jueves, 19 de abril de 2018

La promesa a la Bandera argentina/ Parte 2

La ceremonia en sí misma

 Foto: W. Flores

Por Miguel Carrillo Bascary
¿Cómo se promete?

La costumbre universal se inspira en el juramento de fidelidad que prestaban las tropas por esto, quién requiere la promesa es una autoridad, en lo posible aquella que tenga la de mayor jerarquía de entre los presentes al acto (ver foto superior).


En algunos casos (que van en aumento), hemos visto que algún actor se caracteriza como el general Manuel Belgrano y que participa en el acto de las promesas. Esto suele impactar en los niños, pero no es correcto que sea él quién tome la promesa. En todo caso podrá realizar una invitación a seguir su ejemplo de vida o formulará una proclama patriota (arenga), pero para no desvirtuar el sentido de la toma el rol deberá ser cumplido por la más alta autoridad que se encuentre presente en el acto.

La promesa es pública. Se concreta ante toda la comunidad educativa y, eventualmente, frente al pueblo en general reunido en ocasión de alguna fecha patria.

Se patentiza a partir de una fórmula que ha ido variando con los tiempos. En algunas provincias está expresamente prevista en la normativa vigente. En otras, cada entidad podrá definirla con amplia libertad, pero la experiencia indica que en ocasiones no es apropiada, bien sea por su "mensaje", bien ocurra por el uso de un lenguaje ampuloso, casi barroco.

El acto de la promesa propiamente dicha es muy sencillo, ya lo hemos visto. La autoridad recita la fórmula y los promesantes responden a viva voz: ¡Sí prometo!

Inmediatamente los asistentes prorrumpen en un caluroso aplauso, como forma de validar la promesa formulada y de expresar un sincero apoyo a la decisión manifestada por los pequeños. Un toque de diana, aviso marcial tradicional ejecutado con una trompeta, suele acompañar este momento. El énfasis propio de la afirmación se explica en la completa decisión contenida en la expresión.


La promesa se realiza de pie, una posición que denota atenta disposición para el servicio. Su adopción uniforme por parte de los promesantes indica también una humilde voluntad de conjunto.

Por una elemental razón de orden los niños que van a prometer se forman en filas con aquellos de menor estatura en las primeras. Es la mejor, para que todos puedan destacarse. Sin embargo, tengo conocimiento que en alguna escuela expresamente se dispuso que los promesantes se coloquen como gusten; ya que la formación en filas remite a “costumbres castrenses”. Lamento disentir, absolutamente, en primer lugar porque la posición caótica genera pujas entre los niños, siempre hay algunos que buscan sobresalir y también los hay que se mantienen aislados; en segundo lugar, porque el ordenamiento en filas no es exclusivo de los militares; es un comportamiento humano casi atávico son innumerables los ejemplos que nos aporta la cotidianidad.

En la mayoría de las provincias del interior los promesantes remarcan su decisión extendiendo el brazo derecho hacia adelante, en forma más o menos perpendicular a la línea de su cuerpo. Esta posición también tiene un origen antiguo y constituye una recreación del gesto de tocar o besar la bandera que realizaban los soldados al tiempo de jurar. Lo propio ocurre en la mayoría de los juramentos que realizan nuestras autoridades cuando asumen sus funciones. Hemos podido constar este tipo de posición en: Catamarca; Chaco; Chubut; Corrientes; Formosa; Jujuy; La Rioja; Misiones; Río Negro; Salta; Santa Cruz; San Luis; San Juan; Santiago del Estero y Tucumán (en algunas de forma exclusiva).


La práctica también tiene su correlato en el llamado “saludo Bellamy” (Pledge of Allegiance) difundida a fines del siglo XIX por el pastor bautista Francis Bellamy (EE.UU.;1886 – 1972). La más antigua referencia sobre esta forma de saludo la encontramos en el órgano de difusión del Consejo Nacional de Educación, Nº487, tomo XLVI, del 31 de julio de 1913.  Esta usanza es de ejercicio cotidiano al comenzar la jornada escolar en los Estados Unidos, aunque en algunos estados se practica solo los días lunes; mientras que en Argentina la promesa a la Bandera se concreta una sola vez en toda la experiencia escolar de los niños. 


