jueves, 21 de septiembre de 2017

Cambian la peor bandera cívica de  los Estados Unidos, Pocatello


Por Miguel Carrillo Bascary


La nueva bandera

En materia de gustos no hay nada escrito, desde la subjetividad todo vale pero es una realidad que puede discutirse. Esto ocurrió con la bandera que identifica a la ciudad de Pocatello (Idaho, Estados unidos)

La prestigiosa North American Vexillological Association (NAVA) publicó en el volumen 12 (2005) de su boletín “Raven”, un estudio muy interesante del vexilólogo Eduard Kaye titulado “The american city flag suvey 2004” donde analiza la expansión de la adopción de banderas municipales en los Estados unidos (Ver desde: https://nava.org/digital-library/raven/Raven_v12_2005_p027-062.pdf). En su trabajo se detuvo en aquellos que el autor considera los diez mejores diseño, entre los que incluyó en orden decreciente a los que brindamos acto seguido:

 Washington D.C.

Chicago (Illinois)

Denver (Colorado)
  
Pero también seleccionó otras diez banderas a las que consideró caritativamente como las peores entre las peores (worst). La tercera y segunda en orden de espanto serían las siguientes, a juicio del experto:


Rapid city (Carolina del Sur) (Imagen diseña por Martins -Tuvalkin/ FOTW)

Huntington (West Virginia) (Imagen diseña por Martins -Tuvalkin/ FOTW)

Pero la que se coloca al tope en el ranking, contrariando todas las reglas de la Vexilografía sería la de Pocatello (Idaho). En este caso coincido totalmente y creo que cualquiera que lea este post también lo hará.
  



Un somero análisis nos indica que: el 50% del paño está cubierto con inscripciones; para colmo luce una referencia ¡de copyright!; además los dos triángulos violáceos indefinidos; borrosos. Otra imagen ha eliminado la linea inferior, pero solo es un paliativo entre tanto despropósito.


La autoridad municipal aclaró en algún momento que la enseña era extra-oficial; que se había elaborado a partir de una propuesta de la cámara de comercio local. Nada la exime de crítica, los errores resaltados la descalifican, totalmente.

La difusión de estas consideraciones promovió un significativo movimiento popular en Pocatello que exigió a sus autoridades municipales cambiar dicho adefesio. Eso sí, les tomó un tiempo. En el año 2016 se formó un comité oficial destinado a seleccionar una nueva bandera de dicha ciudad que alentó a la población para presentar iniciativas. Se recogieron 709; una selección final definió seis propuestas finalistas.

Finalmente se tomó una decisión y desde hace pocas semanas Pocatello luce su nueva bandera, se podrá opinar sobre ella, pero a todas luces ha mejorado, sustancialmente.
  

Descripción oficial
El motivo central radica en los tres picos montañosos más prominentes cercanos a Pocatello; el Scout, el Kinport y el Chino; representativos de las bellezas naturales de la región; pero también representan la industria, la recreación y la educación. En la cima destaca la rosa de la brújula, un emblema direccional que simboliza el papel de Pocatello como centro del transporte y del comercio por ferrocarril, carretera, y aire. Además, señala al pasado, presente y futuro. El color dorado representa los lazos agrícolas de la región y la prosperidad de la ciudad. La porción blanca sugiere los picos nevados. El trazo también crea una punta de flecha abstracta como signo del aporte de los pueblos nativos. El diseño señala hacia arriba, esperanza por el futuro. El azul del fondo obviamente alude al cielo y la línea de igual color al río Portneuf.


Pocatello cuenta con unos 55.000 habitantes. Como se podrá ver en la siguiente fotografía, es una hermosa ciudad enclavada en una muy bella región, todo un privilegio.


domingo, 3 de septiembre de 2017

160 años de ferrocarril en la Argentina


El 29 de agosto de 1857 se inició la  historia del ferrocarril en la Argentina con la partida del convoy arrastrado por la locomotora “La Porteña” en su viaje inaugural de 10 km. desde la estación del Parque hasta Floresta, trayecto hoy comprendido en la ciudad de Bs. Aires.

