Pequeña historia de una opción
Por Miguel
Carrillo Bascary
Las escarapelas se impusieron como emblema
de nacionalidad en el siglo XVIII, como forma de distinguir en el fragor
del combate a la tropa propia de la enemiga. Era necesaria establecerlo ya que por
entonces no existía el concepto de uniformes diferenciados de cada país. En consecuencia,
eran distintivos militares que,
habitualmente se llevaba sobre en el sombrero y se construían en tela de
colores, que se atribuían a cada nación o región.
Cuando con la Revolución Francesa surgió el ejército popular, se difundió extraordinariamente el gorro rojo que usualmente sumó una escarapela tricolor de forma redonda; desde entonces también los civiles comenzaron a usarla prendida al pecho, a la altura del corazón o en el pelo, las mujeres. Más tarde desapareció el bonete y quedó la cucarda.
A principios del siglo XIX
las escarapelas redujeron su tamaño
y se las comenzó a construir con mostacillas o chapa de metal pintada; al par
que se divulgaron ampliamente entre los
civiles. Paralelamente se difundieron las llamadas “divisas”, inspiradas en las cintas
que reproducían las medidas de la imagen de una Virgen, santo o santa, que
gozaban de popularidad den los santuarios. Por entonces las hoy muy comunes,
medallitas, tenían un costo estaba fuera de las posibilidades de los
peregrinos.
Siempre según el
precedente de las medidas, las divisas incluyeron: lemas, siglas, figuras de
todo tipo y hasta perfiles de gobernantes. En Argentina las divisas federales y unitarias marcaron
una época, particularmente trágica.
Cuando los uniformes nacionales se universalizaron en
los ejércitos la escarapela pasó a ser un complemento esencial e, incluso,
trascendió del ropaje y se pintó en los
equipos militares. No sorprendió entonces que pasara a los tanques y aún a
los aviones[1];
un uso que persiste hasta hoy, pese a que la tecnología permitiría prescindir
de ellas ya que no se necesita visualizar ningún elemento para identificar a la
propia tropa.
El advenimiento de la
educación sistemática en escuelas públicas determinó que se estableciera el uso de escarapelas como distintivo común
tanto para los cursantes como para los docentes, particularmente durante las fiestas patrias. Esto se positivizó a
través de normas que impusieron su uso obligatorio.
La industrialización permitió preparar escarapelas en gran número, tanto en
metal como con textiles, en una enorme cantidad de diseños. De esta manera la
escarapela trascendió los ámbitos de la castrenses y escolares para expandirse en todas las clases sociales,
más allá de la actividad que realizara el portador.
Su sencillez, bajo costo y
forma aleatoria son factores que
caracterizan al emblema, mientras que aseguran su popularidad.
Como reflejo de este
fenómeno, los funcionarios gubernamentales
adoptaron la escarapela en sus atuendos. De esta manera evidenciaron su
nacionalidad y el orgullo de representarla. En los varones, las escarapelas siempre fueron muy simples y se acomodaron
en las solapas, hasta el punto que
muchos trajes aún hoy llevan un ojal sobre el lado izquierdo, que originalmente
se les destinó. Por parte de las damas la creatividad de su vestir permitió fantasías en forma de lazos, piedras,
esmaltes, flores, etc.; generalmente como broches
decorativos.
Entre tanta variedad
también aparecieron pequeñas banderitas.
Un ejemplo clásico, al menos para la cotidianeidad argentina, es el suntuoso
broche que lució por primera vez Eva Duarte de Perón, primera dama del país, en
acto en que se juró la Constitución Nacional de 1949. La fabricó con zafiros y
brillantes por la afamada casa de joyeros Oscar
Heyman Hnos. de origen ucraniano, afincados en Nueva York desde 1912 Esa joya
en particular fue adquirida a la firma Van Cleef & Arpels, de la que Heyman
era proveedora. Se la denominó “Sol de Mayo”.
Este tipo de realizaciones
ya era bastante común a fines del siglo XIX, confeccionadas en metal esmaltado
en colores. El estilo art nouveau les
dio un sofisticado impulso. Vale recordar que Heyman confeccionaba diminutas banderas de E. Unidos y del Reino
Unido con pedrería engarzada en oro y platino desde el año 1917; son
verdaderas joyas, de alto costo. Otros artistas siguieron el ejemplo.
Más allá de la
sofisticación informada el uso de banderitas como broches para la mujer y de
solaperos para los hombres se ha
desarrollado con preponderancia en las últimas décadas. Esto marca una disociación entre la clásica escarapela
en forma de botón, cuadrado o incluso triángulo, de neto origen militar con las
banderitas que abundan en la actualidad.
Claro está que aquellas
que tiene la naturaleza de verdaderas joyas quedan relegadas a las grandes recepciones
o a ocasiones especialísimas, pueden alcanzar precios superiores a la decena de miles de dólares.
Con origen en los estados
Unidos, como tendencia hoy predomina
al uso de banderitas por sobre el de las escarapelas, aunque estas tienen gran
aceptación den Latinoamérica.
De una forma u otra tanto las escarapelas como las banderitas
demuestra a propios y extraños la nacionalidad de su portador o portadora.
[1] Escarapelas y banderas en
los albores de la aviación militar: https://banderasargentinas.blogspot.com/2023/03/escarapelas-y-banderas-en-los-albores.html y también: De aspas, rotores y banderas:
https://banderasargentinas.blogspot.com/2015/10/helicopteros-ybanderas-los-primeros.html
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