jueves, 27 de abril de 2017

Un bis sobre “El uso de banderas  oficiales en eventos protocolares

Serie: Errores  en el Ceremonial

Por Miguel Carrillo Bascary


Estamos intratables, como un agregado a nuestro anterior post que lleva el nombre de referencia hoy traemos otros ejemplo de “desatención” en eventos protocolares oficiales.


El primero en la Cumbre 2010 entre jefes de estado de Francia y del Reino Unido.

Como se observa, las banderas están casi a espaldas de ambos mandatarios y, además ¡la británica se encuentra a la izquierda!

  




Viajamos ahora a Colombia, en oportunidad de la visita del presidente argentino a este país. Aquí las banderas están bien colocadas, pero … el problema surge nuevamente con la argentina; anotamos dos fallas significativas:

1º.- El celeste es muy pálido, totalmente fuera de reglamento (Decreto Nº1650/ 10), como resulta del modelo patrón que seguidamente consignamos.





2º.- El diseño del Sol también se aparta de lo normado (Decreto Nº1650/ 10), si se mira bien, su cara ¡ES BLANCA!

Preside este acto, 
la Bandera oficial de …

Serie: Ceremonial Vexilológico

Por Miguel Carrillo Bascary



El problema en cuestión
Quienes trabajamos en materia de Ceremonial y Protocolo tenemos bien claro que la colocación de banderas en un estrado o en cualquier otro ámbito donde se desarrollen eventos es una cuestión sumamente delicada.

Prueba de ello es el interés que despierta la materia en congresos; cursos y artículos que se publican. Lamentablemente vemos casi a diario errores que se deslizan en al curso de las actividades mejor programadas. El protocolo oficial de las grandes personalidades de estado no se encuentra exento de circunstancias desafortunadas y las gaffes de sus equipos circulan con particular crueldad por las redes sociales.

Aún a los ojos profanos muchas de las irregularidades que atañen a las banderas suelen ser advertidas; deslucen la actividad y a sus organizadores, principalmente.

Uno de los errores de concepto más comunes radica en asignar a las banderas una cualidad netamente ornamental; pareciera que fueran una parte más del decorado donde se cumplirá la actividad.

Debe remarcarse: que las banderas son representaciones del estado, la entidad o la autoridad que las define.

Dicho de otra manera, las banderas “no acompañan el evento”, en verdad son protagonistas destacadas, precisamente porque el estado, la entidad o la autoridad con las que se identifican protagonizan el evento; vale redundar.

También es verdad que el colorido propio de las enseñas y estandartes aportan lo suyo para ambientar el ámbito de la realización; y lo hacen en grado sumo.

Al respecto podríamos aportar una anécdota que seguramente muchos expertos habrá experimentado en parecidos términos. En síntesis:
El gerente de RR.PP. de una importante multinacional supervisaba el recinto donde se iba a presentar un producto, mientras el personal del área lo acompañaba expectante, esperanzados de que se viera el esfuerzo empeñado y al mismo tiempo, temerosos de que el ejecutivo advirtiera algo fuera de lugar. En esta circunstancia el pope manifestó: “Está todo bien, pero …;  no sé …; me falta algo …; a ver ….” Los rostros de quienes lo acompañaban reflejaron la preocupación del caso; en eso, tocado por un rayo de inspiración el directivo exclamó; “¡Ya lo tengo! ¡Hay que poner algunas banderitas y queda todo perfecto!”

El problema es que en la visión especializada “las banderitas” no son objetos de ambientación, sino que tienen un rol fundamental en la actividad del Ceremonial, lo que es igual que decir que su función es parte de la vida misma.

Si se repara en las ceremonias que involucran a las banderas se encontrará que destacan en varios momentos, particularmente: si está previsto su izamiento o arrío; en el ingreso o retiro de un recinto o cuando específicamente el acto incluya un cambio de abanderado y la toma de promesa a la enseña nacional.
A lo que podemos sumar: si se concreta una ofrenda de honor al lábaro (corona; tributo floral o condecoración) y en ocasión de las exequias a un héroe o personalidad pública. También, más precisamente, en las ocasiones en que una entidad reciba en donación un nuevo ejemplar.
Pero, si no ocurre alguna de las circunstancias indicadas las referencias a las banderas faltan totalmente, aún en los guiones ceremoniales más elaborados.

Trataremos de explicar el fundamental error de concepto que origina esta omisión. Tomamos como punto de partida a la mismísima democracia, el sistema político universal, pues aún las monarquías actuales están sujetas a los condicionamientos propios del “estado de derecho”. En una democracia encontraremos que sus diversos niveles estatales; autoridades e instituciones oficiales y privadas se representan con banderas. Cada una tiene su función, pero todas merecen similar respeto, cada una en correspondencia a los entes que corporizan. Por lo que todas y cada una merecen consideración y respeto, precisamente por que se trata de una democracia.

Un ejemplo lo esclarecerá. Cuando se concreta un evento con la presencia de un jefe de estado el locutor oficial, detalla más o detalle en manos, suele indicar:
Preside este acto el Señor Presidente de la Nación…; Don N. N.

Con esta expresión se indica fuera de toda duda, que el funcionario actúa “en representación” de su país lo que indica que los honores que recibe tienen fundamento en el colectivo que esto implica. En el ejemplo, el verdadero receptor de las consideraciones del Ceremonial es el pueblo (titular de la soberanía) que ha dado mandato a ese presidente para que lo gobierne durante un lapso determinado.

De manera similar, corresponde que las banderas (en particular las nacionales) reciban una consideración apropiada, justamente porque representan al pueblo que es el verdadero sujeto de los honores. Lo propio ocurre, con la modalizacion que cada caso demanda, si se considera a las enseñas representativas de entidades de menor jerarquía.

Volvamos al ejemplo; en un acto cívico con participación presidencial el verdadero protagonista es el pueblo de la nación, representado por ese alto funcionario; pero el caso no es tan lineal como lo tenemos asumido, pues en un evento formal no puede faltar la bandera del estado, en esto hay coincidencia absoluta. Más aún, todas las reglas indican que el mandatario “debe” estar acompañado de tal enseña para legitimar y potenciar su intervención.

En consecuencia, tenemos a dos protagonistas de primer orden: la bandera y el funcionario; lo que nos lleva a afirmar que ambos tienen que ser de mencionados en el guión oficial. Veremos de qué manera.

 

La solución al problema
Por nuestra parte postulamos que el locutor oficial debería utilizar un texto similar al que sigue:
Protagoniza este acto la Bandera Oficial de la Nación en representación del pueblo argentino, corporizado en el Señor Presidente de la Nación [etc.; etc.]”

De esta manera se destaca adecuadamente el rol institucional propio de la Enseña nacional; se reafirma la democracia y el concepto de representación que inviste el primer mandatario. Esto es lo justo y esto es lo que corresponde en puridad.

Claro que el enunciado mediatiza al presidente; dicho de otra manera, da mas importancia a la bandera que al funcionario; pero, reitero, en una democracia esto es lo que corresponde. Mal que le pueda pesar al ego del citado y a sus corifeos. La institucionalidad, debe prevalecer; ante todo.

Con la difusión de esta fórmula en la percepción general se tomará conciencia de que las banderas no son meros objetos ornamentales sino que poseen un significado mucho más alto, significativo y honroso; equivalente a la entidad a la que representan.


Pluralidad de banderas
Para estos supuestos la expresión a utilizar será la que se ejemplifica:
Protagoniza este acto la Bandera Oficial de la nación en representación del pueblo argentino, corporizado en el Señor Presidente de la Nación[etc.; etc.] Acompañan, las enseñas nacionales de Paraguay; Chile [etc.] en representación de sus respectivos pueblos, corporizados en la presencia de los señores embajadores [etc.; etc.]

