viernes, 27 de octubre de 2017

Banderas históricas: la de Curuzú Cuatiá

La  bandera de Curuzú Cuatiá en perspectiva  histórica


En el presente resumimos las referencias históricas sobre una bandera que creó y mandó a bendecir Belgrano cuando en noviembre de 1810 se hallaba en Curuzú Cuatiá y que colocó al frente de la Expedición al Paraguay. Se especula también sobre el significado; diseño y el destino de esta enseña, indudablemente belgraniana.

Por Miguel  Carrillo  Bascary

Introducción

El 22 de septiembre de 1810 el vocal de la Junta revolucionaria de Bs. Aires, Manuel Belgrano, fue comisionado para comandar la “Expedición Auxiliadora” que debía llevar las nuevas ideas hasta el Paraguay. Su designación como “general en jefe” le otorgaba jurisdicción sobre los pueblos de la Banda Oriental; Santa Fe; Corrientes y Paraguay, comprendiendo a Entre Ríos (ver “Documentos para la historia del Gral. Don Manuel Belgrano”; tomo III, vol. 1; pág. 257. Inst. Nacional Belgraniano; Bs. Aires; 1997); aunque su rango militar era el de coronel.

Nota: La fuerza originalmente estaba formada por un contingente de los regimientos de Infantería 3 “Arribeños”; “Pardos y Morenos”, “Granaderos de Terrada” o “de Fernando VII”, unos doscientos efectivos que se incrementaron durante el trayecto que cubrió la columna. Pasando por San Nicolás se les sumaron elementos del regimiento “Voluntarios de la Frontera” (también llamados “Blandengues”); en Rosario se incorporó como voluntarios casi un 10% de su población masculina; mientras que en Santa Fe se agregó la compañía de “Blandengues” y más tarde se les adicionaron paisanos del interior de Entre Ríos que revistaron como “Milicia Patriótica del Paraná”. También ocurrió lo propio con una sección de “Patricios”; los milicianos de Corrientes y de las Misiones.

Este ejército cruzó el Paraná, se afianzó en la villa de La Bajada donde recibió los auxilios logísticos aportados por los hacendados de la región (entre ellos, los de la patricia Gregoria Pérez de Denis) y marchó dividido en cuatro divisiones para reagruparse en el paraje de Curuzú Cuatiá; aproximadamente unos 350 kilómetros.

Fue allí que este cuerpo armado habría recibido de manos de Belgrano una bandera particular que motiva el presente análisis. La temprana aparición de esta divisa, a pocos meses del pronunciamiento de Mayo y cuando aún se mantenía oficialmente la “máscara de la fidelidad a Fernando VII” es motivo de diversas especulaciones.

Documentos antecedentes

Desde Paraná, Belgrano solicitó a la delegación de la Real Hacienda con asiento en Santa Fe que le remitiera telas de diversos colores “para banderas”.
Se debe al investigador Federico Cervera (miembro correspondiente de la Academia Nacional de la Historia) la difusión del precioso documento que dio a conocer debidamente circunstanciado en una colaboración de su autoría, “Belgrano y la primera bandera paraguaya”, publicada en la revista “Historia” Nº27 (1962); que posteriormente redondeó bajo el nombre “Banderas de Belgrano en 1810” (difundido en el “Boletín de la Academia Nacional de la Historia” de 1977; págs. 185 a 202). Allí informa que el documento es una hoja suelta que obraba en el Archivo de Santa Fe. Sección Contaduría; tomo XV; legajo 13; folio1178 nueva denominación: Documento 99)

