domingo, 19 de mayo de 2019

Una desconocida bandera federal y un justo homenaje

Una desconocida bandera federal


La bandera en análisis

Por Juan Manuel Peña y José Luis Alonso

Reproducimos aquí un ensayo de dos eximios vexilólogos de Bs. Aires, Juan Manuel Peña y José Luis Alonso, a quienes ya presentamos en otros post de este Blog. Ellos tuvieron la posibilidad y dedicación de recorrer la mayor parte de los repositorios del país recopilando las reliquias de banderas y en este caso nos presentan esta interesante pieza que había escapado a su relevamiento. El trabajo que se difunde fue originalmente publicado en la “Revista de Historia Militar” N° 7, Buenos Aires, 2016

Sea esta entrada un afectuoso reconocimiento hacia Juan Manuel Peña que nos dejó el pasado 15 de marzo, con quien esperamos reunirnos oportunamente en la Casa de Nuestro Padre. Al final de este pos publicamos una breve referencia sobre su trayectoria profesional; lamentamos no poder consignar el enorme perfil de su bonhomía este consta a quienes nos consideramos sus amigos y, por qué no sus discípulos. Queda para todos los vexilólogos la gran obra que lleva la firma de Juan Manuel. 

Juan Manuel Peña

Un cariñoso abrazo para José Luis, su hermano en el afecto; coautor de este interesante artículo.  

José Luis Alonso

Nota: nos permitimos destacar algunos términos del ensayo original para señalar ciertos aspectos a la consideración de los lectores.

"El hallazgo de una bandera federal olvidada se lo debemos en este caso, a la restauradora Licenciada Patricia Lissa, del Museo de Arte Hispano-Americano “Isaac Fernández Blanco, quién la rescató de un viejo arcón de ese repositorio; la que perteneció a la colección del fundador de la entidad [1]. La enseña representa una parte de la memoria argentina y es el precoz símbolo de toda una época.

Al examinarla, encontramos que la bandera hallada es de gran tamaño, mide 1,88 cm. de largo y 1,35 cm. de alto. Sus dimensiones son compatibles con las izadas en cuarteles y puntos fortificados Esta confeccionada en lanilla, las franjas superior e inferior no son de color azul turquí, sino de color azul, casi negro, mientras la central, originalmente blanca, presenta un color grisáceo. Las diferencias en los colores no pueden ser menos que atribuidos al paso del tiempo y al polvo depositado en la trama de su tejido. Los tres segmentos que la componen, son de igual de tamaño y presenta, en su anverso, cuatro gorros frigios, en color rojo, montados sobre venablos de igual color, en los cuatro ángulos de la enseña. El Sol de color rojo, hoy empalidecido y ubicado en el centro de la franja central, ostenta una corona radiante de 34 rayos ondulados y un rostro casi borrado. Los gorros y Sol han sido pintados sobre la tela. No tiene leyendas alusivas a los unitarios ni a la Federación, como eran obligatorias en las banderas oficiales, años más tarde. Alrededor del Sol, ostenta una leyenda, hecha con sellos, en tinta negra, procedimiento no infrecuente en la época, que indica su origen, “Batallón de los Restauradors” (sic) y no la palabra completa “Restauradores”.

Detalle del atributo central

Con fecha 16 de junio de 1835 puede observarse en el Registro Oficial del Gobierno de Buenos Aires de ese mismo año, Boletín Número 6, Libro 14, apartado del Ministerio de Guerra y Marina, página 165, la “Orden del Día” donde se reglamenta la creación de un nuevo regimiento que se llamó “Restaurador[2].

¡VIVA LA FEDERACIÓN!
           "Buenos Aires, junio 16 de 1835. Año 26 de la Libertad, 20 de la Independencia, y 6 de la Confederación Argentina

Baja de oficiales y creación del Batallón “Restaurador”.
Lista de integrantes del Batallón “Defensores”, castigados por haber participado en la causa nacional de la Federación los unos y haber traicionado los otros…y todos los acusados son dados de baja de la lista militar recogiéndose los despachos y enrolados en la clase de soldados del cuerpo”.

La nómina de los sancionados incluía 4 capitanes, 3 tenientes primeros, 5 tenientes segundos y 10 subtenientes. A continuación, la Orden del Día, establecía la desaparición del mencionado batallón del ejército de la Confederación Argentina:

“En el mismo acuerdo ha dispuesto el Excelentísimo Gobierno, que el enunciado cuerpo de Defensores se llame en adelante Batallón Restaurador y que las compañías de que se compone sean dotadas con los oficiales siguientes…”

Los oficiales asignados se hallaban en las Compañías: de Granaderos: el capitán José Narbona y el teniente 1° Alejandro Arenales; Primera: el capitán Bautista Giles y el teniente 1° Francisco Obregal; Segunda: el capitán Romano Odisio y el teniente 1° Mariano Odisio; Tercera: el capitán graduado de sargento mayor Hilario Rodríguez y el teniente 1° Manuel Altolaguirre; Cuarta: el capitán Santiago Romero y el teniente 1° Juan Domingo Montaña; de Artillería: el capitán: José Antonio Barbarin y el teniente 1° Daniel Capdevilla; Abanderado: Francisco Barrera

La mencionada orden también describía el uniforme establecido para el nuevo batallón:

“El uniforme de la tropa del Batallón Restaurador será una chaqueta grana con vivos blancos, pantalón azul obscuro, sombrero redondo con penacho punzó. La compañía de línea perteneciente a este cuerpo, podrá usar también pantalón blanco y gorra azul con vivos y manga encarnada en los días de parada. Las diferencias que tendrá el uniforme de los jefes y oficiales, se ordenara después de el Comandante del Cuerpo. Lo que se comunica al ejército para su inteligencia y demás fines. Firmado: Agustín de Pinedo” [3].

El firmante, era un general argentino que había tenido una larga y meritoria carrera desde 1804, y que se desempeñaba en junio de 1835 como ministro de Guerra y Marina, cargo que ocupó durante toda la gestión de Juan Manuel de Rosas.

Al frente de la nueva unidad, compuesta por hombres de color, fue puesto el por entonces coronel Agustín Ravelo[4], antiguo combatiente en el ejército del general Juan Lavalle, y quién luego de la batalla de Navarro, librada el 9 de noviembre de 1828, en la cual fueron derrotadas las fuerzas de Manuel Dorrego, pasó a servir en las filas del partido Federal. Ravelo se desempeñó como comandante militar de San Nicolás de los Arroyos y en el año 1833 participó activamente en la llamada “Revolución de los Restauradores”, que finalmente llevó nuevamente al poder a Juan Manuel de Rosas en 1835. El comandante del nuevo batallón, permaneció a las órdenes del gobierno rosista y al frente de sus hombres combatió en la batalla de Caseros el 3 de febrero de 1852, siendo posteriormente dado de baja.

Como 2° jefe del “Restauradores” fue designado el teniente coronel Manuel Macedonio Barbarín[5] “Calabali”, de origen africano, antiguo guerrero de las luchas por nuestra independencia y perteneciente al partido federal, en cuyas filas participó en los sucesos revolucionarios de 1833, durante los cuales actuó como 2° jefe del regimiento “Defensores”, pasando a  servir en el recientemente formado batallón hasta su muerte en 1836.

El cuartel del Regimiento “Restaurador” se encontraba en Buenos Aires, en la calle Defensa entre Méjico y Chile en el llamado “Cuartel de los Restauradores” , siendo conocido también como “ de los negros”[6]. La bandera que hemos descripto es, sin duda, la enseña que flameó allí.

Durante los años 1837 y en los primeros meses del año siguiente, en la sede de esta unidad funcionó un tribunal militar, donde se juzgaron y condenaron aproximadamente 25 hombres acusados de deserción. Lo llamativo es que mientras otros cuerpos realizaban la misma función sobre el personal que revistaba en ellos, en el “Restaurador” se procesaron y enjuiciaron hombres provenientes de los regimientos: “N° 2 y 6 de caballería”, del escuadrón de “Carabineros de Línea”, de los “regimientos N° 3, 4 y 6 de Infantería de Campaña”, del “regimiento de Dragones”, y soldados del “Fuerte Independencia”, del “Azul”, y del “Fuerte de Federación”.

El origen diverso de los sujetos juzgados hace suponer, que las instalaciones del “Restaurador”, fueron utilizadas como penal militar. La sentencia era leída al condenado frente a las tropas en formación del regimiento Restaurador, en presencia del coronel jefe del cuerpo, oficiales, sargentos y cabos y se acompañaba de la formal advertencia que, en caso de reincidencia, los capturados serían fusilados inmediatamente.

De las 25 causas examinadas, todas correspondían a causas de deserción. Las sanciones impuestas, eran someter al culpable a un “recargo” de su permanencia bajo banderas, que oscilaba entre 3 y 6 años, que podía o no cumplirse en el regimiento del condenado. Esta pena iba acompañada, en todas las causas, de la aplicación de azotes, castigo habitual y reglado en las ordenanzas de los ejércitos de la época, cuyo número oscilaba, según los atenuantes o agravantes, entre un mínimo de 150 a 300.

Todas las actas que daban cuenta de lo cargos, condena y castigos aplicados fueron firmadas por el coronel Agustín Ravelo, el teniente coronel Manuel Barbarín, y otros 13 oficiales, entre los que figuran Juan Bautista Giles, Valentín Casado, Joaquín Herrera, Francisco Barrera y José M. Narvona. Entre las actas halladas se hallan 3 condenas a muerte, recaídas en reincidentes.

Juan Manuel de Rosas, con su conocida vocación de detalle para todos los actos de su gobierno, ordenó y reguló con exactitud la confección de banderas argentinas con los colores azul turquí en la franja superior, que es el color azul más oscuro, algunos dirían casi negro, blanco en el centro y azul turquí en la franja inferior, siendo las tres franjas de igual anchura. Estas enseñas tenían leyendas diversas contra los miembros del partido Unitario del tipo de “Mueran los salvajes unitarios”, “Viva la Confederación Argentina”, “Federación o muerte”, etc. y ostentaban en los cuatro ángulos de las mismas, un gorro frigio de color rojo, color por otra parte como es sabido, afín con la causa federal, montados sobre picas. En el medio de la franja central blanca mostraban generalmente un escudo de la Confederación Argentina o un sol en color rojo, con rayos flamígeros, con rostro, como puede verse en las que se han conservado hasta nuestros días.[7] Además de las leyendas que denostaban a los enemigos políticos del régimen, tenían también en alguna de sus franjas la pertenencia a un Regimiento; por ejemplo “Batallón Provincial”, “Patricios de Buenos Aires”, etc. Algunos de estos pabellones pueden verse en el Museo Histórico Nacional de Buenos Aires.

La primera bandera de este tipo, fue entregada por Rosas al coronel Vicente González, el famoso “Carancho el Monte”, el 23 de marzo de 1836, precisamente en el pueblo de San Miguel del Monte, localidad ubicada a 110 kilómetros de Buenos Aires, cerca del cual Rosas era propietario de la estancia “Los Cerrillos” y donde estaba alojado su “Regimiento Colorados de Monte”, diciéndole en una carta anexa:

"He entregado al Coronel una hermosa bandera que debe remitir a Ud. en primera oportunidad, con el correspondiente oficio. Esta es para los días de celebridad en ese punto. Sus colores son blanco y azul oscuro, con un sol colorado en el centro y en los extremos el gorro punzó de la libertad. Esta es la bandera nacional por la ley vigente. El color celeste ha sido arbitrariamente y sin ninguna fuerza de ley introducido por las maldades de los unitarios. Se le ha agregado un letrero de “¡Viva la Federación” ¡Vivan los federales!, ¡Muera los unitarios!"

Hasta marzo de 1836 puede afirmarse que las banderas federales no tenían los aditamentos que Rosas menciona en su carta a González.

Las características de la bandera del “Batallón de los Restauradores” permiten datar su confección antes de marzo de 1836, según hemos relatado, durante la primera época del gobierno de Juan Manuel de Rosas, seguramente entre los años 1833 a 1836 y probablemente sea la más antigua de las que conservan.


Referencias

[1] Comunicación de la Licenciada Patricia Lissa a los autores. Años 2014 y 2015.
[2] Registro Oficial de la Provincia de Buenos Aires. Vol. 14- páginas 165 167-168-169. Archivo General de la Nación. Secc. Gobierno de Rosas. 25-4-1.
[3] Yaben, Jacinto R. Biografías Argentinas y Sudamericanas. T. IV. Editorial Metrópolis. Buenos Aires.
[4] Ibídem.
[5] Yaben, Jacinto R. Biografías Argentinas y Sudamericanas. T. I. Editorial Metrópolis. Buenos Aires.
[6] Bottini Caride, Atilio. Antiguos cuarteles de Buenos Aires. Todo es Historia. Año V, N°51 julio 1971. Buenos Aires.
[7] Peña Juan M. y Alonso, José L., Las banderas de los Argentinos.200 años de historia. Edición de Fate-Aluar, Buenos Aires, 2010.

Archivos: A.G.N : Secc. Gobierno de Rosas. 25-4-1. Buenos Aires

Repositorio:  Museo de Arte Hispano-Americano Isaac Fernández Blanco, año 2015

Bibliografía:

Celesia Ernesto H. Rosas. Aportes para su historia. T. I y II. Edit. y Librería Goncourt. Buenos Aires 1969
Comando en Jefe del Ejército. Reseña Orgánica del Ejército Argentino. t. I. Círculo Militar. Buenos Aires 1967
De Lellis, Juan C. Las banderas de Rosas. Todo es Historia. N° 19, noviembre. Buenos Aires. 1969.
Peña Juan M. y Alonso, José L. Las banderas de los argentinos- 200 años de historia. Edición de Fate-Aluar, Buenos Aires, 2010
Prando, David. Símbolos de las banderas de Rosas. Revista del Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas. N° 38 enero- marzo 1995. Buenos Aires
Ramos Mejía José M. Rosas y su tiempo. T. I y II. Ed. O.C.E.S.A. 1952.  Buenos Aires.



JUAN MANUEL PEÑA

Contador Público (Univ. de Bs. Aires)
Magister en “Historia de la Guerra”, Escuela Superior de Guerra del Ejército Argentino
Miembro del “Instituto Nacional Newberiano”
Integrante del “Grupo de Historia Militar” de la Academia Nacional de la Historia.
Miembro de la “Sociedad Española de Vexilología”
Conferencista
Corresponsable del blog “Surcos en la Historia” https://surcosenlahistoria.wordpress.com
Coautor de más de sesenta artículos sobre temas históricos en diversas publicaciones del país y del exterior, y de los libros: Ingleses en el Paraná 1845: Vida y cartas del Almirante Bartolomé J. Sullivan; El año de la sangre. 1860-1865; Historias casi desconocidas de la Historia Argentina; La Vuelta de Obligado y la victoria en la Campaña del Paraná; Las Banderas de la Guerra Civil Española 1936-39 y, por supuesto, su monumental “Las banderas de los argentinos”, obra fundamental para la Vexilología argentina y mundial, cuya portada se reproduce en homenaje.


MCB

sábado, 18 de mayo de 2019

La perla del Tirreno

Símbolos de Capri


Vista de la localidad

Por Miguel Carrillo Bascary


La maravillosa isla de Capri, centro del peregrinaje incesante de turistas que la recorren a diario y que anhelan poder ingresar a su famosísima “Gruta Azul” es una pequeña comuna de solo 4 kim2 que se convirtió en la meca del jet set internacional a fines de los años 50. Como se sabe se encuentra en el golfo de Nápoles, aunque muchos de sus visitantes no tienen presente que se enclava en el Mar Tirreno.

Administrativamente depende de Nápoles y pertenece a la región de la Campania. Los órganos políticos de la jurisdicción son: el Síndico, el Consejo Comunal y la Junta Municipal.


Su Ayuntamiento, en donde lucen la bandera de la C.E.; la de Italia y la de la localidad

En cuanto a sus símbolos, el estatuto los define así: “Escudo de armas y estandarte. Las características del escudo de armas de la Municipalidad son las establecidas por el decreto del Jefe de Gobierno de 28 de enero de 1938, modificado por el decreto de posesión del 26 de octubre de 1944”.



El escudo tiene las siguientes características: plata para la figura de San Costanzo, bendiciendo, vestida al estilo bizantino, con casulla verde, con halo y en la mano izquierda un báculo pastoral en oro. La corona torreada alude la condición política de la comunidad. El lemnisco lleva los colores de Italia.  El Santo es el patrono de la isla, fue un obispo que vivió en el siglo VII quién evangelizó el sur de Italia; poco se sabe de él. Su fiesta es al 14 de mayo. La casulla verde ornamentada en blanco se corresponde con los colores de la bandera. El verde es el color litúrgico correspondiente al "tiempo después de Pentecostés".


El gonfalón (bandera) se compone de “dos campos de igual tamaño, divididos horizontalmente, blanco en la parte superior y verde en la parte inferior".

La "Gruta Azul"

Historia y grandeza de la escarapela argentina


En el día de la Escarapela argentina


Por Miguel Carrillo Bascary

Orígenes y normativa

Las escarapelas, como las llamamos hoy, surgieron como divisas militares en tiempos donde la uniformidad era tan variada que en el fragor de las batallas existía el peligro de confundir a camaradas de armas con los enemigos. Por este motivo fueron mucho más grandes que las que actualmente empleamos (1) y, por lo general, se colocaban en el lugar más visible de un combatiente, su cubrecabeza y/ o su pecho.

Como objeto funcional adoptaron diversas formas, desde simples tiras de género hasta el clásico modelo que llamamos cucarda. Fue durante la Revolución Francesa cuando se popularizó entre los civiles, atento a que éstos fueron convocados como parte del ejército en activo. De hecho, fue el propio Luis XVI quién formalizó la cucarda tricolor. Lo cierto es que estas divisas se divulgaron por todo el mundo tomando como referencia general el color de las banderas estatales.

Cucarda Revolucionaria

Fue durante la Primera Guerra Mundial cuando, precisamente en Francia, sus aviones ostentaron la escarapela pintada en sus estructuras; una manera práctica de poder distinguirlos ante la imposibilidad de que se usaran banderas. El uso se generalizó en todas las naciones y aún persiste.

Las tropas que protagonizaron la Reconquista y la Defensa contra la intentona británica de ocupar el Virreinato del Río de la Plata en 1806 y 1807 emplearon con toda lógica la divisa que distinguía a los ejércitos realistas, una cucarda roja, la que se mantuvo en uso hasta febrero de 1812, cuando el Triunvirato, a pedido de Manuel Belgrano. decretó la “escarapela nacional” que nos distingue.

Cucarda del histórico Regimiento "Patricios"

Aunque no debemos olvidar que el agrupamiento de tropas convocado por Juan Martín de Pueyrredón en la chacra de Perdriel para oponerse a los ingleses, empleó como señal de reconocimiento las “medidas de la Virgen de Luján”; dos cintas en celeste y blanco cuya extensión estaba pautada por la altura de la venerada imagen. Cabe aclarar que este tipo de cintas son un sacramental (2) católico que se distribuyen en los santuarios marianos de todo el mundo a manera de recuerdo del paso de un peregrino por el lugar; como ejemplo presentamos una "medida" correspondiente a la Virgen del Pilar


El primer dato documentado sobre el empleo de una escarapela en lo que hoy es nuestro país, fue en la ciudad de Mendoza, cuando su gobernador intendente, José Moldes, comunicó al gobierno de Bs. Aires haber organizado dos compañías de alabarderos, a dijo haber señalado vestir una “escarapela nacional, que he formado con alusión al sur, celeste, y las puntas blancas por las manchas que tiene este celaje que ya vemos despejado” (oficio del 31 de diciembre de 1810). También en esa ciudad se habría visto a un patriota con esta divisa, el patriota Manuel Corvalán, el 6 de junio de ese año, tal como lo recuerda años después el realista Faustino Ansay en sus “Memorias”.

Puede afirmarse con alto grado de verosimilitud que el primer lugar donde se empleó oficialmente la escarapela nacional fue en el poblado de Rosario, cuando el 27 de febrero de 1812 Belgrano hizo izar por primera vez la que hoy consideramos la bandera argentina. Precisamente el prócer dejó expresado en sus escritos que hizo la bandera conforme a la escarapela que, por su pedido, había sido decretada por el Triunvirato el día 18 de ese mismo mes. En esta norma se dispuso abolir la roja que se usaba hasta entonces.

Nuestra escarapela en su formato primigenio

El más cercano antecedente sobre esta divisa es la Real Cédula del 14 de enero de 1801 por la que se puso en vigencia el “Reglamento para las milicias disciplinadas de infantería y caballería del Virreinato del Río de la Plata” ordenó que se usara “cucarda encarnada” (artículo 48; Capítulo I). La normativa castrense estableció la escarapela “encarnada” por medio de las Reales Ordenanzas de 1768 (Título IV, artículo 1º)
Referencias pictóricas nos permiten conocer que en sus primeros momentos las escarapelas usadas por los patriotas tuvieron centro celeste y corona blanca.
En este aporte no puede dejar de señalarse que a lo largo de nuestra historia diversas fracciones emplearon distintivos que podemos caracterizar como escarapelas, pero no como “nacionales”. Por ejemplo: la Sociedad Patriótica que se distinguía con cucardas celestes y centro blanco; o los “revolucionarios del Parque”, que emplearon cintas blancas, rosas y verdes.

Desde su aparición en Rosario uso se difundió rápidamente y se incorporó como parte de los uniformes de los ejércitos rioplatenses. Prueba de esto resulta el decreto de 13 de marzo de 1812 que fijó las “Instrucciones a los comisarios de guerra” donde, respecto a los uniformes de los oficiales superiores se ordena que comprende: “bastón y escarapela nacional” (art. 7) y que, hasta la entrega de uniformes a los reclutas, se les distinga por “la insignia de la escarapela” (art. 28).

Sombrero elástico usado por el almirante Brown

También puede mencionarse al decreto del 20 de abril de 1812, dictado por el gobernador intendente de Córdoba, Santiago Carrera, cuando dispuso que compone “de los dos colores blanco y azul celeste”; que será de uso exclusivo de las “tropas de la patria”; prohibió el uso de cualquier otra escarapela (especialmente de aquella de color rojo que identificaba a las tropas coloniales y permitió su uso facultativo a los particulares; además de fijar sanciones discrecionales por las contravenciones a lo ordenado. Esta norma, que consta en el “Registro Nacional de Leyes” (tomo I, página 139) permite entender que cada autoridad delegada por el gobierno pudo dictar normas similares. El 4 de marzo de 1814, nos habla de la escarapela otro decreto que dictó el director supremo, Gervasio Posadas, disponiendo que los militares retirados la usaran en sus uniformes. Ordenes similares dirigidas a otros efectivos resultan de los decretos de 22 de septiembre y 3 de octubre.

Así llegamos al decreto del 23 de enero de 1816 del director supremo Alvarez Jonte, en el que se ratifica que el uniforme de los cuerpos de líneas, milicias y retirados tenga “sombrero armado con escarapela nacional”; norma que consagró un uso ampliamente divulgado.

 

Los años pasaron y mucha sangre de hermanos corrió por las tierras argentinas; en tiempos de Rosas los unitarios se identificaron con la escarapela nacional y por orden del gobernador de Bs. Aires se impuso el rojo (decreto del 3 de febrero de 1832), paradójicamente el mismo que otrora emplearon las tropas coloniales.

Fue el 25 de julio de 1853 en que el gobernador de Bs. Aires, pastor Obligado dispuso que la “cucarda nacional [sic] es símbolo de unión y paz” y faculta su libre uso. Atento al contexto histórico y al significado atribuido, personalmente considero que esta fecha y no otras debe considerarse como el verdadero “día de la Escarapela”; pero, claro solo es mi opinión.

Sucesivos reglamentos de uniformes se detuvieron en la escarapela prescribiendo en algunos casos que se presentara elaborada en mostacillas; en raso o en metal esmaltado.

El 13 de mayo de 1935 el Consejo Nacional de Educación formó una comisión oficial con el fin de organizar el “día de la escarapela” al 18 de mayo, el antecedente más lejano de la conmemoración de la fecha. Pero recién fue el 4 de abril de 1941 en que esta misma autoridad oficializó la efeméride.

En 1951 una resolución del ministro de Educación cambió la fecha por el 18 de mayo; lo que jerarquizó una resolución del Consejo Nacional de educación del 12 de mayo de 1960.


Una referencia discutida

Alegoría escolar

A esta altura del relato es lógico que muchos se preguntarán ¿… y qué fue de las escarapelas que French y Beruti distribuyeron en los sucesos de la Semana de Mayo de 1810?

La respuesta es muy simple, la actuación de estos agitadores que la historia oficial, a partir de una tradición recogida por Mitre, nos los presentan como jóvenes entusiastas que tuvieron la inspiración de componer y distribuir cintas celestes y blancas durante los acontecimientos que determinaron el derrocamiento del virrey y la formación del primer gobierno patrio dando origen a la escarapela nacional no es más que una leyenda urbana que inexplicablemente se sigue enseñando como verdad histórica en muchas escuelas argentinas.

Para conocer más sobre esta cuestión tan poco tratada pueden verse lo apuntado en http://banderasargentinas.blogspot.com/search?q=Escarapela


¿Qué es la escarapela”

Su naturaleza como emblema de la nacionalidad, además de la tradición queda probada con las citas normativas realizada; pero cabe señalar que no podemos considerarla como un “símbolo”, por cuanto no se la menciona en el Decreto Nº 10.302/ 1944 que definió como tales a la Bandera, al Escudo y al Himno nacionales; omitiendo significativamente a la escarapela. Precisamente, esto es lo que faculta que el emblema pueda usarse con múltiples formas, lo que no ocurriría si hubiera quedado estratificada en una norma. Este criterio es el que sostiene la mayor parte de los estudiosos de estos temas.

En mérito a la verdad histórico no puedo soslayar que el Decreto Nº 858/ 1999 aclaró sin mayor expresión de fundamentos que la escarapela era un “símbolo nacional”; pero el posterior Decreto Nº233/ 2001, derogó el anterior restituyendo la situación al estado anterior.

Uso de la escarapela

De hecho, corresponde su empleo a todos los miembros de las Fuerzas Armadas y de seguridad que visten uniforma. Mientras que la falta de alguna norma proscriptiva autoriza que los civiles la llevemos cada día del año y, con particular referencia en las Fiestas Patrias y sus vísperas.


Reflexión final

En su sencillez la escarapela nacional posee un hondo significado para las tradiciones argentinas; ella lució en los pechos y cubrecabeza de aquellos que literalmente lucharon por la emancipación y la organización de nuestro país; tanto en los primeros tiempos de nuestra historia como posteriormente en los diversos hechos de armas en que muchos debieron arriesgar y hasta perder la vida para asegurar la vida de nuestro pueblo. También en los millones de niños que más tarde la llevaron sobre sus pechos. 

Hoy sigue luciendo en aquellos que con todo orgullo nos sentimos argentinos.


