martes, 19 de diciembre de 2017

Un equipo emblema de nacionalidad

El Criollo, caballo nacional argentino 


Overo negro

 

Por Miguel Carrillo Bascary


La reciente publicación de la Ley nacional Nº 27.414 por la que se declaró al “caballo de raza Criolla como Caballo Nacional y Patrimonio Cultural de la Argentina” destaca a la consideración nacional la importancia que tiene para todos los argentinos y, por qué no para todos los amantes de la belleza.

 

Es importante destacar que se trata de una ley ya que en muchos medios de prensa se difundió como si fuera una declaración de la Cámara de Diputados; seguidamente se explica cuál sería el origen del error.

 

Un trámite azaroso

 

Interesa destacar el derrotero de la norma para poner en valor su significado.

 

La ley se originó en el proyecto del senador Federico Pinedo (PRO, Ciudad de Bs. Aires) quién cuando era diputado presentó un proyecto de resolución en igual sentido (expte. 2711-D-2013). Si bien no era previsible cuestionamiento alguno a la propuesta, que finalmente no prosperó, al parecer por el solo hecho de que su autor pertenecía a la bancada opositora ya que no puede entenderse que un argentino tuviera problemas con apoyar tan justa iniciativa.

 

Ya como senador y desde el oficialismo, Pinedo insistió en su propósito; pero esta vez con forma de proyecto de ley (expte. Nº 1676- S-2016). Obtuvo media sanción del Senado el 23 de agosto del 2017 y pasó a la Cámara de Diputaos que lo sancionó como ley el día 22 de noviembre; el Poder Ejecutivo la promulgó y se publicó el 15 de diciembre.

 

 El texto legal es muy escueto:

 

“Artículo 1°.- Declarar al caballo de raza Criolla como Caballo Nacional y Patrimonio Cultural de la Argentina.
Artículo   2°.-  Comuníquese al Poder Ejecutivo nacional”.

Overo colorado pampa

Análisis de la norma

            Desde la Ciencia Jurídica podemos señalarle interesantes aspectos. En primer lugar, se trata de una ley o sea que es la expresión más alta del ordenamiento jurídico, si se excluye a la propia Constitución. Una ley es resultado de la decisión de los máximos órganos políticos del Estado (el Congreso y el Ejecutivo) lo que en clave de la democracia involucra a todos los sectores de la sociedad que participan en el acto en virtud del principio representativo.

            El sujeto de la ley es el “caballo de raza criolla”, no cualquier equino; queda implícito que se trata de la “raza criolla argentina” ya que pueden señalizarse otras razas de igual apelativo. Los criollo se caracterizan por ser descendientes de aquellos ejemplares rústicos, de uso cotidiano, que fueron traídos por los españoles a la América, por lo que pueden señalarse como tales a los de Uruguay; Perú; Chile, Paraguayo e incluso del Brasil, a los que se denominan con diferentes designaciones.

Tropilla en el corral" (Oleo de Esteban Díaz Alazán)

            Interesa señalar que, en base al adagio jurídico que dice: “cuando la ley no distingue no se debe distinguir”, la declaración abarca tanto al caballo criollo de las llanuras como al de monte o al de montaña o cerrudo.

            El artículo primero contiene dos enunciados o calificaciones solemnes; se declara al “caballo de raza Criolla” como:
1) “Caballo Nacional”; o sea que privilegia al Criollo por sobre cualquier otra raza equina; y
2) “patrimonio cultural de la Argentina”; lo que expresa que Criollo está consustanciado con nuestra identidad nacional. Dicho de otra manera, lo declara como parte y característica de lo que puede llamarse “la argentinidad”.
Por lo demás la ley no consagra ningún otro mandato, en consecuencia aparentemente se limita a consagrar al Criollo. Sin embargo, el hecho que lo caracterice como “patrimonio nacional” implica varios deberes: preservar la raza; de promover sus valores e historia; difundir sus vínculos con la Historia y las tradiciones nacionales; a través de cuantas acciones oficiales y privadas fueren necesarias.

Este implícito mandato tiene como destinatarios: en primer lugar el Estado nacional; así como los gobiernos provinciales que lo integran y en segundo, a la sociedad toda tanto con respecto a los individuos, pero principalmente a las entidades intermedias, particularmente aquellas dedicadas a todo lo que se relacione con el caballo; su crianza y los deportes ecuestres.

Un juicio de valor

¿Hacía falta esta ley?, respondo enfáticamente: indudablemente que no. El Criollo está tan adentrado en nuestra entidad de argentinos que no se precisaba ley alguna. Sin embargo, que la misma se haya dictado tiene una importancia real, desmintiendo a quienes peyorativamente la consideran un acto banal.

La democracia se expresa a través de leyes, nada más ni nada menos, por ende, que el Congreso Nacional, con el concurso del Poder Ejecutivo hayan sancionado esta norma formaliza el reconocimiento que el pueblo argentino le asignara al caballo criollo, desde antiguo.

