jueves, 12 de abril de 2018


La promesa a la Bandera argentina 
Parte 1: Generalidades y  protagonistas

Por Miguel Carrillo Bascary

Panorámica de una ceremonia de promesas en el Monumento a la Bandera
(foto de José Granata /Télam)

En nuestro país es una larga tradición que los alumnos protagonicen una ceremonia que se conoce con el nombre de “promesa a la Bandera”. La misma está profundamente arraigada en la experiencia social y constituye uno de los momentos de mayor emotividad en la vida de un niño de escuela primaria.

Comenzaremos el análisis de este verdadero ritual cívico aportando algunos elementos sobre su historia y posteriormente se brindarán respuestas a los interrogantes que suele despertar en quienes procuran conocerlo con mayor profundidad. Debido a lo extenso de la temática lo haremos en sucesivos posteos.


Un vistazo a la Historia

Todas las civilizaciones practicaban y practican juramentos, en diversas formas y circunstancias. La promesa que hoy prestan los niños se manifestaba usualmente como un juramento que implicaba el compromiso de cooperar en la defensa de la comunidad, si era preciso tomando las armas y, en ocasiones, hasta perder la vida.

La promesa a la bandera arraiga en prácticas sociales inveteradas que reelabora el antiguo juramento de los militares al incorporarse a filas. La ceremonia estaba prescrita en las “Ordenanzas para el régimen disciplina, subordinación y servicio de mis ejércitos”, más conocidas como las “Ordenanzas militares de Carlos III” (Tratado III, Título VIII, pág. 415 y ssgts. de la edición de A. Marín; 1786) que rigieron también en América, aún después de emancipadas las antiguas colonias. De este texto derivan las regulaciones castrenses vigentes en las naciones de Hispanoamérica, cuya influencia se prolongó al sistema escolar.


Un soldado del histórico Regimiento “Patricios” presta juramento a la Bandera
(foto de Natasha Pisarenko)

Al parecer, su práctica en el ámbito escolar llegó a Argentina por conducto de las maestras estadounidense traídas por el educador y presidente Sarmiento a partir de 1879. quienes replicaron la usanza vigente en su país.

Se reglamentó por primera vez para las escuelas bajo jurisdicción del “Consejo Nacional de Educación” por resolución de su plenario, fechada el 11 de febrero de 1909. Allí se dispuso el siguiente esquema para la ceremonia: 1) Himno Nacional cantado por todos los alumnos de la escuela. 2) Discurso alusivo. 3) Jura de la Bandera 4) “Saludo a la Bandera”, clásica composición cantada por todos los alumnos presentes. 5) Marcha (con la que se retiraban los alumnos siguiendo a la Enseña nacional portada por su abanderado) También se consagró una fórmula para la toma, citando algunas frases que incluyó Domingo Sarmiento, en el discurso que pronunció al inaugurar el monumento al general Belgrano en la “Plaza de Mayo”, el 24 de septiembre de 1873.

En 1950, se reemplazó el juramento de los escolares por una promesa, esquema que se mantiene hasta la actualidad.

Esta modificación se fundamentó en las implicancias religiosas de los juramentos, donde se pone a Dios por testigo del acto, lo que sensibilizaba a ciertas confesiones religiosas y suscitaba cuestiones que convenía evitar en por su edad (aproximadamente 10 años) los niños no gozaban de total comprensión sobre las implicancias de su decisión. Además, se tuvo presente que era habitual que prestaran juramento a la Patria cuando se incorporaban a las filas de las fuerzas armadas durante el servicio militar; en cuyo caso constituía una redundancia evidente, al menos para los varones, ya que las mujeres estaban eximidas de esa conscripción.


¿Quiénes prometen?

Por lo general, el acto se concreta durante el cuarto grado de la escuela primaria, como una manifestación de que los niños han alcanzado un grado de madurez que les permite comprender el valor de asumir este público compromiso. Pero si no pudiera hacerse entonces, nada obsta a prestarlo con posterioridad.

