lunes, 21 de septiembre de 2020

Patoruzú en sus banderas ¡Huija, chei!

Veleidades vexilológicas  

El cacique tehuelche Patoruzú y sus banderas: nacional, étnica y personal

Por Miguel Carrillo Bascary

Todos los argentinos sabemos quien es Patoruzú. Conocemos también a toda su familia (1) y a sus amigos.

Contarles a los extranjeros sobre él llevaría una extensión considerable, pero intentaremos sintetizar sus rasgos más característicos. El Indio, como afectuosamente le dice su padrino Isidoro Cañones, es un entrañable personaje de historieta que entretiene ya a cinco generaciones de argentinos. Sus aventuras se comenzaron a publicar como tira cómica y evolucionó con los años hasta convertirse en un clásico de la cultura nacional, por lo que algunos lo consideran un auténtico superhéroe argentino.

Representa al espíritu telúrico argentino bajo el aspecto de un cacique tehuelche nacido en la Patagonia pero que vive en Bs. Aires, desde donde se desplaza periódicamente a sus estancias y a otros lugares  a los que lo lleven sus aventuras. Junto con sus hermanos, Patora y Upa, son los últimos descendientes de la indomable dinastía de los Patoruzek.

Por esta razón Patoruzú está plenamente identificado con la argentinidad y él mismo no pierde ocasión de confesarse como argentino. Así ha sido aceptado por sus connacionales, hasta el punto en que aparece en varios sellos postales, junto convarios de sus amigos. En su hablar, directo y campechano usa algunos términos que supuestamente provienen de su lengua madre, pero que en realidad no puede remitirse al tehuelche; en todo caso son adaptaciones de la jerga campera, como por ejemplo “canejo”; “maula” y su característico grito de alegría ¡Huija!.

Sello emitido en 1990 por el Correo Argentino

Bloque emitido por el Correo Argentino en el año 2004

La imagen paradigmática de Patoruzú se nos representa cubierto por su poncho, con una Bandera nacional sobre sus hombros y tocado por una solitaria pluma, emblema de su cultura ancestral. Dueño de una fuerza descomunal y de una fortuna inconmensurable tiene un corazón pleno de bondad y otras cualidades que lo hacen un ser de fantasía absolutamente querible. Siempre lucha por las buenas causas; y es dueño de una generosidad increíble; sin un ápice de malicia, va por la vida acompañado su alter ego, Isidoro Cañones y un cúmulo de muy particulares figuras.

Patoruzú: Pampero; Ñancul (capataz de sus estancias); la Chacha (ama de llaves); 
Isidoro Cañones; su tío el Coronel Cañones; sus hermanos Upa y 
Patora. También la versión de los chicos Isidorito y Patoruzito

Historia de Patoruzú

El personaje en sus orígenes

Interesar conocer que Patoruzú está cerca de cumplir los 92 años de su aparición, que ocurrió el 19 de octubre de 1928 en el diario “Crítica” de Bs. Aires y estuvo precedido de una poco frecuente campaña de expectativa. Sin embargo, su autor tuvo diferencias con el periódico y la tira fue de presencia efímera, el personaje reapareció unos años más tarde, en la tira de “Don Julián de Montepío”.

Originalmente su nombre fue “Curugua-Curiguagüigua” algo que todo argentino sabe pero que resulta imposible recordar; precisamente por esto, su partenaire en el comic, “Don Gil Contento”, resuelve bautizarlo con el inmortal nombre de Patoruzú. Seguidamente se trascribe el diálogo entre ambos personajes:

Mientras las puertas de un vagón de tren de cargas se abren aparece un indio que más tarde se revelará como cacique tehuelche, quien a los gritos dice:  "¡Guagua piragua! ¿Vos sos meu tutor che? Curugua Curiguagüigua te saluda".


A tan efusivo saludo Don Gil contesta: “Por fin llegaste Parotruzu (sic), te bautizo con ese nombre porque el tuyo me descoyunta las mandíbulas”.


Cuadro inicial de la primera tira que incluyó al Indio

En 1931 la tira tomó el nombre de “Patoruzú” y en ella ya se observa una reelaboración del personaje. Cuatro años más tarde empieza a publicarse en el diario “El Mundo” donde alcanza enorme popularidad. El primer número de la revista “Patoruzú” apareció el 10 de diciembre de 1936; tenía una periodicidad mensual. Luego salía cada 15 días (1937) y finalmente se transformó en un semanario (1938) que en los momentos cúlmenes llegó a vender más de 300.ooo ejemplares.