Una metáfora de nuestra cotidianeidad quizás explique mejor el párrafo anterior: No es necesario que un padre o una madre besen a su hijo por las noches y le digan que lo quieren, pero no hay dudas que si así lo hacen ese gesto y esas palabras tienen un valor inconmensurable. Lo mismo pasa con le ley que tratamos, nada más, ni nada menos.

En consecuencia corresponde aplaudir la aprobación de esta ley, sin duda alguna.

Motivación


         Sería imposible comprender la cultura y la historia de nuestro pueblo prescindiendo de que el caballo fue principal paradigma de la vida de los gauchos. A caballo se alcanzó la independencia nacional; a caballo se impulsó el desarrollo económico y el conocimiento de cada rincón del país, excepto la Antártida; las islas Georgias y Sándwich (1). Aún hoy es un elemento vigente, fundamental, de aquello que podríamos llamar “el ser argentino”.

 

(1) También las Malvinas fueron hogar de los criollos e incluso resistieron allí luego del despojo británico, aún cuando los argentinos fueran expulsados.

 

Es sabido que los primeros equinos llegaron a la región del río de la Plata en el siglo XVI con el adelantado Pedro de Mendoza que fundó por primera vez a Bs. Aires. Con su destrucción quedaron libres para reproducirse en las pampas en cantidades inconcebibles desarrollándose una raza autóctona que se dio en llamar “criolla”.

 

La mixtura con otras foráneas casi produjo la desaparición de los criollos pero la oportuna intervención del criador doctor Emilio Solanet y otros hacendados permitió rescatar la raza del peligro. Ellos fundaron en 1923 la “Asociación de Criadores de Caballos Criollos Argentinos” que fijó el estándar de la raza a partir de tropillas patagónicas. Sirva esta mención como humilde homenaje.

Emblema de la institución con su lema: “Nuestra Raza”

 

La hazaña que logró Aimé Tschiffely,  suizo, docente y aventurero, de unir Bs. Aires con Nueva York montando a dos criollos en 1928, mostró al mundo las bondades de la raza.

 

Tschiffely montando a “Mancha” llegaron a N. York el 20 de septiembre de 1928

 

Fundamentos de la ley


Por el interés que suscitará su lectura y para caracterizar mejor al Criollo, reproducimos los argumentos dados por el autor del proyecto file:///C:/Documents%20and%20Settings/usuario/Mis%20documentos/Downloads/S1676-16PL.pdf: 


“En tiempos prehistóricos había caballos en América, aunque cuando se produjo la conquista española, tanto en México como en Perú el animal era desconocido por los pueblos originarios. Los caballos traídos de España eran animales de trabajo, seguramente con sangre andaluza y del norte de África (de raza Bereber) y tal vez con algo de árabe, dada la conquista musulmana en la península ibérica.
Algunos de esos caballos dieron lugar a razas de extrema elegancia como la de paso, en la costa del Perú, de caballos ambladores, que adelantan en la marcha la mano y la pata del mismo lado.
En el territorio argentino, especialmente en la Patagonia y en las pampas del sur, los caballos españoles dejados por Pedro de Mendoza desarrollaron características propias y no me atrevo a descartar o a afirmar que hayan existido o no cruzas con algunos caballos autóctonos.
Lo cierto es que durante la colonia y la independencia los caballos argentinos se pusieron la Patria al hombro o, más literalmente, al lomo.
Luego de la organización nacional empezaron a ingresar al país otras razas británicas de mayor porte y velocidad, que fueron desplazando a los caballos criollos. Por eso es que fue de extraordinaria importancia la iniciativa de don Emilio Solanet y otros criadores, de irse a la Patagonia a negociar con jefes de las etnias tehuelches la compra de manadas, que luego llevaron andando al Sur de la provincia de Buenos Aires.
En 1923, a partir del impulso que dio Solanet al mantenimiento de la raza con la travesía que realizó el profesor irlandés Aimé Tschifelly en los caballos criollos, Mancha y Gato, desde Buenos Aires hasta Nueva York, se fundó la “Asociación de Criadores de Caballos Criollos”.
La Asociación, cuyo objetivo primordial ha sido la difusión y el fomento de la cría de la raza Criolla, elaboró un estándar de la misma que ha permitido la selección y difusión del caballo criollo, logrando de tal forma recuperar el prestigio de la raza y constituyéndose en celosa titular de los registros genealógicos, lo que tuvo como fin “…salvar, ya a punto de desaparecer, esta raza autóctona”.
El caballo es importante para la Argentina. El arquetipo argentino del gaucho no sería tal sin caballo y gracias a eso formamos una cultura ecuestre, que como todas las de su tipo en el mundo, tiene ciertas características propias y comunes, como las tienen desde los mongoles, hasta los árabes o los americanos. Espíritu de libertad, respeto, humildad, vida en naturaleza, orgullo, suficiencia, dignidad, son algunas de esas características de los pueblos de a caballo.
Por eso, que nuestra Nación otorgue protección legal a nuestra raza caballar, tiene la relevancia de la preservación de lo propio, con características de patrimonio común, y de la conservación de una biodiversidad única, que se da en el ámbito de nuestro continente”. 

