martes, 16 de agosto de 2022

Vexilología ¿Qué es y cómo se estudia?

Respuestas y otras consideraciones 

Bandera de la Federación Internacional de Asociaciones 
Vexilológicas en una alegoría de la disciplina

Por Miguel Carrillo Bascary


Algunos colegas ceremonialistas e historiadores o simples curiosos me preguntan reiteradamente: ¿Qué es con precisión la Vexilología? ¿Qué lugar ocupa en el mondo del saber? ¿A qué se debe un nombre que suena tan exótico? ¿Qué hace un vexilólogo? y, sobre todo, ¿Dónde se puede estudiar?

Introducción

La Vexilología, esto es la disciplina que estudia los vexilos[1], se sistematizó en tiempos relativamente recientes a partir de que el creador del término, el doctor Whitney Smith[2], lo utilizó por primera vez en un artículos sobre las banderas de Medio Oriente que publicó en la revista “The Arab World”, de 1958[3]. Poco más tarde, desde 1961, inició la publicación del “The Flag Bulletin junto a su colega en la cátedra, Gerhard Grahl. Esto no implica olvidar a los pioneros, con los que podríamos remontarnos hasta finales del siglo XVIII.

La Fédération Internationale des Associations Vexillologiques (FIAV) se constituyó el 3 de septiembre de 1967, en el "II Congreso Internacional de Vexilología", (Rüschlikon, Suiza)[4] y quedó formalizada el 7 de septiembre de 1969, durante el "Tercer Congreso”, realizado en Boston (Massachusetts)[5].


Para los no iniciados conviene apuntar que los vexilos eran distintivos que identificaba a unidades militares de la antigua Roma, constituían un textil que se mostraban pendientes desde su lado superior y que transportaban por medio de una lanza. Esta forma recordaba a las velas que usaban las galeras que navegaban el Mediterráneo que a su vez solían llevar diversos emblemas pintados. En consecuencia, queda expresada la relación entre los usos navales y militares que originalmente tuvieron los vexilos textiles como elementos de representación de identidad y de posición.

Un vexiliario (portador del vexilo) y un vexilo pintado en un muro

De esta manera Smith y un par de decenas de sus colegas echaron las bases de la disciplina que se basa en el método histórico con implicancias sociológicas, artísticas y psicológicas, que se ubica en el marco de la Semiótica. Se difundió por el mundo a través de sucesivos congresos internacionales junto con numerosas publicaciones impresas y virtuales.

Por convencionalismo las diversas ciencias se nominan en latín, adicionándole la referencia al término “logía” (de logo, conocimiento en griego), Smith aplicó el criterio basándose en aquellas antiguas divisas del pretérito romano. Así fue aceptado por la comunidad de sus cultores y lentamente se difundió en las esferas del saber.

El neologismo fue admitido formalmente por la Real Academia Española, que lo incorporó en la vigésimo primera edición de su Diccionario en 1985, lo hizo en los siguientes términos:


Del lat. vexillum 'estandarte' y logía. Disciplina que estudia las banderas, pendones y estandartes”.


A esta altura del desarrollo estimo que lo más propio es preguntar a la FIAV quien nos dice que la Vexilología es el “estudio, historia, simbolismo y uso de las banderas, por extensión todo interés por las banderas en general”.

Como corolario, a quienes hacen Vexilología se los llama “vexilólogos” pero como la palabreja suena “difícil”, al menos en español, algunos sugieren reemplazarla por “banderólogo” o “banderista”. En lo personal entiendo que estas designaciones podrían ser más populares en el ámbito de habla hispana, pero carecería de la implicancia universalista que deriva de usar la raíz clásica.

Hoy podemos decir que la Vexilología posee autonomía de objeto y método. También expresa una viva autonomía institucional, ya que existen numerosas entidades que la tratan. En cambio, su autonomía académica no está definida. No existen referencias de que alguna universidad del mundo otorgue el título académico específico de licenciado o master en Vexilología. No obstante, algunas universidades y academias han expedido el título de doctor a varias personas que aprobaron sus tesis sobre cultura y filosofía usando banderas, escudos u otros símbolos como el motivo principal de sus estudios.


Es cierto que en algunas de las instituciones de altos estudios donde se desarrollan licenciaturas en Ceremonial, mencionan en sus diplomas a la Vexilología, pero en forma incidental. A poco que se analicen sus currículas se verá la mínima carga horaria que se le asigna y que sus contenidos apenas incluyen lo más básico del mundo de las banderas. Generalmente se aborda una breve referencia al origen de los vexilos, sus formas, algunas simplezas sobre el significado de los colores, las reglas más comunes de precedencia protocolar y las pautas universales para diseñar banderas. Esto sorprende la buena fe de quienes esperaban capacitarse en Vexilología. Otro despropósito difundido es que algunos cursos referidos a la Heráldica también pretenden incluir a la Vexilología, sus principios de análisis de la realidad, diseño y funcionalidad son obviamente diferentes.

Por lo tanto, por ahora es anticipado afirmar que la Vexilología sea una ciencia, de manera que es preferible caracterizarla como una disciplina académica.

El análisis de las trayectorias de los principales cultores de la Vexilología revela que desarrollaron su experticia en forma empírica a partir de su previa formación universitaria en alguna de las ciencias tradicionales. Esta característica, lejos de constituir un desorden hace que la Vexilología presente una riqueza conceptual muy significativa, ya que sus exponentes concurren desde muy distintos ángulos aportando sus diferentes visiones, intereses y capacidades.

Otro aspecto interesante vinculado a la esencia de la Vexilología lo señaló en el año 2004 el erudito Marcus Schmöger, quien apuntó que, “como vexilólogos pensamos que las banderas son muy importantes. La mayoría de las otras personas no lo creen así”. Más aún, considero que banalizan la experticia en la materia. No escapan de esto los heraldistas, quienes minimizan a la Vexilología, desde su perspectiva exclusivista que los lleva a prioriza los escudos de armas y sus códigos por sobre los vexilos, aunque cabe disimular el yerro, atento a que su disciplina cuenta con un desarrollo milenario. También muchos ceremonialistas colocan a su especialidad por sobre los vexilos ya que consideran que son meros elementos de sus dispositivos fácticos, sin advertir de que carecen de adecuada soltura para abordar los múltiples y específicos contenidos de la Vexilología. Más aún los hay que también se presentan como vexilólogos, cuando su experticia suele limitarse a poco más que las precedencias.

En cuanto la Vexilología, se inscribe en el ámbito de las Ciencias de la Comunicación de donde surge otra desviación respecto de su funcionalidad, el común no llega a advertir la profundidad de la temática y suele entender que cualquier disciplina vinculada a lo comunicacional puede cubrir sus requerimientos. Claro está que todo vexilólogo necesita manejar conceptos y técnicas relativas al Diseño, (particularmente si se dedica a la especialidad de la Vexilografía, esto es la composición de banderas), pero no cabe confundir una cosa con otra.

Lo expuesto se manifiesta en los típicos concursos para diseñar banderas a los que recurren entidades subnacionales, ciudades y pueblos, donde las autoridades convocantes suelen soslayar a los vexilólogos de los jurados que evaluarán las iniciativas. En lo personal creo que no tienen ni idea de la existencia de la disciplina. Es así que convocan a: heraldistas, artistas plásticos, diseñadores de publicidad, profesores de dibujo, arquitectos, directores de museos, historiadores. Hay casos donde se busca revestir al proceso de selección del prestigio que otorgan las universidades, por lo que suman a representantes institucionales de alguna, sin considerar que su formación radica en ciencias tan alejadas de la Vexilología como la Física o las Ciencias de la Administración. Es una realidad también que en dichos jurados predominan los funcionarios políticos.