De esta manera el Ferrocarril del Oeste inició sus servicios. La histórica lomocotora hoy se preserva en el Complejo Museístico Luján.

Desde este blog un merecido homenaje al rol del ferrocarril en la historia argentina y nuestros deseos de que pueda ser restablecido con modernos criterios y tecnología atento a sus valores de desarrollo.


Por esta razón ilustramos este breve post con una locomotora empavesada según la inveterada usanza de antaño y varias imágenes de "La Porteña"













sábado, 2 de septiembre de 2017

Apuntes  sobre el
 Ceremonial conjunto de la Bandera  nacional y las locales
 en la  República Argentina

Por Miguel Carrillo Bascary




La consulta de una docente residente en la provincia de San Luis motiva el presente post que brinda orientación sobre el tema con que se titula.


Referencias previas

El restablecimiento de la democracia a fines de 1983 implicó el resurgimiento de las banderas provinciales (1) como cabales emblemas de sus autonomías. Este fenómeno se profundizó hasta el punto de que hoy todas las provincias poseen enseñas oficiales, circunstancia que genera no pocas dudas sobre su correcto empleo en conjunto con la nacional.

La novedad implicada compromete también a todos los miembros de la comunidad educativa, incluso a los directivos y docentes, para quienes la realidad de los símbolos locales es un concepto novedoso, quizás extraño y poco comprendido; hasta el punto en que algunos consideran que esta proliferación es negativa por considerar que perjudica el concepto de “nación”, circunstancia que parte de una evidente falta de información y de reflexión fáctica.

En tal sentido es oportuno reseñar que la República Argentina es un estado federal, integrado por sus provincias, por la ciudad autónoma de Bs. Aires y por el Gobierno nacional (artículo 1º de nuestra Constitución). En consecuencia, es un modelo político complejo donde la división de competencias de sus elementos se articula con base a la Constitución nacional. La distinción de funciones adoptada por nuestro sistema indica que las provincias han cedido ciertas atribuciones al estado nacional y que se reservaron todas las restantes.

Esto se traduce a los símbolos nacionales a los que se suman los provinciales. La Constitución no prohibió estos últimos, solo estableció que las provincias deben ajustar su accionar en los términos de los artículos 5to. y 123; por ende cada provincia ha podido establecer estos atributos, con total derecho; por diversos medios; bajo distintos parámetros y sin posibilidad de ninguna supervisión a cargo del Gobierno nacional.

El empleo de los símbolos está regido por un cúmulo de normas nacionales, provinciales y también de costumbres que deben integrarse armónicamente.

Hecha esta aclaración destacamos que no hay ninguna ley o reglamento nacional que específicamente coordine la materia, sin embargo es claro que deben prevalecer los principios y normas parciales que caracterizan al Ceremonial de los símbolos nacionales. En concreto, la “Bandera oficial de la Nación” (tal su designación completa), goza de precedencia respecto de las provinciales y también de la correspondiente a la ciudad autónoma de Bs. Aires. Si consideramos estas últimas entre sí la regla de precedencia favorece a la enseña local, mientras que las restantes se ordenan alfabéticamente de acuerdo al nombre de la entidad política a la que representan.


Sobre el primer interrogante planteado

Es una tradición que los alumnos del 4to. grado de nivel Primario realicen una promesa a la Bandera oficial de la Nación; con todo lo que ella significa.

Por carácter transitivo, se ha hecho costumbre que hagan lo propio con la bandera de la provincia que corresponda (o a la ciudad autónoma de Bs. Aires, en su caso).

Como hipótesis de análisis cabe preguntarnos “¿qué prometen los educandos cuando prometen a su bandera local?

