viernes, 18 de agosto de 2017

Historia del escudo de Jujuy

El  escudo de la provincia de Jujuy

 Escudo oficial de la provincia de Jujuy

Por Miguel Carrillo Bascary

Sirva el presente de homenaje al pueblo de Jujuy que el 23 de agosto de 1812 emprendió el Éxodo abandonando un territorio arrasado, en cumplimiento de las órdenes del general Manuel Belgrano. Su heroísmo facilitó el posterior triunfo patriota en la batalla de Tucumán.

Durante el dominio hispano las ciudades de mayor importancia tenían el privilegio de contar con escudo propio complementando al blasón del monarca. A los fines ceremoniales componían el Estandarte o Pendón aplicados a cada lado de una tela de damasco o similar, carmesí. Estos vexilos simbolizaban el poder real. En América el pendón se guardaba en el Cabildo o en la casa del real alférez y era paseado en ocasiones solemnes, particularmente en los onomásticos y “santo” del rey; así como en las festividades patronales.

En el caso de Jujuy, el estandarte de 1595 llevaba las armas reales en el anverso; las de la casa de Argañaráz (propias de su fundador Francisco de Argañaraz y Murgía, 1563/ 1604) en el reverso.

En el sello conmemorativo de los 400 años de la fundación de la ciudad
 se observa el blasón atribuido a esa familia

También hay referencias de que en esa posición figuraba el blasón de dicha familia a los pies de un Cristo, en alusión al nombre de la ciudad; lo que particularmente nos parece más factible. Obviamente, la Revolución de Mayo (1810) suprimió su uso y por entonces comenzaron a usarse diseños basados en el escudo que adoptó la Asamblea Constituyente de 1813 y que con el tiempo identificó a las "Provincias Unidas del Río de la Plata". Luego se empleó el escudo de Salta, provincia de la que dependió Jujuy.

En 1834 esta última proclamó su autonomía como provincia y como tal comenzó a utilizar diversos tipos de escudos para legalizar los documentos oficiales. El historiador jujeño Teófilo Sánchez de Bustamante, atribuye al primer gobernador de Jujuy, coronel José María Fascio, haber comisionado a Martín de Tezanos Pinto que encargara en Potosí tres sellos se plata con el diseño de un nuevo escudo, estos habrían sido el origen del actual.

A lo largo de los años se emplearon varios diseños sin que ninguna ley lo estableciera formalmente; un proceso similar al que evidencian la mayoría de las provincias argentinas. En 1933 la Legislatura jujeña consideró pertinente definir un diseño oficial y solicitó al Gobierno los antecedentes que hubiera sobre el escudo en uso, labor que no llegó a ningún resultado determinante.

En 1959 se creó una Comisión especial para estudiar los antecedentes históricos y aconsejar la forma con que se oficializaría el Escudo provincial. El dictamen sugirió que su origen podría hallarse en los sellos de potosinos que se emplearon aleatoriamente desde el 15 de agosto de 1835.

En síntesis, la Comisión informó que estos escudos tenían un diseño similar entre sí, ambos con forma de “broquel normando” (1) y que sus demás elementos se basaban en el Escudo nacional al que se rodeaba de cuatro banderas que según alguna interpretación aludirían a las regiones de la provincia: la Puna, la Quebrada, los Valles y los Bosques; con un Sol naciente y dos flores rosáceas de especie indefinida que algunos atribuyeron a las victorias de Tucumán y Salta que precedieron a la reconquista de Jujuy, ocupada por los realistas luego del histórico Éxodo de 1812. Al respecto no olvidemos que los jujeños contribuyeron a esos grandes triunfos que obtuvo el general Belgrano. 

Otra opinión atribuye a las flores un origen más antiguo indicando que representarían las virtudes de lealtad y constancia; con que Jujuy fue reconocido por Carlos III en 1785. No es posible justificar ninguna de estas hipótesis. Finalmente, la Comisión aconsejó oficializar el diseño que proponía mediante el dictado de una ley. (Referencia: “El Escudo de la Provincia de Jujuy, Ley Nº2.543/1960. Antecedentes Históricos, Estudios y Sanción de la Ley”; Archivo Histórico y Antropológico de la Provincia, Jujuy, 1961, pp. 17-18.

