Un notable vestigio intercultural
Por Miguel
Carrillo Bascary
Seguramente para atraer mi
atención escuché de los labios de mi abuela Adelita[1]
una serie de palabras que me resultaron extrañas, aunque algunas eran levemente
familiares. Intrigado, le pregunté que significaban y entonces me contó la
historia que hoy les comparto.
Dijo haberlas aprendido
cuando era chica, de boca del “indio José” quien vivía en la casa de su abuelo Medardo,
ubicada en la localidad de Avellaneda, (departamento Ischilín), a unos 80 km al
Noroeste de la ciudad de Córdoba.
Al llegar a este punto
tengo que explicarles lo que me contó sobre la vida de tan singular personaje.
Ocurrió que a fines del
siglo XIX unos paisanos de la zona encontraron escondidos en un paraje cercano
a tres indios, “miembros de pueblos originarios”, como se dice hoy. De alguna
forma se hicieron entender explicando que acosado su pueblo por otro debieron
abandonarlo todo para salvar sus vidas. Uno de ellos era hijo del jefe, que
había resultado muerto en la incursión enemiga y los otros, sus compañeros y
servidores.
Perkán Magolerna era el
nombre del principal, aunque esta es solo un intento de captar la fonética
original. Desde entonces los tres se acogieron a la benevolencia de los
estancieros locales, Perkán quedó a vivir en la estancia de mi tatarabuelo
Medardo Ávila Brochero[2].
Una persona de natural muy religiosa y paternal con todos sus allegados. Con el
tiempo Perkán fue bautizado y, según los usos, Medardo fue su padrino y, además
le dio su apellido. Así fue como el hijo del cacique llegó a ser José Ávila. Mi
abuela cuenta que era muy trabajador y que desarrolló un enorme cariño por su
abuelo, hasta el punto que solía dormir sobre una estera, en la galería ante la
puerta de su habitación para poder atender lo que le fuera menester. José pasó
a ser un peón más de la estancia y desarrollaba diferentes tareas. Todos los
domingos llegaban a visitarlo sus antiguos compañeros que vivían en estancias cercanas. Se presentaban con
sus mejores ropas, renovando así su compromiso de lealtad para con el hijo del
jefe. José aprendió a leer y a escribir. Era muy querido de los chicos a los
que solía contar sus cosas, que ellos oían embelesados. Con el tiempo formó una familia y marchó a intentar suerte en la vida en otra zona de la
provincia. Su capacidad para el comercio le permitió comprar un camión para
hacerlo trabajar y luego otro. Periódicamente volvía a la estancia para saludar
a Don Medardo, hasta que este falleció. Después José siguió visitando a
dos de sus hijas que quedaron solteras y vivían en la población.
Hecha la semblanza del
caso ahora llega el momento para intentar develar el sentido de las extrañas
palabras que solía repetir mi abuela y que enseñó primero a sus hijos y después
a sus nietos. En concreto se trata de la oración de conocida como la “Señal de
la Cruz” por la que se pide la protección del Señor y que se pronuncia mientras
se traza con el dedo pulgar una pequeña cruz sobre la frente, los labios y el
pecho. Veamos:
A LA VERA A LA VERA LARAY,
LARAY TAITÚ
ENEMIGO TARÚ,
TAPIRI, TAPIRI,
AMEN KETÚ
Así la aprendimos en casa y
la rezábamos muchas veces, como un gesto de identificación con las tradiciones
de la familia. Todo esto que les cuento sedimentó en nuestra memoria.
No terminó ahí la cosa.
Cristina, una buena amiga de la familia, supo compartirnos una versión
levemente diferente de la oración. La había aprendido en la zona rural de
Salta, donde su abuela tenía una finca. Me explicó que ella también la rezaba a
veces y que la pronunciaba así:
DE LA BEN ALARAIN A LA ARAIN TUM TUM
SHAPIRO, SHAPIRO MEN KE TCHU
Lo notable son los
diferentes ámbitos geográficos, si se considera que mi abuela recogió la
fórmula en el centro Norte de Córdoba, mientras que la familia de Cristina la
adquirió en cercanías de la ciudad de Salta, lo que señala una distancia
consideraba. Por lo que pude comprobar, las fórmulas consignadas no pertenecen
a la lengua comechingón ni tampoco a la quechua, como podría pensarse, con relación
a las etnias que predominan en ambas regiones. Tampoco son fonemas calchaquíes,
otra de las etnias extendidas desde el Noroeste hasta el centro del país.
Investigué lo sucedido
hasta donde me fue posible, aun apelando a la IA y a los registros de Internet.
El resultado fue poco menos que nulo. Solo encontré una referencia muy
significativa, una nota publicada en “El Diario del Centro del País[3]”
el 14 de agosto de 2022.
Firmó la publicación el
periodista Jesús Chirino bajo el título “Identidad regional: vertientes autóctonas”,
donde comenta el libro del poeta y escritor José Felipe Cacciavillani[4],
"Historia de Ballesteros[5]”,
una crónica de esta pequeña población de la provincia de Córdoba. A quien le
interese podrá leer la nota desde el link que consigno[6].
Citando a Cacciavillani
expresa Chirino:
"…
hasta no hace mucho, nuestras abuelas de
Ballesteros nos enseñaban a persignarnos en ranquel: A LA VERA LA VERA GARAY
TAN TU, TAPIRI, TAPIRI AMÉN KETRU. Probablemente una traducción de los
misioneros franciscanos de la señal de la Cruz hispana al idioma de los
indígenas durante su catequización".
También agrega el comunicador:
“Más allá de la justeza en la traducción, de
lo que les enseñaban para hacer la señal de la cruz, dejó testimonio de la
conciencia acerca del vínculo cultural con aquellos que poblaron estas tierras
antes de la llegada de lo europeo”.