La respuesta indica que: prometen honrarla como emblema de la autonomía de que gozan las provincias y la ciudad de Bs. Aires. Esto implica asumir que también son partes indisolubles de un conjunto político al que llamamos “República Argentina”; donde no cabe ninguna posibilidad de secesión

Implica también que los promesantes se reconocen y manifiestan respectivamente como provincianos o porteños, según corresponda; que asumen los valores; tradiciones y costumbres; historias particulares; características autóctonas y demás circunstancias propias de esta condición; sin que nada de esto permita alentar antagonismos para con los otros elementos del estado federal.

Sintetizando, prometer a una bandera provincial o a la de la ciudad autónoma de Bs. Aires implica honrar la identidad y la autonomía que le sea propia.

Aclarado esto se ratifica la validez de prometer a la bandera local que corresponda. 




Sobre el Ceremonial en concreto

El Ceremonial es una disciplina que ordena las conductas de un cuerpo social y que tiene como función facilitar las relaciones. En contra de lo que se piensa comúnmente no establece un “deber hacer” rígido, inmutable, sino que se caracteriza por ser elástico; pragmático; dinámico,  sus principios básicos actúan como ordenadores y evitan lo imprevisible soslayando así múltiples conflictos.

Por esto, si bien la tradición secular tenía como referencia la promesa a la Bandera nacional, es factible que se haga lo propio respecto de una enseña local y que ellas se concreten tanto en una fecha, como en dos distintas.

Subjetivamente podríamos aconsejar que ocurra en dos momentos distintos del año lectivo, para que los docentes puedan guiar el proceso de aprendizaje de sus alumnos trabajando ambos conceptos en forma diferenciada. Esto permitirá que se acentúen los aspectos pedagógicos y didácticos propios de cada símbolo.

En ambas hipótesis tendrá lógica primacía la Bandera oficial de la Nación, que siempre estará presente. Eventualmente podría omitirse el uso de la bandera local en la fecha en que se prometa a la anterior (tradicionalmente para el 20 de junio).

Queda en claro que el guión del acto deberá aclarar debidamente el sentido de la promesa que se presta a cada símbolo, considerando que la ceremonia es una oportunidad didáctica con virtualidad de comprometer a los niños pero también a los otros miembros de la comunidad educativa.

En la ceremonia de promesa a la Bandera oficial de la Nación será ésta la que se destacará, obviamente; pero, cuando la ceremonia tenga como referencia a la enseña local, inevitablemente será ésta la que asumirá especial protagonismo. Por ejemplo, haciendo que su abanderado se destaque para presentarla en a los promesantes.

Un criterio más riguroso podría aconsejar que la bandera local acompañe a la Nacional, de esta forma se evidenciará la unidad sustancial entre el estado local alineado al nacional, aunque la imagen visual que se presente puede suscitar confusión a los ojos de una persona no bien informada. En su caso, deberán preverse las palabras necesarias a cargo del locutor o maestro de ceremonias para clarificar el punto.

Por otra parte, queda en claro, que en el mástil del establecimiento debe ondear al tope, en todos los casos, la Bandera nacional, aún cuando la ceremonia sea la de promesa a la enseña local.

Por razones pragmáticas puede aceptarse que esta última se ice bajo aquella, utilizando la misma driza; aunque ciertos espíritus ultraconservadores señalen la inconveniencia de usar un palo único. A quién así piense corresponde invitarle a que reflexione que: no habiendo norma que lo prohíba y, careciendo el establecimiento de un segundo mástil, resulta válido que se emplee el disponible; esto se infiere del principio contenido en la última oración del artículo 19 de la Constitución nacional.

Quizás sea oportuno puntualizar algunos aspectos del Ceremonial que implican la participación de la Bandera oficial de la Nación y la local que pueda corresponder. A tal fin nominaremos como “A” a la primera y como “L” a la segunda:

Presentación en un auditorio: a la derecha “A”  y a su izquierda “L”
Promesa conjunta: primero con respecto a la “A” y luego “L”
   



Otras prevenciones necesarias:

a) En el año 2010 el decreto nacional Nº1650 estableció un modelo oficial para la Bandera oficial, tanto se la de izar como la de ceremonia. Ergo todas deberían tener las características que allí se fijan, en cuando a color; dimensiones; composición del paño y sus accesorios.
    Sin embargo la realidad determina que muchos establecimientos escolares carecen de recursos para reemplazar aquellas banderas en uso que no cumplen con las estipulaciones del caso. En consecuencia puede ser tolerable que estas últimas continúen empleándose hasta que las circunstancias económicas lo permitan o cuando le llegue el término de su vida útil, momentos en que deberán reemplazarse por un ejemplar que se ajuste a lo normado.

b) La primacía de que goza la Bandera oficial de la Nación determina que ninguna enseña local debe ser de tamaño mayor, ni estar confeccionada un textil de superior calidad.

c) Cada vez que corresponda colocar en su cuja a la Bandera nacional se hará lo mismo con la local. En ningún momento esta última puede colocarse en esa posición ya que de esta forma se le reconocería primacía por sobre la primera, una infracción injustificable.


Nota 1: En Argentina se denomina “provincias” a los estados subnacionales.


 Referencia: este post se difunde desde el “Programa Rosario cuna de la Bandera y ciudad de la Inclusión” de la Secretaría de Gobierno, Municipalidad de Rosario

viernes, 1 de septiembre de 2017

Una reliquia olvidada 
La  bandera  del  coronel  Manuel  Pizarro 
Por  Miguel Carrillo  Bascary


Santo Domingo en la actualidad (Ciudad de Córdoba)


Emblema de la Orden de Predicadores

En la ciudad de Córdoba1 (Argentina), exhibida en el camarín de la Nuestra Señora del Rosario del Milagro1, ubicado en los altos de la iglesia de la Orden de Predicadores de Santo Domingo, se encuentra la “bandera del coronel Pizarro”, como se la conoce.

Santo Domingo en una vieja postal de 1920

Quizás por hallarse en una localidad del interior y mostrarse en un ámbito que muchas veces permanece cerrado a los feligreses es muy poco conocida. Más aún, hasta nuestros días no ha merecido una monografía que la estudie en profundidad, aunque varios especialistas la mencionan.

La "bandera de Pizarro" (Camarín de N. S. del Rosario, Córdoba)

Su materialidad es de seda, con fondo celeste descolorido por el tiempo, tiene forma rectangular y mide aproximadamente unos 75 centímetros por lado. En su centro se destaca bordado en realce el escudo de la Asamblea del Año XIII, circundado por una orla de color blanco que dice: “Livertad - Unión e Yndependencia” (sic)

En una cinta celeste que prácticamente abarca el contorno de tres de sus lados y que le sirve de recuadro, se lee la siguiente inscripción en letras blancas: “Regimiento de Caballería Nacional de Mendoza. Atravesó los Andes y libertó tres Repúblicas”.


Origen

Coronel Manuel Pizarro Villafañe

Esta unidad estuvo a cargo del coronel Manuel Antonio Pizarro Villafañe Figueroa (1774 – 1848), cordobés. Se incorporó al ejército de San Martín con el rango de subteniente del arma de Artillería. Atravesó los Andes, combatió en Cancha Rayada y Chacabuco.
  
 Artillería del Ejército de los Andes

En Maipú tuvo un desempeño destacado por lo que accedió a los cordones y medalla correspondientes a la acción y fue ascendido a teniente primero, grado con el que inició la campaña al Perú. Durante la toma realista del fuerte de El Callao (1824) fue aprisionado y conducido a la isla de Chucuito en el lago Titicaca. Una vez liberado recibió los despachos de coronel. Después de vencido el poder español en la batalla de Ayacucho regresó a Córdoba y formó su familia casándose con María de la Encarnación Gois Liria Maidana.

Se enroló en el partido unitario y se vio envuelto en la guerra civil apoyando a José María Paz. En 1827 conspiró contra el gobernador de Córdoba, Bustos; fue puesto en prisión y más tarde liberado a cambio de pagar una gruesa multa. Acto seguido buscó refugio en Tucumán donde lo protegió Heredia. Ya anciano se vio involucrado en la conspiración contra el gobernador López que tuvo como cabecilla a su hijo, por lo que fue detenido en su domicilio dado su comprometida condición física y avanzada edad.

Según las costumbres de la época puede inferirse que cuando se disolvió aquél regimiento su bandera quedó en poder de su último jefe, que la guardó como una reliquia de sus campañas. Sin embargo, el estado de nuestras investigaciones no ha podido certificar que Pizarro haya sido efectivamente jefe del regimiento de caballería relacionado.


La donación

A la muerte del referenciado, la pieza fue heradada por su hijo, Manuel Esteban Pizarro Gois Liria (1805 – 1888), quién a mediados del siglo XIX resolvió ofrendarla a Nuestra Señora del Rosario, en cuya capilla permanece. Manuel Pizarro fue un militar destacado, que llegó al grado de coronel; participó en las acciones de Bacacay; Ombú; Ituzaingó; Yerbal; Potrero del Padre Filiberto y Las Cañas durante “Guerra con del Brasil”, por su desempeño fue ascendido como jefe del regimiento “Dragones de Córdoba”.

Participó del derrocamiento del gobernador Manuel López (1840) junto al bando unitario de la Liga del Norte dirigida por Lamadrid, que colocó como tal por breve tiempo a José Francisco Alvarez; la casa de Pizarro fue el epicentro de la conspiración. Más tarde revistó bajo el mando de Urquiza en las batallas de Cepeda y de Pavón, en esta última perdió la vida su hijo Modestino.

Coronel Manuel Esteban Pizarro

Fue diputado nacional por su provincia durante varios períodos. Como tal integró el “Congreso de Belgrano” que aprobó la capitalización de la ciudad de Bs. Aires. Su último mandato venció en 1882.

Acceso al Camarín 

 Altar del Camarín

Nuestra Señora del Rosario

La pieza se expone en una vitrina de madera labrada en estilo barroco español que la contiene y realza con sus finos detalles de ebanistería. Existe la hipótesis de que solo se conserva el centro de la bandera y que sus extremos fueron recortados por estar deshilachados, al igual que según parece ocurrió con la enseña del Ejército de los Andes y la que se llama “Nacional de la Libertad Civil”, guardada en Jujuy. Pienso que, en caso de verificarse este parecer, el recorte no fue tan significativo como en las mencionadas ya que por tratarse del estandarte de una unidad de caballería debió tener forma cuadrada y ser de menores dimensiones que los habituales en lábaros de infantería. Una forma que facilitaba su transporte a caballo, particularmente durante las batallas.

Sin embargo, pese a la evidencia cierta de que la carga consta sobre un paño enteramente celeste, cumplo en difundir una imagen donde se aventura la forma que pudo tener si se la asocia a la bandera del Ejército del que la unidad de Pizarro formaba parte.

 Opinable reconstrucción hipotética del aspecto que pudo tener la bandera de Pizarro

Las referencias que aporto sobre la enseña están tomadas de las noticias recopiladas por Ismael Busich Escobar en 1941 vertidas en su alocución de incorporación a la Academia Nacional de la Historia, “Banderas argentinas de la Independencia”.


La bandera del “otro” Pizarro

La enseña que venimos tratando no puede confundirse con la que donó otro coronel Pizarro de nombres Francisco Javier quien en su carácter de coronel de Artillería encabezó una suscripción que permitió confeccionarla. Fue donada al Cabildo de Bs. Aires que la aceptó según consta en el acta capitular del 21 de abril de 1815. Trataremos sobre ella en otra ocasión pero adelantamos que no se ha conservado.




