos. Desde la profundidad de los tiempos las banderas han guiado gestas y definido verdaderas tragedias de infausta memoria. Sin exagerar, las banderas han acompañado la historia de la Humanidad. Quién contemple una bandera ondear contra el cielo abierto, no escapará a esa sutil magia de vitalidad que inspiran sus pliegues en su dinamismo que restalla en sus colores, dándole una calidez que no tienen, ni pueden tener los escudos.
Al exponer estos conceptos a ciento cuarenta y un años  de nuestra Constitución, muchas provincias han adoptado ya banderas oficiales; en todas se registran iniciativas al efecto, mientras que en las restante la posibilidad está abierta … ya llegará el momento de su concreción.
Con esta fundamentación me permito traer a su consideración este proyecto, en momentos en que la Convención nacional se apresta a reelaborar las bases fundacionales del Estado argentino, promoviendo que se agreguen enmarcando a la Bandera nacional, las enseñas provinciales que se hayan dado los pueblos de interior. Así podremos decir que flanquean a la representación del pueblo argentino, identificado con la Divisa Belgraniana, se hacen presentes las autonomías provinciales constituidas como estados miembros en simbólica síntesis de la esencia del federalismo.
Respecto de aquellas provincias que carecen de una insignia oficializada, se postula que se representen con un paño en blanco, con su escudo (si así mejor parece); recordando que la pureza inmaculada de este color es la sumatoria de toda la paleta del arco iris y, por ende, es símbolo de la paz y de la integración en igualdad perfecta, como está reconocido universalmente y como lo consagra la forma federal de Estado.
Se plasmará así, frente a esta honorable Convención, como permanente recordatorio e inspiración, la dimensión institucional de nuestro federalismo: la Bandera celeste y blanca, como eje primordial de la identidad de nuestro pueblo y en derredor, las banderas provinciales, manifestación palpable de la vitalidad histórica y de la riqueza de sus particularismos.
Salúdale con la más atenta consideración.
Rosario, junio de 1994.

Firma: Dr. Miguel Carrillo Bascary (profesor adjunto ordinario de Derecho Constitucional; Universidad Nacional de Rosario)


PROYECTO DE RESOLUCIÓN

Texto:

“Esta Honorable Convención Constituyente …: RESUELVE: Disponer que a la brevedad posible, flanqueando a la Bandera de la Nación que preside las deliberaciones en este recinto, en representación del pueblo argentino, se incorporen las banderas de aquellas provincias que hayan oficializado estos símbolos, plasmando así la presencia de las autonomías locales contribuyentes a loa integración del Estado federal constituido en 1853. Respecto de aquellas provincias que la fecha no hayan formalizado una bandera propia, se representarán con pabellones de color blanco, por sintetizar éste a todo el espectro de la luz, significando: la justicia y la unidad.-“


Sobre el doctor Cullen

Iván José María Cullen, durante una sesión de la Constituyente


Era titular de la cátedra donde me desempeñaba el doctor Iván Cullen, constitucionalista de nota, sin filiación partidaria. Había sido convocado como extra-partidario en un expectante puesto de la lista de candidatos del Justicialista provincial, por invitación del gobernador Carlos Reutemann, ex -piloto de la Formula 1. Las rencillas que despertó en las filas del partido llevó a Cullen a renunciar de la postulación. En estas circunstancias fue contactado por un pequeño partido liberal que en las últimas elecciones había obtenido algo menos de 5.000 votos en la provincia, la Unión del Centro Democrático. Cullen accedió a encabezar la lista de convencionales a condición de hacerlo como candidato exta-partidario; sin comprometerse a sostener los postulados de la agrupación. Así lo hizo y logró ser electo con algo más de 90.000 sufragios. Fue convencional constituyente y llegó a ser el segundo en cantidad de proyectos presentados. Él auspició aquellos que se mencionan poco más atrás.


lunes, 26 de diciembre de 2016

Banderas e imagen  institucional

Serie: “Errores de Ceremonial”

Por Miguel Carrillo Bascary



El uso de banderas institucionales siempre debe conceder precedencia a las enseñas oficiales. El protocolo vexilológico es absolutamente claro y determina el siguiente orden básico:

1º) bandera nacional
2º) bandera de un estado subnacional o provincia
3º) bandera municipal
4º) bandera de una institución o empresa

Sin embargo no es poco frecuente que se coloquen banderas en total contradicción a lo expuesto. Cuando el protagonista de estos errores o displicencias es una repartición oficial o una empresa estatal, resulta francamente lamentable ya que habla muy mal de la entidad y de sus autoridades.

