miércoles, 23 de mayo de 2018

Tradición en los banners de Windsor

Banners heráldicos en Windsor

La identidad en solemne

Nave central donde se aprecian los sitiales del coro y los estandartes

Por Miguel Carrillo Bascary

La reciente boda del príncipe Harry de Inglaterra puso en evidencia la forma en que está decorado el templo donde se realizó la ceremonia nupcial, la capilla de San Jorge (Saint George’s Chaple) del palacio de Windsor, una de las residencias oficiales de la dinastía reinante.

Como pudo verse en la transmisión televisiva que se emitió con alcance planetario, la nave del templo está ornamentada con una serie de estandartes (banners), a ellos me referiré, pero antes es necesario aportar alguna información sobre el lugar.

La Capilla de San Jorge y la Orden de la Jarretera

La St. George Chapel

El templo fue mandado a construir por el rey Eduardo III (1452 – 1485), último monarca de la casa York y tiene un reconocible estilo gótico que se presta excepcionalmente como ambiente para exhibir los estandartes de que hablaremos.

Durante la Edad Media fue un centro popular de peregrinaciones, pero resultó muy dañado durante la Guerra Civil inglesa. Posteriormente experimentó diversas ampliaciones y refacciones. Desde 1931 su conservación fue confiada a la Sociedad de Amigos de San Jorge y Descendientes de los Caballeros de la Orden de la Jarretera, una organización de caridad.

St. George es la sede capitular de la “Orden de la Jarretera” fundada formalmente en 1348, pero tiene orígenes aún más antiguos. Es la de mayor antigüedad y prestigio en el Imperio. Tiene como lejana reminiscencia a la leyenda de la Tabla Redonda conformada por el mítico rey Arturo, razón que inspira la incorporación de nobles de otras nacionalidades que la británica.

Como su nombre lo indica, el símbolo de la Orden es una liga de color azul oscuro con el lema "Honi soit qui mal y pense" ("Vergüenza para el que piensa mal") bordado en dorado. Existen varias hipótesis sobre la razón de esta curiosa expresión y sobre el simbolismo de la extraña divisa. En los contados casos en que se emplea la prenda, los miembros varones la lucen bajo de la rodilla izquierda y los femeninos la llevan en su antebrazo izquierdo.

Insignia de la Orden

Originalmente, además del Rey (soberano de la Orden) y de su heredero, los miembros afiliados eran veinticuatro a quienes se llamaba “compañeros” (“companions”), una denominación remitía a los equipos que competían en los torneos, algo que denotaba familiaridad y plena confianza entre el rey, el príncipe y sus allegados.

La nominación es una exclusiva y personal prerrogativa real y se otorga por “excepcionales servicios a la Corona”. En la siguiente imagen vemos el uniforme actual que caracteriza a los miembros de la Orden.

Poco más tarde se incorporaron mujeres, pero quedaron excluidas entre 1488 y 1901 año desde el que se volvió a admitirlas, pero no llevaron el título de “compañeras”; sino el de “damas de la Orden”. En 1987, como una manifestación del empoderamiento femenino, la reina Isabel II dispuso que las damas también podían llevar el calificativo de compañeras.

Uniforme, collar y placa de la Orden

A partir de Jorge III (reinante desde 1780 a 1820) se crearon como supernumerarios los “caballeros reales” y con el tiempo se les sumaron algunos “caballeros extranjeros”.

El primero de ellos fue Naser al-Din Shah Qajar, sha de Persia (1873) a quién siguió su sucesor, Muzaffer-ed-Din. Pueden citarse también: el negus de Etiopía, Haile Selassie; y los emperadores de Japón, Mutsuhito y Akihito.
Varios reyes de España pertenecieron a la Orden: Alfonso XIII; Juan Carlos I y actualmente, Felipe VI. 

También se cuenta a los monarcas: Gustavo V y Carlos XVI, de Suecia; Cristian X, de Dinamarca; Alberto, de Bélgica; Fernando y Carol II, de Rumania; Jorge II, de Grecia; Haakon VII y Harald V, de Noruega. A los que se suman los príncipes Guillermo de Prusia; Leopoldo de Bavaria y Pablo de Yugoslavia.
Entre las reinas y princesas foráneas se cuentan: Guillermina, Juliana y Beatriz de Holanda; junto a Margarita de Dinamarca. 

