Noticia sobre el Hermano Franciscus y sus obras
Por Miguel
Carrillo Bascary
La iconografía del general Manuel Belgrano es profusa, pero hay dos
obras que destacan sobremanera. Se realizaron en 1815, cuando se encontraba en Londres,
en representación de las Provincias Unidas del Ríos de la Plata. Aunque no
llevan firma se le atribuyen a Françoise
Casimir Carbonnier. En esta nota me propongo echar algo de luz sobre la trayectoria del artista y esbozar las
razones que pudieron determinar que Belgrano accediera a este rasgo de aparente
frivolidad. La información disponible no abunda y, en todo caso, las fuentes son
escasas.
Belgrano y Rivadavia en la Corte británica
Lo primero que llama la
atención es que, siendo un modelo de austeridad,
Belgrano haya caído en la veleidad de hacerse retratar y no una, sino por dos
veces. Sobre su misión diplomática en la capital inglesa puede verse la nota “Manuel
Belgrano: BUE – LON – BUE. Periplo europeo de nuestro prócer”; https://banderasargentinas.blogspot.com/2026/07/manuel-belgrano-baires-lon-baires.html
El clima de las cortes
decimonónicas era proclive al paradigma de “parecer para conseguir” por lo que,
desde la perspectiva de los noveles diplomáticos, era fundamental demostrar que representaban a un gobierno sólido, “civilizado”,
ya que las regiones del Plata eran poco menos que desconocidas para los
intrigantes que deambulaban por los palacios europeos. Si aún hoy el
conocimiento de la realidad socioeconómica de los países latinoamericanos está
plagado de estereotipos y tergiversaciones, es inimaginable qué idea podrían
tener los cortesanos del Viejo Mundo sobre el país que tales “advenedizos” decían
representar. No olvidemos que las
Provincias Unidas no tenía reconocimiento internacional. Por esto, era
necesario que los enviados se comportaran según los códigos sociales del lugar,
para lo que debían hacer realidad el axioma “donde fuerais haz lo que vieras”. Es en este marco que, tanto
Rivadavia como Belgrano, posaron ante el artista, como símbolo del status que investían.
Los retratos de Belgrano
En este subtítulo se
emplea el plural porque fueron dos, todo indica que el prócer debió modelar en persona concurriendo al
atelier del artista, también Rivadavia en su caso. Esto debió ocurrir a
mediados de 1815 ya que, finalizada la obra era preciso dejar pasar algunas semanas
hasta su completo secado, dar tiempo a eventuales retoques y, finalmente, se
debía enmarcar, lo que generalmente estaba a cargo de artesanos especializados.
Estas operaciones explican que cuando en noviembre de 1815 Belgrano debió
retornar precipitadamente al Río de la Plata los cuadros quedaron en Londres y
recién llegarían al país en 1822, dos años después de su fallecimiento. Como se
adelantó, ambas obras se atribuyen a Carbonnier. No debe sorprender que carezcan de firma, si se considera que, por
entonces, el artista tenía 28 años de edad, era un recién llegado a Londres, y
que, para más, había emigrado desde Francia por razones políticas, circunstancias
que podría justificar por qué no estampó su rúbrica. Se especula que sus
honorarios debieron parecer acomodados a los modestos presupuestos de que disponían
Rivadavia y Belgrano.
El primero
Es un retrato de medio cuerpo, mostrando el perfil derecho, pintado al óleo
sobre tela, en un formato pequeño, de 60 x 50 cm. Originalmente estuvo en poder de Bernardino Rivadavia a quien Belgrano se
lo regaló como prenda de amistad. Esto induce a pensar que lo hizo pintar
ex profeso y con tal destino. A la muerte del destinatario, que ocurrió en
Cádiz, en 1845, quedó en poder de sus amigos y albaceas, Nicolás y Fernando de
Achával. Más tarde fue comprado por el coleccionista de arte José Prudencio de Guerrico
y, por sucesión, correspondió a sus hijas María Salomé y Mercedes, quienes lo
donaron al Estado argentino en 1938. Actualmente se encuentra en el Museo Nacional de Bellas Artes (Buenos
Aires).
Los críticos evalúan muy
positivamente la calidad de la obra,
particularmente destacan el buen manejo de la luz y la naturalidad con que
Carbonnier supo expresar los rasgos del prócer.
El segundo
Presenta al prócer de
cuerpo entero, sentado y, a su izquierda, hay una fenestra en donde se observa una escena bélica[1],
un recurso pictórico que era usual en
los retratos y que se empleaba para mostrar un hecho u objeto que expresara
la personalidad del retratado. Esto permite aventurar que ilustra la batalla de Salta (20 de febrero de
1813), principal victoria del prócer, por lo que servía muy bien para expresar
su condición de general triunfador, algo muy apropiado al contexto social del
momento. Es factible afirmar que el artista requirió precisiones al prócer para que los uniformes[2]
y las dos banderas que allí se ven se correspondieran exactamente con el
ambiente de ese combate.
Por tal motivo la obra se considera un verdadero
testimonio pictórico sobre el diseño de la bandera nacional primigenia[4],
aquella que se izó por primera vez en Rosario, la que luego fue bendecida y
jurada en Jujuy (25 de mayo de 1812). Desaparecida por orden de Rivadavia[5],
la fuerza quedó sin divisa general, hasta que en enero de 1813 Belgrano la
habría reproducido, esta vez como “bandera del ejército[6]”
que recibió su bautismo de fuego, precisamente en la batalla de Salta.
En cuanto a su atavío, el prócer
es un dechado de refinamiento, muy acorde con su rol de diplomático, digna
expresión de la moda “a lo Beau Brummell[7]”,
lo que caracteriza a Belgrano como un auténtico dandi. También en esto se
observa el propósito de adaptarse a los usos sociales del ambiente londinense.
En la figura siguiente se verá hasta qué punto se asimila el atuendo de
Belgrano en esta obra de Carbonnier, con la del distinguido caballero que
dictaba la moda en la Corte británica; la correspondencia es total, la única
diferencia radica en el color del pantalón.
Para ser un retrato, el óleo es de gran formato ya que la tela (lienzo al algodón), mide un metro
veintisiete centímetros por un metro justo de ancho[8].
Quien con mayor amplitud nos
presenta la trayectoria del retrato es el Dr. Juan Pablo Bustos Thames[9],
que la recogió de labios del Lic. Manuel
Belgrano (Lastra), presidente del Instituto Nacional Belgraniano, hoy
Instituto Belgraniano de la República Argentina (IBRA) y chozno nieto del
general. Luego que llegó al país el óleo permaneció en poder de la familia
Belgrano, inicialmente en custodia de su hermana, Juana María Nepomucena Belgrano
de Chas (1776- sin dato), por quien
el prócer manifestó un profundo cariño[10].
Fallecida esta dama la
obra le correspondió a la hija del prócer, Manuela
Mónica. Tras su temprana muerte quedó para su primogénita, Flora Gregoria (Florita) Vega Belgrano (1854-1891). Por
sucesión pasó luego a Manuel Félix Belgrano
Vega, quien lo legó a su hermano Carlos Néstor (1882-1952),
que desde 1915 lo mantuvo en su casa hasta que falleció. Desde entonces
permaneció en poder de su esposa, Felisa
Ledesma Saavedra (+1975). Tras su deceso, sus hijos acordaron venderlo al Banco de Olavarría en cuyo patrimonio[12]
permaneció desde 1978[13].
Oportunamente pasó a la Municipalidad de esa ciudad y desde 1996 se exhibe en el
Museo el Museo de Artes Plásticas “Dámaso
Arce”. La pieza fue prestada en diversas ocasiones, estuvo en
Rosario (2004 y 2007), en Tucumán (2010), en Jujuy (2013) y en la ciudad General Belgrano (provincia de Bs. Aires).
Ambos retratos sirvieron como modelos para placas y monumentos. También fueron y son reproducidos
ampliamente en láminas, monedas, libros de texto, papel moneda, sellos postales, elementos publicitarios y otros soportes. En la actualidad la IA permite utilizarlos para
múltiples creaciones.
El artista
Como se anticipaba, es muy escueta la información sobre
Carbonnier que circula en medios argentinos. Básicamente se indica que fue:
“Discípulo de dos grandes artistas franceses David Jean-Auguste-Dominique Ingres (1780-1867), considerado
uno de los pintores del neoclásico francés, quien también había incorporado muchas
características del romanticismo. También lo fue de Jacques Louis David[14] (1748-1825), representante del neoclásico
francés por excelencia, quien se inspiraba en la Antigüedad clásica, lo que “ligado
al clima político y social que le tocó vivir, dio lugar a una solemnidad casi
religiosa”.
Sobe lo expuesto intentaré aportar mayor información sobre
quien supo retratar magníficamente al prócer. Así, en el monumental “Dictionaire
des peintres, sculpters, graveurs, dessinateures[15]”,
consta sobre Carbonnier:
“Pintor nacido en Beauvais el 24 de mayo 1787. Alumno de David y de Ingres, quien lo
ocupó varias veces en sus propios cuadros. Este artista se hizo lazarista en
1839. Desde entonces vivió encerrado en la casa de la calle Sèvres que adornó
con diversas decoraciones. Un pintor llamado C. Carbonnier expuso en Londres
entre 1815 y 1836. Parecería que fuera el mismo artista”.
Entre la pléyade de
retratistas de los primeros años del siglo XIX se patentiza que Carbonnier no es
de los más populares. La condición de haber emigrado a Inglaterra puede ser un
motivo, pero tras investigar al respecto, considero que la principal causa de su apocamiento radica en haber tomado el hábito
de la congregación lazarista, por lo que se apartó de los círculos comerciales
del arte para dedicarse a la iconografía religiosa, como se verá. Por lo tanto,
en Carbonnier pueden señalarse dos períodos,
el artista profano y el religioso.
Efectivamente, a sus 52
años Carbonnier ingresó en la “Congregación
de la Misión”, cuyos miembros son conocidos como vicentinos o paúles. Es
muy antigua, ya que data de 1625, fue fundada por San Vicente de Paúl (1581-1660), santificado en 1737.
No recibió las órdenes sagradas, por lo que no fue sacerdote sino hermano, es decir que formuló votos como simple miembro lego de la institución. Esta condición resulta de la forma en que firmó sus obras desde entonces: “Frater Franciscus, Congis Missis” (latín), es decir “Hermano Francisco, Congregación de la Misión”. (Ver imagen al comienzo de esta nota)
El carisma de la corporación es la evangelización y la asistencia a
los más pobres de la sociedad, también la formación del clero y la educación[16].
Originalmente ocupó el antiguo leprosario de Saint-Lazare (San Lázaro), tras su saqueo durante la revolución
francesa, se le asignó la antigua residencia de los duques de Lorges, que los
religiosos ocuparon a partir de 1817, lo que justifica que Carbonnier participara de la redecoración de su capilla.
Su estilo artístico
Sobre Carbonnier se ha
dicho[17]
que sus obras son de estilo neoclásico,
que poseen:
“(…) fisonomías
escultóricas, y [que] adquieran por
ello un carácter realista. A su vez, las líneas claras y austeras componen una
representación estática que, combinada con la iluminación focal y el tono de
los colores, resulta en una imagen limpia, clara, y estéticamente equilibrada”.
El artista dispuso de una notable versatilidad. Así resulta de
comparar los conocidos retratos de Belgrano con la alegoría denominada “Trompe l'Oeil allegory of unrequited love”
(1824, formato: 23.5 x 19.5 cm., ejecutada sobre papel con técnicas mixtas,
combinando acuarela, pluma, tinta y lápiz) que, a los ojos del profano, luce
extrema modernidad.
Está ejecutada en estilo trampantojo (trompe-l'œil, fr.; engaña al
ojo), técnica pictórica realista que procura engañar la vista del
espectador jugando con el entorno, la perspectiva y dándole una aparente
tridimensionalidad, hasta el punto de hacer que sus elementos parezcan
tangibles. Se inspira en el propósito de señalar la inmanencia de la vida
humana.