Sirva como ejemplo negativo la fotografía que presentamos, donde luce en posición central la enseña representativa de la “Empresa Provincial de la Energía” de la provincia de Santa Fe (“EPE”). A su derecha se observa la bandera argentina y a su izquierda la de aquella provincia. La foto fue obtenida en noviembre de 2016, frente a las instalaciones de distribución ubicadas en calle Sarmiento al 300 de la ciudad de Rosario. 

En el caso concreto la argentina debió colocarse en el centro; la provincial a su derecha y a su izquierda, la de la empresa oficial.

Un párrafo aparte para las deplorables condiciones que presenta la bandera de Santa Fe.


En definitiva, una muy pobre imagen institucional de la “Empresa Provincial de la Energía”.
La nación afro Congo de Gunga y su bandera

Por Miguel Carrillo Bascary


 Primer escudo nacional del Uruguay
(Museo Histórico Nacional, Montevideo)


Las naciones afro en el Río de la Plata

En las tradiciones rioplatenses existe una dimensión donde el sentido de identidad de las llamadas “naciones africanas” se expresa en las banderas que adoptaron diversas asociaciones de su gente “de color”.

Tanto en Uruguay como en Argentina, los descendientes de negros traídos como esclavos, muchos de ellos mestizados en diferente proporción, formaron (y forman aún) un conglomerado social de ricas expresiones culturales. Un fenómeno que se reprodujo en otras partes de América.

Todavía están por estudiarse muchos aspectos de su protagonismo. Lo que se sabe indica una notable variedad de expresiones; construyeron su propio espacio social con manifestaciones en periódicos y asociaciones de ayuda mutua; por ejemplo; pero también se integraron a la vida de sus patrias y concretaron aportes significativos en el ámbito del comercio; la ciencia; la industria; la política; la cultura y hasta de la milicia.

En un principio se agruparon atendiendo a su origen ancestral, quizás tomando como referencia sus lenguas y no tanto el ámbito geográfico del que fueron arrancados; sin embargo, esas lenguas remitían a regiones de límites poco precisos. Ellos mismos se identificaron como “naciones”; una terminología que es otro ámbito de estudio pendiente; aquí lo utilizamos sin más, no sin especificar que es un concepto multívoco.

Juan Manuel Peña y José Luis Alonso, vexilólogos argentinos de nota, documentaron que muchas de las naciones que actuaron en el territorio argentino contaban con banderas que las identificaban. En su extraordinario libro “Las banderas de los argentinos” (2009) reseñan las correspondientes a las naciones: Muñiban; Mora; Benguela; Sabalú y la de los sedientes “Esclavos Manumitidos”. En la obra se recrean maravillosamente ilustradas por nuestro amigo Francisco Gregoric. Sin dudas que habrán existido otras, cuya composición deberá ser objeto de mayores investigaciones.

Recién en los últimos años se han conseguido avances significativos en el reconocimiento de la importancia afro para las historias de Argentina y de Uruguay. Como una aproximación a la temática sugerimos el espacio generado por la Subsecretaría de Derechos Humanos de Argentina, desde donde podrán descargarse dos interesantes libros:  http://www.jus.gob.ar/derechoshumanos/areas-tematicas/afrodescendiente.aspx.
También es pertinente remitir a la web del Ministerio de Educación de Argentina, con videos y ensayos de diversos tipos: http://www.educ.ar/sitios/educar/seccion/?ir=argentina_afro
Otra fuente de relevancia es la web del “Instituto Argentino para la Igualdad, Diversidad e Integración” (IARPIDI) http://iarpidi.org (caracterizada como “la voz de los afro” en este país; que permite acceder a su revista on line: http://iarpidi.org/category/kimpuanza-revista