Mucho se ha debatido sobre la posibilidad o no de que los extranjeros puedan prometer fidelidad a nuestra Bandera nacional, lo especifico del tema justifica tratarlo algo más adelante.

En cuanto a las personas mayores, la reciente ley Nº26.481 (2009) establece previsiones mínimas para que puedan hacer la promesa a la Bandera los no pudieron hacerlo durante su escolaridad. Nos referiremos a esto en un futuro post.


¿Y si un alumno no quiere hacer la promesa?

Lo primero es aclarar es el origen de la negativa, si obedece a una decisión del pequeño o si resulta de una imposición familiar.

En el primer caso corresponderá, dilucidar la motivación de la negación. Esa una muy delicada tarea que corresponderá al docente. Luego habrá que trabajar la situación con toda prudencia y delicadeza.

En la segunda opción, los sujetos de análisis serán los padres, también en la ocasión debe actuarse con lógico tacto, más aún si el niño manifiesta el deseo de concretar la promesa.

En épocas pretéritas la normativa preveía sanciones al protagonista del acto; que incluso podían llegar a la separación de la escuela. En no pocas circunstancias hubo padres que interpusieron amparos judiciales procurando se eximiera de la promesa a sus hijos. Afortunadamente los tiempos han cambiado.


¿Qué se promete?

El compromiso radica en prometer “fidelidad a la Bandera”, como representación de todo lo que simboliza la Nación y el pueblo argentino en su multiforme riqueza humana. Lo que lleva implícito que también se promete “querer” a la Enseña patria, posiblemente la faceta que llega más hondo en la apreciación de los niños de diez años.

Ese compromiso abarca la identificación con la historia de nuestra Nación; a sus costumbres; valores; tradiciones y demás elementos que hace a la caracterización de argentinos, una expresión polisémica con profunda emotividad. Al respecto, nunca será mejor aplicada la extendida afirmación popular de que “Argentina es un sentimiento”.

En suma, la promesa implica un compromiso de vida para con los conceptos expresados.

Lo expuesto puede parecer muy abstracto para la mentalidad de un niño de diez años, pero bien podemos traducir lo dicho en los siguientes interrogantes que subyacen en la fórmula de la promesa: ¿quieres a la Bandera argentina; te comprometes a seguir queriéndola y a respetarla a lo largo de toda tu vida?


¿Ante qué bandera se promete?

Corresponderá hacerlo ante la Bandera oficial de la Nación en su versión de ceremonias que corresponda al establecimiento. Si no se dispone de ella es factible pedir una prestada a una escuela o institución de las inmediaciones.

En muchas regiones es común que se “invite” al acto a sus similares de otras instituciones; pero la atención de los promesantes y de todo el entorno tiene que focalizarse en el emblema propio de la entidad convocante.

La enseña será portada por el abanderado y sus escoltas titulares, como naturales representes de la comunidad educativa.


Abanderada de 6º grado y promesantes de 4º

Un problema particular se pone de relieve cuando los niños de cuarto grado realizan un viaje, en cuyo transcurso harán la promesa en un lugar histórico. Llevar a los abanderados y escoltas titulares que, generalmente cursan el último grado de la primaria, implica un esfuerzo económico que muchas comunidades educativas no pueden permitirse.

Al respecto se perfilan dos soluciones básicas. La primera implica llevar al abanderado titular y disponer que sus escoltas sean niños de cuarto grado. La segunda consiste en asignarles este rol a un terceto de los alumnos promesantes, en cuyo caso deberán ser debidamente adiestrados en el manejo de la enseña y en las evoluciones del Ceremonial. Desgraciadamente es bastante común que prive la improvisación y, si los niños no están debidamente preparados, la experiencia puede tener facetas traumáticas.

Si la ceremonia de promesas se concreta en un ámbito donde existe un mástil, la Enseña nacional debe estar izada.

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