“Patoruzu”. Año 1. Nro. 1

Bajo diversos formatos se siguió difundiendo hasta 1977 luego de 2045 números; por unos años se continuaron publicando aventuras actualizadas a la época. En la década de 1940 saltó a la radio Su creador fue el humorista argentino Dante Quinterno (1909 – 2003).

Los primeros 126 números de la publicación pueden encontrarse reproducidos en el “Archivo Histórico de Revistas Argentinas” (https://ahira.com.ar/revistas/patoruzu)

Patoruzú y los símbolos nacionales argentinos

El cacique se identifica con la Bandera nacional en numerosas viñetas como, por ejemplo:


En las fiestas patrias usa una escarapela desmesurada.

Patoruzú con  Upa, a quien explica los sucesos del 25 de Mayo de 1810, 
señalándole el Cabildo de Bs. Aires

Cuando entona alguna canción o, en este caso, el Himno Nacional argentino, con su voz potente y desafinada irrita a todos los presentes.

Portada del “Patoruzú”, Número 95, 10 de julio de 1939

Una versión más aniñada, especialmente concebida para llegar a los más chicos resulta ser “Patorucito” (surgido en 1945), quien gusta montar a su fiel Pamperito un caballo tan cerril como su dueño. Como todo chico aplicado Patorucito es abanderado de su escuela, sin embargo el su versión adulta el Cacique es muy tosco y desconfía de la tecnología.

Sus escoltas: Chupamiel e Isidorito

La banda de presidente de la Nación no es un símbolo nacional, pero Patoruzú fue representado con ella.

Y tratándose de la pasión nacional, el futbol, es natural que Patoruzú vista la camiseta del Seleccionado Argentino.


Las banderas Tehuelches

Pero, si vamos a la realidad, en tanto que Patoruzú es un cacique tehuelche se presenta un verdadero “dilema”. No hay duda alguna de que es argentino y que, como tal, que tiene la bandera nacional grabada en su corazón. Pero, como orgulloso representante de su etnia es “lógico” que lo exprese con su enseña. El “problema” es que la Vexilología argentina nos hace saber que existen tres banderas vinculadas a los tehuelches (2)

La primera resulta ser la de los “mapuches - tehuelches” de la provincia de Chubut, que fue aprobada por las comunidades locales en 1991. Indudablemente que Patoruzú no pertenece a este conglomerado mixto, ya que es un tehuelche “puro” y auténticamente argentino, mientras que los mapuches son originarios del territorio que hoy se conoce como Chile, quienes en el curso del siglo XIX pasaron a la Patagonia para afincarse en su parte meridional.

Pero, además existe otra divisa particular, la de los Günün a Küna (tehuelches septentrionales) que es una comunidad que habita en Rincón de los Sauces, en la zona de Auca Mahuida, provincia de Río Negro. Tampoco esta puede ser considerada “bandera de Patoruzú” ya que es el emblema de una comunidad en concreto, no del pueblo tehuelche como ente colectivo étnico.

Bandera del pueblo Tehuelche de la provincia de Santa Cruz

Del contexto de la historieta resulta que Patoruzú es oriundo de aún más lejanas latitudes, una región que correspondería a la provincia de Santa Cruz. Precisamente, la bandera de los tehuelches santacruceños es la siguiente, por lo que podríamos señalar como aquella con la que podemos identificar al Cacique.


La bandera “personal” de Patoruzú

Como todo “monarca tribal” Patoruzú tiene el legítimo derecho de tener una bandera personal. La imaginación de uno de sus admiradores que administra el Facebook “Patoruzú vive”: https://www.facebook.com/100111241638335/posts/124104125905713


Para elaborarlo se partió de los diversos ponchos usados por el Indio, a los que suma las extrañas cruces que recuerdan vagamente a los diseños pampas. A esta hipotética bandera su autor la describe así:

“La franja de arriba simboliza los colores del poncho que usó en su etapa más reconocida, la de las “Andanzas de Patoruzú”.


“La franja del medio tiene los colores del poncho que solo apareció en el semanario Patoruzito (y, agrega quien esto escribe, también en algunas de las aventuras de adulto). Junto a su icónica pluma”.



“Y finalmente, la franja inferior representa los colores del [poncho en el] primer “Patoruzú” que tuvo éxito, y que es hoy injustamente no reconocido, el del diario “La Razón”.



Demás está decir que está bandera representa también a su bondad, piedad, humildad, solidaridad y fuerza inagotables”; dice el autor de la iniciativa.

Desde la Vexilología, es evidente el acierto del diseño en cuanto síntesis de la vida del personaje. Los colores son contrastantes y tienen sentido “histórico”; junto con la referencia a los ponchos resume en la pluma los principales atributos del Indio; la elección de las tres franjas se corresponde con la Bandera argentina.


Agregados:

La popularidad de Patoruzú se manifiesta en algunos íconos, desarrollados para circunstancias particulares. Por ejemplo, en los pines de combate que adoptaron algunos pilotos argentinos que pelearon como voluntarios en la Royal Air Force durante la II Guerra Mundial, lo que evidencia la identificación del mismo con el sentimiento de argentinidad.

El capitán Ian “Naña” Adamson y el pin de combate de su caza Spitfire
Luce una viñeta de Patoruzú sobrepuesto a un escudete con los colores argentino
Como divisa de asalto: “Hacete a un lau…”, como diría el Indio

El Hurricane de Ricardo Campbell Lindsell de la Royal Air Force de Canadá

Bandería de la 4ª. Compañía Montada, Batallón de Zapadores 1; hoy denominado Batallón de Ingenieros 1 “Zapadores Coronel Czetz”, creado en 1865

Grupo 1 de Bombardeo; Fuerza Aérea Argentina

Regimiento 2 de Caza, Fuerza Aérea Argentina, lleva como emblema a otro de los personajes de la tira, el ama de llaves de la estancia de Patoruzú, “la Chacha”

Montaje que representa a Patoruzito desfilando por las calles de Bs. Aires
 junto a algunos de sus paisanos.

En cuanto a Isidoro, su padrino y custodio en las contingencias de la vida urbana es el paradigma de la mal llamada “viveza criolla”. Se trata de un porteño ventajero; jugador, mujeriego, juerguista; tramposo; vago; aprovechador; a lo que suma otras cuantas “virtudes” negativas. En la portada de la revista “Locuras de Isidoro”, año V, Nro. 57, un desprendimiento de la historieta de “Patoruzú”, lo vemos junto a su inefable amiga y compinche de las noches porteñas, Cachorra. Lleva la una bandera propia donde identifica varios de sus vicios (las apuestas a los caballos; el póker; los dados y el fumar) en ocasión de visitar un casino ubicado en las islas Malvinas. Observar que es de color verde, en alusión al paño de las mesas de juegos.

Sobre Patorzú en el deporte puede consultarse otra entrada del autor: https://programa-rosariocunadelabandera.blogspot.com/2019/01/mas-sobre-patoruzu-y-rosario.html

Nota

1.- En el mundo de las historietas, se dice que “Patoruzú” y su inocente hermano “Upa”, inspiraron a, célebre creador de “Asterix”, René Goscinny. Donde Upa se ve reflejado en “Obelix” y Patoruzú en el galo.

Upa; Asterix, el galo; Obelix y el cacique Patoruzú

2.- En realidad existe otra bandera atribuida a los tehuelches pero su uso documentado por el viajero inglés Monster no ha persistido, por lo que podemos considerarla como "histórica". 

 

sábado, 19 de septiembre de 2020

Banderas sobre ...

Flags over California

Muelle de Santa Bárbara (California) 

Por Miguel Carrillo Bascary

 En los Estados Unidos la tradición de recordar los orígenes históricos de una ciudad o estado se representa izando las banderas de aquellas naciones que otrora tuvieron vigencia en el territorio.

Esto no implica que se afecte la soberanía del estado, para nada.

Para destacar estas raíces los mástiles se instalan en algún ámbito significativo de su geografía y se concreta siguiendo un orden cronológico.

Como un ejercicio de Vexilología e Historia, se toma como referencia una lámina preparada por la Lane Magazine Book Company; cuya información complementaria corregimos y ampliamos según el siguiente detalle: 


1. Imperio Español, bandera atribuida a Juan Rodríguez Cabrillo, al servicio del rey de España, que exploró las costas de California hacia 1542.

 

2. Inglaterra, bandera izada por Francis Drake en ocasión del reclamo de soberanía en favor de Isabel I sobre la California del Norte, 1579.