Nota: (1) Emplazada sobre la avenida Vélez Sarsfield Nº30, entre las calles Deán Funes y 27 de Abril. La imagen Nuestra Señora del Rosario es conocida como la “Virgen del Milagro” y se trata de una réplica de la que se halla en el santuario de Atocha (Madrid, España). Solo mide un metro y medio de altura. Por la coloración de su "piel" se la llama cariñosamente “La Negrita” . Fue donada por el obispo Francisco de Vitoria O. P. y despachada hacia América por un barco que naufragó frente al puerto de El Callao (Perú) en 1592; se la rescató rescatada de las aguas y despachó a su destino. Santiago de Liniers que comandó la Reconquista y la Defensa de las Invasiones Inglesas al Río de la Plata (1806 y 1807)  hizo voto a la Virgen cordobesa y en prueba de gratitud por el triunfo alcanzado le ofrendó dos de las banderas británicas obtenidas como trofeos, las que hoy se preservan en el mismo camarín donde está la donada por Pizarro. La imagen luce el bastón de mando de Liniers. Más tarde, en 1937, se la reconoció como "patrona de la ciudad de Córdoba".


Para ampliar: puede verse nuestro post “Banderas divisionales del Ejército de los Andes” http://banderasargentinas.blogspot.com.ar/2017/01/las-banderasdivisionales-del-ejercito.html



lunes, 28 de agosto de 2017

Carlos De Sanctis, una vida apasionada 
A 60 años de la inauguración del Monumento a la Bandera

Por Miguel Carrillo Bascary




Curso sus estudios en el Colegio Nacional 1. Obtuvo su diploma de médico cirujano en la Universidad de Bs. Aires. Ya graduado volvió a Rosario para ejercer su profesión. Fue uno de los fundadores del Senatorio "San Martín", tal designación fue un evidente homenaje al prócer por el que De Sanctis tenía verdadera veneración.

Esto se puso de relieve también en la fundación del “Club Hipico Gral. San Martín”, creado para fomentar un deporte del que era asiduo cultor; en tal sentido auspició entusiastamente la marcha a caballo Rosario - Asunción. Más tarde organizó el cruce de la cordillera de los Andes utilizando equinos criados en Rosario, cumpliendo el trayecto Mendoza – Viña del Mar – Valparaíso en solo siete días, una verdadera proeza.

Fue un activo difusor de la epopeya sanmartiniana y de la personalidad del Libertador, actividad que canalizó en innumerables conferencias; folletos editados de su peculio y actos en diversos lugares del país; en este carácter contribuyó a formar la filial Rosario del “Instituto Nacional Sanmartiniano”.

Extendió sus investigaciones abarcando la historia de la ciudad en diversos aspectos y procuró afianzar el recuerdo del abanderado Mariano Grandoli, verdadero héroe nacido en Rosario que ofrendó su vida durante la “Guerra de la Triple Alianza”.

Buscó devolver a la sociedad su agradecimiento por la formación profesional recibida y lo hizo desde la cátedra de “Clínica Quirúrgica” que desempeñó en la Facultad de Cs. Médicas de Rosario.

Cumplió su servicio militar obligatorio en el Regimiento 11 de Infantería entonces con sede en Rosario, donde parece haberse imbuido del espíritu de entrega de los cirujanos castrenses; ya que luego revistó en el cuerpo médico de la “Guardia Nacional”, lo que hoy llamaríamos la “reserva” de nuestras Fuerzas Armadas. 

Durante la “Guerra del Chaco”, entre Bolivia y el Paraguay, se alistó como médico voluntario en el ejército paraguayo; por lo que al finalizar recibió por sus abnegados servicios la “Cruz del Mérito”, además de otras distinciones. Durante la campaña actuó como corresponsal de guerra para el diario “La Capital”. Presentamos dos fotografías donde vemos a De Sanctis con atuendo médico (a la izquierda) y con uniforme de capitán (en el centro).




Pero donde quedaron plasmados sus mejores esfuerzos fue desde su cargo de secretario de la Comisión Ejecutiva del Monumento a la Bandera.

Aquejado por su última enfermedad no pudo estar presente en su grandiosa inauguración, ocurrida el 20 de junio de 1957. Su vida se apagó el 4 de julio de ese mismo año.

Sin embargo dejó dos legados personales que los rosarinos debemos agradecer; un folleto donde se referencia el significado de cada uno de los elementos artísticos y arquitectónicos del Monumento, ampliamente difundido en 1957 y reeditado por la Municipalidad de Rosario en el año 2000.


El otro fue el memorial dedicado a los autores del Himno nacional, ubicado sobre el pasaje “Batería Libertad”, entre el Monumento y la Estación Fluvial que recientemente fue puesto en valor por la Municipalidad de Rosario hace más de 




Es que De Sanctis entendía que así como la Bandera mereció su monumento, también correspondía hacer lo propio con otro de nuestros símbolos nacionales, el Himno. El pedestal lleva labrado en mármol travertino el perfil del maestro Blas Parera; lo corona un busto en bronce de Vicente López y Planes, todo es obra de Eduardo Barnes.

Una placa discreta placa en el lateral señala: “A mi ciudad, una voluntad del Dr. Carlos De Sanctis cumplida por sus herederos. Rosario – diciembre 1957.

Había nacido el 13 de agosto del año 1900. Fue hijo de José De Sanctis, uno de los primeros escribanos de la ciudad, italiano.


Para ampliar:



Nota: el presente post que busca reseñar aquellas personas que participaron en la historia del Monumento a la Bandera, es parte del desarrollo del Programa Rosario Cuna de la Bandera y ciudad de la inclusión", de la Secretaría de Gobierno, Municipalidad de Rosario


domingo, 27 de agosto de 2017

Marcos Paz en Rosario y una destacada obra de espíritu  belgraniano

Por Miguel Carrillo Bascary



Hace pocos días visitó a Rosario una nutrida delegación de alumnos de la ciudad de Marcos Paz (provincia de Bs. Aires) para prestar promesa a la Bandera en el Monumento Nacional que recuerda su creación. Cumplieron así en este significativo marco de referencia con la misma promesa que cada año realizan niños llegados desde Fiambalá, Caleta Olivia; Neuquén; Goya; la Capital Federal y de tantas otras localidades del país.

Esa fue la oportunidad para que me alcanzaran el libro “Bicentenario de la Declaración de la Independencia” (112 páginas – 2016) producido por el Instituto Belgraniano de Marcos Paz que preside la profesora Cristina Carreras, miembro correspondiente del Instituto Nacional.

Es una exquisita obra de difusión belgraniana que en pocas páginas recorre los primeros años de nuestra formación histórica como nación independiente, pasando revista a un núcleo de sus principales protagonistas; donde, con toda lógica, el general Belgrano goza de especial predilección. También hay espacio para reseñar la historia y significado de nuestro nuevo símbolo nacional la “Bandera de la Libertad Civil” y para referirse a los festejos que tuvieron lugar en esa localidad cuando los 150 y los 200 años de la Independencia,  

Su lenguaje directo y amigable invita a leer, con provecho y satisfacción. El formato comunicacional de la publicación lo singulariza como un producto digno de emulación por parte de entidades similares, si desean verdaderamente facilitar el acceso del gran pública a nuestra apasionante Historia nacional.

El producir un blog permite incorporar aportes de otros autores que subjetivamente nos parecen dignos de difusión. En lo particular lo hacemos con mucho gusto con la breve colaboración del profesor Carlos Miranda, vocal de la entidad, contenida en la obra comentada, que nos despierta remembranzas entrañables. Vamos a ella:


“La Escuela y la Patria”

Hacer el ejercicio de tratar de recordar en qué momento de nuestra vida aflora ese extraño sentimiento que denominamos “patriotismo” es realmente difícil, por no decir casi imposible. Más, seguramente no será producto este sentimiento de un solo momento, sino más bien la condición generada por innumerables acontecimientos a lo largo de nuestra existencia que acumulativamente determinaron esa rara y particular devoción por la tierra en la que nacimos, donde descansan los restos de nuestros ancestros y donde han nacido nuestros hijos.

