sábado, 4 de febrero de 2017

“Altares cívicos”

Por Miguel Carrillo Bascary



Uno de nuestros lectores nos pregunta sobre el tema de este post. Intentaremos brindar algunos conceptos que pueden ser de su interés.

Altar patrio de una escuela guatemalteca

Los “altares cívico” son espacios de muy diferentes características destinados a honrar la memoria de alguna personalidad que merezca el reconocimiento de una sociedad que tienen como función visibilizar y recordar.

Desde ya que aclaramos que el término “altar” es inadecuado por cuanto un altar es un mueble ejecutado en piedra u otros materiales. El término proviene del latín “altare”, por su función de elevar dese desde allí sacrificios a un dios. Pese a lo indicado la designación se ha generalizado.

Es importante distinguir los “altares cívicos” de aquellos que levanta la religiosidad popular; las supersticiones o el legítimo cariño de amigos o familiares por una persona  amada.

Los altares cívicos son una forma didáctica de hacer presente algún hecho que se atribuye a la personalidad recordada como forma de incitar a seguir su ejemplo de vida.

Básicamente se estructuran sobre una imagen (fotografía; placa; escultura; o cualquier otra forma se representación); suelen complementarse con algunos elementos que de una u otra forma ilustran la trayectoria o las virtudes del homenajeado.

En principio se evitará emplear símbolos o imágenes religiosas en los altares cívicos; hacerlo sería contradecir su misma naturaleza, pues se confundirán con los altares propios de la religiosidad popular.

Estos “altares” se colocan en espacios públicos en un ámbito privado de uso público. Entre estos últimos lo más apropiado parece ser el atrio de un establecimiento gubernamental o un sector jerarquizado.

Es obvio que no existe ninguna normativa que los regule; pero es factible que cuando estos altares tengan de mayor significación por su volumen o lugar de emplazamiento, se deberá solicitar autorización a la autoridad local. 

Cuando los altares están destinados a resaltar a alguna personalidad de significación nacional (un prócer, por ejemplo) se les dedicarán especiales formalidades, en desmedro de la espontaneidad que caracteriza a los altares de personas del llano.

Como gestos de adhesión o testimonios recordativos, periódicamente pueden colocarse flores o mantenerse encendidas lámparas votivas.

Por lo general los “altares cívico” no escapan de acciones de depredación. Paradójicamente, no ocurre lo mismo con los dedicados al recuerdo de un fallecido o de los así llamados “santos populares” que son respetados por los antisociales ya que piensan que “el difunto puede vengarse de aquella persona” que destruya o quite algún elemento del altar.

En algunos casos estos “altares cívicos” adquieren características religiosas, donde a las personas que se recuerda se les tributa una veneración propia de los santos de la Iglesia Católica. Se generan así una suerte de santuarios donde el agradecimiento al venerado se manifiesta en una aglomeración de ofrendas de todo tipo, en constante incremento.

Como resulta de estas breves líneas, los alteres cívicos pueden confundirse muy fácilmente con aquellos levantados en un contexto de la religiosidad popular o con aquellos propios de prácticas paganas o animistas.


Lienamientos prácticos para un altar patrio

Lo primero será determinar el lugar de instalación. Es vano detenerse en este punto pues la elección dependerá de las características del espacio. Bastará destacar que tiene que hallarse en un lugar digno y, en lo posible, que no se encuentre en un pasillo, para no disminuir su importancia relativa.

En cuanto a sugerir qué con que elementos erigir un altar cívico destinado a destacar un prócer patrio, optamos por su sobriedad, como principal característica. El mismo podría incluir:

·        Una placa importante o una mayólica (que suele tener un costo muy inferior) alusiva, como elemento central. Si se prefiere instalar un busto, aconsejamos excavar una hornacina en el muro ya que una base o pedestal implica restar espacio funcional al ambiente.

·        A su derecha sería factible colocar un mastelero, con 45 grados de inclinación respecto de la pared; allí se instalará un asta con su correspondiente bandera.

·        A la izquierda sugerimos instalar una lámpara votiva, si es posible de características artísticas; previsiblemente de tecnología LED para disminuir el consumo. Se cuidará que la instalación eléctrica quede disimulada.

·        Adosar una superficie adecuada para que allí puedan resaltarse efemérides; frases atribuidas al prócer; láminas y otro tipo de recuerdos que podrán reemplazarse periódicamente. En cuanto a los materiales, podría ser desde una clásica pizarra hasta un tablero plástico; de corcho; madera aglomerada o similar.

·        Eventualmente podría colocarse un soporte destinado a recibir las ofrendas que puedan realizarse: un recipiente para recibir flores o un saliente para soportar una corona cívica.

Con esto debería bastar.


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