sábado, 14 de julio de 2018

Alegoría : Argentina - Estados Unidos

Una curiosa alegoría:
Confederación  Argentina – Estados Unidos



Por Miguel Carrillo Bascary

Sobre la pieza

En el Archivo General de la Nación (Argentina) se preserva una curiosa alegoría que celebra la amistad y el paralelismo entre la historia de ambos estados, particularmente en la derrota del Imperio Británico.

Según las referencias está depositada en el “Departamento de Documentos Escritos”, Sala 10 C. 13 A.8 Nº3. Lamentamos no poder aportar otros datos.

Tomamos esta interesante imagen de la portada correspondiente al catálogo de la colección de Mario Cesar Grass, que agrupa documentos datas entre 1577 y 1883.

Descripción


Como elemento central del conjunto se encuentra un “trofeo” que celebra los triunfos de la Confederación y los Estados Unidos sobre el Imperio. El diseño en general se adscribe al estilo “naturalista” tan en boga durante el siglo XIX.

El águila americana extiende sus alas en posición exployada, la que adopta en el blasón norteamericano. Desde su cuello pende una gruesa cadena abierta, con sendos escudos.

El argentino, a su derecha, de forma elíptica; con la pica, el gorro de la Libertad, cuya punta cae hacia la izquierda; sostenidos ambos por dos brazos diestros desnudos.

En cuanto al escudo norteamericano, lleva una boca a la “suiza”, su campo incorpora once franjas blancas y oscuras (rojas); en jefe (que debería estar esmaltado de azur) hay cuatro estrellas y un lucero central con ocho rayos.

Las garras del ave aprensan: la diestra, una rama de olivo y un haz de flechas, la siniestra; al igual que se presenta en la Heráldica norteña.

El peso del animal soporta, por no decir que aplasta, en clara posición de triunfo, a un león abatido, cuya corona imperial ha caído. En esta figura felina podemos ver corporizado al Imperio británico, lo que permitiría datar la alegoría en una fecha posterior a 1846.

Por detrás del águila, a manera de abanico, se extienden cuatro banderas a cada lado y otros trofeos que se describirán más adelante. Los dos primeros lábaros no permiten identificar a qué nación pertenecen. Por su parte, los habidos sobre la derecha corresponden por su orden a: la Argentina; los Estados Unidos y el Brasil (aunque no podamos atribuir a qué se debe esta presencia). Por la izquierda, también por su orden, se distinguen las enseñas del país del Norte y de la Confederación; mientras que hay otra que es imposible de distinguir.

En cuanto a los otros trofeos, pueden señalarse por la diestra: un cañón, con quince balas esféricas en pirámide y una caja de guerra; como volúmenes dominantes; junto a la moharra de una lanza; una pala de artillería; un fusil con bayoneta calada y un hacha; también hay otro objeto indeterminado. Por el lado opuesto se observan: el pabellón de una trompeta; la culata de un fusil y la campana de un cuerno de guerra; mas otro elemento no identificado.

El depredador sostiene con su pico una cartela doblemente convexa que lleva inscripto el lema propio de los Estados Unidos: “E PLURIBUS UNUM”, que significativamente es equivalente al que adoptaron las Provincias Unidas (estado antecesor de la Confederación Argentina) desde 1813, “EN UNION Y LIBERTAD”.

Detrás de la cabeza del plumífero luce un Sol pleno, con 24 rayos visibles que deja ver solo sus ojos; en una evidente caracterización de la Confederación Argentina. Está asentado sobre una gran nube que lo resalta y flanqueado por cuatro estrellas de cinco puntas.

Por sobre todo lo descripto hay una cartela convexa, de mayor tamaño que la anterior, que reza: “¡VIVA LA CONFEDERACION ARG.na!” (Argentina)

La composición esta afirmada sobre un zócalo que se presenta acolinado, sobre la derecha y plano por su contrario.

Bajo el elemento anterior, obra la leyenda “MUERAN LOS SALVAJES UNITARIOS”, a manera del grito de guerra de los federales; tal como se prescribía incluir en toda correspondencia e impreso, satisfaciendo así la expresa disposición oficial. Un subrayado artístico subraya la fuerza de aquella expresión de odio destinada a sembrar el terror opositor.