El oficio está dirigido a los “Señores Ministros de la Real Hacienda” residentes en Santa Fe, que dice en lo medular: (en esta publicación se ha dispuesto conservar la grafía original de los documentos)
En el instante remitirán Vms [“Vuesas Mercedes”, arcaico título de cortesía], 2 varas de gro de lana azul, 2 de amarillo y 2 de encarnado, como pa vanderas, y quando de esta calidad no se encuentre lo facilitarán de hilo o seda” (sic)
Otro documento, complementario del anterior consiste en la factura/recibo del siguiente tenor:
“Decimos nosotros Da. [Doña] Ma. del Tránsito Troncoso y Dn. [Don] José Seguí, que hemos vendido a los SS. [Señores] Ministros de Rl. [Real] Hacienda de esta ciudad los gros que siguen: 2 vs. [varas] tafetán amarillo a 9 rs [reales] 2,2; 2 id. azul a id. 2,2; 2 id. Encarnado a 12 rs. 3 [lo que totalizaba] 7,4. Cuya cantidad hemos recibido de dhs. [dichos] Srs. y para constancia lo firmamos en Sta. Fe a 21 de Octubre de 1810. A ruego de dicha Sra. Nicolás Hernández, por ocupación de mi pe político Don José Seguí; Juan Fco. Morcillo”.
Cervera sigue contando que en el margen izquierdo de la pieza anterior con signatura de Belgrano se lee:
“He recibido las 8 vs. de tafetán que Vsm me remiten con ofo. [oficio] del 23 del corrte. [corriente] a que contesto. Dios guarde a Vms. ms. as. Bajada del Paraná, 23 Octb. 1810”.
En nota a su trabajo publicado en el “Boletín de la Academia”, Cervera da el correspondiente crédito a Modesto Osuna que descubrió el documento en 1937, pero que no lo difundió sino hasta 1974 (en “Revista de la Junta Provincial de Estudios Históricos”, tomo 47). Señala también que la pieza fue reproducida en el “Anuario del Instituto de Historia de la Univ. Nacional del Litoral”, Nº4, 1960, como parte de un ensayo de la investigadora Elda González.

Simplificando: Belgrano solicitó la compra de género “para banderas” en colores “amarillo”; azul y “encarnado”, lo que se concretó en Santa Fe y se le remitió al campamento de La Bajada (Paraná), lugar donde las recibió el requirente. Esto pone de relieve que hubo una decisión concreta del prócer, lo que pone en valor el destino que les asignaba.

Los paños hechos banderas

El 20 de octubre de 1810 Belgrano dirigió otro oficio a la Junta detallando el plan de operaciones que había dispuesto. Es allí donde los géneros que pidió aparecen formando sendas banderas monocolores que se asignaron a cada una de las tres divisiones de la Expedición: “roja” para la primera; azul para la segunda y amarilla para la tercera; mientras que a la Plana Mayor y reserva quedaba sin elemento de identificación alguno (Ver la composición del contingente en el Anexo al presente).

Una reflexión personal: la comunicación de Belgrano indica a todas luces que estas banderas tenía como función identificar a cada segmento del ejército; constituían señales que facilitaban que fueran percibidas todo desenvolvimiento, lo que se certifica si se reflexiona que la Plana Mayor bajo el mando directo del citado jefe no llevaba distintivo alguno, simplemente por que no lo necesitaba.

En su trabajo de 1977 Cervera destacó sagazmente que el uso de estas enseñas contravenía las disposiciones castrenses coloniales que de hecho aplicaban las fuerzas patriotas. Indica también que cuando la Junta a recibió la comunicación las aprobó en los siguientes términos: “es de aprobación de la Junta” (AGN; 2ª. 4; Nº15, folios 195 y subsiguientes)

El acontecimiento de Curuzú Cuatiá

Decíamos que desde La Bajada partieron los expedicionarios en forma escalonada, lo que facilitaba la logística del desplazamiento. Tenían como objetivo el caserío de la “posta de Cruz”, ya conocido como Curuzú Cuatiá, que hoy es parte del territorio de la provincia de Corrientes.