Eventualmente si se
atribuye a Perkán Magolerna un raigambre étnica ranquel tiene sentido ubicarlo
en las inmediaciones de Avellaneda si se considera que cuando se lo encontró
ahí venía huyendo. Entre esta y Va. María hay unos 230/ 250 kms. siguiendo aproximadamente
la traza del camino tradicional, que hoy se expresa en las rutas nacionales 9 y
60. Sin embargo, este ámbito no coincide para nada con la provincia de Salta,
donde Cristina aprendió la oración, ya que media más de 700 kms con Avellaneda.
En concreto tenemos tres
grafías para la oración que analizamos, las que identificaré en forma primaria
como: la salteña, la de Avellaneda y la de Ballesteros. Como las lenguas
originarias no cuentan con versión escrita, los grafemas pueden registrar
diferentes percepciones y también es factible que con los años y las
generaciones transcurridas se hayan deformado, lo que condiciona su eventual
transcripción. El siguiente cuadro permitirá comparar los tres textos de la
oración:
|
En la lengua de Perkán/ José |
Versión salteña |
Versión ranquelina |
|
A LA VERA A LA VERA LARAY, LARAY TAITÚ ENEMIGO TARÚ, TAPIRI, TAPIRI, AMEN KETÚ |
DE LA BEN ALARAIN A LA ARAIN TUM TUM SHAPIRO, SHAPIRO MEN KE TCHU |
A LA VERA LA VERA GARAY TAN TU, TAPIRI, TAPIRI AMÉN KETRU. |
Las
primeras frases de cada versión son coincidentes, admitiendo que la segunda se
ha deformado con los años.
También hay una
coincidencia notable en la última. En este caso podría entenderse que es una
afirmación “amén”, unida a la invocación de Jesús. Evidentemente porque estos
vocablos no tienen correlato con vocablos autóctonos.
Dejo a los lingüistas
comentar lo pertinente desde la sapiencia de su profesión.
Como una aproximación,
para quien disponga de tiempo y de algún nivel de conocimiento adecuado resulta
sumamente interesante la obra de Ana Fernández Garay “RANQUEL-ESPAÑOL/
ESPAÑOL-RANQUEL. DICCIONARIO DE UNA VARIEDAD MAPUCHE DE LA PAMPA[7]”.
Obviamente que mis conocimientos me impiden siquiera utilizar el recurso para
intentar verificar la correspondencia de las fórmulas piadosas con el
vocabulario ranquel, tal como lo refiere Cacciavillani.
Tras analizar la extensa
nómina de vocablos recopilados ahí solo encontré una correspondencia
aproximada: “taru” – tarro, lo que
evidentemente no sirve a nuestro enfoque.
A partir de algunas
relaciones que trabé con personas que habitan las provincias de Tucumán, Salta
y Jujuy, muchas de ellas con raíces vernáculas, ninguna reconoció el texto que
les envié a su consideración, con pedido de consultarlo con sus mayores, si
fuera factible[8].
Solo una arriesgó que le sonaban algunas palabras como vinculadas a la lengua
guaycurú, una etnia de origen pampeano que abarca diversos pueblos, ampliamente
extendidos en el centro argentino. Esta leve referencia no deja de ser
significativa, si se considera que los guaycurúes registran remotas
vinculaciones con los ranqueles.
Concluyendo
- A casi 150 años del primer registro citado, podría considerarse que las tres versiones que se identifican con la tradicional oración de la “Señal de la Cruz” son vestigios interculturales de la acción de misioneros cristianos con pueblos originarios.
- Tal como queda expresado las tres versiones son aproximadamente correspondientes entre sí y guardan una métrica aproximada al recitado de la operación en español.
- Nada permite aseverar sobre cuál sería la lengua de origen.
- La cuestión queda abierta y se agradecerá todo aporte que permita ampliar este muy sumario panorama.
Por mi parte, hasta que esto ocurra y se esclarezca la correcta vocalización de la popular oración, seguiré rezándola tal y como me lo enseñó mi abuela Adelita.
[1] María Adela Ávila Echenique (1903, Córdoba- 1988, Rosario)
[2] Nació en 1842, en Ischilín, provincia de Córdoba, era hijo de
Apolinario Ávila Zamudio y Cesárea Brochero Olmos. Casó con Judith Ordoñez
Ceballos el 23 de abril de 1874, en Totoral, Córdoba. Fueron padres de once
hijos. Murió el 30 de agosto de 1935, a la edad de 93 años.
[3] Este periódico es una empresa de medios radicada en la ciudad de Villa
María, al Sur de la ciudad de Córdoba; se fundó a fines del año 2001.
[4] José Felipe Cacciavillani nació el 13 de septiembre de 1902, en Río
Cuarto, Córdoba. El centro cultural y la biblioteca popular de Ballesteros
llevan su nombre. Falleció en 1984. Entre Ballesteros y Villa María hay unos 30
kms. de distancia; entre la última y Córdoba capital median 151 kms.
Ballesteros cuenta con unos 5.000 habitantes y se encuentra en el Centro Este
de la provincia.
[5] M/A Gráfica. Arroyo Cabral. 3º Edición. 1980.
[6] https://www.eldiariocba.com.ar/cultura/2022/8/14/identidad-regional-vertientes-autoctonas-78350.html
[7] Escuela de Investigación de Estudios Asiáticos, Africanos, y
Amerindios. Universidad de Leiden. Países Bajos. 2001. https://recursos.lapampa.edu.ar/files/eib/material_pedagogico/diccionario-ranquel-espanol-completo.pdf
[8] La encuesta abarcó unas 200 personas, hago constar.
(*) imagen hipotética

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