Como pauta de practicidad agregamos, que si en el evento se han colocado numerosas banderas, es factible destacar a la local y englobar a las restantes en una expresión como la que citamos a manera de ejemplo:
Protagoniza este acto la Bandera Oficial de la Nación; la acompañan, las banderas oficiales de las naciones a las que representan los participantes de este Congreso” o bien: “Protagoniza este acto la Bandera Oficial de la Nación; la acompañan, las banderas oficiales de las naciones que integran [y se menciona la a la organización involucrada]


Un caso particular
Párrafo aparte merece explicar cómo debería aludirse a la Bandera argentina. Entiendo que en un acto formal la expresión correcta sería usar: Bandera Oficial de la Nación, de conformidad a la designación específica que utiliza el Decreto Nº10.302 de 1944:
Artículo 2° – La Bandera Oficial de la Nación es la bandera con sol, aprobada por el "Congreso de Tucumán", reunido en Buenos Aires el 25 de febrero de 1818. Se formará según lo resuelto por el mismo Congreso el 20 de julio de 1816, con los colores "celeste y blanco" con que el General Belgrano, creó el 27 de febrero de 1812, la primera enseña patria.”

Así resulta también de la Ley Nº 23.208, cuyo texto dispone:
Artículo 1° Tienen derecho a usar la Bandera Oficial de la Nación, el Gobierno Federal, los Gobiernos Provinciales y del Territorio Nacional de la Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, así como también los particulares, debiéndosele rendir siempre el condigno respeto y honor.”

Si el organizador no fuera profesional podría tolerarse que la mencione como “Bandera argentina”; pero solo por vía de disculpable desatención. La tendencia correcta debería encaminarse a mencionarla tal como en Derecho corresponde.


Otros casos
La mención a las banderas de otros países debería cuidar que éstos sean aludidos usando su nombre oficial. Por caso, no es propio hablar de “la bandera de España”, sino de la “Bandera del Reino de España”. Afortunadamente las herramientas informáticas disponibles permiten que cualquier organizador atento pueda chequear lo pertinente, accediendo cómodamente a las designaciones correctas.

Cuando corresponda presentar la enseña de una provincia, la expresión adecuada será: la bandera de la provincia de ….”; que resulta mucho más exacta que decir: la bandera provincial de …”. Claro está que será inadecuado utilizar el gentilicio (Ej.: “la bandera santafesina”)

Lo propio ocurrirá con otros tipos de enseñas.


Conclusiones

  • Consideramos que las reflexiones que compartimos deben mover al estudio y eventual debate.
  • En lo que sí tendríamos que coincidir es en jerarquizar la presencia de banderas en las diversas circunstancias que marca el Ceremonial; no por simpatía a su humilde condición natural, sino por las representaciones que invisten en una sociedad democrática.
El escudo  argentino 
que pudo ser

Por Miguel Carrillo Bascary


Modelo de escudo nacional sugerido por
la “Academia Nacional de la Historia” (Filial Rosario), 1941


Antecedentes

A comienzos de la década de 1940 se hizo evidente la necesidad de fijar definitivamente la forma en que se debían representar los símbolos nacionales argentinos.

En el caso del Escudo, es conocido que su diseño deriva del sello oficial que usó la Asamblea General Constituyente reunida en el año 1813, esta lo impuso al poder ejecutivo de entonces, el Directorio. El mismo sirvió para acuñar las primeras monedas patrias, con lo que difundió en forma amplia.
Vemos también que este blasón se plasmó en la “Bandera Nacional de la Libertad Civil” que constituyó una proto-bandera del estado en ciernes, ya que llevaba el escudo en su paño, según la usanza vigente a fines del siglo XVIII y principios del XIX. Esta sería sustituida formalmente el 20 de junio de 1816, cuando el Congreso General reunido en Tucumán ordenó la “bandera menor” de las Provincias Unidas de Sudamérica; las dos franjas celeste encerrando una blanca, que hoy identifica a la República Argentina.
Cuando en 1818 se incorporó el Sol en el centro del paño como la bandera de guerra, la carga implicó una apócope o simplificación del escudo que se venía usando desde los tiempos de la Asamblea.
Sabemos que en aquellos primeros años de nuestra nacionalidad hubo una falta de control total en el diseño de la Bandera, situación que se prolongó durante todo el siglo y bien entrado el XX. Hubo banderas que ejemplifican una cantidad asombrosa de diseños de soles; muchas con el Escudo (también en múltiples diseños) y algunas con un sol en una cada y el escudo nacional en la otra.

Lo mismo ocurrió con el Escudo, del que se conocen cientos de variantes.

Como manera de afirmar la identidad nacional en el turbulento periodo que precedió a la II Guerra Mundial el Gobierno argentino solicitó antecedentes a la Academia Nacional de la Historia” para legislar debidamente sobre los símbolos patrios.
La ruptura del orden constitucional en 1943 impidió que el proyecto de ley consecuente pudiera sancionarse, sin embargo la decisión de tratar esta temática continuó adelante, hasta que luego de dictado un decreto de transición (en 1943), se perfeccionó su texto y se llegó a 1944, cuando definitivamente se fijaron los patrones de los símbolos nacionales; bien que en forma imperfecta a tenor de los cánones actualmente vigentes; se trató del Decreto Nº10.302/ 44. Aún hoy, a 73 años de ese último decreto, está faltando una norma que regule con precisión técnica al Escudo nacional; que diariamente se reproduce de muy variadas maneras.


Nuestro cometido

Hoy queremos dar a conocer un documento excepcional que pese a nuestras largas lecturas en la materia no llegamos a conocer sino hasta hace muy pocos meses.
Se trata de un diseño de escudo argentino que se elaboró en el curso de los escarceos que tuvieron como antecedentes el propósito de definir el que debía representar al Estado en forma oficial. Es el que encabeza este post.


Referencias sobre el prototipo

En este punto resulta necesario traer en consideración que en 1940 se convocó a un concurso nacional de anteproyectos para el monumento a la Bandera que se quería levantar en Rosario. Resultó vencedor el lema “Invicta”, en el que se planteaba reproducir el Escudo nacional en diversos sectores del monumento, pero como se trataba de un testimonio destinado a permanecer en el tiempo surgió la preocupación de que fuera correctamente representado.
Aquí fue donde surgió el problema: no había ninguna norma que estableciera con propiedad como ejecutar ese escudo.

En la ciudad  de Rosario funcionaba por entonces una filial de la “Academia Nacional de la Historia”, integrada por prestigiosos historiadores cuya opinión tenía la importancia suficiente para mantener un estrecho vínculo con su entidad madre.
El cenáculo rosarino, que estaba presidido por el doctor Calixto Lassaga, propuso a la Subcomisión del Concurso utilizar el modelo de escudo nacional que se presenta. Así consta en el reverso de la lámina que seguidamente reproducimos.

Dorso de la lámina analizada
En la cartela puede leerse: “Rosario, agosto 8 de 1941. Modelo de escudo que se acompaña a la nota de esta fecha dirigida a la Subcomisión del Concurso del Monumento a la Bandera Nacional. Más arriba consta en letra manuscrita: “Academina Nacional de la Historia (Filiarl Rosario). Agosto 8 de 1941”. Junto con la firma de su presidente y secretario.

Cuando la iniciativa fue recibida se difirió la decisión pues aún faltaba mucho para llegar a la etapa en donde era necesario tallar el escudo. Sabemos que en el ínterin se dictó el decreto Nº10.302/ 44 que estableció el diseño de escudo plasmado en las primeras monedas patrias. Así luce hoy en el Monumento Nacional a la Bandera que este año de 2017 está cumpliendo los sesenta años de su inauguración.

Escudo existente en la Cripta del Monumento,
similar en un todo a lo dispuesto por el Decreto 10.302/44


Juicio sobre el diseño

Llamativamente se utilizaron cuatro colores: el rojo (en el gorro pileo); el celeste (campo superior del blasón y la cinta del lemnisco); el blanco (sector inferior del campo y franja central del lemnisco) y un amarillo/ocre (para el sol, la guarda vegetal y la pica, con una ligera variante indicativa de la carnación correspondiente a las manos.

Como se observa, un modelo muy alejado al naturalismo con que tradicionalmente se había representado.


Entre otras peculiaridades destacan: la forma del pileo y la extraña estructura de la guarda vegetal.

miércoles, 26 de abril de 2017

El uso de banderas oficiales en eventos protocolares

Serie: Errores  en el Ceremonial


Por Miguel Carrillo Bascary




Pareciera innecesario destacar que las personas que se desempeñan en ámbitos donde el Ceremonial y el Protocolo son herramientas de su profesión deben prestar adecuada atención al uso de las banderas. Tan obvia atención se agudiza cuando se involucra a la bandera de un país durante un evento oficial.

Si empleamos los términos con propiedad, no cualquier paño parecido a una bandera es una “bandera”.

Para que caracterizar a la enseña oficial de un país, esta debe reunir las características oficiales. En el único aspecto en que el Ceremonial internacional autoriza adaptaciones es en el formato; ya que su variedad es tal que justifica plenamente la liberalidad.

Sirva como ejemplo la fotografía protocolar que ilustra el presente post. La toma documento un reciente encuentro oficial entre los cancilleres de Argentina y de Bélgica concretado en el Palais d'Egmont, sede del Ministerio de Relaciones Exteriores belga. Si se observa con detalle el Sol de la bandera argentina no se corresponde con el modelo oficial, que vemos en la foto Nº2; esta última tomada en la Cancillería argentina.




Comparemos seguidamente el Sol dispuesto por la normativa vigente y el empleado en la Cancillería belga:

         


Lo expuesto permite puntualizar varias circunstancias:

La forma de la Bandera Oficial de la Nación argentina está determinada detalladamente por el Decreto Nº1650/ 2010. Puede accederse al texto normativo desde la Web del "Instituto Nacional Belgraniano" entidad oficial competente en la materia: http://manuelbelgrano.gov.ar/bandera/normas-iram/

Todo servicio diplomático de un país que mantenga relaciones bilaterales con Argentina debería conocer esta norma y proceder en consecuencia.

La primera foto indicaría que la Cancillería belga no disponía de un ejemplar de bandera argentina de características oficiales; lo que desde ya es una omisión significativa, toda vez que las relaciones entre ambas naciones son sumamente fluidas, como lo demuestra la visita que documenta el encuentro.

La delegación argentino no pudo dejar de notar la incorrecta representación del Sol en la bandera que se atribuye a su país.
La solemnidad de la ocasión y el ámbito donde se concretó justificaban la mayor dedicación en la preparación del entorno ya que era previsible, como ocurrió, que las fotografías que se tomaran recorrieran el mundo; lo que magnificó el error.

El funcionario argentino competente debió señalar el problema a su par belga, en forma previa y discreta, para intentar reemplazar el paño cuestionado con la debida anticipación a la sesión fotográfica.

Este señalamiento no debe considerarse una descortesía del argentino para con su huésped. Ambos debieron asumir que el error los pondría en evidencia. Todo lo contrario el funcionarios belga debió agradecerlo para evitar que se trasuntara el problema.

La inacción del funcionario argentino no solo expuso a su par; también implicó una desatención a sus propios deberes; pues permitió que la Canciller fuera fotografiada al lado de una “bandera argentina” que, técnicamente no lo es.


¿Cómo se debió proceder?

En primer lugar; el funcionariado local debió contar la información necesaria sobre la bandera de la delegación visitante a fin de procurarse anticipadamente un ejemplar acorde a las características oficiales.

En un segundo aspecto; parece haber fallado la supervisión conjunta del ámbito del encuentro, con lo que previsiblemente el error no se advirtió hasta el momento en que ambos cancilleres posaron ante los fotógrafos, momento en que ya no hubo posibilidad de enmienda.

En tercero; como principio general; las embajadas deberían tomar las prevenciones necesarias en diálogo profesional con los funcionarios de Relaciones Exteriores que actúan como huéspedes para proveerlos de la información necesaria sobre la bandera de su país y, eventualmente, hacerles entrega de uno, si a aquellos no les fuera posible solucionar este aspecto por sus propios medios. Subsidiariamente, toda delegación oficial en gira por el exterior debería llevar varios ejemplares de su enseña nacional para facilitarlos a sus pares de otra nacionalidad, en caso se ser necesario.


Moraleja:

En los pequeños detalles se revela la calidad de un servicio


Una enseñanza a capitalixar:

Muchos ejemplares de enseñas que se utilizan son inadecuados por que no se adecuan a las pautas oficiales lo que, en el caso de la Bandera Oficial argentina, se evidencia principalmente en: el color de sus franjas laterales; en el diseño del Sol; la corbata y en la moharra.

Errores que podrían tolerarse cuando se trata de modestas instituciones o en escuelas humildes resultan una desatención grave si ocurren en ámbitos oficiales done la debida atención tiene que ser la regla; máxime cuando se involucra a la Bandera de la Nación.

martes, 18 de abril de 2017

El celeste  de la primera Bandera argentina

Por Miguel Carrillo Bascary


Imágenes según: María Silvia Bustos Thames y el informe Della Védova


1. UNA NOTICIA VINCULADA CON LA HISTORIA

Una reciente noticia renovó el interés de los argentinos por saber si verdaderamente pudo determinarse el color primigenio de su bandera nacional. El periódico “La Gaceta” de Tucumán, tituló el pasado 10 de abril: “Descubren el verdadero color de la bandera argentina gracias a una pieza preservada en Tucumán”, según resulta de:

 


Con la misma fecha el diario Infobae (Bs. Aires) encabezó:
  


De esta información se hicieron eco numerosos medios impresos, radiales y televisivos; al mismo tiempo que también se difundió en las redes sociales.

En la misma se daba cuenta de un informe atribuido a miembros del CONICET que habrían determinado mediante complejas investigaciones técnicas que una bandera que se conserva en Tucumán era de color azul ultramarino. Se especulaba además, que como esa pieza se habría construido en tiempos en que el general Belgrano se hallaba en la provincia, habría seguido las pautas de confección de aquellas que él empleaba y que por ende que el color de la primera bandera nacional correspondía al azul de ultramar y no al celeste con la que tradicionalmente se la considera.

Esto dio lugar a numerosísimas réplicas, lo que en definitiva justifica el presente post.

 

 

1. 2. La bandera del templo de San Francisco

 

La base de la noticia es una de las banderas reliquias que se conservan desde los tiempos en que Argentina luchaba por su independencia; la enseña preservada en el templo de la Orden de San Francisco de la ciudad de San Miguel de Tucumán (1), la más antigua que ha llegado hasta nosotros.

 

Originalmente fue investigada por el historiador fray Luis Cano (franciscano) que difundió ampliamente sus conclusiones en 1971 (2); para sus estudios usó documentación indubitada obtenida de los archivos de la Orden, lo que permite datar la pieza en 1813; pero, de información complementaria su confección se remonta a fines de 1812. Esto coincidiría aproximadamente con la presencia del general Manuel Belgrano en la región, donde el 24 de septiembre de ese año obtuvo un trascendental triunfo sobre el ejército español que salvó la revolución ocurrida en el Río de la Plata. Por esto se ha dicho que el entusiasmo patriótico que siguió a la victoria determinó confeccionar una bandera para uso de la única escuela de primeras letras que funcionaba en Tucumán, la que existía en el convento franciscano.

 

Bernabé Aráoz (1776 – 1824) pater familia de una de las estirpes más acreditadas de la ciudad y que tiempo más tarde será gobernador de la provincia (3) era síndico del convento, función equiparable a la un apoderado de la Orden, encargado de la administración de sus bienes materiales. Cano y otro historiador tucumano, Juan Pablo Bustos Thames (a quien nos referiremos más adelante), destacan que el costo del emblema fue cubierto por el Cabildo de la ciudad de Tucumán, aparentemente bajo la condición de que la enseña fuera prestada para las ceremonias oficiales a desarrollarse en la ciudad; lo que se corresponde con los usos de la época, ya que ese órgano político municipal era el encargado de organizar y solventar las fiestas cívicas, particularmente la del 25 de mayo de 1810, primera efeméride de la nación en ciernes. Esto ocurrido hasta 1815 año en que la corporación contó con un ejemplar propio.

 

Los investigadores apuntan también que la inscripción contenida en la bandera: “A la escuela de san francisco donó bernabe aráoz gobernador” y en el centro “Tucumán 1814 lo que indica una liberalidad personal de Aráoz, que no se corresponde con la documentación que dice haber sido costeada por el Cabildo. Como bien lo señala la referencia al año 1814, la inscripción se habría incorporada en el mismo, pero la bandera ya existía, al menos desde 1813. Sobre el motivo de estas inscripciones pueden formularse varias especulaciones, que abordaremos en otro trabajo.

La pieza se conservó entre los bienes del convento; sin que se registrara en qué lugar o lugares se guardaba o qué uso se le daba, pues a partir de 1815 desaparece toda mención en la documentación de sus archivos. Por sus dimensiones pudo enarbolarse en el templo durante las fiestas cívicas y presidir la participación de los frailes y sus alumnos en los desfiles.

 

Aspecto del templo franciscano de Tucumán hacia 1814

 

Llegado el año de 1920 se realizaron algunos trabajos de restauración que no fueron documentados. Aquí las opiniones difieren pues algunos piensan que entonces se resolvió protegerla encerrándola en un simple marco rectangular que según su aspecto pudo pertenecer a un cuadro; era de madera, con filigrana dorada de yeso, cubierta por un fino vidrio que permitía visualizar el histórico paño. Como era más pequeño que el paño se lo acomodó “arrugado”, plegando también sus bordes; lamentable circunstancia que a la postre le implicó daños. Por la acción del tiempo y de la luz el paño sufrió una extrema decoloración, tal como resulta de la fotografía: para otros estudiosos la colocación en el marco ocurrió en 1964.

 

 

La bandera fue analizada por los historiadores Rómulo Zabala y Nicanor Rodríguez del Busto, ambos pertenecientes a la Academia Nacional. El primero dijo haber analizado la enseña en 1942, aportando brevísimas referencias; mientras que el segundo la aludió brindando  una somera noticia. Esto resulta de dos colaboraciones publicadas en el diario “La Nación” del 24 de septiembre de 1944 y del 8 de julio de 1945, respectivamente (4). Por muchos años estas fueron las únicas referencias disponibles sobre la pieza. De lo que se hizo eco Dardo Corvalán Mendilharzu su historia de los símbolos patrios publicada por la Academia.


Al aproximarse el sesquicentenario de la independencia argentina que se declaró en Tucumán (9 de julio de 1816), se promovió declarar como “monumento histórico nacional” al más antiguo templo ubicado en esa capital, el de San Francisco. Fue entonces, nos informa Cano, que a fines de 1964, se colocó la enseña enmarcada a la izquierda del altar mayor. Esto motivó que Cano comenzara una detallada investigación de la pieza; para ello debió consultar los archivos de la Orden, lo que le permitió caracterizarla adecuadamente.

 

Forma en que se exhibió desde 1964

(Fotografía divulgada en Internet, sin fecha cierta)

 

 

1. 3. La bandera de Tucumán que no fue

 

Cuando en la década de 1980 muchas provincias comenzaron a darse sus propias banderas, quién esto escribe consideró que correspondía que la enseña de San Francisco se oficializara para identificar a Tucumán ya que sus valores históricos así lo justificaban. Ya para entonces su deterioro era muy evidente y solo era legible la inscripción contenida en su centro “Tucumán 1814”; esta leyenda se prestaba excepcionalmente para el significado que se propiciaba pues en ese año se creó la provincia como tal.

 


En el año 2012, fray Marcos Porta muestra evidencias del claro deterioro

(Foto tomada del diario “La Gaceta”)

 

El diseñador y vexilólogo Francisco Gregoric recreó el aspecto que aparentaba la divisa con el siguiente resultado:

 

 

En tal sentido, en 1995 el autor de este post presentó proyecto de ley a consideración de la Legislatura de Tucumán y del entonces gobernador, Ramón (“Palito”) Ortega. Soslayamos aquí detallar el complejo proceso que siguió, lo que haremos en otro estudio. En definitiva, el texto legal que sugerimos finalmente se transformó en la ley Nº6694, pero por las circunstancias que oportunamente expondremos no se adoptó el diseño de la bandera del templo sino otro que se usó entre 1995 y 1999.

 

Bandera oficial de Tucumán adoptada en 1995

 

 

1. 4. Su restauración

 

La proximidad del bicentenario de la independencia argentina (9 de julio de 2016) coincidió con amplios trabajos de restauración del templo de San Francisco (5)  lo que motivó que los religiosos resolvieran encarar la restauración de la bandera reliquia. Podemos afirmar que su estado era desesperante.

 

(Fotografía de Infobae, 15 de abril 2017, que ilustra la nota de Bustos Thames)

 

La tarea que estuvo a cargo de la licenciada Cecilia Barrionuevo, experta conservadora que también se desempeña en la “Casa Histórica” de Tucumán y la magíster Olga Sulca, especialista en textiles, quién revista en la Universidad Nacional de Tucumán. Se esperaba poder exhibirla cuando se concretara la celebración, lo que finalmente no ocurrió. Se sumó a ellas la profesora de costura Nicasia Niembro. Los costos del trabajo fueron afrontados por la comunidad franciscana de Tucumán, a estar a los dichos de fray Marcos Porta Aguilar. La ímproba labor de recuperación merece destacarse, en subrayado, como resulta de comparar la foto anterior y la siguiente. El guardián del Convento y las citadas explican el trabajo desde un excelente video que aporta interesantes detalles en:

http://www.losprimeros.tv/nota/106334/VIDEO_Tras_cinco_a%C3%B1os_de_trabajo,_lograron_restaurar_la_bandera_de_San_Francisco.html

 

Las expertas Barrionuevo y Sulca en una sesión de trabajo

(Foto de Jorge Olmos Sgrosso, tomada de “La Gaceta”)

 

Fue a comienzos del 2014 que el doctor Juan Pablo Bustos Thames dedicó a la pieza un estudio que difundió desde el periódico on line “El Siglo” (Tucumán) y que más tarde concretó en su libro “La bandera del templo de San Francisco – La insignia argentina más antigua” (100 pág, ed. del autor).

 


Puede accederse a un compendio desde: 


 

 

1. 5. Se busca un mecenas

 

Cuando finalizó con éxito la restauración del histórico textil con toda lógica, la Orden Seráfica consideró que tiene otras prioridades religiosas y sociales que le impiden afectar los recursos necesarios para costear el contenedor donde la bandera debería exhibirse en las condiciones necesarias para su debida preservación. Por lo que ha trascendido, este punto permanece sin definición. Sería de esperar que la repercusión de la noticia difundida hace pocos días despierte el interés de algún sponsor que concrete el aporte económico para que la pieza pueda ser mostrada al público.

Desde nuestra óptica, la inversión puede enmarcarse en el concepto de “responsabilidad social empresaria”; sería excepcionalmente apreciada por la ciudadanía y, eventualmente, por aquellos miles que se acerquen a contemplar esta verdadera reliquia cívica. De esta forma se jerarquizará la colaboración de la empresa aportante; esperemos que se concrete a la brevedad.

 

 

2. Noticia para nuestros lectores que no son argentinos

 

2. 1. Creación y evolución de la Bandera argentina (en cuanto a sus colores)

 

A esta altura de nuestro desarrollo, corresponde informar que aquél que es considerado como “creador de la bandera” argentina, Manuel Belgrano (1770 – 1820), abogado, estadista y militar; en oportunidad de hallarse de guarnición en la localidad de Rosario (ubicada en la hoy provincia de Santa Fe), dispuso izar la que el llamó “bandera nacional”. Así lo que comunicó al gobierno con asiento en Bs. Aires (Primer Triunvirato), mediante oficio fechado el 27 de febrero de 1812, cuya parte sustancial dice:


“Excelentísimo Señor: En este momento que son las seis y media de la tarde se ha hecho la salva en la batería de la Independencia, y queda con la dotación competente para los tres cañones que se han colocado, las municiones y la guarnición. He dispuesto para entusiasmar las tropas y estos habitantes, que se formasen todas aquéllas, y les hablé en los términos de la nota que acompaño. Siendo preciso enarbolar Bandera, y no teniéndola la mandé hacer blanca y celeste conforme a los colores de la escarapela nacional; espero que sea de la aprobación de V. E. Dios guarde a V. E. muchos años. Rosario, 27 de febrero de 1812”. (Lo destacado nos pertenece)

 

Este documento oficial que se conserva en el “Archivo General de la Nación”; prueba de manera objetiva que la primera bandera nacional tenía por colores el blanco y el celeste; lo que induce a pensar que el primero predominaba sobre el segundo. Al respecto puede verse en este blog:

https://banderasargentinas.blogspot.com.ar/search?q=carbonnier y también:

https://banderasargentinas.blogspot.com.ar/search?q=cuatro+hip%C3%B3tesis

 

Pese a tan claros términos un sector minoritario de historiadores continúa aseverando que la primitiva bandera usó el “azul”, ya que Belgrano, luego de particularizar los colores como lo hace en su oficio, agregó que lo hizo “conforme a los colores de la escarapela nacional”. Puntualizamos que el decreto que creó la divisa nacional (18 febrero de 1812) consigna que se: “…reconozca y use, la escarapela nacional de las Provincias Unidas del Río de la Plata, declarándose por tal la de los colores blanco y azul celeste”; en lo que encuentran fundamento a su interpretación.

 

El argumento de este grupo menor de la doctrina es forzadamente semántico pues, si se repara bien, Belgrano especificó con suficiente claridad los colores que usó en su bandera, mientras que la frase adicionada remite a su causa-origen. Entendemos que esta mención tenía como objeto ilustrar los fundamentos que el Prócer alegó para proceder como lo hizo, ya que no contaba con expresa autorización oficial para adoptar una decisión tan importante como para crear una bandera nacional. Además, si interpretamos el argumento de esta opinión minoritaria en forma inversa Belgrano habría incurrido en una auto-contradicción como resulta de considerar las líneas que nos dejó escritas: blanco y celeste … conforme a la escarapela”, o sea: “azul-celeste”.

 

Otra circunstancia que contribuye a descalificar la mutación del color radica en que el “azul- celeste”, pese a la falta de precisión técnica del término, remite a un “azul cerúleo” y no al “ultramarino”, que el informe de los científicos del CONICET asigna a la bandera de San Francisco ya que este último es “un azul oscuro”, decididamente. Para determina qué se entiende por esta última expresión bastará consultarlo con un niño, y estar a su respuesta, natural y totalmente desperjuiciada.

Además, reducir la cuestión a la confrontar entre el decreto que creó la escarapela y la descripción de Belgrano implica olvidar numerosos otras constancias escritas (por ejemplo el oficio donde el prócer describe la enseña que presentó en Jujuy y en el río Pasaje) y las que resulta de otras banderas que se han conservado desde aquellos tiempos; en todas prevalece netamente el uso o la mención del celeste, como ya vimos.

 

Personalmente entendemos que la posición que opta por el azul- celeste es respetable, pero no por ello deja de ser equivocada. ¿Qué sentido tendría que Belgrano utilizara el término “celeste” si era de un color azul?

 

Una importante corriente historiográfica identifica al celeste y blanco con el manto de la Virgen María en su advocación de la Inmaculada Concepción; de la que era muy devoto el prócer, como se demuestra en numerosos momentos de su vida. Mas aún, su propio hermano Carlos Belgrano, que desde 1812 era comandante del partido de Luján y alcalde mayor de su Cabildo, manifestó: ‘Mi hermano tomó los colores de la bandera del manto de la Inmaculada de quien era ferviente devoto’ (Confrontar con: http://www.portalunoargentina.com.ar/contenidosver.asp?id=23256&cat=Historias. Lo propio menciona el historiador Eizaguirre (6): José Lino Gamboa, antiguo cabildante de Luján, juntamente con Carlos Belgrano, hermano del General, afirmó que: ‘Al dar Belgrano los colores celeste y blanco a la bandera patria, había querido, cediendo a los impulsos de su piedad, honrar a la Pura y Limpia Concepción de María, de quien era ardiente devoto por haberse amparado a su Santuario de Luján’”.

 

Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción

 

2. 2. Difusión

 

La bandera de Belgrano se difundió aceleradamente entre los patriotas de entonces, aunque de momento no tuviera aprobación gubernamental. Fruto de las urgencias de un país en guerra se replicó con diversos diseños y con distintas cargas sobre su paño; al mismo tiempo que se emplearon los materiales y tonalidades que había disponibles.

 

Los ejemplares más antiguos que se conservan (7) y las descripciones contenidas en documentos de época destacan el uso del celeste.

 

Parece que solo las banderas navales adoptaron el azul porque resiste mejor al sol y a la sal marina; sin embargo, las cartas patentes (instrucciones) entregadas a tal efecto a partir de 1815 indican que debían ser celestes y blancas; pero que en la práctica se habrían empleado con franjas laterales azules. Cuando los corsarios rioplatenses desarrollaron sus actividades en las aguas cercanas a la América Central, los patriotas de la región identificaron esos pabellones con el ideal de libertad, esto hizo que adoptaran el azul y el blanco para sus enseñas, de lo que deriva la coloración de aquellas que identificaron a: Nicaragua, El Salvador; Honduras; Costa Rica; la efímera república de Los Altos y, hasta hace pocos años, a Guatemala. Recién en marzo de 1818 se dictó una norma para que las banderas de uso naval fueran azul, blanco y azul, con el Sol en el centro rodeado de estrellas, pero no hay evidencia alguna de su uso en concreto.

 

 

2. 3. Origen del planteo 

 

Por razones que no están determinadas, entre fines de 1812 y el año 1816 prevaleció el uso de un diseño de bandera celeste, blanca y celeste en horizontal; que el Congreso General reunido en la “Casa Histórica” de Tucumán el 20 de julio de 1816 oficializó como “bandera menor” por medio de un decreto supremo que dispone: "Elevadas las Provincias Unidas en Sud América al rango de una Nación después de la declaratoria solemne de su independencia, será su peculiar distintivo la bandera celeste y blanca de que se ha usado hasta el presente”.

 

Es muy significativo que el proyecto debido al diputado Gascón consignara la combinación “azul y blanca”, pero el texto sancionado consagra el “celeste”; esta variación permite entender que durante el debate se dispuso la mutación por considerarla pertinente; lo que es un argumento capital para los sostenedores del uso de este tono.

 

Más tarde, por ley del 25 de febrero de 1818 se le agregó el Sol que hoy luce la divisa nacional, cuando el mismo Congreso, pero con otra composición, ordenó: ¨(...) Que sirviendo para toda bandera nacional los dos colores blanco y azul en el modo y forma hasta ahora acostumbrados, sea distintivo peculiar de la bandera de guerra un sol pintado en medio de ella (...)

 

Esta referencia al azul es la que genera la polémica que abordamos.

 

Entre 1812 y 1818 se apuntan diferentes documentos que consignan el empleo del “celeste”, en forma mayoritaria (como las “Memorias Curiosas” de Beruti; 8 de mayo de 1813 y 17 de octubre de 1815 o las numerosas patentes de corso extendidas a partir del 27 de mayo de 1815) y muy pocos aluden al “azul”; algunos mencionan el “azul- celeste” (Vgr.: carta de Vigodet al encargado de negocios de España en Río de Janeiro; octubre de 1813)

 

 

2. 4. El azul y las banderas del tiempo de Rosas

 

Durante el segundo gobierno de Juan M. de Rosas en Bs. Aires (1835/ 1852) cuya influencia sostenida con las armas se extendió al resto de las provincias, se puso en evidencia la visceral aversión que éste tenía por el celeste que era el color elegido por sus adversarios, los unitarios. Esto hizo que las franjas celestes de la bandera fueran reemplazadas por un azul oscuro, como lo testimonia la vista de numerosas enseñas datadas en tal período.

 

Poco más tarde, y con total discrecionalidad se incorporaron lemas políticos; gorros frigios (en realidad son pileos) y se enrojeció al Sol. En dos cartas que Rosas dejó escrita justificó el oscurecimiento de la bandera en el uso del término “azul” que surgía del decreto de 25 de febrero de 1818.

 

Digamos también que, en contra de lo que muchos creen, durante el periodo rosista no se dictó ninguna ley o decreto referido a la enseña nacional.

 

Típica bandera de los tiempos de Rosas

 

 

2. 5. 1. La “cuestión del color”

 

El 3 de febrero de 1852, la derrota que sufrió Rosas en Caseros determinó su eclipse político y, consecuentemente, que se volviera a usar el celeste en las banderas argentinas. Sin embargo; esto no fue un absoluto porque subsisten reliquias preservadas en los museos donde se emplean diversas gradaciones del azul y del celeste. Le cuestión, incluso despertó la polémica entre el principal historiador de finales del siglo XIX, Bartolomé Mitre (1821 – 1906), sostenedor del uso del celeste, con Mariano Pelliza (1837 – 1902) que planteaba la tesis del azul. La puja surgió en 1876 y dio en llamarse “la cuestión del color de la Bandera”; la que todavía persiste con renovados protagonistas.

 

Concretando, Mitre fundamentó su mención en: el decreto de creación de la escarapela; el oficio de Belgrano al Triunvirato fechado el 27 de febrero de 1812; el decreto del Congreso de Tucumán de 1816; las “Memorias” del general José María Paz (8); el color del penacho de los “Patricios”; la bandera de la “Orden de Carlos III”; el manto de la Inmaculada Concepción de María y, por último, el cuadro conocido como “el San Martín de la bandera”, retrato pintado bajo expresas instrucciones del Libertador, donde aparece envuelto en la bandera celeste y blanca (Bruselas, 1927). A nuestro juicio Mitre pudo mencionar muchísimos más argumentos, como por ejemplo el retrato que pintó Francois Carbonnier para el que modeló Belgrano en 1815, allí se observan con toda claridad dos banderas que son blancas y celestes.

 

Mariano Pelliza, indica como argumento para el uso del azul: la ley de 1818 emitida por el Congreso; por el que –sostiene- se derogó la disposición de 1816, en base al principio de que “una norma posterior deroga la anterior”.

 

Quién esto escribe tiene formación como abogado, desde la misma añadimos que, si se analiza bien el texto de 1818 se notará la expresión “en el modo y forma hasta ahora acostumbrados”, desde la Ciencia Jurídica esto permite interpretar que la aclaración no implica derogación alguna, por el contrario ratifica la continuidad respecto de la bandera cargada desde entonces con el Sol (la celeste y blanco). ¿Cómo explicar entonces la mención al azul? La respuesta es que esta palabra se usó como sinónimo del celeste. Podrá decirse que esta respuesta es capciosa; a lo que contestamos, que cuando en Derecho se analiza la aparente contradicción entre dos normas el principio aplicable es seguir la interpretación que no implique una abrogación; salvo, claro está que haya una contradicción evidente, que en nuestro caso no la hay. Así lo consagra la jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia argentina y lo convalida para los tratados internacionales la “Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados” (Naciones Unidas, 1969) en su artículo 31.

Además, observamos que la ley de 1818 solo legisla para la “bandera de guerra”, a la que carga con un Sol; pero deja totalmente subsistente la “menor” consagrada en 1816. Este argumento no lo hemos visto reflejado en los cientos de autores que tratan la cuestión. Creemos que es un detalle de gran importancia.

 

Pelliza impugna la tesis tradicional aduciendo que la Heráldica no admite “medios colores” como el celeste. Acompañan este parecer José M. Rosa y Agustín de Vedia. Se citan también las memorias de un protagonista de aquellos tiempos, el general Jerónimo Espejo (9), quien atribuye el azul y el blanco a la bandera usada por San Martín en el “Ejército de los Andes”, sin embargo esta pieza ha subsistido y hoy se nos presenta con un diáfano celeste y blanco; conservada en la ciudad de Mendoza.

 

Desde entonces, a lo largo de los años la cuestión se despertó una y otra vez. La polémica subsiste, sin reparar que diversas leyes y decretos han consagrado la vigencia del celeste y el blanco como colores prescriptos para la Bandera nacional argentina.



2. 5. 2. Los cánones de la Ciencia del Blasón

Ampliando una de las razones que invoca Pelliza, digamos que es veraz que en la Heráldica se emplea el azul (“azur”) y que el celeste solo se admite en forma verdaderamente excepcional. Este argumento sigue siendo empleado por quienes sostienen que la Bandera argentina debe ser de es color.

Por nuestra parte señalamos que la Heráldica es la disciplina de los escudos, mientras que la Vexilología (estudio de las banderas) se rige por sus propios parámetros y que, además, el celeste tiene plena y antigua aceptación (10) en la confección de banderas.

 

 

2. 5. 3. Lo que dicen las normas

 

Además de lo dispuesto por el decreto supremo del 20 de junio de 1816 y de su similar de 1818 hay muchas normas que aluden al color de la Bandera. Ilustramos el panorama con una sintética recorrida.

 

Al final, el 25 de abril de 1885, el presidente Julio Argentino Roca dispuso que las banderas que usara el cuerpo diplomático argentino en el exterior debían ser azules y blancas.

 

El 9 de agosto de 1895, el presidente José E. Uriburu, a pedido del Ejército que consideraba pertinente estandarizar sus banderas, decretó: “La bandera nacional de guerra para el uso de los Cuerpos del Ejército de Línea y de la Guardia Nacional será reglamentaria en la forma siguiente: 1º- Sus colores, azul celeste y blanco, como lo dispone la Ley de su creación”. Este texto contribuyó a confundir a la situación pues recrea la ambigua alusión al “azul-celeste”.

 

Entre el verdadero cúmulo legal referido a la Bandera argentina sobresalen: los decretos: Nº1027 de 1943; el Nº10.302 de 1944 y el Nº1635 de 1978; que fueron tácitamente validados por la Ley Nº23.208 de 1985. Más recientemente, destacamos el Decreto Nº1650 de 2010. Para llegar a la redacción de este último fue necesario casi una década de estudios, en los que participó una enorme cantidad de expertos y entidades; allí se definen con precisión técnica los colores oficiales, utilizando las modernas escalas cromáticas. La normativa aludida puede consultarse en la Web del “Instituto Belgraniano Nacional” desde el link: http://manuelbelgrano.gov.ar/bandera/normas-iram/

 

Desglose de colores según el Decreto Nº1650/ 10

 

En cuanto al uso del azul –celeste pueden computarse los reiterados proyecto presentados por Lorenzo Pepe, que siendo diputado logró el 27 de noviembre de 2001 la media sanción de una ley que así lo estableció, pero cuando pasó al Senado, las negativas repercusiones que suscitó hizo caducar la iniciativa. Por entonces se pronunciaron negativamente varias prestigiosas instituciones como la “Academia Argentina de Ceremonial”; la “Academia Belgraniana”; la “Confederación de Entidades Patrióticas”; el Instituto Americano de Investigaciones Jurídicas y Sociales” y, por supuesto el “Instituto Nacional Belgraniano”.

 

Es significativo que la “Academia Nacional de la Historia” abordó el tema en diversas oportunidades mediante dictámenes fechados el 8 de abril de 1997; el 29 de noviembre de 1999 y el 20 de julio de 2016; en todas ellas ratificó que los colores de la Bandera nacional argentina son el celeste y el blanco.

 

 

3. 1. El informe científico en cuestión

 

Tras esta relación histórica corresponde volver sobre la noticia que motiva este post.

 

Expliquemos en primer lugar que en Argentina, el CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas) es la principal institución del país que se dedica a la investigación; por lo que, en principio, la noticia evidencia contar con un sólido respaldo científico.

 


Iso- logotipo de las entidades comprometidas

 

De esto resulta que por iniciativa personal, el doctor Carlos Della Védova (11), investigador superior del Conicet obtuvo una muestra de la histórica bandera y con un equipo integrado por investigadores del “Centro de Química Inorgánica” (Cequinor), Conicet, Universidad Nacional de La Plata y de la Universidade Federal de Juiz de Fora (Minas Gerais, Brasil) se aplicó al objetivo de analizar su composición.

 

Portada de la publicación

 

El informe fue publicado en la revista internacional on line “Chemistru Select Communications”, Nº10, abril 2017, bajo el título “The Colour of the Argentinean Flag”; bajo firma de los investigadores: Rosana Romano, Rodrigo Stephani, Luiz Cappa de Oliveira y el citado Della Védova. Es accesible desde https://www.researchgate.net/publication/314175748_The_Colour_of_the_Argentinean_Flag también es factible hacer lo propio, con idéntico texto desde https://www.researchgate.net/publication/314175748_The_Colour_of_the_Argentinean_Flag

 

Según resulta en el mismo, las franjas laterales de la bandera existente en Tucumán fueron de color “azul ultramarino”, ya que se usaron pigmentos derivados del lapislázuli. Para un mejor entendimiento aclaramos, implica que tuvieron un color azul oscuro (12). Cuestión que revivió la polémica iniciada con Rosas; debatida por Mitre y Pelliza y replanteada en diversos momentos de nuestra historia, hasta la actualidad.

 

Desglose técnico de los colores de la pieza, según el informe Della Védova

 

Siempre tomando como referencias las notas periodísticas, el profesor Della Védova destacó que “esta no es la bandera que izó por primera vez Manuel Belgrano en febrero de 1812 a orillas del Paraná para distinguir las tropas propias de las enemigas. Pese a esta correcta afirmación la noticia se divulgó erróneamente bajo el titular “Descubren el verdadero color de la bandera argentina”, lo cual induce al error, evidentemente. Al respecto, destacamos que el equipo liderado por Della Védova se limitó a investigar la materialidad de la pieza y que en ningún momento se propuso polemizar sobre su historicidad; esto es evidente. Su actitud fue sumamente profesional y prudente.

 

Profesor Dr. Carlos Della Védova

 

Por otra parte hallamos que en una más reciente entrevista al profesor Della Védova (BBC Mundo - http://www.bbc.com/mundo/noticias-39568901) A la pregunta: ¿Podría esta investigación abrir la puerta para un cambio en la bandera a la que estamos acostumbrados?, éste respondió: "Es un dato de la realidad. Si nos volvemos a atener al color que se promulgó en 1818, el color en ese momento era azul. Puede ser (que cambie), pero eso ya se escapa a nuestra humilde intervención". Sus expresiones parecerían abrir la posibilidad a una mutación, dando por válida la ley de 1818; pero bien aclara el dicente que no fue su propósito buscar tal resultado.

 

Es de lamentar que comentarios hechos a la ligera y repetidos irresponsablemente por otras voces hayan llegado a valoraciones aventuradas vinculadas a cuál fue el color original de la primera bandera nacional, hasta el punto que el informe ha sido ideologizado por algunos; un verdadero despropósito que debe haber sorprendido a los autores del informe.

 

 

3. 2. Un punto omitido en el informe

 

Verdaderamente nos llama la atención que el equipo científico no haya consignado en su informe un aspecto que debió tener presente: indicar de qué parte en concreto se extrajo la muestra analizada.

 

Desde la formación de jurista y de vexilólogo de quien esto escribe, entendemos que debió detallarse ya que eventualmente podrían varias las conclusiones, si la muestra se tomó del área que estaba expuesta a la luz o de aquella que permaneció mayormente a salvo de este agente agresivo. Obviamente la Química podría indicar que eso no incidiría en las conclusiones, pero reitero, debió haberse tenido presente.

 

 

4. REPLICAS POLÉMICAS

 

4. 1. La posición del “Instituto Nacional Belgraniano”

 

Éste es una entidad académica oficial según surge del decreto respectivo emitido por del Poder Ejecutivo Nacional Nº1435/ 1992, que fija entre sus competencias: La colaboración con las autoridades nacionales, provinciales y municipales y con las instituciones oficiales y privadas a fin de fijar objetivos de la enseñanza de la vida del Prócer como, asimismo, el asesoramiento respecto de la fidelidad histórica en todo lo que se relaciona con la persona del Doctor Manuel Belgrano y el estudio y el registro (…) de esfinges, distintivos y emblemas”.

Entrevistado su titular y descendiente del prócer, el licenciado Manuel Belgrano Lastra(https://www.clarin.com/sociedad/ciencia-afirma-color-original-bandera-azul-descendientes-belgrano-celeste_0_BySAKDtal.html), especificó con toda claridad que la noticia recientemente difundida versa sobre el ejemplar de bandera preservado en el templo franciscano de Tucumán y no sobre la primera Bandera nacional a la que se entiende perdida entre las sombras de la Historia.

