jueves, 19 de abril de 2018

La promesa a la Bandera argentina/ Parte 2

La ceremonia en sí misma

 Foto: W. Flores

Por Miguel Carrillo Bascary
¿Cómo se promete?

La costumbre universal se inspira en el juramento de fidelidad que prestaban las tropas por esto, quién requiere la promesa es una autoridad, en lo posible aquella que tenga la de mayor jerarquía de entre los presentes al acto (ver foto superior).


En algunos casos (que van en aumento), hemos visto que algún actor se caracteriza como el general Manuel Belgrano y que participa en el acto de las promesas. Esto suele impactar en los niños, pero no es correcto que sea él quién tome la promesa. En todo caso podrá realizar una invitación a seguir su ejemplo de vida o formulará una proclama patriota (arenga), pero para no desvirtuar el sentido de la toma el rol deberá ser cumplido por la más alta autoridad que se encuentre presente en el acto.

La promesa es pública. Se concreta ante toda la comunidad educativa y, eventualmente, frente al pueblo en general reunido en ocasión de alguna fecha patria.

Se patentiza a partir de una fórmula que ha ido variando con los tiempos. En algunas provincias está expresamente prevista en la normativa vigente. En otras, cada entidad podrá definirla con amplia libertad, pero la experiencia indica que en ocasiones no es apropiada, bien sea por su "mensaje", bien ocurra por el uso de un lenguaje ampuloso, casi barroco.

El acto de la promesa propiamente dicha es muy sencillo, ya lo hemos visto. La autoridad recita la fórmula y los promesantes responden a viva voz: ¡Sí prometo!

Inmediatamente los asistentes prorrumpen en un caluroso aplauso, como forma de validar la promesa formulada y de expresar un sincero apoyo a la decisión manifestada por los pequeños. Un toque de diana, aviso marcial tradicional ejecutado con una trompeta, suele acompañar este momento. El énfasis propio de la afirmación se explica en la completa decisión contenida en la expresión.


La promesa se realiza de pie, una posición que denota atenta disposición para el servicio. Su adopción uniforme por parte de los promesantes indica también una humilde voluntad de conjunto.

Por una elemental razón de orden los niños que van a prometer se forman en filas con aquellos de menor estatura en las primeras. Es la mejor, para que todos puedan destacarse. Sin embargo, tengo conocimiento que en alguna escuela expresamente se dispuso que los promesantes se coloquen como gusten; ya que la formación en filas remite a “costumbres castrenses”. Lamento disentir, absolutamente, en primer lugar porque la posición caótica genera pujas entre los niños, siempre hay algunos que buscan sobresalir y también los hay que se mantienen aislados; en segundo lugar, porque el ordenamiento en filas no es exclusivo de los militares; es un comportamiento humano casi atávico son innumerables los ejemplos que nos aporta la cotidianidad.

En la mayoría de las provincias del interior los promesantes remarcan su decisión extendiendo el brazo derecho hacia adelante, en forma más o menos perpendicular a la línea de su cuerpo. Esta posición también tiene un origen antiguo y constituye una recreación del gesto de tocar o besar la bandera que realizaban los soldados al tiempo de jurar. Lo propio ocurre en la mayoría de los juramentos que realizan nuestras autoridades cuando asumen sus funciones. Hemos podido constar este tipo de posición en: Catamarca; Chaco; Chubut; Corrientes; Formosa; Jujuy; La Rioja; Misiones; Río Negro; Salta; Santa Cruz; San Luis; San Juan; Santiago del Estero y Tucumán (en algunas de forma exclusiva).


La práctica también tiene su correlato en el llamado “saludo Bellamy” (Pledge of Allegiance) difundida a fines del siglo XIX por el pastor bautista Francis Bellamy (EE.UU.;1886 – 1972). La más antigua referencia sobre esta forma de saludo la encontramos en el órgano de difusión del Consejo Nacional de Educación, Nº487, tomo XLVI, del 31 de julio de 1913.  Esta usanza es de ejercicio cotidiano al comenzar la jornada escolar en los Estados Unidos, aunque en algunos estados se practica solo los días lunes; mientras que en Argentina la promesa a la Bandera se concreta una sola vez en toda la experiencia escolar de los niños. 