 

3. Imperio Español, pabellón que habría usado la expedición al mando de Sebastián Vizcaíno al servicio del rey de España, izada en San Diego, 1602.

 

4. Imperio Español, bandera usada por Javier de Portolá, que colonizó California en nombre de España, quien llego a la región por vía terrestre hacia 1769.

 

5. Imperio Español, bandera marítima usada en California, cuando fue provincia del Virreinato de Nueva España, siendo su capital la plaza marítima de Monterrey, 1697 a 1767.

 

6. Compañía Ruso Americana (Compañía ruso-americana bajo la protección de su Majestad Imperial, zar de todas las Rusias), insignia que flameó en la factoría de Fte. Ross (Krépost Ross; Fortaleza Rusa) (Alta California), establecimiento fundado por Iván Kuskov, que operó entre 1811 y hasta ca. 1841/1842.

 

7. Provincias Unidas del Río de la Plata (hoy Argentina), pabellón izado en Monterrey y San Juan de Capistrano, durante su ocupación por el corsario Hipólito Bouchard, 1818.

 

8. Primer Imperio de México, bandera usada en 1821 y 1822.

 

9. República Federal de México, flameó entre 1823 y 1836.

 

10. California, bandera empleada por la rebelión encabezada por Juan Alvarado cuando proclamó la independencia de la Alta California y la toma de Monterrey, 1836.

 

11. Estados Unidos, bandera especial izada en el pico Gavilán (bahía de Monterrey), por Johnn Fremont, capitán del Cuerpo Topográfico del Ejército de los Estados Unidos, durante su reconocimiento, 1846.

 

12. California (“Bandera del Oso”; “Bear Flag”), izada por los californianos al declarar su independencia, ciudad de Sonoma, 1846.

 

13. Estados Unidos, bandera usada por las tropas del general William J. Worth durante la batalla de Monterrey, 1846.

 

14. Estados Unidos, bandera que lleva en el cantón 31 estrellas, incluyendo la correspondiente a California, admitida el 9 de septiembre de 1850.

 

15. Estado de California, actual bandera estatal adoptada en 1911, que persiste con plena vigencia.

 

16. Estados Unidos, bandera actual, con 50 estrellas en el cantón, usada a partir de 1960.

 


viernes, 18 de septiembre de 2020

Belgrano y la soprano a quién no amó

 María Josefa Ezcurra y una imagen apócrifa                               María Josefa   ¿joven?                                María Josefa, ya mayor 

 Por Miguel Carrillo Bascary


No hay dudas que la vida de María Josefa Ezcurra como madre de uno de los hijos del general Belgrano atrae la curiosidad de los argentinos de hoy. En tal marco, la pregunta que abre esta nota oculta un equívoco que intentaremos develar, con la adecuada fundamentación que demanda la memoria del Prócer.

De los amores de Belgrano el que menos se conoce es aquel que lo vinculó con María Josefa de Ezcurra. Ella había nacido en Buenos Aires, el 26 de noviembre de 1785, ciudad donde murió el 6 de septiembre de 1856. Fue la tercera de los vástagos de la encumbrada familia porteña que formaron el navarro José Ignacio de Ezcurra y Teodora Josefa de Arguibel.

Un acontecimiento singular que define su personalidad es que una mujer de la alta sociedad del Bs. Aires a comienzos del siglo XIX, haya resuelto recorrer el desolado interior del virreinato sin más compañía que algún personal de su servidumbre (eventualmente), para llegar a la muy lejana Jujuy, con el objetivo de encontrarse con su amor. A esto agregamos que aquella ciudad era un ambiente desconocido para ella; que previsiblemente le sería hostil, no solo por su condición de mujer abandonada por su esposo (1); también por acaparar para sí el amor de la principal figura de aquel entonces marginando a las niñas casaderas del lugar. Súmese que el país estaba en guerra y que al parecer no habría acordado el viaje con Belgrano; con lo que se define que se trató de una mujer decidida a todo en busca de concretar el afecto que la impulsaba.