Nuestro aporte

Hoy intentamos contribuir mínimamente al conocimiento de un antecedente afro a la Vexilología del Río de la Plata, rescatando la existencia de la nación Congo de Gunga asentada en la República Oriental del Uruguay que data del segundo cuarto del siglo XIX. Reconocemos como fuente primaria el ya agotadísimo libro “El Negro en el Uruguay – Pasado y presente” del investigador Ildefonso Pereda Valdés[1] (Montevideo, 2ª edic. 1965; 302 páginas; la primera data de 1941)


Allí se apunta que la procedencia de los negros esclavizados trasladados a la región del Plata admite diversificar su origen en la siguiente taxonomía:

a) Sudaneses (dahomeyanos y minas), provenientes de la región comprendida entre el Senegal y Dahomey);
b) Guineanos –sudaneses (principalmente mandingos), arrancados de la actual Guinea, Nigeria, Gabon y el Camerún); y
c) Bantúes (provenientes de las zonas de Congo; Luanda; Angola; Benguela y el actual Mozambique).

Pereda específica que los Congos de Gunga se dividían en seis provincias: Angola; Basundi; Boima; Guanda; Gunga y Munyolo. Transcribe un interesante documento (páginas 249 a 252) elaborado por el licenciado en Derecho Jacinto Ventura de Molina[2], representante de la “Junta de Morenos Congos de Gunga” con asiento en Montevideo (Uruguay); también conocida como “Sociedad de Negros Congos de Gunga”. Allí especifica, que tanto la citada como otras instituciones similares son “asociaciones públicas, en casas sabidas y determinables, con presidente conocido [Antonio de la Rosa Brito]; a puerta abierta; sin ninguna reserva, ni pensamiento que la imponga o la demande generoso, caritativo, para bien de la Humanidad y sus colegas difuntos”.
Más adelante consigna que porta en su bandera “el Escudo Patrio” (el uruguayo, obviamente) “orlado por siete estrellas”. El documento está datado en noviembre de 1834.

Sobre esta base, apelando a nuestras muy básicas habilidades de dibujante encaramos una reproducción hipotética de la enseña de la nación “Congo de Gunga”; que vemos seguidamente. Omitimos su coloración ya que la descripción que nos hace de Molina no la menciona.
  




Para conocer más recomendamos:

Sobre la nación gunga y otras agrupaciones similares:

Población afrodescendiente y dificultades étnico-raciales en Uruguay” (192 páginas; 2008) producto de una variedad de autores encolumnaos en un proyecto coordinado por Lucía Scuro Somma) bajo auspicio del PNUD (ONU):
Con síntesis en slides:

Esclavitud y afrodescendientes en Uruguay. Una mirada desde la antropología” (40 páginas, 2002); de Roberto Bracco; José Lopez Mazz; Beatriz Orrego Rojas; Nicolás Batalla; Rodrigo Bongiovanni y Magdalena Gutierrez:

Abolicionismo y tráfico de esclavos en Montevideo tras la fundación republicana” (216 páginas; 1976) Alex Borucki:

Blackness in the white nation: a history of Afro-Uruguay”; de George Reid Andrews (236 páginas; 2010); vista de numerosos fragmentos en:

https://books.google.com.ar/books?isbn=0807834173



Sobre el licenciado Jacinto Ventura de Molina:

El licenciado negro: Jacinto Ventura de Molina” de Alejandro Gortázar (86 páginas; 2007):

https://books.google.com.ar/books?isbn=9974324548






[1] Nació en 1899 (Tacuarembó, Uruguay) y falleció en 1996, (Montevideo). Puede accederse a una edición on line gratuita de su interesante libro desde: http://www.autoresdeluruguay.uy/biblioteca/Ildefonso_Pereda_Valdes/lib/exe/fetch.php?media=pereda_-_el_negro_en_el_uruguay-_pasado_y_presente.pdf . Otras obras suyas son: El negro rioplatense y otros ensayos (1927), Raza negra (1930), Antología de la poesía negra americana (1936), El negro rioplatense (1937), Línea de color, el negro americano (1938), Negros esclavos y negros libres (1941), Les Afro Americains (1953) y El negro en la epopeya artiguista (1962).
[2] Previamente se había distinguido como sargento mayor del regimiento de milicias de Pardos y Morenos de Montevideo, máximo rango al que podía acceder un hombre de color.

sábado, 24 de diciembre de 2016

Posición de las figuras en el Pesebre de Belén 

Por Miguel Carrillo Bascary

 



En este día 24 de diciembre muchas familias a lo largo del mundo arman el pesebre de Belén en sus casas preparándose para celebrar la Nochebuena. Esta es una tradición minoritaria porque la gran mayoría lo hace el 8 de diciembre, festividad de la inmaculada concepción de María, de donde la madre de Jesús (que es también nuestra), asume la advocación de “la Inmaculada Concepción”.

 

Respondiendo a una consulta de último momento intentaremos evacuarla describiendo las razones que determinan la posición de los elementos que componen la imagen idealizada de aquél “santo Pesebre”. Por razones de tiempo dejaremos para otro momento analizar con cierto desarrollo el significado de cada figura.



El Niño en el pesebre

 

Como es natural el personaje principal es el “Niño Dios”, que según las Sagradas Escrituras nació en un pesebre. Es importante distinguir aquí, que el “pesebre” es el lugar donde se coloca el forraje para los animales, adminículo que ofició de improvisada “cuna” para el “Recién Nacido”; solo por extensión llamamos “pesebre” al recinto que albergó a la Sagrada Familia en la noche de Belén. En su origen se habría tratado de una gruta o saliente rocoso (alero), acondicionado para generar un ámbito que permitiera resguardar del frío, la noche, lluvia o nieve a los animales y a sus pastores. En consecuencia, el término “pesebre” nos indica una simple estructura de madera, con capacidad para contener el heno (una suerte de caja abierta); allí fue colocado Jesús. Este pesebre se coloca en el centro de la escena, naturalmente.

 

Obviamente que lo importante no es el “pesebre”, sino su contenido, el mismo “Divino Niño”, que por lo general se representa apenas cubierto por un pañal; sonriendo y con sus bracitos abiertos, como recibiendo a quienes se acercan a Él. En los belenes más antiguos, que solían ser más apegados a las convenciones de cada época, el Niño aparece vestido, pero siempre con sencillez.


 

Su Madre

 

Como en todo nacimiento, el segundo protagonista es la madre. Por eso en los belenes destaca la Virgen María, generalmente contemplando al Niño, inclinada hacia Él, en silenciosa adoración del Salvador. Esto se enfatiza en su posición, de rodillas; lo que ciertamente no condice con una reciente parturienta, pero que expresa la actitud de María como ser humano que privilegia contemplar a la divinidad por sobre las propias demandas de su condición física.

 

¿Ahora bien, dónde se coloca María con respecto al pesebre? La tradición indica que a su izquierda. Intentaremos explicar por qué. Desde ya que llama la atención su lugar porque, si la Virgen es el segundo protagonista en importancia, lo lógico sería que estuviera a la derecha del personaje principal, pues este es el lugar de honor, tal como lo reconoce el protocolo universal desde la Antigüedad clásica. La explicación está en la colocación del tercer elemento, como veremos. María lleva su manto cubriendo su cabeza, un gesto universal de modestia por el que cede el protagonismo materno al recién nacido.


Otro detalle de interés es explicar por qué en aquellas manifestaciones donde la Virgen carga al Niño, lo hace con el brazo izquierdo. También aquí apelamos a la lógica representativa simbólica propia de la Antigüedad; de esta manera el bebé queda sobre el corazón de la madre y escucha su latir, rememorando el privilegiado resguardo en que se hallaba en el vientre; además, si se considera que la mayoría de las personas son diestras, es adecuado que la madre mantenga esta extremidad libre y cargue al pequeño con la izquierda.