Recordó también que hay constancias documentales que aquella bandera originaria fue sin duda alguna blanca y celeste (no azul) pues así lo informó de su puño y letra el Prócer al Gobierno de entonces (se refiere al oficio datado el 27 de febrero de 1812) y, finalmente, remarcó que las conclusiones que pudieran extraerse del estudio realizado a la bandera del templo de ninguna manera corresponde extenderlas a la enseña que Belgrano izó por primera vez en Rosario.

 

El “Instituto Nacional Belgraniano” hace muchos años que fijó su posición sobre el tema. Los interesados pueden acceder a la información desde:

http://manuelbelgrano.gov.ar/bandera/dictamen-del-inb-sobre-los-colores-de-la-bandera/

 

 

4. 2. Otras voces autorizadas

 

La licenciada Cecilia Barrionuevo que como lo destacamos, restauró la enseña, una vez conocido el informe Della Védova ha mantenido una muy prudente actitud. En particular manifestó: “Habría que atender muy bien el tema de los colores (…) Debemos consensuar y hacer otro estudio mas profundo respecto de la coloración de la bandera” y “es un tema que todavía hay que estudiar”. Así resulta de una entrevista radial que se le realizara: http://radiomitre.cienradios.com/cientificos-del-conicet-revelaron-el-color-original-de-la-bandera-argentina/

 

La experta en restauración de textiles licenciada Paricia Lissa, quien con su equipo tuvo a su cargo restaurar ambas banderas de Macha (la existente en Bs. Aires y la de Sucre); la “bandera ciudadana” (hoy en San Juan) y otras enseñas de la época, indica que: ni bien conoció la noticia escribió al prof. Della Védova pero que hasta el momento no obtuvo respuesta. Por ahora, observa, que por el aspecto general que presenta la histórica pieza estima que el color de sus franjas laterales debió haber sido celeste; quizás teniendo el primero base índigo, tal como ocurre con las banderas de Macha. Indica también que las sales de estaño que detectaron los investigadores se usaron siempre como carga de la seda y no como medida de preservación. Finalmente explica que la cuestión está materia de análisis con su equipo.

 

El vexilólogo y diseñador Francisco Gregoric duda que la bandera de San Francisco haya tenido franjas de azul ultramar; recuerda que las que aquellas que se han conservado y que  tienen este color (principalmente las de la época de Rosas) lo han mantenido, opacando su tono pero sin desteñir hasta el grado que presenta la de Tucumán; por lo que concluye: las que banderas azul oscuro no se decoloran al celeste (opinión con la que coincide Lissa). Y añade Gregoric, “si esta bandera fue originalmente azul, sería el único caso conocido (y milagroso) de una bandera que se vuelve "celeste".
Señala también, que en las banderas históricas en que se empleó el azul este sigue siendo azul” pese al paso del tiempo y aporta como referencia lo publicado en https://www.si.edu/Encyclopedia_SI/nmah/starflag.htm sobre un ejemplar de enseña de los Estados Unidos datado en 1813. Tras consultar en Internet apunta, que no existe un solo azul ultramarino sino varios tonos que reciben tal nombre, por lo tanto considera que la mención contenida en el informe Della Védova es “es una definición confusa”. Finalmente dice, que el análisis químico-cromático podría indicar que la tintura usada para la divisa de Tucumán contuviera pigmentos "azul ultramarino", pero quizás diluidos o mezclados; en su caso las conclusiones del estudio podrían quedar relativizadas a este respecto.

Otro vexilólogo de nota, Mario Golman, precisa con gran realismo que: “en los tiempos de la Independencia “era todo más precario, sin tantas variantes como hoy día. Se teñía la tela y listo, no había tiempo para detalles, el tema era luchar por la Independencia. Por eso comparto aquello de que "el peor error es mirar el pasado con los ojos del presente".

El ya citado Bustos Thames también expresa su desacuerdo con las conclusiones del informe de los técnicos del CONICET, en la mayoría coincidimos con él. Para no cercenarlo consignamos un link donde se publica íntegramente: 

        Destacamos por nuestra parte, que tanto las Unión Jack del Reino Unido así como las de Estados Unidos y Francia empleadas en el siglo XVIII y en la primera parte del XIX,  mantienen su coloración oscura como lo evidencian cientos de ejemplares.

 

 

Puntualizando

 

- La noticia de la investigación encabezada por el doctor Della Védova versa sobre la bandera que se preserva en el templo de San Francisco en Tucumán.

 

- Diversos medios de comunicación han planteado que el resultado del informe puede extenderse a la bandera original, la izada en Rosario el 27 de febrero de 1812, lo que de por sí es un error de concepto, no inocente.

 

- Las conclusiones que emanan del informe científico solo tienen valor para la pieza en concreto; o sea, la enseña preservada en el templo de San Francisco de Tucumán.

 

- Eventualmente el estudio deberá ser confrontado por otros de similar seriedad.

 

- Son numerosísimas las banderas datadas con anterioridad incluso a 1812 /1813 que siendo azul oscuro o ultramarino han llegado hasta nosotros sin que ni ninguna hayan virado al celeste verdoso que tiene hoy la que se encuentra en San Francisco.

 

- Por su parte el mismísimo general Belgrano consignó en forma oficial que aquella primera bandera nacional utilizó el color “celeste”, no el azul y menos aún el “azul ultramarino”.

 

- Las referencias documentales sobre las banderas de la época que se usaron en el Río de la Plata y en el Alto Perú, consignan que eran celestes y blancas; en su inmensa mayoría.

 

 

Notas

1- El mismo está dedicado a San Miguel Arcángel pero se lo conoce simplemente como de “San Francisco”. Quien desee ampliar al respecto puede ver con provecho un reportaje a su padre guardián realizado en el 2011 con motivo de cumplirse los 150 años de su consagración http://www.lagaceta.com.ar/nota/457175/informacion-general/templo-san-francisco-museo-donde-se-pasea-historia-tucuman.html  
2- Un avance se publicó en 1967 y el trabajo se completó en su opúsculo “La primera bandera argentina en Tucumán”; difundido también por la revista de la junta de estudios históricos de esa provincia.
3- Aráoz gobernó Tucumán cuatro veces: del 14 de noviembre de 1814 al 16 de octubre de 1817; del 12 de noviembre de1819 al 11 de mayo de 1821; del 2 de junio de 1821 al 29 de agosto de 1821; y del 3 de marzo de 1822 a 6 de abril de 1822.
4- Agradecemos a nuestro amigo Francisco Gregoric habernos proporcionado copia de ambas notas.
5- Estos trabajos se concretaron gracias al aporte de la Municipalidad de San miguel de Tucumán.

6- Eizaguirre, Juan M.,La Bandera Argentina”. Peuser. Bs. Aires, 1900, página 43.

7- Ambas banderas descubiertas en Macha; la que perteneció al Ejército de los Andes; la del regimiento de Infantería 7; la de Estopiñan. Véase “Las banderas de los argentinos” de Juan Manuel Peña y José Luis Alonso. Ed. Aluar. Bs. Aires, 2009.
8- “Memorias”, tomo I. pág. 44 (edición de 1954)
9- Las memorias de Espejo se finaliazaron en 1878 y se publicaron bajo el nombre “El paso de los Andes”, Imprenta de Mayo. Bs. Aires, 1882. 420 páginas.
10- Ejemplo de esto es la bandera de la república de San Marino cuyo origen se remonta al siglo IX.
11- Doctor en Química de la Universidad Nacional de la Plata, investigador del Conicet, premio Konex 2013 a la excelencia científica y profesor honoris causa de la Universidad Nacional de Tucumán.
12- Asimilable a las a las banderas usadas entre 1835 y 1852.