Pareja de criollos compitiendo en una paleteada

 

Una mayor extensión tuvieron los fundamentos que acompañaron al primitivo proyecto de declaración, que también reproducimos tomado de http://www.hcdn.gob.ar/proyectos/textoCompleto.jsp?exp=2711-D-2013&tipo=DECLARACION:

“El Caballo Criollo desciende del caballo español, que fuera traído por los conquistadores, y fue el único que ingreso según consta en los manuscritos de la época. Según consta en distintos documentos históricos, fue quien acompañó a los próceres desde la gesta de Mayo y en toda la campaña emancipadora.
Foto de época (ca. 1920/ 1930)

Esto fue reconocido por diversos protagonistas de la época, como el general Carlos de Alvear ministro de la Confederación ante Washington, que le dijo al ministro Arana el 27 de octubre de 1838 al preguntar EEUU si soportaría la Confederación Argentina una invasión de Francia, respondió, "que serían destruidas por la caballería ya que por la topografía podían hostigar impunemente al enemigo, una caballería numerosa ágil, atrevida que por su frugalidad y robustez en soportar todo género de privaciones se debería considerar como la primera caballería del mundo. Que en sus campañas en España contra Francia conoció las caballerías de Francia, España e Inglaterra y que ninguna de ellas podrá compararse con la Argentina." (Raza Criolla, N° 32 pag. 4 a 12).
El 21 septiembre de 1950, el presidente de la Nación Juan Domingo Perón, decía, con motivo de la donación de cien caballos criollos para montar el escuadrón “Riobamba” [N.E.: del célebre regimiento de Granaderos del Libertador], "no solo compromete mi más íntimo agradecimiento, sino inspira un motivo para la justiciera recordación, de esta noble raza, a los cuales confió el Gran Capitán D. José de San Martín la conducción del Ejército de los Andes."
En aquella ocasión, el presidente Perón afirmó también: "he estampado en el libro del Regimiento que guarda los recuerdos de las visitas, la historia breve y sintética de un Caballo Criollo que, puede decirse, está en la Legión de los Héroes que formaron el Regimiento”.
[N. E. evidentemente falta aquí un párrafo que debió haberse escrito] Ese mismo caballo criollo, "Decano" de pelo colorado, se incorporó en 1813 al Regimiento de Granaderos a Caballo e hizo toda la campaña de los Andes y del Perú. Participó en las batallas de Sipe-sipe y Chacabuco, en donde fue herido de bala. Intervino en Cancha Rayada, Bio Bío y Maipú, volvió a la estancia de origen del teniente Miguel Cajaraville, en la provincia de Buenos Aires, para morir en 1825". (Raza Criolla, N° 99, pág. 66 y Justo P. Sáenz, Antología Sanmartiniana, páginas 646 y 647).[N.E.: Referencias originalmente volcadas en la obra “Episodios de la Guerra de la Independencia” del coronel Mauel de Olazábal; pag. 26]
 El criollo como caballo de guerra fue monta de los célebres Granaderos

Dice el profesor Aimé Tschiffely, "hasta hoy sus descendientes, los criollos conservan caracteres heredados de las sangres estampadoras del caballo español del siglo XVI. Quiero recordar a la memoria de las guerras y luchas civiles, en varias partes del continente sudamericano, cuando masas considerables de caballería compuesta por caballos criollos, efectuaron largas marchas con velocidades increíbles. En el curso de estas campañas, marcharon sin herraduras, comiendo lo que encontraban a su paso por los campos, las sierras y los montes, sin abrigos de mantas ni más veterinarios que los soldados. Sin querer darme bombo como dicen los rioplatenses, tengo que referirme a los dos caballos que me acompañaron. El Gato y Mancha, los que me llevaron de Buenos Aires a Nueva York, una distancia de 18.000 km. Durante el curso de este "raid" cruzaron llanuras, selvas, ríos y montañas, a veces con excesiva agua o demasiada sed, con fríos o calores rigurosos. Tengo que agregar a esta mala alimentación, lluvias, alturas de más de 5.000 metros, mortificaciones como picadura de mosquitos, jejenes y murciélagos vampiros. Sin embargo, ambos animales terminaron este largo viaje en tan buenas condiciones, que asombraron a todos los que los vieron llegar a la meta."

“Gato y Mancha” (óleo de Luis Cordiviola)


