sábado, 19 de septiembre de 2015

¿Ayuda para los abanderados?

Serie: Problemas de Ceremonial


Por Miguel Carrillo Bascary



 

A menudo me preguntan si se permite ayudar a un abanderado para colocar la bandera en la cuja. Entiendo que el interrogante está mal formulado. ¿Quién debe autorizarlo? ¿Quién lo prohíbe?¿En qué circunstancias?

Entiendo que la duda que origina la pregunta debe plantearse en otros términos.
Para tranquilidad de todos digamos desde ya que no existe ninguna reglamentación, ni nacional ni provincial que prohíba ayudar a un abanderado.

 

En realidad, todo abanderado debe ser debidamente entrenado para manejar adecuadamente la bandera. Como toda habilidad debe adquirirse tanto a nivel teórico como práctico mediando la repetición necesaria; así como habrá que prever las correcciones apropiadas en el momento oportuno. 

Hay una cosa que hemos de tener en claro: la función de abanderado no es fácil; todo lo contrario. Un abanderado no se improvisa.


           En el ámbito escolar deberían ser los docentes de Educación Física los que se ocupen de la tarea, pues ellos tienen conocimientos de cinética apropiados para instruir al abanderado sobre como desempeñar mejor su función.

El entrenamiento no tiene por qué limitarse al abanderado y los escoltas designados, debe extenderse a un grupo mayor de alumnos, para que ante cualquier imponderable puedan desempeñar tan honroso rol. Por ejemplo, a nivel primario suele ocurrir que los niños de cuarto grado protagonizan ceremonias de promesas a la Bandera nacional a las que por distintos motivos no concurre el abanderado “oficial” del establecimiento (un/a niño/a de séptimo grado). Para estos casos especiales con mayor razón debe prepararse a niños de cuarto curso que asumirán los roles de abanderado y escoltas (mas algún/os suplente/s). Una variante que puede considerarse para casos similares, es la de mantener el rol de abanderado para el alumno mayor y que los niños de cuarto sean los escoltas.

 
Para manejar una bandera habrá que considerar diversos principios de Física aplicada; a fin de que el objeto pueda ser controlado adecuadamente en cada una de las evoluciones que marca el Ceremonial. Lo mismo vale para los pendones y estandartes cuyo uso está tan difundido en nuestras instituciones.

          Los problemas y situaciones complicadas no afectan solo a los niños; sueles ser aún más embarazosos cuano los protagonistas son personas mayores de edad.


Un abanderado debe sentirse bien seguro de su capacidad. Llevar la bandera no tiene por qué transformarse en una situación de estrés intolerable que supere a su protagonista, lo que muchas veces se manifiesta en la conducta corporal. La responsabilidad no es suya, sino de quién debió prever su adecuado desempeño; hay que trabajar también en lo emocional.



La conformación física y la edad del abanderado también inciden en el problema ¡Mucho!

Cuando haya alguna discapacidad las complicaciones pueden ser aún mayores. Se deberá analizar muy bien cada caso, con  mucha sensibilidad, para guiar el proceso de aprendizaje apoyando la autoestima del abanderado.

Precisando un poco más, sería deseable que todo abanderado pudiera colocar la bandera en la cuja y realizar las otras acciones propias de su cometido sin necesidad de ayuda. Pero, en caso contrario, quién debe prestar colaboración será siempre el primer escolta. Ni el docente que acompaña; ni otro tercero.



1 comentario:

  1. Que posición lleva el primer escolta? A la derecha de la Bandera o a la izquierda?

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