Concretando

  • La Vexilología es la disciplina que estudia los vexilos (banderas, estandartes, y todas aquellas piezas que compartan su naturaleza).
  • Su denominación se justifica en la tradición de definirla utilizando la base léxica que aportan las lenguas clásicas.
  • La Vexilología posee un alto grado de autonomía, pero carece de la académica, de manera que, por el momento, los interesados no cuentan con la posibilidad de alcanzar un título de grado en la materia. Al respecto corresponde advertir de la escasa seriedad de ciertos cursos susceptibles de atraer incautos.
  • Los cultores de la disciplina son los vexilólogos, cuya formación actual es empírica, aunque su experticia y sus métodos se fundan en los implicados en títulos universitarios que han obtenido en las ciencias tradicionales. Los especialistas de alta experticia son unos cientos en todo el mundo, aunque se advierte un número crecientes de aficionados y hasta de aquellos dedicados al coleccionismo de banderas.
  • El cometido de los vexilólogos, además de concretar un obvio estudio de los vexilos por íntima satisfacción, implica canalizar la experticia alcanzada en una dimensión social, para ello es imprescindible divulgar los resultados de sus estudios, participar en jornadas y foros, plantear problemáticas, procurar la investigación y sistematización de los contenidos propios, presentar ponencias y publicar ensayos, tanto en ámbitos dedicados a la disciplina como en otros campos del conocimiento en donde fuera pertinente. Con estos fines se utilizarán todas las oportunidades presenciales que ofrezca la realidad y los que brinden las redes sociales en toda su dimensión. Otro campo de aplicación radica en contribuir a la adopción de diseños de banderas acordes a los cánones de la disciplina y desarrollar los aspectos del Ceremonial vinculados con la misma.
  • Su método de abordaje es particularmente el histórico, por lo que recomiendo que el interesado, al par que estudia los vexilos, encare su formación personal en el marco de alguna ciencia social.
  • El interés por la Vexilología va en sensible aumento, existen asociaciones dedicadas a su estudio extendidas a todo el mundo.

Notas:

[1] Sobre vexilos y banderas ver: CARRILLO BASCARY, Miguel. Banderas, estandartes y pendones, todos son  vexilos  en http://banderasargentinas.blogspot.com/2017/11/banderas-estandartes-pendones-todos.html

[2] Mayores referencias en: CARRILLO BASCARY, M. Whitney  Smith, padre de la Vexilología http://banderasargentinas.blogspot.com/2017/11/whitneysmith-padre-de-la-vexilologia.html

[3] CARRILLO BASCARY, M. En el alba de la Vexilología: W. Smith. http://banderasargentinas.blogspot.com/2017/11/banderas-del-mundo-arabe-por.html

[5] Constitución de la FIAV. https://fiav.org/constitution

lunes, 15 de agosto de 2022

1830 - Una antigua descripción de la wiphala

Valioso y objetivo testimonio 

d'Orbigny y la portada de su obra reimpresa en 2002

Por Miguel Carrillo Bascary 

Este emblema de la cultura aymara con forma de bandera es de discutida antigüedad. Para algunos se remonta a tiempos prehispánicos, otros pretenden que fue símbolo del Tiwantinsuyo, el imperio de los Incas, otros más la conceptúan de diversas maneras, entre ellas la de representar al enorme universo de las culturas americanas en conjunto y, hasta para algunos, es una suerte de diseño esotérico propio de la new age.

En esta oportunidad no suscribiré ninguna de estas versiones, simplemente me limitaré a ofrecer una antigua descripción que realizó un observador calificado, el científico y viajero francés Alcide d’Orbigny que nos relata lo que observó en la ciudad de La Paz, Bolivia, el 29 de junio de 1830, durante la festividad religiosa del apóstol San Pedro, primer papa de la Cristiandad. El contexto de la obra del sabio nos resulta un testimonio absolutamente imparcial ante los cuestionamientos que hoy rodean a la wiphala, por lo que resulta doblemente valioso, por su descriptor y por la antigüedad del relato.