Los primeros recuerdos de la palabra “patria” nos trasladan a la escuela y es sin duda al culto casi místico del panteón de héroes del pasado lejano y de sus obras, que están llenas de entrega desinteresada, de esfuerzos denodados y de sacrificios personales en pos del bien común. Como los hechos son de antaño, es la búsqueda de nuestro bien común, pero en pretérito.

El entender que lo dieron todo por nosotros, aun antes de existir como personas físicas, nos pone en el lugar de reconocer que somos parte de eso que fue definido, “nuestra patria” y que luego existimos como tal por el sacrificio por ellos realizado, aunque nos cueste tiempo descubrirlo.

Conocemos antes que los límites de nuestra geografía maravillosa, plasmados en esos apergaminados mapas del Virreinato, la Confederación o la Republica Argentina; la otra geografía, la del Cabildo, con sus arcos y su torre; la de la “Casa de la Independencia”, con sus paredes amarillas y aberturas verdes, que no lo son; la de la Cordillera, arañada por el ciclópeo esfuerzo de un hombre, su tropa y un sueño y de las riberas de ese río que vio ondear orgullosa la tela de nuestra Bandera. Todas imágenes repetidas hasta el infinito en las aulas de nuestras escuelas antes aún de saber leer su historia o de escribir sus nombres.

Todo eso pasaba en la escuela, como esa a la que asistí en mi infancia; que no era distinta a aquella al pie de la sierra o en la estepa o cercana a la selva que va dejando lugar al yerbatal o en los barrios de la Ciudad que expulsó a los ingleses; con pocos o muchos alumnos; con patio de tierra y galería de teja o con escalones que la acercaban al cielo.  Aparece el mismo acto que se repite imperturbable: las banderas, el Himno, la escarapela, las palabras pobladas de hechos, fechas y hombres y, después, la risa. Los rostros morenos y los otros, de los hijos de los gringos que llegaron después, todos con sus mejores ropitas, peinados el lacio a la cachetada, los ojos abiertos al pasado que nos abraza uniéndonos para siempre.

Estos actos son el intento de trasmitir corporizando las hazañas y los hombres, el hacer se vuelve protagonista y desfilamos por patios y escenarios disfrazados según el calendario dicte: de mazamorrera, de vendedor de empanadas, de Manuel Belgrano, San Martín o Sarmiento; repartimos cintas ante un Cabildo de papel; traqueteamos ese viaje a la ignota Tucumán en galeras de cartón y, antes, hasta llegábamos en barco desde España; otras épocas. La escuela se convertía en teatro de la Historia a la que concurrían todos, los más grandes y los jóvenes, los leídos y los analfabetos, para asistir a la ceremonia mágica de recontar nuestro pasado, entre las risas provocada por la impericia de los púberes actores y la ternura de los más pequeños, que sabían arrancar más de una lágrima. Nuestra Historia se escribe en esa pizarra prodigiosa, una y otra vez, en muestra mente y en nuestros corazones extasiados ante el bronce de las estatuas ecuestres que se repiten, de bustos y mármoles; de desfiles y clarines; de chaquetas gallardas y doradas charreteras; de himnos y marchas … de actos sublimes y profundamente humanos.

Seguramente otras impresiones llegaran más tarde a nuestras vidas, dejándonos razones más comprensibles para sentirnos argentinos, pero no tengo dudas que aquellas otras, las primeras, son las que más han perdurado en mí. Imbricados en mi espíritu, todos los hechos relatados, las hazañas realizadas, las virtudes destacadas, todo ese sacrificio y esa entrega en pos de los demás, han venido a ser esa otra naturaleza en mi vida que me hace parte de esta Patria; la que me hace igual al resto de mis hermanos, hijos de este bendito país.”


 



Nota: el presente post es otra producción del “Programa Rosario Cuna de la Bandera y ciudad de la Inclusión” (Secretaría de Gobierno, Municipalidad de Rosario)