Sus obras
a) Retratos
Los dos referidos al general Belgrano y el de Rivadavia pertenecen
al período profano del artista. También destaca el óleo donde retrató al mayor
general sir Neil Campbell[18]
(1776-1827). La mesa que se observa a su derecha se parece en mucho al retrato
de cuerpo entero realizado a Belgrano. También acá se utilizó una fenestra.
La Congregación Vicentina ofrece una amplia selección
de las obras de Carbonnier[19] en donde pueden verse dibujos, acuarelas, retratos, grabados,
frescos, miniaturas y hasta diseños para vitrales y para esculturas que realizó
un tercero. Esto evidencia un notable dominio de las numerosas técnicas que
empleó.
Lo significativo es que en esta suerte de catálogo no se incluyó el retrato de medio cuerpo que le realizó a Belgrano. Otra peculiaridad es que la reproducción del óleo de cuerpo entero en que pintó al prócer no se corresponde al original, es una de sus numerosas copias. Al parecer quien confeccionó la recopilación tenía noticias sobre la obra, pero, como no disponía de su imagen incorporó la ejecutada por Fortunato Fontana, que copió al original y que se encuentra en el Museo Histórico Nacional, ejecutada en 1941. Esto es fácilmente advertible si comparamos sus detalles.
Donde más se advierten las diferencias es: en el pomo de la silla y en la escena bélica,
donde el Fontana es de mucha menos calidad; el espacio entre los dedos índice y
mayor se muestra toscamente cubierto por una pincelada negra, mientras que en
el Carbonnier se alcanza a descubrir la estructura del pastillero que oculta
parcialmente. Además, la copia muestra una expresión más dura, determinada por
la estrechez de la barbilla y la expresión de la mirada; mientras que el
cabello del original es mucho más definido y natural.
Ya
como expresión del periodo religioso vemos otros
retratos, que en caso de ser firmados sindican al autor como el “Hermano
Franciscus”:
Otras obras[22]
Al
primer periodo del artista corresponde el plácido “Virgilio
leyendo la Eneida a Augusto, Livia y Octavia” (1812) que se
encuentra en el Museo de los Agustinos (Musée des Augustins), Toulouse.
A
título de ejemplo les comparto esta notable
visitación y un muy elaborado vitral. Podrán verse otras producciones en la
compilación preparada por la Congregación Vicentina.
Para finalizar:
Creo
haber aportado una amplia referencia sobre el autor de los dos excepcionales
óleos que Françoise/Franciscus pintó al general Manuel Belgrano. Es indudable
el manejo de la técnica de la pintura al óleo que expresa en los ejemplos que
se acompañan. Esto resalta el valor de las obras que resultan del mayor interés
para los argentinos. También vimos cómo evolucionó la vida del artista, lo que
se reflejó en sus producciones que abarcaron diversas expresiones.
Al
terminar con esta relación me cabe una particular satisfacción, haber podido
adentrarme en la carnadura del monje que tan magistralmente retrató a uno de
los máximos próceres argentinos.
Al
conocer
Notas y referencias:
[1] Fue copiado por Fortunato Fontana, Prilidiano Pueyrredón y muchos
otros. Algunos se permitieron ciertas libertades introduciéndole variantes, con
no demasiada fortuna.
[2] No puedo dejar de señalar que el morrión del escolta corresponde a los
dragones napoleónicos, un detalle menor que no desdice mayormente el propósito
de fidelizar la representación.
[3] Lamentablemente, la que se ubica a la izquierda del recorte no permite
distinguir su diseño; aunque, bajo la lupa, se observan trazos de celeste y
blanco.
[4] Se observan con toda claridad dos banderas, cuyas mitades superiores
son blancas y las inferiores celestes. También las plumas que lucen los
oficiales tienen la misma composición cromática.
[5] Instrumentada por el oficio del Gobierno a Belgrano, datado en Bs.
Aires el 27 de junio de 1812 y la respuesta del prócer, donde se compromete a
“deshacerla” (Oficio al Gobierno, datada en Jujuy, el 18 de julio de 1812.