Cuando el proyecto se trató en la Legislatura, se asignaron algunas explicaciones a los elementos del blasón, destacando que: "Las manos entrelazadas significan fraternidad, símbolos consagrados por el Congreso de 1813 ante la naciente República y hermanados por todas las provincias, y el gorro frigio, que está sobre la pica, es el símbolo de la libertad: mientras las ramas de olivo, entrelazadas en su parte inferior por la cinta azul y blanca, representan la paz que reina siempre en el pueblo argentino. El sol flamígero significa también el nacimiento de una nueva provincia, ante la confraternidad de las restantes del país, luego de su separación de la de Salta”.

El 28 de julio de 1960 se sancionó la Ley Nº2.543, que reza así:

“Artículo 1°: El Escudo que usará oficialmente la Provincia de Jujuy, como símbolo para su vida orgánica como Estado autónomo será de forma o estilo normando con dos cisuras en la parte superior, cuyo campo continúa en medio, ligeramente más arriba del límite superior de las espirales laterales, cortado por una línea horizontal en dos cuarteles, azul celeste el superior y plata el inferior, en el cuartel inferior dos brazos con las manos encarnadas entrelazadas que sostienen la pica, cuyo extremo, en el cuartel superior, lleva el gorro frigio entre las escotaduras de las dos espirales; en medio de éstas y a cada lado, dos emblemas rosáceos de cuatro pétalos cada uno; a los lados del escudo ramas de laurel unidas por una cinta azul y blanca que las sujeta abajo, y en la parte superior el sol naciente provisto de rayos, alternados, rectos y flamígeros”.

Más tarde, se ordenó confeccionar un modelo patrón para ser exhibido en el “Salón de la Bandera” de la “Casa de Gobierno de Jujuy (Decreto N°6.519 del 21 de noviembre de 1960)

Lectura heráldica

Se aclaran los términos que indica la Heráldica para facilitar su comprensión general. Así, el Escudo oficial de la provincia de Jujuy tiene la sedicente forma de broquel normando, con dos espiras que forman dos cisuras o escotaduras y guarda una proporción en que el ancho es mayor con respecto al alto; una característica lo singulariza de entre todos los blasones provinciales argentinos.

Su campo está cortado de azur (azul) disminuido (celeste) y plata (blanco). En el segundo cuartel (su mitad inferior), trae dos antebrazos humanos de carnación (color piel) movientes de los cantones diestro y siniestro de la punta; que estrechan sus diestras en el centro de aquél; sosteniendo una pica con asta de madera de su color, que alza en el centro del cuartel superior un gorro de la Libertad de gules (rojo), doblado en su base y con la punta caía a la diestra. Cada una de las espiras del cuartel de azur está cargada de un emblema rosáceo de cuatro pétalos.

Por timbre (terminación superior), sobre el borde del campo que sobresale más arriba de las espiras, hay un Sol naciente figurado (con rostro), de oro, de veintiún rayos (once rectos y diez flamígeros, alternados). Completa el ornamento exterior, una corona abierta en la parte superior de dos ramas de laurel de sinople (verde) con frutos de gules (rojo), cruzados en la inferior y unidas con un lemnisco (moño) de cinta de azur disminuido (celeste), plata (blanco) y azur disminuido (celeste).

Nota:
Un broquel es un escudo de pequeñas dimensiones que se usaba en combate cuerpo a cuerpo; generalmente construido en metal ferroso o de madera con recubrimiento metálico.



Suele decirse que el de Jujuy tiene forma de un “broquel normando” debido a su estructura aguzada, como los que se observan en el tapiz de la reina Matilde, esposa de Guillermo “el conquistador”, que se conserva en Bayeux (Normandía, Francia) en cuya catedral fue coronado el 14 de julio de 1077. Mide casi 70 metros de largo y en el mismo se bordaron escenas alegóricas de la conquista de Inglaterra por los normandos que culminó con la batalla de Hastings (1066).



En el caso de Jujuy la estructura del arma indica que, al contrario de su modelo,  su ancho es mayor al largo pero su conformación general admite que se lo identifique como “normando”. Esta caracterización resulta extraña a las tradiciones españolas, de manera que sorprende que Jujuy la haya adoptado. Arriesgamos considerando que su origen podría atribuirse al romanticismo que inspiró al artista que lo compuso, a mediados del siglo XIX.

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