lunes, 19 de junio de 2017

Abanderados y escoltas 
(apuntes para  quienes desempeñan esta función en la República Argentina)

Por Miguel Carrillo Bascary


En la Antigüedad, las banderas eran consideradas objetos religiosos del más alto valor; por eso los abanderados y escoltas se elegían entre los guerreros de mayor bravura y sagacidad. Debían defender sus banderas aún a costa de la vida, porque su pérdida señalaba que los dioses los habían abandonado y muchas veces esto decidía la suerte de las batallas. Era un honor desempeñar estas funciones y quienes lo hacían gozaban de gran prestigio, ya que representaban a sus compañeros de armas y, aún más, a todo su pueblo. Esta distinción determinaba que tuvieran su uniforme y equipo en forma impecable. No era importante el lujo, sino que las prendas y las armas se llevaran con la mayor dignidad, aunque fueran modestas o estuvieran gastadas por las sucesivas campañas.
Abanderado samnita (ca. 400 antes de Cristo)
Si el abanderado moría en el campo de batalla alguno de sus escoltas tomaba la bandera para que no cayera en poder del enemigo. Si caían todos, los reemplazaba cualquiera de los soldados que se congregaban para proteger a su enseña. 
 Batalla de Boquerón del Sauce (1866)
En la actualidad, ser abanderado o escolta sigue siendo un gran honor cívico; el espíritu de quienes lo fueron en tiempos pretéritos debe vivir en el presente. Se espera que los abanderados y escoltas tengan plena conciencia de lo elevado de su función: representar a sus compañeros, a la institución; al resto de la comunidad educativa y a todos los que cursaron en el establecimiento.
Por ello deben extremar su aseo personal y el de sus atuendos, caminar con paso seguro y naturalidad; mantener firme el mástil y seguir el ceremonial de la Bandera. Es apropiado que el/la docente de Actividades Físicas sea el/la encargado/a de entrenar a los abanderados y escoltas.
Nada impide que un discapacitado o quién no sea argentino pueda ser abanderado o escolta. De hecho, fue el propio general Manuel Belgrano quién confió la primera bandera nacional a un extranjero, el barón Eduardo K. von Holmberg (austríaco), coronel del ejército patriota, en ocasión de la solemne ceremonia del 25 de Mayo de 1812, realizada en la ciudad de Jujuy.
Von Homberg
El asta debe llevarse siempre firme. En la posición de “descanso” se la toma con la mano derecha, colocando el regatón junto a la punta del pie derecho (cara exterior), sin que el paño cubra al portador.
El tahalí del abanderado cruza su pecho desde el hombro izquierdo hasta el lado derecho de la cintura, aun en el caso de las personas zurdas. Las bandas de los escoltas ocupan la posición inversa (de derecha a izquierda); pues recuerdan el tahalí con que se llevaba la espada para poder defender la bandera. Los escoltas deben mantenerse como mínimo un paso atrás del abanderado, aún en posición estática. En los desplazamientos forman un triángulo equilátero donde el abanderado ocupa el vértice hacia adelante.

Si el abanderado sufre alguna afección a su estado físico, lo reemplaza el primer escolta; en cuyo caso, completará la escolta otro alumno designado en la emergencia por la autoridad presente.
En señal de respeto es importante no apoyarla contra una pared y evitar que el paño toque el suelo. La corbata se fijará firmemente a la moharra. Antes y después de la ceremonia la bandera debe estar en manos del abanderado, no corresponde que la tome el docente que lo acompañe. Para simplificar, se recomienda que terminada la actividad el asta y la bandera se coloquen dentro de una para preservarla debidamente. En los traslados se la llevará enfundada y se armará unos minutos antes de comenzar el acto.
En los momentos solemnes, como por ejemplo, durante la ejecución del Himno Nacional, izamientos; arríos y otros que están bien determinados por la reglamentación, la bandera se elevará y se colocará en la cuja.

Como Argentina es una democracia donde el soberano es el pueblo argentino, la bandera nacional no debe inclinarse hacia delante, siempre se mantiene erguida con la lanza hacia el cielo y el asta perpendicular al suelo. La costumbre de inclinar una bandera rige en naciones donde hay un rey al que se reverencia con esta posición; algunos países democráticos pero con pasado de monarquía mantienen este uso; pero, se reitera: en Argentina las banderas no se inclinan.
Lo reseñado es aplicable a los abanderados y escoltas de las banderas provinciales, municipales; extranjeras y a quienes llevan los estandartes de la institución.
El 22 de septiembre es el “día del abanderado”, en recuerdo del rosarino Mariano Cleto Gandoli quién a sus 17 años murió heroicamente en el asalto a Curupaytí (1866) empuñando la bandera que juró defender.
Mariano Grandoli

En definitiva, ser abanderados o escolta es una experiencia emotiva muy fuerte que será atesorada por su protagonista para toda la vida.

Notael presente es una actividad del "Programa Rosario Cuna de la Bandera", de la Municipalidad de Rosario 

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