A consecuencia de que los nazis y fascistas adoptaron la posición del brazo extendido como un saludo a sus líderes, fue lógico que durante la Segunda Guerra Mundial el ritual despertara resistencias en los Estados Unidos; por esto en muchas regiones fue reemplazado por el gesto de llevarse la mano derecha al corazón, una práctica que también se difundió en nuestro país en el curso de la última década. Hemos constatado esta variedad en escuelas de: Bs. Aires; Córdoba; Corrientes; Chubut; Entre Ríos; La Pampa; La Rioja; Neuquén; Río Negro y Tucumán.


Algo más sobre el “saludo Bellamy”
El brazo extendido tiene uno claro propósito mostrar la intención de posarse en la Bandera, como objeto cuasi-religioso; tal como en muchas culturas se lo considera desde el punto de vista de la civilidad. Es un gesto perfectamente natural; de esto da fe el propósito de los fans de tocar a su artista preferido.
Extender el brazo hacia algún elemento significativo, propio de diferentes culturas, es un gesto atávico de identificación, de búsqueda de protección, el que puede interpretarse como un intento de recibir la buena influencia del objeto religioso; en suma, de establecer un vínculo sensible, vital, positivo.
Veamos que sucede con relación a la bandera. En una clase; como era impráctico que todos los niños tocaran la bandera, Bellamy propuso sustituir ese contacto por el brazo extendido, cuyas connotaciones positivas en la sociedad buscó reforzar aludiendo al saludo romano.

Marco Aurelio saluda a Roma (Museo Capitolino)

El fundamento de lo enunciado podemos hallarlo en la forma en que se realizan los juramentos durante la toma de posesión de las autoridades políticas, lo principalmente se evidencia en aquellas ceremonias que implican a varios legisladores. Cuando prestan su juramento no pueden materialmente apiñarse en derredor de la Biblia y por ende extienden su mano derecha en su dirección, copiando claramente la postura corporal propia del saludo Bellamy y del saludo romano.
El brazo extendido evidencia la intención de posar la mano en la Bandera, que en muchas culturas era considerada un objeto cuasi-religioso. Es un gesto perfectamente natural.


 Aún encontramos otra variante, se trata de levantar la mano derecha con la palma abierta hacia adelante, con el antebrazo en paralelo al cuerpo. Lo que hemos constatado en: Córdoba; Corrientes y Tierra del Fuego. 


La más extraña forma de prestar promesa a la Bandera la hemos documentado en la provincia de Salta, como resulta de la siguiente fotografía, lamentablemente carecemos de otra referencia y mucho agradeceremos poder recibirla en nuestro correo. 


Verdaderamente llama la atención ya que el saludo con el puño en alto (en este caso, el derecho) es un signo de rebeldía internacionalizado.

Cualquiera sea la forma elegida, el acto de la promesa posee una emotividad impactante. Por lo general los mayores reviven aquella edad en la que ellos mismos formularon la promesa, con toda la inocente e inexpresable belleza que implica verse reflejados en los niños.


¿Cuál es la fórmula para prometer a la Bandera?

La disposición del “Consejo Nacional de Educación” adoptada en 1909 y difundida por su órgano oficial “El Monitor de Educación Común” estableció la siguiente fórmula:

“Alumnos: la Bandera blanca y celeste – Dios sea loado- no ha sido jamás atada al carro triunfal de ningún vencedor de la tierra.

Alumnos: esa bandera gloriosa representa la patria de los argentinos. Juráis rendirle vuestro más sincero y respetuoso homenaje; quererla con amor intenso y formarle desde la aurora de la vida un culto fervoroso e imborrable en vuestro corazones; prepararos desde la escuela para practicar a su tiempo con toda pureza y honestidad las nobles virtudes inherentes a la ciudadanía; estudiar con empeño la historia de nuestro país y las de sus grandes benefactores a fin de seguir sus huellas luminosas y a fin también de honrar a la Bandera y de que no se amortigüe jamás en vuestras almas el delicado y generoso sentimiento de amor a la Patria.

En una palabra, juráis hacer todo lo que esté en la medida de vuestras fuerzas para que la Bandera argentina flamee por siempre sobre nuestras murallas y fortalezas, a lo alto de los mástiles de nuestras naves y a la cabeza de nuestras legiones y para que el honor sea su aliento, la gloria su aureola, la justicia su empresa”.

La alocución debía ser respondida por los niños con un enfático: “¡Sí, juro!”