San José

 

Como padre aparente del Niño, es también con lógica el tercer protagonista del Pesebre. Generalmente está de pie y a la derecha. Esto tenía una explicación muy válida a los ojos de nuestros antepasados que poseían un sentido muy vivencial de las posturas simbólicas; una percepción de la realidad conceptual que está muy lejos de nuestra comprensión de hombres y mujeres del siglo XXI.

 

Si observamos bien la imagen esencial del Pesebre que todos tenemos, José no solo está de pie, sino que se apoya en su bastón de peregrino que sostiene con la mano derecha. Esto obliga a remontarnos un poco más. Las Escrituras informan que José (con María) debió viajar hasta Belén por ser esta localidad donde debía empadronarse conforme al decreto del emperador de Roma. Esto implicó un viaje y en este menester era usual llevar un bastón o cayado de fuerte madera para ayudarse en la marcha, especialmente en terrenos montañosos como los que rodean a Belén (localidad ubicada a unos 2.300 metros sobre el nivel del mar). El bastón servía con múltiples propósitos; si se clavaba en el suelo y sobre él se extendía un manto podía formar una improvisada tienda que ayudara a soportar el frío nocturno o el calcinante sol del mediodía en regiones desprovistas de arbolado. También era útil como palanca, para remover algún pedrusco que obstaculizara la senda por donde se transitaba; como improvisada arma para enfrentar a algunos de los malhechores que acechaban a los viajeros o para alejar a la perrada que se abalanzaba sobre los extraños cuando estos se acercaban a un lugar poblado.

 

Esta última función es la que podemos asignar al cayado de San José, quien como lo explican las Escrituras fue puesto por Dios como sustento material del Niño y su Madre; no solo para proveerlos en sus necesidades físicas; también como custodio de la familia. En consecuencia, San José está de pie, como signo de atención, una posición que potencialmente facilitaba defender a su familia con la mayor presteza. Podemos decir así que José “esta de guardia”; atento al recién nacido pero en actitud vigilante ante los visitantes que en lo humano eran para él perfectos desconocidos, cuyas buenas intenciones no cabía suponer; más aún en un entorno solitario como era el paraje que circundaba a la cueva. Por otra parte San José suele colocarse algo más adelantado con respecto a María y al Niño, conoceremos esta razón cuando analicemos el próximo párrafo.

 

Lo visto hasta aquí en principio, esto no nos explica el por qué de la ubicación de José. Siguiendo nuestra línea argumental, se coloca a la derecha pues es la posición desde donde una persona que sea diestra puede cubrir con mayor eficacia las necesidades de una hipotética defensa ante un agresor que accede desde el exterior. Precisamente, que el Carpintero esté algo más adelantado con respecto al Niño y más cercano al exterior de la cueva, facilita la acción defensiva en caso de alguna hipotética necesidad. La sutileza de la observación nada dice a la humanidad actual, pero en las duras condiciones de supervivencia que encarnaban nuestros antepasados, la posición de José resultaba absolutamente obvia y natural.

 

 

El buey y el burro

 

Son otros partícipes destacados del sagrado evento. Estos animales representan a la Naturaleza, como parte de la Creación y poseen profundo significado en el mensaje evangélico, un aspecto que obviamos tratar en este ensayo, pues demandaría mucha extensión. Por ahora nos circunscribiremos solo al objeto de la pregunta ¿dónde se colocan?


 

La tradición nos remite a una realidad física absolutamente realista: como mamíferos de sangre caliente la presencia de dos animales de su volumen constituye una importante fuente de calor que seguramente sería muy bien apreciada en las precarias condiciones que afrontaba la “Sagrada Familia” en el frío nocturnal de un invierno en zona de montañas. Más aún si consideramos que el aliento animal insufla aire algo más templado sobre el espacio donde se halla un recién nacido. Además, siempre siguiendo a la tradición, los cuadrúpedos estaban en la cueva con anterioridad a la llegada de tan especiales los huéspedes; por esto, lo usual es que el buey y el asno aparezcan por detrás del pesebre.