[6] Documentada en la orden de pago suscripta por Belgrano en favor del
comerciante Toribio Tedín, datada en Tucumán el 25 de enero de 1813. (Marfany,
Roberto. “Origen de la bandera argentina”, en
Boletín de la Academia Nacional de la Historia, vol. LIV-LV. Bs. Aires, 1986,
entre pp. 108 y 109.)
[7] Sobre George “Beau”
Brummell: https://www.nationalgeographic.com/history/history-magazine/article/beau-brummell-nineteenth-century-fashion
[8] Se agradece al Lic. Manuel Belgrano la precisión en la toma de estas
medidas.
[9] “El retrato de Belgrano pintado por Carbonnier”, contenido en el último
capítulo de su libro Curiosidades
históricas del Bicentenario. Edición del autor. San Miguel de Tucumán, 2014
(2da. Edición, ampliada).
[10] Según la tradición familiar, ella lo atendió durante su última enfermedad
y cerró sus ojos. Desde 1825 se encargaría de la educación de la hija del
prócer y su sobrina, Manuela Mónica.
[11] Si se amplía la imagen y se compara con una actual se verá que el marco
que hoy presenta es el mismo que se observa en el tratado de la distinguida
matrona.
[12] Se mostraba en la sala de reuniones del Directorio.
[13] En el año 1995 la entidad fue adquirida por el Banco Mayo que cerró sus
puertas en 1998.
[14] David fue uno de los pintores favoritos de Napoleón Bonaparte, hasta el
punto que sus obras sirvieron como elementos de propaganda para los designios
su mentor político. Por esta razón, ser su discípulo implicaba asumir una
posición política harto definida, lo que determinó su exilio.
[15] Obra dirigida por Emmanuel Bénézit. Ernest Grund Ed. París, 1924. La
cita se encuentra en el Tomo I, p. 861. https://archive.org/details/dictionnairecrit01bene/page/861/mode/1up?q=carbonnier
[16] Se expandió rápidamente y llegó a estar presente en 80 países. La
información disponible indica que la congregación cuenta con más de 3.000
miembros, la mayoría sacerdotes. Tiene a su cargo tres universidades en los
Estados Unidos y una en Filipinas. Su lema es Evangelizare pauperibus misit me (La misión es evangelizar a los
más pobres). Uno de sus miembros más destacado fue el educador Juan Bautista de
La Salle (1651-1719) santificado en el año 1900.
[17] Roper, Lars, “Jacques
Louis David”, en Thomas Koster. 50 artistas que hay que conocer. Océano.
Barcelona, 2008, pp. 78-79, citado por De Paul, María Catalina (tesista).
Schmidt, Claudia (directora). Un prócer
para la Nación argentina. los usos de la figura de Manuel Belgrano en el
proceso de construcción de la nacionalidad. Univ. Torcuato Di Tella. 2012,
p. 51. https://repositorio.utdt.edu/bitstream/handle/20.500.13098/1434/LHIS_2012_Paul.pdf?sequence=1&isAllowed=y
[18] Tuvo la responsabilidad de conducir a Napoleón a su exilio. En 1816
fue designado como gobernador de la Costa de Oro (actual Togo) y de Sierra
Leona, falleció en este cargo en 1827. En el año 2003 la pieza se encontraba en
Nueva Orleans, donde salió a la venta con una base de u$s 25.000.
[20] Desde 1845, fue superiora general de las “Hijas de la Caridad”,
congregación femenina inspirada en la espiritualidad lazarista. No hay datos
ciertos de su nacimiento y defunción.
[21] 1581-1662. De noble familia, héroe en la batalla naval de La Rochelle
(1622), de los primeros en ingresar a la congregación vicentina. También fue un
importante dignatario religioso.
[22] Marie de Vignerot de Pontcourlay, marquesa de Combalet y duquesa de Aiguillon
(1604-1675), sobrina del Cardenal Richelieu. Esta virtuosa dama de
extraordinario perfil caritativo brindó su apoyo económico para impulsar la
obra de San Vicente de Paul. Contribuyó a la creación de la Sorbona y de la Biblioteca
Nacional de Francia.




