Inicialmente, la fórmula del juramento se componía del los párrafos iniciados con las siguientes expresiones: “La Bandera blanca y celeste”… y “flamee por siempre”, ambos pertenecían al discurso que Sarmiento pronunció en la ciudad de Buenos Aires, el 24 de septiembre de 1873 ("Obras completas”, XLVI), así lo determinó la presidencia del “Consejo Nacional de Educación”, ejercida por el doctor José María Ramos Mejía, en sesión del 11 de febrero de 1909. Posteriormente, la fórmula fue ampliada, y se le agregaron el segundo y el tercer párrafos: “Esa bandera gloriosa…” y “Juráis rendirle…” por iniciativa del inspector general de escuelas, profesor Ernesto Bavio (Sesión del Consejo del 26 de junio de 1909).

En el año 1949 se reemplazó el término “alumnos” por el de “niños” (aunque por tradición continuó usándose en muchos casos) y en 1950 la referencia al juramento se cambió por el de promesa, como se explicó poco antes.

A más de un siglo de establecida, la fórmula aludida a comienzos el siglo XX es notoriamente anacrónica. Hoy son otros los lenguajes; otros los códigos sociales; otras las vivencias que implican aquellas palabras, que ya podían sonar pretéritas cuando se adoptaron, si tenemos en cuenta que algunas de sus frases fueron tomadas del famoso discurso sarmientino en 1873.

La fórmula de 1909 modificada en 1950 pervivió por muchas décadas, hasta que la federalización del sistema escolar ocurrida en los años 90 dio lugar a variantes espontáneas e inorgánicas, de amplia recepción en la realidad. Paralelamente algunas provincias asumieron la facultad de regular específicamente la materia, lo que en la práctica generó una gran variedad de manifestaciones.

Las mutaciones apuntan a simplificar la alocución; se procura hacerla menos retórica; menos clásica; tiene a procurar una mayor comprensión para el entendimiento de los niños; en pocas palabras se intenta modernizar la expresión.

¿Cómo debe colocarse la Bandera?


En una sociedad democrática como se precia de ser la argentina, la posición de honor de una bandera es la perpendicular al suelo, mientras se la eleva y se la coloca en la cuja del tahalí. Esta, y no otra, debe ser la posición durante la promesa. Resulta verdaderamente inexplicable la supervivencia de una práctica propia de las monarquías, que en inglés se conoce con el nombre de “dipping” y que en castellano se le dice "presentación" de la bandera.


La práctica indica que, en algunas regiones, cuando el portador presenta la bandera durante el acto de la promesa, la inclina hacia el frente en un ángulo aproximado a los 45º. Esta costumbre es una rémora de la reverencia que las banderas hacían ante los monarcas, en su condición de titulares de la soberanía de la nación (de hecho, esto continúa haciéndose en los países realistas). 


 Más aún, no es inusual que las banderas se abatan ante el paso del rey hasta el punto de arrastrar por el piso.


Por otra parte, esta inadecuada colocación suele generar muchos problemas a los abanderados de pequeña contextura física o a quienes no están entrenados; ya que el peso del paño y del asta les resulta exagerado.

Nota: tomando en consideración el gran interés que ha despertado esta temática, la continuaremos desarrollando en próximos post. Para no perdérselos suscríbanse como seguidores del Blog.

jueves, 12 de abril de 2018

La promesa a la Bandera argentina/ Parte 1

Generalidades y protagonistas

Panorámica de una ceremonia de promesas en el Monumento a la Bandera
(foto de José Granata /Télam)

Por Miguel Carrillo Bascary

En nuestro país es una larga tradición que los alumnos protagonicen una ceremonia que se conoce con el nombre de “promesa a la Bandera”. La misma está profundamente arraigada en la experiencia social y constituye uno de los momentos de mayor emotividad en la vida de un niño de escuela primaria.

Comenzaremos el análisis de este verdadero ritual cívico aportando algunos elementos sobre su historia y posteriormente se brindarán respuestas a los interrogantes que suele despertar en quienes procuran conocerlo con mayor profundidad. Debido a lo extenso de la temática lo haremos en sucesivos posteos.

Un vistazo a la Historia

Todas las civilizaciones practicaban y practican juramentos, en diversas formas y circunstancias. La promesa que hoy prestan los niños se manifestaba usualmente como un juramento que implicaba el compromiso de cooperar en la defensa de la comunidad, si era preciso tomando las armas y, en ocasiones, hasta perder la vida.

