jueves, 31 de mayo de 2018


El  doble mensaje de las banderas pendientes

Parte  2 
Por Miguel Carrillo Bascary




Nota: hace unos días publicamos la primera parte de este post donde se trató sobre la posición de las banderas conquistados como trofeos bélicos exhibidas en horizontal. Allí formulábamos diversas consideraciones que introducen al desarrollo que hoy terminamos. Los interesados en la primera parte pueden acceder desde: http://banderasargentinas.blogspot.com/2018/05/eldoble-mensaje-de-las-banderas.html



La experiencia a la inversa

¿Pero, cómo explicar aquellos casos en que las banderas propias se colocan en esta posición? ¿Acaso es inadecuada y debería revertirse?

La explicación nos lleva a una interpretación decididamente vinculada con el sentir religioso y no será otra que, cuando “las banderas que se presentan en los templos con el asta en horizontal indican su reconocimiento a la primacía de Dios” y por esto “se inclinan ante su presencia”.
  

Como ejemplo podemos referenciar los estandartes de los caballeros de la Jarretera, colocados en horizontal en la capilla de San Jorge, Windsor; posición que es común hallar en otras catedrales y templos del Reino Unido; Estados Unidos y otros países del Commonwealth británico.


Así, la catedral de Canterbury, Londres; que atesora diversas enseñas militares de los ejércitos imperiales británicos.

 

Al igual que en la catedral de San Patricio, en Dublín, Irlanda, donde pueden verse los banners de los caballeros de la extinguida Orden del mismo nombre.



Banderas heráldicas de los caballeros de la “Orden del Cardo” en la catedral de San Gil (Egidio), Edimburgo (Escocia)


Como anticipaba, la usanza tuvo seguimiento en los Estados Unidos como se demuestra con la imagen de la Catedral nacional de Washington, donde se ven las banderas de los estados de la Unión. Al igual ocurre en otras importantes iglesias del país del Norte, como analizaremos luego.


En la catedral de San Juan “el divino”, New York; se evidencia su carácter internacional con la presencia de las banderas de todos los estados del mundo.


Mientras que en la catedral de San Luis, Nueva Orleans; se muestra las enseñas de las sucesivas naciones que ejercieron su soberanía sobre la Luisiana a lo largo de los siglos. En la galería opuesta lucen banderas de connotación religiosa.


La tendencia se replica en la catedral luterana de San Pablo, Frankfurt; con las enseñas de la región que poseen la típica forma vertical que suelen adoptar la Vexilología centroeuropea.

 

En la catedral de Toledo (primada de España) durante muchos años se exhibió el pabellón de la Santa Liga comandada por don Juan de Austria que usó en su nave capitana durante la batalla de Lepanto (7 de octubre de 1571)


En Sevilla, encontramos las banderas de los diferentes estados de América, en la capilla de la Virgen de la Antigua; catedral de Santa María de la Sede.



En la iglesia de la Vera Cruz, Segovia, se sitúan las banderas de la Soberana Orden Militar de Malta y las que hacen referencia a las lenguas (secciones) en la que se divide: Delfinado; Auvernia; Italia; Castilla y León; Alemania; Aragón y Navarra; Francia y Provenza.

En la catedral de Nuestra Señora de la Asunción; Siena, lucen las enseñas de las “contradas” (barrios) que participan en la famosa carrera del “Palio”.


También encontramos esta disposición en los estandartes de la catedral de San Juan Bautista de Breslavia (Wroclaw), Polonia.


Lo propio se replica en la catedral de San Juan, Varsovia, donde los estandartes presentan un ligero ángulo con respecto al punto de su fijación.


También, en la basílica de la Santísima Trinidad, Oliwa, Gdansk (Polonia), pueden verse estandartes farpados con emblemas religiosos.

Los aquí mostrados son los ejemplos que hemos podido recopilar tras recorrer imágenes de los principales templos de: Milán; Venecia; Praga; Berlín; Colonia; Hamburgo; Florencia; Moscú; St. Petersburgo; Oslo; Estocolmo; Copenhague; San Francisco; Génova, Helsinki; Montreal; Ottawa; Boston; Viena; Bogotá; Caracas; México; Puebla; Guadalajara; Lima; Ciudad del Cabo Johannesburgo; Sidney; Melbourne; Auckland; Ginebra; Zúrich; Santiago de Chile; Montevideo; Lisboa; Manila; Los Ángeles y Sacramento, salvo omisión involuntaria.


Continuará: en un próximo post culimnaremos el tratamiento de este tema presentando el caso de las banderas que se exhibieron en la catedral de la ciudad de Bs. Aires, Argentina.


miércoles, 30 de mayo de 2018


Problemas de las banderas en horizontal

Por Miguel Carrillo Bascary



 Colocar una bandera en esta posición presenta algunos problemas prácticos.

Uno de ellos es la preservación misma del textil que con el tiempo se contamina por el polvo y que, eventualmente, puede transformarse en un campo propicio para el desarrollo de colonias de hongos, particularmente en regiones donde la humedad sea una constante.

Además, la tensión de la trama por efecto de la gravedad también se traduce en daños que aceleran la degradación del textil. Esto es particularmente evidente en aquellas banderas que poseen peso considerable por su gran superficie o por la densidad de su trama y, más aún, en las que cargan fornituras, lo que incrementa la tensión.

Otro inconveniente radica en la decoloración por la exposición a la luz solar, que es particularmente impiadosa en el caso de las superficies de colores cálidos.

 

Finalmente, no puede descartarse la afectación por detritus de aves y murciélagos, que suelen filtrarse en los altos techos o que, incluso, anidan en los amplios espacios de las iglesias.

Claro es que toda bandera expuesta experimenta este tipo de riesgos, pero es preciso señalar que éstos alcanzan mayor expresión en el caso comentado.



Para minimizar riesgos y daños …

Corresponde realizar un control periódico de la pieza, aplicándole productos químicos adecuados (no cualquiera) a las previsibles patologías biológicas que pueden desarrollarse en ese medio. Para orientar esto será necesario un estudio específico del lugar de guarda y el asesoramiento técnico del caso.

Un aspirado suave periódico contribuirá a quitar buena parte del polvo.

Además, para facilitar ese control y el eventual recambio de la pieza (cuando esto sea factible; por ejemplo, si no se trata de un vexilo de valor histórico) la fijación del asta debe permitir que se retire en forma cómoda, cosa que suele complicarse por la misma posición en altura de estos textiles.

Lo que nunca debería ser admitido es encerrar la pieza en un sobre plástico como es dable ver en algunos casos. Esto banaliza su valor histórico; causa un desagradable aspecto estético y genera un microclima que incrementa la posibilidad de micosis y otras patologías.

martes, 29 de mayo de 2018


El  doble mensaje de las banderas pendientes

Parte 1

Por Miguel Carrillo Bascary


Una de las múltiples formas con que pueden exhibirse las banderas en interiores y que suele presentar mayores interrogantes es aquella en que el asta se coloca perpendicular a un muro, de tal forma que el paño cae por su propio peso en toda su extensión, sin formar ningún pliegue.

De esta manera la bandera queda “pendiente”, en una posición estática, absolutamente antinatural, si consideramos que lo habitual es que el asta se coloque en vertical al suelo o, a lo sumo, formando un ángulo de 45 grados con el muro.

En lo particular, esta disposición se designa como: “asta en paralelo al horizonte” o más sencillamente “asta en horizontal”.

Desde lo estético tiene la ventaja de que permite visualizar por completo el diseño y sus cargas, pero no deja de ser una anomalía, respecto de la apreciación lógica y natural del conjunto.

En definitiva, la posición es un recurso más que nos aporta el Ceremonial, que en algunas circunstancias puede ser un acierto y en otras no.


Un poco de historia

Cuando se exhiben banderas, estandartes y otros vexilos en esta posición, hay comentaristas que la señalan como indicio de que fueron tomados como trofeos en alguna acción de armas. No coincido con esta afirmación como un absoluto; pero algo de razón tienen los que así lo expresan, trataré de explicarme.

En la historia del mundo existe la costumbre prácticamente universal de sacralizar las banderas. Así, muchas culturas las hacen objeto de bendiciones y sacrificios o las toman como referencia en ceremonias de diversas características. Entre los católicos la tradición es bendecirlas y también suelen colocarse en inmediaciones de los altares.

Bendición de la bandera de El Cid

La usanza que comentamos hizo que las banderas fueran guardadas en los templos. Tomemos como ejemplo a los romanos, cuyos vexilos y otras insignias de sus ejércitos se preservaban en la aedes sacellum o cellae, capilla del principia, en el castrum, ubicado en el centro de toda fortificación y de los campamentos. Por la conformación material de estos símbolos la posición lógica era que mantuvieran la vertical, en perpendicular al suelo.

Capilla de un castrum romano, donde se observan las insignias

Con el tiempo los vexilos de las culturas cristianizadas mantuvieron la tradición y se preservaron en iglesias y capillas.

Por otra parte, los vexiloides conquistados también se guardaron en los templos como mudo testimonio de la gracia de las victorias obtenidas y como ex votos por las promesas realizados a Dios, bien en forma directa o por intersección de la Virgen o de algún santo. Al mismo tiempo evidenciaba la superioridad de las armas propias, bendecidas por la divinidad en neto contraste con las pertenecientes a los vencidos.

A medida que los paños iban cobrando mayor superficie, el mantener las banderas en vertical las hizo confusas a la mirada del observador, ya que los pliegues dificultaban su visual. Además, si las campañas eran exitosas las banderas tomadas como trofeos eran numerosas; con toda lógica los triunfadores querían lucirlas todo lo posible y no aglomeradas.

  
Fue así que surgió esta la colocación en horizontal, para ello se colocaron las astas con sus banderas en los capiteles de columnas y pilastras o bien en la galería superior (tribuna) o en el friso que deslinda los muros y la techumbre de las naves (entablamiento).

En contraposición, las banderas vencedoras se instalaron en el ábside o en el presbiterio, lo más cerca posible al altar mayor, centro de la celebración eucarística en la Liturgia católica, netamente jerarquizados respecto de las enseñas conquistadas a los enemigos.

Catedral de San Miguel y Sta. Gudula (Bucarest), Rumania cuya bandera se advierte a la derecha

Fue entonces que se comenzó a identificar la presentación en horizontal como una alegoría de la derrota sufrida. Hay ejemplos notorios que nos aporta la Historia.
Entre ellos, posiblemente el más conocido es el de la capilla del Hospital de Saint-Louis-des-Invalides en París, donde se observan en el entablamiento numerosas banderas tomadas por las tropas de Francia durante los siglos XVIII y XIX. En contraste, las francesas se agrupan junto al altar mayor.


Cuando se realizaron los funerales del almirante lord Horatio Nelson sobre las flotas de España y de Francia, las banderas capturadas en Trafalgar ornamentaron el interior de la catedral de Saint Paul (Londres), como puede verse en el notable grabado de Augustus Pugin (1806). Allí permanecieron como mudo testimonio por muchos años.


Otro caso resulta el de la “Sala de los Caballeros en el Binnenhof” (La Haya) durante la Gran Asamblea de los Países Bajos, donde se observan multitud de banderas tomadas a los ejércitos de España, es una obra de Bartholomeus van Bassen, que convencionalmente se data en 1651. Se trata de una representación con evidentes fines de propaganda, por lo que cabe dudar de la exactitud del número de trofeos.


Nota: continuaré un próximo post

lunes, 28 de mayo de 2018


“Día Nacional del Ceremonial”


El 28 de mayo de 1810 se dictó el “Reglamento para el ejercicio de la autoridad de la “Junta Provisional Gubernativa del Río de la Plata", lo que dio lugar a que por Decreto Nº1594/ 1993 se instituyera como “Día nacional del Ceremonial”.

Felicitamos a todos los ceremonialistas en este “SU” día y transcribimos el texto del decreto para facilitar su conocimiento ya que no figura publicado en la base de datos oficial Infoleg. ¡Una verdadera vergüenza!


Texto de la norma:

"Nro. 1574/ 93 - Buenos Aires, 23 de julio de 1993.

VISTO: Lo acordado por los miembros de las “Primeras Jornadas Nacionales de Ceremonial en la Función Pública”, que tuvieron lugar en la ciudad de Buenos Aires, del 20 al 22 de abril del corriente año, organizadas por la “Dirección General de Ceremonial de la Presidencia de la Nación” y el “Instituto Nacional de la Administración Pública”, y

CONSIDERANDO:
Que los miembros de las referidas Jornadas aprobaron por unanimidad la declaración del 28 de mayo como “Día Nacional del Ceremonial”;

Que la elección del aludido día obedeció al hecho de que el 28 de mayo de 1810 se emitió el primer reglamento protocolar que se ha dictado en el país. Se trata de la "Instrucción para el Despacho y Ceremonial" o "Reglamento para el Ejercicio de la Autoridad de la Junta Provisional Gubernativa del Río de la Plata";

Que la mencionada declaración tiene por objeto poner de relieve la trascendencia e importancia del Ceremonial como elemento imprescindible de la organización de todas las manifestaciones oficiales de las administraciones públicas, marcando, al propio tiempo, el punto de partida para una nueva concepción y conformación del “Ceremonial Público Argentino”, no sólo como disciplina de organización sino, además, como vehículo incuestionable e inmejorable de elevación y fortalecimiento de la imagen cultural de la Nación;

Que la presente medida se dicta en ejercicio de las atribuciones conferidas por el artículo 86, inciso 1, de la Constitución Nacional.

Por ello, el Presidente de la Nación argentina, DECRETA:

Artículo 1ro. - Declárase el día 28 de mayo de cada año como "DÍA NACIONAL DEL CEREMONIAL"

Artículo 2do.- De forma.

miércoles, 23 de mayo de 2018

Banners heráldicos en Windsor

Identidad y tradiciones 
Por Miguel Carrillo Bascary


Nave central donde se aprecian los sitiales del coro y los estandartes

La reciente boda del príncipe Harry de Inglaterra puso en evidencia la forma en que está decorado el templo donde se realizó la ceremonia nupcial, la capilla de San Jorge (Saint George’s Chaple) del palacio de Windsor, una de las residencias oficiales de la dinastía reinante.

Como pudo verse en la transmisión televisiva que se emitió con alcance planetario, la nave del templo está ornamentada con una serie de estandartes (banners), a ellos me referiré, pero antes es necesario aportar alguna información sobre el lugar.


La Capilla de San Jorge y la Orden de la Jarretera

La St. George Chapel

El templo fue mandado a construir por el rey Eduardo III (1452 – 1485), último monarca de la casa York y tiene un reconocible estilo gótico que se presta excepcionalmente como ambiente para exhibir los estandartes de que hablaremos.

Durante la Edad Media fue un centro popular de peregrinaciones, pero resultó muy dañado durante la Guerra Civil inglesa. Posteriormente experimentó diversas ampliaciones y refacciones. Desde 1931 su conservación fue confiada a la Sociedad de Amigos de San Jorge y Descendientes de los Caballeros de la Orden de la Jarretera, una organización de caridad.

St. George es la sede capitular de la “Orden de la Jarretera” fundada formalmente en 1348, pero tiene orígenes aún más antiguos. Es la de mayor antigüedad y prestigio en el Imperio. Tiene como lejana reminiscencia a la leyenda de la Tabla Redonda conformada por el mítico rey Arturo, razón que inspira la incorporación de nobles de otras nacionalidades que la británica.

Como su nombre lo indica, el símbolo de la Orden es una liga de color azul oscuro con el lema "Honi soit qui mal y pense" ("Vergüenza para el que piensa mal") bordado en dorado. Existen varias hipótesis sobre la razón de esta curiosa expresión y sobre el simbolismo de la extraña divisa. En los contados casos en que se emplea la prenda, los miembros varones la lucen bajo de la rodilla izquierda y los femeninos la llevan en su antebrazo izquierdo.

Insignia de la Orden

Originalmente, además del Rey (soberano de la Orden) y de su heredero, los miembros afiliados eran veinticuatro a quienes se llamaba “compañeros” (“companions”), una denominación remitía a los equipos que competían en los torneos, algo que denotaba familiaridad y plena confianza entre el rey, el príncipe y sus allegados.

La nominación es una exclusiva y personal prerrogativa real y se otorga por “excepcionales servicios a la Corona”. En la siguiente imagen vemos el uniforme actual que caracteriza a los miembros de la Orden.

Poco más tarde se incorporaron mujeres, pero quedaron excluidas entre 1488 y 1901 año desde el que se volvió a admitirlas, pero no llevaron el título de “compañeras”; sino el de “damas de la Orden”. En 1987, como una manifestación del empoderamiento femenino, la reina Isabel II dispuso que las damas también podían llevar el calificativo de compañeras.

Uniforme, collar y placa de la Orden

A partir de Jorge III (reinante desde 1780 a 1820) se crearon como supernumerarios los “caballeros reales” y con el tiempo se les sumaron algunos “caballeros extranjeros”.

El primero de ellos fue Naser al-Din Shah Qajar, sha de Persia (1873) a quién siguió su sucesor, Muzaffer-ed-Din. Pueden citarse también: el negus de Etiopía, Haile Selassie; y los emperadores de Japón, Mutsuhito y Akihito.
Varios reyes de España pertenecieron a la Orden: Alfonso XIII; Juan Carlos I y actualmente, Felipe VI. 

También se cuenta a los monarcas: Gustavo V y Carlos XVI, de Suecia; Cristian X, de Dinamarca; Alberto, de Bélgica; Fernando y Carol II, de Rumania; Jorge II, de Grecia; Haakon VII y Harald V, de Noruega. A los que se suman los príncipes Guillermo de Prusia; Leopoldo de Bavaria y Pablo de Yugoslavia.
Entre las reinas y princesas foráneas se cuentan: Guillermina, Juliana y Beatriz de Holanda; junto a Margarita de Dinamarca. 

Otros miembros extranjeros registrados en la Orden son: el archiduque Francisco Fernando, de Austria; los grandes duques Miguel, de Rusia y Juan de Luxemburgo; el duque Luis Felipe de Braganza y varios nobles de Alemania.
El emperador del Brasil, Pedro I fue el único americano; también se cuentan varios caballeros australianos y neozelandeses; pero significativamente no se registra ningún canadiense. Posiblemente sorprenda conocer que Napoleón III fue caballero de la Orden. 
Pedro I de Brasil

Atributos de los miembros


En el coro de St. George hay 24 sitiales laterales destinados a los caballeros de la cofradía. Sobre la posición que corresponde a cada miembro penden sus respectivos estandartes, posiblemente el atributo más significativo para los amantes de la Vexilología.

El alto espaldar del sitial permite que luzcan sus escudos heráldicos; una espada ceremonial y la cresta que hipotéticamente podría identificar su yelmo. Seguidamente brindamos algunos ejemplos:


En el respaldo de cada asiento se adosan placas de diversa factura que señala la identidad de los sucesivos titulares.


Cuando un miembro fallece se concreta una ceremonia especial cuya primera edición se dispuso para conmemorar los seiscientos años de la creación de la Orden. Fue ideada en 1948 por el entonces compañero decano, el obispo Eric Hamilton, e implica la ofrenda ante el Altar Mayor de los atributos del miembro fallecido; que luego serán entregados a sus descendientes o permanecerán discretamente reservados en dependencias del templo, fuera de la vista del público. Sin embargo, la placa identificatoria queda en el sitial, señalando la continuidad del vínculo más allá de la muerte. La ceremonia fue formalmente aprobada por Jorge VI en 1952.

Placa de sir Winston Churchill

Los estandartes


Teniendo presente las referencias a los torneos que configuraron el origen de la Orden, los estandartes remiten a los que ostentaban los participantes junto a sus pabellones (carpas) y su escudo, al que golpeaban los desafiantes a duelo singular. Desde 1416 hay constancias sobre la exhibición de estos banners en St. George. El primer registro documentado data de 1503.

 

Los banners heráldicos, entre los que por supuesto se encuentran los instalados en St. George Chapel tienen la peculiaridad de que su reverso no es una imagen especular del anverso. Esto remite a una de las reglas de la Heráldica, donde en el diseño de escudos se tiene muy presente el lado al que miran los muebles (figuras) que cargan. Es así, que la generalidad “mira” hacia la derecha (hacia el asta que sostiene el vexilo) y es la excepción que lo hagan hacia la izquierda, posición de expresa una descendencia no legítima.

Banner del Emperador del Japón (es especular por ser indéntica la forma de colocar la carga)

Podría explicarse que el formato cuadrado de los estandartes obedece al ser llevados a caballo, por lo que sus proporciones los distingirían de las banderas. Sin embargo, si nos remontamos a hacia atrás en el tiempo, encontraremos que las enseñas militares de los siglos XV, XVI y XVII, por lo genera tienen sus lados iguales.

Los banners de los miembros de la Orden instalados en Saint George están sobredimensionados para permitir que sus diseños puedan ser apreciados desde el solado de la capilla.

Otro hecho significativo es que las astas de los estandartes están colocadas en perpendicular a los muros, de manera que los paños caen en vertical permitiendo que puedan apreciarse en su totalidad, ya que, si las astas se hubieran colocado en ángulo, el peso de los textiles los hubiera ocultado parcialmente al observador.

Pero aún hay más al respecto, una acendrada tradición indica que esta forma de exhibir las banderas, estandartes y otros vexilos se reserva a los trofeos obtenidos en guerra, en un próximo post veremos cuanto de verdad hay en esto y como se trasunta en el ceremonial.

Como vemos, la forma en que se disponen los estandartes está destinada a permitir que sus titulares sean fácilmente identificados por quienes los observen, al fin y al cabo, pertenecer a la cofradía era cuestión de honor y de vigilancia. Desde nuestra actualidad diríamos que hay mucho marketing.

Nota: mayor información al respecto puede consultarse con ventaja accediendo a: