jueves, 20 de septiembre de 2018

Humilde  origen de un proyecto nacional: la “Bandera de la Libertad Civil”



Por Miguel Carrillo Bascary


Las maravillas de la comunicación en línea me permiten compartir con Uds. las vivencias que experimenté el 23 de agosto del año 2015, en la ciudad de San Salvador de Jujuy.

Ese día terminó un proceso que cuando comenzó, casi veinticuatro años antes, distaba de mensurarse la dimensión nacional que llegó a tener.

Jujuy celebraba un nuevo aniversario del heroico Éxodo de 1812, cuando por orden del general Belgrano este pueblo mártir dejó tierra arrasada al avance realista que parecía incontenible. Sabemos qué pasó después; los éxitos en las batallas de Tucumán y de Salta salvaron la Revolución; San Salvador fue reconquista y por muchos meses se alentó la esperanza de libertar todo el Alto Perú. Finalmente, esta aurora de la libertad se frustró, pero el poder realista jamás recobró poder de abortar los anhelos de independencia.

Pasados algunos días de la efeméride 2018 y a tres años ya de aquel 23 de agosto del 2015, quiero contarles sobre mis emociones de entonces, pero primero es necesario hacer algunas referencias.


Cuando se despertó una pasión

En mi familia paterna, oriunda de Jujuy, siempre se hizo memoria de los azarosos días del Éxodo y de todo lo que implicó para la provincia. Por aquel entonces los Carrillo eran dueños de la gran estancia de Yala y en su casco, que todavía se conserva en poder de uno de sus miembros, existía una posta en el camino hacia el Alto Perú; por lo que aquellas tierras se encontraban en pleno campo de batalla, literalmente.

La sala de Yala hacia el año 1800 (Obra de Marina Carrillo)

La casa de Yala en 2015

En los aciagos tiempos de la lucha por la independencia algunos Carrillo revistaron entre los “Decididos” de Belgrano y otros entre los gauchos de Güemes; aunque los más ancianos permanecieron fieles al Rey; cruel fractura en el amor familiar.


Joaquín Carrillo Graz y su obra, reedición facsimilar de 1980

Mucho más tarde, mi bisabuelo, Joaquín Carrillo (1852 – 1935), a sus veinticinco años publicó su primer libro que tituló “Jujuy, provincia federal argentina. Apuntes para su historia civil”, convertido hoy en una obra clásica que aún citan las investigaciones más eruditas. La lógica evolución de la vida hizo que la familia se desperdigara por toda la geografía argentina. Uno de sus hijos, mi abuelo Joaquín Carrillo Echenique formó la suya en Rosario. Pese a la distancia de su terruño natal supo trasmitirme su amor por las raíces vernáculas y sus tradiciones.

Miguel Carrillo Echenique (Jujuy, 1901 - Rosario, 1976)

Desde chico tuve afición por la Historia, de entre sus múltiples temas de mi interés me llamó la atención en la Vexilología, el estudio de las banderas. Hace treinta años las enseñas provinciales eran una realidad muy poco analizada y para no desandar caminos trillados enfoqué mi atención al tema. Llevaba ya cierto tiempo estudiándolo, cuando consideré que merecían una monografía. 

Mi especialización profesional, el Derecho Constitucional, me había abierto las páginas de la prestigiosa revista jurídica “El Derecho”, juzgué que podría interesar una colaboración que en 1989 se difundió con mi firma. Se titulada,Banderas provinciales: evidencias de un renovado federalismo”. Allí adelantaba que cuando Jujuy adoptase su enseña oficial, no podía ser otra que el Legado belgraniano; más aún, consideraba que los jujeños no aceptarían otra. La afirmación fue premonitoria.

Portada de "El Derecho", diario 16 de enero 1989

Como con el correr de los años Jujuy demoró en definir su bandera, cuando otras provincias ya lo habían hecho. En consecuencia consideré válido promover el reconocimiento de la “Bandera Nacional de la Libertad Civil” como emblema de la provincia. Para esto cursé una simple petición de particular a la Legislatura jujeña que tramitó como el expediente Nº78-D-1991. Luego de varios años la gestión finalizó con la sanción de la Ley Nº 4.816 que reconoció como tal al lábaro que Belgrano entregó a la provincia.

 Antecedentes y texto de la ley Nº4.816

Paralelamente mis estudios me convencieron que éste era nada más ni nada menos que una verdadera bandera de carácter nacional, tal como la concibió el general Belgrano. Fue así que articulé la iniciativa de lograr que el Congreso Nacional la reconociera por medio de ley. Corría el año 1993, cuando hice la presentación formal, pero la propuesta no despertó interés en los legisladores.

Dos años más tarde renové la iniciativa, además de darle ingreso por la Mesa de Entradas de ambas Cámaras, la comuniqué por correo electrónico a todos los legisladores y activé otros canales. De esta forma se sumó al proyecto el “Instituto Belgraniano de Jujuy”, presidido entonces por el arq. Luis Grenni, que logró llamar la atención de varios legisladores de esa provincia quienes dieran estado parlamentario a mi anteproyecto, que finalmente tuvo sanción como la ley que lleva el número 27.134. Por ella se reconoció a esta Bandera en su carácter de “símbolo patrio histórico”.

Este proceso legislativo no fue sencillo, en rigor fueron varios los proyectos que recogieron mi propuesta. Pueden citarse los suscriptos por los diputados jujeños María Eugenia Bernal; María Esther Balcedo; Ermindo Llanos y el de los senadores Liliana Fellner, su más activa impulsora, en su condición de representante oficialista, Gerardo Morales (hoy gobernador provincial) y Walter Barrionuevo (gobernador mandato cumplido) A ellos se sumaron peticiones de diversas instituciones particulares de aquella provincia; del “Instituto Nacional Belgraniano” (presidido por el Lic. Manuel Belgrano Lastra); del de Jujuy y también por su similar de Rosario. Además, miles de argentinos acompañaron con su firma la petición de tratamiento favorable a la ley.

Para que existiera un cabal conocimiento sobre la historia y el significado de esta bandera hacían falta argumentos contundentes. Mucho contribuyó a la tarea el generoso patrocinio del entonces legislador provincial jujeño, Miguel Tito, que permitió editar mi libro La Bandera Nacional de la Libertad Civil, su historia y su pueblo, verdadero alegato documental que fundamentó la iniciativa. Esta obra sistematizó mis reflexiones y fuentes de muchos años; en su preparación reconozco con gratitud los múltiples aportes que se ensamblaron en sus líneas.


El libro citado

El 29 e abril de 2015 el proyecto tuvo sanción como ley Nº27.134. En definitiva, hoy podemos decir hoy que esta norma fue un logro de muchas voluntades que se prestaron con toda generosidad en procura de un logro de proporción nacional, en el que los jujeños tuvieron fundamental protagonismo. Así debía ser.

Para mí fue y es un éxito plural, en el que me correspondió despertar y dar forma al sentimiento general de toda una provincia. Siempre me consideré un engranaje más en la compleja maquinaria de las vivencias populares vinculadas a esta bandera; nada más. En la intimidad podría confesarles la asistencia espiritual de mis mayores, prolongando su sentir a través de la eternidad.


El 23 de agosto de 2015

Era este primer aniversario del Éxodo posterior al reconocimiento nacional resultante de la ley Nº 27.134, y los jujeños recordaron sus heroicos antecesores con diversos actos y celebraciones.

En la fecha citada me encontraba en la “Tacita de plata”, invitado por el “Instituto Belgraniano de Jujuy”. Más precisamente en el “Salón de la Bandera” que atesora la maravillosa reliquia cívica belgraniana. Me habían dicho que la delegación concurriría con otras entidades a saludar a las autoridades de la provincia como primer acto del completo programa de celebraciones. Ignoraba la sorpresa que me esperaba.

El acto comenzó siguiendo los canales usuales para estos casos, cuando para mi sorpresa me vi aludido en las palabras del locutor oficial lo que dio paso a una breve ceremonia en donde Jujuy quiso distinguirme por mi labor en el proceso que llevó a la sanción de la Ley Nacional Nº 27.134.

El gobernador Eduardo Fellner entrega la medalla al autor de esta entrada

En estas circunstancias recibí el testimonio de una hermosa medalla preparada por el Gobierno provincial, la que me fue entregada en nombre del pueblo jujeño en el privilegiado ámbito del “Salón de la Bandera”.

Hoy, como sentido agradecimiento comparto el texto de su anverso, donde se representa al Escudo contenido en la histórica Bandera, orlado por la leyenda: “23 de AGOSTO DE 1812”/ 18 de noviembre de 1834”. Fechas que respectivamente recuerdan al Éxodo y al triunfo en la batalla de Castañares, donde Jujuy conquistó su autonomía provincial.

En su reverso puede leerse:

EL PUEBLO DE JUJUY/ en reconocimiento a/ MIGUEL CARRILLO BASCARY/ Por su valioso aporte/ en la declaración como/ Símbolo Patrio Histórico/ de la Bandera Nacional/ de la Libertad Civil/
San Salvador de Jujuy, agosto de 2015


Anverso de la medalla

Allí, ante la presencia del Gobernador de Jujuy; legisladores; otras autoridades; referentes de diversas organizaciones sociales y representantes de muchas entidades gauchas, herederas directas de los valientes que lucharon por la libertad; debí improvisar algunas palabras, propias de tan única ocasión.

Como historiador soy muy distraído con mis conductas y circunstancias; lo que me impide ser fiel a los hechos. Recuerdo que entonces tributé mi agradecimiento entrañable al pueblo de Jujuy; a las autoridades presentes en la ocasión; a cuantos acompañaron el proceso de la ley; y, por, sobre todo, a quienes tanto dejaron para alcanzar la libertad de la Patria. 

Además, quise tener un emocionado recuerdo para mi familia, lo que no podía ser de otra manera. Consideré necesario también referenciar qué era la “Libertad civil”, un término que, en esa bandera histórica, corporiza nada menos que el concepto que hoy llamamos el “Estado de Derecho”; o sea, que en el ejercicio del poder, las autoridades deben rendirse a la plena vigencia de los derechos humanos y ajustar su acción de gobierno a los límites que imponen la Constitución y sus leyes derivadas.

Ese mismo día, pero algo más tarde, me aguardaba otra experiencia inigualable, acompañar a los presidentes de la “Asociación Gaucha Jujeña”, Gabriel Alemán, y de la “Federación Gaucha jujeña”, Darío Portal, encabezando el paso de más de cuatro mil gauchos, en el tradicional desfile evocativo que se realizó.

Gabriel Alemán y el autor, durante el desfile (Foto tomada por Joaquín Carrillo)


Con las disculpas del caso por la auto referencia, creí necesario plasmar aquí los humildes orígenes de la iniciativa que derivó en una ley de dimensión nacional; también quiero dejar testimonio de mi personal agradecimiento a Jujuy por las inolvidables vivencias de aquél día. 

Como reza el dicho: ¡que es de bien nacido, ser agradecido!


Anécdotas de ocasión

Cabe recordar dos de ellas, como forma de descontracturar este relato.

La primera radica en, la curiosidad de los paisanos que querían ver hasta qué punto un historiador que venía desde la pampa gringa santafesina podía desempeñarse sobre el caballo que debía montar para el desfile. Claro, no contaban que quien esto escribe se había formado como jinete (bien que modesto) a lomo de un caballo en sus jóvenes y extensos veraneos en Tafí del Valle (Tucumán), donde las sendas de los cerros de que habla la canción se me hicieron familiares en toda su extensión.

La segunda es aún más jugosa: como yo vestía de formal traje y corbata, el amigo Gabriel Alemán tuvo el notable gesto de prestarme su poncho. Más tarde me enteré que alguna persona lo hizo público blanco de sus críticas, manifestando que, “era una vergüenza que el presidente de la Asociación Gaucha de Jujuy hubiera desfilado sin poncho” (sic) ¡Nada menos!


1 comentario:

  1. Miguel.. Excelente.. ¡que es de bien nacido, ser agradecido! como expresas en el escrito. Gracias..

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