lunes, 22 de agosto de 2016

A 204 años del Éxodo Jujeño (el primero)

Por Miguel Carrillo Bascary


El Éxodo Jujeño (autor anónimo, Museo Histórico de Jujuy)

El 23 de agosto de 1812, cuando las primeras sombras de la noche ganaban las estrechas calles de la humilde ciudad de Jujuy, el general Manuel Belgrano, seguido de su escolta y de su estado mayor fue el último en marchar rumbo a Tucumán, cerrando la columna del pueblo doliente pero decidido que lo precedía. Su mente debía rebullir de pensamientos, sentires y dudas, más allá de la conciencia de que había dado la mejor de las ordenes posibles dadas las circunstancias, quizás la única que podía preservar medianamente la vida de aquellas mujeres, hombres, ancianos y niños.

Comenzaba así la gesta épica popular de mayores dimensiones en la Historia argentina, el Éxodo Jujeño, tal como lo denominó muchos años más tarde el historiador Joaquín Carrillo en su difundida y aún citado libro “Jujuy, provincia federal argentina – Apuntes de su historia civil” (1877; página 173).

Sabemos que Belgrano tenía apenas un mísero ejército para oponer al avance arrollador de la vanguardia realista que descendía desde el Alto Perú por la quebrada de Humahuaca. El general Goyeneche había ahogado en sangre la sublevación patriota de Cochabamba, pese a la heroica pero inútil resistencia de sus valientes mujeres en la batalla de La Coronilla. El salvaje saqueo, literal orgía de sangre había durado tres interminables días. Según todo pronóstico razonable a Jujuy le esperaba un destino similar.

Belgrano adoptó la decisión de dejar a los realistas “una tierra arrasada”, privada de todo recurso para así intentar debilitar el avance y confiar en alguna eventualidad que le abriera la posibilidad de otras opciones. Nada debía quedar atrás; así lo hizo saber a los jujeños bajo amenaza de pasar por las armas a todo el que no obedeciera. La inmensa mayoría de la población cumplió con su cometido y emprendió la travesía hacia el Sur, soportando hambre, sed; el polvo y todo tipo de privaciones. Dejaron casas; bienes; recuerdos y esperanzas. Muy pocos no lo hicieron, eran realistas convencidos de la lealtad a su Rey que habían jurado. Ello desgarró a las familias, donde por lo general los más jóvenes se alistaron a las ordene del jefe patriota. Contra lo que se dice ligeramente, Belgrano no ajustició a quienes lo resistieron, seguramente que no quiso asumir tan dura decisión, sabedor que toda violencia innecesaria debe evitarse en ara de la concordia futura. De esta magnanimidad dio muchas muestras en su vida.

Fueron literalmente miles los héroes ignotos, cuyos nombres no preservó la Historia; gauchos; coyas; citadinos; todos aportaron su sangre como las gotas forman en mar para colaborar con el deber que les demandaba la Patria.

El Éxodo no fue una desbandada aterrorizada; fue una retirada estratégica, perfectamente organizada pese a la complejidad de su ejecución. Prueba de ello es el combate del río de las Piedras, donde los efectivos patriotas (muchos casi niños) derrotaron a los realistas en forma concluyente.

Como militar Belgrano debía obedecer expresas órdenes del Triunvirato gobernante le mandaban retroceder con sus pocos efectivos hasta la lejana Córdoba para hacerse fuerte allí e intentar preservar al gobierno criollo; aunque esto implicara desentenderse de la suerte de los pueblos que quedaban a sus espaldas.

Sabemos hoy que Belgrano no obró así. Asumiendo una decisión que lo exponía a ser fusilado por traidor, consustanciado con el sentir de los bravos jujeños y por el compromiso que aportaron los tucumanos; sumando el apoyo de salteños, altoperuanos emigrados y el prometido por las provincias de Santiago y Catamarca, Belgrano resolvió dar batalla en Tucumán, el 24 de septiembre de 1812. Paradojalmente, la mayor parte de las bajas fueron jujeños.

Sabemos de ese milagroso triunfo que literalmente salvó la Revolución nacida el 25 de Mayo en Bs. Aires, cuya llama de libertad se extendió a lo largo de todas las Provincias Unidad del Plata.

No fue sino hasta marzo de 1813 que el heroico pueblo de Jujuy pudo volver a su tierra devastada. Belgrano reconoció la enorme dimensión del sacrificio jujeño, prueba de ello es la “Bandera Nacional de la Libertad Civil” que les entregó como preciado testimonio el 25 de mayo de 1813, hoy reconocido como segunda enseña nacional, “símbolo patrio histórico”, como reza la Ley Nº27.134 que así lo dispuso.

 La bandera donada por el general Belgrano al pueblo de Jujuy
tal como se la observa en la "Casa de Gobierno" de esta provincia


Epílogo

El Éxodo de 1812, no fue el único; otros tres protagonizarían los jujeños; más de doscientos encuentros armados de diversa dimensión se dieron en la provincia. En la mayoría de las ocasiones combatieron en soledad o con el auxilio de sus hermanos norteños. Pero esto será materia de otro comentario, concentrémonos hoy, argentinos, en recordar aquella jornada del 23 de Agosto, hace doscientos cuatro años …

 
Monumento al centenario del Éxodo Jujeño, en la ciudad de San Salvador de Jujuy

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