Hasta aquí algo hemos avanzado, sin embargo, ¿dónde colocamos al buey dónde al asno?; queda claro que su posición puede ser indistinta.


 

Los ángeles

 

Ya considerando la posición relativa de los otros protagonistas del Nacimiento las siguientes imágenes corresponderán a los ángeles, seres espirituales que según las Escrituras fueron los primeros en reconocer la divinidad de Dios en los tiempos de la Creación del Universo. La multitud de ángeles adora al Niño reconociendo en Él la culminación de la promesa de salvación que hizo Dios a los hombres. Como son por naturaleza inmaterial los ángeles se distribuyen en derredor de Jesús, como “volando” casi compitiendo con María y José, pero cediéndoles el protagonismo debido a su inmediatez con la encarnación de Jesús en la naturaleza humana. Podrían hacerse muchos comentarios sobre las implicancias teológicas de la presencia angélica en tan significativo momento de la Historia.

 

La doctrina cristiana reconoce la existencia de diversas categorías angélicas; por esto sus representaciones implica que en los belenes veamos variadas formas de representarlos humanizándolos como ángeles-niños y hasta como guerreros de edad mayor e importante contextura física. Entre los ángeles no suele faltar quién empuña una trompeta, en alusión a la proclamación del Nacimiento; en quien algunos ven al arcángel Gabriel.

 

En conclusión, los ángeles ocuparán diversos espacios del Pesebre, resaltando su condición espiritual con el uso alas y de vestiduras blancas, doradas y efectos brillantes.

 

 

Los pastores de Belén


 

Es el segundo conjunto de personas que participaron de aquella primera adoración a Jesús. Siempre se presentan en grupo, caracterizando a la Humanidad, particularmente a los más sencillos y humildes que el Mensaje evangélico señala como los más proclives a reconocer la Divinidad de Jesús y la validez de su salvación. Por esta razón los pastores se distribuyen también en forma aleatoria con sus espaldas hacia el exterior de la cueva; admitiéndose que algunos puedan hallarse más cerca del Niño, en cuyo caso se representan arrodillados, adorándolo; mientras que otros, en una posición relativa más alejada, pueden encontrarse a pie, como llegando. En la convenciones de los belenes, lo usual es que los pastores se nos presenten  de diversas edades, destacando algún anciano y otros casi niños; de esta forma se abarcan los diversos estadios de la vida humana.

 

Podemos apuntar una sutileza cuya apreciación es desconocida para nuestra mentalidad siglo XXI; los pastores cuando se muestras con solo una rodilla en tierra deberían representarse hincando la derecha; esta es la posición que tradicionalmente corresponde como señal de reverencia a la divinidad; por esto, cuando los súbditos hacían (y todavía lo hacen) una genuflexión ante los reyes cristianos, lo concretaban doblando su extremidad derecha.

 

 

Las ovejas

 

Acompañando a los pastores, como una certificación de su ocupación laboral, hallamos a las ovejas que se distribuyen también en forma aleatoria.



No suele faltar que un pastor lleve un cordero como ofrenda al “Divino Niño”; bien sea entre sus brazos o sobre sus hombros. Este cordero tiene un significado teológico muy obvio y al mismo tiempo muy complejo pues anticipa que ese mismo Niño será más tarde considerado el “Cordero de Dios”, víctima inocente del sacrificio de la Cruz, acto concreto donde se consumó la salvación del género humano.



         También suele verse un perro pastor; infaltable ayuda para el hombre en estas tareas. 

 

Los Reyes Magos

 

Son otros personajes, casi infaltables en los pesebre de Belén; en número de tres según refiere la tradición. Se nos presentan ataviados con ricos mantos y coronados, atributos propios de su condición. Cada uno lleva un presente, señalando su tributo a la divinidad del Niño. Ellos suelen aparecer en la periferia de la escena, señalando así que llegaron un tiempo después del Nacimiento, como relatan los Evangelios.


