Eran otros los tiempos
Por Miguel Carrillo
Bascary
La ciudad de Rosario (Argentina) fue un centro comercial de gran
importancia en la primera mitad del siglo XX. Hacia 1914 su población alcanzaba unos 222.000 habitantes (casi la mitad eran extranjeros), cuando al tiempo de ser declarada ciudad (5 de agosto de 1852) solo alcanzaba
los 3.000; el censo de 1927 señaló 407.000 hab.. Paralelamente se instaló una Aduana Nacional (1854). Para tener una referencias, el historiador Juan Gschwind
informa que en 1855 llegaron 370 barcos a vapor y a vela, con 46.297 toneladas
de mercancías entradas, mientras que egresaron 241 que transportaron 7.826
toneladas.
Su ubicación en la margen izquierda del río Paraná y el nudo caminero que vinculaba Bs. Aires con Córdoba y Santa Fe, así como la alta cota de
sus barrancas, que favorecía la carga de embarcaciones por simple gravedad, fueron factores muy importantes para su progreso. Su hinterland
era excepcionalmente propicio, por ser punto de concentración
natural de la intensa actividad agrícola ganadera que se fue desarrollando al
impulso de la colonización, donde trabajaba principalmente la mano de obra
llegada desde Europa y Medio Oriente. Ya en 1870 se estableció la primera línea regular de transporte de
pasajeros y mercaderías entre Rosario, Génova y Nápoles, lo que facilitó la
llegada de trabajadores y los lazos comerciales con Italia. En 1884 operaban 6
líneas británicas, tres francesas, tres alemanas, una española y otra, belga. Esto
originó una intensa actividad comercial que promovió el desarrollo. A partir de
1863 la llegada del ferrocarril
incentivó el fenómeno. El 12 de abril de 1878 es una fecha icónica ya que remite al primer embarque de cereales rumbo a Europa, desde entonces esta
actividad constituirá parte misma de la identidad rosarina, aún hoy.
Tempranamente se advirtió la necesidad de contar con un puerto. Eduardo Hopkins junto al Ing. Esteban Rams y Rubert construyeron un primer muelle que operó a partir de 1857, pero una crecida lo arrasó al año siguiente. Hacia 1880 Rosario se había transformado en el primer puerto exportador de Argentina. Fue entre 1888 y 1890 que el comerciante español Juan Canals organizó la “Sociedad Anónima del Puerto de Rosario de Santa Fe”, aunque no alcanzó el éxito esperado. Por entonces, diversas empresas fueron construyendo muelles privados a lo largo de la rivera, con eje en la hoy zona central de la ciudad.
A despecho del auge económico, se debió esperar hasta 1902 cuando el Gobierno nacional, por entonces a cargo de Julio A. Roca, contrató construir un puerto moderno capaz de responder a la demanda. Lo hizo con la “Société du Port de Rosario”, la que castellanizó su designación como “Sociedad Puerto Rosario”. En 1905 comenzaron las actividades. Diez años más tarde, ya iniciada la I Guerra Mundial en Europa, Rosario era el primer puerto exportador del mundo. Lamentablemente, es a partir de 1939 cuando comienza la declinación del puerto de Rosario coincidiendo con los inicios de la II Guerra Mundial. En 1942, terminó la concesión otorgada a la empresa. Diferentes cuestiones determinaron que la relación entre la empresa citada y el Estado argentino recién quedara resuelta hacia 1966. En ese entonces las instalaciones se extendían a lo largo de 5 km de la costa.
Un nuevo período de auge comenzaría
durante la década de 1990, pero con otras características. Esto ya es otra historia.
La bandera del Puerto
Es una costumbre ampliamente difundida que los armadores de barcos mercantes los identifiquen con sus banderas, también lo hacen las empresas que trabajan en el comercio naval.
La que identificó a la “Sociedad Puerto Rosario” fue muy sencilla, se componía de un paño blanco, con bordura roja y cargaba las letras que se observan (Ver foto, al inicio). Fue un vexilo netamente corporativa que acuñó la empresa para verse representada. Resulta una asombrosa coincidencia que, cuando en el 2004 Rosario adoptó una bandera local recurriera también a un paño blanco, esta vez con el escudo del municipio en el centro.


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