La promesa a la bandera arraiga en prácticas sociales inveteradas que reelabora el antiguo juramento de los militares al incorporarse a filas. La ceremonia estaba prescrita en las “Ordenanzas para el régimen disciplina, subordinación y servicio de mis ejércitos”, más conocidas como las “Ordenanzas militares de Carlos III” (Tratado III, Título VIII, pág. 415 y ssgts. de la edición de A. Marín; 1786) que rigieron también en América, aún después de emancipadas las antiguas colonias. De este texto derivan las regulaciones castrenses vigentes en las naciones de Hispanoamérica, cuya influencia se prolongó al sistema escolar.

Un soldado del histórico Regimiento “Patricios” presta juramento a la Bandera
(foto de Natasha Pisarenko)

Al parecer, su práctica en el ámbito escolar llegó a Argentina por conducto de las maestras estadounidense traídas por el educador y presidente Sarmiento a partir de 1879. quienes replicaron la usanza vigente en su país.

Se reglamentó por primera vez para las escuelas bajo jurisdicción del “Consejo Nacional de Educación” por resolución de su plenario, fechada el 11 de febrero de 1909. Allí se dispuso el siguiente esquema para la ceremonia: 1) Himno Nacional cantado por todos los alumnos de la escuela. 2) Discurso alusivo. 3) Jura de la Bandera 4) “Saludo a la Bandera”, clásica composición cantada por todos los alumnos presentes. 5) Marcha (con la que se retiraban los alumnos siguiendo a la Enseña nacional portada por su abanderado) También se consagró una fórmula para la toma, citando algunas frases que incluyó Domingo Sarmiento, en el discurso que pronunció al inaugurar el monumento al general Belgrano en la “Plaza de Mayo”, el 24 de septiembre de 1873.

En 1950, se reemplazó el juramento de los escolares por una promesa, esquema que se mantiene hasta la actualidad.

Esta modificación se fundamentó en las implicancias religiosas de los juramentos, donde se pone a Dios por testigo del acto, lo que sensibilizaba a ciertas confesiones religiosas y suscitaba cuestiones que convenía evitar en por su edad (aproximadamente 10 años) los niños no gozaban de total comprensión sobre las implicancias de su decisión. Además, se tuvo presente que era habitual que prestaran juramento a la Patria cuando se incorporaban a las filas de las fuerzas armadas durante el servicio militar; en cuyo caso constituía una redundancia evidente, al menos para los varones, ya que las mujeres estaban eximidas de esa conscripción.

¿Quiénes prometen?

Por lo general, el acto se concreta durante el cuarto grado de la escuela primaria, como una manifestación de que los niños han alcanzado un grado de madurez que les permite comprender el valor de asumir este público compromiso. Pero si no pudiera hacerse entonces, nada obsta a prestarlo con posterioridad.

Mucho se ha debatido sobre la posibilidad o no de que los extranjeros puedan prometer fidelidad a nuestra Bandera nacional, lo especifico del tema justifica tratarlo algo más adelante.

En cuanto a las personas mayores, la reciente ley Nº26.481 (2009) establece previsiones mínimas para que puedan hacer la promesa a la Bandera los no pudieron hacerlo durante su escolaridad. Nos referiremos a esto en un futuro post.

¿Y si un alumno no quiere hacer la promesa?

Lo primero es aclarar es el origen de la negativa, si obedece a una decisión del pequeño o si resulta de una imposición familiar.

En el primer caso corresponderá, dilucidar la motivación de la negación. Esa una muy delicada tarea que corresponderá al docente. Luego habrá que trabajar la situación con toda prudencia y delicadeza.

En la segunda opción, los sujetos de análisis serán los padres, también en la ocasión debe actuarse con lógico tacto, más aún si el niño manifiesta el deseo de concretar la promesa.

En épocas pretéritas la normativa preveía sanciones al protagonista del acto; que incluso podían llegar a la separación de la escuela. En no pocas circunstancias hubo padres que interpusieron amparos judiciales procurando se eximiera de la promesa a sus hijos. Afortunadamente los tiempos han cambiado.

¿Qué se promete?

El compromiso radica en prometer “fidelidad a la Bandera”, como representación de todo lo que simboliza la Nación y el pueblo argentino en su multiforme riqueza humana. Lo que lleva implícito que también se promete “querer” a la Enseña patria, posiblemente la faceta que llega más hondo en la apreciación de los niños de diez años.

Ese compromiso abarca la identificación con la historia de nuestra Nación; a sus costumbres; valores; tradiciones y demás elementos que hace a la caracterización de argentinos, una expresión polisémica con profunda emotividad. Al respecto, nunca será mejor aplicada la extendida afirmación popular de que “Argentina es un sentimiento”.

En suma, la promesa implica un compromiso de vida para con los conceptos expresados.

Lo expuesto puede parecer muy abstracto para la mentalidad de un niño de diez años, pero bien podemos traducir lo dicho en los siguientes interrogantes que subyacen en la fórmula de la promesa: ¿quieres a la Bandera argentina; te comprometes a seguir queriéndola y a respetarla a lo largo de toda tu vida?


¿Ante qué bandera se promete?

Corresponderá hacerlo ante la Bandera oficial de la Nación en su versión de ceremonias que corresponda al establecimiento. Si no se dispone de ella es factible pedir una prestada a una escuela o institución de las inmediaciones.

En muchas regiones es común que se “invite” al acto a sus similares de otras instituciones; pero la atención de los promesantes y de todo el entorno tiene que focalizarse en el emblema propio de la entidad convocante.

La enseña será portada por el abanderado y sus escoltas titulares, como naturales representes de la comunidad educativa.

Abanderada de 6º grado y promesantes de 4º

Un problema particular se pone de relieve cuando los niños de cuarto grado realizan un viaje, en cuyo transcurso harán la promesa en un lugar histórico. Llevar a los abanderados y escoltas titulares que, generalmente cursan el último grado de la primaria, implica un esfuerzo económico que muchas comunidades educativas no pueden permitirse.

Al respecto se perfilan dos soluciones básicas. La primera implica llevar al abanderado titular y disponer que sus escoltas sean niños de cuarto grado. La segunda consiste en asignarles este rol a un terceto de los alumnos promesantes, en cuyo caso deberán ser debidamente adiestrados en el manejo de la enseña y en las evoluciones del Ceremonial. Desgraciadamente es bastante común que prive la improvisación y, si los niños no están debidamente preparados, la experiencia puede tener facetas traumáticas.

Si la ceremonia de promesas se concreta en un ámbito donde existe un mástil, la Enseña nacional debe estar izada.

miércoles, 11 de abril de 2018

Nuevo libro:

“La Bandera Nacional de la 
Libertad Civil – Su historia y su pueblo


Es la segunda y definitiva edición de la obra del Dr. Miguel Carrillo Bascary, donde relata la evolución histórica de esta enseña creada por el general Belgrano en 1813 y entregada al Cabildo de Jujuy como testimonio de su patriotismo. Hoy se preserva en la Casa de Gobierno de aquella provincia. Desde 1996 es bandera oficial de Jujuy, con toda justicia. En el año 2015 la ley nacional Nº 27.134 la reconoció como “símbolo patrio histórico” de Argentina, a partir de una iniciativa del citado.

La publicación fue presentada en el Instituto Nacional Belgraniano y próximamente se espera poder concretar actos similares en diversas ciudades.

El libro relata la historia de la Bandera en 358 páginas, desde su creación hasta los meses posteriores a su reconocimiento nacional. Incluye: un apéndice a color; una recopilación de documentos citados; un instructivo sobre el ceremonial del símbolo y el “Manual de Ceremonial Gaucho”, también del mismo autor.

La primera edición de la obra, se agotó rápidamente. Esta segunda, de 1000 ejemplares, también fue realizada por el Instituto Belgraniano de Jujuy, gracias a un subsidio otorgado por la Legislatura de esa provincia.

El secretario del Instituto, general Carlos Marturet y su presidente, Lic. Manuel Belgrano  muestran la reproducción tamaño natural de la reliquia

La presentación estuvo a cargo del Ing. Joaquín Carrillo, presidente del Instituto jujeño, acompañado por su presidente emérito, el Lic. Luis Grenni. En la oportunidad se exhibió también una reproducción en tamaño natural de la reliquia, obtenida fotografía obtenida por J. Carrillo, que también es un laureado cultor de la disciplina. Estuvieron presentes miembros de Jujuy; Salta; Tucumán; Santa Fe; Rosario; Mercedes; Ciudad y provincia de Bs. Aires.

miércoles, 28 de marzo de 2018

Los flecos en las banderas/ Parte 2

Su ausencia en las de Argentina

Bandera argentina empleada por el gobernador de Tucumán
José Frías Silva (19099 - 1913)
Hoy en el Museo de La Banda (Tafí del Valle)
Una de las pocas enseñas nacionales con flecos (plateados)

Por Miguel Carrillo Bascary

Nota: con este post continuamos con la publicación realizada hace unas semanas http://banderasargentinas.blogspot.com.ar/2018/03/los-flecos-en-las-banderas-su-ausencia.html

Los flecos como muestra de poder

Durante muchos siglos la confección de banderas implicó bordarlas con materiales preciosos y hasta aplicarles pedrería, como forma de realzar su valor simbólico y venal, tengamos en cuenta que estas enseñas se identifican con la autoridad o grupo social al que pertenecían y por esto, si tenían alto costo, evidenciaban el poder de su titular.

Es el caso de muchas banderas medievales; tanto de señores feudales como de burgos y gremios. La usanza se extendió en muchas regiones hasta bien entrado el siglo XIX y, aún, a principios del XX. También se dio en las unidades castrenses donde en muchos casos eran sus propios efectivos los que gustosamente contribuían económicamente para ornamentar la enseña que los singularizaba.

Es así que los flecos en las banderas pueden asimilarse a un emblema de poder y de riqueza; en definitiva, son una forma de ostentación. En la mentalidad occidental, donde predomina la democracia como forma de gobierno, la ausencia de flecos señala el valor de la austeridad.

Cuestiones prácticas

Es evidente que el uso de flecos implica un mayor costo en la construcción de banderas; lo que se multiplica si deben utilizarse gran número de piezas. Por otra parte, es muy fácil que con el uso los flecos se dañen, particularmente si son metálicos; lo que acorta la vida útil de la bandera. Razones de más para desaconsejar este ornamento. Un ejemplo de estos daños podemos verlo en esta bandera de la República de Texas (1836):


Por paradoja, cuando los daños sufridos por la bandera han sido muy importantes y/o cuando las malas condiciones de preservación la han degradado es factible que los flecos sea lo único que resta de la enseña, particularmente si tienen un componente metálico. Veamos como ejemplo uno de los muchos ejemplos que podrían citarse, el estandarte del 8º de Caballería de Filadelfia usado entre 1861 y 1864:


El ceremonial de banderas

Los usos y costumbres que rigen en la materia determinan que, si se emplean varias banderas en un ámbito ceremonial, sus dimensiones y estructura deben ser idénticas, de manera que, si alguna tiene flecos, las demás deberían incorporarlos.

Sin embargo, hay excepciones. Es técnicamente factible que la enseña de mayor jerarquía tenga flecos y que las restantes no; pero esta solución no es “políticamente correcta” ya que expresa una supervaloración que no resulta simpática en el concepto actual de las R.E.P.P.

Colocar flecos a una bandera de izar es todo un despropósito; en primer lugar, por el considerable incremento del costo de la unidad, ya que sus perímetro alcanza varios metros. En segundo, porque los flecos adicionados a una bandera enarbolada en un mástil o en un espacio externo, generalmente son poco visibles debido a la altura en que flamea (como vemos con la enseña croata y con la dominicana que aparecen en las siguientes fotografías). En tercero, porque la acción de los vientos; el agua; el sol y la contaminación ambiental degradan los flecos sobremanera.
     


Flecos de varios colores

También es factible componer flecos de esta forma, lo que puede tener agradables efectos. Veamos un ejemplo:


Cuando el movimiento olímpico adoptó su bandera que lució originalmente en la ceremonia inaugural de los juegos de 1922, el blanco paño con sus característicos anillos apareció ornamentado con flecos de sus cinco colores. El efecto visual de la divisa es muy lucido y contribuye a realzar el emblema.


Esta composición con flecos en dos o más colores tiene antecedentes en banderas del pasado, como resulta de la siguiente, que perteneció a los “Dragones de Caravajillo” un regimiento realista que combatió en Chile durante las luchas por la independencia de esta nación.


Otra curiosidad resulta de la imagen que nos presenta un ejemplar de la “bandera de la raza” difundida en Latinoamérica a mediados del siglo XX, en donde vemos flecos en las aristas del vuelo:


Presencia en las enseñas del imperio español

El régimen monárquico que rigió a la mayor parte de América durante tres siglos hizo amplio uso los flecos en los estandartes reales y en las banderas de sus unidades militares. Los americanos se acostumbraron a ver flecos en las enseñas más jerarquizadas que se usaban en su realidad. Así lo demuestran las muchas que se conservan en los museos e iglesias del continente.