Trayecto de la expedición al Paraguay

El 7 de noviembre Belgrano comunicó a la Junta su llegada a Curuzú Cuatiá, donde ya se encontraban las dos primeras divisiones; que al día siguiente arribó la 3ª. división, y manifiesta su calculo que dos jornadas más adelante haría lo propio la 4ª. (Ver “Documentos …”; tomo III; Vol. 1; pág. 317)

Es ampliamente conocido que en uso de las facultades de su competencia Belgrano resolvió establecer formalmente esta villa, previo el necesario deslinde, con lo que resolvió una antigua controversia de jurisdicciones entre el cabildo de Corrientes y las posesiones de los “indios del Yapeyú”. El acta lleva fecha del 16 de noviembre de 1810. La Historia llama a este acontecimiento “la fundación de Curuzú Cuatiá”, en rigor “Nuestra Señora del Pilar de Curuzucuatiá”, como la llama Belgrano (ver. “Documentos …”; tomo III; vol. 1; pág. 325). Esto justifica el slogan con que hoy se identifica la ciudad: “primer pueblo patrio”.

Esto revela a Belgrano como un maestro de la sicología social, como forma de expresar las características progresistas del gobierno al que representaba Belgrano magnificó su decisión fundadora y la rodeó de un aparato ceremonial destinado a impresionar a los lugareños y a fortalecer el espíritu de cuerpo de su tropa. Para ello es evidente que dispuso solemnizar la ocasión con una ceremonia solemne en la que hizo bendecir una bandera para el ejército expedicionario lo que ejecutó el capellán, padre Arboleya.

El momento era el apropiado, ya que la reunión de los diversos cuerpos de la expedición era el paso previo para el comienzo de las acciones bélicas, lo que justificaba contar con una bandera propia. Recordar que si bien Curuzú hoy se encuentra al sur de Corrientes en aquella época los límites no eran claros y que poco más adelante ya existía la posibilidad de enfrentar a los realistas paraguayos.

En el pensamiento de Cervera, Rodríguez y de muchos otros, a los que me sumo, esta bandera fue divisa particular de la Expedición Auxiliadora al Paraguay, o sea, que fue un emblema de la Revolución de Mayo a cuyo gobierno representaba la fuerza bajo mando legítimo de Belgrano. Sin embargo, no dejo de señalar que el significado atribuido no cuenta con fundamento documental indubitable.

La existencia de la bandera bendecida en Curuzú resulta de una carta de tipo que el propio Belgrano dirigió al secretario de la Junta, Mariano Moreno; lleva fecha del 13 de noviembre de 1810 y dice en lo pertinente:
Porqué me ha olvidado Ud. tanto a nuestro Arboleya. Es muy bien Patricio y no pierde ocasión de hacer servir su ministerio a la sagrada causa: dos veces ha predicado en la bendición de la Bandera, y el día de San Martín con que conviene Ud. esas episcopales que tanto desea” (Fuente original: “Carta inédita de Belgrano a Moreno”, colaboración del historiador y sacerdote Guillermo Furlong publicada en la “Revista de Estudios”; tomo 19; págs. 67 a 79; 1920. Reproducido íntegramente en “Documentos …”, tomo III; vol. II; pág. 387. Inst. Nacional Belgraniano, Bs. Aires, 2004).

Análisis del documento

En el documento observamos tres hechos significativos para el análisis en curso:

I.- Se alude a una “Bandera” (sic) lo que permite inferir que identifica a todo el Ejército, en consecuencia a partir de su oficialización, manifestada en su bendición que estaba en concordancia a los usos y reglamentos de entonces debía hallarse en la jefatura de la fuerza y ser custodiada por la guardia personal del comandante. Una antigua costumbre nacida en la Edad Media daba libertad para que los generales en campaña pudieran adoptar banderas para su ejército, si el mismo carecía de ella; por lo que la decisión de Belgrano estaba dentro de sus atribuciones y de debió extrañar. Una oportuna discreción sería destacar que no ocurrió lo mismo en Rosario cuando el prócer creó la Bandera nacional, ya que entonces no comandaba un ejército sino un reducido destacamento y su cometido era netamente defensivo y posicional. En cambio otras unidades de menor entidad, como por ejemplo el “Regimiento Fijo de Bs. Aires” o el “Regimiento América” debieron solicitar instrucciones al gobierno para disponer sobre sus insignias.