El académico y miembro del “Instituto Nacional Belgraniano”, Isaías García Enciso probó en forma documentada (2) las circunstancias del viaje de María Josefa. Luego de viajar cincuenta interminables días, llegó a Jujuy y encontró a Belgrano afanado en sus esfuerzos de recomponer un ejército casi inexistente, amenazado por el avance realista. Ella lo siguió en el Éxodo de 1812 y luego se encontró en Tucumán durante la célebre batalla. Sin dudas que participó del jubiloso festejo que motivó el triunfo y de los halagos de la victoria; pero nuevamente se vio postergada en la atención de un Belgrano, absorbido por los febriles preparativos que siguieron. La situación se prolongó, hasta que otra campaña bélica lo arrebató de sus brazos a fines de enero del año siguiente, cuando el ejército subió hacia Salta y el Alto Perú.

Sabemos que del amor entre María Josefa y Manuel nació el hijo de ambos, de nombre Pedro Pablo (20 de julio, 1813). Conocemos las circunstancias en que la pareja debió separarse, pero solo podemos intuir el motivo. Será siempre una incógnita en qué términos se distanciaron aquellos famosos amantes o si en algún momento volvieron a verse; ni tan siquiera, si llegaron a intercambiar posteriores misivas. Suponemos las angustias del regreso a Bs. Aires y podríamos tratar de entender la ominosa soledad de su parto en la ciudad de Santa Fe; no sería suficiente. Nos han dicho que aquél hijo fue criado por su hermana menor, Encarnación de Ezcurra y su marido, Juan Manuel José Domingo Ortiz de Rozas y López de Osornio, que se presentaba a sí mismo como Juan Manuel de Rosas. Nos resulta imposible dimensionar el dolor de esa madre que veía crecer a su hijo sin poder confesarle el cariño propio de la relación que los unía; como que nunca pudo escuchar de sus labios el dulce apelativo de “mamá”.

Son demasiadas las preguntas que carecen de respuestas. No nos detendremos en presentar otros datos sobre esta relación; nuestro objetivo es otro.

Dos retratos en cuestión

En las siguientes líneas intentaremos poner en su lugar un equívoco histórico, que posiblemente surgió cuando se buscó promover un relato biográfico de aquella decidida mujer que fue María Josefa Ezcurra. Orienta este trabajo la buena fe historiográfica; por esta razón será bienvenida cualquier corrección o información ampliatoria.

Existen dos retratos desde donde María Josefa Ezcurra nos contempla, como burlándose de nuestra natural curiosidad por los términos de su intimidad con el general Belgrano. Uno de ellos la caracteriza como una jovencita de extraordinaria hermosura y delicados rasgos; el otro, como una mujer madura, de facciones plácidas, imbuido de serena distinción. Este último es probadamente auténtico; el otro resulta ser totalmente espurio (3).

¿Quién pudo vincular el nombre de María Josefa Ezcurra con el retrato de la joven? Poco importa. Lo cierto es que muchos lo reprodujeron como auténtico y continúan haciéndolo, encantados de conocer el rostro de quien robó el corazón del Prócer; sin reparar que el equívoco implica a uno de los más grandes hombres de nuestra Historia.

 

Portadas de sucesivas ediciones de un relato biográfico sobre M. J. Ezcurra (1999; 2001; 2009 y 2016)

En la Internet la imagen de aquella glácil belleza se multiplica hasta el asombro plasmando su vinculación con la faz del patriota, protagonistas ambos de tan apasionado romance (4).

1.- El indubitado

 María Josefa Ezcurra (García del Molino, 1849)

Que sepamos, existe un solo retrato que se haya pintado a María Josefa y esto ocurrió en su ancianidad. Desde ese lienzo sus ojos claros parecen trasmitirnos la voluntad de guardar en su corazón los secretos que nos desvelan. Ahí se muestra como una mujer madura, pero de edad indefinible, dotada de fina distinción y de una cintura esbelta, pese a los años. Esta caracterización muestra los rasgos físicos que atrajeron al Prócer a sus brazos. Empero, nada nos dice de sus atributos inmateriales que debieron ser decisivos para generar la relación. El marco de un ambiente, sobrio y personal; los detalles del vestido y de las joyas (caravanas en sus orejas; un importante prendedor y tres grandes anillos) revelan el significativo poder económico del que dispuso en vida. La impronta se traduce en una sinfonía de rojos y oscuros, donde el rostro de la retratada brilla con transparencia, resaltado por el encaje de la mantilla que dobla sobre sus hombros. En su fino cuello, luce un pañuelo colorado mixturado con negro y blanco, patentizando el rigor cromático de los tiempos de la Federación. Manos de finos dedos sostienen un abanico plegado. Los expertos explican la gran dificultad que implicó plasmar su alisado cabello partido en su medio, seguramente recogido en un gran rodete posterior. El conjunto denota una pose coloquial, para nada afectada. Esta imagen desmiente la fama de implacable intrigante con que la presenta José Mármol, quien por 110 veces y en forma para nada favorable, la menciona en su inmortal novela, “Amalia” (5).

El retrato figura en el catálogo del “Complejo Museográfico Provincial Enrique Udaondo” de Luján (provincia de Bs. Aires), al que pertenece. Allí consta que el óleo debió ejecutarse en 1849, por lo que nos habla de una María Josefa de 64 años.

El artista fue el chileno Fernando García del Molino (1813 – 1899), pintor oficial de la llamada “corte” de Rosas; a quien también se deben los retratos del Restaurador y de su hija Manuelita; del caudillo Facundo Quiroga; de los niños Lucio V. Mansilla y su hermana; junto al de varias decenas de beldades; matronas y personalidades del Bs. Aires siglo XIX. Otras de sus obras se cuentan en el patrimonio del Museo Histórico Nacional y en el de Bellas Artes. También existen en los museos históricos provinciales de Rosario y de Santa Fe; en el Museo Histórico "Cornelio Saavedra"; en el Museo de Artes Plásticas “Eduardo Sívori” y en el Museo “Fray José M. Bottaro” del Convento Franciscano. Asimismo, las hay en el Fondo Nacional de las Artes; el Centro Naval y en colecciones privadas.

2.- Un retrato y una fantasía

 Carolina Lizius (Stieler, 1843) Imagen que equívocamente se atribuye a María Josefa Ezcurra

No se conoce algún retrato que se le haya realizado a María Josefa Ezcurra en su juventud; sin embargo, como ya lo adelantáramos, en diversas publicaciones y en las redes sociales prolifera uno que se le atribuye y que la caracteriza como una joven de arrobadora belleza (Ver nota 3).

A poco que se intenta investigar el origen de esta imagen, se advierte que corresponde a Carolina Lizius, hija del renombrado director de orquesta y compositor alemán, Christoph Franz Liziuz (1789 – 1865). Esta referencia y las costumbres de la época hicieron que la niña fuera incorporada como soprano en la Corte bávara, por lo que así figura en el "Manual del Estado del Reino de Baviera" y en el "Manual Universal de Múnich", editados en 1845, suertes de guía social de aquellos tiempos. Evidentemente que provenía de una familia burguesa, pero el renombre de su padre; una cuidada educación y su hermosura la introdujeron al seno de la elite.

Entre 1825 y 1848 reinó en Baviera Luis I, quién la describió como "la mujer más bella de Múnich”. Como conocido émulo de “Don Juan Tenorio” y prendado de su hermosura intentó conquistar su corazón colmándola de atenciones y regalos; pero cuando constató que su virtud no se doblegaba, transformó su sentimiento en un perecedero amor platónico; lo que le valió las burlas de sus detractores. De la pluma real se conserva una cuarteta que podría traducirse así: ¡Oh, cómo te amo! / Declararía mi amor tan a menudo / Preguntándole a mi amor/ ¿Si le importa algo de mí? (6). Esta no fue la única prueba de sus sentimientos, ya que se conservan varias misivas que le escribió entre 1840 y 1843. Aún en 1860 confesó el monarca: “…ya no estoy enamorado de Carolina, pero ahora me parece aún más encantadora”.

Lo concreto es que el rey Luis hizo pintar a Carolina para incorporar su retrato a la célebre “Galería Real de Mujeres Hermosas”, célebre colección de 38 pinturas de otras tantas beldades de la Corte bávara (7) que lució en su Palacio de Múnich.

Panorama de la "Galería", en la actualidad (foto Schroter)

En su testamento Luis estableció un legado en favor de Carolina que hoy equivaldría a tres millones de dólares, para el caso en que permaneciera soltera a la fecha de su muerte. Pero también dispuso que la suma sería su dote si resolvía casarse. Considerando esto último y su innegable belleza, la joven no demoró en contraer enlace en 1849, fue con el noble diplomático bávaro Karl Albert von Stobäus, quien más tarde fue hecho secretario de gabinete; no sabemos si por sus méritos o por el aura que proyectaba su esposa.