 

En base a este antecedente, fue natural que los revolucionarios identificaran a las banderas con flecos como una característica propia de la colonia. Si a esto unimos los escasos recursos que contaron las fuerzas criollas, es lógico que en la percepción general la falta de flecos tuviera connotaciones democráticas y republicanas. Así resulta de la realidad histórica predominante.

¿Con flecos o sin flecos?

Teniendo presente lo antedicho, la pregunta siempre tendrá respuestas subjetivas. Además, su uso dependerá de muchas variables. Como un aporte al análisis presentamos las siguientes fotografías de la bandera de Oman, donde se evidencia el efecto visual que produce su presencia o su falta:
 

¿En lo personal? Entiendo que las banderas evidencian su plena individualidad sin que los flecos establezca un parámetro uniforme.

Los flecos en las banderas de Argentina

El extraordinario relevamiento de los especialistas Juan Manuel Peña y José Luis Alonso; difundido en su obra “Las banderas de los argentinos. 200 años de historia” (Bs. Aires, 2009) confirma que el uso de flequillo fue excepcional en nuestro país.

La más antigua que incorpora esta característica es en realidad una banderola de lanza usada por el comandante Juan Pascual Pringles (ca. 1820). Luego nos presentan cuatro estandartes federales posteriores a 1835; otros dos que pertenecieron a las fuerzas del caudillo Justo José de Urquiza (ca. 1831/ 1852); el correspondiente al Regimiento “1º de Mayo” (1858). Más adelante, nos presentan otros pocos ejemplares.

Podrían agregarse el estandarte usado por el general José María Paz en la batalla de Caa- guazú (1841), ocasión donde también se vio la empleada por la unidad al mando del general correntino Benjamín Virasoro, que tiene su paño orlado de flecos azules y blancos, segmentados.

Esto demuestra que, en la tradición predominante en Argentina, de cualquier naturaleza que sean las banderas, no llevan flecos en su contorno, ni aún las de ceremonias.

Tal pauta fue sabiamente recogida por el Decreto Nº 1650 del año 2010, que reguló en detalle y bajo Normas IRAM la composición de las banderas nacionales. En su consecuencia, como la Bandera oficial de la Nación no lleva flecos, la norma implícitamente dispone que ninguna otra podrá incorporar los, ya que hacerlo implicaría una distinción desmedida a esta última en detrimento del emblema principal del país. Un ejemplo lo ilustrará:

Si en una recepción es previsible que la dueña de casa no luzca joyas en su atuendo ería un despropósito que una invitada utilizara una pieza esplendorosa; no sería una simple falta de etiqueta, sino que podría considerarse hasta un insulto para con su anfitriona.

Cabe señalar que cuando alguna autoridad oficial o delegación argentina visita otras naciones puede ocurrir que el gobierno anfitrión disponga que su bandera se presente con flecos, en consecuencia también la nuestra deberá tenerlos, un aspecto que corresponde disimular como una cortesía. En este blog nos hemos referido expresamente a estos casos, como podrá verse en http://banderasargentinas.blogspot.com.ar/2015/08/las-banderascon-flecos-la-costumbre-de.html

 

Los flecos en las corbatas

Donde sí aparecen estos adminículos en Argentina es en las cintas que componen la corbata reglamentaria de las banderas oficiales de ceremonias. Así lo dispone el Decreto Nº 1650/ 201, que remite a la Norma IRAM-DEF D 7675; apartado 3.2. En cuanto a los flecos en concreto se ordena:

“Ambas cintas deben llevar, como ornato, en la parte inferior, flecos de 70 mm de largo, confeccionados con hilo tipo “lurex” dorado, u otra fibra similar que simule hilo metálico de oro”

Más adelante se indica que, en las corbatas usadas en las banderas para niños, los flecos serán de 50 mm (apartado 3.2.4)

 

La costura que se deberá emplear para fijar los flecos al paño está determinada en la Norma IRAM-DEF D 7674, cuyo apartado 4.2.4. define que:

“Las cintas deben llevar cosidas, en la parte inferior, flecos, utilizando la costura 3.05.03” (que grafica en el Anexo A)

martes, 27 de marzo de 2018

Una experiencia social: Moderndonia

Moderdonia


Por Miguel Carrillo Bascary

La conectividad de los últimos años aporta fenómenos curiosos, como el de esta nación virtual nacida de un grupo de humoristas españoles.