A consecuencia de que los nazis y fascistas adoptaron la posición del brazo extendido como un saludo a sus líderes, fue lógico que durante la Segunda Guerra Mundial el ritual despertara resistencias en los Estados Unidos; por esto en muchas regiones fue reemplazado por el gesto de llevarse la mano derecha al corazón, una práctica que también se difundió en nuestro país en el curso de la última década. Hemos constatado esta variedad en escuelas de: Bs. Aires; Córdoba; Corrientes; Chubut; Entre Ríos; La Pampa; La Rioja; Neuquén; Río Negro y Tucumán.


Algo más sobre el “saludo Bellamy”
El brazo extendido tiene uno claro propósito mostrar la intención de posarse en la Bandera, como objeto cuasi-religioso; tal como en muchas culturas se lo considera desde el punto de vista de la civilidad. Es un gesto perfectamente natural; de esto da fe el propósito de los fans de tocar a su artista preferido.
Extender el brazo hacia algún elemento significativo, propio de diferentes culturas, es un gesto atávico de identificación, de búsqueda de protección, el que puede interpretarse como un intento de recibir la buena influencia del objeto religioso; en suma, de establecer un vínculo sensible, vital, positivo.
Veamos que sucede con relación a la bandera. En una clase; como era impráctico que todos los niños tocaran la bandera, Bellamy propuso sustituir ese contacto por el brazo extendido, cuyas connotaciones positivas en la sociedad buscó reforzar aludiendo al saludo romano.


Marco Aurelio saluda a Roma (Museo Capitolino)

El fundamento de lo enunciado podemos hallarlo en la forma en que se realizan los juramentos durante la toma de posesión de las autoridades políticas, lo principalmente se evidencia en aquellas ceremonias que implican a varios legisladores. Cuando prestan su juramento no pueden materialmente apiñarse en derredor de la Biblia y por ende extienden su mano derecha en su dirección, copiando claramente la postura corporal propia del saludo Bellamy y del saludo romano.
El brazo extendido evidencia la intención de posar la mano en la Bandera, que en muchas culturas era considerada un objeto cuasi-religioso. Es un gesto perfectamente natural.


 Aún encontramos otra variante, se trata de levantar la mano derecha con la palma abierta hacia adelante, con el antebrazo en paralelo al cuerpo. Lo que hemos constatado en: Córdoba; Corrientes y Tierra del Fuego. 


La más extraña forma de prestar promesa a la Bandera la hemos documentado en la provincia de Salta, como resulta de la siguiente fotografía, lamentablemente carecemos de otra referencia y mucho agradeceremos poder recibirla en nuestro correo. 


Verdaderamente llama la atención ya que el saludo con el puño en alto (en este caso, el derecho) es un signo de rebeldía internacionalizado.

Cualquiera sea la forma elegida, el acto de la promesa posee una emotividad impactante. Por lo general los mayores reviven aquella edad en la que ellos mismos formularon la promesa, con toda la inocente e inexpresable belleza que implica verse reflejados en los niños.


¿Cuál es la fórmula para prometer a la Bandera?

La disposición del “Consejo Nacional de Educación” adoptada en 1909 y difundida por su órgano oficial “El Monitor de Educación Común” estableció la siguiente fórmula:

“Alumnos: la Bandera blanca y celeste – Dios sea loado- no ha sido jamás atada al carro triunfal de ningún vencedor de la tierra.

Alumnos: esa bandera gloriosa representa la patria de los argentinos. Jurais rendirle vuestro más sincero y respetuoso homenaje; quererla con amor intenso y formarle desde la aurora de la vida un culto fervoroso e imborrable en vuestro corazones; prepararos desde la escuela para practicar a su tiempo con toda pureza y honestidad las nobles virtudes inherentes a la ciudadanía; estudiar con empeño la historia de nuestro país y las de sus grandes benefactores a fin de seguir sus huellas luminosas y a fin también de honrar a la Bandera y de que no se amortigüe jamás en vuestras almas el delicado y generoso sentimiento de amor a la Patria.