Otras dos bellezas retratadas por Stieler para la "Galería" (8)

El retrato de Carolina que se presenta como el de María Josefa Ezcurra se debe al talento de Joseph Stieler; quien lo realizó en 1843, cuando ella tenía entre 18 y 19 años. Allí se la ve, preciosa, con grandes y sedosos bucles que enmarca su rostro. Viste de sobrio terciopelo negro; un gran escote, para nada generoso, deja ver sus hombros. Carece de joya alguna, no las necesita. El óleo mide 71 × 59,4 cm.

Dos años antes, mismo artista le había realizado otro retrato, donde su modelo luce mucho más ingenua, acorde a los 16 años que tenía. Originalmente se expuso en la “Galería” pero como no correspondió a los comentarios esperados el Rey lo hizo quitar y después lo regaló. Desde entonces se consideró “perdido” hasta que en 2015 fue autentificado por el experto Ulrike von Hase-Schmundt.

 Carolina Lizius (Stieler, 1841)

Sin embargo, disconforme el Rey consigo mismo encargó a Stieler un nuevo retrato de su admirada, que es el que por nuestros lares se atribuye a María Josefa. Justificó su accionar diciendo que “Carolina está cada vez más linda”. Permanece en la famosa “Galería”, como testimonio silente de un amor real que no fue.

Cuando la obra se instaló recibió la aprobación general hasta el punto en que fue reiteradamente copiado y también se la reprodujo en miniaturas y litografías. Hoy resulta evidente que tan alta consideración sirvió para proyectarla hasta las lejanas regiones del Plata, más de un siglo después.

Una de las tantas miniaturas que reproducen el retrato de Carolina

Carolina había nacido en la ciudad de Aschaffemburgo, al Norte de Baviera, en 1824; aunque otros indican que fue un año más tarde, lo que podría corresponderse a un error o a la fecha de su bautismo. Murió en Colonia, Alemania, en 1908.

Las dos “Carolinas”

En una reciente muestra, expuesta en su ciudad natal en diciembre del 2019, por primera vez se mostraron juntos los dos retratos que pintara Stieler a Carolina Lizius.

Autorretrato

Joseph Karl Stieler (Maguncia, 1781- Múnich, 1858) provenía de una familia de grabadores. Recibió de su padre una buena iniciación artística que el joven expresó como notable miniaturista. Más tarde se perfeccionó cuando frecuentó el taller de François Gérard, alumno de Jacques Luis David, célebre pintor de la corte napoleónica.

En 1816 fue convocado a la Corte de Austria para plasmar al emperador Francisco I, lo que demuestra que ya concitaba una importante atención como retratista. Saltó a la fama en 1820 cuando concibió un conocidísimo retrato de Beethoven que le abrió las puertas de la “Academia de Bellas Artes de Viena”.

Beethoven (Stieler, 1820)

En tal condición  se constituyó como pintor oficial en la Corte de Baviera, hasta su retiro en 1855, lo que le permitió retratar a numerosas personalidades de la época.

Los retratos de Stieler se caracterizan por el protagonismo total que asigna a sus modelos, representando sus rasgos faciales con extraña precisión, propia de su formación como miniaturista. Prescinde del entorno casi hasta el absoluto y destaca a sus retratados con un excelente manejo de los claroscuros. Acorde a los cánones de la época sus realizaciones son maravillosamente naturalistas.

Concluyendo


- Creemos que con lo expuesto queda adecuadamente probado que el muy divulgado retrato de la bella Carolina Lizius no corresponde al de una joven María Josefa Ezcurra.

- Es evidente que el uso de la imagen de la soprano bávara en la publicación aludida solo se explica en un propósito de marketing, como medio para sugerir la atracción que el Prócer debió sentir por ella (9). Entendemos que se apeló al óleo que pintó Stieler, por cuanto la imagen que proyecta el retrato de García del Molino carece de la seducción que emana de la niña de Múnich.

- En este punto cabe recordar lo que escribió ese gran hombre de letras que fue Ezequiel Martínez Estada, “no vistamos con andrajos la verdad histórica”. Si bien la expresión suena un tanto radical, no deja de doler que la referencia icónica entre la subyugante soprano, incida en el imaginario popular y coloque a una extranjera como protagonista de un episodio ciertamente muy humano en la vida del general Manuel Belgrano. 