Notas
1.- Constan ejemplares que miden 10 y hasta 15 centímetros de diámetro.
2.- Sacramentales: “Son signos sagrados con los que, imitando de alguna manera a los sacramentos, se expresan efectos, sobre todo espirituales, obtenidos por la intercesión de la Iglesia. Por ellos, los hombres se disponen a recibir el efecto principal de los sacramentos y se santifican las diversas circunstancias de la vida" (Catecismo de la Iglesia Católica; Nº 1667)

jueves, 16 de mayo de 2019

Sobre la prohibición de una tradición nacional

Un supuesto proyecto oficial, afortunadamente desmentido


MCB

Conocimos hace algunas semanas de una aparente maniobra para que repudiaba un proyecto emanado de un órgano oficial que prohibiría realizar la promesa a la Bandera en las escuelas, en donde, erróneamente, se aludía al “juramento”.

Obviamente que nos preocupó ... y mucho, ya que la ceremonia es una de las tradiciones más acendradas en los rituales escolaras y sus fines son absolutamente válidos.

Como argumento se indicaba, que era un gesto que "promovía el odio" a todos los que no fueran argentinos, o poco menos.

La verdad es que esa pretendida excusa nos conmovió; no entendemos de qué manera prestar lealtad a la Bandera es promover el odio hacia otros grupos humanos.

Lo que sí se nos hizo evidente fue que se amañaba alguna maniobra tendiente a privar a los argentinos de un ritual ampliamente aceptado; sumamente positivo y emotivamente valioso que fortalece el sentido de nacionalidad sin agredir a nadie. 

En el mes de abril, el portal “Chequeado.com” daba a conocer la verificación practicada por sus equipos, lo que me permito reproducir.

“Es falso que el INADI quiere prohibir el juramento de la bandera

Por Imanol Subiela Salvo
17 Abril, 2019 | Tiempo de lectura: 1 minuto

Desde el organismo no se afirmó nada similar ni se propuso nada como esto, según le confirmaron a Chequeado.
Las desinformaciones no dan ningún tipo de detalle de cuándo ni dónde se habría propuesto.
Circula en Facebook una publicación de la cuenta “Movimiento Dignidad Nacional” que afirma que el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI) quiere prohibir el juramento a la bandera en las escuelas porque considera que “promueve el ‘odio hacia otras culturas’ por jurar y defender una sola bandera, ya que el mundo es multicultural multipolar, debido al nuevo orden mundial”. Sin embargo, todo esto es falso: desde la institución aclararon que no propusieron algo así y, además, no hay ningún tipo de comunicación oficial publicada que afirma lo que señala la desinformación.

El post que publicó esta cuenta fue compartida más de 12 mil veces en Facebook, según los datos de la propia publicación. Además, recibió casi 5 mil comentarios y 4.500 reacciones.

Chequeado se contactó con el INADI para conocer más detalles sobre este tema. Desde la institución afirmaron que se trata de un contenido falso, ya que desde el organismo no propusieron prohibir el juramento a la bandera en las escuelas ni nada similar.

El post con la desinformación copia un texto publicado por el sitio Argentina Today. Según se detalla, la fuente de la que habría salido lo que publicó esta web es una cuenta de Facebook llamada “Proyecto Segunda República Calamuchita”. Sin embargo, la página ya no existe y el supuesto post no está disponible.

A pesar de que la publicación en Facebook copia el texto del sitio web ya mencionado, en ningún caso se aclara quién habría dicho eso o en qué marco el INADI propondría que se prohíba jurar la bandera. Además, no hay ningún tipo de comunicación oficial, ni publicación en la web del INADI, que respalde lo que afirma la desinformación (ver acáacá y acá).




Sobre esto …

Lo expuesto eximiría de mayor consideración, al parecer la info que originó tantas preocupaciones ha sido una “fake news” de las tantas que circulan en esta nuestra convulsionada y ultrasensible sociedad.

Sin embargo, la gravedad de que la noticia fuera cierta  justificaba ampliamente  el temor que justificadamente inspiró.

Cuando un amigo que tengo, muy desconfiado él, supo de las conclusiones, me comentó: "Eso del proyecto del INADI ...  ¿No habrá sido un “globo de ensayo”?