lunes, 13 de enero de 2020

Errores de Ceremonial: la lección de Pilatos

Podemos corregirnos, pero …
lo mostrado, mostrado está


Títulus de la Santa Cruz, reliquia



Por Miguel Carrillo Bascary

Leemos en el capítulo 19 del Evangelio de San Juan (cap. 19; versículos 19-22) que cuando Cristo fue crucificado …

19. Pilato redactó una inscripción que decía: “Jesús el Nazareno, rey de los judíos", y la hizo poner sobre la cruz.
20. Muchos judíos leyeron esta inscripción, porque el lugar donde Jesús fue crucificado quedaba cerca de la ciudad y la inscripción estaba en hebreo, latín y griego.
21. Los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato: “No escribas: El rey de los judíos", sino: “Este ha dicho: Yo soy el rey de los judíos”.
22. Pilato respondió: “Lo escrito, escrito está”.


La cartela (titulus) que habitualmente vemos estilizada clavada en las cruces cristianas, se representa con las iniciales de la expresión latina (I.N.R.I), solamente. Originalmente hacía saber cuál era el delito que justificaba la condena a la pena capital de la crucifixión.

De esta forma, la autoridad romana, es decir, “el mundo de aquél entonces” reconoció en forma pública y solemne el cumplimiento de la profecía bíblica en la persona de Cristo. Esto fue inmediatamente advertido por los sumos sacerdotes, lo que motivó que pidieran a Pilato que se cambiara la cartela. La respuesta es toda una ratificación del meta-mensaje proclamado para la Historia del género humano.

Más allá de la trascendencia de lo explicado hasta acá, la frase con que Pilato definió la cuestión es una expresión muy aleccionadora que debemos tener presente para cada instante de nuestra vida.

Los hombres nos equivocamos, demasiadas veces; otras, decididamente actuamos dolosamente mal. Enmendar el error y rectificar nuestras acciones; pedir perdón, incluso, es lo que corresponde, lo que nos hace mejores, lo que restablece la armonía entre nosotros y el conjunto humano.

Sin embargo, la Historia es indefectiblemente lineal, “va para adelante” como dicen los jóvenes. Lo que pasó “no fue”, sigue causando efectos, igual que una piedra arrojada sobre la tranquila agua de un estanque.

“Lo escrito, escrito está”. Nada más gráfico en el universo virtual en que desarrollamos nuestra vida.

Les pido sobre esto un instante de reflexión.

Volvamos ahora al tema que nos ocupa, el Ceremonial de banderas y veremos ¡cuánta razón tenía Pilatos!

En TODO lo que sea nuestro cometido como ceremonialistas deberíamos tener bien grabada la frase de Pilatos.

Cuando protagonizamos una presentación pública como son aquellas que conforman nuestro trabajo, TODO, pero TODO, queda en la Historia. Podrá disimularse; quizás en el momento y muchos no adviertan el desliz; quizás nadie.

Quizás pueda corregirse de apuro para que no llegue a ser percibida por más gente todavía; pero … siempre será tarde.

Lo digo por experiencia propia. Cuanta más trayectoria tenga el colega especialista en Ceremonial, reconocerá que es así.



Nuestro caso en análisis

Vamos a verlo con un ejemplo práctico, bien concreto, que tomamos de la vida real.

Téngase presente que como argentino que soy, los actos de oficiales de un país, aunque sea vecino, como Bolivia no son parte de mi cotidianeidad. Y, sin embargo …

Al aproximarse la Navidad del año pasado, la presidenta provisional del Estado Plurinacional de Bolivia, la abogada Jeanine Áñez, fue fotografiada junto a un pesebre (belén, se le llama en España), teniendo a su izquierda tres banderas, como se muestra en la toma:



No se les escapará la errónea colocación de los lábaros:

a) uno de ellos es el que identifica al estado desde 1831;

b) el otro es la wiphala, emblema cultural definido como segunda bandera del país, según lo dispuso su Constitución política en el año 2009 y el tercero es;

c) la bandera de la flor del patujú; blanca, con un trazo central multicolor; representativa de las etnias cuyas tierras ancestrales no habitan en el Altiplano.

He dado noticias de esta enseña en una anterior entrada: http://banderasargentinas.blogspot.com/search?q=patuj%C3%BA
Recuerdo aquí que, al momento de escribir lo presente, este símbolo no tiene carácter oficial más que en el departamento de Santa Cruz de la Sierra.

Como se observa, la histórica bandera de Bolivia está correctamente colocada, en el centro del conjunto. Sin embargo, a su derecha se ubica la enseña del patujú y a la izquierda de la tradicional se ubica la wiphala.

El orden protocolar determina que la wiphala debe ir a la derecha de la boliviana por tener status constitucional; por el contrario, a la del patujú hay que disponerla a su izquierda.

Esta presentación debería ser fácilmente dispuesta por cualquier estudiante de Ceremonial; sin embargo, no ocurrió así en ocasión del acto oficial donde la presidenta boliviana se fotografió junto al pesebre ubicado en el palacio de su sede de gobierno. La imagen que acabamos de ver pone en evidencia un supino error de principiantes en la gestión protocolar.

Seguidamente vemos otra toma, obtenida de la TV boliviana donde se muestra a la presidenta Áñez durante su aparición pública motivada por la Navidad. En un gesto de sensibilidad ante el público formado por niños, la funcionaria se presenta tocada con un típico gorro de Santa Claus y una roja capa al juego. Pese a esta cuidada informalidad, la imagen está plena de símbolos de la autoridad que inviste:


1.- la acompaña un edecán del Ejército

2.- habla desde un ambón que se identifica con el escudo boliviano; y

3.- por detrás suyo podemos ver las tres banderas que mencionábamos; esta vez correctamente colocadas: la tradicional en el centro, a su derecha la wiphala y a la izquierda la que porta la flor del patujú.

Es evidente entonces que algún funcionario/a advirtió el error previo y mandó colocar las banderas en el orden correspondiente. ¡Bien por él/ ella!

Lamentablemente, como decía Pilato: “Lo escrito, escrito está”; lo que podemos parafrasear en el caso concreto, afirmando: “Lo mostrado, mostrado está”

Más aún: “Lo mal mostrado, mostrado está”.



Para saber más sobre el “Titulus Crucis

Sin ser un experto, ni mucho menos, les aporto dos fuentes de naturaleza totalmente distinta:

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