Notas

1.- Se trata de Juan Esteban de Ezcurra y Madoz (Pamplona, 1755 – Cádiz, 1815?), un navarro, primo segundo de María Josefa, entre quienes existía una diferencia de edad de casi tres décadas. Las circunstancias de su separación y demás circunstancias de la vida de la pareja indican que se trató de un matrimonio de conveniencia. Se hsbían casado el 20 de agosto de 1803 en la iglesia de La Merced, ciudad de Bs. Aires. El citado desarrolló pingües negocios en el comercio de textiles, negociando en el Interior del virreinato; Paraguay y el Alto Perú. Al mes de estallar la Revolución de Mayo, regresó a España; evidentemente convencido que la vida se les haría muy dura a los realistas que rechazaban el movimiento emancipador. Su determinada esposa se negó a seguirlo. Juan Esteban se estableció con comercio en Cádiz, cuyo giro posterior acrecentó su fortuna. Fue así que María Josefa, ya rica por lo legado de su padre, incrementó su capital con la herencia que le dejó su marido. Nunca reincidió en el matrimonio; al parecer la pasión que compartió con Belgrano agotó su capacidad de amar.

2.- GARCIA ENCISO, Isaías. El Coronel Don Pedro Rosas y Belgrano. El hijo primogénito del creador de la Bandera. Instituto Nacional de Investigaciones Históricas “Juan Manuel de Rosas”. Bs. Aires, 2000.

3.- “Espurio”: lo que es falso; equívoco; ilegítimo o no auténtico.

4.- La divulgación de la imagen espuria se podrá verificar linkeándose con: https://es.wikipedia.org/wiki/Mar%C3%ADa_Josefa_Ezcurra; https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/la-verdadera-amante-belgrano-nid2262760; https://www.elhistoriador.com.ar/los-amores-de-belgrano-por-felipe-pigna; https://www.todo-argentina.net/biografias-argentinas/maria_josefa_ezcurra.php?id=330; https://www.ciudadanodiario.com.ar/nota/2019-6-20-11-19-20-los-amores-de-belgrano; https://www.infobae.com/sociedad/2020/06/20/pedro-el-hijo-secreto-de-manuel-belgrano-que-fue-adoptado-por-juan-manuel-de-rosas; https://www.wikidata.org/wiki/Q6004004; http://historiadelperonismo.com/?p=3259; https://www.todo-argentina.net/biografias/belgrano/904pensamiento.htm; entre muchos otros sitios. También en Facebook ocurre lo propio.

5.- La desagradable caracterización que hace José Mármol (1817 -1871) de María Josefa está imbuido por su alineación con el partido unitario, opuesto a los federales que se corporizaban en el gobernador de Bs. Aires, J. M. de Rosas y su familia. Hoy es indudable el rol político que María Josefa desempeñó en aquel entonces apoyando el régimen de Rosas, pero también se cuenta a su favor que luego de su caída  supo atender a sus adictos más necesitados; también está documentado que abogó decididamente ante su implcable cuñado por la vida de Camila O’Gorman. El escritor se destacó por su obra costumbrista que, al mismo tiempo, es todo un alegato político; un clásico de la Literatura argentina por ser considerado como la primera novela nacional. La acción se desarrolla en el Bs. Aires de 1840 y relata el amor de una pareja que se desenvuelve en un ambiente de enorme violencia política. “Amalia” comenzó a publicarse como folletín en la ciudad de Montevideo, en el año 1851. Los interesados podrán consultarla desde: https://www.biblioteca.org.ar/libros/70289.pdf

6.- CONDE CORTI, Ludwig I of Bavaria. Traducido al inglés por Evelyn Graham Stamper. Thornton Butterworth Ltd. Londres, 1938; pág. 262. Accesible desde: https://archive.org/stream/in.ernet.dli.2015.176131/2015.176131.Ludwig-I-Of-Bavaris_djvu.txt

7.- Terminada la II Guerra Mundial, la “Galería” fue llevada al palacio de Nymphenburg, donde puede visitarse hoy. La primera serie de diez retratos presentó en 1829. En 1842; la colección se había incrementado hasta componer 26 imágenes. En 1850, ya después de la abdicación de Luis I, se agregaron otros diez. Luego del retiro de Stieler, se convocó a Friedrich Dürck (1809-1884), su sobrino y alumno, quien ejecutó un último par.

8.- Los retratos expuestos corresponden a Regina Daxenberger, pintado en 1829 y a Amalie von Schintling, realizado en 1831.

9.- Desde que existe la propaganda comercial, se sabe bien que asociar un rostro bello a un producto vende mucho más que sus propias virtudes.