Alcide Charles Victor Marie Dessalines d’Orbigny nació en Francia el 6 de septiembre de 1802. Estudió en el Museo Nacional de Historia Natural de París, sus cualidades como dibujante le facilitaron el ingreso al mismo como personal estable. Con solo 23 años fue enviado a un viaje que lo llevaría a la América del Sur y que se extendió entre 1826 y 1834. Fueron ocho años de fructíferas investigaciones que apuntaló con su formación previa, talento para el dibujo y la cartografía, a partir de un notable poder de observación y una gran capacidad descriptiva. Tras su regreso debió aplicarse a ordenar sus colecciones, mapas y memorias que presentó en una monumental obra que abarcó nueve volúmenes publicados entre 1839 y 1847, recién en 1945 se tradujeron al español. En 1843, fue electo como presidente de la Sociedad Geológica de Francia y en su época fue una autoridad reconocida en taxonomía zoológica, paleontología y experto en moluscos (Malacología). Charles Darwin calificó su trabajo como “uno de los hitos de la ciencia del siglo XIX". Falleció el 30 de junio de 1857.

Intinerario de d’Orbigny

Relato de d’Orbigny

Se trata a sus memorias del 29 de junio de 1830, durante su estadía en la ciudad de La Paz:

(…) nada fue comparable a lo que vi el 29, en la fiesta de San Pedro, que tuvo lugar en el arrabal habitado sólo por los indios. Además de los disfraces burlescos, había muchos que reproducían los recuerdos a ellos caros y se hacían con las ropas transmitidas, sin duda, de padres a hijos, desde los Incas (...) Un gran círculo de indígenas atrajo mi atención. En medio se destacaba un descendiente de los Incas, o, por lo menos, uno de los grandes curacas (caciques) de los alrededores. Llevaba un manto de terciopelo negro y encima una cota de malla de tela negra, donde brillaba, en el pecho, un gran sol de oro; sobre las espaldas y sobre las rodillas se veía una figura humana también de oro. Su cabeza estaba adornada de una diadema de oro, donde brillaban hermosas plumas y un pájaro colgando, con las alas abiertas, como tratando de picotear la cabeza antes de volar. Ese personaje tenía en la mano una varilla muy larga coronada de flores de plata. Otros dos personajes, revestidos de la misma manera, pero algo menos lujosa, le mostraban la mayor diferencia. Había, además, como acompañamiento, tres pajes engalanados con un gran tahalí colgado del cuello, y dos portaestandartes llevando una bandera a cuadros blancos, amarillos, rojos, azules y verdes. A mi llegada, los indios, respetuosamente agrupados alrededor de esos personajes, les ofrecían oficiosamente de beber, lo que hicieron múltiples veces. Los seguí después hacia los alares de las esquinas de la plaza, frente a los cuales los tres Incas bajaron sus varillas y se inclinaron, mientras los portaestandartes agitaban, en todo sentido, sus banderas, en señal de saludo. Esas vestimentas, esas ceremonias, me parecía que evocaban antiguos recuerdos históricos todavía caros al pueblo esclavizado, y me detuve en ellas con placer; pero me resultaba penoso observar, al mismo tiempo, el chocante contraste de las risas de desprecio de algunos de los asistentes españoles”.


Notas: lo transcripto fue tomado de las páginas 1099/1101 de la obra de Alcide D'ORBIGNY, Viaje a la América Meridional. Título del original francés: Voyage dans l'Amérique Méridíonale. Primera edición: Editorial Futuro. Bs. Aires. 1945. Versión directa de: Alfredo Cepeda, revisada para la presente edición por Edgardo Rivera Martínez y Anne-Marie Brougere. Segunda edición, agosto de 2002. Publicado bajo el auspicio de la Embajada de Francia en Bolivia, el Instituto de Investigación para el Desarrollo y Total-Fina-Elf. Copyright: Instituto Francés de Estudios Andinos. Plural Editores. 2002. Tomo 1: ISBN 99905-64-49-3 I. Impreso en Bolivia. Enlace: https://horizon.documentation.ird.fr/exl-doc/pleins_textes/divers20-06/010034075.pdf

Grabado con el que d'Orbigny ilustró la danza aymara

Análisis crítico del relato

Lo primero a destacar es la data de la fuente, 1830, lo que pone al relato del sabio francés a salvo de toda intencionalidad interpretativa.

Lo segundo, es el entorno festivo-evocativo en que se utiliza el emblema, referenciado con un pasado que se sincretiza en oportunidad de la memoria al Santo y que se sumerge hasta el pasado prehispánico.

Es cierto que la descripción de la bandera, “a cuadros blancos, amarillos, rojos, azules y verdes “,·omite el violeta y el naranja que se ven en la versión más compleja que la wiphala de uso actual, pero esta falta en nada invalida el testimonio.

Si se considera que d’Orbigny señala cinco colores no resulta factible reproducir el hipotético diseño ya que por ser un número impar no puede representarse en segmentos cuadrados:

De todas maneras, la composición hipotética presentada, preparada en base al aspecto con que hoy se expresa la wiphala no es una pauta decisiva ya que hay imágenes anteriores que muestran diseños muy diversos, como lo evidencian algunos keros datados en el siglo XVII:

 

Hay que convenir que la descripción de d’Orbigny evidencia una compleja combinación cromática y que su flamear en manos de los “dos portaestandartes” pudo incidir en la apreciación del observador.

Otra nota es que éste informa sobre el uso de dos ejemplares, lo que en la práctica no tendría más explicación que resaltar el carácter complementario y ceremonial del símbolo con respecto al protagonista central, el curaca de manto de terciopelo negro “con un sol de oro sobre su pecho”. O sea que, las banderas se utilizan para resaltar al personaje, ellas no son centro del ritual.

Subjetivamente destaca la crítica que hace d’Orbigny a la actitud despectiva “de los asistentes españoles” que revela el etnocentrismo de tales espectadores. 

 

En suma, esta antigua descripción constituye una valiosa referencia para el análisis vexilológico del emblema y ratifica la persistencia de las imágenes plasmadas doscientos años antes en los keros referenciados.

domingo, 14 de agosto de 2022

El caso del “escolta de bandera triste y vencido”

 Cuando lo que falla es la actitud

 

Durante un acto escolar en la provincia de Misiones[1] 

Siempre se ha destacado que los abanderados y escoltas tienen derecho a una adecuada capacitación para cumplir sus funciones en representación de su escuela y de todo el pueblo argentino.

La misma debe permitirles asumir su rol como el verdadero honor que es. 

Además de lo conceptual han de ser instruidos en el correcto y respetuoso manejo del paño y en las habilidades necesarias para el desfile pero, también, en la necesidad de evidenciar un adecuada actitud corporal. 

Pareciera que en el caso presente algo falló. Lamentablemente.

M.C.B.

[1] Agradecemos al Profesor Juan Marcos de Campo la fotografía del caso.

sábado, 13 de agosto de 2022

Para reflexionar: ejemplos del mal uso de banderas

La Bandera nacional no debe ser parte de un decorado

Inaceptable uso como “mantel” de las banderas Nacional y de Misiones 

Por Miguel Carrillo Bascary

En sus redes sociales el profesor Juan Marcos de Campo, de Misiones, nos brinda algunas fotografías que seleccionadas con el propósito didáctico de evitar que se repitan.

Por sí solas expresan lo inadecuado de usar la Bandera nacional como un elemento ornamental, algo que la banaliza. Ustedes mismo podrán verificarlo.

Lamentablemente este tipo de situaciones suele ser común, por lo que es importante destacar lo inadecuado para que se evite en el futuro. Máxime si esto ocurre en instituciones oficiales ya que, precisamente por esto, los malos ejemplos se magnificar.

Irreverente uso de la Bandera nacional que, para más, no tiene el Sol que prevé el reglamento dictado por decreto del Poder Ejecutivo nacional, en el año 2010 (Decreto Nº1.650/ 10). 