A veces son acompañados por diversos servidores (personajes prescindibles en el sentir general, pero figurantes en los grandes belenes). Es mucho más común encontrar sus camellos y hasta por algún caballo; medios de locomoción que cabe atribuir a los Reyes en el contexto histórico – geográfico de la época.

 

 

Otros seres

 

Con esta referencia aludimos tanto a humanos como a animales y hasta diversos seres mitológicos. Entre los primeros encontramos aldeanos; particularmente niños y algún soldado romano, por supuesto. En los grandes pesebres pueden aparecer: la profetisa Ana; Simeón; San Juan Bautista y hasta el rey Herodes. Todos ellos se ubican en posiciones periféricas respecto al pesebre.


También puede presentarse al “caganer [1]o “caganger”, cuyo origen se disputan diversas regiones de España; éste se coloca en un lugar apartado de la escena; habitualmente detrás de una peña; árbol o matorral; pero en otras representaciones se encuentra en un sitio ostensible, como contraste; generalmente cuando el personaje se caracteriza en alguna figura popular o cuando se identifica como un político.

                                                         Diego Maradona


Tratándose de animales, la variedad es pasmosa. Pueden ser domésticos o salvajes, acordes a las diferentes regiones del mundo. En algunos casos serán muy realistas, hasta el punto se presentarse en situaciones de una fiera cazando a una presa o bien; en una actitud mucho más acorde a la paz que inspira la Navidad, veremos a un león, junto a un ternero o a un águila posada al lado de un conejo; otra posición muy realista en el contexto de un pesebre de campo son las ratas y ratones; por lo general se los observa con una actitud despreocupada, curiosa respecto al Niño, pero en posiciones rastreras o semiocultos. En otros pesebres la caracterización de estos animales será absolutamente ingenua.


 

En algunos pesebres más recientes suele incluirse a Santa Claus.

 

 

Dinámica

 

En las tradiciones puede hallarse una particular dinámica en la “aparición” de las figuras del Pesebre. Lo usual es que se arme sin la presencia del Niño y que éste solo se coloque con el primer minuto del día 25 de diciembre. En algunas familias la tarea se confía al más pequeño vástago; en otras al patriarca de la casa o a la mujer que más recientemente haya sido madre; en algunas más, el Niño aparece “milagrosamente” en un descuido de los niños.

 

Puede advertirse también otra etapa. Los Reyes “llegan” recién en la noche del 6 de enero; pero como las urgencias actuales precipitan los tiempos la tendencia es presentar a estos visitantes en la misma Nochebuena o, a lo sumo, se los hace visibles en la mañana del día de Navidad. En la Antigüedad los pesebres se dejaban armados durante todo el lapso en que la Liturgia de la Iglesia católica celebraba el “tiempo de Navidad”, aproximadamente hasta comienzos del mes de febrero, pero ahora suelen desarmarse el 7 de enero, transcurrida la fecha de Reyes … o cuando la familia emprende sus vacaciones a comienzos de este mes.

 

Es así que en la fiesta de Reyes estos adquieren precedencia en el lugar frente al Niño; por lo que, en muchos casos, los pastores quedan relegados o directamente “desaparecen”.

 

 


Conclusión

 

Sabemos que la primera recreación de aquel primer belén fue inspiración de San Francisco y que se concretó en el año 1233. Desde entonces ha evolucionado de acuerdo a los tiempos, las culturas y la infinita creatividad humana. Así será por los siglos de los siglos hasta la segunda venida de ese Niño convertido ya en Salvador universal.

 

Mientras tanto, la representación del primer Pesebre seguirá siendo plural, con más o con menos protagonistas y figuras secundarias; tanto sea en una o en otra posición; pero…; en lo personal, nos conformaríamos con haber explicado someramente cuál debe ser la posición de cada uno en nuestro Pesebre de Navidad.







[i] Una persona con los pantalones bajos en posición de defecar.