En una palabra, jurais hacer todo lo que esté en la medida de vuestras fuerzas para que la Bandera argentina flamee por siempre sobre nuestras murallas y fortalezas, a lo alto de los mástiles de nuestras naves y a la cabeza de nuestras legiones y para que el honor sea su aliento, la gloria su aureola, la justicia su empresa”.

La alocución debía ser respondida por los niños con un enfático: “¡Sí, juro!”

Inicialmente, la fórmula del juramento se componía del los párrafos iniciados con las siguientes expresiones: “La Bandera blanca y celeste”… y “flamee por siempre”, ambos pertenecían al discurso que Sarmiento pronunció en la ciudad de Buenos Aires, el 24 de septiembre de 1873 ("Obras completas”, XLVI), así lo determinó la presidencia del “Consejo Nacional de Educación”, ejercida por el doctor José María Ramos Mejía, en sesión del 11 de febrero de 1909. Posteriormente, la fórmula fue ampliada, y se le agregaron el segundo y el tercer párrafos: “Esa bandera gloriosa…” y “Juráis rendirle…” por iniciativa del inspector general de escuelas, profesor Ernesto Bavio (Sesión del Consejo del 26 de junio de 1909).

En el año 1949 se reemplazó el término “alumnos” por el de “niños” (aunque por tradición continuó usándose en muchos casos) y en 1950 la referencia al juramento se cambió por el de promesa, como se explicó poco antes.

A más de un siglo de establecida, la fórmula aludida a comienzos el siglo XX es notoriamente anacrónica. Hoy son otros los lenguajes; otros los códigos sociales; otras las vivencias que implican aquellas palabras, que ya podían sonar pretéritas cuando se adoptaron, si tenemos en cuenta que algunas de sus frases fueron tomadas del famoso discurso sarmientino en 1873.

La fórmula de 1909 modificada en 1950 pervivió por muchas décadas, hasta que la federalización del sistema escolar ocurrida en los años 90 dio lugar a variantes espontáneas e inorgánicas, de amplia recepción en la realidad. Paralelamente algunas provincias asumieron la facultad de regular específicamente la materia, lo que en la práctica generó una gran variedad de manifestaciones.

Las mutaciones apuntan a simplificar la alocución; se procura hacerla menos retórica; menos clásica; tiene a procurar una mayor comprensión para el entendimiento de los niños; en pocas palabras se intenta modernizar la expresión.

¿Cómo debe colocarse la Bandera?


En una sociedad democrática como se precia de ser la argentina, la posición de honor de una bandera es la perpendicular al suelo, mientras se la eleva y se la coloca en la cuja del tahalí. Esta, y no otra, debe ser la posición durante la promesa. Resulta verdaderamente inexplicable la supervivencia de una práctica propia de las monarquías, que en inglés se conoce con el nombre de “dipping” y que en castellano se le dice "presentación" de la bandera.


La práctica indica que, en algunas regiones, cuando el portador presenta la bandera durante el acto de la promesa, la inclina hacia el frente en un ángulo aproximado a los 45º. Esta costumbre es una rémora de la reverencia que las banderas hacían ante los monarcas, en su condición de titulares de la soberanía de la nación (de hecho, esto continúa haciéndose en los países realistas). 


 Más aún, no es inusual que las banderas se abatan ante el paso del rey hasta el punto de arrastrar por el piso.


Por otra parte, esta inadecuada colocación suele generar muchos problemas a los abanderados de pequeña contextura física o a quienes no están entrenados; ya que el peso del paño y del asta les resulta exagerado.

Nota: tomando en consideración el gran interés que ha despertado esta temática, la continuaremos desarrollando en próximos post. Para no perdérselos suscríbanse como seguidores del Blog.

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