Sobre la primera sección destaca la figura de un indio piel roja erguido, que sostiene una bandera de los Estados Unidos, enastada, rematada por una alabarda y de cuya base cae un cordón de pasamanería que finaliza en un pompón con flecos, tal como es tradicional en ese país. Con su brazo derecho sostiene un fusil de avancarga, armado; cuya culata está adornada con una plaqueta. Los largos cabellos del aborigen están ceñidos por una gruesa vincha frontal, sin adorno alguno, rematada por una solitaria pluma en su delantera. Lleva su torso desnudo cruzado por dos correas; de la primera cuelga un cuerno de pólvora; pero nada se observa respecto de la segunda. Se adorna con grandes aretes; un collar del que pende un medallón; sendos brazaletes sobre sus bíceps y una pulsera sobre la muñeca derecha. Un grueso cinto sujeta una falda con flecos, cortada poco más arriba de las rodillas; del aquel cuelgan, una polvorera y un letal tomahawk, arma tradicional de los indígenas norteamericanos. Calza mocasines, propios de las culturas autóctonas del Norte.


Por su parte, sobre la siniestra, vemos a un militar (también erguido) que podemos caracterizar, considerando todo su atuendo, como perteneciente a la caballería de la provincia de Buenos Aires, principal arma de la Confederación, dominada entonces por el régimen de Rosas. Con su mano derecha sostiene la bandera nacional argentina, cuyo Sol posee 16 rayos, el asta consiste en una lanza equipada con un espontón de brazos ondeados. El rostro del personaje está adornado por un grueso bigote, característico de aquella época. Cubre su cabeza con un bonete, con su punta caída hacia la izquierda; también a la moda de entonces. Los alamares del cuello alto del uniforme que viste, provisto de abotonadura central y la espada de caballería que ciñe del cinto, evidencian que se trata de un oficial. En su pecho lleva una divisa, que puede caracterizarse como “federal”. Usa chiripá y calzoncillos cribados. Su pecho está cruzado por dos correas; de una de ellas pende una carabina que lleva sobre sus espaldas, aunque apenas se divisa su culata. Calza botas de potro, que dejan descubiertos los dedos de los pies, que portan grandes espuelas. Con el derecho pisa una boleadora de una sola piedra (“bola loca” o “perdida”), con su huasca (correa) arrollada.

Entre este militar y la composición central recientemente descripta, sobre el horizonte y en la lejanía se distingue una escena plena de dinamismo en que un soldado huye corriendo, portando una bandera del Reino Unido, poco más atrasado lo persigue otro militar, montado y al galope, que revolea una boleadora de dos piedras preparándose para arrojarla sobre el primero.

Por su parte entre el indígena armado y el conjunto principal se observa, también en un segundo plano, un navío a vapor (tal como lo evidencia su chimenea humeante) equipado con una rueda impulsora lateral y con su velamen desplegado. Un pabellón norteamericano flamea sobre su castillo de mando con lo que identifica su nacionalidad.



Otros aspectos

La composición presenta aspectos plenos de ingenua expresividad.

Contrasta particularmente que se observe a un oficial argentino y a un auxiliar de las tropas norteamericanas, cuando lo lógico habría sido representar a otro oficial en su uniforme.

El protagonismo atribuido a la posición y al volumen del águila, señala una preponderancia en favor de los Estados Unidos; que se acentúa al ubicarse al indígena y al navío sobre la diestra del conjunto.

Por su parte la representación de la Confederación predomina en la posición y magnitud relativa de la cartela que la alude, pero reconocemos que ésta es un adorno de jerarquía inferior. Otro aspecto en favor de la Confederación es que el escudo nacional se encuentra a la derecha, respecto del norteamericano.

La presencia de la nave podría interpretarse en el sentido de que la victoria de los Estados Unidos se concretó, principalmente, a consecuencia de su predominio sobre la Marina Real. Mientras que la lucha entre la Confederación y el Reino Unido se habría alcanzado en virtud del desempeño de su caballería, aspecto en donde la realidad no coincide con lo sucedido, pero que se puede explicar por la preponderancia que tuvo el arma en tiempos de Rosas.

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