En su libro "Una excursión a los indios ranqueles", el general Lucio V. Mansilla escribe: "De todos lados asomaban indios, al gran galope siempre, sin cuidarse de los obstáculos naturales del terreno, donde caballos educados como los ingleses hubiesen caído postrados de fatiga a los diez minutos, por vigorosos que hubieran sido. Subían rápido a la cumbre de los médanos de movediza arena y bajaban con la celeridad del rayo; se perdían entre los montecillos de chañar, apareciendo al punto, se hundían en las blandas sinuosidades y se le exige".
En su libro de 1904 "Trepando los Andes", el italiano Clemente Onelli describe la tropilla que utilizó. "¿Caballos Finos?, lindos para sacarle fotografías, pero para el campo denme el caballo Criollo, de músculos de acero, de garrones de fierro, de pecho de bronce, sobrio como el anacoreta, templado a los cierzos y los soles pampeanos y que hoy anda 20 leguas y mañana también y que pasado mañana, en un último empuje, rematará las 30 leguas que faltan a la jornada que se le exige".
Algunos caballos de nuestros próceres quedaron en los documentos de las batallas libertadoras o de las luchas internas, como los que pertenecieron al Libertador D. José de San Martín, quién además fue criador; ese espléndido bayo que cayó en San Lorenzo en el fragor del combate, arrastrando en su caía al ilustre jefe y futuro libertador de medio continente, un alazán tostado de cola corta tusado y un zaino negro coludo de abundante crin los cuales montaba mientras organizaba el Ejército de los Andes (Gral. Jerónimo Espejo en El Paso de los Andes, pág. 35 y 91), su adversario en Maipo, el general en jefe Osorio montaba un blanco que quedó muerto en el campo de la acción (Memorias del Cnel. Manuel A. Pueyrredón, pág.24).
Un criollo en el monte salteño (Öleo de Eleodoro Marengo) 
Asimismo, se conocen dos caballos que pertenecieron al ilustre general Manuel Belgrano: el rosillo que montó el día de la batalla de Tucumán y que, al decir del general José M. Paz, era manso y de paso (Memorias, tomo 1, pág. 24) y el otro un hermoso blanco que después se lo regalo al joven sargento Mariano Gómez por su hazaña en Tambo Nuevo (Memorias del Gral. Gregorio Araoz de Lamadrid, editorial América, Madrid, págs. 47 y 63 a 65).
El general Gregorio Aráoz de Lamadrid, en la batalla de Ciudadela, montó un moro que al decir de él, era el mejor que había tenido en su vida, esto era mucho, cuando lo afirma un guerrero incansable y que en esa batalla el animal confirmó la opinión que su dueño tenía (Lamadrid, Memorias …; tomo II, pag. 64).
Facundo Quiroga también poseyó un moro, un bayo overo que montó en la batalla de La Tablada, el oscuro a quien llamaba el Piojo y por último el castaño overo con el cual pudo ponerse a salvo en la derrota de Oncativo (Lamadrid, Memorias, tomo I, pag. 43).
El restaurador de las leyes, brigadier general Juan Manuel de Rosas, comentó desde su exilio, "el mejor caballo que tuve y tendré es el que me regaló D. Claudio Stegman, era bayo del Entre Ríos" (Carlos Ibarguren, en Juan Manuel de Rosas, pag. 452).
De nuestros hermanos los indios, sabemos que sus cabalgaduras eran excelentes, pero la de los caciques por su jerarquía eran extraordinarios, como el de Ramón el Platero que tenía un bayo famoso por su bella conformación (El Caballo,  Nº 104 pag. 48), así como su cuñado Bustos tenía un overo negro (Mansilla, tomo I, pag. 54) y su hermano Juan José Catriel, un bayo cabos negros (Antonio del Valle, Recordando el Pasado, tomo I, pag. 315), Pincen al caer prisionero fugaba con su hijito en un zaino que fue su caballo de pelea perseguido por el general Villegas (Morales Guiñazú en Primitivos Habitantes de Mendoza, pag. 171).
“Capitanejo en su overo” (Oleo de Rodolfo Ramos)
Como hemos visto, es innumerable la cantidad de documentación (Raza Criolla, N°99, páginas 64 a 71) que demuestran que el caballo criollo es parte indisoluble de la historia de nuestra Patria y que su participación en ella ocurrió no porque fuera el mejor, si no por ser el único que existía.
“El rastreador” (Oleo de Aldo Chiappe)

Asimismo, los países miembros de la “Federación de Criadores de Caballos Criollos” han declarado al criollo como el caballo Nacional, reconociéndolo como parte de su patrimonio cultural intangible de su historia. Uruguay ha reconocido al caballo criollo como parte de su patrimonio cultural, reconociendo su papel en los periodos de lucha por la independencia y la consolidación nacional y en el desarrollo económico y social. Chile, por su parte, por medio del Decreto Supremo N° 531, reconoció como "deber constitucional del estado tutelar aquellas especies que son propias y características del medio natural chileno, como también aquellas cuyo desarrollo hacia su conformación morfológica y funcional son el resultado de una sostenida trayectoria de selección propia, por obra emprendida a través de generaciones de criadores nacionales, como es el caso de la especie Equus caballus, a través de la raza denominada "Caballo de Pura Raza Chilena".
La Argentina no escapa a la historia sudamericana y en reconocimiento al caballo criollo en la Historia nacional, en la cultura de nuestros paisanos y nuestros pueblos originarios, en el trabajo de recuperación llevado adelante por la “Asociación de Criadores de Caballos Criollos” desde 1923, celosa titular de los registros genealógicos de la raza como queda demostrado en la intervención del senador Durand el 7 de junio de 1950 en el despacho de la “Comisión de Presupuesto” donde dice, "un grupo fundó en el año 1923 la Asociación de Criadores de Caballos Criollos, con el objeto de salvar, ya a punto de desaparecer esta raza autóctona, luchando denodadamente con la apatía de los poderes públicos y la incomprensión en general que no apreciaban y ridiculizaban la obra y los fines que perseguía. Pese a todas las dificultades la Asociación gestionó y obtuvo tras denodada lucha la apertura de los registros genealógicos y la aprobación del standard de la raza".(Raza Criolla, N° 31, pág. 67), incorporando a la selección y depuración morfológica, las pruebas funcionales con vacunos, entre ellas las paleteadas, que hacen al acerbo cultural histórico del trabajo rural de antaño”.