Otros miembros extranjeros registrados en la Orden son: el archiduque Francisco Fernando, de Austria; los grandes duques Miguel, de Rusia y Juan de Luxemburgo; el duque Luis Felipe de Braganza y varios nobles de Alemania.
El emperador del Brasil, Pedro I fue el único americano; también se cuentan varios caballeros australianos y neozelandeses; pero significativamente no se registra ningún canadiense. Posiblemente sorprenda conocer que Napoleón III fue caballero de la Orden. 
Pedro I de Brasil

Atributos de los miembros


En el coro de St. George hay 24 sitiales laterales destinados a los caballeros de la cofradía. Sobre la posición que corresponde a cada miembro penden sus respectivos estandartes, posiblemente el atributo más significativo para los amantes de la Vexilología.

El alto espaldar del sitial permite que luzcan sus escudos heráldicos; una espada ceremonial y la cresta que hipotéticamente podría identificar su yelmo. Seguidamente brindamos algunos ejemplos:





En el respaldo de cada asiento se adosan placas de diversa factura que señala la identidad de los sucesivos titulares.


Cuando un miembro fallece se concreta una ceremonia especial cuya primera edición se dispuso para conmemorar los seiscientos años de la creación de la Orden. Fue ideada en 1948 por el entonces compañero decano, el obispo Eric Hamilton, e implica la ofrenda ante el Altar Mayor de los atributos del miembro fallecido; que luego serán entregados a sus descendientes o permanecerán discretamente reservados en dependencias del templo, fuera de la vista del público. Sin embargo, la placa identificatoria queda en el sitial, señalando la continuidad del vínculo más allá de la muerte. La ceremonia fue formalmente aprobada por Jorge VI en 1952.

Placa de sir Winston Churchill

Los estandartes


Teniendo presente las referencias a los torneos que configuraron el origen de la Orden, los estandartes remiten a los que ostentaban los participantes junto a sus pabellones (carpas) y su escudo, al que golpeaban los desafiantes a duelo singular. Desde 1416 hay constancias sobre la exhibición de estos banners en St. George. El primer registro documentado data de 1503.

 

Los banners heráldicos, entre los que por supuesto se encuentran los instalados en St. George Chapel tienen la peculiaridad de que su reverso no es una imagen especular del anverso. Esto remite a una de las reglas de la Heráldica, donde en el diseño de escudos se tiene muy presente el lado al que miran los muebles (figuras) que cargan. Es así, que la generalidad “mira” hacia la derecha (hacia el asta que sostiene el vexilo) y es la excepción que lo hagan hacia la izquierda, posición de expresa una descendencia no legítima.

Banner del Emperador del Japón (es especular por ser idéntica la forma de colocar la carga)

Podría explicarse que el formato cuadrado de los estandartes obedece al ser llevados a caballo, por lo que sus proporciones los distingirían de las banderas. Sin embargo, si nos remontamos a hacia atrás en el tiempo, encontraremos que las enseñas militares de los siglos XV, XVI y XVII, por lo genera tienen sus lados iguales.

Los banners de los miembros de la Orden instalados en Saint George están sobredimensionados para permitir que sus diseños puedan ser apreciados desde el solado de la capilla.


Otro hecho significativo es que las astas de los estandartes están colocadas en perpendicular a los muros, de manera que los paños caen en vertical permitiendo que puedan apreciarse en su totalidad, ya que, si las astas se hubieran colocado en ángulo, el peso de los textiles los hubiera ocultado parcialmente al observador.

Pero aún hay más al respecto, una acendrada tradición indica que esta forma de exhibir las banderas, estandartes y otros vexilos se reserva a los trofeos obtenidos en guerra, en un próximo post veremos cuanto de verdad hay en esto y como se trasunta en el ceremonial.

Como vemos, la forma en que se disponen los estandartes está destinada a permitir que sus titulares sean fácilmente identificados por quienes los observen, al fin y al cabo, pertenecer a la cofradía era cuestión de honor y de vigilancia. Desde nuestra actualidad diríamos que hay mucho marketing.

Nota: mayor información al respecto puede consultarse con ventaja accediendo a:

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