Es una manifestación más de la infinita diversidad que anticipó Alvin Toffler en la década del 70 desde su fundamental obra “El shock del futuro”, donde nos anticipa y caracteriza a la sociedad post industrial.

Moderdonia parece marcar una tendencia arrolladora en España, pero su influencia trasciende sus fronteras. Su nombre deriva del programa humorístico satírico, “La Vida Moderna”.

Este verdadero experimento artístico surgió en el 2014 y sus protagonistas originales fueron y son: David Broncano, Ignatius Farray y Quequé. Así lo informa la página oficial del estado: https://moderdonia.org/

Su forma de estado es el de una “dictadura democrática” que conduce a una “sociedad clasista liderada por los ricos”.

En su origen pudo llamarse “Cebrianalia”; “Nueva Granadilla”; “Echeniquesville” o “Nueva Ordera”. Afortunadamente privó su nombre actual “Moderdoni” que por diversas razones aparece como mucho más acertado que las restantes opciones.

Para los curiosos les recomiendo una nota publicada en el diario “El País” del 22 de marzo: https://elpais.com/cultura/2018/03/22/television/1521730557_447014.html

Su bandera

Sin embargo, el motivo de este post se vincula lógicamente con la bandera de Moderdonia que reúne varias virtudes desde el punto de vista de la Vexilología, más allá de que su estética pueda gustar o no. En esto último el juicio de quienes toman contacto con ella también será de perspectiva infinita. Veamos:

         - El magenta o fucsia, color elegido como base marca su impactante presencia. Su uso es verdaderamente excepcional en Vexilología. En Wikipedia se apuntan las de la comuna de Cartago (Colombia) y la del Lábaro cántabro, símbolo cultural de la región que se inspira en un estandarte de romano usado antiguamente. Cumplimos en presentarlas, pero apuntamos que también se registra en otros símbolos.


         - Con la elección del magenta la enseña logra una identidad propia y suma un efecto ligado a la memoria que está indudablemente logrado. Resultará muy difícil olvidar esta bandera.

     - Además, el magenta está indisolublemente ligado a la modernidad de la realidad virtual, ya que de hecho este color es uno de los básicos del sistema de la cuatrictomía que permite para componer los millones que reproducen las computadoras y sus correspondientes impresoras.

       - Este color se obtiene a partir de la fucsina, una sustancia descubierta en 1858 según se refiere en la literatura técnica. En Francia se lo denominó como “magenta” en una dramática referencia a la sangre vertida por los combatientes en la batalla de este nombre (4 de junio de 1859) donde hubo unos 12.000 muertos entre ambos bandos en pugna.

       - La estrella blanca es un símbolo universal que en el contexto de esta nueva “nación” señala la chispa de la inteligencia con que pretenden identificarse los promotores y sus miles de miles de seguidores.

     - Su ubicación, sobre el cantón derecho, en la posición de privilegio del plano, permite destacar la figura aunque el paño no sea mecido por la brisa.

      - La letra “M”, es el emblema principal de la composición. Su referencia con el nombre materializa todo lo que es y representa el concepto “Moderdonia”.

      - Es universal también la identificación del blanco como representación de: la paz; la pureza; la inocencia; la luz; el minimalismo; la asepsia; la unión; etc.

     - Por otra parte, el blanco implica la fusión de todos los otros colores, lo que implica la unidad en la diversidad; representada en la idiosincrasia del programa humorístico que sirve de base a esta nación imaginaria.

       - La fina franja blanca que termina el diseño obra como un subrayado del mensaje que entraña la estrella.

Como vemos, la bandera de Moderdonia tiene sus valores, hasta el punto que le auguramos una amplia estela de reproducciones en todo tipo de objetos y materiales (remeras; bolsos; tazas; mochilas; etc.; etc.) Por de pronto, ya se comercializa desde diversos portales de ventas on line.

El entusiasmo de los cultores de Moderdonia es envidiable. Como una reacción de hartazgo por la polémica que sacude a españolistas; catalanes y otros separatistas, la enseña magenta se apropia de balcones y ventanas.

   
El notable éxito de estos deportistas indica que su difusión no conoce de límites. ¿Participará Moderdonia en la próxima Eurocopa o en el Mundial de Qatar 2022?

  
Sería muy interesante conocer el proceso que llevó a formar esta bandera. Quizás sea una improvisación más de sus creadores o quizás haya sido resultado de arduas maquinaciones de un equipo de publicitarios.

¡Al fin y al cabo, en Moderdonia cualquier cosa parece ser posible!