Una visión fugaz
Para referenciar adecuadamente lo escrito me permitiré sumar una serie de fotografías que ilustran al ya célebre Criollo y que nos muestran algunos de sus pelajes, uno de los temas favoritos de las conversaciones que mantenían los gauchos a la lumbre del fogón nocturno o cuando las pulperías los reunían al caer la tarde.

En este sentido debo confesar mi debilidad personal por las capas de fantasía aunque en la realidad cotidiana, como sabemos, son la excepción. Consigno el nombre de sus pelajes conforme la usanza del Norte, mis pagos originarios; los entendidos sureños sabrán admitir algunas diferencias, propias de nuestra rica diversidad.
Tuco

Rosillo

Zaino oscuro

Tostado

Overo colorado

Alazán

Moro overo

Oscuro azabache

Colorado tostado

Lobuno

Bayo negro empedrado

Tordillo blanco


Moro empedrado

Encerado

Bayo amarillo ruano


sábado, 16 de diciembre de 2017

La bandera del Templo de San Francisco, en Tucumán

La Bandera del templo de San Francisco y el nuevo  museo de Tucumán

La bandera reliquia, tal como se exhibe hoy (Foto tomada de La Gaceta on line)

Por Miguel Carrillo Bascary

La histórica enseña que por más de doscientos años fue conservada por la Orden Franciscana en su convento de Tucumán acaba de ser repuesta a la admiración de quienes deseen verla en el nuevo “Museo Histórico San Francisco” de esa ciudad, capital de la provincia homónima (Argentina).

La excepcional reliquia data posiblemente de 1812 (con toda seguridad de 1813) y fue confeccionada para estimular el patriotismo de los niños que concurrían a la escuela del Convento, la única que existía en la ciudad.

Sin lugar a dudas puede decirse que es la más antigua bandera nacional histórica de tres franjas que se conserva. Así resulta de las investigaciones que dio a conocer a fines de la década de 1960 del historiador fray Luis Cano, complementadas más tarde por las del doctor Juan Pablo Bustos Thames.

Curiosamente es una enseña asimétrica por ser la franja superior más delgada, aunque es factible que la anomalía haya sido causada por algún recorte posterior.

Lleva inscripto en letras doradas las siguientes leyendas: en el centro, “Tucumán 1814 y en un doble arco cóncavo –convexo “A la escuela de san francisco donó bernabe araóz gobernador”. Los estudiosos no acuerdan el sentido de estas frases que al parecer fueron pintadas sobre el paño para enaltecer a don Bernabé Aráoz, síndico de la Orden, cuando fue electo como gobernador provincial, precisamente en el año indicado.

La bandera se utilizó en los primeros años de nuestra nacionalidad para solemnizar las festividades locales, oportunidad en que era paseada por la ciudad a la manera en que antiguamente se hacía con el estandarte real.

Con los años fue retirada del uso y la comunidad franciscana la guardó hasta que a mediados del siglo pasado fue colocada en un marco vidriado que, a su vez, se instaló a la izquierda del magnífico altar mayor del templo. Como este contenedor era mucho más chico que el paño, se debió acomodarla “arrugada”, lo que solo dejó visible la leyenda central.

Así se expuso a la curiosidad del público desde 1964. Luego del impacto inicial en la opinión pública, la bandera quedó desapercibida, salvo para unos pocos cultores. Para más, la historiografía prácticamente omitió su consideración, quizás por preservarse en el interior del país. Esto hizo que la extraordinaria pieza quedara en un cono de sombras.
La bandera que se mostraba, al lado del altar
(Foto tomada de una edición antigua de La Gaceta)

Sin embargo la Orden era bien consciente de su valor, fue en el año 2012 que se resolvió restaurarla. Para entonces, las deficientes condiciones de guarda; la contaminación y la decoloración que sufrió la habían dañado sobremanera. Luego de intensos trabajos pudo ser recuperada y hoy luce tal como puede verse en la fotografía que encabeza este post.
Aspecto que presentaba al comenzar la restauración (Foto tomada de Infobae on line)

Una reciente polémica

En algún momento de este proceso los estudios de un equipo de investigadores coordinado por el profesor Carlos Della Védova concluyeron en que la pieza permitía definir “cuál era el color original de la primera bandera argentina” una cuestión siempre debatida entre los historiadores. Sin embargo esta apreciación no cuenta con sustento ya que la bandera citada no es la “primera bandera argentina” que, recordemos, fue creada en Rosario el 27 de febrero de 1812 y que, presumiblemente, fue de solo dos franjas horizontales, blanca y celeste. El informe aseveraba que luego de realizar diversos análisis de la composición de la pieza se concluía en que ésta fue originalmente de un subido azul de ultramar.