II.- Se omite toda referencia a las tres banderas divisionales. Nada dejó escrito Belgrano al respecto lo que autoriza a suponer su desaparición, pues en caso contrario hubiera sido ocasión propicia para hacerlas bendecir y luego entregarlas solemnemente a cada división ya que con esto se exaltaría su identificación con ellas en ocasión de las marchas y los combates que protagonizarían. Y si esto no ocurrió la interpretación posible es que los paños de esas banderas se reunieron para formar la nueva insignia del ejército. Recordar aquí que Curuzú estaba en medio de la campaña y que las telas para banderas eran bienes tan significativos que solo podían conseguirse en una importante ciudad como Santa Fe, de manera que no podemos pensar que Belgrano tuviera otra fuente de provisión más que la reseñada. Soy del parecer que a partir de Curuzú Cuatiá las banderas divisionales perdieron todo objeto, ya que Belgrano informó a la Junta: “… mi plan es no dividir de ningún modo mis fuerzas, para seguir la empresa del Paraguay adelante …” (Ver: “Documentos …”; tomo III, Vol 1; pág. 318). Entiendo que fue luego de tomar esta decisión que se le hizo evidente la inutilidad de tales enseñas, por lo que ideó reunir sus paños para formar una nueva que representara a todo su ejército; volveremos sobre el punto.

III.- Se menciona a una persona de apellido “Arboleya” quien fue un clérigo comprometido con la causa patriota. Se conoce una carta el 6 de junio de 1810 que éste le dirigió a Cornelio Saavedra, donde manifiesta su adhesión a la recién formada Junta, de ella se infiere conocía a su presidente desde su juventud y que aspiraba a que Rosario del Colla (ubicado a unos 50 kilómetros hacia el Este de Colonia) enviara un diputado para sumarse a dicha corporación, para lo que invocó la antigüedad de la villa, fundada en 1775 y constituida en parroquia en 1802 por disposición del obispo de Bs. Aires, Benito Lue y Riega. También deja entrever su aspiración de desempeñar ese cargo, a cuyo fin señala los doce años de ministerio en la misma. (Ver. “Boletín Histórico”; Nos. 64-87; Estado Mayor del Ejército; Montevideo; 1960; desde https://www.estudioshistoricos-en.edu.uy/assets/069-bolet%C3%ADn-hist%C3%B3rico-n%C2%BA-084---087---a%C3%B1o-1960.pdf)

La Junta rechazó la pretensión, por entender que solo debían enviar diputación las poblaciones que fueran cabeza de partido, lo que no hizo más que renovar las muestras de almibarada adhesión del clérigo en otra carta fechada el 12 de julio. Tales evidencias no permanecieron ocultas a los ojos de las autoridades realistas de Montevideo, de forma que Arboleya debió huir y se refugió en Santa Fe, en donde se incorporó al ejército de Belgrano como capellán.

De la nota de Belgrano a Moreno se desprende la existencia de otra comunicación, donde el primero abogaba a favor del religioso con relaciona unas “licencias episcopales” (ver nota al final de este item). Lo que en definitiva interesa a nuestro análisis es el declarado patriotismo de Arboleya. Por esto se estima que arbitró todos los medios para rodear con las mayores solemnidades la ceremonia de bendición de la bandera, lo cuál seguramente fue muy del gusto de Belgrano por coincidir con el objetivo estratégico de impresionar a la población y de dignificar la revolución por medio del sentir religioso.