Modelo oficializado del Sol (según normas IRAM)

Han transcurrido ya 22 años, tiempo suficiente para enterarse. Por supuesto que también falta planchar el textil cuyas marcas de doblado lo desluce.

 

Nuestra Bandera, aunque se de pequeñas dimensiones no puede usarse para cubrir una placa. O se la usa en su versión de ceremonia, como enseña de sitio, o debe estar flameando en un mástil. Eventualmente como bandera de mesa, con su mastilcito. La connotación patriótica que quiera darse a la placa se cumple con cintillas de los colores nacionales dispuestas para descubrir el lienzo que la cubre.

Durante una recepción en la municipalidad de (prefiero omitir su mención) La Bandera nunca debe usarse para vestir una mesa, hacerlo así constituye una falta de dignidad evidente.

Otro equívoco la Bandera nacional debe presidir el acto, pero no “prisionera”, clavada a la pared. La razón que “condena” esta posición es elemental, por propia naturaleza toda bandera está destinada a flamear en la brisa, aun las que llamamos “de sitio” cuentan con esta capacidad, cuando se la inhibe fijada a un muro es como si en otoño pretendiéramos evitar la caída de las hojas caducas cementando su talle, esto es contradecir a la naturaleza.

También se observa un ejemplar de Bandera Oficial de sitio minimizado por el contexto del dispositivo ceremonial, que la coloca en posición totalmente subalterna, véase sobre la derecha de la foto, la flecha amarilla que la señala.

¿Algo más? Claro que sí, los escoltas llevan sus bandas en forma invertida con respecto a su recto sentido. 

¿Ya está todo? No todavía, miren la bandera provincial de Misiones, claramente torcida (ver flecha verde). 

Y, para terminar, observen que casi la mitad de la franja superior queda oculta ya que la pared no permitió desplegarla en plenitud, además, el Sol no se condice con lo que estipuló el Decreto Nº1.650/ 2010, cuya imagen reglamentaria se reproduce más arriba, para que Uds. puedan advertir sus diferencias.


jueves, 11 de agosto de 2022

Libro que llenará un sensible vacío

Islas de San Pedro, las mal llamadas Georgias del Sur (1756-1957) 

Juan Pablo Bello y la portada de su excelente obra 

Se trata de la obra del Prof. Juan Pablo Bello, recientemente publicada. Consta de 328 páginas en donde se reproducen decenas de fotografías. Muchas de ellas son inéditas y expresan un gran valor documental. 

El libro devela a los lectores un espacio poco menos que desconocido del territorio nacional, las islas San Pedro, sin dudas que será una sorpresa ya que, en principio, la mayoría no podrán ubicarlas en el mapa del territorio argentino. Su título revela el acierto de rescatar la denominación histórica de las islas, lo que fundamenta el autor con sobrados argumentos.

El estilo de relato tiene la rara virtud de una notable facilidad de lectura junto a un riguroso armado del contenido, referenciado con su correspondiente armado documental.

El planteo hace un recorte temporal que se extiende entre el descubrimiento y el año 1957, un lapso de dos siglos. Entiende el autor que avanzar en el análisis implica tratar hechos que nos son demasiado cercanos, lo que podría el peligro de faltar a la objetividad académica.

La sola lectura del resumen del índice que se publica al final de esta crónica es suficientemente descriptiva de los múltiples aspectos que aborda la publicación. Dicho sea de paso, la secuencia que propone Bello me pareció muy atinada.

La heurística es amplia, pluralista, se brinda con todas las referencias, lo que servirá para que otros autores puedan servirse de ella.

Una particular temática que personalmente incentivó mi interés es el protagonismo que cupo a la legendaria “Compañía Argentina de Pesca” y la dual actividad de sus personeros, una suerte de “agente doble” en el complejo tramado de intereses vinculados a la soberanía nacional.

Las apetencias imperiales del Reino Unido son analizadas con la perspectiva de nuestro tiempo, de manera que se verá cómo fueron desarrollándose en forma de pérfida tela de araña.