Color de la bandera según el informe Della Védova

Por otra parte, el informe del caso mereció serias y fundamentadas críticas que desvirtuaron la apresurada conclusión; entre los contradictores podemos mencionar a la Lic. Patricia Lisa; el presidente del Instituto Nacional Belgraniano, Lic. Manuel Belgrano; los vexilólogos Francisco Gregoric y Mario Golman; el doctor Juan Pablo Bustos Thames y quién esto escribe.

El principal argumento en contrario se respalda en documentación fehaciente firmada por el propio Manuel Belgrano quién manifestó en forma indubitable que creo la bandera nacional blanca y celeste (Oficio dirigido a la Primera Junta de Gobierno, datado en Rosario el 27 de febrero de 1812).

Valoración histórica

    Esta bandera es una reliquia verdaderamente superlativa del pasado argentino. Su uso fue contemporáneo a la presencia del general Manuel Belgrano en Tucumán y su datación está comprobada fehacientemente por los estudios de Cano sobre documentación de época hallada en los archivos de la Orden y otras pruebas circunstanciales.

Imagen completa de la histórica enseña (Foto: Infobae)

La bandera del templo como bandera de Tucumán

En el año 1994 quién esto escribo promovió mediante un anteproyecto de ley que la histórica enseña fuera adoptada como “bandera oficial de la provincia de Tucumán”.

Se fundamentaba la iniciativa en los valores históricos que poseía y en la fecha inscripta en su centro “Tucumán 1814” año en que la provincia fue formalmente constituida y dotada de autonomía.

Bandera provincial de Tucumán, propuesta de Miguel Carrillo Bascary
(Imagen preparada por Francico Gregoric)

La propuesta fue girada al entonces gobernador Ramón Ortega (justicialista) y a todos los bloques con representación en la Legislatura, de esta manera se procuraba llamar la atención sobre el mismo para que pudiera ser convertido en ley.

Paralelamente tuvo ingreso por su Mesa de Entradas con el carácter de “petición de particular”, una figura que habilita a los ciudadanos a presentar iniciativas en ejercicio del democrático derecho que les corresponde.

Fue la bancada del partido “Fuerza Republicana” quién impulsó su tratamiento; Sin embargo, durante el proceso legislativo la propuesta fue modificada sustancialmente, se reemplazó el diseño sugerido por otro totalmente distinto, cuya imagen presentamos seguidamente. En conclusión el texto sugerido se aprobó casi sin modificaciones pero lo sustancial, el diseño, fue cambiado.

Bandera provincial de Tucumán entre 1995 y 2008

De esta manera la iniciativa fue aprobada por unanimidad y se sancionó como ley Nº6.694, pero el mandato del gobernador Ortega estaba próximo a finalizar y la quedó sin ponerse en práctica.

Lo sucedió el polémico Antonio Bussi (“Fuerza Republicana”), que la puso en ejecución; esto hizo que en la consideración de muchos se asociara a su mandato. Terminado el mismo se precipitó sobre la bandera una serie de desencuentros políticos, ideológicos y hasta religiosos cuyo comentario omitiremos por el momento. El nuevo gobernador (justicialista) dispuso cesar con el uso de esta bandera. Finalmente, en el año 2008 la ley fue abrogada.

En el año 2009 quién esto escribe intentó otra vez hacer presente la conveniencia de aprobar como bandera oficial la que guardaba el templo de San Francisco. Para esto se dirigió por correspondencia datada el 11 de febrero de ese año al gobernador Juan Luis Manzur, lamentablemente fue ignorado.

Tucumán debió esperar hasta el 2010 en que adoptó una nueva enseña. Estos hechos crearon nuevas tensiones sociales.

En consecuencia, el símbolo que debió identificar y unir a todos los tucumanos se transformó en una piedra de escándalo.

A la vista de estas vicisitudes no puede menos que pensarse ¡qué distinta pudo ser la historia si en aquellos cenáculos legislativos el proyecto original se hubiera mantenido en su totalidad! En su caso, la bandera tucumana sería la histórica reliquia que hoy podemos apreciar debidamente.

El nuevo museo

Una de las nuevas salas (Foto tomada de La Gaceta on line)

En dependencias del antiguo Convento, inmediato al templo de San Francisco, acaba de inaugurarse un pequeño pero significativo museo que se incorpora al derrotero turístico tucumano y a la veneración cívica de todos los argentinos.