En la “Gaceta Extraordinaria de Buenos Ayres” del 12 de febrero de 1811 Arboleya describió con lujo de detalles la batalla de Paraguarí, que tuvo lugar el 19 de enero de 1811; allí se trascribe su carta a Joaquín Correa y Morales, residente en Tebiquarí, fechada el 25 de enero de ese año.

Nota: Ocurre que Arboleya era cura de Rosario del Colla por lo que no podía ausentarse si licencia el obispo. Su patriotismo lo obligo a retirarse y se puso al servicio de Belgrano; a todas luces su situación personal era irregular, por esto se pedía la autorización que le permitiría liberar su responsabilidad por faltar a su sede y para ser formalmente nombrado capellán de la expedición.

Forma de la bandera y otras disquisiciones

En conclusión, si Belgrano dispuso formar una nueva bandera a partir de los paños de aquellas otras que habían usado las divisiones de referencia, correspondería analizar cuál fue el diseño ordenado, destacando que se carece de referencias documentales y que tampoco se conservó alguna tradición oral. Tan escasas fuentes generan numerosos interrogantes.

En primer lugar se trató de una enseña materialmente reciente, tanto que no había sido bendecida al ponerlas en servicio, como se acostumbraba entonces. Presumiblemente se construyó en la misma Curuzú, ya que en los aprestos de la marcha no se la menciona. Alguien podría decir que Belgrano ya contaba con ella y que por eso omitió mencionarla en el oficio a la Junta (13 de noviembre) pero parece poco probable que se refiera a las enseñas divisionales y que haya olvidado la principal, si la hubo. Además, no hay que olvidar que Belgrano no comandaba una unidad orgánica que podía contar con bandera; se trataba de un conglomerado militar de muy diversa extracción, de manera que este variopinto conjunto no permite entender que tuviera entidad para poseer una divisa propia.

Aún considerando las referencias previas y la escasa logística disponible, la confección de una bandera no era tema menor. Demandaba que luciera “con decencia”; la tropa debía reflejarse en ella lo que requería cierta dignidad en sus materiales. Si recordamos que Belgrano debió solicitar que se comprara en Santa Fe un género específico para elaborar las enseñas divisionales esto indica que faltaba en las existencias del ejército. Y, si en el pueblo de La Bajada no existía alguna tienda capaz de proveerla, menos aún en Curuzú Cuatiá que solo tendría unas ochenta casas y, a lo sumo, pulperías de campaña.
Esto avala razonablemente la presunción de que Belgrano haya echado mano de las enseñas divisionales para preparar la que debía identificar al cuerpo expedicionario.

Otro punto a considerar es ¿qué colores tenía? La respuesta surge sola, aquellos que formaron las enseñas divisionales: roja, amarilla y azul.

Lo que no quedó documentado es su disposición, por lo que vale preguntarse ¿las franjas eran verticales u horizontales?

La Historia cuenta que, excepto la “Bandera Nacional de la Libertad Civil” (que es lisa) las varias banderas que creó Belgrano tuvieron segmentos horizontales; esto corresponde a la tradición española de usar emblemas franjados, salvo que utilizan paños monocromos. Repasando las primeras banderas de Sudamérica la disposición apaisada predomina casi en absoluto (la excepción es Perú, pero recordemos que previamente usó una de franjas planas). Esto indica como razonable que la enseña nacida en Curuzú Cuatiá haya tenido franjas horizontales.

¿En qué orden pudieron disponerse los colores? Cervera señala que pudo seguirse el esquema empleado por los seguidores de Francisco de Miranda, que luego se reflejarían en los pabellones de Venezuela, Colombia y del Ecuador: amarillo; azul y rojo.

Por lo demás, estimo que su paño no llevó carga alguna. Baso esta afirmación en los escasos medios de que disponía Belgrano; en la complejidad que hubiera demandado bordar algún distintivo y en los pocos días que mediaron entre la llegada a Curuzú y la bendición. En esa época, para bordar una bandera se necesitaban hilos de oro o plata; sedas para las figuras aplicadas y alguna pedrería; ninguno de estos elementos debieron estar al alcance de Belgrano en la remota Curuzú. Razón que avala la ausencia de toda aplicación.

Podemos formularnos otra pregunta ¿cuándo y de qué forma se empleó? Se contesta aseverando que como bandera de guerra era natural que presidiera las formaciones y, salvo orden expresa en contrario, era portada por miembros de la guardia personal del jefe.

Carecemos de seguridad sobre la fecha en que se bendijo. En su oficio a Moreno (13 de noviembre de 1810) Belgrano refiere la intervención previa de Arboleya; mientras que el acta de constitución de Curuzú Cuatiá lleva fecha de 16 de noviembre (puede verse en http://www.curuzu.gov.ar/htdocs/ciudad/fundacion.htm)

En consecuencia, la bendición pudo ocurrir en la primera formación que se realizó ya con el ejército al completo, es decir entre el 10 y el 12 de noviembre. El rito fue una oportunidad excepcional para que Belgrano intentara crear espíritu de cuerpo en sus hombres tomando como referencia la novísima bandera que les presentaba.

Finalmente, ¿hasta cuando se usó esta bandera? Sabemos que luego de su honrosa derrota en Tacuarí (el 9 de marzo de 1811) Belgrano capituló ante el jefe paraguayo, Manuel Atanasio Cabañas y Gamarra. No hay ninguna referencia documental, ni tampoco proveniente de la tradición oral que indique haya entregado la bandera de su ejército. Por otra parte, las capitulaciones con honores excluían la entrega de los emblemas del vencido, por lo que cabe concluir que la unidad comandada por Belgrano conservó su bandera. Más tarde, cuando ya retornado a Buenos Aires, el ejército expedicionario se terminó de disolver la enseña perdió su función y a falta de disposición expresa se perdió en algún momento y destino impreciso.

Esto es cuanto podemos avanzar sobre la histórica enseña. Son muchas las dudas que genera, pero su existencia está fuera de toda duda; más aún se trató de una insignia creada por el general Manuel Belgrano.

Ejemplaridad de la nueva bandera

Federico Guillermo Cervera

Cervera aduce que fue azul, amarilla y roja en franjas horizontales, basándose en que la bandera de la expedición criolla se habría sido el modelo para la que usaron los revolucionarios del Paraguay durante los hechos del 17 de junio de 1811. En consecuencia, a su entender, habría sido la “primera bandera paraguaya”. Esto lo funda en una relación de los dichos del patriota asunceño Mariano José de Molas quien describió el uso de “una bandera tricolor de azul, encarnado y amarillo con el escudo de las armas del rey”, de lo que se hizo eco la “Gaceta de Montevideo” del 12 de septiembre.

Sobre esta enseña revolucionaria se extiende Vicente Ayala Queirolo en su obra “Origen y evolución de la bandera nacional” (originalmente publicado en el diario “La Tribuna” del 1º de mayo de 1961), allí cita al historiador Agustín Berazza quién dio a conocer el expediente formado a consecuencia del apresamiento de la balandra “San José” por el bergantín “El Paraná”. En el mismo se rescata el testimonio de una persona de apellido Beltrán, donde consta que los patriotas de Asunción “tienen bandera azul, encarnado y medio amarilla en tres listas a lo largo y el escudo de armas”.

El fracaso militar de la expedición al Paraguay así como la escasa referencia documental sobre esta bandera precipitó el olvido que le dispensó la bibliografía, hasta las publicaciones de Cervera, principalmente, pero también las de Osuna y Elda González.

La bandera de la ciudad de Curuzú Cuatiá

Es evidente que los trabajos de Cervera asistieron a la sensibilidad belgraniana del doctor Horacio Julio Rodríguez y a su amor por la ciudad de la que hizo su hogar. Estimo que en sus años de duro trabajo concibió y pulió la iniciativa de vincular formalmente a Curuzú con el olvidado lábaro nacido en 1810. Al par que su autoridad intelectual se aquilataba Rodríguez desandaba el derrotero de este emblema desde su brumoso origen histórico soñando que fuera reconocido como enseña del municipio correntino. Cuando el azar del destino y la consideración de que llegó a gozar en vida lo ungieron concejal de Curuzú Cuatiá, Rodríguez encontró el momento oportuno para promover que se oficializara como tal; veremos cómo.

Horacio Julio Rodríguez

Con silenciosa sencillez y habilidad de curial promovió desde su banca un ambiente favorable a la consideración de su iniciativa. En aquellas conversaciones con sus pares, supo despertar buen eco, pero halló que algunos de sus pares cuestionaron el uso del vocablo “bandera” por entender que implicaba connotaciones de soberanía alejadas de la naturaleza jurídica de un municipio. Fue así que con toda ductilidad de criterio propuso reemplazar el término cuestionado por el de “enseña”, con lo que la prevención inicial desapareció.

Nota: la Vexilología considera varios vocablos como sinónimo de “bandera”, sin que pueda distinguirse jerarquía entre ellos. Citamos: pabellón, enseña, emblema, confalón, banderola, divisa, estandarte, gonfalón, guion, pendón, gallardete, flámula, oriflama, insignia, grímpola, lábaro, todos tienen una naturaleza común, son “vexilos”, aunque varios de estos nombres indiquen su forma aproximada (cuadrangular, triangular, farpados, etc.) Las precedencias entre ellos radican en la función que les asigna en la normativa o en los usos y costumbres de cada pueblo o estado.

En esta instancia, una concejal señaló la oportunidad de adoptar una canción oficial local para lo que se eligió el chamamé “A Curuzú Cuatiá” compuesto por el popular artista folklórico Antonio Tarragó Ros, una iniciativa que complementó el anteproyecto de ordenanza que Rodríguez estaba elaborando.

Sobre su composición cromática, Rodríguez explicó que no quiso que fuera igual a la empleada por los estados del área bolivariana, lo que justificó alterar el orden de sus colores y disponerlos con el amarillo, arriba; el rojo en el medio y el azul, en la base. En sus publicaciones, sigue relatando don Horacio, pidió al doctor Raúl Antonio Brambilla que acompañara con su firma el proyecto que presentó en el Concejo Municipal de Curuzú. El expediente se trató el 7 de abril de 1988 y obtuvo sanción como Ordenanza Nº496, unanimidad.

En lo particular la norma dispone sobre la bandera y también contiene un artículo transitorio relativo a su primer izamiento. Veamos sus términos:
“Art. 1º.- Decláranse símbolos oficiales de la ciudad y de la municipalidad de Curuzú Cuatiá, además del Escudo otorgado por decreto del Poder Ejecutivo provincial, la canción oficial y la Enseña municipal. […]
Art. 3º. La Enseña municipal será una réplica de la “Bandera de Belgrano”, que en franjas horizontales e iguales, con los colores oro, rojo y azul, izó Belgrano en Curuzú Cuatiá en la época de la fundación de la ciudad y en oportunidad de la marcha al Paraguay de la Expedición Auxiliadora. […]
Art. 5º.- En el próximo aniversario de la fundación de la ciudad el 16 de noviembre de 1988 se inaugurará la enseña de Curuzú Cuatiá, que desde ese día estará izada en el edificio municipal y en los actos oficiales, junto y a la izquierda de la Bandera Nacional”. […]
La bandera apronada

En la actualidad verificamos que la ordenanza de referencia no definió los colores a usar según alguna escala cromática, una faceta hoy indispensable según los cánones de la Vexilología. Es de esperar que en un futuro cercano se dicte una nueva ordenanza que complete este aspecto; única manera que la enseña tenga una coloración indubitada.

Afianzamiento del símbolo

Cuando llegó el día dispuesto, el protocolo asignaba al intendente de la ciudad el doctor Abel Grela protagonizar el primer izamiento de la enseña, pero con notable sentido de la dignidad y reconocimiento a su figura le cedió tal honor al doctor Horacio Rodríguez.

El lugar elegido fue el mástil ubicado en la conjunción de España y Juan Pujol. La Bandera nacional ascendió seguida por la que representa a Curuzú Cuatiá compartiendo la misma driza. Ese mismo día la celebración cobró particular brillo porque para conmemorar la efeméride se hicieron presentes en Curuzú el entonces presidente de la Nación, doctor Alfonsín y el gobernador de Corrientes, Ricardo Leconte.

La Semiótica enseña que una vez formalizada la adopción de un símbolo se abre el proceso de enriquecimiento de su rol representativo. La población de Curuzú acogió la nueva bandera en forma muy favorable. Más tarde, en 1994, cuando la ciudad se dio su carta orgánica, su artículo 3º ratificó la bandera en los términos de la Ordenanza Nº496.

Además cuando se aproximaba el bicentenario de la creación de la Bandera nacional (2012) el pueblo curuceño quiso vincular su enseña con aquella otra también creada por Belgrano. Para esto, se concibió que una caravana de gauchos llevara la enseña de Curuzú hasta la ciudad de Rosario, para ser depositada en el Monumento Nacional a nuestra Enseña patria … pero esto y mucho más será materia de otro post que se dará a conocer en fecha próxima.

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 Anexo: Composición de la expedición auxiliadora al paraguay al mando de Belgrano

Fuente: informe de Belgrano a la Junta fechado el 20 de octubre de 1810, con un total de 673 hombres.

Plana Mayor:
Sargento Mayor [segundo jefe de la Expedición]: José Machain
Ayudantes: Francisco Sáenz y Gabriel Meléndez
Comisario: Miguel Garmendia
Capellán: desde el 11 de octubre Belgrano le asignó esta función al presbítero Juan José Arboleya
Cirujanos: Juan Frubé (o Froure) y Mariano Vico

1ª. División, bandera roja:
Comandante interino: Celestino Vidal
Ayudantes generales: José Espínola (hijo) y Ramón Espínola
Compañía de “Granaderos de Fernando VII”, también llamados “de Terrada” por el apellido de su jefe
Regimiento de “Caballería de la Patria”: 1ª, 4ª y 6ª compañías
Compañía de “Blandengues” de Santa Fe: 30 hombres
Con dos cañones de a 4 del tren volante en un carro capuchino; un tercio de las municiones y otros útiles del parque conducidos en ocho carretillas.

2ª. División, bandera azul:
Comandante interino: José Ramón Elorga
Ayudante general: Pedro Aldecoa
Compañía de “Pardos”
Regimiento de “Caballería de la Patria”: 2ª, 5ª y 8ª compañías
Compañía de “Blandengues” de Santa Fe: 30 hombres
Con dos cañones de a 4 del tren volante en un carro capuchino; un tercio de las municiones y otros útiles del parque, conducidos en ocho carretillas.

3ª. División, bandera amarilla:
Comandante interino Manuel Campos
Ayudante general: Manuel Artigas
Compañía de “Arribeños”
Regimiento de “Caballería de la Patria”: 9ª compañía
Compañía de “Blandengues” de Santa Fe: 30 hombres
Con dos cañones de bronce de a 2; un tercio de las municiones y otros útiles del parque conducidos en carretillas.

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Notas:
Cervera consigna que el oficio del que se extrae la información antecedente consta en el Archivo General de la Nación con las siguientes referencias: 2ª. 4; Nº15, folio 195 y siguientes.

El 21 de octubre de 1810 Belgrano ordenó un itinerario a cada jefe de división y les impartió otras directivas.

El presente es un nuevo aporte del Programa Rosario, cuna de la Bandera y ciudad de la inclusión (Secretaría de Gobierno – Municipalidad de Rosario)

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