Bello destaca un interesante argumento en favor de la soberanía argentina, la intensa actividad cumplida por nuestros hombres de ciencia y arriesgados navegantes en aquellas lejanísimas regiones.

El autor recoge y expone numerosos testimonios de vivencias humanas que muestran la generosidad y la valentía de aquellos pioneros, pero también sus miserias y traiciones. Esta faceta nos remite a una época y un lugar donde no había espacio para las mujeres.

Como islas que son las San Pedro, su historia está íntimamente vinculadas con la navegación, por lo que la obra hace una completa revista de las expediciones y navíos de nombres legendarios, protagonistas de proezas increíbles con tan pobre tecnología. El período del auge del aceite de ballena nos revela tramas desconocidas en los que la especulación de los aventureros revestía perfiles asombrosos.

Otro aspecto señalado es la referencia a la “república bolchevique de Grytviken”, una extrañísima repercusión de los acontecimientos ocurridos en Europa en las postrimerías de la caída del régimen zarista.

Finalmente, Juan Pablo Bello cala en profundidad los azarosos aspectos que implicó el ejercicio de la soberanía argentina en las Islas y aporta algunas interesantes ideas para mantener encendida la tea de la esperanza en la recuperación de las tierras usurpadas.

El libro fue presentado con señalado éxito en las ciudades de Ushuaia, Río Grande y Tolhuin, en Tierra del Fuego. El 19 de agosto se presentará en la Ciudad de Bs. Aires.

El hoy del pueblo argentino

Con la presentación de este libro, en este nuevo aniversario del rechazo de la Primera Invasión Inglesa al territorio del Río de la Plata (12 de agosto de 1806), desde este Blog he querido referenciar que aquella efeméride que recuerda uno los más heroicos triunfos de nuestro pueblo pero, también quiero destacar que la lucha por nuestras raíces, herencia y valores es tarea que compete a cada generación. En lo que hace a Juan Pablo Bello, su compromiso y responsabilidad queda evidente.-

Miguel Carrillo Bascary

 

 

Juan Pablo Bello


Es museólogo, historiador y docente

Escribió el guion museológico y condujo el equipo que remodeló la “Sala Antártida” del Monumento Nacional a la Bandera (2014)

Modificó el guion museológico del “Museo Naval de Ushuaia” (2016)

Encabezó la Dirección de Patrimonio Cultural de Tierra del Fuego (2017)

Ha diseñado diversas muestras en su especialidad

Es miembro de número del “Instituto Belgraniano de Rosario”

Su primer libro fue “La isla Observatorio” que se presentó en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Rosario (2018) 

Resumen del índice

  • Introducción
  • Los presuntos descubrimientos
  • El descubrimiento. La toponimia y los potenciales recursos
  • Las expediciones científicas modernas
  • El desembarco argentino
  • La infiltración imperial
  • La permanencia
  • La ciencia como bandera
  • Correo, ballenas y el derecho en el Círculo de Fuego
  • Guerra Mundial II
  • Era justicialista
  • Crónica de un despojo
  • Epílogo 
Acceso al libro

Puede adquirirse a través de Mercado Libre al precio de $2.000, IVA incluido, bien lo vale, (https://articulo.mercadolibre.com.ar/MLA-1132051338-libro-islas-de-san-pedro-las-mal-llamadas-georgias-del-sur-_JM) o contactando al autor a través de su Facebook, en cuyo caso el comprador tendrá un descuento. El envío dentro de la ciudad de Rosario es sin cargo.

Banderas por el piso y en el cesto ¡Literal!

Para llorar …

Por Miguel Carrillo Bascary 

El cuidado de los símbolos es una manifestación elemental de amor por la Patria. El respeto ínsito por los mismos es una actitud que debería presidir las acciones de quienes tenga el orgullo de reconocerse como argentinos.

Claro está que lo dicho es aplicable a todos los nacionales de cualquier país del mundo


El oportunismo de los fotógrafos permitió documentar lo que aquí comparto.

¡Las redes sociales no perdonan!