Invitación oficial a la inauguración

Allí pueden verse testimonios muy significativos de nuestro pasado, entre otros:
·        Una casulla usada por San Francisco Solano (1549 – 1610) que evangelizó en la región entre 1590 y 1594. Fe elaborada en el Perú por los indios de las misiones y está entretejida con hilos de seda; oro y plata.
·        La mesa, sillas y el Crucifijo que lucieron en el salón de sesiones, de la “Casa Histórica” de Tucumán aquel 9 de julio de 1816, cuando se proclamó la independencia de las “Provincias Unidas de Sudamérica”.
·        Un Ecce Homo altoperuano llegado a Tucumán a mediados del siglo XVIII.
·     Un óleo de la "Inmaculada Concepción" y el cuadro “Descenso de la Cruz”, atribuido al español Asterio Mañanos Martínez (1861 – 1935)

Por su parte, el templo atesora numerosas tallas (algunas del siglo XVI); antiguos objetos destinados al culto y unos diez retablos de gran antigüedad, todos de estilo barroco o neo barroco, como el altar mayor (labrado por los indígenas de Misiones).

La basílica de San Francisco (Foto: Tucumán Turismo)

El Convento mismo en un “monumento histórico” reconocido como tal; sus claustros sirvieron como hospital de sangre en la batalla de Tucumán (1813) y fue alojamiento del Ejército del Norte que comandaron entre otros, Belgrano y San Martín.

Galería del claustro (Foto: Patricia Lissa)

El Gobierno de Tucumán informó que la construcción del Museoestuvo a cargo de la Dirección de Obras e Infraestructuras Turísticas del Ente de Turismo provincial, dirigido por el arquitecto Ricardo Viola y que contó con el asesoramiento del prestigioso museólogo Gabriel Miremont”.

En definitiva, se trata de una excelente noticia que en principio merece ser saluda con mucha alegría.

Ingreso al Museo (Foto tomada de La Gaceta on line)

jueves, 14 de diciembre de 2017

Armando el pesebre/ 2 ¿Cuándo se coloca al Niño Dios?

El “Niño Dios” ¿se coloca en el pesebre o se espera hasta Navidad?
  
Pesebre todavía sin la figura del Niño Dios en víspera de la Navidad

Por Miguel Carrillo Bascary

Respondo una pregunta que es un verdadero clásico. Para hacerlo hay que recordar que en Navidad se recuerda el nacimiento de Jesús, el hijo de Dios, ocurrido en un pesebre en cercanías de Belén hace unos dos mil años.

Esto significó nada menos que el comienzo de la salvación que Dios prometió a nuestros Primeros Padres. Se habla entonces del “Niño Dios” que quiso nacer humildemente para mostrarnos que en todo su poder se hizo literalmente un ser humano, tal como nosotros.

 
 Belén con la figura del Niño Dios en el pesebre

El primer pesebre

San Francisco de Asís, el santo de la humildad y de la Naturaleza, en el año 1223, tuvo la inspiración de recrear ese Pesebre Santo representándolo con figuras alegóricas, en la ermita de Greccio. Con esto nació la costumbre que tradicionalmente celebramos.

El armado del Pesebre es un anticipo de la fiesta de Navidad. Las diversas culturas lo concretan con particularidades propias. Entre nosotros se estila hacerlo el día 8 de diciembre pero también hay familias que lo hacen el 24.

La consulta en concreto

La disyuntiva puede tomar forma en la siguiente pregunta:

¿La figura que representa al Niño Dios se coloca el día en que se arma el pesebre o el mismo día de Navidad?

Clarifiquemos un poco, si el Pesebre representa el nacimiento del Niño que ocurrió en Navidad, lo lógico es que su figura se coloque este día y no con antelación.

Los días previos, con el Pesebre ya armado, la “cunita” (en rigor, el pesebre propiamente dicho) permanece vacía, como un silencioso testimonio que nos invita a reflexionar sobre todo lo que significa la llegada de Dios al Mundo.

Sin embargo, muchos instalan el Niño el mismo día en que arman el Pesebre, como un anticipo de la próxima festividad.

En numerosas regiones la familia concurría a misa a la medianoche del día 24 de diciembre y cuando volvía a sus casas, allí estaba el Niñito sonriendo desde el pesebre “milagrosamente colocado” por el padre o la madre cuando partían para la iglesia.

En otros lugares la familia se recogía en el descanso nocturno el día 24 y despertaba con las primeras luces del 25, con el Niño en ya su cuna.

Obvio que para el comercio estas hermosas sutilezas no existen, por lo tanto colocan la figura del Niño desde el mismo momento en que arman sus pesebres en escaparates y salones de ventas.

La Iglesia Católica no dispone ninguna directiva sobre esto.

En definitiva, lo importante no es la costumbre, sino vivenciar que Dios vino y viene al Mundo y a nuestras propias vidas en cuerpo, alma y divinidad, sin necesidad de que sea Navidad.

Celebrar que esto ocurre el día 25 de diciembre es obviamente una simplificación del misterio de amor que entraña el hecho que comentamos. La Navidad como fiesta y celebración es una costumbre que puede ayudarnos.

Concluyendo

Lo importante no es “armar el pesebre”, lo trascendente es preparar nuestro espíritu, reflexionando en el Amor de Dios para con nosotros.

Siendo así, poco importa “cuándo se pone el Niño en el pesebre” … pero, técnicamente correspondería hacerlo a la hora cero del día 25 de diciembre, o por lo menos cuando la familia se reúne la noche del 24.

Lo que no debería faltar en una familia religiosa es realizar una oración en común frente al pesebre, ya con el Niño colocado … que, en definitiva, es el principal “homenajeado” en su cumpleaños.

sábado, 9 de diciembre de 2017

Un símbolo de movilidad social y superación

¿Banderas con mochilas? 
Un orgullo  hecho público 


Por Miguel Carrillo Bascary

A lo largo de todo el mundo se rodea de consideraciones a las banderas nacionales. La disciplina del Ceremonial abunda en normas y disposiciones al respecto hasta el punto que en algunas naciones se sancionan duramente las infracciones. Literalmente, lo habitual es que por el uso desconsiderado de una bandera su responsable merezca una multa de menor o mayor volumen pero en algunos países la pena son ¡latigazos! Sí, tal como leyeron.

Por esto llama la atención una curiosa costumbre de los holandeses, por mejor decir los súbditos del reino de los Países Bajos. En esta nación durante el mes de junio, principalmente, se observa una erupción de banderas izadas en los frentes de las casas de cuya punta cuelga ¡una mochila!

Conocí esta particular tradición hace algunos años y hoy quiero compartirla a partir de la información que tomo de los blogs que cito más abajo.

Los habitantes de los Países Bajos son muy medidos con su bandera, la reservan para muy pocas ocasiones en el año, todas de carácter formal, como el cumpleaños de su monarca; el día de la liberación luego de la II Guerra Mundial y similares. En esto son muy formales y no se distinguen de la mayoría de otros pueblos.

Extraña costumbre

Pero hay una peculiaridad específica de los holandeses, gustan compartir muchas vivencias familiares con su comunidad, hasta el punto que algunos los consideran “exhibicionistas”. No es así, ellos procuran poner en evidencia ciertos logros y que sus relaciones se alegren con ellos lo que da origen a la costumbre que justifica este post.

Parece haber empezado en la década de los años 20 en el siglo pasado. Por entonces los establecimientos escolares anunciaban el término del año lectivo izando banderas en sus fachadas. Esto fue imitado por aquellas personas que por su buena posición económica podían permitirse el gasto de un asta y de una bandera; de esta manera se asociaban al logro de sus jóvenes que habían aprobado en sus estudios medios.

Superado el drama de la guerra y las estrecheces de la reconstrucción, la prosperidad económica que experimentaron los holandeses a mediados de la década de 1960 hizo que aquella costumbre de ricos se extendiera a todas las clases sociales. Como una forma se celebración, según se recuerda, se colgaban de la banderas: libros; cuadernos … y las consabidas mochilas o portafolios.

Fotografía datada en  1979 (observar el antiguo modelo de portafolio)

Al parecer, en forma casi insensible, la extroversión holandesa determinó que cuando algún joven terminaba su secundario su familia quisiera anunciarlo a los vecinos y demás relaciones y por esto, considerando que ya nunca más iban a utilizar la mochila que lo acompañó durante los años de su escolaridad se comenzó a colgar junto con la bandera.

De esta forma las familias evidencian con legítimo orgullo el progreso de sus hijos y la expectativa de una mejor posición en el futuro cercano, con lo que se transformó en una experiencia jubilosa, festiva, auspiciosa, con lo que se extendió aún más.

Se coloca junto al tope o lanza, único lugar “cómodo” para hacerlo y que permite se destaque netamente. Una curiosa asociación a la vista del público.

La tradición indica izar la bandera con la mochila del graduado cuando este recibe las notas que acreditan la finalización de su escuela secundaria; lo que ocurre a mediados de junio. Cuando el alumno debe recuperar las materias que adeudaba para aprobar la ocasión puede retrasarse.

Se registraron algunos intentos contra tan informal acompañamiento a los colores nacionales, pero fue en vano. Hoy es una costumbre típicamente holandesa, tanto como el uso de la bicicleta.

Modalidades

Una variante fue agregar un listón de color naranja con la leyenda “Geslaagd(“pasado con éxito”) que se explica por sí solo.
   

Si los graduados de la familia o de una unidad habitacional son varios se colocan tantas mochilas como sean.


Más aún, cuando alguien de la familia se gradúa en la universidad, también se exterioriza el logro mostrando algún útil o mochila, para que todos puedan alegrarse con la culminación de esa etapa en la vida de un ciudadano.

Y tampoco faltan aquellos que para gratificar a sus hijos cuelgan sus mochilas de la bandera cuando terminan la escuela primaria


Adviértase en modelo infantil de la mochila

Los Países Bajos son una nación multicultural, benévola con la inmigración. Prueba de ello es la siguiente fotografía donde las banderas de Holanda y de Filipinas se aúnen para testimoniar la graduación de un joven con herencia asiática.


En menor medida es habitual ver mochilas izadas en las banderas estatales y municipales; a veces acompañadas por globos. ¿Por qué no?

Una bandera de Frisia con la consabida mochila
Referencias: