miércoles, 29 de abril de 2026

Perkán Magolerna: A la vera a la vera laray

Un notable vestigio intercultural

(*)

Por Miguel Carrillo Bascary

Seguramente para atraer mi atención escuché de los labios de mi abuela Adelita[1] una serie de palabras que me resultaron extrañas, aunque algunas eran levemente familiares. Intrigado, le pregunté que significaban y entonces me contó la historia que hoy les comparto.

Dijo haberlas aprendido cuando era chica, de boca del “indio José” quien vivía en la casa de su abuelo Medardo, ubicada en la localidad de Avellaneda, (departamento Ischilín), a unos 80 km al Noroeste de la ciudad de Córdoba.

Al llegar a este punto tengo que explicarles lo que me contó sobre la vida de tan singular personaje.

Ocurrió que a fines del siglo XIX unos paisanos de la zona encontraron escondidos en un paraje cercano a tres indios, “miembros de pueblos originarios”, como se dice hoy. De alguna forma se hicieron entender explicando que acosado su pueblo por otro debieron abandonarlo todo para salvar sus vidas. Uno de ellos era hijo del jefe, que había resultado muerto en la incursión enemiga y los otros, sus compañeros y servidores.

Perkán Magolerna era el nombre del principal, aunque esta es solo un intento de captar la fonética original. Desde entonces los tres se acogieron a la benevolencia de los estancieros locales, Perkán quedó a vivir en la estancia de mi tatarabuelo Medardo Ávila Brochero[2]. Una persona de natural muy religiosa y paternal con todos sus allegados. Con el tiempo Perkán fue bautizado y, según los usos, Medardo fue su padrino y, además le dio su apellido. Así fue como el hijo del cacique llegó a ser José Ávila. Mi abuela cuenta que era muy trabajador y que desarrolló un enorme cariño por su abuelo, hasta el punto que solía dormir sobre una estera, en la galería ante la puerta de su habitación para poder atender lo que le fuera menester. José pasó a ser un peón más de la estancia y desarrollaba diferentes tareas. Todos los domingos llegaban a visitarlo sus antiguos compañeros que vivían en estancias cercanas. Se presentaban con sus mejores ropas, renovando así su compromiso de lealtad para con el hijo del jefe. José aprendió a leer y a escribir. Era muy querido de los chicos a los que solía contar sus cosas, que ellos oían embelesados. Con el tiempo  formó una familia y marchó a intentar suerte en la vida en otra zona de la provincia. Su capacidad para el comercio le permitió comprar un camión para hacerlo trabajar y luego otro. Periódicamente volvía a la estancia para saludar a Don Medardo, hasta que este falleció. Después José siguió visitando a dos de sus hijas que quedaron solteras y vivían en la población.

Hecha la semblanza del caso ahora llega el momento para intentar develar el sentido de las extrañas palabras que solía repetir mi abuela y que enseñó primero a sus hijos y después a sus nietos. En concreto se trata de la oración de conocida como la “Señal de la Cruz” por la que se pide la protección del Señor y que se pronuncia mientras se traza con el dedo pulgar una pequeña cruz sobre la frente, los labios y el pecho. Veamos:

A LA VERA A LA VERA LARAY,

LARAY TAITÚ

ENEMIGO TARÚ,

TAPIRI, TAPIRI,

AMEN KETÚ

Así la aprendimos en casa y la rezábamos muchas veces, como un gesto de identificación con las tradiciones de la familia. Todo esto que les cuento sedimentó en nuestra memoria.

No terminó ahí la cosa. Cristina, una buena amiga de la familia, supo compartirnos una versión levemente diferente de la oración. La había aprendido en la zona rural de Salta, donde su abuela tenía una finca. Me explicó que ella también la rezaba a veces y que la pronunciaba así:

DE LA BEN ALARAIN A LA ARAIN TUM TUM

SHAPIRO, SHAPIRO MEN KE TCHU

Lo notable son los diferentes ámbitos geográficos, si se considera que mi abuela recogió la fórmula en el centro Norte de Córdoba, mientras que la familia de Cristina la adquirió en cercanías de la ciudad de Salta, lo que señala una distancia consideraba. Por lo que pude comprobar, las fórmulas consignadas no pertenecen a la lengua comechingón ni tampoco a la quechua, como podría pensarse, con relación a las etnias que predominan en ambas regiones. Tampoco son fonemas calchaquíes, otra de las etnias extendidas desde el Noroeste hasta el centro del país.

Investigué lo sucedido hasta donde me fue posible, aun apelando a la IA y a los registros de Internet. El resultado fue poco menos que nulo. Solo encontré una referencia muy significativa, una nota publicada en “El Diario del Centro del País[3]” el 14 de agosto de 2022.

Firmó la publicación el periodista Jesús Chirino bajo el título “Identidad regional: vertientes autóctonas”, donde comenta el libro del poeta y escritor José Felipe Cacciavillani[4], "Historia de Ballesteros[5]”, una crónica de esta pequeña población de la provincia de Córdoba. A quien le interese podrá leer la nota desde el link que consigno[6].

Citando a Cacciavillani expresa Chirino:

"… hasta no hace mucho, nuestras abuelas de Ballesteros nos enseñaban a persignarnos en ranquel: A LA VERA LA VERA GARAY TAN TU, TAPIRI, TAPIRI AMÉN KETRU. Probablemente una traducción de los misioneros franciscanos de la señal de la Cruz hispana al idioma de los indígenas durante su catequización".

También agrega el comunicador:

Más allá de la justeza en la traducción, de lo que les enseñaban para hacer la señal de la cruz, dejó testimonio de la conciencia acerca del vínculo cultural con aquellos que poblaron estas tierras antes de la llegada de lo europeo”.

Eventualmente si se atribuye a Perkán Magolerna un raigambre étnica ranquel tiene sentido ubicarlo en las inmediaciones de Avellaneda si se considera que cuando se lo encontró ahí venía huyendo. Entre esta y Va. María hay unos 230/ 250 kms. siguiendo aproximadamente la traza del camino tradicional, que hoy se expresa en las rutas nacionales 9 y 60. Sin embargo, este ámbito no coincide para nada con la provincia de Salta, donde Cristina aprendió la oración, ya que media más de 700 kms con Avellaneda.

En concreto tenemos tres grafías para la oración que analizamos, las que identificaré en forma primaria como: la salteña, la de Avellaneda y la de Ballesteros. Como las lenguas originarias no cuentan con versión escrita, los grafemas pueden registrar diferentes percepciones y también es factible que con los años y las generaciones transcurridas se hayan deformado, lo que condiciona su eventual transcripción. El siguiente cuadro permitirá comparar los tres textos de la oración:

En la lengua de

Perkán/ José

Versión salteña

Versión ranquelina

A LA VERA A LA VERA LARAY,

LARAY TAITÚ

ENEMIGO TARÚ,

TAPIRI, TAPIRI,

AMEN KETÚ

DE LA BEN ALARAIN A

LA ARAIN TUM TUM

SHAPIRO, SHAPIRO

MEN KE TCHU

A LA VERA LA VERA GARAY

TAN TU,

TAPIRI, TAPIRI

AMÉN KETRU.

Las primeras frases de cada versión son coincidentes, admitiendo que la segunda se ha deformado con los años.

También hay una coincidencia notable en la última. En este caso podría entenderse que es una afirmación “amén”, unida a la invocación de Jesús. Evidentemente porque estos vocablos no tienen correlato con vocablos autóctonos.

Dejo a los lingüistas comentar lo pertinente desde la sapiencia de su profesión.

Como una aproximación, para quien disponga de tiempo y de algún nivel de conocimiento adecuado resulta sumamente interesante la obra de Ana Fernández Garay “RANQUEL-ESPAÑOL/ ESPAÑOL-RANQUEL. DICCIONARIO DE UNA VARIEDAD MAPUCHE DE LA PAMPA[7]”. Obviamente que mis conocimientos me impiden siquiera utilizar el recurso para intentar verificar la correspondencia de las fórmulas piadosas con el vocabulario ranquel, tal como lo refiere Cacciavillani.

Tras analizar la extensa nómina de vocablos recopilados ahí solo encontré una correspondencia aproximada: “taru” – tarro, lo que evidentemente no sirve a nuestro enfoque.

A partir de algunas relaciones que trabé con personas que habitan las provincias de Tucumán, Salta y Jujuy, muchas de ellas con raíces vernáculas, ninguna reconoció el texto que les envié a su consideración, con pedido de consultarlo con sus mayores, si fuera factible[8]. Solo una arriesgó que le sonaban algunas palabras como vinculadas a la lengua guaycurú, una etnia de origen pampeano que abarca diversos pueblos, ampliamente extendidos en el centro argentino. Esta leve referencia no deja de ser significativa, si se considera que los guaycurúes registran remotas vinculaciones con los ranqueles.

Concluyendo

  • A casi 150 años del primer registro citado, podría considerarse que las tres versiones que se identifican con la tradicional oración de la “Señal de la Cruz” son vestigios interculturales de la acción de misioneros cristianos con pueblos originarios.
  • Tal como queda expresado las tres versiones son aproximadamente correspondientes entre sí y guardan una métrica aproximada al recitado de la operación en español.
  • Nada permite aseverar sobre cuál sería la lengua de origen.
  • La cuestión queda abierta y se agradecerá todo aporte que permita ampliar este muy sumario panorama.

Por mi parte, hasta que esto ocurra y se esclarezca la correcta vocalización de la popular oración, seguiré rezándola tal y como me lo enseñó mi abuela Adelita.


[1] María Adela Ávila Echenique (1903, Córdoba- 1988, Rosario)

[2] Nació en 1842, en Ischilín, provincia de Córdoba, era hijo de Apolinario Ávila Zamudio y Cesárea Brochero Olmos. Casó con Judith Ordoñez Ceballos el 23 de abril de 1874, en Totoral, Córdoba. Fueron padres de once hijos. Murió el 30 de agosto de 1935, a la edad de 93 años.

[3] Este periódico es una empresa de medios radicada en la ciudad de Villa María, al Sur de la ciudad de Córdoba; se fundó a fines del año 2001.

[4] José Felipe Cacciavillani nació el 13 de septiembre de 1902, en Río Cuarto, Córdoba. El centro cultural y la biblioteca popular de Ballesteros llevan su nombre. Falleció en 1984. Entre Ballesteros y Villa María hay unos 30 kms. de distancia; entre la última y Córdoba capital median 151 kms. Ballesteros cuenta con unos 5.000 habitantes y se encuentra en el Centro Este de la provincia.

[5] M/A Gráfica. Arroyo Cabral. 3º Edición. 1980.

[7] Escuela de Investigación de Estudios Asiáticos, Africanos, y Amerindios. Universidad de Leiden. Países Bajos. 2001. https://recursos.lapampa.edu.ar/files/eib/material_pedagogico/diccionario-ranquel-espanol-completo.pdf

[8] La encuesta abarcó unas 200 personas, hago constar.

(*) imagen hipotética

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